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Tag Archives: el petróleo y la soberanía

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En tanto que El Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) llevó hoy a la Cámara de Diputados su lucha para revertir la liquidación de la eléctrica pública Luz y Fuerza del Centro (LyFC), decretada el sábado por el Gobierno, buscando el apoyo de los legisladores para promover un recurso de inconstitucionalidad, Andrés Manuel López Obrador manifestó su rechazo total a la extinción de la empresa Luz y Fuerza del Centro (LFC), al encabezar un mitin en las inmediaciones de San Lázaro.

Acompañado de Martín Esparza, y ante miles de integrantes y simpatizantes del Sindicato Mexicano Electricista (SME), López Obrador exhortó  a los legisladores del Frente Amplio Progresista (FAP) para que integren una Comisión Investigadora que “vaya al fondo del asunto”.

También exhortó a los manifestantes a no caer en la violencia y llamó a los integrantes del movimiento que encabeza a que se expresen en favor de los trabajadores del SME, y que se sumen y apoyen las acciones de Esparza.

Pidió a sus seguidores que “bajo la condición de los trabajadores del SME apoyemos las acciones de resistencia, sin protagonismos, incluso sin mi presencia; y que el próximo jueves se integren a la marcha que irá del Ángel de la Independencia al Zócalo”.

También les propuso formar una comisión de enlace del movimiento en defensa de la soberanía popular que encabeza con la dirigencia del SME y participar en una campaña a fin de obtener víveres para sus trabajadores.

En la sesión inaugural de la 61 Legislatura, el diputado del PT Porfirio Muñoz Ledo demandó la dimisión formal del presidente Felipe Calderón y, como establece la Constitución, formar un gobierno de mayoría, con capacidad suficiente de convocatoria.

Porfirio Muñoz Ledo

Porfirio Muñoz Ledo

Ello permitirá sortear la catástrofe, enderezar el rumbo y garantizar, mediante elecciones libres y pacíficas, la devolución del poder a su legítimo titular: el pueblo de México, afirmó.


Al fijar la postura del PT, resaltó que se debe cancelar la esquizofrenia política, ya que el Estado carece de poder, el Ejecutivo de liderazgo, el Congreso de competencias y el ciudadano de representación eficaz. Vivimos un parlamentarismo de hecho que no acabamos de plantear en la ley. Para reparar los entuertos, comencemos por la dimisión formal de quien ostenta la investidura presidencial, insistió.


Muñoz Ledo recalcó asimismo que ello permitirá conjurar la explosión social y abrir un tiempo nuevo en la historia, por el entierro de la simulación y el rescate del orgullo, la identidad y la grandeza nacionales.


En otra parte de su discurso ante el pleno advirtió que el grupo parlamentario del PT responde al mandato de un vasto movimiento social, al que no defraudará, y en ese sentido adelantó una propuesta alternativa en materia financiera y presupuestal, ya que la caída de la economía es vertiginosa e irrefrenable.


No se trata, advirtió, de un agujero fiscal, sino de un hoyo negro en la producción y la moral pública. Insistió en que el reto es la clausura del ciclo neoliberal y la instauración de un nuevo modelo de desarrollo.


Añadió que el dinero hay que tomarlo de donde abunda, no arrebatarlo a los desposeídos y negarlo a los braceros, sino a las grandes empresas que eluden los impuestos, a la banca nacionalizada, a la alta burocracia que ofende a la sociedad y a los fondos ociosos de las arcas públicas.


Muñoz Ledo demandó a los legisladores empezar por su propia casa: reduzcamos sus concupiscencias y votemos con transparencia nuestras prerrogativas.


Para el PT, recalcó, la reforma hacendaria debe ser integral, vía el reparto equitativo de fuentes tributarias entre los componentes de la Federación.


Detalló que el salvamento económico comprende la reordenación del sistema bancario y financiero, la reinversión de la infraestructura, el impulso a la agricultura y la industria, el combate a los monopolios y la defensa de los hidrocarburos y recursos primarios.


Demandó: perdamos el miedo al lobo feroz; establezcamos en la Constitución una entidad autónoma que democratice las concesiones de radio y televisión y regule sus contenidos conforme a los valores e intereses del país.


En su discurso, aludió asimismo al naufragio del orden jurídico, y sostuvo que Acteal somos todos, y los niños calcinados son nuestros, y que el gobierno reproduce la delincuencia para compensar vacios de legitimidad y se empeña en una guerra perdida, corrompe la función del Ejército y condona los delitos cometidos desde las altas esferas del poder.


La Jornada/ Víctor Ballinas y Andrea Becerril.  02/09/09

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin apostarle al ganador,  yo si voté. Atendiendo a mi conciencia, sentido de ciudadanía, y a mis arraigadas convicciones sufrague a favor de la candidata de la Coalición “Salvemos a México” por el Distrito de Xalapa urbano, Gloria Sánchez Hernández.

No porque la aún militante perredista fuera la opción menos peor. Me consta y lo reconozco por tanto, que la candidata común  por Convergencia y PT, siempre se mantuvo a la cabeza del movimiento nacional en defensa de la economía popular, el petróleo y la soberanía en Veracruz, dando la cara abiertamente a favor de Andrés Manuel López Obrador. Cosa nada fácil en una entidad federativa en la que el solo disentir de las políticas públicas de la fidelidad hecha gobierno, da lugar “al repudio de todos los veracruzanos”.

Siendo pues, a decir del diputado Héctor Yunes Landa, uno de los tantos que “escupe para arriba”, no puedo sino reconocer el valor moral y congruencia política de Gloria que, a costa de ser vilipendiada por las tribus chuchistas del PRD y la porra priísta,  a contracorriente tomara las banderas de la Coalición de Convergencia y el PT en la búsqueda del voto popular, como una más de los millones de seguidores de Andrés Manuel que aún confiamos en la opción electoral como instrumento pacífico de transformación y cambio de la vida política del país.

Me hubiera resultado cómodo, conveniente y políticamente correcto votar a favor del partido que detenta el poder en Veracruz. No importando sus clásicas marrullerías, simulación democrática y coacción del voto, así como ausencia de propuestas viables que contribuyan a sacar el buey de la barranca en un país que se hunde al impulso de la ultraderecha panista. Lo importante hubiera sido saberme partícipe de la intencionalidad de Fidel Herrera Beltrán por lograr tanto el imponer a su delfín en la gubernatura de Veracruz  en el 2010 como el alcanzar la candidatura priísta a la presidencia de la República.

Pude haber votado por Ricardo Ahued. Me confieso ser incapaz de cuestionar calidad moral y autoridad política del exitoso empresario, para mi xalapeño distinguido, de quien considero se desempeñó con honestidad y buen juicio en la alcaldía de nuestra ciudad capital, teniendo madera para ser un buen legislador. Sin embargo, libre de ataduras partidistas o prebendas oficialistas, opté por contribuir, cuando menos con el intento de aportar un granito de arena, a frenar las intenciones del PRI y del PAN a instaurar en México un indeseable y nefasto bipartidismo.

Igual de cómodo me hubiera resultado sufragar a favor del PAN, que no se diferencia del PRI en la búsqueda de objetivos que tienen que ver con la entrega de los recursos energéticos estratégicos de México a los consorcios extranjeros, como ya se da con la presencia en suelo veracruzano de Halliburton.  Quienes por conveniencia e interés coyuntural,  o porque así se los dictó su posición social  o ideología, conservadora y derechista, hubieren optado por el voto azul, que con su pan se lo coman.

Aunque justo es mencionarlo y a sabiendas de que entre nuestra clase política existen  intereses y no compromiso ideológico, igual seguramente favorecieran al PAN algunos priístas vergonzantes que, al amparo del anonimato de la secrecía del voto, consideraran no está de más apostarle a que en un descuido del PRI,  con el apoyo de Calderón Hinojosa, pudiera llegar a gobernarnos un sátrapa neo panista como Miguel Ángel Yunes Linares.

Estoy en paz con mi conciencia, vote porque así me lo demanda mi carácter de ciudadano, a favor de mis convicciones en un proceso plagado de irregularidades en el que el voto ciudadano no cuenta. Sufragué  como muchos veracruzanos por  la lucha social pacífica y democrática,  porque en esta confío como única vía de transformación y cambio de un país que no soporta más simulación, gatopardismo, corrupción e impunidad.

Por cierto, tras las carnestolendas electorales no me invade la resaca del arrepentimiento por mi decisión personal, ni siento haber escupido para arriba.

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