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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con todo el respeto que nos merecen las víctimas del lamentable incidente que tuviera lugar la semana pasada en la capital de la República, lo que sin duda debería ser motivo de preocupación es el hecho de que, fuera cual fuese el origen de la explosión en uno de los edificios sede de Pemex, la primera reacción ciudadana fue de una enfermiza combinación de especulación, rumor y ausencia de credibilidad en la información oficial, a la que se sumó la comercialización de la tragedia por la mayoría de los medios informativos.

Las diversas muestras de solidaridad para con las víctimas y sus familiares quedó en segundo plano, o bien se destacaron mediáticamente para arropar el bombardeo informativo sobre el penoso suceso. A la par que se explotaran políticamente para poner de relieve la premura y atingencia con la que los gobiernos federal y del D.F., se avocaran al control de daños. Reality Show que exacerbó especulación y desconfianza en las autoridades.

No es la intención de quien esto escribe el poner en duda la información vertida por las autoridades sobre el trágico suceso que ha enlutado hasta ahora a más de 35 hogares mexicanos; un tema en el que está en juego la seguridad nacional, merece ser tratado con seriedad por quienes si saben del paño. Lo que si quiero destacar es la percepción y amargo sabor de boca que deja en un pueblo harto de opacidad, violencia e inseguridad,  el que la información oficial se quede en medias verdades y medias mentiras. Daña más el rumor y la especulación que la verdad a secas.

Califico como enfermiza a la reacción ciudadana, no por el morbo desatado. Me refiero a la condición de una sociedad enferma en la que el deterioro del tejido social es tal que la falta de credibilidad en el gobierno, da lugar a la pérdida de perspectiva frente a hechos trascendentes que para bien o para mal, a todos nos competen.

De ello no cabe buscar culpables, pero sí profundizar en el análisis de las causas y actuar en consecuencia para atacar el virus que carcome la vida en sociedad. A grandes males granes remedios, corresponde al aparato del Estado restablecer credibilidad, y confianza en las instituciones, así como una autoridad moral y política basada en principios y valores éticos, transparencia e información veraz y oportuna a la población. Sin esto, la enfermedad cunde y profundiza, haciendo nugatorios los esfuerzos por sacar a México de su actual atolladero.

No puede fructificar un pacto político cupular sin que la sociedad en su conjunto lo haga suyo. Y ésta, por principio, duda, especula, deja correr el rumor, haciendo gala de una incredulidad frente al gobierno. Negándose a la oportunidad de participar concientemente en un esfuerzo común, en el que bien podría pesar en la toma de decisiones, inclinando acciones y tareas gubernamentales en beneficio de todos.

Construir credibilidad es construir ciudadanía, sin participación informada,  conciente y consecuente, no existe el ciudadano.

Así como tampoco hay lugar para la democracia que valga, frente a la constante del rumor, la especulación y la trivialización mediática, luego la responsabilidad debe ser compartida entre el aparato del Estado y la población. No es deseable conocer la enfermedad y no atajarle, la tarea es de todos si de sanar el tejido social se trata.

Lo que habría que preguntarse es si existe disposición para ello.

Hojas que se lleva el viento

“Para aquellos que andan diciendo que Veracruz está quebrado les respondemos no con discurso sino con hechos”, expresó el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa al dar el banderazo de inicio de lo que será la autopista Córdoba-Xalapa. Si los hechos y no el discurso triunfalista hablaran por sí mismos, el gobernante no tendría necesidad de referirse públicamente a sus detractores. Aclarando una vez más, que Veracruz no es el gobierno, si en el ámbito de la percepción popular es sabido que la deuda pública anda por el orden de más de 30 mil millones de pesos y se desconoce a cuanto ascienden los ingresos y egresos reales anuales del gobierno estatal y de los 212 Ayuntamientos -incluyendo participaciones federales y pago del servicio de la deuda-, discurso y  hechos relevantes dicen poco. Para hombres y mujeres de a pie, está quebrado aquel que gastando más de lo que gana empeña hasta la camisa. Cuestión de enfoques. Percepción es política..- Xalapa, Ver., febrero 6 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


En la elección interna del PRD en el D.F., Nueva Izquierda se impuso ampliamente a la corriente de “los chuchos”, sin embargo a mi juicio no es tiempo aún de echar las campanas al vuelo. Estructura y prerrogativas siguen bajo el control de Nueva Izquierda.


En las condiciones actuales de crisis profunda del sistema político mexicano, sin rumbo definido, sin liderazgo, sin objetivos concretos, sin claridad ideológica y compromiso programático para con el país, en el ramillete de partidos políticos legalmente constituidos la corrupción y el pragmatismo dominan por sobre todo intento de democratización. De ahí que los intentos fallidos de elección interna abierta del PRD, si bien constituyen un avance frente al autoritarismo e imposición del resto del espectro partidista, no escapan de las reglas del juego impuestas por el sistema en su conjunto. Cochinero tras cochinero es la constante y ello debería ser motivo de reflexión y lección  para la izquierda institucional mexicana.


Al margen del escándalo mediático auspiciado por la reacción, que insiste en maximizar cualquier desliz de la izquierda institucional, así como en dar por muerto políticamente a Andrés Manuel López Obrador, no puede pasarse por alto que es el mismo PRD el que da pie a la descalificación mediática y a la constante pérdida de credibilidad ante una opinión pública mayormente desinformada, pues es del dominio público que la diversidad de corrientes o tribus que,  al interior del PRD se disputan estructura, cargos de elección popular, cotos de poder y manejo personalista de las prerrogativas que les asigna el Estado, hace poco menos que imposible el que pueda tener lugar una elección interna abierta y democrática cuyos resultados sean por todos ampliamente aceptados.


A estas alturas el sol azteca debería entenderlo así, aceptando que una elección interna abierta, sin previo consenso de la militancia y prevalencia de cultura política democrática, a lo que se suma el nivel de polarización y confrontación existente, no puede jugar a la democracia sin salir lastimado. Las consecuencias están a la vista poniéndose en riesgo la propia existencia del PRD como expresión institucional de la izquierda.


A mi juicio, Izquierda Unida en la coyuntura electoral le apostó y apostó mal,  a recuperar desde dentro a una estructura partidista viciada, sujetándose a las reglas impuestas por Nueva Izquierda y corrientes afines, resultándole fallido el intento. Aún habiéndose impuesto en la definición de candidaturas a la diputación federal, gobierno de las delegaciones y asambleístas del Distrito Federal, la estructura nacional del partido  seguirá bajo el control de “los chuchos”. Debiéndose pagar, ahora, el altísimo costo político que representa la pérdida de credibilidad del instituto en su conjunto, ante una opinión pública que por principio y gracias a la campaña mediática, descalifica el nuevo descalabro. Sin parar mientes en que, con ello,  el PRD deja paso libre al bipartidismo de facto que buscan tanto el PAN como el PRI valiéndose del resultado de las elecciones en puerta.


Por otra parte, tal intento fallido multiplica la confusión en los simpatizantes de izquierda al interior de las entidades federativas. ¿Por qué partido votar? Es la interrogante generalizada. ¿Es válido sufragar a favor del PRD o hay que inclinarse a favor de la “Coalición Salvemos a México”?. A escasos meses de las elecciones considero que ni en el Distrito Federal se sabe a ciencia cierta.


Lo grave y en perjuicio del necesario avance democrático, la desinformación existente está dando lugar a que en amplios segmentos de la izquierda institucional y social, prospere la idea del abstencionismo o el voto en blanco (nulo), más que el voto de castigo en contra del PRI o del PAN. Izquierda Unida apostó mal en la coyuntura y estas son las consecuencias. Otra cosa sería si, oportunamente en tiempo y forma, la disidencia hubiera marcado distancia deslindándose del PRD y se hubiera sumado a los partidos que integran la Coalición Salvemos a  México”, como un paso transitorio con vías a integrar un nuevo partido, auténtico representante de la izquierda bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, con objetivos y estrategias de mediano y largo plazo.


La estrategia de coyuntura,  mal analizada y peor instrumentada, pone hoy a la izquierda institucional en franca indefensión frente a la reacción, arrastrando, de paso, a la izquierda social aglutinada en el Movimiento en Defensa del Petróleo y la Economía Popular, que no tendrá oportunidad de manifestarse en las urnas de manera consecuente. Tal error estratégico de Izquierda Unida, prolongará la agonía del sol azteca y la permanencia de los “chuchos” al frente de la estructura, a la par que alejará en el tiempo al movimiento social del logro de sus objetivos,  perdiéndose y diluyéndose en la protesta callejera. Espero no sin cierto pesimismo, estar equivocado en mis apreciaciones. En julio próximo  las urnas darán la respuesta.


Por lo pronto, mañana Domingo y con la presencia de la representación de todos los municipios del país, habrá de tener lugar un nuevo lleno completo en el Zócalo de la Ciudad de México con motivo de la Asamblea Nacional de Evaluación de las Acciones en Defensa de la Economía Popular, convocada por Andrés Manuel.


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