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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

10 de Noviembre de 2010

“Iluso”, es lo menos que en varios mensajes mis tres lectores se refirieran a un apunte anterior en el que hago referencia a que está en manos del próximo gobernador el que Veracruz cambie de rumbo o deje las cosas como están para seguir igual.

“La administración pública veracruzana no puede cambiar porque así lo decida en su momento Javier Duarte. Recibe el poder acotado por los intereses de los poderes fácticos y los creados como compromisos de campaña. Fidel estará presente a lo largo del mandato de su delfín”; “Frente al poder real,  el cambio de rumbo en Veracruz, no está en la voluntad de Duarte”; “Javier Duarte no podrá contra la corrupción enquistada en todos los niveles de la administración pública”. Rezan algunos, en tanto que en otros, me cuelgan la etiqueta de “vendido” y, uno muy peculiar, en el que simplemente me dicen: “lástima de su edad”, como si de los años que cargo sobre mis espaldas dependiera el emitir una opinión al gusto o disgusto de la estimada lectora.

Que bueno que se opine, a favor o en contra de un comentario que considero atañe a todos. Entre más se participe y se discutan temas torales de Veracruz, más se enriquece nuestra vida política.

Zanjado lo anterior, en esta ocasión quiero referirme a un tema que ha venido inquietándome a lo largo de los últimos seis años, como lo es la concepción que el gobierno veracruzano contempla en su estructura orgánica sobre el desarrollo, sin que haya voces autorizadas que definan que debemos entender por desarrollo. Quizá Rafael Árias, Coordinador del Copladever y estudioso del tema, o algún brillante investigador de los muchos que tenemos en la Universidad Veracruzana, y que por cierto nadie les da juego, pudieran darnos luz al respecto.

Contamos con una secretaría de desarrollo económico y portuario, otra de desarrollo social y medio ambiente, así como una más, avocada al desarrollo agropecuario, pesca y alimentación. Otras responsables de la educación y a la salud.  Y muchos otros organismos de menor jerarquía, avocados, en teoría, al tema en cuestión.  Cada entidad se rige por propósitos y programas con cuantiosos recursos presupuestales, concurrentes al “desarrollo” como objetivo, concibiendo cada una a esta categoría de manera diferente y, la más de las veces contrapuesta.

Derivándose de lo anterior, no sólo duplicidad de funciones y derroche de recursos públicos. Lo más grave, es que ante la absoluta ausencia de complementariedad y coordinación inter e intra institucional, todas sin excepción no aportan nada positivo al logro del desarrollo como objetivo estratégico. En pocas palabras, así como se manejan las cosas, prácticamente no sirven para nada, si de cumplir un propósito superior se trata. Situación en la que el Comité de Planeación de Veracruz, en los hechos, en un cero a la izquierda que ninguna de las entidades mencionadas considera tanto en el cumplimiento del presunto Plan Estatal  vigente de Desarrollo, como de las metas, obra pública y servicios, contempladas en los respectivos programas operativos anuales.

Lo primero que habría que considerar es que en realidad no se cuenta con un diagnóstico objetivo de la realidad que domina en Veracruz y, por lo consiguiente, con un plan estatal de desarrollo que contemple complementariedad, congruencia y jerarquización de prioridades, apoyado por un sistema estatal de evaluación. Que el Copladever está de adorno, como parche mal puesto en la SEFIPLAN, sin sustento operativo en el ámbito regional y sectorial y, en  desacuerdo con la oficina que dependiendo del gobernador está encargada del programa de gobierno.

Así lo percibo.  Lo que observo es que las entidades encargadas de promover el “desarrollo”, marchan a ciegas, interpretando cada una a su manera lo que a su entender les corresponde en el desahogo de las tareas que implica el progreso de Veracruz.

Crecimiento económico, ordenación regional y sectorial de las actividades productivas, seguimiento y control de la inversión pública en los tres órdenes de gobierno, vinculación con la sociedad para sumar y coordinar esfuerzos, actualización y retroalimentación, no son responsabilidad común, compartida y complementaria. Por ende, la atención a la producción, empleo, educación, salud, formación de recursos humanos, bienestar y mejores condiciones de vida de la población, marcha al garete y condicionada a que “el burro toque la flauta” en una orquesta sin director.

Media clase política afín al priísmo, quiere y busca estar al frente de las agencias de promoción del desarrollo en la siguiente administración. Hasta donde se alcanza a observar y leer en los medios de comunicación, el tema en cuestión, podría afirmarlo, no interesa un comino lo citado en los anteriores párrafos. No está en la mente de nuestra clase política, rejuvenecida por decreto y envejecida por vocación, propósitos y objetivos comunes en el complejo quehacer de las tareas del desarrollo en Veracruz.

Parafraseando a la señora que con toda valentía, expresara que “cualquier pendejo puede ser magistrado”, lo mismo podría decirse de los que aspiran a ser titulares de esos remedos de agencias “promotoras del desarrollo”, ya que para el caso, es igual “Chana que Juana”. De todas no se hace ninguna.

Antes que un buen funcionario, lo deseable e imprescindible es contar con una administración pública organizada y congruente con su propia finalidad y responsabilidades para con la sociedad a la que sirve. Si sobre el particular el gobernador electo no se ha pronunciado, es que posiblemente no le interese o, como me bombardean mis tres lectores, desde ya está amarrado de manos por los intereses creados, como para pensar en términos de congruencia, complementariedad y racionalidad del servicio público.

Bajo esta óptica, creo sinceramente que efectivamente me queda a la perfección el calificativo de “iluso”. No se si lo heredé de mi abuelo, luchador social y organizador sindical, o pesqué el virus a lo largo de mi persistencia por derribar el muro a topes, pero insisto, nada pierdo con ello, en que está en la decisión y voluntad política de Javier Duarte de Ochoa el darle un poco de orden y racionalidad a la administración pública,  para así iniciar con honestidad intelectual un auténtico proceso de cambio y transformación de Veracruz.

pulsocritico@gmail.com

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R.  Fonseca Flores

“Con un diagnóstico real y una planeación integral entre federación, estado y municipios, Veracruz conseguirá una pronta recuperación económica”, afirmó el gobernador electo priísta  Javier Duarte de Ochoa, y añadió que la ejecución de obra pública siempre generará fuentes de trabajo, mejorará las condiciones de vida de los ciudadanos y atraerá a la iniciativa privada. Muy acertada observación, pero primero tiene que ser gobernador y, por supuesto, de llegar a ser confirmado por el TRIFE tendrá que armar un gabinete a la altura de lo que propone y no es por nada, pero las listas de los listos que le adivinan el pensamiento al joven cordobés, solo mencionan a un ramillete de mediocres y arribistas, entre los que destacan a un broncudo “borrachín” y un muy pero muy cuestionado ex alcalde de Coatzacoalcos, quien arrastra una  enorme colita de roedor.

No basta contar con un diagnóstico lo más apegado a la realidad que hoy vive Veracruz, y un proceso permanente y dinámico de planeación integral que oriente la acción de gobierno, si no se da un proceso de participación ciudadana, sectorial y regional, que proponga, valide, de seguimiento, supervise, evalúe, y ejerza  funciones de contraloría social. Para ello, los integrantes del equipo de trabajo del gobernador tendrían, en primer lugar, saber de democracia participativa y planeación integral y, enseguida, capacidad probada para coordinar en sus respectivas áreas y sectores de competencia, región por región, el cumplimiento tanto del plan estatal de desarrollo como de los programas anuales de gobierno que se deriven de este. Y tal equipo aún no aparece en las listas de los listos politólogos que a conveniencia ante Duarte promueven a sus amigos.

El mismo Duarte de Ochoa afirma que la tarea de reconstrucción y reactivación de la vida económica y social del hoy siniestrado Veracruz, es de todos. No puede marchar por un lado la sociedad y por el otro el gobierno de la entidad. Lo que implica, en primer término, una estrategia incluyente que permita la suma coordinada de esfuerzos, tareas y resultados.

El Copladever tiene que modificarse, ser un organismo autónomo con representación de los tres órdenes de gobierno y participación ciudadana, con réplicas regionales armadas de ojos y oídos en cada municipio de su jurisdicción  para una óptima coordinación y control. Coordinación y complementariedad de los tres  órdenes de gobierno, se dice fácil, lo verdaderamente difícil si no casi imposible, es llevarlo a la práctica con resultados palpables para todos.

Y ahí sí, el Sr. Duarte, caso de llegar a la gubernatura, tiene que compensar inexperiencia con inteligencia, rodeándose de colaboradores capaces y saber delegar y exigir eficacia y cuentas claras. Con politicastros de medio pelo, como los que ya mencionan los clarividentes, se repetiría el desorden y el fracaso que nos hereda Don Fidel Herrera Beltrán. Veracruz ya no quiere más de lo mismo.

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