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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuando más requiere México de serenidad, buen juicio y visión de futuro en su clase política, esta se desliza vertiginosamente en el tobogán de la descomposición y el descrédito, como se puede observar al través de la ventana jarocha.

No bastan pactos, acuerdos y hasta comisiones especiales y observadores de alto nivel para frenar la pugna antidemocrática que, deviniendo en cochinero electoral, tiene de cabeza a Veracruz.

Sólo hay un responsable: quien por comisión u omisión ha perdido el control político en la entidad que dice gobernar. No hay de otra, así debemos aceptarlo y exigir pague lo justo quien diera al traste con la cristalería.

Ya señalábamos en otra ocasión que el actual proceso electoral que desembocará en la elección de diputados locales y alcaldes, nació enfermo. Para la mayoría de los veracruzanos el diablo lo besó.

Y la enfermedad parece ser terminal. El cáncer que corroe a la vida política de Veracruz, no tiene cura, si a su vez lo ubicamos en los terrenos de la descomposición  y crisis de un sistema de partidos políticos que ha perdido credibilidad, vergüenza y vigencia en México, como ya también lo comentara en pasados maquinazos.

Primero fue el PRD el que en Veracruz colgara los tenis. Fallecido y sepultado, su alma en pena sigue dando de que hablar. A continuación el PAN, fragmentado, sin rumbo cierto y ajeno a su raíz ideológica y programática, a jalones y estirones se niega a reconocer su calidad de cadáver insepulto.

¿Y el PRI? En espera de su turno en la debacle partidista. Su estructura y operatividad en la entidad se sostienen con ganchitos. La corrupción y simulación a su interior brotan cual nauseabundas póstulas en los 212 municipios puestos en subasta. Si algo le sostenía era el libre juego electoral haciéndole la contra a una tibia oposición. Sin esta, queda ausente la motivación del renuevo y se fortalece la tentación autoritaria de comerse a solas todo el pastel. El cinismo desbordado terminará más pronto que tarde por devorarle.

Sin dirigencia legítima, ahora aherrojada literalmente por un clientelismo obrero insurrecto, y con un primer priísta sin autoridad y control político en su estado, el PRI, o lo que queda de este, no deja de ser ya un vacío cascarón al que la gente rechaza. Lo único que le da respiro es su relación con el primer priísta de la nación y eso, está en duda.

La morralla no cuenta. O los partidos menores, estatales o con registro nacional, son cómplices, simple comparsa de sus hermanos mayores ó por su tamaño y ausencia de conexión con las mayorías, juegan porque tienen que jugar. Los dineros públicos con que se sostienen, no son nada desdeñables como para rechazarlos tirando el arpa a mitad de la contienda.

En este escenario de descomposición la ciudadanía ya dice ¡Basta!

No es nada circunstancial que esté prosperando entre los votantes la idea de los candidatos independientes o sin registro. Aún a sabiendas de que no se tiene posibilidad alguna de que prospere tal propuesta, todo, antes que sufragar por un candidato o partido que no representa a nadie, salvo a los intereses espurios personales o de grupo de una tan corrupta como desacreditada clase política.

Dañada la nave en su línea de flotación por intereses locales en Veracruz, la federación acusó el golpe que amenazara con llevar la lumbre a los aparejos del llamado pacto por México. Se negoció un “Adéndum” cupular, como cupular es el propio pacto, para preservar el clima de civilidad, equidad y competencia en los procesos electorales que en 14 entidades federativas tienen lugar en el presente año. Palabras, papeles y firmas que se lleva el viento, el esfuerzo federal es en vano, como nulo es el interés jarocho en el rescate de un proceso electoral que ha nacido muerto.

La única salida sería el ciudadanizar vigilancia, seguimiento y control de la elección por parte de los principales interesados, los votantes. No entra en los planes de la partidocracia tamaño despropósito. Las reglas del juego, la cancha, el balón y los tiempos tienen dueño, el poder no se comparte y menos con la indiada.

Y aún así, hay que votar, ejerciendo y defendiendo un derecho que aún conservamos. Así que no queda de otra y hasta que el cuerpo aguante. No para hacerle el juego a partidos y candidatos, no se lo merecen, pero sí para hacer valer dignidad y voluntad ciudadana.

 Votemos por “Cantinflas”, si ello nos place, pero con pleno conocimiento de causa de por qué y para qué, confiando en que nada es eterno, ya llegarán los tiempos del desquite.

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J. Enrique Olivera Arce

Eduardo de la Torre Jaramillo en su artículo semanal propone “salir de la emergencia electoral en Veracruz”. Buen intento aunque incompleto, ya que para una mayor comprensión de lo que propone, tendría que establecer con toda claridad cual es la emergencia a la que se refiere, su origen y naturaleza y quienes son los actores protagónicos de la anormalidad democrática a que se refiere, entre los que por cierto, no son los electores. No obstante,  cifra esperanzas en el llamado pacto por México y en un marco jurídico al cual deberían de sujetarse los partidos políticos en el futuro, así como en un proceso discriminatorio de eliminación de la militancia partidista a los beneficiarios de los programas sociales  de combate a la pobreza.

Independientemente de la valoración de su cuestionable argumentación, queda claro que nos remite a la descomposición del régimen político prevaleciente  y a un sistema de partidos políticos que, en los maquinazos de quien esto escribe, se juzgan obsoletos, inoperantes y rebasados por una realidad social cuya dinámica va por delante de una clase política parasitaria y sin compromiso real con los destinos de la Nación.

Ya señalábamos en artículo anterior que la crisis del régimen y del sistema de partidos ha tocado fondo, manifestándose con mayor crudeza en Veracruz -por ahora el eslabón más débil del sistema-, una entidad federativa en la que la democracia representativa es mera ilusión. Lo que se constata al observarse que los partidos con registro nacional, están sometidos a las ocurrencias antidemocráticas de un gobernador que, en su inconciencia y desapego a la realidad, se ha propuesto imponer electoralmente un pensamiento único, el suyo.

Lamentable, pero así es. Para el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa la oposición electoral no tiene razón de existir en una entidad federativa en la que sólo hay lugar para el PRI, su PRI con todas las deformaciones políticas y sociales que ello implica. Aplicándose a fondo lo mismo para evitar una alianza entre el PAN y el PRD que para cooptar dirigencias y militancia opositora ó desatar toda una campaña de guerra sucia en contra del más conspicuo de sus opositores, el neopanista y controvertido ex candidato a la gubernatura de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares.

“Tengo la conciencia tranquila”, ha expresado públicamente el gobernador, en referencia al presunto desvío de recursos públicos destinados al combate a la pobreza, denunciado en los medios y ante la PGR por la dirigencia nacional panista. Expresión que no venía al caso si ya se tenía previsto el cese del Sr. secretario de finanzas, pero que vale la pena retomar puesto que no se puede tener la conciencia tranquila, salvo por inconciencia, cuando por comisión u omisión el gobernador es responsable de la conducción político electoral en el estado.

Es del dominio público que en Veracruz la atención al hambre y la pobreza pasa transversalmente por una comprobada intencionalidad electoral a favor del priísmo veracruzano. Negarlo es pretender tapar el sol con un dedo. Como también lo es el atribuir al PAN los mismos vicios de que se acusa al PRI en referencia a la campaña electoral del 2012, cuando precisamente el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en su carácter de primera autoridad en el estado, lo permitió para no bronquearse con el presidente Felipe Calderón.

Es difícil aceptar que existe la más mínima posibilidad de salir de lo que Eduardo,  siendo juez y parte califica como “emergencia electoral en Veracruz”. El mal está hecho; el desbarajuste es completo, el marco legal de sujeción de los partidos políticos a que se refiere, está en veremos y el proceso electoral que desembocará en los comicios del 7 de julio próximo es, por donde se le vea, un auténtico cochinero y así serán los resultados.

La única salida, a mi juicio, no de una emergencia electoral coyuntural sino de la descomposición persistente de la vida política y social en la entidad, es la participación y movilización de una ciudadanía que, asqueada de la política jarocha, de los partidos políticos y actores protagónicos, imprima por su cuenta un nuevo rumbo a los procesos electorales, reencausando el quehacer político desde la base misma de la sociedad rechazando lo mismo corrupción que guerra sucia y candidatos espurios para recuperar dignidad perdida. Empezando por exigir que el gobernador se conecte con la nueva realidad del país y de Veracruz, siendo imparcial en la contienda, sacando las manos  del manejo mediático de las bacinicas. El voto de castigo es una opción, la otra, nada aconsejable, es evadir la responsabilidad que a cada quien toca inclinándose por la abstención.- La ciudadanía tiene la palabra.- Cd. Caucel, Yuc., mayo 5 de 2013

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J. Enrique Olivera Arce

Diseñadas, propuestas y aprobadas por la cúpula de la clase política, ahora compartiendo complicidades en el llamado “Pacto por México”, las presuntas reformas estructurales encaminadas a sacar al país de su actual atolladero, carecen de sustentabilidad democrática y, por ende de legitimidad y consenso entre la contraparte, la sociedad civil.

Por ahora las ya aprobadas en el seno de la partidocracia expresada en el Congreso de la Unión y Congresos locales, está visto que son rechazadas implícita o explícitamente por aquellos sectores de la población más informados y participativos, empezando por quienes se sienten afectados.

Sin consulta previa y sin más sustento que la decisión presidencial de llevarlas adelante, tanto la reforma laboral, la educativa y en proceso la de telecomunicaciones, por decir lo menos en medio de la polémica son en principio cuestionadas. Los legisladores subordinados al Poder Ejecutivo en una democracia sin división de poderes real, se tomaron la libertad de hablar y decidir de espaldas a sus representados.

Por el bien de la Nación, pretexto explícito de las reformas peñanietistas, no se acepta marcha atrás, como ya quedó claro en el discurso oficial, autoritario y vertical del presidente Peña. Sin embargo, la ley no es sinónimo de justicia para un gobierno obligado a gobernar para todos salvaguardando el bien común.

Se escuchará a las voces disidentes, pero su opinión es irrelevante. “Cartucheras al cañón, quepan o no quepan”, como ya es el caso de una reforma educativa que apunta más a restringir derechos de mentores que a la búsqueda de una necesaria y urgente calidad de la educación en México.

Muy al estilo de Margaret Tatcher, “La dama de hierro”, las corrientes conservadoras en México ahora impulsadas por el Sr. Peña tras cuatro lustros de estira y afloja,  no acepta medias tintas, o se está a favor o se está en contra de lo que, a juicio del oficialismo, siente las bases para una mejor inserción del país en el concierto del mercado mundial. Desigualdad y pobreza están al margen de los intereses fácticos. Productividad y competitividad del individuo es el camino.

Democratizar productividad y competividad es el propósito explícito, como lo ha hecho saber el secretario de hacienda y cerebro tras el trono, Luís Videgaray. Lo implícito es minimizar al Estado y privatizar a ultranza la vida económica y social del país, bajo el apotegma del tatcherismo de “Menos sociedad, más individuo”, en una versión tardía de un neoliberalismo radical que tiene de cabeza al mundo, socializando las pérdidas y privatizando la ganancia a favor de unos pocos.

Lo que es rescatable, en todo caso, es que a partir del no hay retorno en materia de reforma laboral y educativa, nadie se puede dar por sorprendido. La reacción impone un retroceso político y social en el que el garrote amenazador se exhibe sin pudor alguno. La “Ley de Herodes” por sobre todo intento por ciudadanizar la política y democratizar la vida del país  es la senda trazada.

Triste escenario sin futuro para las mayorías.

Hojas que se lleva el viento

Ricardo Ahued, gozando de amplia fama pública de empresario honorable y exitoso, y sin cola que le pisen por su desempeño en la administración pública, como alcalde de Xalapa y como diputado federal, corre el riesgo de echar por la borda su prestigio participando en un proceso electoral que, desde sus prolegómenos, se viene distinguiendo por ser el de mayor desaseo en los últimos tiempos de la política veracruzana. El sabe su cuento y el riesgo que corre, ni hablar.

-ooo-

Y a propósito del proceso electoral en marcha que desembocará en la elección de diputados locales y alcaldes constitucionalmente de cuatro años, al partido-gobierno veracruzano se le pasó la mano. No sólo debilitó a los partidos opositores, los destruyó de una manera que debería avergonzar a nuestra doméstica y aldeana clase política. Sin oposición que valga la pena, el PRI va sólo, ganará la elección pero perderá la poca credibilidad que merece del electorado. Y el gobernador haciendo como que la virgen le habla sin parar mientes en el enorme daño que le infringe a nuestra incipiente democracia.- Xalapa, Ver., abril 14 de 2013

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el pedestre juego de intereses y pasiones electorales, la crítica se radicaliza. Habiéndosele concedido el beneficio de la duda, a casi tres años y medio este se ha perdido; el Sr. Dr. Javier Duarte y su administración es hoy el blanco.

La abrupta irrupción en los terrenos de la normalidad democrática de un ex gobernador que nunca se fue, destapó la Caja de Pandora; poniéndose al descubierto limitaciones, ineficiencias, corrupción e impunidad de un gobierno que ni es lo que se esperaba ni da para más. Es el tema ahora recurrente, lo mismo en un sector de los medios de comunicación y  redes sociales,  que en tertulias y corrillos palaciegos.

Ya se veía venir. Un proceso electoral que por principio iniciara desaseado, apuntaba al bacinicazo, el rumor y las patadas bajo la mesa, sin distingo de color o insignia partidista. El fuego amigo y la publicación pagada bajo el agua no es la excepción.

Los esfuerzos desde la Coordinación de Comunicación social de quien se conoce con sorna como la “vicegobernadora”, por contrarrestar una andanada que se profundiza y crece, son infructuosos. El chocholeo pagado es insuficiente para ocultar lo obvio que recogen las voces críticas.

Nadie es monedita de oro y esta, tiene dos caras, reflejándose en una abierta polarización en la confrontación de fuerzas políticas e intereses, personales y de grupo. Nadie quiere dar su brazo a torcer, lo que por muchos se considera una pésima actuación del gobernador y sus empleados, lo mismo en la administración que en el partido que le da cobijo, tiene para bien o para mal suficiente tela de donde cortar.

Entre lo deseable y lo posible siempre existe una prudente distancia. ¿Qué tanto? La que se percibe en el imaginario colectivo. Percepción es política, y esta arroja números rojos para la actual administración pública estatal y sus correlativas edilicias.

El Dr. Javier Duarte pudo haber sido mejor gobernador si, de entrada, hubiese comprendido a fondo aquella vieja máxima que reza que el poder no se comparte. El no haber cortado a tiempo el cordón umbilical que le vincula a su padrino, mentor y amigo, lo perdió. Hoy paga las consecuencias, Fidel Herrera se montó en el gobierno duartista como estratega electoral y como factor de poder real, en tales términos corre de bote en bote el rumor sobre una percepción que retroalimenta a un imaginario popular que a falta de transparencia y rendición de cuentas en la administración, ve en el gobierno el origen de todos los males.

Paradójicamente, a mayor uniformidad y abundancia con la que machaconamente se divulga lo que hace, piensa o deja de hacer el gobernador, mayor es el malestar que genera en amplios sectores de la opinión pública que, a las portadas y primeras planas de la prensa han dado en llamar “tablero de anuncios de ocasión”.

En su oportunidad, desde hace más de un año, se señaló en esta columna. La estrategia comunicacional del gobierno que encabeza el Dr. Duarte, sirve para dos cosas: para nada y para engrosar el bolsillo” de un selecto grupo de dueños de medios informativos y texto servidores acurrucados a la sombra de la Sra.  Gina Domínguez. El exceso de imagen, el chocholeo desmedido, la lambisconería a ultranza no construyen positiva opinión, irritan y operan en contra de los buenos propósitos gubernamentales.

Tanto se abusó en el pasado reciente del color rojo y la demagogia, como hoy de las medias verdades y medias mentiras, del discurso y letra de molde del estado prospero y del “adelante” para todo, que el slogan electoral del bloque partidista que encabeza el PRI de antemano ha perdido encanto, aceptación e impacto. Si hay que ir para adelante, que no sea con el PRI, propala la oposición en abierta referencia al programa insignia del duartismo y bandera proselitista de la alianza electoral  gobiernista.

Como suele suceder, todo mundo calla, todo mundo cuchichea en voz baja. Nadie se atreve a pagar el precio de hablar en voz alta, salvo en el medio de un proceso electoral en el que todo lo que se dice se inscribe en el marco del libre juego democrático partidista. El propio gobernador se refiere a la crítica como parte del folklore electoral, sin sopesar sustento y argumentación que esta conlleva, mientras se deja envolver y llevar por el elogio cortesano que se paga con recursos públicos.

Sin embargo, en las actuales circunstancias que viven políticamente el país y la entidad, el recurrir a la salida fácil del discurso triunfalista sin atender con eficacia aquello que el rumor popular cuestiona, tiene un costo político sobre el que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa debería preguntarse: ¿valdrá la pena?.- Xalapa, Ver., marzo 24 de 2013

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En toda reunión familiar o entre amigos, nunca se deja de tocar el tema de la corrupción y su inseparable compañera, una evidente impunidad. Lo mismo se hace referencia al gobierno en general, a un partido político o bien, a un servidor público en lo específico. Todo mundo opina, ilustra la platica con ejemplos, la mayoría por todos conocidos y, a continuación viene todo un rosario de lamentaciones, concluyéndose que no se puede hacer nada para frenar tal fenómeno antisocial, “la corrupción somos todos” y, con ello se da por concluido el tema para pasar a hablar de futbol o de la estrellita de moda de la tele su vida privada y sus escándalos públicos.  

Nada que indique una acción propositiva que mueva y conmueva, todo queda en el terreno de la crítica estéril. Nada que abone a tomar conciencia de la necesidad de participar responsablemente, coadyuvando en el combate a la corrupción y su negativa secuela de enriquecimiento más que explicable e ilícito de tal o cual servidor público o particular involucrado. Las cosas son como son y es la condición humana la culpable. Hasta ahí llega el deshoje de la margarita. 

El proceso electoral en marcha, da para eso y más entre la gran familia veracruzana. Trátese de aspirantes a diputados o alcaldes, o de quien o quienes desde la cúpula del poder, mueven la cuna para que los momios cuadren y se de sin sobresaltos el relevo en la Legislatura local o en las autoridades edilicias. 

Nadi habla de virtudes, capacidades y buenos propósitos. La cola es demasiado larga como para que cualquier candidato corra el riesgo de que se la pisen. Nadie se salva del escarnio público y los medios informativos poniendo más leña al fuego, se encargan de darle sabor al caldo con estudiadas denuncias que no conducen a nada, salvo para restarle presión a la inconformidad y el hartazgo social.  

Ah, pero eso, sí, a toro pasado todo mundo se encarga de justificar la caída en desgracia de tal o cual fulano o fulana, atribuyéndole causas y razones que a lo largo de su desempeño público nadie tocó, salvo en los terrenos del rumor y la especulación. Muerto el rey viva el rey… el que sale se constituye en enemigo público en tanto no vuelva a ser premiado y,  el que entra, si sabe aceitar bien la maquinaria, “corregirá entuertos y limpiará la casa”.  “Si da, es amigo”, o todo lo contrario. 

Nadie objeta, todo se acepta sin chistar para, a soto voce, escudriñar vida y milagros del favorecido, desatando nueva andanada de rumores y maledicencias. Y así es y será todos los días en la tertulia jarocha. 

Los recientes cambios en el gabinete duartista se inscriben en este nefasto escenario, mientras la simulación, la corrupción y su correlativa dosis de impunidad permanecen intocados. “La culpa es de todos por no exigir”, se concluye en la tertulia y vuelta a lo mismo, cerrándose el círculo.  

Igual fenómeno se da en torno a la alcaldesa de la capital veracruzana. Teniéndose los pelos en la mano se le señala corrupción e ineficiencia y todo queda en simple rumor. Nadie se atreve a intentar siquiera el recurrir a la vía legal para ponerle en su lugar. Mucho menos la prensa, que para silenciar la crítica ciudadana recibe parte de los más de cuarenta millones que Elizabeth Morales destina anualmente para proyectar su imagen y pretendidos logros que a nadie satisfacen. 

Ciudadanía veracruzana sin ciudadanos. En este escenario, de manera acrítica e irresponsable se premia o se castiga en las urnas a los candidatos impuestos desde la cúpula del poder. 

El proceso electoral en curso no escapa a esta situación. El escrutinio público a que se somete a los aspirantes a un cargo de elección popular, se reduce a una simple especulación en torno a si es bien o mal visto por el gobernador, atendiendo a si supo o no brillar entre el montón a ojos e intereses del gobernante. La ciudadanía no participa en la selección de candidatos, nos los imponen, luego el desquite por su condición de mirón de palo en una democracia simulada, transita por el torcido camino del rumor y la maledicencia. Nadie exige sus derechos, nadie está dispuesto a cumplir con su deber cívico.  

Es más cómodo pontificar a salvo en la tertulia,  especulando en torno a si los candidatos han sido palomeados por el gobernante en turno o por su antecesor, de quien se dice que ya armó todo el tinglado colocando a sus alfiles en lugares clave para asegurar  la sucesión al Dr. Javier Duarte, una que responda a los intereses de la púrpura “fidelidad”. 

“El gobernador ya abdicó en beneficio de Fidel”, se dice, corriendo de boca en boca el rumor.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, se ufana de que la entidad se cuenta con   “una sociedad con una gran estatura cívica, con una cultura democrática de primer nivel”. Desconozco cuales sean los parámetros de medición para arribar a tal conclusión pero, la verdad a mi juicio es que el señor está muy lejos de percibir nuestra realidad o bien, adula al pueblo con no muy claros propósitos. La muy baja estatura moral de la clase política veracruzana se hace acompañar de ciudadanos siempre dispuestos a dejar hacer dejar pasar, enanos que, en el estira y afloja de la vida cotidiana, se abstienen de crecer participando en su propia formación ciudadana. Quizá esto explique el por qué la clase política vea en el pueblo a una muchedumbre de menores de edad a los que hay que hablarles y tratarles como tales. 

No es que así sea nuestra condición de seres humanos. Nada nos impide crecer, salvo la carencia de una mejor y más amplia educación que lleve implícito el alimento vital de la cultura. Lo que no nos proporcionará ninguna reforma oficial por más que se le llame “estructural”. La educación se mama, decía mi abuela. Empieza en casa y se fortalece en la escuela, en el trabajo y con la participación consecuente en la comunidad. Así pensaban nuestros ancestros, hoy eso se ha olvidado.  

Cada quien para su santo, rascándose con sus propias uñas, dando la espalda a la sociedad que le cobija. No basta la suma aritmética de individualidades, la calidad de ciudadano se adquiere y se construye participando colectivamente en la también construcción del bien común. 

¿Cómo y cuando crecer para alcanzar tal calidad de ciudadanos? No hay recetas, depende de cada uno de nosotros. Pero de lo que si estoy seguro es que en el camino de la participación conciente y consecuente, con aciertos y errores, en un proceso colectivo permanente de aproximaciones sucesivas en la búsqueda de una auténtica democracia, encontraremos la mejor escuela para lograrlo. Respetuosamente propongo dejemos de ser los enanos de siempre y atrevámonos a ser ciudadanos.   

Hojas que se lleva el viento

Por razones ajenas a nuestra la voluntad, el semanario en línea  “Pulso crítico” nuevamente aparece en la Internet como “sitio suspendido”. Desde estas líneas pedimos disculpas a nuestra estimable audiencia. Xalapa, Ver., a 13 de marzo de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En recientes declaraciones en Veracruz,  Andrés Manuel López Obrador afirmó que la alianza entre el PRD y el PAN es una vacilada. Parece tener razón, lo que constituía una oportunidad pragmática de posible triunfo electoral de las fuerzas políticas opositoras al PRI, fue tirada por la borda; como el perro de las dos tortas, las tribus negro amarillas representadas en la entidad con ayuda del Tribunal Electoral del Poder Judicial del estado, quemando la pólvora en infiernitos anuncian su inminente derrota en las próximas elecciones de alcaldes y diputados locales. 

El inveterado canibalismo, el oportunismo de siempre y la carencia de inteligencia de una dirigencia acomodaticia y corrupta, rechaza la “Gran alianza por ti” con el PAN, demostrando su incapacidad para aceptar su propia realidad y construir mediante un programa mínimo para la acción una posibilidad de triunfo electoral que, más que beneficiar al PAN, rendiría pingues dividendos a un PRD al que sólo le resta sobrevivir al paso de Morena.  

Pues no de puede hacer de lado que fue una facción del propio PRD la que impugnó ante los órganos electorales el registro de la “Gran Alianza por ti” convenida entre el sol azteca y el panismo en Veracruz. 

Demostrando que efectivamente, como machaconamente lo reiteraran sobre pedido los medios de comunicación oficialistas, no hay forma alguna de mezclar ideológica o pragmáticamente el agua con el aceite en Veracruz. El resolutivo del Tribunal electoral veracruzano, para beneplácito del régimen duartista,  sólo dio un último empujón, por cierto autoritario y cuestionado ya por las dirigencias nacionales de los partidos coaligados. 

Pero no sólo hay incapacidad. A esta se suma la perversidad de una dirigencia comprada, obviamente  con un propósito no explícito que no es el obtener triunfos electorales, así sean estos parciales, sino que valiéndose de la debilidad coyuntural de la derecha representada por el PAN, su objetivo es tender la alfombra roja al paso del PRI para el retorno de éste al viejo y rancio esquema de partido hegemónico. 

Con este más que obvio propósito, traicionan a Veracruz, abriendo la puerta al régimen de pensamiento único, al autoritarismo, y a la represión de la movilización social contestataria, de un  PRI-gobierno que volviendo por sus fueros, no aceptará más contrapesos por más simulados que estos sean.  

Así como también traicionando al proceso de construcción de la democracia en la entidad, renuncian a su presunto papel de oposición de izquierda, cancelando de facto la vía electoral como camino para avanzar de una sociedad plural que, demandando gobierno para todos, confiaba en una sana alternancia; favoreciendo un perverso bipartidismo que hará sentir el peso de la derecha en el poder. Porque, guste o no, el partido hegemónico seguirá necesitando pragmáticamente del PAN como comparsa.  

En múltiples ocasiones afirmé que el PRD en Veracruz, con “los chuchos” o sin estos, era un cadáver insepulto. López Obrador le concedió mantenerse fuera de la tumba. Hoy, retirado el oxígeno auxiliador por el tabasqueño y su Morena, el voto ciudadano en julio próximo se encargará de darle sepultura. El PAN, al que rechazan, testigo de calidad no llorará frente a la tumba.

La alianza PRD-PAN, así sea esta de facto, quedará como una simple vacilada, como lo afirma el peje tabasqueño, quien sabe bien  lo que es el plumaje negro amarillo jarocho al que sí mancha el pantano. 

Así es la historia, el canibalismo insensato, el oportunismo, corrupción y traición en el seno de la llamada izquierda electoral, cavó la tumba del perredismo veracruzano, los panistas alegrarán las noches de sus viudas en la negra noche del aquelarre tricolor.

Hojas que se lleva el viento.

Como era de esperarse, el calor preelectoral crece agitando el cotarro. Las cosas pasan cuando suceden y tiene sucedido que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de Veracruz , que también es gobierno, desconoció y anuló el registro de la “Gran Alianza por Ti”, del PAN y el PRD. Para una sociedad harta de la partidocracia y sus enjuagues, no debería causar ni sorpresa ni sarpullido, y mucho menos enojo innecesario. La elección de alcaldes y diputados locales es en julio por lo que no vale la pena que la ciudadanía adelante vísperas sudando penas ajenas.

Debería bastar el que el gobernador Javier Duarte de Ochoa pusiera en claro que el gobierno no tuvo nada que ver en la invalidación de la alianza PRD-PAN para que se calmaran los ánimos y hacer caso omiso al rumor, dimes y diretes, chismes y maledicencia propiciado por medios de comunicación y opinadores oficialistas que trabajan llevando agua a su molino en contra de la “vacilada” de perredistas y panistas.  “Es parte del folklore electoral” expresó el mandatario, y así debemos entenderlo, que al fin y al cabo de todas formas llegado el momento del palomeo en las listas de aspirantes a candidatos, lo que menos cuenta es la opinión de los mirones de palo. Así es la democracia jarocha  y al que no le guste que cambie de canal.

-ooo-

Desde estas líneas nuestra felicitación a Generales, Jefes, Oficiales, cadetes y tropa del Ejército Mexicano, con motivo del Primer Centenario de la Institución castrense que tuviera su origen en la creación del Ejército Constitucionalista, surgido de la Revolución Mexicana.  “Por el honor de México”.- Xalapa, Ver., febrero 19 de 2013

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