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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En la antesala de las definiciones político electorales para las elecciones del 2018, en las que por cierto el grueso de la ciudadanía no toca baranda, tanto un PRI desdibujado como el frente integrado por el PAN y una pseudo izquierda venida a menos, patéticamente pretenden trascender arando en el desierto.

Ignorando lo mismo una realidad nacional agobiante inmersa en un contexto internacional adverso, que una percepción generalizada de hombres y mujeres comunes de una más que evidente necesidad de cambio en su vida económica y social, anteponen intereses coyunturales partidistas a respuestas congruentes a los grandes problemas estructurales de la nación, sin encontrar eco entre una ciudadanía que se debate entre la incertidumbre, la inseguridad, el desempleo y la pérdida de expectativas de progreso.

El gastado y manido discurso, rescoldo de un pasado ominoso, no permea más allá de los estrechos círculos de la llamada clase política y sus adláteres vinculados al clásico salpique de beneficios y prebendas que consigo acarrea el clima de corrupción dominante. Propósitos y objetivos ofertados, reflejando un más de lo mismo, cambiando para seguir igual, caen en el vacío social.

El PRI, sin rumbo, brújula y timonel, fiel a la consigna de un presidente de la república sin respaldo de las mayorías, pretende convencer de la bondad de un proceso de continuidad de políticas públicas derivadas de las llamadas reformas estructurales, fiasco empobrecedor de la actual administración; a la par que respalda la profundización de desigualdad, exclusión y entrega de soberanía.

En tanto que el frente opositor, perdido entre sus propias contradicciones coyunturales de intereses partidistas aparentemente disímbolos, no encuentra fórmula idónea de conciliación entre un PAN cada vez más a la derecha del espectro político nacional y una pseudo izquierda que, apostándole a una transversalidad ayuna de sustento ideológico y programático, se muestra incapaz de resistir a ser relegada a simple comparsa.

Ambas fuerzas político-electorales, sembrando semilla en tierra infértil. Ni una ni otra generan empatía entre las mayorías, dejándole libre el campo a Morena que, sin ser necesariamente de izquierda, enarbolando banderas de un tibio reformismo avanza como bola de nieve capitalizando descontento y hartazgo ciudadano.

Hojas que se lleva el viento

En el variopinto juego de las adivinanzas, orientado más a descubrirle el rostro al “tapado” que a dilucidar las bondades programáticas ofertadas por partidos y coaliciones que habrán de postular al sucesor de Peña Nieto, no se está tomando en cuenta la encrucijada a que, a mi juicio, se está enfrentando el titular de la administración pública federal: o la balanza se inclina por la continuidad y profundización de las llamadas reformas estructurales con un candidato idóneo neoliberal y tecnocrata, o rescata al PRI de su debacle con un candidato de amplio espectro surgido de la política política tradicional.

No se necesita ser Nostradamus para apreciar por donde viene la jugada, cuando Peña Nieto afirma que el candidato del tricolor no necesariamente será el más aplaudido, cuando en el inicio del proceso electoral del 2018 quienes menos aplausos y aceptación reciben de la ciudadanía son precisamente los tecnócratas encabezados por los secretarios de relaciones exteriores y de hacienda que, sin miramiento alguno, le recetan al pueblo políticas públicas que lo mismo agudizan desigualdad y pobreza que malestar, descontento y hartazgo.

Las llamadas reformas estructurales van, y ese el propósito último en el que coinciden los signantes del famoso “pacto por México”, oponiéndose a toda costa a una salida “populista” como la ofertada por Andrés Manuel López Obrador.

Encrucijada en la que habría que ubicar la decisión presidencial respecto a a la sucesión del minigobernador de dos años en Veracruz.

Cd. Caucel, Yuc., noviembre 23 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

Cuando se concurrió a las urnas en Veracruz para elegir a un gobernador de dos años, se hizo porque no quedaba de otra. Así estaba dispuesto en la legislación electoral y había que solventarle y no necesariamente porque se considerara que,  en un tiempo tan breve de gestión gubernamental,   la entidad retomara el rumbo perdido tras 12 años de saqueo de las arcas públicas, engaño y simulación.

El voto se dividió entre optimistas, pesimistas e indiferentes, dándosele el triunfo a la coalición PAN-PRD como primera minoría, abriéndole el camino a un gobierno que ofreciera un tránsito terso de la corrupción como estilo patrimonialista de gobernar a una honesta y eficaz alternancia esperanzadora. Comprometiéndose los partidos políticos perdedores a ejercer una oposición responsable y constructiva, todos por el bien de Veracruz.

Enderezar la nave de la administración pública estatal y municipal erradicando corrupción e imprimiendo honestidad, austeridad, eficiencia y eficacia; rescate de las finanzas agobiadas por una escandalosa deuda pública; recobrar seguridad, credibilidad y confianza de la ciudadanía, así como crear las condiciones mínimas para un ulterior rescate de  una economía postrada y con visos recesivos,  marcada esta por el desempleo  y baja productividad, fueron los propósitos explícitos del nuevo gobierno.

Y, como corolario, restablecer el clima de legalidad extraviado, imponiendo el peso de la justicia a los prevaricadores que a lo largo de dos sexenios hundieran a Veracruz.

Al gobernador electo, se le concedió el beneficio dela duda -la burra no era arisca-,  aprobándole el Congreso local un mal llamado “Plan Estatal de Desarrollo” contemplado para el corto y mediano plazo y a cuya ejecución se comprometiera el titular del poder ejecutivo en sendas declaraciones públicas, dándose un plazo de seis meses para ofrecer los primeros resultados.

Lástima Margarito, diría el clásico. A Don Miguel Ángel Yunes Linares le ganó la sed de venganza, trastocó el orden de prioridades, se rodeó de un equipo de grises e ineptos funcionarios en el primero y segundo nivel de la administración; se olvidó de gobernar emprendiendo una selectiva cacería de brujas en contra de fidelistas y duartistas que, por cierto,  aún no cesa. Quedando el compromiso asumido  estampado en el costoso “Plan de Desarrollo” como simple letra muerta, anticipo de un fracaso anunciado y que, para algunos nos representara ejemplo viviente del “ejercicio del poder para no poder”.

Hoy a escaso un mes de concluir la primera mitad de una gestión ya de por sí acotada en tiempo, disponibilidad financiera y entorno nacional e internacional adverso, el fracaso de la alternancia es un hecho que, por su obviedad,  es reconocido hasta por los veracruzanos más optimistas.

Ni ha sido terso y transparente el tránsito,  ni por asomo se ha cumplido a cabalidad con el compromiso asumido. Don Miguel Ángel Yunes Linares le queda debiendo a los veracruzanos.

El gobierno estatal sigue en las mismas, o peor dirían algunos al no haberse frenado su deterioro; no es del dominio público,  en forma y fondo, el resultado del proceso de entrega y recepción de la administración estatal saliente y entrante, como tampoco lo es el monto total de la deuda pública heredada e incrementada en el período prevaleciendo opacidad en la obligada rendición de cuentas.

No se observa austeridad, eficiencia y eficacia en el pesado aparato gubernamental ni tampoco resultados en ampliación y mejora de obra y servicios públicos; no existe recuperación en credibilidad y confianza, mucho menos en el controvertido tema de la seguridad pública con una criminalidad en ascenso que tiene en jaque a la población; la percepción sobre corrupción impune en el ejercicio de gobierno toma consenso generalizado, y la gobernabilidad pende de un hilo al imponerse autoritarismo y represión por sobre un diálogo constructivo lo mismo en  la administración de conflictos que en control de daños.

El crear las condiciones mínimas para allanar el camino  a un ulterior rescate de la economía en su conjunto, ha quedado en el tintero como compromiso no cumplido. Se mantiene el clima recesivo y la productividad sectorial y regional se abate día con día, incrementándose desempleo, desigualdad y pobreza, incidiendo esto negativamente en la salud del tejido social.

En suma, los once primeros meses de gestión, salpicados por algunos logros que deben reconocerse, conforman ya una condición de administración fallida en la gestión gubernamental de la “esperanzadora” alternancia, enmarcada por los prolegómenos de la ante víspera del proceso electoral que desembocará en la sucesión en el gobierno de Veracruz ya normalizada de seis años. Proceso que parafernalia partidista de por medio, casi en automático pone a la administración gubernamental en segundo plano.

Malas cuentas que empero, no se pueden ni deberían compararse con los 12 años de los dos últimos gobiernos priístas, como lo hiciera el senador Héctor Yunes Landa con su desafortunada afirmación, propalando mediáticamente que Veracruz padece el peor gobierno de su historia. Las condiciones distintas del entorno doméstico y circunstancias específicas que determinan un estado de cosas generalizado en casi todo el territorio nacional, no dan cabida a comparaciones de tal naturaleza sin pecar de oportunismo electorero.

El tiempo útil prácticamente se agotó para el gobierno de la alternancia. En el segundo año de gestión en medio de la guerra sucia que se espera en un todos contra todos, no se logrará recuperar lo perdido. Es mi opinión.

Xalapa, Ver., 27 de octubre de 2017.

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J. Enrique Olivera Arce

Sin querer queriendo,  el senador José Fco. Ynes Zorrilla ha traido a colación la gran incógnita en torno al futuro de Veracruz. ¿Cómo reactivamos nuestra economía?, expresó el legislador veracruzano en uno de tantos discursos en su ya largo peregrinar en busca de su nominación como candidato al gobierno de la entidad, sin tener, es obvio, la respuesta, como también es obvio que a estas alturas ninguno de los que aspiran a tal cargo de elección popular  tienen idea del cómo afrontar la crisis multidimensional y multisectorial que teniendo a la economía estatal en franca postración, contribuye a una descomposición social cada vez más aguda.

El cómo es la interrogante. A la cual se llega si antes se tiene claro y de manera puntual cual es el diagnóstico de una enfermedad de larga data, cuyos síntomas son a no dudarlo, estancamiento y recesión. Y es en este preámbulo en el que tuerce el rabo la marrana, no obstante los esfuerzos de algunos especialistas que, de manera parcelada y sin ánimo de ver el problema de manera integral, advirtieran de la proximidad de la llegada del lobo, hoy confirman llegada y presencia de la fiera  al calor de indicadores estadísticos agregados.

Los números fríos no mienten, insisten éstos. Empero no dan el paso necesario para transitar  de la información estadística a un diagnóstico puntual, regional y sectorial, de la problemática que aquejando a un aparato productivo a todas luces obsoleto, se le sostiene artificiosamente con respuestas asistencialistas que de ninguna manera inciden positivamente en crecimiento económico e incremento de bienestar social de la población.

“El gran tema para Veracruz es cómo reactivamos nuestra economía, cómo generamos condiciones de trabajo para nuestras empresas, cómo podemos utilizar los recursos públicos federales, que son de ustedes. Porque de eso se trata. De que el Gobierno de la República los acompañe en aquellas actividades que van a multiplicar su esfuerzo económico, que les va a repercutir en su ingreso, que les va a poder dar la oportunidad de trabajar y lograr una vida más digna, y poder incidir de manera puntual en sus condiciones de vida”:  expresara Yunes Zorrilla. (Comunicado 06/10/2017)

El mismo rollo, girando en torno a finanzas y políticas públicas asistenciales, deteniendo la mirada en el árbol sin mirar el bosque. Fijando  la mirada en una promoción económica que no es tal, sin la más mínima idea de cuál es el problema toral a que se enfrenta Veracruz, lo mismo en zonas urbanas que en zonas rurales, cuyo origen tiene más de estructural que de coyuntura.

Qué, donde y como producimos. Con que propósito y objetivos. Con qué herramental tecnológico se cuenta. A qué mercado y bajo qué condiciones concurre la producción regional y sectorial y a quienes beneficia en primer término, son interrogantes no tocadas ni por asomo. El conocimiento preciso de nuestra realidad económica se substituye con discursos que no dicen nada, al fin instrumento electorero son palabras que se lleva el viento.

Solo a manera de ejemplo, en los discursos no se dice que la industria azucarera veracruzana gira en torno a fábricas chatarra, con zonas de abastecimiento de la gramínea con suelos empobrecidos por el monocultivo a lo largo de más de un siglo, que hacen nugatoria la rentabilidad de la actividad primaria y secundaria. Sosteniéndose precariamente esta rama industrial con subsidios gubernamentales crecientes sin que exista voluntad de transformarle. Y aún hay más en los diversos renglones productivos en que se sustenta lo mismo economía que ecología social de la entidad,  tocándole eso sí, a los especialistas señalarlo.

Sin punto de partida no hay punto de llegada. Sin diagnóstico no hay plan a futuro. Lo debería saber el legislador veracruzano y todos aquellos que aspiran a la gubernatura. Si es que ésta en su ánimo el aproximarse a una respuesta racional al ¿cómo?

Cd. Caucel, Yuc.  octubre 10 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

Conforme se asientan las aguas  la realidad objetiva también va cediendo el paso a la razón, privilegiándola por sobre la subjetividad psicológica con la que emotivamente y no pocas veces inducida por los poderes institucional y fácticos,  se da cuenta del antes y el después de los sismos de los días 7 y 19 de septiembre. De los memes virales en redes sociales destacando en primer plano el heroísmo de una perrita de las fuerzas armadas como protagonista distinguida en las tareas de rescate, se pasa a un ascenso en la toma de conciencia de las mayorías empobrecidas de este país que, evidenciando que es posible transformar la realidad real a partir de la intercomunicación virtual, le van encontrando la punta al mecate en un esfuerzo más por hacer de la participación e inclusión colectiva herramienta útil en el camino de su liberación.

Así, el héroe de la jornada, no es más la simpática perrita, como el gobierno mexicano y los medios de comunicación  a su servicio destacan para desviar la atención en tanto recuperan el control de la situación, sino la participación anónima de miles y miles de mexicanos que se solidarizan con sus hermanos en desgracia.

El desborde de las instituciones del Estado por la iniciativa y participación activa, legítima y solidaria de la gente en los primeros minutos, horas y ya días  posteriores a los sismos, no es casualidad, sino que responde a causalidades profundas inscritas en una memoria histórica que se recrea en el imaginario colectivo cuando la sociedad así lo demanda.

El sentido de la solidaridad a mi modesta opinión, no responde a motivaciones psicológicas ni está inscrita instintivamente en el ADN de nuestra condición humana, como respuesta a la parálisis e inmovilismo derivada del sentimiento natural de impotencia frente a un desastre imprevisto;  nace, crece, se organiza y fortalece en el marco de un proceso socio histórico de acumulación de experiencias individuales y colectivas que, encontrando oportunidad y cauce de expresión  en un momento determinado del mismo proceso, antepone en la conciencia colectiva el nosotros por sobre el yo individualista, lo de todos por sobre lo que entendemos como propio impuesto por la ideología dominante, adquiriendo connotación política y sentido de la fuerza que conlleva la participación codo a codo al margen de las esferas de poder institucional y fáctico.

Descontento y  hartazgo acumulados a lo largo del tiempo cobran factura mostrando el músculo, oponiendo participación solidaria, responsable y consecuente a las Instituciones de un Estado en crisis desde endenantes. Las consecuencias sociales, políticas y económicas que derivan de los efectos de los sismos, lo mismo en términos de pérdida de vidas humanas que de bienes materiales aunque son de lamentarse, no constituyen en sí y por sí una crisis nacional como algunos comentan, éstas son apenas un pálido reflejo -no está de más insistir-, de la auténtica crisis que a lo largo de más de tres décadas de gobiernos neoliberales se ha ido conformando en México, la de un régimen político y social obsoleto y caduco que, sostenido por una partidocracia patrimonialista, corrupta y voraz no responde más a los intereses más caros del Estado-Nación.

Esta es la verdadera crisis que se vive en el Estado mexicano y, en el proceso acumulativo de toma de conciencia de las mayorías, la participación solidaria no solo referida a quienes de manera directa tomaran parte en las tareas de auxilio y rescate, así lo perciben, lo palpan y  han evidenciado, exhibiendo a la llamada clase política, a la partidocracia y al régimen que a estos cobija a partir de su eslabón más débil, la simulada democracia representativa y las instituciones electorales.

Mostrando quienes en la correlación de fuerzas políticas, pueden y deben tener prevalencia en un proceso electoral en el que se vota pero no se elige, poniendo contra las cuerdas tanto a la élite de los partidos políticos como al mismo proceso electoral 2018.

Que tanto las condiciones subjetivas de necesidad de cambio en la sociedad mexicana se corresponden con las condiciones objetivas que lo posibiliten para una auténtica transformación del régimen y su modelo económico dominante, está por verse. Es el pueblo de México el que tiene la última palabra, si asentadas las aguas logra avanzar en unidad y organización consecuente en torno a un programa mínimo para la acción en el corto y mediano plazo.

Hojas que se lleva el viento

Cumplidos los primeros 10 meses del gobierno de la alternancia en Veracruz, por lo ya andado se puede vislumbrar su fracaso. El gobernador Yunes Linares empecinado en la venganza se ha olvidado de gobernar. Y por si fuera poco, la mayoría de los medios de comunicación le siguen la corriente, empecinados en no ver más allá de su ombligo, girando en torno a una clase política aldeana sin rumbo ni brújula. Ve pasar la procesión y no se hinca, ausente en un debate serio sobre el futuro de Veracruz, problemática real y las alternativas consecuentes para salir de una postración recurrente, la prensa toma al proceso electoral 2018 como fin en sí  y no como oportunidad para atemperar la crisis, privilegiando dimes y diretes, chismorreo, trivialidades y especulación y, en no pocos casos, tomando como cierto el vaticinio que arroja la veleidosa guija.

Y peor aún, anclada en el pasado, participando como beligerante en el combate sin cuartel de Yunes Linares Vs. Fidel y Duarte de Ochoa.

Cd. Caucel, Yuc., septiembre 30 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

 “Otra vez el pueblo demostró que tiene temple y que está muy por encima de quienes habiendo recibido un voto mayoritario no supieron hacer honor a ese mandato.” Bernardo Bátiz V.

Pareciera ser irreverente pero nos guste o no, la realidad deja entrever que tragedia, desolación e incertidumbre que dejan los sismos septembrinos, se da en medio de una guerra política en la que las élites de una partidocracia corrupta, insensible y mezquina, de espaldas a los intereses más caros de las mayorías no les motiva mayor cosa que la búsqueda del poder y conservación de canonjías y privilegios.

En maquinazo anterior comentaba en relación a Veracruz, que política y políticos ante el desastre se exhibían evidenciando ante los embates de la naturaleza ineptitud y ausencia de visión de Estado, sin más propósito de sus actores que ocupar un lugar en el rejuego electoral del 2018. Agregando que a nivel nacional se transitaba por la misma tesitura.

Y considero no haber estado equivocado, puesto que sin que aún concluya el estado de emergencia derivado de los sismos, dentro de un marco de reacomodo geopolítico en el que el gobierno de México no encuentra su lugar, el interés nacional es objeto de puja entre partidos, exhibiendo mezquinidad y oportunismo de un régimen político que a la vista está las mayorías rechazan y repudian

¿Quién da más? Como si los recursos públicos que se asignan a las campañas políticas no fueran recursos de todos los mexicanos, las élites partidistas a cual más regatea su aporte al alivio de miles de familias afectadas por los sismos.

Esto en una realidad imposible de ignorar de enojo, hartazgo y belicosidad ciudadana contra gobernantes, partidos y corrientes políticas en general por su evidente incapacidad y ausencia de voluntad política para ponerse a la altura que las circunstancias reclaman, y de absoluto desdén para con una población que sin distingo ideológico o partidista se moviliza en un empeño solidario solo comparable al que prevaleciera a raíz del sismo de 1985.

Y aquí cabe reiterar que lo que a mi juicio estamos percibiendo, es el epígono del régimen político vigente en México. El presidencialismo, marco jurídico, reglas y costumbres arraigadas, está superado y rebasado. Más de 120 millones de mexicanos de los cuales más de la mitad se debaten entre desigualdad y pobreza, están diciendo basta; la necesidad de cambio ha prendido en la conciencia de las mayorías empobrecidas.

No más mirones de palo, parecen decir los miles de hombres y mujeres, jóvenes y viejos que están tomando en sus manos el rescate de entre los escombros de compatriotas sorprendidos por los sismos, recuperando memoria histórica y reconstruyendo solidaridad entre diferentes, exigiendo que los recursos públicos destinados a una democracia electoral simulada, se canalicen a la reconstrucción y atención a las víctimas de siempre, los mexicanos más pobres de este sufrido país secuestrado por el binomio poderes fácticos-partidocracia.

Demanda ciudadana a cuya fuerza y consistencia la élite partidista responde con simulación y engaño, sometiendo a subasta lo que por principio es de todos los mexicanos, dándole otra connotación a la guerra política, la de un abierto enfrentamiento entre el régimen dominante y la población subordinada.

¿Qué sigue?

La arrebatinga por los contratos de obra y servicios para la reconstrucción, a los que no estarán ajenos los intereses de la misma élite política que los subasta, retornando el dinero a las campañas políticas, cerrándose el círculo perverso. La pregunta obligada, es si en esta ocasión seguirá dominando la impune corrupción o la voluntad de la ciudadanía vendrá por lo suyo.

Hojas que se lleva el viento

En la aldea, el senador José Yunes Zorrilla sigue confiando en que con asistencialismo y clientelismo el PRI retornara al gobierno de Veracruz. Ignorando o pretendiendo ignorar que la debacle de una economía estancada no es coyuntural sino históricamente estructural. La honestidad intelectual también cuenta y cuenta mucho señor senador, el no meter las manos al cajón no basta. Todo sea por exhibir a un gobierno alternante que no cuenta con piloto.

Cd. Caucel, Yuc. Septiembre 23 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

En abierto, sin tapujos, Peña Nieto inicia su sexto año de gestión provocando polarización y encono entre los mexicanos ante el proceso electoral 2018 que formalmente inicia en noviembre próximo.

Enrique Peña Nieto (La Jornada 03/09/2017) aseguró que hace muchos años que el país no se encontraba ante una encrucijada tan decisiva y determinante como la actual. “La disyuntiva es muy clara: seguir construyendo para hacer de México una de las potencias mundiales del siglo XXI o ceder a un modelo del pasado que ya ha fracasado’’. Afirmación en clara alusión al “populismo” que se dice colocaría a México en igual o peor tesitura que lo que se vive en Venezuela.

Frenar a López Obrador y Morena a cualquier costo es el propósito ya explícito del gobierno peñista y su partido, como se pusiera de manifiesto al afirmar Peña que respeta al tabasqueño pero difiere de su modelo económico, dando lugar a una orquestada andanada de descalificaciones al partido de reciente creación y su líder nacional.  Destacando las declaraciones del secretario de educación, Aurelio Nuño Mayer (La Crónica 010917),  quien llamó a los priistas “… a la unidad y a dar la batalla para que el legado del presidente Enrique Peña Nieto en materia educativa continúe en 2018 y así convertir a México en la Corea del Sur del siglo XXI y no tomar el camino que nos lleva a resultados populistas como los que vemos en Venezuela”.

Nueva versión de “López Obrador un peligro para México”, ahora sustentada en una deformada idea mediática de “populismo” y en presuntos nexos de López Obrador con el gobierno venezolano de Maduro. Ello enmarcado en la posición injerencista del gobierno de México en los asuntos internos de la nación sudamericana.

Con la diferencia de que el México de hoy no es el que gobernaran Vicente Fox y Felipe Calderón. Como tampoco la presidencia de la república y el PRI cuentan con respaldo suficiente para rescatar la hegemonía de antaño, como para pretender  arrebatarle  el posible triunfo a  un López Obrador cuya popularidad y aceptación va en ascenso.

Fruto de la impotencia y la desesperación la estrategia peñista lejos de ser exitosa no solo podría revertírsele en el último año de su gobierno, también y eso acusa extrema gravedad, el que la sociedad se polarice sumando encono entre los mexicanos cuando ya de si no estando el horno para bollos, México se debate en una espiral de violencia que cuestionando a un endeble estado de derecho, lo mismo merma gobernabilidad que capacidad para administrar un conflicto que rebasando a las instituciones republicanas tiene como caldo de cultivo desigualdad, pobreza y deterioro del tejido social en ascenso.

La mayoría del pueblo de México ya no se mueve por consigna dictada desde la cúpula de la élite. La estructura poblacional en lo social, así como la económica caracterizada por una profunda desigualdad en el ingreso, ya no se corresponde con el discurso oficial ni responde a pie juntillas a intencionalidad y propósito del poder formal y fáctico dominante, luego pretender alcanzar unidad nacional en base a una supuesta disyuntiva que equivale  a dos sopas, “o estás conmigo o estás contra mí”, oponiendo el negro al blanco sin ponderar los medios tonos, a mi juicio no solo cae en los terrenos de lo absurdo, también divide y agudiza los conflictos en un país que en su conjunto y salvo pequeñas islas que confirman la regla, sin rumbo claro, timonel y brújula, a partir de la violencia criminal impune, ronda peligrosamente el camino de la anarquía.

Atendiendo al bajo nivel de aceptación que registra Peña Nieto y su gestión, confirmado con la indiferencia de la mayoría de los mexicanos ante un V Informe de Gobierno plagado de triunfalismos sin sustento, mentiras y verdades a medias, en qué cabeza cabe, sin desvariar u optar por un autoritarismo a ultranza, el oponer como una disyuntiva que parte de premisas falsas,  la continuidad de un modelo neoliberal fracasado, entreguista y empobrecedor al retorno al pasado. ¿Cuál pasado? ¿Aquel al que el partido hegemónico con sus luces y sus sombras nos sometiera a lo largo de décadas? ¿A los gobiernos panistas de Fox y Calderón? Vaya manera tan simplista de contemplar la historia de México en aras de dar continuidad a lo que las mayorías rechazan.

México ni es Corea del Sur ni es Venezuela. Cuenta con su propia historia, su propia circunstancia en el orden nacional e internacional, pero sobre todo cuenta con un pueblo que, en las encrucijadas más álgidas de la historia nacional ha sabido encontrar su propio camino. De ahí a que viene entonces la dicotomía planteada, si no es con el propósito explícito no solo de confundir a sectores desinformados de la población, también el de encontrar un respaldo social que no se tiene, en una clase media alta que contempla como peligro a sus aspiraciones de ascenso económico y social el que López Obrador sea un Maduro más en América Latina.

El mismo juego que en Venezuela opone a la clase media alta con las mayorías populares con el resultado por todos conocido. ¿Eso es lo que queremos para México?

Insistiré una vez más: Andrés Manuel López Obrador no es el revolucionario que se sataniza; tanto el cómo Morena son simple expresión de un reformismo progresista que se identifica con el descontento y hartazgo que ha generado un régimen político obsoleto y caduco que, para una población de 130 millones de mexicanos, ya no responde a las necesidades presentes de nuestras realidades.

Ya experimentamos con el PRI y el PAN en el gobierno, por qué entonces se nos quiere negar la opción que ofrece Morena, si no es para seguir igual o peor que endenantes.

Hojas que se lleva el viento

Patética la andanada mediática del priismo en Veracruz  condenando la ausencia de democracia interna en Morena, como si el tricolor tuviera calidad política, ética  y moral para asumirse como paladín de la democracia. Despotrica contra la paja en el ojo ajeno sin tomar conciencia de la viga que nubla su tuerta visión. Todo sea por alcanzar un pedazo de pastel en el 2018.

Cd. Caucel, Yuc., septiembre 3 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

Cae más pronto un hablador que un cojo, más en la casa del jabonero, en donde el que no cae resbala… Sabia conseja popular que para todo y en todo se acomoda sin más sustento que el sentido común que suele superar en no pocos casos a la filosofía, hermana mayor que de tanto incursionar y profundizar en lo que pudo haber sido y no fue, termina por perderse en el laberinto de su propia soledad. Si, la sabiduría popular en épocas de pragmatismo a ultranza, confusión ideológica e incertidumbre frente a un futuro incierto, suele quedar como anillo al dedo cuando la política deja de tener sentido en el imaginario colectivo,  como es el caso de lo que se está viviendo en Veracruz.

Sin rumbo ni brújula, con un timonel ajeno al bien común, la sociedad veracruzana navega al garete. El discurso proselitista que tantas expectativas levantara,  quedó en eso, simple herramienta retórica con la pretensión de decir lo que los veracruzanos querían escuchar. A nueve meses de distancia de su toma de posesión como gobernador de dos años, Miguel Ángel Yunes Linares es juzgado por la opinión pública como un hablantín pendenciero, incapaz de sustentar sus dichos con hechos palpables que apunten a un desempeño eficiente y eficaz del gobierno de la alternancia.

Creyó a pie juntillas que con enfocar sus baterías en contra de sus adversarios políticos con Javier Duarte a la cabeza, los veracruzanos reconocerían su férrea voluntad por sanear a una administración pública postrada y saqueada. Se equivocó. Para el imaginario colectivo el combate a la pandilla de corruptos servidores públicos, no pasa de lo anecdótico alimentando mediáticamente el morbo de lo más atrasado de la sociedad, cuando el interés general exige un buen gobierno, capaz de enderezar la nave escorada retomando el rumbo del bienestar general, expresado éste en inversión pública y privada, empleos, mejores salarios, seguridad y servicios públicos de calidad.

Gobierno implica conducción y gobernabilidad,  entendida esta como estrategia y praxis de gobierno  convertidas en ejercicio del poder institucionalizado con implicación social y económica,  trascendiendo como paradigma político. Otra cosa muy distinta cuando no se observa conducción y el poder institucionalizado se decanta y diluye perdiéndose gobernabilidad. Veracruz con Miguel Ángel Yunes Linares se encuentra en tal tesitura en una espiral de violencia que pone en entredicho lo mismo al estado de derecho que el fin último del gobierno de dos años.

Si su interés residiera únicamente  en rescatar y sanear a la administración y finanzas públicas estatales, el tiro le ha salido por la culata. Para sus gobernados se percibe no solo el no cumplimiento de tal propósito, sino todo lo contrario. Perdiéndose un tiempo valioso en tanto que el deterioro económico y social en la entidad sigue cuesta abajo, arrastrando consigo al quehacer político cuya mediocridad en vísperas del proceso electoral del 2018, es más que evidente. Tanto que se da como un hecho el que por sobre la razón de Estado, Yunes Linares imponga como candidato a sucederle en la gubernatura a uno de sus vástagos.

Faltándole escasos 15 meses de gestión al frente del gobierno de Veracruz, no solo cual invitado a la casa del jabonero resbala, también peca de soberbia ignorando la conseja popular que nos dice que más pronto cae el hablador que el cojo. Soberbia que su partido no ignora y que su aliado, el PRD, mirando para otro lado se hace como el tío Lolo.

Partido político este último que bien se guarda de decir esta boca es mía, salvo por las esporádicas declaraciones del politólogo, destacado operador político y ahora filósofo, Uriel Flores Aguayo, que invita a no ver todo en blanco y negro, sino ponderar los medios tonos, puesto que “ni todo está mal ni todo está bien” con el gobierno de la alternancia, sino todo lo contrario.

De ahí que la interrogante obligada del momento, alimentada por la idea de que el gobernador de Veracruz sería nominado como candidato plurinominal al senado en el 2018, es si éste obtuvo el poder institucionalizado para no poder o es una expresión más de la descomposición generalizada en el país de un régimen político cuya fecha de caducidad está vencida.

Cd. Caucel, Yuc., agosto 26 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

Más allá de la grilla palaciega y su caja de resonancia mediática, cuyo interés último es la búsqueda del poder por el poder mismo, los veracruzanos estamos obligados a exigirnos a nosotros mismos la búsqueda de soluciones concretas a la crisis que pone a Veracruz en los últimos lugares,  tanto del  quehacer económico, y desarrollo humano como de seguridad y administración de la hacienda pública.

Ya encarrilados en el proceso electoral del 2018, tenemos que aceptar que en la entidad se viven días difíciles, así como de la conseja popular que asume el que a grandes males grandes remedios. No puede esperarse que las respuestas a la problemática que se vive, nos lleguen verticalmente de arriba como “Mana” del cielo. La búsqueda de soluciones habida cuenta de la incapacidad del gobierno de la alternancia, deberían partir de la acción organizada, responsable y consecuente desde abajo y desde el seno mismo del pueblo  de Veracruz.

Días difíciles en los que, incluso, esperar una mayor participación del gobierno federal  en la tarea de rescate de la entidad, no pasa de ser una simple ilusión. El gobierno de Peña Nieto, con creces ha demostrado el  dejar a su suerte a Veracruz tras doce años de saqueo, mal gobierno y deterioro económico y social. Más ahora que, con el pretexto de una situación internacional adversa, recorta presupuestos sensibles en educación, salud y bienestar social,  y achica la participación federal a las entidades federativas.

Si el gobierno de la alternancia no puede ni quiere afrontar los problemas sustantivos de nuestra problemática aldeana, como la pobreza, la desigualdad, la exclusión, la impunidad y el combate frontal al delito en cualquiera de sus manifestaciones, no podemos sentarnos a esperar el que, por la vía electoral en el 2018, se avance en la búsqueda de soluciones a una crisis que lejos de atemperarse se agudiza. El pueblo de Veracruz tendrá que aprender desde ya a rascarse con sus propias uñas, intentando sacar al buey de la barranca con participación organizada y visión de Estado para la coyuntura y el mediano plazo inexistente en el gobierno de la alternancia.

No basta la protesta, dispersa e inicua, frente al poder público, ni el rumiar a solas nuestro descontento y hartazgo. O afrontamos solidariamente nuestra responsabilidad como ciudadanos, o seguimos esperando que, invitados al festín como mirones de palo, desde la cúpula del poder político nos salpiquen con migajas.

El pueblo tiene la palabra, en nuestras manos está el impulsar el cambio, rechazando el más de lo mismo.

Hojas que se lleva el viento

Absurdo el solo pensar que el PRI, con lavarse la cara y estirarse el pellejo, inicie un proceso de renovación. Bastaría ver quienes se asumen como avatares del renacimiento. Los mismos rostros de siempre, incluido el “gober precioso”, Fidel Herrera, Emilio Gamboa Patrón y Carlos Romero Deschamps,  las mismas mañas, el mismo clima de corrupción impune y la misma suma de intereses particulares o de grupo en perjuicio de las mayorías. Más absurdo el que conociendo el bajísimo nivel de aceptación ciudadana del primer priísta de México, Enrique Ochoa Reza propale a todo pulmón que con retoques cosméticos “… el PRI está en condiciones de ganar la Presidencia y las nueve gubernaturas priistas, así como la mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores.

Patético y más aún el que se pretenda convencer al electorado de que en el 2018, un nuevo PRI que negándose  a rechazar al modelo neoliberal empobrecedor en curso, con nuevo maquillaje  cual Quijote habrá de combatir la corrupción hasta sus últimas consecuencias.

Casi, casi igual que Miguel Ángel Yunes Linares tras su fracaso inicial como gobernador de dos años, aun pretende vender la idea de que uno de sus vástagos, populachero y valentón, es la mejor opción para gobernar a Veracruz.

Que con su pan se lo coman.

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A sabiendas de que se han sido utilizados prestándose al juego de la estrategia de odio y venganza impulsada por Yunes Linares, algunos medios de comunicación se sienten con derecho a seguir medrando a costillas del erario público, exigiendo se pague a la prensa-empresa como en los oscuros días de Fidel o Javier.

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De manteles largos, nuestro buen amigo Melitón Morales Domínguez, quien en compañía de su familia y amigos cercanos, celebró el pasado viernes el arribo al 39 Aniversario de la revista “Análisis Político”. 39 años se dice fácil, pero sortear y salir avante sexenio tras sexenio y gobernador tras gobernador, sólo es posible con visión empresarial, disciplina y trabajo, mucho trabajo.

Cd. Caucel, Yuc., a 15 de agosto de 2017

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Convencidos de que contender en una elección solos y su alma ya no da más, observamos el estira y afloja al interior de los partidos políticos buscando con vías a la elección del 2018, unos la alianza útil que les asegure el alcanzar lo mismo el triunfo que el poder por el poder mismo, otros el contubernio que les permita seguir uncidos al financiamiento público, sin que se dé el más mínimo asomo de aceptación de que lo que ya no funciona es el régimen político vigente; de una obsolescencia de un sistema presidencialista que, habiéndose quedado en el pasado,  habiendo perdido legitimidad  ya no se corresponde con una sociedad plural y ampliada que en su afán de búsqueda de una democracia participativa, en las actuales condiciones del país ya no encuentra rumbo cierto bajo la conducción del Estado.

Y es en este escenario en el que la vida política del país, arrastrando consigo a una depauperada economía deja de responder a las necesidades de un tejido social en franco deterioro.  Imposibilitado el Estado mexicano para administrar con eficiencia y eficacia el inevitable conflicto de clases y de grupos de poder formal y fáctico, da lugar a significativo incremento lo mismo de desigualdad, desempleo,  pobreza, inseguridad e incertidumbre, que al flagelo de la corrupción impune en todos los niveles y estratos de la población.

Sin más visión de Estado y de futuro, sin más paradigma ideológico que un burdo pragmatismo neoliberal exacerbado desde el gobierno con el auxilio de los medios de comunicación domésticos y extranjeros, así nuestra llamada clase política deambula  como zombi en torno a la política electoral sin brújula ni rumbo.

La historia no da marcha atrás. Cualquier similitud con hechos del pasado es solo eso, similitud diferenciada en tiempo y espacio que no admite como válido el lugar común de “la historia se repite”.  Lo que estamos viviendo en México es inédito, no tiene parangón con lo acontecido a lo largo de la última centuria en la historia del país. Contextos internacionales diferentes, pirámide poblacional, circunstancias específicas de coyuntura y hombres y mujeres como hacedores de la historia también diferentes,   hablan por sí de un cambio de época irrepetible que concita a un cambio tanto en la manera de concebir al Estado como en el comportamiento de una sociedad atrapada en la telaraña de un presidencialismo venido a menos,  partidocracia política corrupta y modelo económico y social neoliberal empobrecedor que desde hace más de 30 años sólo ofrece disfuncionalidad entre propósitos, objetivos y resultados.

No se puede ni debe seguirse así. El llamado social al obligado cambio es cada día más estridente, encontrando como respuesta verborrea presuntamente autocrítica de quienes desde la élite del poder ni ven ni escuchan, priorizando en su orden jerárquico de prioridades lo que conviene a intereses particulares o de grupo siempre ajenos al interés primero de las mayorías.

Y es en este marco de reflexión que ubico a los resultados de la Asamblea Estatal del PRI en Veracruz. Y si bien es cierto que la vida interna de los partidos políticos corresponde juzgarle a su propia militancia, en la medida en que ponen la ropa sucia al sol haciéndola pública y en tanto de una u otra forma incide para bien o para mal en el seno de la sociedad en su conjunto, vale el escrutinio público.

En su pretensión de ofrecer una nueva cara al electorado como un renovado PRI, aplicando la parafernalia del PRI de siempre, la Asamblea –para algunos mitin- se avocó en mesas de trabajo a hacer un recuento de éxitos y tropiezos del partido a lo largo de su historia tanto en el ámbito nacional como en la aldea, concluyendo que son más los primeros en beneficio de la sociedad a la que dicen servir que los segundos que a últimas fechas empañan el tinglado. Predominando la idea de que hay que dejar atrás el mal lastre acumulado, sobre todo en lo que a Veracruz toca, y regresar a “… enarbolar las causas nacionales y locales, las causas por las cuales lucharon sus fundadores y siguen haciéndolo los mexicanos…”

Y bla bla bla, sin un mínimo de talante autocrítico que apuntara a reconocer que de ninguna manera el PRI, o cualquier otro instituto político en México, está o estaría en condiciones de enarbolar las causas nacionales o locales por las que lucharon sus fundadores. La sociedad hoy es otra con otras necesidades, demandas y reivindicaciones; el contexto dominante es diferente al que se enfrentara el PRI en su devenir histórico  y la circunstancia, la elección del 2018 en un país en crisis, evidentemente no tendrá comparación alguna con otra en el pasado.

El crisol fundacional del PRI lo fue una Revolución social interrumpida y traicionada. Su fundación respondió a necesidades concretas del poder formal y fáctico de  la época, y su debacle hoy día está marcada por el arribo de un neoliberalismo trasnochado que substituyendo al modelo estabilizador, desde los inicios de su aplicación a finales del gobierno de López Portillo alejara al partido de las causas nacionales y, por ende, de las de los veracruzanos.

Hasta donde es dado conocer por lo publicado en la prensa, no se dio un punto de encuentro entre la crítica social, la autocrítica interna y la visión de futuro que hoy pretende el priísmo veracruzano venderle a los sufragistas. No se tiene noción o no se quiere aceptar el cambio de época, como no se acepta explícitamente que la ideología extraviada y surgida de la Revolución Mexicana quedó en el pasado; que la dominante y que por tanto delinea el quehacer partidista, presente y futuro,  es la ideología neoliberal en su vertiente pragmática, corrupta y depredadora.

¿A cuál de los dos paradigmas ideológicos contrapuestos se refieren cuando hablan de regresar a “enarbolar las causas nacionales? Cuando bien se cuidan exaltando la figura presidencial y las llamadas “reformas estructurales”, sin el más mínimo asomo de cuestionamiento al modelo neoliberal vigente que ha dado al traste con independencia, soberanía nacional, estado de derecho y justicia social.

Si la pretensión es ofertar para el 2018 a un PRI renovado, tendría que refundarse sobre nuevas bases, atendiendo a la necesidad de un nuevo Estado para una nueva sociedad. No hay de otra. El cambio de época lo reclama y exige, empezando por dejar atrás una retórica hoy carente de sentido.

Cambiar simplemente de página para seguir igual no es la respuesta.

Xalapa, Ver, julio 6 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

A la par que el presidente Peña y su canciller empecinados insisten en ver la paja en el ojo ajeno, asumiendo una postura intervencionista en el seno de la OEA que no respalda el pueblo de México, la crisis multidimensional que acusa el país se profundiza.

Acusando el nivel más bajo de aceptación de sus gobernados en los últimos 50 años del presidencialismo en México, el inquilino de Los Pinos pareciendo desentenderse de la creciente demanda de la seguridad pública ante los embates del crimen se ocupa y preocupa más por los asuntos internos de Venezuela que por asegurar gobernabilidad y gobernanza democrática en su país, incidiendo negativamente en la crisis que en todos los órdenes de la vida nacional es más que evidente.

Crisis que por cierto Peña Nieto niega, afirmando no existe más allá de una percepción de un pueblo que se niega a reconocer hechos positivos  que hablan de un país pujante, de un México que avanza a pasos firmes por la senda del desarrollo cuando la terca realidad le desmiente.

El descontento y el hartazgo crecen a lo largo y ancho del país,  y no necesariamente en el terreno político-electoral. Desigualdad, pobreza, desempleo, deterioro del tejido social y pérdida de expectativas de bienestar pesan más en el ánimo de la población que el discurso triunfalista. El consenso social en torno a la necesidad de un cambio de régimen que atraiga paz social y nuevos derroteros para el país es cada día más amplio. La gente quiere y exige un cambio y la élite política nacional no ve ni escucha.

La realidad, siempre la terca realidad, se expresa por diversos medios y caminos. La violencia desatada y sin control de los últimos días en Veracruz, es su reflejo en nuestra aldea. Nadie está ni se siente seguro ahora ni en el interior de su propia vivienda, mientras la llamada clase política del régimen caduco se preocupa y ocupa del incierto escenario electoral para el 2018.

No sólo es la inseguridad pública, también la inseguridad en el empleo, la inseguridad frente al costo de la vida que supera el poder adquisitivo del salario, o el acceso a la educación superior, entre otros factores negativos cuyos efectos se resienten cotidianamente en el seno de la familia, conforman un estado de cosas que va más a allá de la simple percepción en el imaginario colectivo y que parecieran no figurar en la agenda político-electoral, salvo en el manido discurso de la simulación de una desacreditada partidocracia.

“Tanto va el cántaro al agua…” , que el descontento y el hartazgo rebasa ya la capacidad gubernamental para contenerle. Ya no es sólo el doble poder que impone con terror la delincuencia a lo que se enfrenta el gobierno de la alternancia, la movilización de protesta ciudadana, con todo y represión en contra,  se deja sentir con toda intensidad ante la incapacidad gubernamental para atender y resolver lo que en justicia reclama la población.

El cambio es ya ineludible. O se empieza desde arriba, o  desde abajo con las consecuencias que ello implica, los veracruzanos de a pie tomarán la iniciativa. ¡Ya basta!

Hojas que se lleve el viento

Ahora sí, como anillo al dedo, no es lo mismo ser cliente que tendero. A dos días de llegar a término el séptimo mes de gestión del gobernador Yunes Linares, se da como fallida a la administración de una alternancia nacida de la alianza del PAN con el PRD, incapaz de cumplir con los ofrecimientos de una campaña electoral sustentada en la venganza política.

Tras la mampara de la violencia criminal desatada, brillan por su ausencia lo mismo rescate de la administración y finanzas públicas que de una economía en recesión. La entidad permanece postrada con pobreza y desempleo en ascenso, las finanzas públicas estatales en quiebra, la administración un desgarriate y el gobernador, como vocero de lujo de su gestión, solo atina a reafirmar su indignación ante un estado de cosas que rebasándole se le derrama.

Xalapa, Ver., 28 de junio de 2017

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