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Tag Archives: El campo mexicano

No lo dicen los gringos, lo gritan los campesinos: para ellos cuando menos el gobierno, si no es que todo el Estado, es claramente fallido.


Obregón estaría muy extrañado. Doscientos cuarenta cañonazos de mil millones de pesos cada uno no fueron suficientes para doblegar la resistencia campesina. Al contrario: a mayor presupuesto para el agro, mayor la indignación de los más cuando ven que los recursos sólo fluyen para unos cuantos. Indignación que se volvió a mostrar en la marcha del 30 de enero en el Distrito Federal, en el Puente Internacional de Ciudad Juárez y en varios estados de la República.


Ya no es un simple malestar recurrente lo que revelan las movilizaciones campesinas de enero. Ni la protesta cíclica de tiempos electorales, como lo tratan de descalificar algunos políticos gobiernistas. Lo que sucede es que la ingobernabilidad se está adueñando del campo mexicano.


La gobernabilidad puede entenderse como eficacia en la acción de gobierno; como la capacidad de respuesta de la misma a las demandas sociales, o como la estabilidad social generada por una combinación de las anteriores.


En el sector agroalimentario la ineficacia del gobierno federal es evidente: a pesar de que se gastan más de 200 mil millones de pesos en el sector, la balanza comercial del mismo alcanza un déficit histórico de 4 mil millones de dólares. Pese a que existen decenas de programas, nuestra dependencia alimentaria del extranjero llega ya a 35 por ciento. Y la miseria y desigualdad rurales se siguen burlando de presupuestos astronómicos y programas tecnocráticos.


En cuanto a la gobernabilidad como legitimidad ganada con base en la respuesta adecuada a las demandas sociales, basten los siguientes ejemplos:


Los productores de leche, que han intensificado sus protestas, se declaran al borde de la quiebra. Denuncian la competencia desleal de las importaciones de leche de Estados Unidos a precio dumping. En la zona más productiva de Chihuahua, producir un litro cuesta arriba de cinco pesos, mientras que importar la leche en polvo y rehidratarla aquí cuesta sólo tres pesos con cinco centavos. Por esto, sólo de enero de 2008 a enero de 2009 las importaciones del lácteo aumentaron 23 por ciento. Muchos perdedores de ambos lados de la frontera. El puñado de ganadores: los grandes consorcios lecheros y las megacooperativas estadunidenses.


Los porcicultores nacionales también están a punto de colapsar. Por más cabildeo, por más exhortos del Congreso de la Unión -seis para ser precisos- que han emprendido ante ante la Secretaría de Economía, no han podido evitar la importación de puerco del extranjero. Tan sólo el año pasado las importaciones crecieron 50 por ciento.


Los productores de maíz de Sinaloa y Chihuahua altamente productivos y tecnificados expanden su producción, pero enfrentan la incompetencia de funcionarios de Sagarpa y Aserca, y la codicia de los engordadores y monstruos lecheros. En un primer caso, la liquidación anticipada de coberturas por parte de las grandes compradoras los ha puesto en riesgo de perder mil 300 millones de pesos. Por su parte, los maiceros chihuahuenses se enfrentan a que los grandes compradores pretenden incumplir el contrato signado por ellos y liquidarles el dólar a sólo 12.30 pesos porque los negocios no les resultaron como calculaban. Si se salen con la suya, los agricultores habrán perdido 500 millones de pesos. Estamos hablando no de campesinos estrictamente, sino de productores medianos y ya no tan medianos. Los próximos damnificados de la política agropecuaria. Y los eternos beneficiados, los grandes consorcios como Leche Lala que liquidaron sus coberturas pensando que iban a hacer el negocio de la vida, pero al seguir a la baja el precio del maíz, pretenden ahora que el gobierno y los productores les financien sus pérdidas: un fobaproíta maicero, el fobamáiz.


Los algodoneros también se indignan: hasta el año pasado les pagaron a 16 mil pesos la tonelada de buena fibra. Pero la invasión de fibra de mala calidad procedente de Estados Unidos les ha derrumbado el precio hasta 12 mil 600 pesos. Tan sólo en Chihuahua esto puede impactar en que se dejen de sembrar 70 mil hectáreas y se pierdan más de 2 millones de jornales. Aquí no sería un paro técnico como en la industria, sería un paro total.


Porque el gobierno ni ha sido eficaz para producir alimentos ni empleos ni responde a las demandas de las mayorías y sólo acciona para los oligopolios, la tercera vertiente de la gobernabilidad tampoco se da en el campo: la estabilidad. Y no hablamos sólo de las variopintas movilizaciones rurales. Hablamos también de los espacios rurales que el Estado abandona para dejarlos a merced de la delincuencia organizada, del despoblamiento de comunidades, de la quiebra de sistemas-producto completos.


No lo dicen los gringos, lo gritan los campesinos: para ellos cuando menos el gobierno, si no es que todo el Estado, es claramente fallido.

La Jornada 06/02/09

Con otro de estos “mayores presupuestos de la historia” para el campo mexicano éste acabará de arruinarse. Porque a pesar de las celebraciones de algunos y la propaganda federal de que se aumentaron 31 mil millones a lo originalmente propuesto por el Ejecutivo, la agricultura productora de alimentos básicos, la que genera más empleos, la que involucra a 25 millones de mexicanos, es de nuevo relegada en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2009.


El rompimiento del cuasimonopolio priísta de muchos años en la Cámara de Diputados ha cambiado sustancialmente la forma de procesar el Presupuesto de Egresos de la Federación. Lo que antes era aceptar con leves modificaciones la propuesta del Presidente, ahora se ha convertido en un apasionante juego de fuerzas, construcción de pactos, de equilibrios, compromisos.


Ya no existe la sumisión al Ejecutivo, pero han aparecido otros vicios: el clientelismo de algunos legisladores que tienen más fuerza; la puja de los gobernadores y sus diputados para jalar más recursos para sus entidades; el cabildeo de diversos grupos sociales o grupos de interés. Esto hace que el presupuesto que emerge de todo el proceso muchas veces carezca de visión estratégica, tienda a favorecer posturas electoreras, exprese compromisos cupulares y olvide los propósitos de desarrollo del país a largo plazo.


El presupuesto para el campo, el PEC (programa especial concurrente) para 2009 podrá ser más cuantioso desde algún punto de vista, pero de él están ausentes una visión y una estrategia para que nuestra agricultura se consolide como palanca de desarrollo, fuente de empleos dignos y pilar de la soberanía nacional.


Los mismos vicios del presupuesto de 2009 aparecen ahora: concentración de recursos en los agroexportadores y grandes productores de algunas regiones, sobre todo del norte del país. Se reduce lo asignado al rubro “desarrollo rural”, donde pudieran ubicarse los programas para apoyar el desarrollo productivo de agricultores campesinos e indígenas, de 4 mil 300 millones de pesos en 2008, a sólo 2 mil 600 en 2009. En cambio, hay un aumento sustancial de los recursos para programas asistenciales en el campo, como el de adultos mayores o el de pobreza rural: los campesinos pobres se siguen considerando, no como productores, sino como destinatarios de despensas y engrosadores de mítines y de urnas.


Tampoco hay una orientación clara, con suficiente volumen de recursos frescos para la producción de alimentos básicos y la sustitución de importaciones de los mismos. Al gobierno federal le vuelve a importar un bledo la dependencia alimentaria. Por otro lado, se vuelve a caer en el error de dotar de grandes recursos a los programas que más alto subejercicio presentan en 2008, como el de infraestructura rural, premiado con 10 mil millones de pesos, a pesar de que se ha subejercido este año en 50 por ciento. Se priva de recursos a los estados, por ejemplo, este año el programa de Adquisición de Activos Productivos se federalizó en ciento por ciento, pero para 2009 sólo se ejercerá por las entidades federativas 80 por ciento del mismo y el 20 por ciento restante, 2 mil 600 millones de pesos, quedará sujeto a la decisión discrecional del secretario de Agricultura.


Y todavía faltan las reglas de operación. Al momento de redactarlas, la SHCP se vengará de los aumentos que le hizo la Cámara de Diputados y pondrá tales candados que hará casi imposible acceder a algunos programas y volverá a provocar sub ejercicios.


Es de entenderse que un gobierno federal que no se compromete con la agricultura campesina proceda de esta manera. Es de entenderse que siga desde el presupuesto promoviendo la dependencia alimentaria cuando Felipe Calderón acaba de regañar a Barack Obama por pretender revisar el TLCAN, que requiere una renegociación urgente al menos en el aspecto de granos básicos.

Lo que no es de entenderse es que las organizaciones campesinas hayan cometido el mismo error de otros años. Ahora se unieron de manera sorprendente para realizar la gigantesca marcha del 31 de enero y exigir la renegociación del TLCAN en materia agropecuaria. Flor de pocos días, porque la unidad se rompió y al momento de pujar por el presupuesto para el campo predominaron los intereses de bloques o de corporaciones. Salvo excepciones, cada quien luchó por los recursos para su organización, para su estado o su partido.


Se volvió a desperdiciar la ocasión para construir una fuerza nacional que exija un presupuesto rural con visión de Estado. Un presupuesto multianual que comprometa los recursos necesarios para potenciar la producción campesina, de alimentos baratos para los consumidores mexicanos y genere condiciones de vida digna para los productores a la vez que elimine nuestra creciente dependencia alimentaria.


Ni las organizaciones campesinas, ni los legisladores ni los partidos, estuvimos a la altura de lo que el campo mexicano se merece.


La Jornada. 28/11/08

La Jornada. Matilde Pérez U.

Por el incremento de 65 por ciento en el costo de los fertilizantes, 43 en combustibles y 30 por ciento en semillas –entre abril del año pasado y de 2008–, reducción de los créditos y cambios en las reglas de operación que prácticamente paralizaron el acceso de los campesinos a los recursos de los programas productivos, un millón 100 mil hectáreas de maíz se dejaron de sembrar, según datos de la Asociación Mexicana de Secretarios de Desarrollo Agropecuario (AMSDA).

“De seguir en un escenario inercial, es decir, sin aplicar los principios establecidos en la Constitución y en sus leyes derivadas, como la Ley de Desarrollo Rural Sustentable, la dependencia de las importaciones agroalimentarias será cada vez mayor, además de que en lo interno, el gran riesgo está en el desabasto y en un gran descontento de amplios sectores sociales de la sociedad mexicana”, sostuvo Octavio Jurado Juárez, coordinador técnico de AMSDA.

Las importaciones de maíz, arroz, soya y sorgo provienen en casi su totalidad de Estados Unidos; en 2005, se compraron en el exterior 47.6 millones de toneladas de granos y oleaginosas frente a una producción interna de casi 30 millones; para 2010 se estima que las importaciones ascenderán a 51.4 millones de toneladas y la producción interna será de 30.5 millones de toneladas, la cual en los próximos dos lustros se incrementará en medio millón de toneladas, en tanto el volumen de las compras externas se elevará en casi 4 millones de toneladas.

“Por la escasez de granos en el mundo, México se acerca peligrosamente a padecer hambruna, pues ha perdido su autonomía e independencia alimentarias”, dijo el presidente de la Comisión de Desarrollo Rural de la Cámara de Senadores, Heladio Ramírez López.

Apunte para: Newsver

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La situación que vive actualmente el campo mexicano frente a la crisis mundial alimentaria, me recuerda una kilométrica reunión de trabajo del ex presidente Luís Echeverría, con la Unión de Ejidos Colectivos “Lázaro Cárdenas del Río”, del Plan Chontalpa en Tabasco.

Convocados los delegados de los 22 ejidos colectivos de los municipios de Cárdenas y Huimanguillo, para discutir problemática y rumbo a seguir en materia de producción de carne, leche, plátano, caña de azúcar, arroz, cacao, coco, y aprovechamiento forestal; así como de la operación de la central de maquinaria, aserradero, beneficios de arroz y cacao, tiendas ejidales y transporte de carga y de pasaje suburbano, responsabilidad de la Unión de Ejidos; infraestructura hidráulica, caminos de acceso, investigación y extensión agrícola, vivienda y centros educativos, a cargo de la Comisión del Grijalva; el ejercicio de las líneas de crédito refaccionario y de avío, a cargo del fideicomiso responsable del plan integral de desarrollo, y el funcionamiento de las clínicas del IMSS, en presencia de Echeverría uno a uno se fueron desahogando los temas agendados.

Destacando el hecho de que agricultores, técnicos, y funcionarios públicos, responsablemente se avocaran a tratar los temas en cuestión, sin que en ningún momento la reunión con el presidente de México tomara tinte político alguno.

Fue hasta el final de los trabajos y tras escuchar el mensaje presidencial, que Juan Córdoba Candelero, presidente del comisariado de la Unión, a nombre de las 22 asambleas generales de los ejidos colectivos, le expresó a Luís Echeverría lo siguiente: “Sr. Presidente, los cinco mil campesinos y sus familias, aquí representados, confiamos en el gobierno que usted dignamente preside; aceptamos de buen grado el programa de colectivización ejidal y nos hemos organizado para llevarlo adelante, bajo la condición de que en el Plan Chontalpa los campesinos deberemos decidir democráticamente en asamblea, que, donde y cuando sembrar, auxiliados, eso sí, por el personal técnico de la Comisión del Grijalva, el Fideicomiso, nuestros asesores de Reforma Agraria y Delegación de la campesina, pero no sometidos a estos. No aceptamos la demagogia como respuesta a nuestros problemas, y con toda honestidad le manifestamos que nos hemos trepado al tren de su gobierno, de la CNC y del PRI, porque este nos lleva a donde queremos llegar, pero una vez que este tome un camino que no nos convenga, en ese mismo momento nos bajamos y esperamos otro que nos acerque a nuestro destino…”.

Las palabras de Juan Córdoba Candelero calaron en el presidente Echeverría. Hasta el final de su mandato el tren transitó por la vía esperada por los ejidatarios del Plan Chontalpa. Bajo la conducción del Comisariado de la Unión de Ejidos, el ambicioso proyecto del trópico húmedo llegó a ser ejemplo de organización social de y para la producción en México y América Latina. Un buen número de técnicos e hijos de ejidatarios, se capacitaron en Yugoslavia, Israel y Cuba; la Universidad de Chapingo abrió el Centro de Posgraduados en terrenos del Plan. El modelo de colectivización ejidal, planeación integral de desarrollo micro regional, y de organización en Uniones de ejidos y Asociaciones rurales de interés colectivo, a partir de la experiencia tabasqueña, se hizo extensivo a buena parte del territorio Nacional.

El tren se detuvo con el arribo de José López Portillo a la presidencia, y definitivamente cambió de rumbo con Miguel De la Madrid y Carlos Salinas de Gortari. Abandonado a su suerte, cancelado el crédito y la asistencia técnica, infiltrado por políticos priístas y ahogado en demagogia electoral, el Plan Chontalpa dejó de ser lo que era.

Actualmente difícilmente los 22 ejidos colectivos, en vía de privatización y sometidos a la reproducción del sistema económico dominante, se pueden diferenciar de otros ejidos del país. La producción y productividad cedieron el paso al asistencialismo oficial de subsistencia y la política electoral substituyó a la organización social colectiva; se abandonó la infraestructura hidráulica, y cinco mil familias, a pie de vía, esperan en vano un nuevo ferrocarril que les conduzca a un mejor destino.

Si esto pasó con “el niño mimado del régimen”, que podemos esperar frente a la crisis alimentaria que amenaza a México, de la mayoría de los campesinos que en este país nunca tuvieran igual fortuna y que hoy sobreviven atenidos a una caridad oficial, que se vale de programas asistencialistas para intercambiar esperanzas por votos.

Y todavía, algunos políticos se adornan, hablando de apoyo al campo y blindaje alimentario, para latir con fuerza y “vivir mejor”.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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