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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“No exijáis de los hombres lo que no les habéis dado…”
Máximo Gorki

Efectivamente, la encuesta para decidir quién abanderará a la izquierda electoral como candidato a la presidencia de la República, es una trampa fraguada ex profeso para intentar eliminar de la contienda a López Obrador. Estando de acuerdo en ello con el ex diputado local veracruzano Uriel Flores Aguayo, vale agregar que es un atentado contra la pretendida e incipiente vida democrática de los partidos políticos que integran el bloque de las llamadas izquierdas, así como del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Cuando la más elemental lógica democrática indica que corresponde a la militancia el determinar quien le represente como candidato a la primera magistratura del país, la decisión se circunscribe a un arreglo protocolario cupular que, mediante una encuesta abierta y ajena a las bases, tomará como válida la opinión sin distingo partidista de 6 mil ciudadanos, en un país de más de cien millones de habitantes. Secuestrándose así, una vez más, la voluntad decisoria de varios millones de militantes partidistas de izquierda o de afiliados al Movimiento de Regeneración Nacional.

Tirándose por la borda el trabajo que a lo largo de siete años, llevara a Andrés Manuel López Obrador a recorrer varias veces la totalidad del territorio nacional. Largo e intenso peregrinar para convencer de la necesidad de cambio, trasmitiendo un mensaje de esperanza que despertara la toma de conciencia en amplias capas de la población sobre la posibilidad de un México diferente.

Ello conduce a preguntarse entonces: ¿Qué pasará si Andrés Manuel es derrotado en la encuesta de marras?

El político tabasqueño podrá optar por lo que le venga en gana, es su vida. Lo mismo podría continuar en la lucha que emprendiera que arrinconarse en la tranquilidad de su hogar a rumiar su fracaso. Es la voluntad de un hombre frente a la de millones que de él esperan otra cosa.

Luego, ¿y sus seguidores? ¿Quedarán conformes con haber quedado colgados de la brocha? ¿Sin más en su frustración votarán a favor de Marcelo Ebrard sintiéndose traicionados? ¿Otorgarán su voto a favor del PRI o del PAN a sabiendas de que estarían optando una vez más por el siempre lo mismo para seguir igual?

Difícil dar respuesta a tales interrogantes. La condición humana es impredecible.

 Aunque cabe la posibilidad de que una ciudadanía desencantada y frustrada optara por el voto en blanco, o nulo, a sabiendas, eso sí porque en ello no hay engaño, de que serviría de alfombra para que electoralmente el PRI o el PAN” consolidaran sus respectivos proyectos de gatopardismo y simulación. Posibilidad que dada la experiencia de elecciones anteriores, no puede echarse en saco roto, dando al voto en blanco, o a favor del adversario histórico, connotación de sufragio de castigo al sistema político nacional.

En un país medianamente democrático tal categoría es válida. El voto de castigo o la abstención electoral cuenta, y mucho, en la relación entre electores y candidatos, siendo determinante para legitimar o no una elección, así como para proceder a una segunda vuelta si el voto a favor de los contendientes no alcanzara en la primera ronda la mayoría absoluta del 50 por ciento más uno,  para así declarar un vencedor.

En México las cosas son diferentes. Basta la mayoría relativa para darle el triunfo a un candidato. Se gana por un voto, dicen los priístas, “haiga sido como haiga sido”, remacha Calderón Hinojosa. La opinión de quien se abstiene de sufragar o de quien lo hace votando en blanco nulificando su voto, no cuenta salvo para favorecer a quien tenga mayoría de votos válidos, no importando si éstos alcanzan o no para dar legitimidad democrática a la elección.

Sin embargo, considerando la situación de crisis en todos los órdenes que se vive en México, en esta ocasión considero que el voto en blanco tendría otra valoración. No se puede gobernar en las actuales circunstancias cuando más del 50 por ciento de los votantes niega su voto de confianza al presidente electo. Muchos son quienes coinciden en que la elección del 2012 será atípica luego en tal contexto el voto nulo masivo como castigo a un sistema político obsoleto y agotado, no escapa a tal previsión.

Cabe esperar entonces que los seguidores de AMLO, de no verse favorecido éste por la encuesta en marcha, a partir de la próxima semana se encuentren en la encrucijada: Siguen con López Obrador hasta donde el cuerpo aguante ó votan en julio próximo por Marcelo Ebrard renunciando a la lucha. Quedando la opción del voto en blanco, como respuesta a la traición cupular.

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