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Tag Archives: Contraloria social

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre.” Sultana Aixa, madre de Boabdil, último rey de Granada.

Todo lo que tenía que decir sobre el peor gobierno de los últimos  cincuenta años en Veracruz, lo expresé en mis artículos a lo largo del sexenio de la administración fidelista, señalando y advirtiendo de la simulación y el engaño. Hoy estoy convencido de que ya no tengo nada que decir al respecto. Destapada la cloaca, la desconfianza le va ganando la batalla a la construcción de soluciones a los graves problemas comunes que enfrentamos. La mugre seguirá brotando para alimentar el morbo, la especulación, el rumor y la maledicencia, que destruyen más que coadyuvar en la construcción de ciudadanía y gobernanza, sin que ello de lugar a que la rueda de la historia de marcha atrás.

“Haiga sido como haiga sido”, el pueblo veracruzano no recuperará ni el tiempo perdido ni los miles de millones de pesos que, en su extravío, extraviara el gobierno priísta de la fidelidad. Lo caido, caido.

Políticamente incorrecto o todo lo contrario, guste o no, tratando de ser congruente sólo me resta afirmar que la gubernatura del Dr. Javier Duarte de Ochoa, la posición que hoy ocupan algunos de sus colaboradores, la mayoría de los diputados federales y locales priístas, así como los más destacados alcaldes en la entidad, son fruto innegable de esa perversa engañifa de la que fuimos víctimas a la par que copartícipes, dejando hacer, dejando pasar, aplaudiendo un mal sueño que en nuestra inconsciencia hicimos propio.

Así las cosas, por salud mental y para bien de Veracruz, deberíamos preocuparnos ya no por la pesadilla vivida sin que eso quiera decir borrón y cuenta nueva, los presuntos ilícitos en que incurriera la anterior administración deben investigarse y, en su momento, castigarse con todo el peso de la ley.

El presente y futuro cercano de la entidad reclama hoy ocuparnos de lo mucho que hay que hacer para su reconstrucción, así como en aquellas tareas que exige el retomar el camino del progreso y la esperanza. Recrear el pasado sólo acarrearía amargura y pérdida de la fe que merecemos.

Antes que dejar que nos vuelvan a saquear, la obligación común es participar activamente en una permanente vigilancia y cuestionamiento del quehacer público, constituyéndonos todos como responsable y avispada contraloría social. Se puede engañar nuevamente a uno, dos, tres, pero no a todos los veracruzanos.

A mi juicio, para empezar habría que partir de tomar conciencia de que si bien por ahora se confía en la nueva administración pública veracruzana, esta no cuenta con un cheque en blanco, expedido por una ingenua ciudadanía dispuesta una vez más a tropezarse con la misma piedra.

Tal toma de conciencia implica valorar el papel de cada quien en el ejercicio de gobierno, empezando por nosotros mismos como mandantes, para así saber a ciencia cierta que esperamos de quienes en nuestro nombre se desempeñan como mandatarios de la voluntad popular. Si no se tiene claro quien manda en Veracruz, sólo hay un paso a la sumisión y al dejar hacer dejar pasar en un gatopardismo que se repite sin cesar, y que se nos impone desde las esferas de un poder político y administrativo que hemos depositado en manos de unos cuantos mortales que, ni son superiores a nosotros, ni tienen por qué asumirse como tales, toda vez que les pagamos para desempeñarse como servidores públicos a nuestro servicio.

El segundo paso es el exigir transparencia en cada uno de los actos de gobierno. Pleno derecho y libertad para escudriñar hasta el más nimio detalle de cómo nuestros representantes disponen de los bienes materiales, financieros y humanos, que hemos puesto en sus manos para beneficio de toda la sociedad. La simulación y la opacidad son inherentes a la corrupción y a la impunidad; no se debe ni puede permitir que se nos vuelva a jugar el dedo en la boca con medias verdades, medias mentiras y desplantes demagógicos soportados con bombardeo mediático pagado con dineros del contribuyente.

Desde el más humilde servidor público hasta el gobernador del estado, deben desempeñarse en caja de cristal, hablando con verdad, humildad y honestidad intelectual, en un marco de congruencia que empezando por barrer la casa, elimine el lastre que para la opinión pública  representa el que los pillos de ayer sean los mismos que hoy rodean a Javier Duarte de Ochoa.

Es nuestra responsabilidad como sociedad que así sea y, para ello, debemos pugnar por una puntual y oportuna rendición de cuentas, lo mismo del Poder ejecutivo que del legislativo y el judicial. Insistiría en que todo plan de desarrollo o programa sexenal de gobierno, debería hacerse acompañar por un sistema estatal de evaluación y control de obras y servicios públicos, a cargo de un Comité de Planeación del Desarrollo de Veracruz (COPLADEVER) ciudadanizado y desconcentrado regionalmente en el que la población y no los partidos políticos tengan la última palabra. La democracia participativa es condición sine qua non.

El tercer paso, quizá el más importante, es aceptar que en democracia,  la tarea de gobierno se comparte corresponsablemente, actuando en consecuencia. No podemos exigir al otro que cumpla si nosotros como ciudadanos no cumplimos en aquellas esferas de nuestra personal y colectiva competencia y responsabilidad. La tarea es de todos y a cada uno corresponde aportar su grano de arena, contribuyendo al buen gobierno. Esperar que otros, ya sea el titular del Poder ejecutivo, el Congreso local, los partidos políticos o las organizaciones no gubernamentales, hagan la tarea a la que como ciudadanos estamos obligados,  perdidos en la comodidad de la abulia y apatía es aceptar sin mayor actitud crítica un destino incierto, en el que habremos de recibir no más que aquello que como pago a nuestra irresponsabilidad merecemos.

Parafraseando al ex presidente López Portillo, ya nos saquearon, no permitamos que nos vuelvan a saquear. Organicémonos para participar cuidando y fortaleciendo un patrimonio que es de todos.

No más engaño, estridente simulación y manipulación mediática,  por el bien de Veracruz. El gobernador lo debe entender así tanto como los ciudadanos estamos obligados a exigirlo.

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R.  Fonseca Flores

“Con un diagnóstico real y una planeación integral entre federación, estado y municipios, Veracruz conseguirá una pronta recuperación económica”, afirmó el gobernador electo priísta  Javier Duarte de Ochoa, y añadió que la ejecución de obra pública siempre generará fuentes de trabajo, mejorará las condiciones de vida de los ciudadanos y atraerá a la iniciativa privada. Muy acertada observación, pero primero tiene que ser gobernador y, por supuesto, de llegar a ser confirmado por el TRIFE tendrá que armar un gabinete a la altura de lo que propone y no es por nada, pero las listas de los listos que le adivinan el pensamiento al joven cordobés, solo mencionan a un ramillete de mediocres y arribistas, entre los que destacan a un broncudo “borrachín” y un muy pero muy cuestionado ex alcalde de Coatzacoalcos, quien arrastra una  enorme colita de roedor.

No basta contar con un diagnóstico lo más apegado a la realidad que hoy vive Veracruz, y un proceso permanente y dinámico de planeación integral que oriente la acción de gobierno, si no se da un proceso de participación ciudadana, sectorial y regional, que proponga, valide, de seguimiento, supervise, evalúe, y ejerza  funciones de contraloría social. Para ello, los integrantes del equipo de trabajo del gobernador tendrían, en primer lugar, saber de democracia participativa y planeación integral y, enseguida, capacidad probada para coordinar en sus respectivas áreas y sectores de competencia, región por región, el cumplimiento tanto del plan estatal de desarrollo como de los programas anuales de gobierno que se deriven de este. Y tal equipo aún no aparece en las listas de los listos politólogos que a conveniencia ante Duarte promueven a sus amigos.

El mismo Duarte de Ochoa afirma que la tarea de reconstrucción y reactivación de la vida económica y social del hoy siniestrado Veracruz, es de todos. No puede marchar por un lado la sociedad y por el otro el gobierno de la entidad. Lo que implica, en primer término, una estrategia incluyente que permita la suma coordinada de esfuerzos, tareas y resultados.

El Copladever tiene que modificarse, ser un organismo autónomo con representación de los tres órdenes de gobierno y participación ciudadana, con réplicas regionales armadas de ojos y oídos en cada municipio de su jurisdicción  para una óptima coordinación y control. Coordinación y complementariedad de los tres  órdenes de gobierno, se dice fácil, lo verdaderamente difícil si no casi imposible, es llevarlo a la práctica con resultados palpables para todos.

Y ahí sí, el Sr. Duarte, caso de llegar a la gubernatura, tiene que compensar inexperiencia con inteligencia, rodeándose de colaboradores capaces y saber delegar y exigir eficacia y cuentas claras. Con politicastros de medio pelo, como los que ya mencionan los clarividentes, se repetiría el desorden y el fracaso que nos hereda Don Fidel Herrera Beltrán. Veracruz ya no quiere más de lo mismo.

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