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Tag Archives: Democracia participativa

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En memoria de Rafael Junquera Maldonado. Entrañable amigo que se nos adelantara en el camino.

Una vez definidos los candidatos de los partidos políticos – no de la ciudadanía-  a la contienda electoral que desembocará en la elección de las 212 fórmulas edilicias de la entidad, vale considerar  aspectos a mi juicio relevantes para el electorado en el camino a la decisión a tomar frente a las urnas el próximo 4 de junio.

Tanto a nivel nacional como en nuestra aldea, la sociedad ha cambiado, no es la misma la que emitirá su voto en el 2017 que la que en el pasado se sometiera electoralmente a las reglas del juego, usos y costumbres del partido hegemónico. Lo que obliga a pensar que a diferencia del pasado, para la elección edilicia en Veracruz pesará más la percepción negativa que se tiene tanto del poder público como de los partidos contendientes, que de los candidatos, independientemente de la aceptación o empatía que estos últimos generen en la ciudadanía;

En estas condiciones atípicas de la vida política nacional, el proceso electoral del 2017 en Veracruz, va más allá de la simple elección edilicia. Lo que está en juego es la elección de gobernador y la presidencial en el 2018, y a ello está encaminada sin distingos  la estrategia partidista;

La oposición al gobierno de la alternancia y sus candidatos en la contienda,   no es homogénea.  Hay de chile de dulce y de manteca. Si bien pareciera que todos los partidos opositores van en el mismo saco,  la realidad es que van juntos pero no revueltos, cada uno persigue propósitos, objetivos e intereses diferentes que les acercan o alejan, según el caso, tanto del gobierno priísta de Peña Nieto en el orden nacional como de la alianza PAN-PRD en el gobierno veracruzano. No son lo mismo el PRI y sus satélites que con sus asegunes Movimiento Ciudadano, Morena o el Partido del Trabajo.

Ideológica y programáticamente no hay diferencias de fondo en el espectro político-electoral vigente. En la visión de mediano y largo plazo propósitos, objetivos y metas por alcanzar, sin excepción toda la partidocracia se encuadra dentro del modelo neoliberal del capitalismo salvaje de nuestra época, hoy día impulsado en México por Peña Nieto y los poderes fácticos que representa.

Coyunturalmente, dominando el pragmatismo, para un horizonte de corto plazo la oferta electoral no es blanco y negro, tiene sus matices que van desde la visión conservadora de la ultraderecha que agrupa al PAN, al PRI y al PRD, que la de un reformismo más o menos progresista en forma y fondo de Morena y, quizá de  Movimiento Ciudadano, que le apuestan a un cambio en el statu quo del régimen político, económico y social dominante,  frenando políticas públicas empobrecedoras y contrarias a principios sustantivos de independencia y soberanía nacional.

Luego es en la actual coyuntura político-electoral en la que habría poner énfasis en la toma de decisiones ciudadanas frente a las urnas. Definiendo con el voto lo mismo el mantener más de lo mismo o bien, el apostarle a un cambio que, por modesto que sea, como reza la conseja popular, “algo es algo, dijo un calvo”, contribuya lo mismo a la oxigenación de la vida política,  fortaleciendo el poder ciudadano y ulterior rescate de la democracia representativa en la entidad.

Del voto razonado en la contienda en curso, dependerá el peso específico que cobre el reservorio político-electoral de Veracruz para el 2018.

La ciudadanía tiene la palabra, el balón está en su cancha.

Hojas que se lleva el viento

Más allá del diferendo verbal y mediático entre el Sr. Yunes Linares y Andrés Manuel López Obrador, todo parece indicar que el gobernador veracruzano está logrando poner freno a las aspiraciones de MORENA, permitiéndole cacaraquear como minoría beligerante en el Congreso local o con discursos incendiarios en la plaza pública, pero impidiéndole se fortalezca aliándose a los movimientos sociales contestatarios que, como hongos, proliferan ya a lo largo y ancho de la entidad. La amenaza ha sido clara, la injerencia de MORENA en la protesta ciudadana en sus diversas manifestaciones, será combatida con todo el peso de la ley. Obligando al partido de López Obrador a no transgredir las reglas no escritas de un juego en el que todo se vale menos agitar las ya de si encrespadas aguas del descontento y el hartazgo social.

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El senador Héctor Yunes Landa montado en su macho, insiste en llevarle la contraria a su pariente Yunes Linares. Sin contar con autoridad moral y política para juzgar los desaciertos del gobierno de la alternancia insiste en ver moros con tranchete. Incapaz de consensuar el nombramiento del fiscal anticorrupción en la comisión senatorial que preside, olvida que en materia de corrupción el PRI en Veracruz lleva la mano. Doce años de saqueo a manos de gobiernos priistas no se olvidan.

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El primer obligado a proporcionar seguridad a la población conforme a derecho es el gobierno municipal, cosa que en el caso de la capital veracruzana el alcalde Zúñiga Martínez no contempla entre sus prioridades. Habla y habla de una coordinación entre los tres niveles de gobierno en materia de seguridad pública que no existe. El Ayuntamiento xalapeño no contribuye en nada en la tarea del combate a la ola de violencia criminal que tiene en jaque a la población, por lo que no cuenta en los esfuerzos del gobierno federal y estatal por restablecer la extraviada seguridad y tranquilidad social. Los hechos desmienten a nuestro flamante alcalde.

Cd. Caucel, Yuc., abril 12 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Habiendo sentado sus reales en el estado tanto el autoengaño como la persistente ofensa a la inteligencia de los veracruzanos, bajo el domo protector del poder coyuntural todo es posible. Definidos por el gobernador  los límites entre la realidad real y la mediáticamente virtual que gracias a la ausencia de oposición partidista, autocensura  en medios de comunicación y carencia de participación ciudadana responsable, marchan en paralelo y sin puntos de encuentro,  hasta la estupidez tiene cabida en la entidad.

Sólo así se explica el que en un escenario diferente a las comparecencias en el Congreso local en las que pesa más el protagonismo de funcionarios y diputados, hilando en torno a más de lo mismo que preocupados y ocupados en un debate serio que pudiera dar luz sobre las condiciones fallidas del gobierno de la entidad y como salir del atolladero, el Sr. Erick Lagos, secretario de gobierno, ante un selecto ramillete de juristas con todo desparpajo afirmara que “Hoy Veracruz disfruta de una democracia participativa y plena”.

Aventurada afirmación carente de todo viso de sensatez del responsable de la política interna veracruzana y en teoría segundo de a bordo del titular del ejecutivo, que sólo cabe en el pequeño mundo feliz del círculo de enanos que medra en la administración pública de la entidad.

Formado éste en el pedestre ejercicio de la política jarocha, cargando el maletín del que manda, seguramente no ha contado con el mínimo de formación intelectual y de cultura política que demanda el cargo que ostenta; exhibiendo total desconocimiento de nuestra Carta magna y, peor aún, de la realidad nacional, por lo consiguiente también de la que en la entidad ignora el mundo feliz y próspero del proyecto transexenal Herrera-Borunda.

En su reciente encuentro con los integrantes de la Asociación “Otero Ciudadano” e invitados, el Diputado Juan Bueno Torio dando repuesta a inquietud de uno de los presentes, tuvo la atingencia de recordar que conforme a lo dispuesto por la Constitución General de la República, la democracia en México es representativa y no participativa, por lo que toca únicamente al Poder Legislativo el revisar, ponderar, modificar, aprobar o no según el caso,  las iniciativa presidenciales.

Más claro ni el agua. Guste o no, en esa realidad real nos movemos y, en tal contexto, lo dicho por el secretario de gobierno de Veracruz, es una soberana tontería, por decir lo menos. Una más de las tantas que a diario mediáticamente nos endilgan quienes viven de y para una realidad virtual ajena a la que en paralelo cotidianamente sufre la mayoría de los veracruzanos.

Si ya de sí la democracia representativa en México es tan incipiente, tomando la partidocracia para sí  lo que en justicia es del pueblo, afirmar que en Veracruz hoy se disfruta de democracia participativa plena, además de soberbio desplante retórico, es muestra evidente de carencia de ubicación política y exceso de simulación que, afortunadamente, los veracruzanos ya identifican como tónica de gobierno en la entidad.

Y aun así, el ignorante y fatuo funcionario, partiendo de la idea de que si en Veracruz -por encargo de Fidel Herrera Beltrán- interviene, decide y controla la vida interna de siete partidos políticos, cree tenerlas todas para aspirar a la candidatura de su partido a la gubernatura del estado en el 2016.

Estamos en Veracruz, todo es posible, hasta la ignominia.

Hojas que se lleva el viento

Qué tiempos aquellos, Sr. Don Simón, cuando a la dirigencia estatal del viejo y nunca renovado PRI y a la administración pública, llegaran personajes  formados en el ejercicio de una sólida conjugación de la cultura y la praxis política. El estimado profesor, abogado, pedagogo, orador, destacado escritor y hoy rector de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz,  Guillermo H. Zúñiga Martínez, quien el sábado presentara su más reciente obra literaria, es un ejemplo de ello. Hoy día, en los sexenios de la prospera simulación, la cultura no forma parte del equipaje de los jóvenes priístas que han optado por transitar los caminos de la política y el servicio público.

Tal fuera su prisa por ascender en la rueda de la fortuna, que la saliente presidente municipal de la capital veracruzana no vio ni quiso ver lo que bajo sus pies pasaba y,  en su soberbia, olvidara que el que montado en el artefacto desde arriba escupe a los de abajo, al descender tarde o temprano también será escupido. Hasta nunca Elizabeth.- Xalapa, Ver., noviembre 24 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

¿Es que acaso en México existen razones de peso para creer y confiar en la política y los políticos?

 Lo más probable es que no. En una mega encuesta en la que al respecto se preguntara a la población adulta de este país, la respuesta sería más que obvia. Política y políticos en México van de la mano, ni en esta ni en estos existen razones válidas para creer en ellos.

 La bien ganada falta de credibilidad es lo que alimenta incertidumbre y ausencia de participación responsable en temas relevantes de la vida nacional. El engaño, simulación y gatopardismo, con su buena dosis de deshonestidad y corrupción, impiden el que los llamados del más alto nivel a la unidad y suma de voluntades, sean en nuestro país cual llamadas a misa.  

El prejuicio va por delante, la duda se impone; en los tiempos que corren, el no creer más en ilusorios espejismos es la constante.

 Nadie está dispuesto, salvo por interés mezquino, a creer a pie juntillas y de primera intención que la política concurre al bien común y que, los políticos, sea cual fuere el color de la camiseta, se expresan con verdad en su monólogo mediático con el que ofertan espejitos y abalorios a la  ciudadanía.

 La duda domina, la especulación y el rumor  le alimenta. El importamadrismo de los más,  termina por hacer de la vida política nacional puñado de tepalcates sin pies ni cabeza.

 Luego entonces, ¿en que se sustentan partidos políticos y sus testaferros para, como dicen, convencer en la calle de la bondad de espuria mercancía profusamente ofertada?

No tienen asidero alguno. El único herramental a su alcance es descaro, cinismo y simulación. No hay de otra. Ni les interesa lo que hombres y mujeres de a pie, piensan y opinan, ni están dispuestos a acatar la voz de las mayorías.

 Es por ello que la ciudadanía confía más en su propio juicio que en toda la parafernalia de que se vale gobierno y partidocracia en su pretensión de convencer. Por sobre la engañosa argumentación de los políticos, se impone la percepción popular, que se alimenta y sustenta muchas de las veces en  frágil  memoria del día a día, pero al fin memoria que deja huella al paso de los tiempos.

 La experiencia cotidiana de cada quién, engarzada a la de los demás, forja así un imaginario popular que deviene en historia vivida, no escrita pero determinante para creer o no creer y también para resistir frente al engaño.

 ¿Por qué entonces hoy si creer?

 ¿Es que acaso en esta ocasión no nos volverán a dar atole con el dedo, al ofrecernos la zanahoria de una prosperidad que nunca llega?

 Son las interrogantes que flotando en la calle, animan a enfrentar con mediana lucidez lo que el ilusionista de Los Pinos nos quiere enjaretar.

La iniciativa del Sr. peña

 La iniciativa de reforma energética, al igual que la educativa, la laboral, o la que pretende erradicar corrupción e impunidad, gozan del mismo espíritu, cambiar para seguir igual, o peor, beneficiando a los menos a costillas de los más.

 ¿Quién o quienes son capaces de convencer de lo contrario?

 He ahí el fracaso anticipado del pretender convencer en la calle de lo que para la ciudadanía carece de veracidad y sustento.

 Ni la política ni los políticos para las mayorías tienen credibilidad y, en este marco, frente a una iniciativa de reforma energética que trae aparejada una singular panacea que resolverá para bien estancamiento y atraso en todos los órdenes,  no es posible esperar del pueblo de México aceptación, consenso y unidad.

 Luego, en un país plural, descalificar a quien frente a la duda piensa diferente, sólo cabe en los propios políticos que, incapaces de aceptar la realidad, se desgarran vestiduras y elevan sus gritos al cielo, condenando a la hoguera a los descreídos que dudando de la bondad del bodrio ofertado, no quieren saber más de espejitos y abalorios.

 Y en este escenario, el nuevo PRI, con sus renovados paradigmas “ideológicos” con la complicidad de peones de la pluma, simula el recurrir en la calle a hombres y mujeres de a pie,  para legitimar lo que por sentido común y patriotismo se rechaza.

 Conociendo de antemano la respuesta, se niegan así a someter a consulta popular la propuesta del alquimista de Los Pinos.

 Con que la mayoría calificada en el Congreso previo acuerdo en el pacto cupular por México la voten, es suficiente. En las Legislaturas locales, por lo consiguiente. Así lo tiene mandatado la democracia representativa que el pueblo ingenuamente se ha dado y hoy secuestrada por la rapaz partidocracia.

 ¿Dónde queda entonces el cacaraqueado convencer en la calle para legitimar lo que en principio carece de legitimidad democrática?

 Lo más seguro, en el anecdotario de la picaresca nacional, como una raya más al tigre, en el ya largo camino andado de la simulación y el gatopardismo de la política y los políticos en México.

 Y, sin embargo, la reforma energética va. Así lo dispone el Sr. Peña y así, en todos sus términos será. ¿O alguien con un palmo de inteligencia va a impedirlo?

 Con perdón de Andrés Manuel López Obrador, cabeza visible de un nuevo liderazgo nacionalista en México, así como de Cuauhtemoc Cárdenas, líder moral del PRD, que convocan a la movilización y consulta popular, y de Marcelo Ebrard que propone hacer efectivo el derecho ciudadano al plebiscito y referéndum, la decisión autoritaria está tomada por el presidente Peña y su partido. No hay argumento jurídico, técnico o de participación popular en contra que valga, por más fundamentados que estos sean.

 La minoría de este país decide y la mayoría acata, bajo esta fórmula autoritaria y antidemocrática, más que ilusorias panaceas, con petróleo o sin petróleo  tendremos más de lo mismo: dinosaurio, corrupción e impunidad para rato acompañando a estancamiento y atraso sin esperanza alguna de bienestar colectivo.

 ¿O alguien en este sufrido país duda de que así sea?

Hojas que se lleva el viento 

No sólo soy yo, ya somos muchos los que no vemos con buenos ojos los desaciertos del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa que confunde el gobernar para todos, con el hablar y hablar en nombre de todos, ignorando el carácter plural del pueblo que gobierna.  Ni todos los veracruzanos son priístas ni todos comparten la idea de que con el presidente Peña y sus llamadas reformas estructurales México saldrá adelante.

El Veracruz soy yo, de su discurso, más que convencer  lastima.

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 Se complica el esquema de simulación adoptado por el sector salud en Veracruz. La suspensión de prestación de servicios en la red hospitalaria por parte de la empresa privada Finamed, dejó descobijados a los hospitales. Médicos y pacientes informan que tanto  en el Centro de Especialidades Médicas (CEM) en la capital del estado, como en la mayoría de los nosocomios de la entidad se carece del equipamiento idóneo para la prestación de servicios.  Contrario a lo que declaran las autoridades, el sector salud en Veracruz está colapsado y no hay para cuando se recupere, afirman.- Xalapa, Ver., agosto 21 de 2013.

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J. Enrique Olivera Arce

Inaceptable coctel en el que con la mezcla de demagogia y confusión se pretende embaucar o, lo que es peor aún, manipular la conciencia social para ocultar los verdaderos propósitos y objetivos buscados por el  PRI, en su intento de recuperar hegemonía por la vía del autoritarismo antidemocrático.  

La construcción de un Estado moderno, sustentado en un pensamiento único impuesto desde la presidencia de la República, con el respaldo como base social de apoyo en un PRI que no escapa a la crisis de credibilidad de todos los partidos políticos en México, no es el camino y por tanto, a mi juicio debe ser rechazado.

 Así concluyo frente al discurso del senador veracruzano Héctor Yunes Landa, quién olvidándose o a propósito pasándolo por alto, de que en la conformación del Estado en su acepción más general, confluyen la autoridad, la población y el territorio en el que esta se asienta, en su artículo semanal argumenta que “es impostergable y de la mayor prioridad lograr la unidad de todas las fuerzas que conforman el Estado mexicano, y, posteriormente, lograr la participación de la sociedad al lado de su Estado, para lograr la transformación que le urge a México”.

 Los estudiosos del paño, con toda autoridad podrían abundar al respecto. Por lo que a mi toca, ignorante de la teoría del Estado, me queda el entender de manera muy elemental que el Sr. senador confunde Estado con Gobierno, democracia con absolutismo, y unidad con sometimiento. Y a ello me remito.  

El Sr. Yunes Landa parte de la idea equívoca de que la correlación de fuerzas políticas está determinada por el peso específico de las cúpulas de los tres partidos más importantes del espectro, y no por la expresión plural de la ciudadanía en las urnas. Ignorando que el pacto cupular por México no substituye al pacto social que históricamente los mexicanos nos hemos dado.  

Como el Sr. senador lo señala, México vive bajo un régimen presidencialista.  En este  en teoría el poder emana y reside en el pueblo. No se trata de un Estado-Nación con una monarquía absolutista en el que Enrique Peña Nieto pudiera, emulando a Luis XIV, afirmar  “El Estado soy yo”, para que en torno a el se sumara “su sociedad” en una estrecha e indisoluble unidad.  

El presidente Peña en nuestro régimen republicano, se debe al pueblo que le eligió y como mandatario está obligado y condicionado a la voluntad soberana de sus mandantes. Si es que aún tiene algún valor nuestra Carta Magna. 

No se puede confundir Estado con el gobierno encargado de llevar a cabo las funciones que el propio Estado le delega, subordinado a la voluntad y conciencia del bien común de las mayorías de una sociedad plural que, para una armónica y pacífica convivencia en todo el territorio, se da y sujeta  a si misma a la normatividad jurídica que conocemos como estado de derecho. 

Luego a mi modesto entender, tal discurso de quien representa a Veracruz en el Senado de la República -que por cierto comparten muchos en el tricolor-, refleja una actitud soberbia de quien cree a pie juntillas que el PRI, por el solo hecho de haber ganado la elección presidencial, está en condiciones de unificar al pueblo de México en torno al cuestionado proyecto de gobierno del presidente Peña. Esto al margen de toda consideración del pluralismo ideológico, diversidad y peso de los actores económicos y de la profunda brecha social entre los que teniendo todo no tienen llenadera, y los millones de mexicanos cuyo único proyecto válido de vida es asegurar el pan de cada día.  

El PRI ganó la elección presidencial no por contar con una fuerza social propia, mayoritariamente determinante. Fue la incapacidad organizativa de sus antagonistas para trascender las reglas del juego impuestas desde la cúpula de la partidocracia;  la ignorancia o valemadrismo de un segmento importante de los votantes, y la capitalización de la pobreza.

La mayoría obtenida en las urnas por el Sr. Peña es relativa y no alcanzó para legitimar el proyecto de gobierno propuesto del ahora presidente de la República. 

Así las cosas, para nuestro senador la unidad nacional y consenso mayoritario, es un asunto de acrítica voluntad y paciente comprensión y sometimiento de la sociedad para con su “Estado” y no un conflicto político entre diferentes por resolver.  

Flaco favor del Sr. Yunes Landa para un partido político que pretende renovarse reencontrándose con la población y, sin duda, para el presidente Peña en sus esfuerzos por limar aquellas asperezas que le impiden legitimarse a plenitud.

Sin participación de la sociedad en aquellos temas que le competen, entre otros, el fortalecimiento y modernización del Estado mexicano y la renovación del pacto social que ello implica, la unidad nacional es simple entelequia, por muy prioritaria que esta sea para el PRI-gobierno en su intento de sacar avante el proyecto de gobierno con el que se pretende abatir rezago y atraso. 

La democracia representativa lleva implícito, así sea en teoría, el componente de democracia participativa. Sin esta última la democracia a secas en México es simple ficción, como se desprende de lo dicho por un senador de la República que aspira a gobernar a su estado natal. 

Hojas que se lleva el viento 

El gobernador de Veracruz se comprometió a reducir en un 50% los índices de pobreza en Veracruz. Ya veremos si su administración, con una disponibilidad de recursos de más de 18 mil millones en el presente año, es capaz de cuando menos abatir hambre y sed de justicia en la entidad.

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El PAN no apoyó a los pueblos indígenas en Veracruz, ahora es diferente, afirmó el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa. Expresión proselitista en tiempo de elecciones que descalifica a un gobernador que está obligado a gobernar para todos. 

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Al calor del comal electoral ya inició el brincadero de los políticos chapulines. Vaya falta de respeto para sus votantes y al cargo para el cual fueran electos… Y sin embargo, el masoquismo entre los veracruzanos se impone depositando confianza y respaldo una vez más en quienes les traicionaran. Así es la farándula política jarocha, con o sin el ave negra de Nopaltepec. Xalapa, Ver., marzo 27 de 2013

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Tratando de encontrarle la cuadratura al círculo, los que gustan de amanecer más temprano están ya dale que dale con sus especulaciones, nada gratuitas, sobre el sucesor de la alcaldesa xalapeña. Se barajan nombres, currícula y apadrinamiento de los posibles, pero, hasta ahora, nadie entre los escribidores se toma el cuidado de emparejar un diagnóstico serio y a fondo de la problemática de la capital veracruzana con capacidad, experiencia y conocimiento de los personajes enlistados.  

El que pega primero lleva la mano, con este criterio el refuego mediático se encarga de cernir el puñado de aspirantes, elevando a unos y descalificando a otros, sin tomar en cuenta que la solución para el rescate de Xalapa no está en la política electoral ni mucho menos en la persona que pudiéramos señalar como de nuestra preferencia. El problema es de todos y en tal razón, la solución habría que buscarla en la participación activa de los xalapeños con vías a encontrar los mejores caminos para salir del atraso económico,  amodorramiento social y pobreza cívica que hoy padece la otrora “Atenas Veracruzana”. 

Lo curioso del caso es la partidización de los listados. La mayoría de los mediáticamente posibles  aspirantes, son de extracción priísta o patean en igual dirección. Minimizándose las posibilidades de quienes desde otros partidos legítimamente y con todo derecho desean ser tomados en cuenta para la sucesión. Así son las cosas en una entidad federativa en la que el pesebre y la pastura están en manos del tricolor. Ignorándose o pretendiendo ignorarse, que Xalapa ya no es más botín electoral priísta.  

El voto xalapeño es plural, volátil y respondón ante lo que califica como un bueno o mal gobierno de la cabecera municipal y, por lo mostrado hasta hoy por la alcaldesa Elizabeth Morales, no es de dudarse que el sufragio será de castigo para el partido del gobernador y para el candidato que éste postule. 

Pero eso es tema para la grilla. Lo relevante es que por lo que se alcanza a vislumbrar, no hay respuesta viable a la problemática de Xalapa. El debate, raquítico por cierto, se concentra en aspectos como seguridad, crecimiento urbano, manejo de deshechos, vialidad, transporte público, y el inacabable problema de los baches que se enseñorean por todo el municipio. Nada que apunte a los temas de desigualdad, pobreza, desempleo, salud y calidad de vida de los xalapeños. 

Para los aspectos primeramente señalados, no hay solución viable en tanto no se interrelacionen y retroalimenten con los temas mencionados en segundo término. Un municipio en el que la mayoría de sus habitantes se encuentra rasguñando condiciones de pobreza o pobreza extrema, con altos índices de economía informal, desempleo, bajos salarios y carencia de vivienda digna, la jerarquización de prioridades es diferenciada y evidentemente inequitativa. No podemos hablar de modernización de la infraestructura y servicios urbanos sin poner en primer plano las condiciones de desigualdad económica y social entre asentamientos residenciales y colonias colgadas de los cerros. O privilegiar la fluidez de las vialidades a favor del automovilista, ignorando el viacrucis cotidiano del xalapeño de a pie. De ahí que nos conformemos con un alcalde o alcaldesa que a juicio de la ciudadanía robe menos que el antecesor. 

Yo me permito insistir en que para la ciudad capital y su conurbación, la prioridad es construir ciudadanía. Sin ciudadanos responsables y participativos que se hagan cargo de marcar rumbo y destino a las autoridades edilicias; todo lo que verticalmente desde arriba recibamos será mediocre, asistencialista y ajeno a las soluciones que todos deseamos para una capital estatal que, en el concierto nacional, figura como una de las de mayor atraso relativo. ¿O a la vanguardia del abandono y subdesarrollo, como hoy está de moda afirmar? 

Hojas que se lleva el viento 

Mal inicio para La ley laboral “Calderón-Peña”. Parche a modo a la legislación vigente y no reforma estructural, regresivo, absurdo, ajeno a la realidad de un país con más de 50 millones de pobres, alta concentración del ingreso y una marcada desigualdad lo mismo entre trabajadores que entre patronos. Lo que el canal del Congreso ha permitido observar no deja lugar a dudas, imposición y autoritarismo en la Comisión dictaminadora de la Cámara de diputados y una más que anunciada aprobación fast track en el pleno previamente pactada en lo oscurito entre las cúpulas del PRIAN. Más de lo mismo, atole con el dedo bajo el pretexto de que la nueva normatividad laboral favorecerá inversión, empleo, productividad y competividad con justicia social. No hay peor ciego que el que no quiere ver, la flexibilidad laboral se impuso en Europa y ello no impidió la crisis económico financiera que acabó con la sociedad del bienestar. Cd. Caucel, Yuc., septiembre 26 de 2012

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J. Enrique Olivera Arce

No hay vuelta de hoja. La ciudad capital de Veracruz para salir de su marasmo y atraso requiere de un gobernador con visión y compromiso que con hechos demuestre su amor por Xalapa; de un alcalde con experiencia, honestidad, cercanía con sus gobernados e indudablemente, con la capacidad suficiente para afrontar los retos de cambio y transformación de lo que hoy no pasa de ser un rancho grande que vive de pasadas glorias. Más eso no basta, modernizar la ciudad adecuándola a las necesidades presentes y futuras de una población en expansión permanente, por sobre todas las cosas requiere de una ciudadanía concientes responsable y participativa. Sin estos tres pilares de sustento nuestra ciudad seguirá siendo lo que hoy nos merecemos y lamentamos.

Los xalapeños no contamos con  tal plataforma de despegue. Los gobernadores en turno son los primeros en desentenderse de su obligación para con la capital veracruzana; el glamour de lo que consideran el ombligo del mundo en materia turística les gana, Boca del Río es hoy el centro neurálgico del gobierno estatal; el Ayuntamiento xalapeño destaca por corrupción, opacidad, ausencia de visión y una absoluta carencia de capacidad para atender necesidades reales y sentidas de la población.

Por cuanto a una ciudadanía conciente y responsable, la carencia es aún mayor. Xalapa cuenta con cerca de 600 mil habitantes pero no cuenta con ciudadanos que participen como tales frente a la problemática de la capital veracruzana. El dejar hacer, dejar pasar, cuchicheando quejas y lamentos, no substituye participación comprometida y responsable que nos otorgue calidad de ciudadanos.

Lo anterior viene a cuento ante la inminente elección del próximo Ayuntamiento xalapeño que, como es sabido, durará cuatro años en su gestión edilicia. De espaldas a la población en las esferas del poder ya se barajan nombres de posibles candidatos a la alcaldía, más por así convenir a  intereses personales, de grupo ó de los partidos políticos vigentes y los que surjan, que por atender a lo que Xalapa requiere. De los personajes que ocupan la atención en los círculos políticos, ninguno parece contar con merecimiento alguno para hacerse cargo del gobierno de la ciudad.

Abierto el refuego por la sucesión de la alcaldesa Elizabeth Morales, lo que está a debate en los círculos políticos y medios de comunicación no tiene nada que ver con las urgencias de la ciudad capital. La población, desinformada y al margen ni suda ni se acongoja frente a los nombres que se barajan. Está en lo suyo y en espera de que llegado el momento en las urnas de mala gana premie o castigue a los candidatos de ocasión.

Los medios de comunicación, no obstante contarse con más de diez diarios que se publican en la capital veracruzana  y que profusamente destinan cotidianamente páginas y titulares a proyectar la imagen tanto del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa como de la alcaldesa, no inciden positivamente en la población generando sinergias que contribuyan a fortalecer lazos de identidad entre la población y el gobierno La pasada elección federal dio cuenta de ello.

Y mientras la atención y prioridades están puestas en el proceso electoral en puerta, la ciudad capital duerme el sueño de los justos entre abandono, atraso, inseguridad, basura por doquier e indiferencia de sus habitantes. Crecimiento anárquico y desorden mantienen su curso sin respuestas viables para modificar una  tendencia que ya se considera círculo perverso.

En el ínter, el gobernador del estado, más preocupado por lo que se murmura sobre un anticipado  retiro de sus obligaciones constitucionales, se ocupa de aplicar pinceladas al mediático maquillaje de eficiencia de su administración. Xalapa ni le va ni le viene, sabe a ciencia cierta que la vida cotidiana de la capital no viste políticamente a los ojos de los gobernados.

Construir ciudadanía debería ser el primer paso de todo esfuerzo encaminado a la búsqueda de soluciones viables para la problemática de Xalapa y la región en la que esta se asienta. Tal prioridad brilla por su ausencia y, si acaso, se observa balbuceante intento por parte de algunas de las llamadas organizaciones no gubernamentales  que, de manera aislada, se preocupan y ocupan en darle vueltas a la noria más con criterio asistencialista que con la eficacia que se reclama. Entre estas, “Otero Ciudadano” que pretendiendo imprimir integralidad y juicio técnico a un intento de participación ciudadana, se pierde en un elitismo de clase media que le hace vulnerable a la politización y partidización que, como bien sabemos, en Veracruz todo lo que toca pudre.

El PRD ensoberbecido por su pírrico triunfo en la elección de diputado federal por el distrito de “Xalapa urbano”, sin autoridad moral y política pontifica en torno a la problemática del municipio y ciudad capital y sus posibles soluciones a partir de un gobierno de “izquierda” más generador de clientelismo que de políticas públicas a tono con las necesidades de la ciudad capital. Borda en el vacío, soslayando el carácter integral de la conurbación y la existencia de cuatro Xalapas en una. Sin visión de conjunto anclada en la realidad, ningún partido político está en condiciones de ofrecer electoralmente nada que contribuya a deshacer el nudo gordiano que condena a la capital al estancamiento y atraso; sin democracia participativa sustentada en ciudadanos conscientes y responsables, la elección no es solución.

La respuesta es de la población, la clase política es accesoria.

Xalapa, Ver., agosto 19 de 2012

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J. Enrique Olivera Arce

“Si se quiere que las cosas sigan como están es preciso que todo cambie”: Giuseppe Tomasi di Lampedusa 

 El bombardeo mediático en las primeras escaramuzas de los presidenciables y aspirantes a ocupar un lugar en el Congreso de la  Unión,  a intensidad plena.

 Los medios de comunicación con todo para cumplir con su cometido, para eso les pagan. La vida cotidiana de la gente les tiene sin cuidado, la prioridad la tienen los candidatos en un proceso electoral que camina sobre el curso previsto, atosigar al electorado para vencerle por cansancio.

 No se puede ver de otra manera, día y noche se bombardea a una opinión pública a la que al parecer, por ahora, parece no importarle lo que hagan, piensen o digan partidos políticos y candidatos. La gente se prepara para el disfrute del asueto de Semana Santa, la política y todo lo que de ella se deriva en tiempos electorales ni le va ni le viene. Cómo estirar el dinero para simultáneamente cubrir los gastos del hogar y sacarle jugo a las vacaciones, es la preocupación que está presente en el ánimo de la población.

 Lo paradójico hasta donde es dable enterarse por lo que difunde la prensa, es que teniendo como objetivo el convencer a los indecisos, toda la carne en el asador está puesta en convencer a los ya convencidos. Eventos masivos, declaraciones y tenor del discurso se ven arropados por el voto duro partidista. La pasarela, los acarreos, el lonche, las porras y el aplauso fácil coronan el festejo electoral como si entusiasmo y cuantiosos recursos derramados, tuvieran efecto multiplicador en el ánimo de los llamados indecisos e incluso en aquellos para los que la mejor opción es el abstencionismo, el voto nulo ó el inútil a favor del independiente  “Juan de los palotes”.

 Si tal efecto multiplicador es el propósito buscado, este se revierte. Para unos, los que se consideran “pensantes”, la parafernalia electoral confirma corrupción, manipuleo y simulación. Para los más, el ruido mediático es eso, ruido sin ton ni son que no invita a participar en el jaleo, mucho menos al debate o la reflexión sobre el mensaje emitido por los ahora salvadores de la patria. Entre más bombardeo mediático mayor es la desconfianza y el rechazo que nos merece la partidocracia.

 Más cuando para el imaginario popular no escapa que el costo de la parafernalia electoral descansa sobre los hombros del contribuyente. “Si el dinero que hoy se tira a la basura se destinara a obras y servicios en beneficio de la colectividad, otra cosa sería”, se escucha. Nadie está de acuerdo en que se dilapiden recursos públicos para sostener campañas políticas anodinas en las que la imagen de los candidatos y el manido discurso “unicode”, preñado de lugares comunes, van por delante de propuestas y soluciones viables para un país que exige respuestas.

 No más pobreza, no mas hambre”, promete un Peña Nieto coreado por la cauda de grises candidatos a senadores y diputados. Más de lo mismo, lo mismo de siempre en un ejercicio que se repite trienio tras trienio, reciclándose promesas que jamás serán cumplidas. El gatopardismo como estrategia, principio y fin del círculo perverso de la política electoral. Ofrecer el cambio para seguir igual.

 El deber obliga, convencido o no por tal o cual candidato el electorado en su mayoría le cumplirá a nuestra incipiente y deformada democracia. “Tu voto vale” nos dice de manera reiterativa el slogan del IFE. Valga o no, la gente votará en julio próximo no por el candidato que mayores o menores recursos dilapida, tampoco por el mejor o el menos peor, sino para reafirmar la reivindicación largamente agitada y aún no materializada en el México de hoy y de siempre: democracia participativa y legítima representación popular.

 Reclamo vivo y latente en la memoria histórica, que no por pacífico y por los cauces legales, deja de ser auténtico como expresión del viejo anhelo de vivir con dignidad en libertad. Aunque partidos y candidatos la ignoren, la ciudadanía en las urnas la refrenda, una y otra vez, para recordarse a sí misma que la esperanza muere al último.

 Hojas que se lleva el viento

 Andrés Manuel López Obrador advierte que el destino de la elección presidencial se sustenta en el escandaloso dispendio sin control alguno de dinero por parte de sus adversarios. Llama a contrarrestar la avalancha con participación consecuente de la ciudadanía. Multiplicar participación y organización desde abajo pide a sus seguidores, mientras Peña Nieto le responde con más estruendo mediático en lo que será la campaña más dispendiosa e inútil de la historia de México.

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Muere Miguel de la Madrid Hurtado pero no el recuerdo de un hito histórico. Frente a la parálisis del gobierno tras el sismo del 85, la gente en la ciudad de México salió a la calle, sin distingo partidista se solidarizó con sus hermanos en desgracia y se organizó con eficiencia y eficacia para atender las tareas de rescate. El pueblo sabe responder cuando la ocasión lo amerita ¿por qué no ahora que la simulación y corrupción nos conducen al desastre?

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 Mala suerte de Josefina, cuando no se le vacían los estadios, las palabras se le hacen bolas en el discurso. Por el mareo no hay tos, cualquier candidato pierde el piso cuando se sube al ladrillo.

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 En la aldea el silencio simulado decretado por Javier Duarte en atención a la veda electoral para los servidores públicos, hace agua. La tentación le gana a la razón, el triunfalismo mediático sustituye a lo que debemos entender por buen gobierno. ¡Lleno total en puntos turísticos! ¡La verdad cae por su propio peso! ¡Pese a las campañas sucias el turismo ha llegado a Veracruz!: Javier Duarte de Ochoa en tiempos de veda.

 Si Veracruz cuenta o no con dos de las playas más sucias del país, es el tema de los dimes y diretes entre  el gobierno de la entidad y la Semarnat. Ya en el arranque del período vacacional de Semana Santa, con o sin “campaña sucia”” de por medio por parte de la autoridad federal, de ambas versiones aún siendo dudosas es más fácil creerle a la vertida por la Semarnat. No por nada pero lo cierto es que el gobierno de Veracruz tanto miente y tan seguido,  que ha perdido toda credibilidad. Por lo pronto nuevamente estamos a la espera de “2.5 millones” de turistas de jícama y horchata a los que les importa un rábano lo que se diga o deje de decir sobre la calidad del agua en las playas, lo importante es el remojón. Esperemos que a la secretaria estatal de turismo no se le despinte el bikini o le de sarpullido, tras la zambullida oficial ordenada por quien dicen manda en Veracruz. Mérida, Yuc., abril 4 de 2012 

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre.” Sultana Aixa, madre de Boabdil, último rey de Granada.

Todo lo que tenía que decir sobre el peor gobierno de los últimos  cincuenta años en Veracruz, lo expresé en mis artículos a lo largo del sexenio de la administración fidelista, señalando y advirtiendo de la simulación y el engaño. Hoy estoy convencido de que ya no tengo nada que decir al respecto. Destapada la cloaca, la desconfianza le va ganando la batalla a la construcción de soluciones a los graves problemas comunes que enfrentamos. La mugre seguirá brotando para alimentar el morbo, la especulación, el rumor y la maledicencia, que destruyen más que coadyuvar en la construcción de ciudadanía y gobernanza, sin que ello de lugar a que la rueda de la historia de marcha atrás.

“Haiga sido como haiga sido”, el pueblo veracruzano no recuperará ni el tiempo perdido ni los miles de millones de pesos que, en su extravío, extraviara el gobierno priísta de la fidelidad. Lo caido, caido.

Políticamente incorrecto o todo lo contrario, guste o no, tratando de ser congruente sólo me resta afirmar que la gubernatura del Dr. Javier Duarte de Ochoa, la posición que hoy ocupan algunos de sus colaboradores, la mayoría de los diputados federales y locales priístas, así como los más destacados alcaldes en la entidad, son fruto innegable de esa perversa engañifa de la que fuimos víctimas a la par que copartícipes, dejando hacer, dejando pasar, aplaudiendo un mal sueño que en nuestra inconsciencia hicimos propio.

Así las cosas, por salud mental y para bien de Veracruz, deberíamos preocuparnos ya no por la pesadilla vivida sin que eso quiera decir borrón y cuenta nueva, los presuntos ilícitos en que incurriera la anterior administración deben investigarse y, en su momento, castigarse con todo el peso de la ley.

El presente y futuro cercano de la entidad reclama hoy ocuparnos de lo mucho que hay que hacer para su reconstrucción, así como en aquellas tareas que exige el retomar el camino del progreso y la esperanza. Recrear el pasado sólo acarrearía amargura y pérdida de la fe que merecemos.

Antes que dejar que nos vuelvan a saquear, la obligación común es participar activamente en una permanente vigilancia y cuestionamiento del quehacer público, constituyéndonos todos como responsable y avispada contraloría social. Se puede engañar nuevamente a uno, dos, tres, pero no a todos los veracruzanos.

A mi juicio, para empezar habría que partir de tomar conciencia de que si bien por ahora se confía en la nueva administración pública veracruzana, esta no cuenta con un cheque en blanco, expedido por una ingenua ciudadanía dispuesta una vez más a tropezarse con la misma piedra.

Tal toma de conciencia implica valorar el papel de cada quien en el ejercicio de gobierno, empezando por nosotros mismos como mandantes, para así saber a ciencia cierta que esperamos de quienes en nuestro nombre se desempeñan como mandatarios de la voluntad popular. Si no se tiene claro quien manda en Veracruz, sólo hay un paso a la sumisión y al dejar hacer dejar pasar en un gatopardismo que se repite sin cesar, y que se nos impone desde las esferas de un poder político y administrativo que hemos depositado en manos de unos cuantos mortales que, ni son superiores a nosotros, ni tienen por qué asumirse como tales, toda vez que les pagamos para desempeñarse como servidores públicos a nuestro servicio.

El segundo paso es el exigir transparencia en cada uno de los actos de gobierno. Pleno derecho y libertad para escudriñar hasta el más nimio detalle de cómo nuestros representantes disponen de los bienes materiales, financieros y humanos, que hemos puesto en sus manos para beneficio de toda la sociedad. La simulación y la opacidad son inherentes a la corrupción y a la impunidad; no se debe ni puede permitir que se nos vuelva a jugar el dedo en la boca con medias verdades, medias mentiras y desplantes demagógicos soportados con bombardeo mediático pagado con dineros del contribuyente.

Desde el más humilde servidor público hasta el gobernador del estado, deben desempeñarse en caja de cristal, hablando con verdad, humildad y honestidad intelectual, en un marco de congruencia que empezando por barrer la casa, elimine el lastre que para la opinión pública  representa el que los pillos de ayer sean los mismos que hoy rodean a Javier Duarte de Ochoa.

Es nuestra responsabilidad como sociedad que así sea y, para ello, debemos pugnar por una puntual y oportuna rendición de cuentas, lo mismo del Poder ejecutivo que del legislativo y el judicial. Insistiría en que todo plan de desarrollo o programa sexenal de gobierno, debería hacerse acompañar por un sistema estatal de evaluación y control de obras y servicios públicos, a cargo de un Comité de Planeación del Desarrollo de Veracruz (COPLADEVER) ciudadanizado y desconcentrado regionalmente en el que la población y no los partidos políticos tengan la última palabra. La democracia participativa es condición sine qua non.

El tercer paso, quizá el más importante, es aceptar que en democracia,  la tarea de gobierno se comparte corresponsablemente, actuando en consecuencia. No podemos exigir al otro que cumpla si nosotros como ciudadanos no cumplimos en aquellas esferas de nuestra personal y colectiva competencia y responsabilidad. La tarea es de todos y a cada uno corresponde aportar su grano de arena, contribuyendo al buen gobierno. Esperar que otros, ya sea el titular del Poder ejecutivo, el Congreso local, los partidos políticos o las organizaciones no gubernamentales, hagan la tarea a la que como ciudadanos estamos obligados,  perdidos en la comodidad de la abulia y apatía es aceptar sin mayor actitud crítica un destino incierto, en el que habremos de recibir no más que aquello que como pago a nuestra irresponsabilidad merecemos.

Parafraseando al ex presidente López Portillo, ya nos saquearon, no permitamos que nos vuelvan a saquear. Organicémonos para participar cuidando y fortaleciendo un patrimonio que es de todos.

No más engaño, estridente simulación y manipulación mediática,  por el bien de Veracruz. El gobernador lo debe entender así tanto como los ciudadanos estamos obligados a exigirlo.

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Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

Partiendo del principio de que esto no se acaba hasta que se acaba, el proceso electoral en Veracruz sigue a tropezones su marcha rumbo a la decisión última e inatacable de la Sala Electoral del Poder Judicial de la Federación. Manteniéndose el crispado clima de polarización entre los seguidores de Javier Duarte de Ochoa y Miguel Ángel Yunes Linares, con su consiguiente carga de obcecación hasta el absurdo en ambos bandos, así como la creciente percepción en hombres y mujeres comunes de que tanto al gobernador electo como a su impugnador neopanista, lo único que les motiva es alcanzar el poder por el poder mismo, augurándose un más de lo mismo.

Para la oposición de centro izquierda electoral, conforme con las migajas que le deja la elección, se da por bien servida, retornando inercialmente a su permanente lucha tribal por el control de posiciones, rebanadas del pastel de sus prerrogativas, e indudablemente por las prebendas y canonjías que a sus capitostes cupulares les deja el apoyar a uno u otro de los dos contendientes en pugna por la gubernatura. El 2012 lo observan como algo lejano y, en la coyuntura, le apuestan al mejor postor en la lucha por el poder en Veracruz. Dante Delgado, como desde el principio del proceso, marcha sólo y de espaldas a la realidad política de la entidad y a su propia circunstancia, arremetiendo contra molinos de viento.

En tanto que lo que a mi juicio se podría considerar como “la izquierda legítima”, seguidora de Andrés Manuel López Obrador, no encuentra como conciliar sus carencias organizativas con el programa de acción que, con vías al 2012, se delineara el pasado domingo 25 en el zócalo de la Ciudad de México. Lo que observa y le motiva de la movilización, conciencia, participación y avance organizativo del movimiento lopezobradorista en el Distrito Federal, no guarda correspondencia con el atraso y falta de rumbo que vive en Veracruz. El peso específico del pragmatismo electoral partidista que domina en la entidad, dificulta al lopezobradorismo el aterrizaje y congruencia entre lo deseable y lo posible.

Al no encontrar acomodo en el PRD, PT y Convergencia, que lo mismo se pintan de azul que de colorado atendiendo a intereses cupulares, cual perrito sin dueño el lopezobradorismo se auto margina y se pierde en la denuncia, el insulto al “espurio” y su partido, al perredismo azul, o a las expresiones visibles de “la mafia”. Como si las mentadas de madre y las descalificaciones per se, contribuyeran al fortalecimiento de la resistencia popular. La organización, orientación, concietización y el sumar con mentalidad ganadora rompiendo el cerco informativo, es opacada por un sectarismo, negativo y pedestre, que ante la sociedad en su conjunto le hace ver como simple apéndice radical y dogmático del PRD.

Carente de liderazgo real de alcance estatal -Dante Delgado perdió su oportunidad al aliarse con Jesús Ortega y el perredismo azul-, la izquierda lopezobradorista marcha dispersa, acorralada, sin más aliciente que la esperanza. El liderazgo a distancia de Andrés Manuel no es suficiente ni substituye organización y congruencia de un movimiento que se pierde en la anarquía, la improvisación y el aislamiento. Tomado de sorpresa por la declaración anticipada de López Obrador para ir desde ya a la búsqueda de una nueva oportunidad electoral en el 2012, así como por la indefinición de que partido habrá de postular al lider nacional, el movimiento en Veracruz, al garete, no sabe como hacer del entusiasmo, optimismo y convicción, herramental de inclusión, integración, organización y vinculación con sectores más amplios de la sociedad.

En este escenario, el tiempo apremia, siendo este el mejor aliado en el momento, como lo expresara Andrés Manuel. La izquierda lopezobradorista en Veracruz,  para avanzar, debería, a mi entender, capitalizar a su favor el contar con un Proyecto Alternativo de Nación que los adversarios electorales potenciales no tienen. Tomarlo como instrumento programático, organizativo, crear grupos de estudio y debate en torno a éste, discutirlo y difundirlo, construyendo desde abajo, con espíritu democrático e incluyente, la estructura electoral y el liderazgo con que hoy por hoy no se cuenta. No puede seguir a la zaga de los partidos de centro izquierda electoral, dejándose envolver por la corruptela cupular, falsas alianzas, y estrategias electoreras ajenas al sentir e intereses de sus bases.  La autonomía e independencia en la coyuntura, de aquí al 2012, son fortaleza y no debilidad y de ello creo debería tomar conciencia el movimiento social de resistencia si es que quiere aprovechar la ventaja del tiempo a su favor.

Para la izquierda lopezobradorista en la entidad,  la elección del 2010 debería quedar atrás. Hay que dejar que los interesados de la partidocracia en mantener vivo el proceso electoral inconcluso, diriman sus pleitos y diferencias en la calle o en el tribunal, desgastándose. Pues gane el que gane la gubernatura, para la mayoría de la población significa más de lo mismo; sería ocioso tomar partido a favor o en contra en un pleito que es ajeno cuando el tiempo se escurre entre los dedos. Lo que en adelante cuenta es trabajo, organización, construcción de liderazgos, nueva manera de hacer política e impulsar la democracia, así como la firme convicción de que buscar nuevamente  la presidencia de la República, es por el cambio y nuevos derroteros para México.

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J. Enrique Olivera Arce

Mientras prevalezca como denominador común en nuestra clase política el preocuparse y ocuparse de aquellos personajes que podrían contender en las próximas elecciones de gobernador, alcaldes y diputados locales,  y no el debate serio y el estudio acucioso sobre la imagen objetivo de lo que deseáramos para el Veracruz que heredaremos a nuestros hijos, es inútil hablar de crecimiento económico y desarrollo; el estancamiento y obvio retroceso, a ojos vistas seguirá siendo la constante de una sociedad que deposita fe y esperanza en una democracia representativa que legalmente está vigente pero que de facto le es ajena.

Por ello es de llamar la atención la propuesta que en días pasados Dante Delgado Rannauro pusiera a consideración de los veracruzanos, en tanto que toca el punto toral de todo proceso de crecimiento y desarrollo, como lo es la participación activa de los ciudadanos en la construcción de su propio futuro. En síntesis, el ex gobernador interino y hoy senador, propone el retornar al principio básico, sustento de la vida republicana, de un gobierno del pueblo para el pueblo como fórmula incluyente en la que sustentar generación de riqueza y equidad en su reparto social.

Coincidentemente, el buen amigo Emilio Cárdenas Escobosa pone a la consideración de sus lectores un magnífico artículo que bajo el título de “La Reforma Municipal”, propone la urgente necesidad de revalorizar el papel de los ayuntamientos y de revisar el esquema en el que operan los tres niveles de gobierno para reivindicar al municipio como la base de nuestra organización política. Sustentando su argumentación en la idea de que es necesario que se generen nuevos modelos de participación ciudadana ajenos a la lógica del autoritarismo, el populismo, el clientelismo electoral o la demagogia que han marcado las políticas en la materia.

Cárdenas Escobosa reivindica así, por su parte, la idea sustento medular de la democracia,  que no puede ser otra que el gobierno del pueblo por el pueblo mediante la participación activa de los ciudadanos en asuntos que le competen. Y que mejor que iniciar su práctica a partir de la célula básica de nuestra organización política, con una sociedad civil participativa y un  gobierno surgido de la comunidad que atienda de manera precisa a las necesidades reales y sentidas de los ciudadanos y de la región.

Dos propuestas provenientes de dos miembros de la clase política, por cierto adversarios políticos, que no son ajenas al sentir popular y que, por obvias razones son desatendidas o descalificadas por principio de cuentas, en tanto están llamadas a modificar el statu quo, la inmovilidad que aqueja a la sociedad veracruzana y a romper con el esquema de corrupción, impunidad y simulación que frena o distorsiona las tareas de impulso al crecimiento económico y desarrollo.

Tanto Dante Delgado como Cárdenas Escobosa no son ingenuos; saben que la principal limitante a lo que proponen es la voluntad política de la clase gobernante y poderes fácticos privados que se resisten a todo cambio que modifique el actual estado de cosas, por lo que hablan de procesos graduales en los que, para el senador, están condicionados a la previa participación electoral de la sociedad civil y a la elección afortunada de un gobernador sensible a los requerimientos de la ciudadanía, en tanto que, para Cárdenas Escobosa, estos deben iniciarse en el Congreso local previa definición por parte de la administración pública estatal impulsada desde el seno mismo de los municipios.

Dos visiones distintas en la forma pero coincidentes en sustancia y objetivos, que deberían ser del interés de los veracruzanos que, cansados ya del discurso banal, el exceso de propaganda mediática y la simulación, bien se guardan de involucrarse participando activamente en la vida política de la entidad, pese a que en esta se toman aquellas decisiones trascendentes que hoy por hoy perjudican más que beneficiar a las mayorías.

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