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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Por momentos el gobernador Yunes Linares pareciera estar obligado a entender que su estrategia mediática de poner en primer plano los estropicios de su antecesor, y expresar lo que la gente quiere escuchar, no está dando los resultados esperados. Antes al contrario,  se percibe que se le revierten complicando su ya compleja y difícil tarea de gobernar enderezando la nave.

No basta con que algunos sectores de la población “quieran sangre” y ser partícipes de la venganza social. Para satisfacerles, hay que contar en tiempo y forma con todos los pelos de la burra en la mano acompañando declaración mediática y denuncia al canto con pruebas fehacientes para con apego a la legalidad, y atendiendo a las exigencias del debido proceso, actuar en consecuencia hasta lograr que los responsables del brutal desaguisado estén en la cárcel. Y, por lo que se ve, el golpe anticipado que cimbraría a todo México aún está en veremos.

El tiempo se le echa encima al gobernador. Tanto ha confiado en su estrategia mediática que no contó con que Fidel Herrera pudiera dejar el Consulado de Barcelona para regresar a Veracruz a “defenderse”. Fidel no es manco ni ciego, se defenderá atacando como él sabe hacerlo,  abriéndose un frente más por atender de todos los que hasta ahora el Sr. Yunes Linares tiene agendados, obligándose a revisar su orden de prioridades en una auténtica encrucijada. O gobierna u opera políticamente para contrarrestar los mandarriazos de un Fidel que viene con todo, es la disyuntiva.

Luego a mi juicio parece acertado que mire, aunque sea de refilón, problemas de verdadero interés para quienes esperan un rescate a fondo de Veracruz y no solamente de una administración pública quebrada y sin rumbo claro. Me refiero a su visita y declaración a modo al ingenio La Gloria, en donde dialogando con los trabajadores de la factoría se comprometiera a defender la industria azucarera veracruzana ante lo que se viene con las ahora más que amenazas del presidente de EU.

¿Qué tanto es tantito? Bueno, algo es algo. Ojalá y con la misma tesitura también considere otros renglones productivos como la pequeña y mediana industria, la cafeticultura, la citricultura, la ganadería, la producción de granos básicos  y, sin duda la boca bajeada industria petrolera, pilares de la economía veracruzana en términos de empleo y aportación al producto interno bruto estatal. Renglones en los que descansa, a mi modesto entender, la verdadera situación crítica que se vive en la entidad.

Si el tiempo, factor escaso, se le escurre entre las manos al gobierno de la alternancia, luego cambiar de página es de celebrarse. Empero, vale la pena destacar que con lo que Veracruz deberá enfrentar la nueva estrategia del Sr. Trump para con México, es una economía sana y sólida más que con declaraciones que, como bien se sabe, son flor de un día.

Y para eso el gobernador y colaboradores cercanos tendrían que aceptar que el problema sustantivo del aparato productivo estatal no es de coyuntura sino de carácter estructural; habiendo tiempo atrás alcanzado su nivel de obsolescencia ya no responde a las exigencias de productividad, competitividad, tasa de ganancia y reinversión en activos que exige el mercado, generando desempleo y pobreza.

Crisis estructural que va más allá de lo local, rebasando las buenas intenciones de un gobierno de dos años que debería dedicarse simple y llanamente a rescatar y reordenar la administración pública, más que pretender enderezar entuertos geopolíticos combatiendo molinos de viento.

Luego no tiene sentido  comprometerse a defender lo indefendible frente a la andanada proteccionista del nuevo gobierno norteamericano. Más temprano que tarde, el Sr. Yunes Linares tendría que retractarse u olvidarse del compromiso.

Si no se acepta esta realidad se seguirá con la estrategia tremendista, sin más objetivo que justificar con el escándalo público incapacidad e impotencia para resolver el crucigrama.

Hojas que se lleva el viento

El programa federal de “Zonas económicas especiales” se diseñó, aprobó y se le asignaron recursos en el presupuesto de egresos 2017 como estrategia de incorporación de México al Acuerdo Transpacífico (TTP), iniciativa lanzada en el 2012 por el  gobierno de Obama para impulsar la liberación del comercio y la inversión, misma  que Donald Trump como una de sus primeras medidas de un plumazo desechó, dejando a nuestro país colgando de la brocha. Situación esta última que los gobiernos federal y estatal pretenden ignorar instalando en Coatzacoalcos una “mesa permanente de trabajo de las zonas económicas especiales” como mecanismo entre los distintos órdenes y niveles de gobierno de coordinación para la región sur de la entidad . ¿Será que a Peña Nieto les vale la decisión geopolítica adoptada por el gobierno de EU y México se irá por la libre? Si es así, ello equivale a un salto triple en el trapecio y sin red.

Es más que obligado considerar en la actual coyuntura que Veracruz seguirá entre las patas de los caballos. El pleito ramplón Yunes Linares-Herrera Beltrán toma nuevo derrotero en perjuicio de la entidad y la aspiración de cambio de los veracruzanos. Va a llover caca para rato, hay que preparar los paraguas.

Cd. Caucel, Yuc.., enero 25 de 2017

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semanario-pulso-critico-no-380Semanario Pulso Crítico No. 380

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

 La democracia sufre un vacío de comunicación que ha sofocado el debate y, en los hechos, negado la importancia crucial que la deliberación pública tiene para la forja de un buen gobierno”. Rolando Cordera campos

Desde hace algunas semanas, el ex diputado federal Uriel Flores Aguayo ha venido señalando la necesidad de un debate constructivo que enriquezca la vida política de Veracruz, privilegiando respeto, diálogo y confrontación de ideas y propuestas. Encomiable llamado, cuando lo que se percibe es precisamente ausencia de diálogo y debate responsable ya no sólo entre la clase política, también en el ámbito académico, en torno a los problemas torales de la entidad.

El análisis serio, de profundidad, incitando al diagnóstico del actual estado de cosas y a la formulación de propuestas viables, para el corto y mediano plazo es aislado y se pierde en el vacío. Es más importante el intercambio de dimes y diretes en torno a la definición de las candidaturas al mini gobierno de dos años, que entender y atender lo que debería ser prioritario para un Veracruz que vive una crisis dentro de otra, más amplia, como podría ser la que acusa el país en su conjunto ahora acicateada lo mismo por un acuerdo comercial asimétrico y negativo para México en la Cuenca del Pacífico, que la pretensión de llevar adelante reformas neoliberales, presuntamente estructurales, al precio que sea, incluido el uso de la fuerza.

Nada que no sea el contexto aldeano de la coyuntura electoral -descarrilada por cierto por los afanes continuistas del clan Herrera-Duarte-, preocupa y ocupa a nuestra llamada clase política y a la prensa afín a los primeros círculos del poder formal. Y es en este escenario que Flores Aguayo pierde también la brújula, al ubicar su llamado al debate en los mismos términos, circunscribiéndolo al tema o temas electorales en boga, a los dimes y diretes e incluso a confrontaciones personales, como una manera de adecentar y oxigenar el clima político electoral, sin parar mientes que con ello está contribuyendo al proyecto de regeneracionismo lampedusiano de un régimen político caduco y obsoleto.

Más de lo mismo

Cierto, entre la llamada clase política, el tema electoral es prioridad. Más no por eso debería evadirse el debate de altura sobre una temática que, guste o no, es determinante lo mismo para quienes resulten candidatos a la gubernatura y, con mayor razón, para el futuro cercano de los veracruzanos. Sea quien fuere quien resulte electo gobernador, más temprano que tarde habrá de enfrentar el escenario adverso consecuencia tanto del deterioro económico del país y de la entidad, como aquel de orden social fruto del descontento y el hartazgo que ya se asoma por sobre la superficie de encrestadas aguas.

Esto, además de una administración pública quebrada en lo administrativo y financiero, carente de credibilidad y confianza, que se revuelca en el cochinero de la corrupción impune. Quiebra financiera, moral y política cuya solución no está en manos del más pintado y con mayor razón, el intentarlo siquiera en un periodo acotado de gobierno insuficiente incluso para desenmarañar la madeja y encontrarle el hilo al mecate.

Consecuencia de tal obcecación no puede ser otra que la imprevisión y la improvisación, debiendo pagar nuevamente los platos rotos la mayoría de los veracruzanos cuyo acceso a la toma de decisiones que le competen, le está vedada. Un proceso de cambio para seguir igual, en tanto que la sucesión de antemano está amarrada al proyecto transexenal de peña Nieto.

“Es imposible debatir sin información, no hay tema y se habla al vacío…”, nos dice Flores Aguayo. Y podría tener razón. Antes de debatir hay que informarse, filtrar la información disponible separando la paja de lo sustantivo, y a eso debería contribuir la prensa, empero, a su vez esta se encuentra atada de manos ante la falta de rendición de cuentas y transparencia en el quehacer gubernamental.

Si se habla del PRI y sus enredos sucesorios, me dice un buen amigo, analista y comentarista político, es porque no hay más tela de donde cortar. Pasando por alto que más allá de dimes y diretes electoreros, la crisis multidimensional de Veracruz periodísticamente da para eso y más si hubiera compromiso con la necesidad de un cambio real.

Lo paradójico, es que Flores Aguayo privilegia la necesidad del debate, pero al mismo tiempo acepta la inviabilidad de lo que propone por falta de información fidedigna en que sustentarlo. A lo que yo agregaría, por exceso de desinformación y ausencia de interés a todos los niveles, por trascender los límites de nuestra aldeana visión de lo que debemos entender por política y lo que este corto entendimiento significa en la vida de 8 millones de veracruzanos. Pero si existiera voluntad para debatir en torno lo prioritario, la información disponible reiteradamente propalada por investigadores serios de la Universidad Veracruzana, sería más que suficiente para su inicio.

No hay tal voluntad política. Basta y sobra con lugares comunes como la frase hecha: “Veracruz, un estado que nos llama, nos convoca y exige trabajar en unidad”, para salir del paso en una coyuntura estrictamente de corte e intencionalidad electoral.

“Primero el programa” ¿Y el diagnóstico puntual qué?

Primero el programa, después el candidato, es la señal que baja de la cúpula priísta, dijera el presidente del CDE del PRI en Veracruz en un encuentro con periodistas. Si la lógica no miente, la frase es acertada, primero lo primero. ¿Más de qué programa se habla en la cúpula tricolor si no se antepone diagnóstico y debate para concertar, conciliar y establecer consenso? Y esto cabe para todos los partidos en contienda. Luego parcialmente Flores Aguayo en su cortoplacismo, tiene razón. Información y debate antes que programa y candidato en una racional jerarquización de prioridades que contribuya a enderezar el rumbo.

Hojas que se lleva el viento

El régimen político en torno al cual giran las vidas y haciendas de los mexicanos, en su obsolescencia no logra superar la etapa patriarcal antidemocrática, de exclusión y clientelar. Aún se sigue requiriendo del “dedazo” cupular para que se mueva la rueca. Se observa en todo el espectro partidista y permea al resto de la sociedad. La situación político electoral que se vive en Veracruz lo refleja, cuando lejos de que la selección de candidatos sea fruto de un proceso democrático, ésta esté condicionada a lo que desde la cúpula de la pirámide se considere como lo más conveniente. Resultado de ello, es una democracia representativa simulada y contraria a la búsqueda del bien común. Régimen patriarcal que no se atreve a dar el paso adelante legislando en torno a una auténtica y legítima reforma de Estado. El peso histórico de los intereses creados, personales y de grupo, es superior a una necesidad objetiva que requiere de urgente atención. La sociedad y un país que viven anclados en el pasado, sin eufemismos lo demandan.

-ooo-

Cuando se requiere del uso de la fuerza pública y no de la fuerza de la razón para llevar adelante las presuntas reformas estructurales que le aprobara un congreso sumiso y omiso al presidente Peña, es que algo anda mal y no se hace nada para corregir el entuerto. La violencia de Estado es incapacidad para convencer, lo que deriva en impotencia sectaria del aparato gubernamental para gobernar con la razón. Con amenazas y palos, mis estimados, no se construye ni modernidad ni buen gobierno salvo en las mentes retrógradas de los aprendices de brujo.

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La mayoría de los acarreados al evento en que rindiera el senador veracruzano Pepe Yunes su informe legislativo, son los mismos de siempre, profesionales por definición y obvia necesidad. ¿Cuándo se acabará con esta indignante práctica onerosa de exhibición de un falso respaldo político? Ni construye ciudadanía ni fortalece nuestra incipiente y balbuceante democracia.

Xalapa, Ver., 01 de Diciembre de 2015.

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Pulso crítico

 Enrique Olivera Arce

Siempre dentro del marco de la especulación, rumorología y dimes y diretes mediáticos en torno a la deuda pública de Veracruz, a mi parecer destacan tres vertientes en las que amplios sectores de la opinión pública están coincidiendo y que podríamos resumir en igual número de interrogantes:

  1. Aceptando sin conceder que el monto total de la deuda es la cifra que oficialmente diera a conocer el Sr. Duarte de Ochoa, ¿en que se empleó un recurso público que obviamente no benefició a los veracruzanos?
  2. ¿En que contribuyó el multimillonario endeudamiento gubernamental al crecimiento económico y soberanía alimentaria, así como al abatimiento de desigualdad, pobreza, analfabetismo, desempleo y pérdida de calidad de vida de los veracruzanos, fijados como objetivos en el Plan Estatal de Desarrollo?
  3. ¿La reestructuración y negociación disminuirá o incrementará el monto total de la deuda pública, y en que medida resolverá en lo que resta del sexenio fallido la ineficiencia e ineficacia del gobierno duartista?

A estas interrogantes que la población hace suyas, se habría que añadir la convicción que anida en el imaginario colectivo, de que el endeudamiento es consecuencia de la corrupción y el enriquecimiento explicable e impune de un puñado de servidores públicos.

En medio de la opacidad, desinformación y defensa de lo indefendible, la obviedad de las interrogantes y las posibles respuestas, con el contundente análisis de Hilario Barcelata Chávez (Veracruz. Las falacias de la deuda pública), deja ya poco margen para seguir hilando en torno al tema del monto global de la deuda pública veracruzana. Más o menos deuda, para el caso es lo mismo, elevándose el nivel de la discusión y el debate entre la opinión pública interesada, a lo verdaderamente relevante para la vida social, económica y política de la entidad:

¿Cuándo, dónde, como, en qué, se aplicaron los miles de millones de pesos que conforman la deuda pública existente?

¿A quiénes benefició el endeudamiento con obras y servicios públicos de calidad?

La reestructuración.

Y para los que saben del paño, ¿en qué beneficia o perjudica una reestructuración de la deuda bancaria y bursátil? Toda vez que se da por sentado que la negociación implica sumar al principal tanto comisiones como capitalización de intereses y, de ninguna manera, quita o, en su caso, absorción de adeudos por parte del gobierno federal. Negociándose plazos y tasas de interés sin que disminuya y sí se incremente el monto total de la deuda.

Luego da igual si corresponde al gobierno del estado o al senador Yunes Zorrilla, el tomar la iniciativa en la negociación.

Quedando entonces la impresión en la opinión pública que lo único que se persigue con la reestructuración es que la administración pública estatal culmine el sexenio duartista libre de tropiezos y sinsabores. Dejándole el tiradero al mini gobierno entrante que recibirá una hacienda pública mermada en liquidez, y capacidad para obtener nuevos créditos, así como en capacidad de pago y garantías ante la disminución creciente de aportaciones federales y captación de recursos fiscales propios.

Amén de que el gobernador de dos años tendrá que bailar, ahora sí, con la más fea, política y socialmente, obligándose a una estrategia de austeridad y disciplina en el ejercicio del gasto que repercutirá en propósitos, objetivos y metas de crecimiento económico, en perjuicio de los sectores más vulnerables de la población.

Pues por mucho que fuere el ahorro al apretarse el cinturón, el tiempo y recursos perdidos nadie los repone, quedando imposibilitada la nueva administración para dar un nuevo y renovado impulso a crecimiento económico y bienestar social de la población.

La discusión y el debate en la opinión pública tienen para largo y el bombardeo mediático que le alimenta, no cesará en tanto la deuda sea tema del discurso proselitista de quienes aspiran a suceder al Sr. Duarte de Ochoa. Por lo pronto, y más allá de la especulación, dimes y diretes, Veracruz, en su economía y tejido social, profundiza su crisis sin que la política política frente al desastre anunciado, la pueda frenar o evitar.

¿O sí?

Hojas que se lleva el viento.

Nada esperanzador el cambio de jinetes a mitad del río en el gabinete legal del Sr. Peña Nieto. Más de lo mismo con los mismos rostros, las mismas ineptitudes y, sobre todo, con el mismo proyecto de nación sustentado en reformas y políticas públicas que la población por principio rechaza. El mismo grupo de exquisitos elitistas, aprendices de brujo e intérpretes de los intereses y recetas de los organismos financieros internacionales, pese a los propósitos del partido gobernante por enmendar la plana seguirá conduciendo al país por el negativo derrotero neoliberal de achicar al Estado mexicano en beneficio del capital extranjero. Con la agravante de que la presunta y mermada base social de apoyo con que cuenta el peñismo, se muestra decepcionada y escéptica frente a los enroques aplicados.

Para la mayoría de los medios de comunicación, el “ajuste” en el gabinete ofrece la oportunidad de especular en torno a la sucesión presidencial. Para el Sr. Peña un intento fallido por mejorar imagen y aceptación, en tanto que para la mayoría empobrecida de la población, más desigualdad, desempleo y pobreza es la expectativa para lo que resta del sexenio.

-ooo-

A río revuelto, ganancia de pescadores” reza el refrán, refiriéndose a aquellas personas que sacan provecho de las situaciones de confusión o desorden, y esto es lo que se observa en la cúpula del empresariado veracruzano que aprovechando la crítica situación por la que atraviesan las finanzas gubernamentales, como decía mi abuela, se quieren agandallar trasladando el efecto del impago de bienes y servicios por parte de la administración duartista, a indefensos consumidores de a pie.

Si de alguna manera repercute en empresas y hombres de negocios la deuda pública estatal, que paguen los platos rotos los que menos tienen, vía desempleo e incremento de precios. Fórmula cómoda de la cúpula empresarial para presionar a las autoridades y quedar bien con sus agremiados.

Xalapa, Ver., agosto 30 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No suelo preocuparme y ocuparme de los asuntos internos del PAN; que con su pan se lo coma un partido político reaccionario, retrógrada y ajeno a los intereses más caros de la nación y que hoy por hoy, no diferenciándose en nada del PRI y del PRD, es puntal sustantivo de la triada política corrupta que, asumida como partidocracia, tanto daño infringe a nuestro país.

 

Sin embargo y en atención a que ya hice referencia a la “rebelión en la granja” priísta en Veracruz, abundando sobre el mismo tema que diera lugar a ésta y ahora en los corrales panistas, comento un hecho que a mi juicio reviste especial relevancia en tanto nuestra vernácula clase política juega con los destinos de Veracruz, privilegiando el falso debate sobre la sucesión del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en la titularidad del Poder Ejecutivo por sobre los problemas ya inocultables de una entidad federativa en desgracia.

 

Siempre considerando como premisa el miedo cerval que inspira a la fidelidad y al duartismo el ex priísta y hoy panista Miguel Ángel Yunes Linares, ante lo que este pudiere decir sobre el actual estado de cosas de una administración pública fallida en Veracruz, el Congreso local en un inusitado hecho contrario al clima democrático que debe reinar en un organismo plural que en teoría representa a la totalidad de los veracruzanos, por mayoría de los diputados no autorizó el uso de los espacios físicos del Palacio Legislativo para realizar este viernes 27 de junio un “debate entre militantes del mismo partido”. Esto en relación a la invitación a debatir que le formulara el diputado Julen Rementería a su correligionario Yunes Linares.

 

Inusitado en tanto que el recinto legislativo por primera vez en su historia es negado por los diputados ni más ni menos que para un debate entre ciudadanos que es de interés general para los veracruzanos. Más cuando una semana atrás fuera escenario para la presentación de un libro, auspiciada por y para particulares en su mayoría priístas.

 

Esto sin considerar que a un diputado local legalmente electo, gozando de fuero constitucional se le niega por sus pares el derecho a dialogar públicamente en el recinto legislativo con un ciudadano, pretextándose un motivo baladí.

 

Un “debate entre militantes del mismo partido”, en el recinto legislativo, por cierto, no compromete independencia e integridad del Congreso, al contrario le honraría toda vez que reconocería que el Palacio legislativo es la casa del pueblo.

 

El punto de acuerdo de la Junta de Coordinación Política llevado al Pleno en la Novena Sesión Ordinaria y votado por la mayoría, de inmediato obtuvo respuesta, poniéndole más calor al cotarro ahora agitado por la iniciativa del gobernador de Veracruz que pretende armonizar el marco legal de la entidad en materia electoral con la reforma político electoral aprobada por el Congreso de la Unión.

 

Correspondiendo a Miguel Ángel Yunes Linares la inmediata respuesta, difundida vía correo electrónico por sus voceros (yuneslinares.prensaveracruz@gmail.com), y que a la letra cito:

 

“Cerrar las puertas del Congreso del Estado a los ciudadanos es una torpeza más de Javier Duarte.

– Quiere reformar la Constitución y las leyes electorales sin que los veracruzanos opinemos

– La ineptitud de Duarte le impide darse cuenta de que ha llegado la hora de la democracia.

Por instrucciones de Javier Duarte los diputados del PRI se opusieron a que se llevara a cabo en el Congreso del Estado el debate al que me había convocado el Diputado Julen Rementería acerca de las reformas en materia electoral.

Nunca en la historia de ningún Congreso se había votado para impedir un debate y escuchar la voz de un ciudadano.

Tuvo que ser Javier Duarte quien hiciera pasar ésta vergüenza al Congreso del Estado y a los diputados que son afines al gobierno que encabeza.

No es extraño en Duarte. Es hombre sin ideas, sin propuestas, y lo que es más grave, sin compromiso con Veracruz.

Por eso nunca acepta debatir, solo suelta palabras al aire, sin sustento, sin sentido, ocurrencias, no ideas.

No responde a las críticas, agrede a los críticos.

Debatir enriquece la vida pública.

Se trata de contrastar ideas y propuestas y obtener lo mejor de cada una.

Ese es el objetivo del debate al que me convocó el Diputado Julen Rementería y al cual Duarte se opone, porque sabe que exhibiremos su intención de cambiar los procesos electorales para favorecer al PRI aunque le cause un grave daño a Veracruz.

Después del acuerdo vergonzoso de hoy, el Congreso del Estado debiera cerrar sus puertas; una vez más se ha demostrado que es solo una oficina de trámites de Javier Duarte, con la excepción de algunas diputadas y diputados dignos que defienden a Veracruz. Es un gasto innecesario.

Para debatir cualquier espacio es bueno.

El Diputado Julen Rementeria sugirió el Congreso del Estado y yo acepté con mucho gusto, pero ante la decisión de cerrar ese espacio a las ideas, propongo al Diputado Julen Rementería que celebremos el debate en la Plaza Lerdo de la Ciudad de Xalapa, frente a Palacio de Gobierno, el mismo viernes 27 de junio a las 10 de la mañana.

Si Julen lo acepta estará contribuyendo a romper las ataduras a la democracia que ha impuesto Javier Duarte”.

Hasta aquí el comunicado.

La respuesta de Yunes Linares no merece mayor comentario de quien esto escribe. Habla por sí, más sin embargo cabe de mi parte agregar que la carencia de oficio político de quienes en Veracruz toman decisiones, pone innecesariamente más leña al fuego en un tema que, a la luz de la situación que guarda la entidad en materia de seguridad pública y deterioro del tejido social, economía en recesión, desigualdad, pobreza y una administración pública estatal fallida secundada por Ayuntamientos quebrados, ni tiene relevancia ni debería ser del interés de los veracruzanos, mirones de palo al fin, cuando la sucesión del actual gobernante se contempla para el 2016. Amén de que para todos es público y sabido que la legislación electoral actualizada o no, es letra muerta cuando de los intereses de la clase política se trata.

Así que tomémosle como una cortina más, calientita y con más humo, con la que se pretende ocultar lo inocultable. Nadie entre la clase dirigente sabe cómo sacar al buey de la barranca. La entidad veracruzana está hundida en el lodo de la corrupción, ineficiencia e ineficacia y aún hay más, descaro y grosera impunidad.

La realidad terca como siempre, habla por todos, y eso es lo que importa.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Mientras el país se calienta en torno a un falso debate en materia educativa, el cochinero electoral en Veracruz, como era de esperarse ya se volvió un todos contra todos, bacinica en ristre. Clase política y prensa oficialista veracruzana perdieron la brújula; más de lo mismo pero sin cuidar las formas, al son que toca Miguel Ángel Yunes Linares todos bailan en un aquelarre en el que el desfiguro es lo de menos.

Digo falso debate, porque a estas alturas, aprobadas las reformas constitucionales como lo dispone el protocolo, ni la secretaría de educación pública ni analistas y expertos, mucho menos el descabezado sindicato magisterial, han aclarado al respetable si lo que propuso el Sr. Peña por conducto del llamado “pacto por México”, es una reforma al sistema educativo nacional ó es una reforma al sistema escolar que prevalece en el país. Para la opinión pública lo que se debate tiene que ver en lo sustantivo con asuntos de orden administrativo y laboral más que de búsqueda de una tan urgente como necesaria revisión y mejoría de la educación y sustento cultural del pueblo de México.

En este falso debate, se ha pretendido poner por unos y otros en el centro tanto el quehacer como los derechos laborales del magisterio, dentro del marco de las superadas reformas educativas de la década de los 90 en la mayoría de los países latinoamericanos. Sin tocar el núcleo toral de un proceso educativo cuyo punto de partida es el hogar y no la escuela.

Pero también, a mi juicio se está obviando que el futuro de la educación se construye en el día a día y no por decreto, como un proceso permanente de construcción social, colectivo, cuyos objetivos últimos tienen que ver  con qué educación y qué escuela, para qué sociedad. Pues no podemos ignorar que no necesariamente los propósitos y objetivos de un régimen sexenal soportado en una ideología neoliberal, coinciden con los que, de mayor amplitud, para el largo plazo contempla la sociedad en su visión de futuro.

La escuela, los mentores y las nuevas tecnologías al servicio del sistema escolar son únicamente herramientas y complementos en este proceso de largo aliento. Es la socialización de la apropiación del conocimiento lo que enriquece la calidad educativa y cultural del pueblo en su afán de superación y desarrollo.

En tanto las políticas públicas neoliberales se oponen a tal proceso de socialización, la enseñanza aprendizaje se queda en las formas sacrificando el contenido, pretendiéndose que escuela y mentores carguen sobre sus espaldas una responsabilidad no compartida.

Más, en un escenario como el nuestro en el que las barreras sistémicas que nos son impuestas, pobreza y exclusión se oponen a la equidad y calidad de la enseñanza.

Nada es gratuito. Por algo la confusión puesta sobre la mesa por el régimen del presidente Peña, que no establece la necesaria diferenciación entre educación y escolaridad y, por algo, la resistencia de agrupamientos de mentores que provenientes de los estratos más pobres de la población, no están dispuestos a cargar solos con el muerto.

De un falso debate, conclusiones falsas o insuficientes. Pero con ello se satisface el requisito de participación, inclusión y legitimidad democrática, en torno a un proyecto impuesto por decreto que, por cierto, no tiene marcha atrás a decir de sus artífices.

Y ajenos a todo ello, la mayoría de los veracruzanos somos testigos y víctimas del lodazal político electoral en el  que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, en su calidad de gobernante, si no es responsable de meter las manos en el proceso como lo viene afirmando no obstante las evidencias, si debemos asumir que es responsable de de no tener el suficiente control para garantizar a la ciudadanía condiciones mínimas de equidad, certeza y transparencia para participar en un ejercicio democrático aseado y propositivo. Si no puede, que lo diga y a otra cosa mariposa, antes de que el fuego llegue a los aparejos.

Hojas que se lleva el viento

La culpa no la tiene el indio… Si la presunta estrategia clandestina del partido-gobierno en Veracruz contempla incidir en el proceso electoral en marcha con el manido recurso de comprar y someter conciencias, es porque sabe que el método es eficaz puesto que nunca falta un roto para un descosido. Si el voto se compra es porque existe quien lo vende o lo cambia por baratijas. Lo que no se vale, en este o en otros mercados político-electorales, es traficar con la miseria extrema, desviando recursos públicos destinados al abatimiento de pobreza y hambre para inclinar la balanza a favor del partido-gobierno. Como dicen coloquialmente en mi pueblo, eso no tiene madre.

Lo más grave es que a los mediáticamente señalados como “ladrones de elecciones”, de facto enjuiciados y condenados por un indignado imaginario popular, oficialmente impunes se saldrán con la suya. Ya el presidente. Peña hizo un enérgico llamado a resistir la andanada crítica de los detractores del régimen. Tal para cual diría el peje.- Villahermosa, Tab., a 21 de abril de 2012.

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Pulso crítico

José Enrique Olivera Arce

Para quien esto escribe y atendiendo a diversas opiniones ciudadanas, el presunto debate entre los cuatro aspirantes a la presidencia de México terminó tanto en forma como en contenido en un fracaso imputable tanto al Instituto Federal Electoral como a los propios partidos políticos que avalaran formato y temática. Si el objetivo era promover el voto e incidir sobre el segmento de “indecisos”, estimo que el tiro les salió por la culata. La decepción, enojo y desanimo por lo que se consideró engaño y manipulación por parte del IFE, pesó más en éstos que las entrecortadas propuestas “slogan” de los candidatos presuntamente punteros. Se alborotó al voto duro y se fortaleció al segmento de los llamados indecisos. 

De hecho, no hubo debate, no se confrontaron ideas ni propuestas ni los candidatos aportaron mayor cosa para incidir en la construcción de un voto razonado, viéndose limitados por un acartonado formato y preguntas formuladas cuyas respuestas serias y a profundidad no caben en escasos dos minutos. Y sí, prestándose para choteo y cursilería, como quedara reflejado en las redes sociales con bromas de mal gusto y el privilegiar el comentario sobre la “playmate” que fungiera como edecán; pasándose por alto el sentido e importancia del presunto “debate” en un proceso electoral en el que se juega el futuro del país.  

No obstante algo positivo queda en abono a nuestra incipiente democracia. Pese al sabotaje de Televisión Azteca, el partido de futbol programado para la misma hora que el presunto debate, no supero en audiencia al encuentro entre los aspirantes presidenciales. Debiendo destacarse que si el IFE y su formato no propiciaran un auténtico debate entre candidatos, si provocó que éste se diera en el hogar, en las tertulias dominicales con una muy amplia participación de ciudadanos discutiendo, defendiendo la camiseta, valorando y calificando lo que vieron y escucharon de acuerdo a las preferencias electorales de cada quién.

Lo que no se puede echar en saco roto por aquellos que subestiman la capacidad de raciocinio y anhelo de participación de hombres y mujeres de a pie, es que para estos se dio un consenso casi unánime sobre la ineficacia del árbitro electoral como organismo ciudadano independiente y el sospechosismo de que la provocativa participación de la “edecan”, fué un premeditado arreglo en lo oscurito.

Como era de esperarse, cada partido político asume que su respectivo candidato o candidata, se impuso sobre sus adversarios, festinándose lo superficial e irrelevante y haciendo de lado lo sustantivo del encuentro. Cuando en realidad a mi juicio no puede atribuirse triunfo alguno para ninguno de los cuatro participantes en un debate que no fue tal y en el que, por cierto, el gran ausente fue el tema de la crisis sistémica global que condiciona presente y futuro de la Nación. 

Estimo que  López Obrador así lo visualizo desde el momento mismo en que el IFE diera a conocer formato y contenido del listado de preguntas. Razón esta por la que aprovechó el espacio para reiterar su mensaje sobre la necesidad de un “cambio verdadero”, desentendiéndose de dar respuesta puntual a las preguntas formuladas.

 Para el político tabasqueño el debate  trascendente está en la calle, confrontando sus ideas y propuestas con la gente en la plaza pública. Como se pudo observar en el Foro de educación, ciencia y tecnología, encuentro con estudiantes y académicos de las universidades públicas un día después del debate entre presidenciables ó el previo con estudiantes del Instituto Tecnológico de Monterrey. En ambos encuentros la respuesta de los jóvenes habla por sí en donde es que Andrés Manuel pone el énfasis en su campaña proselitista. 

Viene un segundo debate en junio. Por los resultados del primero a mi juicio ni perjudica ni beneficia a ninguno de los candidatos. Para entonces, a un mes de la elección la intención del sufragio estará definida, lo mismo para el llamado voto duro que para el sector de los indecisos o aquel que minoritariamente de antemano ha optado bien por el voto en blanco, por el sufragio a favor de “Cantinflas”, el de castigo como rechazo a un gobierno insensible e ineficaz ó por simplemente no asistir a las urnas. Adicionalmente, para entonces la guerra sucia estará en su apogeo,  y  la prioridad para los partidos políticos y sus candidatos estará puesta en el “trabajo operativo” pie a tierra  previo a la elección.  

Para los seguidores de López Obrador en “Morena”, al margen de los partidos que respaldan al candidato igual la atención no estará en un debate más. El énfasis estará puesto en la tarea de las brigadas de voluntarios preparando la defensa del voto casilla por casilla en cada Distrito Electoral,  Impedir que se repita el fraude será la consigna. 

Hojas que se lleva el viento

No abrigo ninguna animadversión personal para con los candidatos a senadores por Veracruz. A lo sumo, me indigna el que las llamadas izquierdas se hagan representar por personajes que a lo largo de los años, se han ganado merecida fama de sanguijuelas deshonestas, oportunistas y manipuladoras. Del priísta  José Yunes Zorrilla incluso he manifestado podría meter las manos al fuego por él, reconociéndole capacidad, buena fe y un alto grado de honorabilidad. Sin embargo no deja de sorprenderme el que todos, sin excepción confundan en sus propuestas de campaña el ámbito de competencia que como legisladores, caso de ganar la elección, les corresponde en un régimen de división de poderes. Lo que a su vez confunde a lo más atrasado política e ideológicamente del electorado. Ofrecen y prometen hacer y deshacer, dar o quitar como si estuvieran contendiendo por la titularidad del poder ejecutivo federal, incurriendo en demagogia, simulación y engaño. Dando por sentado, además, que lo que ofertan sin ton ni son está respaldado por sus respectivos candidatos a la presidencia de la República o por el gobierno estatal. Aquellos que les motivan buena fe y deseo de servir con integridad a los veracruzanos, están a tiempo de corregir.

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 Habiendo sido descobijado por la realidad y exhibido por el semanario “Proceso” y la prensa internacional, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa está solo y su alma. El partido del cual es ideólogo, guía moral y primer militante en Veracruz, en nada contribuye a retirar las castañas del fuego en defensa del solitario de palacio. Sacar adelante contra viento y marea  a sus candidatos, lo mismo a la presidencia de la República que al relevo en el Congreso de la Unión, le preocupa y ocupa perdiendo e vista que si al gobernante le va mal, en el actual proceso electoral al PRI en la entidad peor le irá.

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Me convencieron. Para los yucatecos en la elección de gobernador en julio próximo, sólo hay de dos sopas: O votas por el candidato del PRI ó te abstienes de votar antes que sumarte al voto inútil. La descomposición del PAN en Yucatán y la prácticamente nula presencia de los partidos de la llamada izquierda, no dejan otra opción. Para la elección presidencial es otra cosa, el mayor número de opciones se corresponde con una sociedad plural con un significante componente de población flotante proveniente de otras entidades federativas. Así que el voto diferenciado está anunciado, como previsto está el triunfo inobjetable de Rolando Zapata Bello, candidato del PRI a la gubernatura. . Mérida, Yuc., Mayo 9 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con debate o sin debate, es evidente que la decisión del electorado está tomada  de antemano, si las encuestas tienen algún valor más como indicador válido que como inductoras del sufragio. Para quienes se tomaran la molestia de ver y escuchar el debate entre los cuatro contendientes por la presidencia de México, posiblemente para éstos no hubo sorpresa alguna que modificara lo que sobre cada uno de los candidatos ya existe en el imaginario popular.

A lo sumo, cabría preguntarse como es que Peña Nieto adelanta con tantos puntos de ventaja a sus oponentes. Poco inteligente, de ideas cortas tuvo oportunidad de mostrar que lo hace estar en las preferencias del electorado como lo aseguran las encuestas y no la supo aprovechar, perdido en dar vagas respuestas a las provocaciones de Vázquez Mota, no logro establecer diferencia alguna de peso que le distinguiera frente a sus oponentes. Quizá la respuesta no esté en el terreno de lo político, correspondiendo a lo sociológico el explicar el por qué se ha mantenido como puntero desde fechas previas al inicio de la contienda formal.

El cuestionario y formato elaborado por el Instituto Federal Electoral no hace sino recoger aquello que los cuatro presidenciales ya han reiterado a lo largo del primer tercio de la campaña, lo mismo en el tema de la seguridad y justicia que en materia de crecimiento económico, empleo ó inclusión y desarrollo social. El debate en cuestión, al margen de los dimes y diretes, únicamente permitió una constante reiteración de lo ya expuesto en la plaza pública, ideas sueltas, generalidades, medias verdades, medias mentiras

Para el PRI, la participación del mexiquense en el debate, suficiente para que la balanza permanezca inclinada a favor de Enrique Peña Nieto, no porque sea el mejor del cuarteto, sino por contar con un voto duro mayoritario que sin mayor reflexión respalda al sobrino del ex gobernador Arturo Montiel, habiendo escuchado lo que quiere escuchar y visto lo que quiere ver. Ello sumado al más que obvio y sesgado respaldo del duopolio televisivo.

La actitud asumida por Salinas Priego no hace sino confirmar que para las televisoras y los más encumbrados opinadores de la prensa escrita o electrónica, con debate o sin debate ya se tiene un ganador. Los puntos de ventaja de Peña Nieto machaconamente reiterados por las casas encuestadoras, no tendrán variación alguna. “Carro completo para el PRI” en su triunfal retorno a Los Pinos, es el sentir del voto duro tricolor expresado sin ambages.

Con festinado entusiasmo afirman tener ganada la elección no porque su candidato sea el mejor de la contienda, sino porque el tenor de la parafernalia electoral muestra la fortaleza de una estructura electoral que, ni por asomo se asemeja a la pobreza de recursos humanos, financieros y materiales de partidos y candidatos que se oponen a la alianza del PRI y el verde ecologista.

En ello llevan razón. El imponente despliegue de recursos volcado por Peña Nieto no tiene parangón. Lo que se suma a una débil estructura electoral de sus oponentes, incapaz de vigilar y hacer valer el voto ciudadano a lo largo y ancho del territorio nacional, con los resultados ya por todos esperados. Con debate o sin debate, imagen mediática, gastos de campaña sin límite a la vista, compra venta de votos y conciencias, pesarán más en el ánimo pasajero del electorado, definiendo el resultado último de la elección.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, hasta ahora nadie ha tocado a profundidad el tema de los llamados “indecisos”, alrededor del 30 por ciento del padrón electoral según las encuestas publicadas,  ni el debate contribuyó en forma alguna a modificar su incómoda presencia en los sondeos de opinión,  Casi una tercera parte  de alrededor de 80 millones de electores que lo mismo podría no tener definida su inclinación a favor de uno u otro candidato, inclinarse a favor del voto útil ó simplemente negarse a sufragar.  Sea cual fuere el camino a seguir por estos “indecisos”, en la coyuntura podrían ser quienes dicten la última palabra el día de la elección.

Nada de lo dicho y hecho hasta hoy por los presidenciables ha modificado el porcentaje que desde los inicios del proceso se le asigna a unos “indecisos” cuyo número absoluto y su identidad nadie conoce. Con debate o sin debate, en el tiempo restante de campaña el que hoy es “indeciso” arribará a las urnas con la misma tesitura, salvo un imponderable que modifique el escenario. Así que, como estuviera previsto con antelación, la contienda se reduce a una pugna entre voto duro partidista en un proceso en el que a mayor disponibilidad de recursos mayor posibilidad de alzarse con el triunfo.

En este contexto, muchos se preguntan que es “Morena”, qué papel juega en el proceso electoral en curso, y si esta organización social existe más allá del discurso lopezobradorista, con suficiente presencia y fuerza en el territorio nacional como para suplir el endeble andamiaje de los autonombrados partidos de izquierda. Prestándose a confusión el hecho de que se le identifique como apéndice tribal menor del PRD y no como un movimiento social independiente, que lo mismo agrupa a militantes partidistas de diferente tonalidad que a ciudadanos sin partido deseosos de participar transitando por un camino diferente. En esta aparentemente difusa expresión política emergente ninguneada por los medios de comunicación,  confía Andrés Manuel López Obrador para inclinar de última hora la preferencia de los  “indecisos” a favor de su proyecto.

En honor a la verdad,  presencia, peso y capacidad del Movimiento de Regeneración Nacional” para revertir lo que ahora se considera triunfo inobjetable de Peña Nieto, sólo será visible para la mayoría de los mexicanos el día de la elección.  Ni antes ni después, con debate o sin debate se verá de qué cuero salen más correas cuando por principio, el rechazo casi unánime a los partidos políticos privilegia el sentido del voto ciudadano a favor del candidato que mejor sepa dar respuesta a las necesidades cotidianas,  reales o sentidas de las mayorías. Para Andrés Manuel contar o no contar con “Morena” el día de la elección marcará la diferencia.

Por lo pronto, hay dos propuestas sustantivas en un proceso electoral atípico que tiende a polarizarse: más de lo mismo ofertado por la derecha representada por Peña y Josefina ó el “cambio verdadero” que ofrece López Obrador. ¿O es que acaso hay otra opción viable puesta sobre la mesa?

Hojas que se lleva el viento

Conmovedor y contundente el discurso del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa al anunciar ante los representantes de las fuerzas armadas la creación de dos nuevos organismos burocráticos,  encaminados estos a la protección de periodistas y atención a las víctimas de la violencia desatada en la entidad. Ahogado el niño pretender tapar el pozo con saliva resulta extemporáneo y fuera de lugar para un gobernador que está quemando sus últimas cartas, al haber abusado en exceso del beneficio de la duda que la ciudadanía le otorgara al inicio de su cuestionado mandato. Las presuntas buenas intenciones del gobernante ante hechos consumados se pierden en el vacío, bien  por una ganada falta de credibilidad en las instituciones estatales, bien por la falta de congruencia entre lo que Duarte de Ochoa anuncia a bombo y platillo y los magros resultados de la administración a su cargo.

No hay más beneficio de la duda. Duarte de Ochoa exhibió a lo largo de su aún corto paso por la gubernatura de Veracruz que no es digno de confianza como cara a cara le expresaran los directivos del Semanario Proceso. Sin credibilidad el triunfalismo banquetero se agotó como estrategia.

El aquí no pasa nada, heredado de la administración anterior y el “Veracruz seguro” cómodamente hecho descansar en las fuerzas armadas federales, no satisfacen a una ciudadanía que percibe lo opuesto a lo machaconamente reiterado. El tema de la seguridad pública vulnerada, al igual que en materia de abatimiento de desigualdad y pobreza, crecimiento económico, educación o infraestructura básica, el mundo real desmiente el cotidiano mensaje mediático gubernamental. La estrategia de saliva en 17 meses de mandato no le ha funcionado al Dr. Duarte. El triunfalismo sin sustento alguno que le justifique fracasó,  y así debería aceptarse como primer paso para enmendar el rumbo, si no es que el gobernante antes de tiempo tire el arpa, aceptando su incapacidad manifiesta para interpretar la realidad y actuar en consecuencia.

Por cuanto a la creación de los organismos anunciados, vayamos por partes.

El gobierno estatal ofrece garantizar la libertad de expresión, otorgándoles protección a los periodistas para que ejerzan su labor sin sobresaltos. Habría que preguntarle al Sr. Dr. en ciencias económicas a que periodistas se refiere, ya que por principio de cuentas para la administración pública estatal y municipal en la entidad, son periodistas aquellos que están uncidos al pesebre oficial, bien porque laboren como subordinados en un medio de comunicación que mediante convenio expreso sirve a los intereses gubernamentales, bien porque en lo individual se desempeñen como texto servidores al servicio del régimen. Quienes no se encuentran en tal tesitura, además de incómodos no son oficialmente reconocidos como periodistas y, por tanto, quedan fuera y en franca indefensión. Lo que le da carácter de inicuo tanto al organismo que se crea como al anuncio propalado a bombo y platillo para, coyunturalmente, taparle el ojo al macho frente a la presión nacional e internacional para que no queden impunes los asesinatos de periodistas en Veracruz.

Los veracruzanos no queremos atención caritativa a las víctimas de la ola delincuencial que azota a la entidad, exigimos justicia a secas. No más impunidad, simulación, ni desgarre de vestiduras. Lo deseable en un estado de derecho que se precie como tal, es que no haya violencia que lamentar ni llanto a derramar por víctimas de políticas públicas ineficaces.

Crear un organismo burocrático más para la atención de víctimas es aceptar que la violencia y sus daños colaterales no tienen para cuando acabar en Veracruz. Luego resulta que el “Veracruz seguro” que tanto se cacaraquea, para el propio Duarte de Ochoa no es tal. Vaya enredo, el discurso triunfalista terminó en bumerang haciéndosele bolas el barniz al Sr. gobernador. Mérida, Yuc., mayo 6 de 2012

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Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

Tras la mascarada del IEV y su debate, ya en la recta final, todo parece indicar que las propuestas de los candidatos a la gubernatura de Veracruz se tornaron en accesorias, corriendo la suerte del principal: ganar al precio que sea, en una elección a todas luces de Estado en un proceso electoral pseudo democrático en la que la voluntad popular es lo de menos.

Candidato que impacto con sus propuestas, impactó y a otra cosa mariposa. De aquí para adelante el convencer a los indecisos, entre los que se cuentan los abstencionistas y los convencidos del voto en blanco o nulo, sería el gran reto. Estaríamos hablando, cifras más, cifras menos,  en un escenario optimista, del 55 por ciento del total del padrón vigente de votantes potenciales registrados en la entidad con sus derechos a salvo. Más sin embargo, dado el rumbo tomado por el proceso electoral, esto resulta ostensiblemente irrelevante, al darse por sentado que el objetivo ya no es convencer sino avasallar.

Pero a manera de ejercicio vale la pena asomarse un poco a lo que representa ese universo de indecisos. De acuerdo a resultados de los tres últimos comicios en la entidad, el mayor porcentaje de este nada despreciable reservorio de votos está concentrado en los principales asentamientos urbanos de Veracruz e integrado por jóvenes adultos, mujeres y hombres, para los que votar no es relevante, habida cuenta de que no perciben beneficio alguno con su participación comicial como respuesta a expectativas y esperanzas de mejoría laboral, económica o social.

Esto en un contexto en el que partidos y candidatos han privilegiado más la difusión mediática de imagen que el propiciar el debate ciudadano en torno al futuro de Veracruz. Amén de las diversas manifestaciones de “guerra sucia”, que más que atraer y convencer, repelen. A lo que habría que sumar el machacón bombardeo de propaganda política que más habla del irreconciliable pleito ente el gobernador y el candidato del PAN a la gubernatura, apoyado por el gobierno federal,  que de un proceso democrático de contienda electoral entre pares.

Los jóvenes no quieren ya propuestas y promesas descontextualizadas y ajenas a la realidad de Veracruz, el país y el mundo; exigen respuestas y compromisos concretos a sus requerimientos de inclusión, educación, empleo e ingresos dignos sobre lo cual estén en condiciones de afrontar el futuro. Hasta ahora y por lo que se ha podido observar y escuchar, ningún candidato a la gubernatura, diputaciones locales o alcaldías, con responsabilidad se ha asumido como promotor de reivindicaciones juveniles ó garante del cambio de modelo de desarrollo frente a la crisis, que este importantísimo sector poblacional contempla como premisa para avanzar en la transformación de una sociedad que hoy se les niega.

El impacto de lo que no se tiene y a lo que se aspira,  en la percepción de la realidad a que se acogen la mayoría de los jóvenes adultos, hoy aún indecisos, tiene mayor peso que “el más de lo mismo”, en que coinciden propuestas y promesas de campaña de las y los candidatos, cuyo énfasis está puesto en la ya manida fórmula de gobiernos de empresarios para empresarios, o de parientes para parientes, bajo el supuesto de que a mayor inversión pública y privada, local y extranjera, con una buena dosis de complaciente corrupción, mayores expectativas de crecimiento y desarrollo para Veracruz.

El exigido cambio estructural que abata desigualdad, pobreza y exclusión no entra en los planes de gobierno, estatal y municipal que proponen los diversos candidatos. Estos llaman a la participación ciudadana, como panacea, pero al mismo tiempo niegan a la mayoría de la población el acceso a  una mayor y equitativa distribución de la riqueza por generar. La juventud de a pie, ajena a privilegios dinásticos, lo percibe, lo vive en carne propia y lo asimila a su imaginario, negándose a participar en un proceso electoral que nada positivo le ofrece. Convencerla de la disposición y voluntad política de cambio, es la tarea y reto a superar cuando los tiempos de campaña están por concluir.

Sea cual fuere la estrategia a seguir por los diversos candidatos, sus equipos de campaña, y los resultados en el último jalón, el número de potenciales votantes que convencidos o por inercia le apuesten al abstencionismo o al voto nulo, darán el parámetro para medir la calidad y legitimidad del proceso electoral y su conclusión  en las urnas. Si es que acaso esto último tiene algún valor en un clima de simulación democrática como el que se vive en México, o en una entidad federativa como Veracruz, en la que se privilegia, por sobre requerimientos de crecimiento económico, desarrollo y bienestar de la población, el ejercicio autoritario del poder por el poder;  como quedara asentado lo mismo en las grabaciones de conversaciones telefónicas del gobernador Herrera Beltrán con sus subordinados, que el empleo de técnicas ilegales de espionaje presuntamente orquestado por el gobierno de Calderón.

Ocho días a lo sumo es el plazo para que los candidatos hagan valer sus ofertas de campaña a nivel de piso, por sobre el impacto mediático de guerra sucia y al alcance de hombres y mujeres comunes, dispuestos a hacerlas suyas inclinando la balanza a favor o en contra de las diferentes opciones en el espectro electoral. No siendo ya esto último posible en términos prácticos, sólo les queda recurrir, en el mejor de los casos, a hacer valer mediáticamente credibilidad y compromiso con el bien común.

En el peor escenario, el camino más viable en esta última etapa inercialmente sería el de las prácticas antidemocráticas que, rayando en la delincuencia electoral y en el absoluto desprecio a la ciudadanía, ya se perciben en el horizonte cercano amenazando con la “judialización de la elección.

Y es en este último jalón, el más ríspido, en que cada candidato demostrará de que madera está hecho, de que recursos echara mano, y como habrá de comportarse en el futuro, caso de resultar ganador de la contienda, en un contexto de crisis y complejidad en el que las respuestas a las demandas de la sociedad deben marchar aparejadas en lo económico y en mano firme, para así conducir la nave entre las encrespadas olas de un país que vive ya los prolegómenos de una tormenta perfecta.

Poniéndose también a prueba a la propia sociedad veracruzana, que tendrá que optar por la comodidad de un más de lo mismo, dejándose vencer por el avasallador peso específico de la inmediatez, el oportunismo, la simulación y la corrupción, o correr el riesgo de apostarle al tan necesario como urgente cambio de rumbo con visión de futuro.

La suerte está echada, los dados están en el aire y partidos y candidatos, velan armas, prestos a la batalla final de lo que terminará siendo un tácito pleisbicito en el que la ciudadanía habrá de optar entre dejar triunfar a un candidato de Estado, o avanzar en el difícil y tortuoso camino de la construcción de la democracia.

En uno u otro sentido, la inclinación mayoritaria en las urnas dirá, en primera y última instancia, si el pueblo quiere el gobierno que cree merecer.

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