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Tag Archives: Democracia partidista

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con el respeto y admiración que me inspira Andrés Manuel López Obrador, me tomo la libertad de manifestar no estar de acuerdo con la postura electorera que asumiera el pasado sábado en su visita a Xalapa, capital de Veracruz.

A mi juicio, a más de no tocar la problemática de fondo que acusa Veracruz, en la que deuda pública y percepción de inseguridad no son todo, con ligereza se inserta en el proceso electoral adelantado que desembocará con la elección de gobernador en 2016, sumando a Morena a los dimes y diretes, especulación y chismorreo que, como distractor, mantiene ocupados y preocupados lo mismo a suspirantes de todos sabores y colores, que a la clase política en su conjunto y mayoría de medios de comunicación.

A mi entender el eje central de los problemas que aquejan a Veracruz es una economía estancada y con visos ya recurrentes de recesión. Su rescate va más allá de buenas intenciones y posturas electoreras.

Y si bien es cierto que en esta crítica realidad incide negativamente una administración pública ineficiente, corrupta, moral y financieramente quebrada, es mayor el peso específico de un aparato productivo obsoleto y reacio tanto al cambio como a la innovación tecnológica. Situación que exige propuestas concretas y viables y no discursos sobre lo que electoralmente ofrece un futuro incierto.

El ex candidato presidencial y líder moral de Morena no lo ve así, pensando en términos de votos y preparación de una plataforma de despegue para una nueva nominación como candidato presidencial en el 2018. De ahí que, sin mediar talante democrático, sin más y sin consulta previa a las bases del partido en la entidad, insinúe, por decir lo menos, la posibilidad de que Cuitláhuac García, actual diputado federal por el distrito de Xalapa urbano, sea el indicado para contender en la búsqueda de la gubernatura veracruzana de dos años en el 2016

Reconozco la valía del joven diputado y así lo he manifestado en mis maquinazos, empero no lo considero a la altura de lo que Veracruz requiere para sentar las bases de su rescate. Mucho menos si anticipadamente, como quedara asentado el pasado fin de semana, lo lanzan a un proceso de desgaste mediático sin contar con capacidad y experiencia suficiente como para alternar competitivamente con los aspirantes rojos y azules descalificados por Andrés Manuel, a priori y con desconocimiento de la realidad electoral de Veracruz.

En maquinazos anteriores he considerado que antes de proponer candidato para hacerse cargo de abanderar a Morena en la contienda por la sucesión en Veracruz, el nuevo partido político deberá hacer un análisis exhaustivo de por qué y bajo que condiciones Morena ganó la diputación federal en Xalapa y Coatzacoalcos; valorando no sólo el peso indiscutible de la figura y liderazgo de Andrés Manuel, también, entre otras cosas, el hecho objetivo de la participación ciudadana que sin militar o simpatizar con un partido en especial, optara por castigar al partido gobernante.

Sin este análisis exhaustivo, identificando y reconociendo fortalezas y debilidades en el marco de la política electoral veracruzana, la actitud asumida por el ex candidato presidencial lanzando al ruedo al novel diputado federal, suena más a voluntarismo sin conocimiento de causa en la cúpula de Morena, que resultado de una ponderación democrática sustentada en la consulta de la base del partido-movimiento. Esto, a mi juicio resta y divide, más que sumar y multiplicar en un proceso de crecimiento y consolidación de Morena como partido político tanto en Veracruz como en el resto del país. Lo cual me parece equívoco y contraproducente para las aspiraciones del propio López Obrador y, lo más grave, para las expectativas de cambio de las fuerzas progresistas.

Veracruz no es Xalapa urbano ni Cuitláhuac siendo estatalmente un desconocido, es Morena. El mosaico multiregional estatal es más complejo, lo mismo electoralmente que en la vida económica y social de los veracruzanos en su cotidianeidad, como para encasillar la realidad política de manera simplista en la percepción de inseguridad, indignación, frustración y hartazgo que anima a una sociedad lastimada y dolida que quiere respuestas y no voluntariedad discursiva.

La reciente elección de diputados federales lo dejó claro. El clima de violencia y corrupción impune, así como el descontento y hartazgo, no pesaron lo suficiente en el electorado como para derrotar a la maquinaria del partido gobernante y sus satélites, alzándose como triunfadores en la contienda aquellos más señalados por la opinión pública como saqueadores de la hacienda pública.

El hartazgo social por sí mismo no gana elecciones. Sin Liderazgo, unidad, y participación consecuente, el descontento se fragmenta y diluye en las urnas, favoreciendo a un adversario político que dictando las reglas del juego, es además el dueño de las canicas.

Honestamente considero que Andrés Manuel en el tema electoral veracruzano se equivoca. No puede anticipar vísperas asegurando el triunfo de Morena en el 2016 con Cuitláhuac García, sin valorar con humildad la fuerza electoral, real y supuesta del partido-movimiento en la entidad. La manera como los medios de comunicación interpretaron el mensaje, lo dice todo, colocando a la militancia del nuevo partido como sumisos acatadores del dedazo voluntarioso y cupular del “Mesías”.

Para bien de la oposición progresista en Veracruz, ojalá y rectifique.

Xalapa, Ver., septiembre 14 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Dentro de los tiempos previstos el Instituto Nacional Electoral otorgó el registro a Morena como partido político, con todos los derechos, prerrogativas y obligaciones contempladas en la ley.

Sin dejar de considerar que el nuevo partido de izquierda institucional se incorpora al juego electoral, aceptando participar bajo las reglas y condiciones impuestas por la partidocracia dominante, Andrés Manuel y su seguidores tendrán que demostrar con hechos medibles que Morena responde a las aspiraciones y necesidades reales y sentidas de millones de mexicanos que, a lo largo del tiempo, han dejado de creer y de confiar en un sistema de partidos caduco, corrupto y corruptor.

De una estrategia declarativa, señalando, denunciando y cuestionando al gobierno y a los partidos nacionales hasta hoy existentes, Morena pasa a ubicarse en su nueva realidad ya no como movimiento social sino como una institución más de la república. Lo cual implica oportunidades pero también renuncias, no pocas, a propósitos y objetivos de una izquierda auténtica que le apuesta al cambio y transformación de la sociedad.

El cómo concilie su status institucional con apego a las reglas de los dueños de las canicas con la lucha social, dependerá su trascendencia en la vida política de un México sumido en el desencanto y el hartazgo. Ese es su reto y el reto de millones que confiando en el nuevo partido le darán viabilidad y sustento en lo que esperamos sea una larga y fructífera existencia.

Para diferenciarse positivamente de lo que tanto ha señalado y cuestionado, el primer paso es demostrar que está por la democracia partidista, construyendo ésta desde abajo con pleno respeto a la participación y derechos de la militancia y, al estilo del zapatismo, mandar obedeciendo. Ni tribus, compadrazgos u oscuros intereses, democracia a secas hasta donde el cuerpo aguante bajo las reglas del juego que con su registro acepta Morena.

Sin democracia a su interior su vida institucional sería corta e intrascendente, renunciando de entrada a la autoridad moral y política que requiere para legitimarse como expresión auténtica de una izquierda nacional que busca nuevos derroteros e instrumentos para avanzar. Democratizar la vida del partido aspirando a coadyuvar en la democratización de la vida nacional, es a mi juicio el principal reto hoy por hoy a asumir por Morena en el corto plazo.

Si se afronta con dignidad, honestidad, responsabilidad e inteligencia este reto nada menor, Morena recuperará credibilidad y confianza en una izquierda hoy marginada, excluida y sin voz propia.

Las reglas del juego que hoy se aceptan son claras. El registro que se le otorga a Morena no es eterno, sujeto al rejuego electoral la suma de sufragios a obtener es la medida. Jugando contra reloj los tiempos se acortan. Si para la elección del 2018 Morena no demuestra de que está hecho, su vida estará agotada. Luego tiene que poner toda la carne en el asador para convencer de que es diferente, de que no es un instrumento electorero más, de que su lucha por el poder político es incluyente, legítima y que no se suma a la partidocracia en el secuestro de la representación popular y voluntad ciudadana. En sus manos está el llegar para quedarse, esperemos que así sea.

Hojas que se lleva el viento

Hasta donde es dado observar, el “reconocimiento” del Sr. Dr. Duarte de Ochoa de una realidad que siempre ha negado, para sus apologistas de siempre es buena señal. No obstante habría que percibir señales más sólidas que la simple verborrea de siempre y eso está en chino ya que por lo pronto el gobernante se aferra a la idea de que mentes perversas “satanizan” el endeudamiento mil millonario que tiene tomada del cuello a su administración, lo que de ninguna manera es buena señal de un cambio positivo para afrontar lo que viene en los tres años que le restan en su mandato. Obras son amores, para convencer tendría que transparentar el que, el cómo, el cuanto y en donde en la aplicación de los recursos provenientes del injustificable endeudamiento para que cese la “satanización”. En tanto esto no suceda su acto de constricción tendrá efecto bumerang por más planas, columnas y gacetillas pagadas.- Cd. Caucel, Yuc., 13/09/2014

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