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Tag Archives: Crisis del sistema de partidos

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En la democracia representativa la prueba del ácido para los partidos políticos son los procesos electorales. El sufragio ciudadano determina el ser o no ser de todo partido político. El  proceso electoral del pasado cinco de julio, con un abstencionismo de un poco más del 60 por ciento, puso de manifiesto que en términos prácticos, ninguno de los ocho partidos nacionales paso la prueba. La ausencia de representatividad, credibilidad y congruencia del sistema de partidos políticos en México es más que evidente. Habiendo dejado de responder a las necesidades de participación política y representatividad electoral de la enorme mayoría de los mexicanos en edad de votar, estos, en una escala de 0 a 10 calificaron con 4 al conjunto del sistema de partidos, arrastrando consigo a una legislación electoral federal  inoperante.

Hoy asistimos al  funeral legal del Partido Social Demócrata que no alcanzando el mínimo de votos que le asegurara su supervivencia, no pasó la prueba de aceptación por parte de la voluntad popular. A partir de esta descalificación, surge con ello la pregunta obligada: ¿Cual sigue? ¿Cuándo tendrán  lugar las próximas exequias partidistas frente a la profunda crisis de un sistema nacional de partidos políticos que avanzando a pasos acelerados hacia un nefasto bipartidismo, refleja su incapacidad para afrontar los retos de un país en quiebra técnica?

El próximo examen a nivel federal habrá de aplicarse en el 2012, con la elección presidencial y la renovación del Congreso de la Unión. De continuar la actual tendencia del electorado, con el agravante de la percepción mayoritaria de que los tres órdenes de gobierno manifiestan su incapacidad para frenar el deterioro de la vida económica y social del país, la calificación podría ser aún más baja que la obtenida en el presente año.

Pensando un poco a la antigüita, y bajo la óptica de un análisis simplista, podríamos estar de acuerdo con quienes afirman que no todas las elecciones son iguales, diferenciando a las llamadas intermedias de la sustantiva de cada seis años con una también desigual tendencia de participación y abstencionismo. Sin embargo, en las actuales condiciones que se viven en México, lo que echa por tierra tal tesis es que de aquí para adelante lo que determinará el resultado de todo proceso electoral, será la circunstancia económica y social que prive en el momento de la elección; arrastrando consigo a un sistema de partidos políticos cuya crisis aún no toca fondo y que, por lo consiguiente, no afronta el reto de actualizarse poniéndose a tono con una ciudadanía que le ha rebasado.

Fuera de la ciudad de México, todo es Cuautitlan, reza la vieja conseja con la que al mismo tiempo que los “capitalinos” menospreciaban a “la provincia” se descalificaba a la  ingente necesidad de revertir el centralismo mediante un movimiento renovador que planteaba el caminar de la periferia al centro. Hoy parece que sigue privando tal añeja conseja. La vida política, económica y social se concentra en el Distrito Federal y zonas conurbadas aledañas de las entidades federativas que comparten espacios con la gran urbe. El resto del país, no obstante la tendencia a la feudalización regional y hacer pesar a los gobernadores en la toma de decisiones, el centralismo y el desdén por “la provincia”, se mantiene incólume. El trato de la prensa nacional para con las entidades federativas y las consecuencias sobre las finanzas públicas estatales y municipales como resultado del pésimo desempeño del gobierno federal, lo confirman.

Tal fenómeno no solamente se refleja, también se repite en el sistema nacional de partidos políticos. Los gobernadores podrán, pesar, influir y  ser factor determinante en sus respectivas entidades federativas de la vida misma de los partidos políticos nacionales  en los que a su jurisdicción compete. No obstante, las decisiones sustantivas recaen en el ámbito centralizado de las dirigencias nacionales que, entre otras cosas, administran lo mismo el reacomodo de la correlación de fuerzas en juego que los intereses de los poderes fácticos, poder real del país en su conjunto. Todo esto tiene como corolario el que en  la vida interna de los partidos políticos la posibilidad de renovación y democratización resulte inviable. A más de que en una acción suicida se da la contradicción en la que los intereses partidistas del centro se confrontan con los que legítimamente respondan a la correlación de fuerzas e intereses fácticos de “provincia”. Existiendo ya de hecho una fragmentación en la que cada partido político está dividido en tantas partes como entidades federativas, incluido el D.F., coexisten en la vida republicana de México. Así, la unidad nacional de cada uno de los partidos sobrevivientes, resulta ser una entelequia.

Conforme tal contradicción se profundice con las exigencias de los gobernadores de una mas equitativa distribución de la hacienda pública federal y un mayor poder de decisión en materia de políticas públicas a nivel local, confrontando a las dirigencias nacionales con el gobierno federal, la fragmentación partidista será mayor y con un mayor grado de conflictividad, en el seno de una sociedad también dividida conforme la desigualdad y la pobreza reviven a la presuntamente muerta lucha de clases.

El tiempo avanza sin respuestas claras y contundentes a la crisis del sistema de partidos y, en Veracruz, se nos echó encima. La elección del 2010 se dará en tal escenario y no es extraño el escuchar comentar al ciudadano común,  que en esta ocasión se reprobará  una vez más a los partidos políticos, sometiéndoles a la prueba del ácido  y que, de sufragar, será a favor o en contra de aquellos personajes que merezcan mayor o menor confianza para el electorado, independientemente del color de  la camiseta que ostenten o del calor que reciban del gobernador del estado.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuauhtemoc Cárdenas, quien en el 2006 torpedeara al PRD y al Movimiento Nacional de Resistencia Pacífica oponiéndose al liderazgo de Andrés Manuel López Obrador,  en su calidad de “vaca sagrada” de la izquierda electoral insiste en su llamado a que el PRD resurja de entre los muertos para iniciar una nueva vida libre de pecado.

En comunicación telefónica con La Jornada, difundida el viernes por el rotativo,  aseveró que “es indispensable que se restituya la legalidad interna en el partido para que haya autoridad, en primer lugar. Pero también, agregó, para hacer un intenso trabajo de organización; para realmente rehacer el PRD, reconstituir sus bases, darle presencia en aquellas partes donde prácticamente está ausente de todo. Ésos son los trabajos que deben impulsarse desde cero, como si se tratara de fundar el PRD”. Pretendiendo una vez más asumirse como guía moral de la izquierda.

Uno de los requisitos que pone el michoacano como condición para tal refundación es hacer valer la legalidad al interior del sol azteca, expulsando a los militantes que al amparo de las siglas de otros partidos participaran como candidatos  en los recientes comicios, así como a  los que apoyaran o promovieran a estos en contravención a los ordenamientos partidistas. De no acatarse tal condición, no reconocerá la autoridad de la actual dirigencia nacional que, a su juicio, en tal caso debe renunciar.

Más claro ni el agua,  pero sin el valor para decirlo abiertamente, Cuauhtemoc está exigiendo la expulsión de Andrés Manuel López Obrador y quienes desde las filas del perredismo le acompañan en el Movimiento Nacional en Defensa de la Economía Popular, el Petróleo y la Soberanía. Así como el retiro del PRD del Frente Amplio Progresista. En pocas palabras, pide depurar el cadáver para que en su retorno a la vida nacional esté integrado por una militancia químicamente pura que, inmaculada, arrope a aquellos, los chuchos, que legitimen su calidad de dirigentes  mediante la aplicación a raja tabla de la legalidad estatutaria.

Chingón, como suele decir Marcela Gómez Salce.

El inconveniente a la vista es que Jesús Ortega y su mafia no se sienten con los arrestos suficientes para enfrentar al movimiento social que encabeza López Obrador.  Mucho menos están dispuestos a renunciar a las canonjías, prebendas y manejo de las prerrogativas de que disfrutan en su calidad de dirigentes del hoy cadáver insepulto. Más, si haciendo valer principios legaloides, con ello propiciaran el que los diputados electos y plurinominales afines a López Obrador en San Lázaro o en la Asamblea Legislativa del D.F., optaran por sumarse a las bancadas del PT o Convergencia.

Por muy  “vaca sagrada” que sea, Cuauhtemoc no tiene ya la autoridad moral y política suficiente para imponer su palabra a los intereses de “los chuchos” y sus corrientes afines. Ni estos estarían dispuestos a escucharlo confrontándose con el lopezobradorismo que tiene presencia y peso al interior del partido.

Enpantanadas las exequias en la cúpula, la única salida viable para la izquierda electoral sería proceder a la cristiana sepultura de un sol que ya no brilla,  y a otra cosa mariposa. De lo contrario, para el 2012, será simple mirón de palo, al garete, perdida en el eterno juego de los dimes y diretes y, de paso, cancelando la opción electoral a una abigarrada izquierda social que en su movilización aún no encuentra su propio camino.

Adendum

Al concluir mi artículo  leo a la analista política María Elena Fisher, quien afirma que: “Dos partidos parecen a punto de pulverizarse: el PRD tras las tonteras de AMLO y el PAN”. Creo que hace una mala lectura de la  realidad que viven ambos institutos políticos, llevada por el triunfalismo del PRI en Veracruz. Una cosa es calificar metafóricamente al PRD como un cadáver insepulto en el contexto de su crisis de identidad  y resultados electorales en gran parte del territorio nacional, y otra, muy distinta, es que esté a punto de pulverizarse.

No olvidemos que gobierna a la capital del país, centro neurálgico de la vida política nacional, en donde PRI no figura y el PAN es a duras penas primera minoría. En cuanto a lo que califica de tontera de AMLO, tomando como referencia lo acontecido en Iztapalapa con “Juanito”, no comparto tal apreciación. No se puede desconocer la diferencia entre izquierda electoral o parlamentaria, e izquierda social;  ello impide comprender que lo que ella toma como “tontera”, es la confirmación de la fuerza de un movimiento ciudadano que bajo la conducción de Andrés Manuel López Obrador, en un santiamén le corrigió la plana al Tribunal Federal Electoral.

Por cuanto al PAN, el rechazo en los recientes comicios a Felipe Calderón Hinojosa por parte de una ciudadanía lastimada, no fue suficiente para concluir que este instituto político está a punto de pulverizarse. Está en crisis, como todo el sistema de partidos políticos en México, pero haiga sido como haiga sido,  detenta el poder presidencial.

Tampoco se puede hacer de lado que no caben comparaciones simplistas.  El PRD es un partido de masas en el que la militancia de base participa en su vida interna, discute, propone, pelea  y, aunque ahora secuestrada por una burocracia corrupta, pesa para bien o para mal, en la toma de decisiones. El PAN y en gran medida el PRI, son partidos de cuadros sometidos a decisiones cupulares en los que el que manda, manda y si se equivoca vuelve a mandar.

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Por: María Doris Hernández Ochoa

Milenio.com

Sábado, 21 Febrero, 2009


En los partidos políticos existe la obligación de registrar una oferta de campaña ante las autoridades electorales, que será la bandera que llevarán quienes los representen en una campaña electoral; se trata de imprimir la ideología y el planteamiento de trabajo desde un cargo, con base en un diagnóstico de la sociedad en sus necesidades.


Sin embargo, son pocos los candidatos que esgrimen los lineamientos de la propuesta de su partido por que no la conocen o porque piensan que la suya propia es mejor ; ante esta disonancia el elector no sabe qué esperar, porque los partidos se muestran indiferentes ante la falta de cumplimiento con la plataforma propia y la ofertada fuera de guión, una vez que se llega al poder .


En ninguna plataforma política partidista hemos leído que exista la obligación de entregar regalos, organizar tómbolas, fiestas, ofrecer almuerzos o rifar objetos, y sin embargo, es lo que más se desempeña la mayoría de los  candidato en campaña.


Al aspecto ideológico se le hace a un lado, y se trata de convencer de la bondad de una candidatura o de un partido por la cantidad de regalos que se entregan… algunos de manera anticipada a costa del erario público, porque se ha sabido que el gobernante-chapulín será el “elegido de las masas” .


¿Cuántos cientos de camiones cargados de despensas se han repartido “oportunamente” entre las clases populares? Porque no se trata de una situación de emergencia producto de catástrofes naturales, sino que, graciosamente se hace la distribución sin causa, justificación ni exigir una responsabilidad a los beneficiados. Ahora ya no se trata de esgrimir ideas, de esforzarse en convencer con propuestas y contrastar personalidades, sino de dar, entregar, regalar, condonar, agasajar , divertir, consentir y… humillar al pobre .


A este nivel han caído las campañas electorales en México… y el resultado está a la vista por las encuestas: pobreza política porque políticamente se actuó con pobreza.


La revista Nexos y la Fundación Manuel Arango han retratado la democracia en México a través de una encuesta aparecida en el número de este mes de febrero ; por ejemplo, se calificaron en los políticos los niveles de : tolerancia, aprobación de leyes, disposición al diálogo-negociación, rectitud en el comportamiento, representación de la sociedad, capacidad para llegar a acuerdos, transparencia-rendición de cuentas, cercanía con la gente y, congruencia … las calificaciones van entre 4.2 a 5.4, siendo 10 la nota máxima.


En otras palabras, nuestros políticos siguen reprobados y sin interés en ellos de ir a una segunda vuelta.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Habiendo tocado fondo la crisis al interior del PRD con la decisión del TEPJP de otorgarle la presidencia del instituto político a Jesús Ortega, lo más destacable que se observa son las patadas de ahogado de un náufrago que llama insistentemente al rescate y unidad, sin obtener respuesta.

La primera reacción al interior del partido fue la de Alejandro Encinas, descalificando a un tribunal federal que por principio su autoridad es parte de las reglas del juego aceptadas por todos los partidos políticos en México, en tanto que al exterior, se da el rechazo formal de Convergencia y Partido del Trabajo a cualquier alianza con el sol azteca, así como el deslinde de Andrés Manuel López Obrador, quien dejó muy claro que el Movimiento por la Defensa del Petróleo, de la Economía Popular y la Soberanía Nacional que encabeza, está por encima de filiaciones políticas y es una organización amplia, plural e incluyente. De ahí que la pregunta obligada es ¿Qué sigue?

Comentarios diversos, al interior y exterior del PRD, coinciden en que ahora sí va en serio la desbandada, señalándose como primeros beneficiarios del choque de trenes a Convergencia y el PT, que se han mantenido firmes en torno a López Obrador, augurándose la muerte súbita de un partido que tras cumplir con una necesidad histórica de la izquierda mexicana, se devoró a sí mismo culminando en un estrepitoso suicidio; víctima de una crisis mayor, la del Sistema Nacional de Partidos Políticos, al que se acogiera cediendo memoria histórica, principios éticos y morales, y un claro rechazo ideológico a los objetivos socialistas que le dieran vida. Sacrificó lo mejor de sí mismo entregándose a un reformismo sin visión de futuro, pragmático, corrupto y anti democrático.

El Diario La Jornada editorializa sobre la crisis del PRD, con un rotundo “Izquierda sin partido, partido sin izquierda”. Lapidario señalamiento que nos remite a León Trotsky, quien en su momento afirmara: “Con el partido somos todo, sin el partido somos nada”. Efectivamente, esa es la sensación y amargo sabor de boca que nos deja una crisis sin retorno. La izquierda mexicana sin partido que le permita recurrir al recurso institucional de participación política, queda en la orfandad, tanto o más que un partido sin izquierda.

Sólo resta que el Movimiento por la defensa del Petróleo, de la Economía Popular y la Soberanía Nacional, Convergencia y el PT, con talante autocrítico, saquen conclusiones de la crisis del PRD y aprendan la lección. Entendiendo que en la coyuntura su papel es transitorio, sirviendo de puente para la constitución de un nuevo partido, amplio, incluyente y democrático, de una izquierda que obligadamente debe retornar a los objetivos socialistas. Sin un gran partido de masas que aglutine, forme y eduque en un humanismo militante que rescate y reconstruya la ética política, contemplando la lucha por el poder como un medio para alcanzar estadios superiores de organización, participación y convivencia para un México mejor, y no como fin en sí, la izquierda no es nada.

Si esto no se entiende o no se alcanza a dar en un plazo perentorio, el sectarismo, el corporativismo, la competencia tribal, el pragmatismo y la corrupción del partido moribundo, simplemente cambiarán de casa. Y si esto, que es previsible, no se evita, ¿qué caso tiene abandonar al PRD?

KaosenlaRed.net

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