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Tag Archives: Crisis de credibilidad

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Si para amplios sectores de la población el presidente Peña no se hace merecedor a confianza y credibilidad, y lo mismo podría decirse de los gobernadores, procuración y administración de justicia y partidos políticos, la pregunta obligada, a tres meses escasos de las elecciones del 2015, es ¿por qué sí se debe creer y confiar en el Instituto Nacional Electoral?

¿Es acaso entre todas las instituciones republicanas la joya de la corona, hoy fuera del alcance de la simulación y corrupción impune? ¿O es una pieza más en el juego perverso de la partidocracia en el afán de esta por mantener secuestrada y bajo control a nuestra incipiente democracia representativa?

El reto para el organismo, ya encarrilado el proceso electoral sería demostrar que efectivamente es digno de confianza y credibilidad para que, en su papel de organizador y árbitro de los comicios venideros justifique ante el pueblo de México la razón de su existencia.

Y esto, a mi juicio, por lo que se alcanza a percibir en las crónicas periodísticas, está en chino. La descomposición del régimen político conforme pasan los días se observa transita montada en un tobogán sin control, reflejándose en un estira y afloja al interior del INE en el que los partidos políticos, cada uno por su lado, pretenden imponer lo que mejor conviene a sus intereses de coyuntura, trasladando su crisis de representación a una institución presuntamente ciudadana. Poniéndose en evidencia el cada vez mayor divorcio entre la clase gobernante y las subordinadas.

La brecha se amplía y no se observan los necesarios puentes para acotarla y achicarla, antes al contrario, lo que se percibe es un conjunto de puentes rotos que entre acuerdos en lo oscurito, medias verdades y medias mentiras, acompañados de hechos concretos en la vida cotidiana de la población, no ofrecen seguridad alguna de que el divorcio en el corto plazo llegue a buen término.

Credibilidad y confianza en el régimen político e instituciones se dan por perdidas e incluso, el gobierno de Peña Nieto por conducto de su secretario de hacienda, reconoce que sin éstas no hay forma de aterrizar y concretar objetivos y metas del proyecto de país pensado y diseñado en Los Pinos. Para la cúpula empresarial esto es mala señal y ya exigen claridad y mano dura para enderezar el rumbo del país.

Entre la población el dilema entre votar y no votar en los próximos comicios, se alimenta de esta falta de confianza y credibilidad y, en el mejor de los casos, el debate deriva a los terrenos del por quién votar, cuando frente a la oferta partidocrática no hay opción; cada partido selecciona a sus candidatos de manera vertical, de arriba hacia abajo, sin consulta previa con sus bases y menos con los millones de votantes llamados a sufragar. En este escenario antidemocrático Morena no es la excepción, con una auténtica vacilada que le iguala con sus adversarios irresponsablemente recurre a “la tómbola” como fórmula de selección, supeditando la democracia partidista a pedestre lotería.

Tocaría al Instituto Nacional Electoral el poner orden y reencauzar el proceso electoral por el sendero de una auténtica democracia representativa. Y no es así. Luego el reto de muy corto plazo de restaurar confianza y credibilidad para unos comicios exitosos, parece serle inalcanzable al organismo electoral. La partidocracia impone su crisis y arrastra por un conflictivo rumbo a lo que debería ser instrumento al servicio de los votantes. Malo para México, pésimo para las aspiraciones democráticas de millones de mexicanos.

Hojas que se lleva el viento

El forcejeo en el Senado de la República para sacar adelante la ley anticorrupción, refleja una pugna sin cuartel en la que cada partido ahí representado pretende imponer su propia visión e intereses en un tema de la mayor relevancia para el país. Hasta este momento, vía negociaciones en lo oscurito parece que la discusión en comisiones está llegando a su término con un aparente consenso que deberá ser ratificado en el pleno. El acuerdo, en congruencia con las condiciones generales que se viven en el país, parece estar sustentado en una expresión más de gatopardismo que se concretará en una ley sin dientes que dejará incólume a no dudar una lacra histórica que no se acabará por decreto. Borrón y cuenta nueva, no se barrerá para atrás y todos felices y contentos.

-ooo-

Frente a la tormenta que azota a la administración pública veracruzana, calladito se vería más bonito el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, dejando que el área técnica de la secretaría de planeación y finanzas haga su trabajo en el arduo compromiso de justificar lo que a todas luces parece injustificable. El anticiparse expresando con optimismo que las observaciones puntuales de la Auditoría Superior de la Federación a su gobierno serán solventadas en forma y fondo a la mayor brevedad, sin realmente contarse con elementos fiables de que así será, más agita el cotarro. Y por cierto, es de llamar la atención el que no exista al interior del gobierno estatal una voz con autoridad moral y política que salga en defensa del ahora vapuleado gobernante que, en su rostro al aparecer ante los medios de comunicación afirmando que las finanzas públicas veracruzanas gozan de cabal salud, da la impresión de que para sus adentros quisiera gritar: “No me lo dejen sólo…”.- Xalapa, Ver. 26/02/2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con todo el respeto que nos merecen las víctimas del lamentable incidente que tuviera lugar la semana pasada en la capital de la República, lo que sin duda debería ser motivo de preocupación es el hecho de que, fuera cual fuese el origen de la explosión en uno de los edificios sede de Pemex, la primera reacción ciudadana fue de una enfermiza combinación de especulación, rumor y ausencia de credibilidad en la información oficial, a la que se sumó la comercialización de la tragedia por la mayoría de los medios informativos.

Las diversas muestras de solidaridad para con las víctimas y sus familiares quedó en segundo plano, o bien se destacaron mediáticamente para arropar el bombardeo informativo sobre el penoso suceso. A la par que se explotaran políticamente para poner de relieve la premura y atingencia con la que los gobiernos federal y del D.F., se avocaran al control de daños. Reality Show que exacerbó especulación y desconfianza en las autoridades.

No es la intención de quien esto escribe el poner en duda la información vertida por las autoridades sobre el trágico suceso que ha enlutado hasta ahora a más de 35 hogares mexicanos; un tema en el que está en juego la seguridad nacional, merece ser tratado con seriedad por quienes si saben del paño. Lo que si quiero destacar es la percepción y amargo sabor de boca que deja en un pueblo harto de opacidad, violencia e inseguridad,  el que la información oficial se quede en medias verdades y medias mentiras. Daña más el rumor y la especulación que la verdad a secas.

Califico como enfermiza a la reacción ciudadana, no por el morbo desatado. Me refiero a la condición de una sociedad enferma en la que el deterioro del tejido social es tal que la falta de credibilidad en el gobierno, da lugar a la pérdida de perspectiva frente a hechos trascendentes que para bien o para mal, a todos nos competen.

De ello no cabe buscar culpables, pero sí profundizar en el análisis de las causas y actuar en consecuencia para atacar el virus que carcome la vida en sociedad. A grandes males granes remedios, corresponde al aparato del Estado restablecer credibilidad, y confianza en las instituciones, así como una autoridad moral y política basada en principios y valores éticos, transparencia e información veraz y oportuna a la población. Sin esto, la enfermedad cunde y profundiza, haciendo nugatorios los esfuerzos por sacar a México de su actual atolladero.

No puede fructificar un pacto político cupular sin que la sociedad en su conjunto lo haga suyo. Y ésta, por principio, duda, especula, deja correr el rumor, haciendo gala de una incredulidad frente al gobierno. Negándose a la oportunidad de participar concientemente en un esfuerzo común, en el que bien podría pesar en la toma de decisiones, inclinando acciones y tareas gubernamentales en beneficio de todos.

Construir credibilidad es construir ciudadanía, sin participación informada,  conciente y consecuente, no existe el ciudadano.

Así como tampoco hay lugar para la democracia que valga, frente a la constante del rumor, la especulación y la trivialización mediática, luego la responsabilidad debe ser compartida entre el aparato del Estado y la población. No es deseable conocer la enfermedad y no atajarle, la tarea es de todos si de sanar el tejido social se trata.

Lo que habría que preguntarse es si existe disposición para ello.

Hojas que se lleva el viento

“Para aquellos que andan diciendo que Veracruz está quebrado les respondemos no con discurso sino con hechos”, expresó el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa al dar el banderazo de inicio de lo que será la autopista Córdoba-Xalapa. Si los hechos y no el discurso triunfalista hablaran por sí mismos, el gobernante no tendría necesidad de referirse públicamente a sus detractores. Aclarando una vez más, que Veracruz no es el gobierno, si en el ámbito de la percepción popular es sabido que la deuda pública anda por el orden de más de 30 mil millones de pesos y se desconoce a cuanto ascienden los ingresos y egresos reales anuales del gobierno estatal y de los 212 Ayuntamientos -incluyendo participaciones federales y pago del servicio de la deuda-, discurso y  hechos relevantes dicen poco. Para hombres y mujeres de a pie, está quebrado aquel que gastando más de lo que gana empeña hasta la camisa. Cuestión de enfoques. Percepción es política..- Xalapa, Ver., febrero 6 de 2013.

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

 El tema de moda en la aldea es el del “ciber terrorismo”, el Procurador Escobar Pérez, la policía cibernética, y la meteórica pesquisa que llevara a la detención de varios twitteros que presuntamente encajan a la perfección en lo dispuesto por el Código Penal de Veracruz. Cortina de humo por demás eficiente para cubrir lo ineficaz de las políticas públicas de información y comunicación social del gobierno duartista. Tanto se ha insistido en las altas esferas del poder que los ciudadanos somos estúpidos o retrasados mentales, que muchos ya estamos convencidos de que lo somos, así que mejor darle vuelta a la hoja, que cada quien lo interprete a su manera, y que las autoridades se encarguen de resolver el como cerrar la Caja de Pandora que destaparan en el ciberespacio,  y a otra cosa mariposa.

Al declarar el gobernador que con la nueva línea de crédito por casi cinco mil millones de pesos que autorizara el Congreso local, se podrá cumplir con las reglas de operación establecidas  en el nuevo esquema del FONDEN, se da por terminada la discusión a que diera lugar el Secretario de Finanzas en torno a  la responsabilidad del gobierno federal al retrasar el arribo a la entidad de los recursos del Fondo de Reconstrucción de Entidades Federativas.

Más claro ni el agua. No bajaban los recursos porque el gobierno estatal no cumplía con las reglas de operación al no aportar la parte que le correspondía. Simplemente no se tenía el dinero para el pari passu al heredar el Dr. Duarte las arcas vacías. Así se pone fin a los dimes y diretes y aspavientos porriles de Héctor Yunes Landa, presidente del CDE del PRI en Veracruz, en contra de Calderón Hinojosa y Ernesto Cordero.

Lo que de ninguna manera queda claro, ni siquiera aún para la SHCP, pues se mantiene una hermética opacidad por parte del gobierno veracruzano, es lo referente al destino de los 10 mil millones de pesos de la línea de crédito autorizada por el Congreso en 2010 a Fidel Herrera Beltrán, titular del ejecutivo en aquel entonces. Toda vez que dicho monto presuntamente se destinaría a la reconstrucción de municipios devastados por lluvias y huracanes. Mismo destino que hoy se aduce para el voto a favor del Congreso para la autorización de una nueva línea de crédito por 4 mil 556 millones de pesos, con la salvedad de que ahora sí, a decir del gobernador, se está en condiciones de cumplir con las reglas de operación del FONDEN. Representando ello disponibilidades de 9 mil millones de pesos  para emprender la reconstrucción.

Tampoco se tiene claro como fue posible que Fidel Herrera Beltrán, en su carácter de titular del ejecutivo estatal (“el que manda en Veracruz”, decían sus panegiristas),  dejara de pagar al IPE, contratistas, proveedores y periodistas nada menos que 17 mil quinientos millones de pesos, heredándole la deuda a su sucesor. Lo menos que se dice en “radio bemba veracruzana”, es que se los robó, aunque en honor a la verdad concediéndole el beneficio de la duda, pudiéramos presumir que simplemente dio muestras de ser un pésimo administrador, como pésimo lo fue como gobernador.

Sea cual fuere el destino de la deuda pública acumulada y heredada al Dr. Duarte de Ochoa, algún día saldrá a la luz pública, como ya está aconteciendo con el caso Coahuila, cuyo gobierno ya fue denunciado por la Secretaría de Hacienda.

Lo verdaderamente grave en perjuicio del gobierno duartista, se da en dos vertientes, a saber:

La pérdida de credibilidad en el gobierno estatal por parte de una ciudadanía que se da por engañada, achacándosele al Dr. Duarte de Ochoa ser tapadera de los malos manejos de su antecesor;

La imposibilidad de la actual administración pública veracruzana para ocultar que no cuenta con dinero suficiente para atender con eficiencia y eficacia sus tareas, en el propósito de abatir la pobreza y consolidar la prosperidad en Veracruz.

En el primer caso, el gobernador tendrá mucho trabajo por delante para borrar tal impresión, actuando en consecuencia.

Por cuanto a la escasez de recursos, tendrá que admitirse que cuando menos que en lo que resta del año y en tanto no nos afecten nuevos huracanes, tormentas tropicales, lluvias y ventoleras, el énfasis del gobierno estará en aplicar los recursos del FONDEN en “la reconstrucción”, puesto que no hay para más.

Esto último sin que se sepa a ciencia cierta que se hizo en el 2010 y que se hará en el presente año; opacidad e impunidad cubren con un manto indeleble el verdadero alcance de las afectaciones a lo largo y ancho del estado.

Partiendo de esto último, el Dr. Duarte de Ochoa está más que obligado a imprimir a su mandato la más cristalina de las transparencias, so pena de ser juzgado con el mismo rasero con el que hoy se juzga a su antecesor, en una circunstancia clave como son las elecciones del 2012. Por el bien de Veracruz esperemos que el gobernador esté a la altura de lo que de el esperan los veracruzanos, empezando por una limpia de depredadores heredados y aún enquistados en las filas de su gobierno, así como la transparente y oportuna aplicación de los nueve mil millones que dice cuenta su administración  para hacer lo que debería haberse hecho el año pasado.

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De Interés Público 

Emilio Cárdenas Escobosa

La psicosis está instalada entre nosotros. Y no es para menos: la sucesión de hechos violentos, sobre todo en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, con un saldo notable de muertos y heridos entre sicarios, elementos de seguridad y ciudadanos inocentes, así como la puesta en marcha de aparatosos operativos de vigilancia de las fuerzas castrenses, tienen a la gente con el  Jesús en la boca. Por eso la rumorología desatada este jueves en aquella zona de la entidad encontró campo fértil y causo estragos en el ánimo colectivo.

Padres de familia aterrorizados que corrían a recoger a sus hijos a la escuela; directivos y maestros cancelando actividades y dejando salir a los educandos, incluso de las universidades; usuarios de redes sociales haciendo eco de un sinfín de versiones disparatadas, no hacían sino dar forma al fantasma que roba el sueño a los veracruzanos. Y ese fantasma, construido con retazos de las escasas notas de prensa que abordan la violencia criminal, con rumores y comentarios de boca a boca de ciudadanos que en un afán de autoprotección intentan alertar a otros de los peligros que se ciernen en las calles y terminan por alimentar una espiral de desinformación, con el zigzagueante discurso oficial que un día dice que el crimen organizado está entre nosotros y se le combatirá con toda la fuerza del estado y al otro señala que vivimos en paz y que aquí no pasa nada, se nos apareció, o más bien se le manifestó con crudeza al gobierno de Veracruz.

La combinación del sentimiento de vulnerabilidad de la gente y la notable crisis de credibilidad gubernamental en el tema de la inseguridad dieron por resultado el caos vivido este jueves que llevó a la Procuraduría de Justicia del Estado a echar mano del delito de terrorismo para iniciar indagatorias contra los usuarios de las redes sociales que difundían versiones de atentados en escuelas, coches bomba o balaceras.

Con todo y los comunicados de prensa y declaraciones, lo mismo del Secretario de Educación Adolfo Mota que del propio gobernador Javier Duarte, enfatizando que está garantizada la seguridad de los alumnos en las escuelas del estado, en las redes sociales el pánico se alimentó y se sigue atizando con versiones diversas. Incluso el anuncio del inicio de acciones legales en contra de los twitteros que iniciaron la bola de nieve desinformativa, ha sido tomado con ironía, como una manera de salir al paso de la crisis, o disuadir a los cibernautas más críticos, dejando intocados a los verdaderos causantes de la situación de inseguridad, tal y como puede uno leer en comentarios de muchos, muchísimos usuarios, que bajo la lógica conspirativa también tendrían que ser investigados.

El problema central de todo esto es la falta de credibilidad de la población al discurso oficial. El desaparecer la información de los enfrentamientos y demás hechos violentos en los medios de comunicación, sea por censura o autocensura, ha convertido a las redes sociales como Facebook y Twitter en los vehículos de información de la mayoría de la gente, que -asustada, y con razón por la ola de criminalidad- cree a pie juntillas lo que ahí, responsable o irresponsablemente, se difunde.

El problema de comunicación gubernamental en este caso es muy serio. No debe perderse de vista que en tiempos de incertidumbre lo común es que los rumores se extiendan como reguero de pólvora y más cuando en la sociedad moderna las redes sociales juegan un papel fundamental en la comunicación al instante, en tiempo real, de lo que ocurre.  Por lo que ante la carencia casi absoluta de credibilidad de lo que informan los medios convencionales de comunicación, un comentario o muchos reportes de los cibernautas pueden adquirir proporciones enormes y dañinas, independientemente de su veracidad.

Sabemos que el ciudadano es desinformado por tradición y que la confirmación de los sucesos era tomada por buena siempre que la diera la prensa escrita o el famoso conductor los noticiarios televisivos o radiofónicos, pero ante el quiebre de la confiabilidad de éstos queda un vacío informativo que es llenado justamente por los “reporteros” de las redes sociales.

Ante una realidad de violencia que ahí está por más que se le quiera ocultar, y la falta de información de la gente derivada del hartazgo ante el idílico panorama que pintan los diarios locales, con sus loas al gobernante y a todo lo que diga o haga, o las intrascendentes notas de los noticiarios televisivos locales, lo que digan en las redes sociales hay que creerlo, “porque ahí está la verdad que nos ocultan”. Si la crisis de credibilidad en el gobierno es notable, la de los medios de comunicación veracruzanos ya toca fondo.

En materia de comunicación, al igual que en política, los vacíos se llenan. Con versiones disparatadas, malintencionadas o producto del miedo de la gente, pero se llenan.

La ausencia de una eficaz política de información en tiempos de crisis está dejando espacio a otras voces, a múltiples versiones de lo que los medios no pueden o no quieren ya decir. Es el precio de una errática comunicación gubernamental y no únicamente de “terroristas” informáticos.

Tan fácil que sería  monitorear las redes sociales, reaccionar a tiempo, liberar a los medios de comunicación cautivos y alentar la libertad de expresión. Sin eso, por más comunicados de prensa o declaraciones que se emitan y aparezcan en primera plana, ya pocos les creen.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En la democracia representativa la prueba del ácido para los partidos políticos son los procesos electorales. El sufragio ciudadano determina el ser o no ser de todo partido político. El  proceso electoral del pasado cinco de julio, con un abstencionismo de un poco más del 60 por ciento, puso de manifiesto que en términos prácticos, ninguno de los ocho partidos nacionales paso la prueba. La ausencia de representatividad, credibilidad y congruencia del sistema de partidos políticos en México es más que evidente. Habiendo dejado de responder a las necesidades de participación política y representatividad electoral de la enorme mayoría de los mexicanos en edad de votar, estos, en una escala de 0 a 10 calificaron con 4 al conjunto del sistema de partidos, arrastrando consigo a una legislación electoral federal  inoperante.

Hoy asistimos al  funeral legal del Partido Social Demócrata que no alcanzando el mínimo de votos que le asegurara su supervivencia, no pasó la prueba de aceptación por parte de la voluntad popular. A partir de esta descalificación, surge con ello la pregunta obligada: ¿Cual sigue? ¿Cuándo tendrán  lugar las próximas exequias partidistas frente a la profunda crisis de un sistema nacional de partidos políticos que avanzando a pasos acelerados hacia un nefasto bipartidismo, refleja su incapacidad para afrontar los retos de un país en quiebra técnica?

El próximo examen a nivel federal habrá de aplicarse en el 2012, con la elección presidencial y la renovación del Congreso de la Unión. De continuar la actual tendencia del electorado, con el agravante de la percepción mayoritaria de que los tres órdenes de gobierno manifiestan su incapacidad para frenar el deterioro de la vida económica y social del país, la calificación podría ser aún más baja que la obtenida en el presente año.

Pensando un poco a la antigüita, y bajo la óptica de un análisis simplista, podríamos estar de acuerdo con quienes afirman que no todas las elecciones son iguales, diferenciando a las llamadas intermedias de la sustantiva de cada seis años con una también desigual tendencia de participación y abstencionismo. Sin embargo, en las actuales condiciones que se viven en México, lo que echa por tierra tal tesis es que de aquí para adelante lo que determinará el resultado de todo proceso electoral, será la circunstancia económica y social que prive en el momento de la elección; arrastrando consigo a un sistema de partidos políticos cuya crisis aún no toca fondo y que, por lo consiguiente, no afronta el reto de actualizarse poniéndose a tono con una ciudadanía que le ha rebasado.

Fuera de la ciudad de México, todo es Cuautitlan, reza la vieja conseja con la que al mismo tiempo que los “capitalinos” menospreciaban a “la provincia” se descalificaba a la  ingente necesidad de revertir el centralismo mediante un movimiento renovador que planteaba el caminar de la periferia al centro. Hoy parece que sigue privando tal añeja conseja. La vida política, económica y social se concentra en el Distrito Federal y zonas conurbadas aledañas de las entidades federativas que comparten espacios con la gran urbe. El resto del país, no obstante la tendencia a la feudalización regional y hacer pesar a los gobernadores en la toma de decisiones, el centralismo y el desdén por “la provincia”, se mantiene incólume. El trato de la prensa nacional para con las entidades federativas y las consecuencias sobre las finanzas públicas estatales y municipales como resultado del pésimo desempeño del gobierno federal, lo confirman.

Tal fenómeno no solamente se refleja, también se repite en el sistema nacional de partidos políticos. Los gobernadores podrán, pesar, influir y  ser factor determinante en sus respectivas entidades federativas de la vida misma de los partidos políticos nacionales  en los que a su jurisdicción compete. No obstante, las decisiones sustantivas recaen en el ámbito centralizado de las dirigencias nacionales que, entre otras cosas, administran lo mismo el reacomodo de la correlación de fuerzas en juego que los intereses de los poderes fácticos, poder real del país en su conjunto. Todo esto tiene como corolario el que en  la vida interna de los partidos políticos la posibilidad de renovación y democratización resulte inviable. A más de que en una acción suicida se da la contradicción en la que los intereses partidistas del centro se confrontan con los que legítimamente respondan a la correlación de fuerzas e intereses fácticos de “provincia”. Existiendo ya de hecho una fragmentación en la que cada partido político está dividido en tantas partes como entidades federativas, incluido el D.F., coexisten en la vida republicana de México. Así, la unidad nacional de cada uno de los partidos sobrevivientes, resulta ser una entelequia.

Conforme tal contradicción se profundice con las exigencias de los gobernadores de una mas equitativa distribución de la hacienda pública federal y un mayor poder de decisión en materia de políticas públicas a nivel local, confrontando a las dirigencias nacionales con el gobierno federal, la fragmentación partidista será mayor y con un mayor grado de conflictividad, en el seno de una sociedad también dividida conforme la desigualdad y la pobreza reviven a la presuntamente muerta lucha de clases.

El tiempo avanza sin respuestas claras y contundentes a la crisis del sistema de partidos y, en Veracruz, se nos echó encima. La elección del 2010 se dará en tal escenario y no es extraño el escuchar comentar al ciudadano común,  que en esta ocasión se reprobará  una vez más a los partidos políticos, sometiéndoles a la prueba del ácido  y que, de sufragar, será a favor o en contra de aquellos personajes que merezcan mayor o menor confianza para el electorado, independientemente del color de  la camiseta que ostenten o del calor que reciban del gobernador del estado.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


En el marco de la crisis del sistema de partidos políticos en México, el grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados denunció que por parte del PAN existe una guerra sucia que enmugra la política. Vaya novedad, como si la clase política en su conjunto no hiciera lo indecible por hacer de la vida política del país un auténtico cochinero. No por nada,  conforme pasan los días se profundiza el abismo que separa a los partidos políticos del grueso de la población.


Más que acusarse mutuamente de enmugrar la política, tanto el PRI como el  PAN deberían preguntarse que hacen para limpiar al país del mugrero en que lo han convertido, frente a un electorado harto de corrupción, impunidad, procesos electorales fraudulentos, simulación y gatopardismo. Si en algún momento la ciudadanía confió en la alternancia como vía para abrir cauces de mayor amplitud a la vida en democracia, los partidos políticos se han encargado de cancelar tal esperanza. El PAN con el poder formal transformado en caricatura,  no sólo adoptó lo peor de la herencia histórica del priísmo, superó al partido tricolor al grado de que,  hoy día, tan no existe diferencia entre ambos institutos políticos que el pueblo ya les identifica como “PRIAN”. Al icono de tal engendro se le conoce como Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.


El resto de los partidos políticos con registro vigente, se encuentran en la misma tesitura. La herencia acumulada a lo largo de varias décadas de un sistema político corrupto y autoritario, con diferentes matices, permea en todos por igual. La crisis del sistema de partidos va de la mano del creciente deterioro de un Estado que no hace esfuerzo alguno por limpiar tanto en lo externo como en el ámbito doméstico,  su imagen de “fallido”.


La credibilidad en la vigencia del estado de derecho, en la legitimidad de las instituciones republicanas, y en la clase política en su conjunto, lastimosamente ya no existe. La partidocracia y su cauda de corrupción y oportunismo, vinculada a los poderes fácticos que dimanan del poder del dinero,  mantiene secuestrado al pueblo de México; la democracia, como forma de vida en sociedad, quedó entrampada entre las telarañas iconográficas de los grandes mitos nacionales.


Bombardeada por millones de spots, triviales propuestas de los candidatos, y obscenas cantidades de limosnas asistencialistas,  la ciudadanía habrá de decidir por quien votar en los comicios de julio próximo. Ejercicio inútil que desde ya apunta al triunfo del abstencionismo.  Por lo que a mi respecta, conciente de que a menor número de electores mayor será el agandalle del PRIAN, responsablemente concurriré a sufragar  pero eso sí, tengo la seguridad plena de que mi voto no será a favor del PRI o del PAN. No es mi voluntad participar a favor del cochinero.


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