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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vaya dilema para el electorado veracruzano. No votar o de, entre los peores, sufragar por el menos peor. Y no es para menos, el descompuesto proceso electoral que en unos días culminará con la elección del mini gobernador de dos años y el relevo en la Legislatura local, nos coloca a hombres y mujeres de a pie en tal tesitura.

Copados entre dos fuegos, en el medio de una insensata guerra de lodo financiada con recursos públicos, no hay opción válida que soportada en propuestas realistas y viables, permita avizorar la más mínima señal del cambio que los veracruzanos exigen.

Ya en la recta final del proceso, la guerra sucia electoral ahora telefónicamente se traslada a los hogares veracruzanos, que joda. Huérfanos de madre operadores políticos sin distingo de color de camiseta, insensibles no respetan hora ni merecido descanso familiar para trasmitir sus nauseabundos mensajes.

Considerándonos retrasados mentales o bien, los candidatos designados por los partidos políticos están dispuestos a jugarse el todo por el todo para convencer a los votantes potenciales de que no vale la pena perderse el descanso dominical cumpliendo con el deber cívico de sufragar el próximo 5 de junio. Vaya manera de inhibir el voto.

Esto aparejado a una campaña de miedo, filtrando el rumor de posible violencia a lo largo del ejercicio comicial, bajo el supuesto de que a menor número de votos los resultados del sufragio se definirán por el llamado voto duro de partidos y candidatos contendientes. Supuesta estrategia que teóricamente beneficiaría a quienes, cual la marquesa de la historia, saben cómo mover el abanico en menesteres electorales clandestinos históricamente aplicados. Tocaría a la ciudadanía caer o no en el garlito.

Lo cierto es que no se puede dejar en el tintero es el que con justificada razón existe un consenso casi unánime de que Veracruz padece el peor gobernador de su historia, y casi unánime también es que hasta donde se tiene memoria,  nunca se había vivido un proceso electoral tan pedestre, ofensivo y a todas luces  repugnante que sin duda invita al abstencionismo o, en su caso al voto nulo.

Voto duro

Más allá de la lectura de la bola de cristal o la especulación, lo que sí se puede ya establecer como seguro a tres semanas del ejercicio comicial, es que la elección de gobernador se irá a tercios, con muy poca diferencia numérica  entre los tres candidatos punteros y en la que el llamado voto duro o clientelar, poco podrá aportar a la contienda; el clientelismo electoral cada vez es menos tal y al interior de los partidos no existe consenso consolidado respecto a los candidatos postulados de espaldas a las militancias. Correspondiendo al amplio segmento de los indecisos el definir el resultado de la elección.

Empero, no se puede ni debe echarse en saco roto el peso del voto duro de Morena, partido de alcance nacional de nueva creación cuya militancia, seguidores de AMLO  y simpatizantes de vieja data, se enriquece e incrementa tanto por un natural rechazo a las políticas públicas del gobierno federal peñista como por el descontento y hartazgo generado por un gobierno estatal fallido y corrupto. Voto duro  en crescendo que responde más a  posicionamientos ideológicos en el imaginario colectivo que a un pragmatismo coyuntural referido a una elección de orden local dominada por intereses creados; posicionamiento que objetivamente se concreta en un justificado rechazo histórico a todo lo que huela al PRI, al PAN y al PRD, en la lucha social de resistencia frente a reformas neoliberales presuntamente estructurales que privatizadoras y empobrecedoras,  atentan contra la soberanía y patrimonio nacional, el empleo, la educación y salud  pública así como  el bien común.

A la par que cuenta y cuenta mucho en la conformación del voto duro de Morena el descontento y hartazgo en amplios sectores de la sociedad veracruzana frente al abandono infraestructural y productivo, endeudamiento gubernamental,  desempleo,  precarización de las clases medias urbana y rural, así como un ineficiente e ineficaz combate a la delincuencia. El 5 de junio se verá si es tal o el descontento y hartazgo  queda en simple  llamarada de petate.

Pegar donde más duele

Quedaría entonces el hacer de tripas corazón y pegarle a nuestra clase política donde más le duele, derrotándoles en las urnas mediante una copiosa votación asumiendo una actitud responsable, reflexiva, congruente con lo que se está viviendo, que demuestre fehacientemente que la sociedad ha cambiado, que la población se asume más participativa e informada y dispuesta a recuperar para sí la democracia electoral secuestrada. La cita es en las urnas.

Con la elección ya a la vuelta de la esquina, solo queda el asumir que en esta ocasión y dado el clima de rechazo que ha generado el proceso en curso, la ciudadanía sabrá poner freno antes y durante el ejercicio comicial al más que anunciado fraude electoral con el que el gobierno estatal pretende justificarse ante Peña Nieto.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin que ello implique el estar de acuerdo con la estrategia bajuna y perversa de echar abajo la alianza entre el PAN y el PRD para la elección del 2016 en Veracruz, por el sólo hecho de la posibilidad de que ésta pudiere designar como candidato a la minigubernatura al Lic. Yunes Linares, considerado enemigo más que adversario político para el duartismo fiel, estimo que para el electorado en general y más allá de la opinión de las militancias panistas y perredistas sobre tal coalición, se debe pensar dos veces antes de decidirse a sufragar por una alternancia que no necesariamente es garantía de progreso para Veracruz.

Si bien es cierto que conforme se acerca la fecha de las definiciones electorales para los partidos políticos contendientes, el consenso en torno a echar fuera del gobierno estatal al PRI crece y se consolida, el descontento y el hartazgo debería llevar a la población a un análisis a fondo de lo que implica el prescindir de un gobierno tricolor para substituirle por una fórmula que, en su pragmatismo a ultranza, aspira al poder por el poder mismo, sin proponerse modificar en lo sustantivo el negativo estado de cosas que hoy prevalece en la entidad.

Echar al PRI del gobierno estatal para más de lo mismo, carecería de sentido práctico para los votantes y un evidente retroceso para la vida política y social de la entidad.

Afirmo que más de lo mismo con una alternancia sustentada en una alianza PAN-PRD, porque basta con recurrir a un poco de memoria para convencernos de que los antecedentes tanto de los partidos presuntamente en vías de coaligarse como de sus posibles candidato tanto a la gubernatura como a las diputaciones locales, no son nada gratos ni prometedores para un cambio verdadero. Aún está fresca en la memoria colectiva el papel jugado por ambos institutos políticos como aliados y cómplices del PRI en el llamado “Pacto por México”, impulsando y aprobando reformas que diciéndose estructurales, han resultado excluyentes, empobrecedoras y antidemocráticas, agudizando desigualdad, polarización, pobreza y pérdida de soberanía.

Nada indica que el panismo se oponga en lo sustantivo a las políticas públicas del peñismo, como tampoco nada indica que el PRD con “los chuchos” tras bambalinas, esté dispuesto a reconocer que se equivocó al respaldar la estrategia neoliberal del régimen que preside Peña Nieto y estar dispuesto con talante autocrítico a enmendar su error.

Tanto el PAN como el PRD afirman que la alianza propuesta es pragmática y al margen de toda implicación ideológica. Lo real es que su pragmatismo es ideológico. Ambos están a favor de estrategias de mediano y largo plazo y objetivos y metas cortoplacistas neoliberales que ni en forma ni fondo se diferencian de las asumidas por el Revolucionario Institucional desde hace más de tres décadas. Se dice que agua y aceite no se mezclan, esto, si realmente se tratara de agua y aceite, empero en los hechos PRD y PAN ideológicamente representan a las corrientes más reaccionarias del espectro partidista de un régimen obsoleto y caduco. Uno pretendiendo guardar las formas que le identifican con su origen y, el otro, exhibiendo su degradación ideológica y programática que no tiene nada que ver con la izquierda reformista que le diera origen. Son lo mismo para efectos prácticos y en ello debería pensarse.

El estómago vacío y la cabeza caliente, suelen ser pésimos consejeros para una gran mayoría que viviendo al día, subordinada al poder político y económico, es víctima de enajenación y manipulación. El descontento y hartazgo es el primer paso para liberarse, tomar conciencia de ello ya es un gran avance, en tanto se tenga claro quién es el adversario y donde ubicarlo. No es simplemente el PRI o los gobiernos emanados de este Instituto político como el corrupto y fallido de Duarte de Ochoa en Veracruz. Es la partidocracia tradicional, impune y rapaz, que respaldando a un régimen que gobierna para las clases dominantes, mantiene secuestrada a la democracia representativa, haciendo de los ciudadanos simples mirones de palo en la toma de decisiones que le competen en su vida cotidiana.

Luego echar al PRI substituyéndolo por otra denominación partidista, sola o en alianza, igual o peor, no es el remedio para una entidad federativa hundida y sin expectativas de progreso.

Faltan aún seis meses para que los votantes se expresen en las urnas. Tiempo suficiente para enfriar la papa. Si se está convencido de la necesidad de una alternancia que trabaje a favor de la búsqueda de soluciones racionales y viables que enderecen el rumbo perdido, que bueno, pero no necesariamente la que ofertan PAN y PRD, opción que a mi juicio perjudicaría más que beneficiar a Veracruz.

Hojas que se lleva el viento.

En anteriores maquinazos comentamos que la descomposición del sistema de partidos, abonada con la obcecación del gobierno duartista por hacer transitar la sucesión en Veracruz por el sendero del continuismo, daría lugar a una intensa guerra sucia electoral, revolviendo más el cochinero. A unos días de distancia parece que no nos equivocamos, la bacinica ha substituido a la razón. Y aún hay más en lo que resta del camino. La elección de candidato del PRI a la gubernatura bajo el método de Convención de delegados dará
Villahermosa, Tab., 12 de diciembre de 2015.la medida.
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J. Enrique Olivera Arce

Bueno, parece que no sólo al gobernador de Veracruz le interesa y urge desviar la atención en los tendidos, poniendo en primer termino el desbarajuste electoral por sobre los problemas de fondo que acusa la entidad. También el gobierno federal hace lo propio, ahora con el falso debate mediático de la legalización de la marihuana a partir del amparo que concediera la SCJN a cuatro individuos de una organización de la sociedad civil, quitándole presión en la opinión pública a temas torales del país, como el económico, la movilización magisterial, el affaire no resuelto de Ayotzinapa o la violencia criminal que, como la humedad, se cuela y extiende a lo largo y ancho del territorio nacional.

Cortinas de humo que, al parecer, tanto a Javier Duarte, en su caso, como al Sr. Peña les vienen como anillo al dedo para cerrar el año con el menor número de tropiezos en el imaginario colectivo.

Deuda pública y corrupción impone como corolario, pasan a segundo término en Veracruz, tocándole en suerte al presidente del CDE del PRI el ser el patiño a modo, lo mismo con su “misoginia” que con su orquestado cosquilleo mediático en los ijares de los senadores Yunes Zorrilla y Yunes Landa. No sólo la prensa oficialista, también la independiente y crítica, se han ido con la finta electoral aceptando sin remilgos que el problema de Veracruz es de liquidez de una administración pública quebrada y, por tanto prácticamente insoluble y ya demasiado manoseado, y no económico como lo pusiera sobre la mesa Javier Duarte, cuando la realidad real apunta en contrario, agudizándose la crisis en el aparato productivo estatal que va de la mano con un deterioro social en crescendo.

Para el caso del Sr. Peña, por lo consiguiente. La presión de la percepción social que se refleja en un bajo nivel de aceptación del presidente, se alimenta a partir de dos temas sustantivos, el estancamiento económico y como corolario el tropiezo de las finanzas públicas, así como la inseguridad fruto de un incremento no aceptado oficialmente del accionar de la delincuencia organizada. A estos temas se agrega en lo específico el enredo de la fuga del “chapo”, el conflicto magisterial y el affaire Ayotzinapa, anidados en el imaginario colectivo e interpretado como falta de capacidad, eficacia y transparencia en el quehacer gubernamental.

Sin perder de vista que para algunos sectores mejor informados, el deterioro creciente de la industria petrolera y eléctrica nacionales, perdiendo peso específico en la conformación del presupuesto federal, acompañado de la ya imparable devaluación del peso, se considera en el ámbito de la percepción ciudadana como un fracaso de Peña Nieto en la implementación de las llamadas “reformas estructurales” como instrumentos para reactivar la economía.

De ahí que el colocar el falso debate sobre la misoginia de un político de medio pelo o legalización de la marihuana como temas de la mayor relevancia, habría que considerarles como un éxito tan coyuntural como efímero en las estrategias mediáticas tanto de Duarte como del Sr. Peña. La salida casi inmediata del secretario de gobernación, abriendo las puertas al debate en el marco previo a la cobertura informativa con motivo de la visita de Raúl Castro a México, o las declaraciones en tratándose de Veracruz de la secretaria general del CEN del PRI, Carolina Monroy y el correspondiente bombardeo mediático sobre estos temas, así lo confirman.

Lo destacable del caso es que por sobre la coyuntura cortoplacista, la terca realidad tiende a imponerse. A una cortina de humo casi de inmediato hay que sobreponerle otra sin que pueda ocultarse del todo la problemática estructural del país. Más allá de lo mediático, la percepción colectiva no quita el dedo en los renglones de que le son vitales y de atención cotidiana, como el desempleo, la desigualdad, la pobreza y y la seguridad individual y comunitaria agravados por los efectos de la crisis globalizada.

Lo grave es que ni la problemática de Veracruz ni la que acusa México en su conjunto, se resuelve mediáticamente, posponiéndose el tomar el toro por los cuernos con estrategias viables y políticas públicas para enderezar el rumbo perdido. Tanto Peña como Duarte se han atado a sí mismos las manos estando imposibilitados para cambiar de caballo a mitad del río, cediéndole terreno a la terca realidad que se les opone.

Luego tal similitud coyuntural de tesituras, no es de dudarse configuren el tejido de la misma sábana con la que ambos, Peña y Duarte, se cubren para en el caso Veracruz dejar hacer dejar pasar hasta donde el tiempo y los veracruzanos aguanten. De otra manera para quien esto escribe, opinador que no periodista, desde endenantes el gobierno federal hubiera llamado a cuentas al gobernador fallido. Y esto no sucede por más evidente que sea el agrio divorcio entre Javier Duarte, la realidad real y el hartazgo de sus gobernados.

Hojas que se lleva el viento

Con dinero, acarreos y resoplidos se intenta revivir a la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos (CNC) para que el PRI pueda recuperar el voto duro en la zona rural. Vano intento, para hombres y mujeres en el agro veracruzano no viendo lo duro sino lo tupido con el abandono que padecen desde hace más de tres décadas, ni confían en dirigentes de oropel ni esperan que por la vía electoral se resuelva la compleja problemática de la producción agropecuaria, forestal y pesquera que aqueja a la entidad. Dicen que el campesino es medio tonto, pero no. Sabe bien distinguir entre liderazgos auténticos y dirigencias espurias surgidas del terreno de los explotadores de siempre.

-ooo-

Javier Duarte ya no tiene la fuerza de endenantes para someter, cooptar o comprar y manipular a los partidos que se oponen al PRI y sus señalados satélites, de ahí que ya se de como un hecho la alianza electoral entre el PAN y el PRD en Veracruz, contando con la venia de sus respectivas dirigencias nacionales como una opción viable de alternancia en la gubernatura de la entidad. Alianza que se construye al margen de identidades ideológicas y sobre el supuesto pragmático de que a partir del hartazgo social el número de votos por alcanzar en el 2016 será suficiente para vencer la estructura facciosa y estrategia al tricolor. Falso supuesto, el electorado hoy día está más despierto y para el imaginario colectivo PAN y PRD se sumaron al PRI en el llamado pacto por México, entregando la industria petrolera y eléctrica al capital internacional con la reforma energética. Los veracruzanos tampoco olvidan el papel jugado por estos partidos en la aprobación del criminal endeudamiento aprobado en el congreso local. Del plato a la boca suele caerse la sopa y otra alianza, más congruente y comprometida podría dar la sorpresa. Al tiempo.

Xalapa, Ver., 08/11/2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En mis maquinazos he insistido en que a estas alturas no tiene ya ningún caso tratar de enmendarle la plana al Sr. Duarte de Ochoa, lo mismo con críticas fundadas, denuncias, señalamientos, e incluso, con chistoretes de mal gusto y pedestres majaderías. Como gobernador fallido, escudado en la impunidad, todo lo que haga o deje de hacer está contaminado de origen y, por tanto, resultaría irrelevante para una sociedad agraviada y dolida que ya no espera nada bueno de la actual administración pública veracruzana.

No obstante, no se puede hacer de lado que aún falta un año escaso para el cambio de estafeta y que, en ese lapso, es prácticamente impredecible cuanto daño más podría infringirle a Veracruz. Luego no puede uno permanecer indiferente o ajeno a las patadas de ahogado que, en su impotencia y desesperación por salir incólume del hartazgo y reclamo generalizado, apuntan en todas direcciones.

Bastaría con hacer un recuento del alcance de los daños que al pueblo veracruzano infringiera en menos de 30 días, para entender que la enfermiza y perversa conducta de Javier Duarte aún da para más, lo mismo si es de motu propio que acelerado por factores externos a su insano entendimiento.

Si todo parara en sus desplantes de triunfalismo sin sustento, o en sus barbaridades reactivas expresadas en las conferencias tempraneras de los lunes, como la última, en la que afirmara que el problema de Veracruz no es de economía sino de liquidez, no habría razón para ocuparse o preocuparse en el resto de tiempo que queda de su mandato. Empero, lo grave y se constituye en amenaza latente, es que se cree lo que piensa, dice y entiende de su entorno. Una alucinación fuera de lugar podría derivar en mayores descalabros para Veracruz. Luego la prioridad debería girar en torno al cómo frenarle antes de que sea demasiado tarde.

No obstante, en honor a la verdad en un esfuerzo de objetividad y congruencia se debería considerar que la crisis generalizada por la que atraviesa Veracruz, no únicamente gira en torno a un pésimo gobierno estatal. Factores diversos que están fuera de la orbita de la administración pública veracruzana pesan, influyen y determinan el curso de los acontecimientos. Ante la falta de previsión en el país, tanto de la crisis de un mundo globalizado como de su expresión neoliberal en México, sustentada en un proyecto de nación rapaz y empobrecedor, tienen que ver incidiendo lo mismo en la economía que en el deterioro de la vida política y social de la entidad. Poco se puede hacer desde las esferas del poder formal para paliar los efectos negativos de un entorno mundial y nacional cuya crisis lejos de atemperarse se profundiza. Realidad real que al no entenderse y mucho menos considerarse en las tareas de gobierno, conduce a los palos de ciego que tunden a la población en su conjunto.

La sucesión

Y es en este marco referencial que formalmente está por iniciar el proceso de sucesión encaminado a materializar el absurdo del gobierno de dos años. Proceso ya de sí descarrilado en el que ante el obvio vacío de poder, se imponen intereses electoreros que nada tienen que ver con la búsqueda de soluciones congruentes y realistas para el rescate de lo que hoy por hoy es un tiradero. Confrontación de intereses que pudieran derivar en actos violentos que pusieran en riesgo tanto el frágil y cuestionado estado de derecho como el enrarecido clima de la inseguridad en la entidad.

Si esto último es así, el evitar desaguisados fuera de orden, correspondería a los partidos políticos, haciendo contrapeso a todo intento del aún gobernante por imponer el candidato a sucederle en su intención de dar libre curso al proyecto transexenal que, en el 2009, me tomara la libertad de calificarle en mis maquinazos como “proyecto de la dinastía Herrera-Borunda”.

Lo que habría que preguntarse es si los partidos políticos en contienda, lo mismo en su ámbito local o nacional, están en condiciones de asumir su papel de contrapeso, tomando el toro por los cuernos y exigiéndole al Sr. Duarte un fuera manos del proceso electoral en puerta. Lo cual, a la luz de su comportamiento en el tema de la deuda pública y su presunta reestructuración, resulta harto difícil considerar como viable. Partidos y aspirantes a candidatos, aún no están convencidos de que la última palabra en el proceso de sucesión está fuera del alcance del fallido gobernador y más por temor que por convicción, optan por el dejar hacer dejar pasar antes que hacerse acreedores a una de las tantas patadas de ahogado del Sr. Duarte.

Lo extraordinario del caso es que en tanto no se resuelva el tema de la sucesión, economía estatal y finanzas públicas sigan el curso inexorable de su proceso de deterioro y descomposición, agravándose un estado de cosas ya insostenible para la gran familia veracruzana que sí, efectivamente, pudiere devenir en una escalada más en el enrarecido clima de vulnerabilidad del estado de derecho e inseguridad pública, si al margen de los partidos políticos la ciudadanía toma cartas en el asunto para hacer valer sus expectativas de cambio y transformación de la terca realidad veracruzana. Así que aguas, más vale prevenir que lamentar.

Hojas que se lleva el viento.

La vida política en la entidad está polarizándose, al interior del PRI y lo mismo al interior de toda la partidocracia. En el PRI como resultante del autoritarismo del dirigente estatal que exigiendo a contracorriente respeto al gobernador, desprecia a las corrientes mayoritarias de la militancia que respaldan a los senadores Yunes Zorrilla y Yunes Landa para darle cabida al continuismo fidelista. Y lo mismo en el resto de los partidos en contienda cuya militancia se divide entre los que de buena fe aceptan las directrices de sus dirigencias y, los que por sus intereses en juego se les oponen. Todos contra todos mientras a Veracruz se lo llevan al baile las muchachas.

Y, por lo pronto, la mayoría que no milita en ningún partido, como buen mirón de palo, solo observa indiferente como se negocia su destino.

Xalapa, Ver., noviembre 3 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con el respeto y admiración que me inspira Andrés Manuel López Obrador, me tomo la libertad de manifestar no estar de acuerdo con la postura electorera que asumiera el pasado sábado en su visita a Xalapa, capital de Veracruz.

A mi juicio, a más de no tocar la problemática de fondo que acusa Veracruz, en la que deuda pública y percepción de inseguridad no son todo, con ligereza se inserta en el proceso electoral adelantado que desembocará con la elección de gobernador en 2016, sumando a Morena a los dimes y diretes, especulación y chismorreo que, como distractor, mantiene ocupados y preocupados lo mismo a suspirantes de todos sabores y colores, que a la clase política en su conjunto y mayoría de medios de comunicación.

A mi entender el eje central de los problemas que aquejan a Veracruz es una economía estancada y con visos ya recurrentes de recesión. Su rescate va más allá de buenas intenciones y posturas electoreras.

Y si bien es cierto que en esta crítica realidad incide negativamente una administración pública ineficiente, corrupta, moral y financieramente quebrada, es mayor el peso específico de un aparato productivo obsoleto y reacio tanto al cambio como a la innovación tecnológica. Situación que exige propuestas concretas y viables y no discursos sobre lo que electoralmente ofrece un futuro incierto.

El ex candidato presidencial y líder moral de Morena no lo ve así, pensando en términos de votos y preparación de una plataforma de despegue para una nueva nominación como candidato presidencial en el 2018. De ahí que, sin mediar talante democrático, sin más y sin consulta previa a las bases del partido en la entidad, insinúe, por decir lo menos, la posibilidad de que Cuitláhuac García, actual diputado federal por el distrito de Xalapa urbano, sea el indicado para contender en la búsqueda de la gubernatura veracruzana de dos años en el 2016

Reconozco la valía del joven diputado y así lo he manifestado en mis maquinazos, empero no lo considero a la altura de lo que Veracruz requiere para sentar las bases de su rescate. Mucho menos si anticipadamente, como quedara asentado el pasado fin de semana, lo lanzan a un proceso de desgaste mediático sin contar con capacidad y experiencia suficiente como para alternar competitivamente con los aspirantes rojos y azules descalificados por Andrés Manuel, a priori y con desconocimiento de la realidad electoral de Veracruz.

En maquinazos anteriores he considerado que antes de proponer candidato para hacerse cargo de abanderar a Morena en la contienda por la sucesión en Veracruz, el nuevo partido político deberá hacer un análisis exhaustivo de por qué y bajo que condiciones Morena ganó la diputación federal en Xalapa y Coatzacoalcos; valorando no sólo el peso indiscutible de la figura y liderazgo de Andrés Manuel, también, entre otras cosas, el hecho objetivo de la participación ciudadana que sin militar o simpatizar con un partido en especial, optara por castigar al partido gobernante.

Sin este análisis exhaustivo, identificando y reconociendo fortalezas y debilidades en el marco de la política electoral veracruzana, la actitud asumida por el ex candidato presidencial lanzando al ruedo al novel diputado federal, suena más a voluntarismo sin conocimiento de causa en la cúpula de Morena, que resultado de una ponderación democrática sustentada en la consulta de la base del partido-movimiento. Esto, a mi juicio resta y divide, más que sumar y multiplicar en un proceso de crecimiento y consolidación de Morena como partido político tanto en Veracruz como en el resto del país. Lo cual me parece equívoco y contraproducente para las aspiraciones del propio López Obrador y, lo más grave, para las expectativas de cambio de las fuerzas progresistas.

Veracruz no es Xalapa urbano ni Cuitláhuac siendo estatalmente un desconocido, es Morena. El mosaico multiregional estatal es más complejo, lo mismo electoralmente que en la vida económica y social de los veracruzanos en su cotidianeidad, como para encasillar la realidad política de manera simplista en la percepción de inseguridad, indignación, frustración y hartazgo que anima a una sociedad lastimada y dolida que quiere respuestas y no voluntariedad discursiva.

La reciente elección de diputados federales lo dejó claro. El clima de violencia y corrupción impune, así como el descontento y hartazgo, no pesaron lo suficiente en el electorado como para derrotar a la maquinaria del partido gobernante y sus satélites, alzándose como triunfadores en la contienda aquellos más señalados por la opinión pública como saqueadores de la hacienda pública.

El hartazgo social por sí mismo no gana elecciones. Sin Liderazgo, unidad, y participación consecuente, el descontento se fragmenta y diluye en las urnas, favoreciendo a un adversario político que dictando las reglas del juego, es además el dueño de las canicas.

Honestamente considero que Andrés Manuel en el tema electoral veracruzano se equivoca. No puede anticipar vísperas asegurando el triunfo de Morena en el 2016 con Cuitláhuac García, sin valorar con humildad la fuerza electoral, real y supuesta del partido-movimiento en la entidad. La manera como los medios de comunicación interpretaron el mensaje, lo dice todo, colocando a la militancia del nuevo partido como sumisos acatadores del dedazo voluntarioso y cupular del “Mesías”.

Para bien de la oposición progresista en Veracruz, ojalá y rectifique.

Xalapa, Ver., septiembre 14 de 2015.

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J. Enrique Olivera Arce
Esto no se acaba hasta que se acaba, suele afirmarse en las confrontaciones deportivas. Bueno, también el sentido común en el imaginario colectivo tiene aplicación en la vida política de un Estado-nación como México o en una entidad federativa y, para el caso de la veracruzana, nunca como hoy día cobra plena vigencia., el gobierno de Javier Duarte cae dentro de esta tesitura: El silbato de la indignación y hartazgo social dio término al encuentro. ¡Esto ya se acabó! Y a otra cosa mariposa.

Por donde se le quiera ver, sectorial o regionalmente, el sexenio en curso llegó anticipadamente a su fin. Agotado hasta sus últimas consecuencias, la pérdida de autoridad moral, política, financiera, económica, y social, así como ineptitud evidente, rebasó toda expectativa de credibilidad y confianza en un gobierno a todas luces fallido.

Nada que justifique el optimismo obligado de un Flavino Ríos, secretario de gobierno, se contempla para lo que falta en el 2015 y el sexto y último año de mandato constitucional de Javier Duarte “Aún hay tiempo”, para enderezar la nave, afirmara el funcionario público y político sureño, ante un nutrido grupo de propietarios de medios de comunicación, columnistas y algunos reporteros.

Mucho menos el optimismo de algunos sectores veracruzanos de clase media, que imbuidos más por el interés coyuntural que por honesta convicción, aún confían, primero, que el gobierno duartista pague lo que debe y, en segundo término, el cifrar esperanzas en torno a una posibilidad real de que la administración pública estatal les resarza el status económico y social perdido.

Y aún hay más, el optimismo sin sustento de los ingenuos que consideran que con abundancia de críticos y manidos señalamientos y denuncias mediáticas, corrupción impune cederá el paso a la justicia enjuiciando y encarcelando a los responsables de saqueo y desastre.

Lo perdido, perdido está, no hay vuelta de hoja. Así se colmen las cárceles de servidores públicos saqueadores, los miles de millones de pesos “extraviados”, no regresarán a las arcas públicas ni el aparato productivo se resarcirá de las pérdidas y, mucho menos, los veracruzanos mejorarán en sus condiciones de vida. Más de 10 años de saqueo inmisericorde, malos gobiernos y un aparato productivo dejado a su suerte, pesan y pesan mucho en un proceso casi irreversible de deterioro de un tejido social puesto a mansalva entre la espada y la pared.

No hay nada positivo que en lo que resta del sexenio duartista pudiera esperarse. Haciendo agua por doquier, ya se acabó.

Lo que sigue es el rescate de un Veracruz en ruinas y éste, si es que existe la disposición de afrontarlo con seriedad, Cabría entonces pensar, no sin cierto escepticismo, que en el mini gobierno de dos años, cuando menos se sienten las bases para recuperar si no las pérdidas, cuando menos el rumbo perdido. Lo cual, a mi también ya desgastado juicio y como dicen en mi pueblo, no es enchílame otra.

El contexto.

Y no es enchílame otra porque a su vez Veracruz está inserto en una realidad nacional en la que el modelo económico, social y político neoliberal que impulsa el Sr. Peña, más que como aspiración impuesta a un nuevo orden de cosas en el que las leyes del mercado se impongan por sobre la fuerza del Estado presuntamente en beneficio del bien común, se reduce a más saqueo, más corrupción y más impunidad.

Si la reforma energética, estimaran los tecnócratas aprendices de brujo -intereses norteamericanos aparte-, abriría el camino para la consolidación del modelo neoliberal, la realidad inercial del saqueo como paradigma de Estado, impone otra cosa: el obsequio de los recursos estratégicos de México al capital privado, doméstico e internacional; ampliando las oportunidades de corrupción, impunidad, enriquecimiento y acumulación individual para unos cuantos connacionales en detrimento de millones de mexicanos ahora sumidos en desigualdad, pobreza y pobreza extrema.

El mal es nacional y no es menor y en ello va implícito el agotamiento de un régimen político vigente, sin legitimidad democrática, credibilidad y confianza. Expresándose lo mismo en el desastre multidimensional veracruzano, que en una iniciativa privada sin iniciativa que, en la entidad, marcha sin visión de futuro a la zaga de una clase política aldeana ineficiente y corrupta.

Bajo este esquema imperante como contexto, nada que ofrecer a los veracruzanos para un auténtico rescate. Desigualdad, pobreza y miseria extrema, es lo que se aprecia en el horizonte inmediato y, en este panorama, miente todo aquel político que con aspiración a gobernar a la entidad, afirme con desparpajo que va a sacar al buey de la barranca.

Ni honestidad, ni preparación y capacidad que valga, parece suficiente para que un gobernador de dos años revierta la tendencia dominante. Con mayor razón, si no se está dispuesto a enfrentar al toro por los cuernos aceptando tanto la realidad real dominante como la ingente necesidad de reconstruir el aparato administrativo gubernamental y crear condiciones para una reordenación y reconversión del aparato productivo estatal, hoy por hoy obsoleto y agotado, al que irían aparejadas políticas públicas incluyentes de generación de empleos remunerativos, fortalecimiento del mercado interno y un auténtico combate desde sus causas últimas a desigualdad y pobreza. Lo cual no se vislumbra en un discurso que elude reconocer que por sobre la racionalidad económica y social que se pretende alcanzar con el proyecto de país del peñismo, objetivamente se impone la cultura del saqueo y la simulación como paradigma de Estado.

Así que ni para donde hacerse. Dejar hacer, dejar pasar; más de lo mismo hasta donde el cuerpo social aguante, para una sociedad que, a su vez, elude el compromiso de poner un alto a la corrupción impune. La dinámica de la inercia marcada por el interés coyuntural individual de sobrevivencia, opone una muralla de complicidad a la búsqueda del bien común.

Lo único que queda para quien quiera asumir que hay otras alternativas, es la resistencia del nosotros ante el avasallamiento del yo sistémico… O poner en silencio la otra mejilla.

Hojas que se lleva el viento

Mecánicamente se piensa que con la llegada de Manlio Fabio Beltrones a la presidencia del CEN del PRI, está asegurada la candidatura del senador Héctor Yunes Landa a la minigubernatura de Veracruz. Sin siquiera percibir que lo que en estos momentos cuenta no es el padrinazgo político sino la necesidad de un régimen en crisis de frenar su propia debacle. El país conducido por un grupo de tecnócratas neoliberales vinculado a intereses capitalistas creados, internos y externos, se le escurre entre las manos a un Sr. Peña Nieto que no ha contado con el necesario respaldo del partido gobernante, y que de hecho acepta el propio Beltrones al afirmar que la sana distancia entre el partido y el presidente no ha funcionado.

Y así es en efecto, el PRI no ha sido funcionalmente útil en la tarea de administrar el conflicto resultante de la confrontación de propósitos neoliberales modernizantes con una dinámica inercial del peso histórico de una sociedad liberal, construida con parches socializantes fruto de la Revolución Mexicana. De ahí que para solventar el déficit de control, confianza y credibilidad, el peñismo para sobrevivir tenga que recurrir a lo más rancio del priísmo salinista, “la vieja guardia de la mafia institucional”.

“Seré un presidente cercano al presidente”, afirma Manlio Fabio, interpretando esa necesidad del peñismo y, eso, como mensaje a quien quiera ponerse el saco en Veracruz, es jerarquizar como prioridad a una política política que sirva tanto a la necesidad de fortalecer al deteriorado gobierno peñista en la coyuntura, como el construir un valladar estratégico que con eficacia se oponga en el 2018 a la “amenaza populista” de López Obrador para asegurar la continuidad del proyecto de modelo de país en curso. A esta necesidad se deberá la designación del candidato priísta idoneo y no al compromiso amical entre compadres.

Necesidad a la que, por cierto, deberá poner atención una izquierda responsable para adecuarse a los nuevos tiempos.

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Y para que no haya duda de que la impunidad en México no tiene retorno, el INE declara que violar la ley no es suficiente para privar de su registro al partido verde, poniendo en evidencia la existencia de un estado de derecho a modo y conveniencia del presidente en turno. La ley de Herodes es la constante.

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Con el número 312 fechado el 12 de agosto del año en curso, el Semanario Pulso Crítico cumplirá 6 años ininterrumpidos incursionando en la Red de Redes. Fruto de un esfuerzo periodístico alternativo y ciudadano de quien esto escribe, ha dejado constancia de que si se puede cuando se quiere en el ejercicio de la libertad de expresión, decir sin ataduras y en el filo de la navaja lo que se piensa, gracias a los amplios canales de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación puestos al alcance de todos. En estos días aciagos el riesgo es alto pero vale la pena intentarlo, peor sería para un ciudadano de a pie, el cargar con el silencio cómplice que doblega y atenta contra la libertad de la palabra.

Xalapa, Ver., 9 de agosto de 2015.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce 

Dado que en Veracruz existe aceptación legal y de facto de la gubernatura de dos años para el período 2016-2018, tanto para el priísmo en la aldea como en círculos periodísticos que marchan a la zaga de éste, no existe duda al considerar que la titularidad del ejecutivo se disputara entre los dos senadores de extracción tricolor.

No hay otras opciones válidas con peso y probabilidades, se dice.

Dándose por sentado que la mayoría de los electores potenciales seguirán votando en el 2016 por los candidatos del PRI. Bien sea por la fuerza de la costumbre o bien, por la fuerza de la maquinaria avasalladora del tricolor que, a diferencia de los partidos opositores, se estima cuenta con una estructura sólida a lo largo y ancho de la entidad veracruzana.

Con el sólo peso numérico del llamado voto duro, fuere como fuere el PRI ganará la elección, se argumenta. Minimizándose las posibilidades reales y potenciales que al respecto pudiera  abrigar la oposición. Con mayor razón si el tricolor repite la fórmula de alianza formal o de facto con el PVEM.

Esto no obstante que en el imaginario colectivo existe otra percepción que se contrapone a los optimistas cálculos del priísmo veracruzano, aquella que considerando el pésimo resultado de la gestión gubernamental lo mismo a nivel federal y, con mayor razón en el orden estatal niega toda posibilidad de triunfo al partido gobernante.

S el mayor capital político electoral del  PRI descansa en la actuación y nivel de aceptación del presidente Peña y el Sr. Duarte de Ochoa,  no puede dejarse de considerar esta percepción y sus posibles consecuencias en las urnas.

Cuestión de enfoques en una sociedad polarizada inmersa en una crisis en la que los poderes públicos se encargan y empeñan en ponerle más leña al fuego.

A mi juicio lo lógico entonces sería esperar a conocer los resultados de la elección de junio próximo para entonces sí, contar con mayores elementos de juicio para fundamentar un pronóstico razonable. Empero, la soberbia y triunfalismo en la cúpula priísta estatal no lo considera  así, persistiendo en ésta  la idea de que la elección de diputados federales será de mero trámite dándose por hecho un triunfo inobjetable de los candidatos de la alianza PRI-Verde Ecologista y, por ende, la elección de gobernador de dos años en el 2016 no tiene por qué tomar un camino diferente. 

Considerando el clima de incertidumbre, resultado de una dinámica de constante cambio y transformación de la realidad que se vive en México, bien haría el PRI en prever que las cosas no son tan en automático ni se puede recurrir a un análisis simplista y lineal para sustentar su predicción; percepción es política, pesa y pudiera ser determinante para inclinar el voto en su contra. Si el partido gobernante no ve, no escucha el clamor popular de descontento y hartazgo, ¿por qué espera una respuesta positiva de la sociedad en las urnas? Es la pregunta obligada.

Correlación de fuerzas

Es un hecho ampliamente reconocido en los círculos del poder real y formal que la población, desconfiada e incrédula, lo mismo descalifica los actos de gobierno emanados del modelo neoliberal en voga que la actuación de los partidos políticos que, en su conjunto, todos por igual marchan de espaldas a la sociedad. Esto a mi modo de ver las cosas, obliga a pensar en una ruptura en la correlación de fuerzas políticas en el país, polarizándole. Por un lado se observa el deterioro de la fuerza político electoral partidista y, en el extremo opuesto, el fortalecimiento de la movilización social que no por dispersa, ayuna de organicidad y programa común para la acción, deja de expresar una substancial modificación en la correlación de fuerzas que está inclinando la balanza a favor de la resistencia popular.

Los mirones de palo ya no son tales. Participación y movilización popular marca su huella en el escenario político hoy día. Ignorarlo es insistir en negar la realidad.

Veracruz no tiene por qué y con qué escapar a éste fenómeno social y político. El deterioro económico generalizado, acompañado de una percepción de inseguridad pública en la entidad así como la ausencia de respuestas congruentes del poder público a las justas demandas de la sociedad veracruzana, es el pan nuestro de cada día. La incapacidad manifiesta de una administración pública estatal y municipal, agobiada por la corrupción impune, el endeudamiento creciente  y quiebra financiera para frenar este proceso de descomposición,  cierra el círculo perverso, confirmando polarización y divorcio entre sociedad y gobierno.

A esta realidad es que debe enfrentarse lo mismo el PRI que los partidos  opositores, hoy desplazados por una nueva e inédita correlación de fuerzas políticas que favorece a movilización y resistencia popular,  y que habrá sin duda de reflejarse en las urnas lo mismo en junio próximo que en el 2016.

Luego no hay que echar las campanas al vuelo la víspera, al PRI podría volteársele la tortilla cuando menos lo espere, enfrentándose a un voto de castigo que podría dejar fuera de la gubernatura de dos años al mejor posicionado de los Yunes rojos. Más si estos insisten en sustentar su proselitismo tempranero en medias verdades y medias mentiras, políticas públicas y medidas de una falsa austeridad de un presidente Peña que va cuesta abajo. Secundando, por si fuera poco, el aquí no pasa nada que ha popularizado el gobernador fallido de Veracruz.

La elección del 7 de junio, dará la medida. Si cabe reflexionar la decisión a tomar en las urnas, con mayor razón vale la pena esperar a que se aclare el panorama.

Chelem, Yuc.- marzo 31 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Cuando un país empieza a perder a aquellos que cuentan la verdad, entonces empieza a perder su alma.” Owen Sheers, poeta galés

Lo que a mi juicio hace escaso un mes se percibiera como una “rebelión en la granja” al interior del PRI en Veracruz con la aprobación por la Legislatura local de la iniciativa que contempla la gubernatura de dos años para 2016, no sólo se confirma con la actitud asumida por los senadores priístas Héctor Yunes y José Francisco Yunes al abandonar abruptamente el recinto en el que tuviera lugar el acto conmemorativo del Centenario de la promulgación de la Ley Agraria de 1915, presidido por el presidente Peña , sino que se eleva a la categoría de crisis institucional, al descalificar estos ante la prensa la gestión del gobernador Duarte de Ochoa.

Lo que motivara el acto de rebeldía y protesta de los senadores priístas veracruzanos, indudablemente tiene como origen el verse estos afectados en sus intereses al no coincidir sus aspiraciones políticas con el rumbo que el gobernante pretende imponer en materia electoral. De eso no hay duda, empero lo tan insólito como inédito en los anales de la vida política veracruzana de tal acto de rebeldía, y a sabiendas de que ambos legisladores escupen para arriba, no puede dejar de inscribirse en el marco de la crisis del régimen político que hoy día se vive en México.

Al referirme a la presunción de la “Rebelión en la granja”, señalaba:

“Rebelión en la granja tricolor”. Sí señor, en pleno proceso electoral y en medio del estancamiento y recesión de la economía así como de la crisis terminal del régimen político nacional. Y Si el Sr. Peña Nieto esperaba contar con la contribución de la entidad veracruzana para alcanzar mayoría absoluta en la Cámara baja del Congreso de la Unión para el 2015, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa ya le responde con la señal de que aquí quien manda en Veracruz, primero antepone el interés mafioso de grupo a los buenos deseos presidenciales.”

Y bajo esta premisa, en menos de 30 días de mi comento, los senadores priístas de Veracruz, confirmando y haciéndose eco del sentir de amplios sectores de la sociedad veracruzana, responden al primer priísta de la entidad, calificando a quien dice mandar en Veracruz como un inepto que ha dado al traste con unidad, armonía y buen gobierno, colocando a la entidad dentro de un clima de desorden, desastre económico y protesta social.

Correspondiendo al senador Héctor Yunes landa puntualizar en un comunicado de prensa que:

“… cada día es más palpable en Veracruz una ausencia de rumbo y un afán de fracturar, más que de unir. Se percibe un afán sectario, de pequeñez, que permea en todos los ámbitos de la vida pública. Es indudable que hay inestbilidad, atraso social, recesión. La clase política está confrontada con el gobernador. El PRI, diavidido por una injerencia anacrónica y lamentable”.

Palabras fuertes con las que la “Rebelión en la granja” trasciende los terrenos del partido tricolor en la entidad, para ubicarse en el marco de una crisis institucional al interior de la administración pública, confrontando a lo más representativo del partido gobernante con quien ni por asomo las tiene todas consigo como el que manda en Veracruz. A la par que se ubica en un escenario de crisis generalizada del régimen político vigente.

La respuesta del Sr. Duarte de Ochoa a los rebeldes, se inscribe en el ya manido triunfalismo sin sustento: “…En Veracruz existe un Gobierno bien integrado, ordenado y eficaz, que responde y logra metas como nunca antes”. Palabras huecas que a estas alturas no convencen a nadie por muy alejado que se esté de la percepción de un gobierno fallido en la entidad.

Lo que, guste o no, afectando en su conjunto a toda la vida política, social y económica de Veracruz, la descalificación del desempeño del Sr. Dr. Duarte de Ochoa tendrá consecuencias negativas no sólo para el PRI en los próximos comicios federales, sino que también para los partidos políticos opositores que, por conveniencia y oportunismo, han guardado silencio ante la situación que se vive en la entidad.

Esto último, al margen de lo que en términos de gobernabilidad se verá reflejado en una sociedad que no confiando en su gobierno, aplaude un acto de rebeldía de los senadores priístas.

Hojas que se lleva el viento

Entre 1.3 y 1.5 millones de personas participaron este domingo en las calles de París en la “marcha republicana” contra los atentados islamistas, destaca la prensa internacional. Sin pretender justificar el horror de lo acontecido en Francia, cabe pensar, evocando a Joan Paul Sartre, Frantz Fanon y “Los Condenados de la tierra”, que occidente pretende ocultar tras una espesa niebla de hipocresía, chauvinismo y desgarre de vestiduras, lo asentado en la memoria histórica de varios siglos de opresión, esclavismo, tráfico de personas y guerras de exterminio, de un colonialismo imperial que se impuso con la espada y la cruz. Si es justo condenar el radicalismo a ultranza de los perpetradores de atentados contra población inocente con el pretexto de un absurdo fundamentalismo religioso, no puede dejar de condenarse el genocidio sobre pueblos inermes de África, Asia, Medio Oriente y América Latina a manos del imperialismo occidental.

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Si de por sí los nomios no favorecen electoralmente al partido tricolor en Veracruz, con el listado de aspirantes a una diputación federal, en el que el denominador común que iguala a todos por igual es ineptitud, oportunismo y corrupción impune, el rechazo en las urnas a los candidatos del PRI por parte de los electores será más que de pronóstico reservado. Para quienes confían en que la próxima elección mantendrá la tónica de siempre, seguramente toparán con sorpresas inesperadas. Al tiempo. – Cd. Caucel, Yuc., enero 11 de 2014

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“El país arde, y nosotros discutimos de quién son las mangueras”. Xosé Manuel Beiras

Círculos políticos y prensa de acompañamiento en Veracruz, entretenidos en el sempiterno juego de intereses electorales encontrados, parecen sentirse cómodos manteniéndose al margen de la peor crisis política de los últimos treinta años en México.

Tanto a nivel partidario como al interior de la administración pública estatal y municipal, la prioridad está puesta en el proceso electoral en marcha así como en dimes y diretes en torno a la viabilidad de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, siendo este evento deportivo parte del herramental utilizado para descalificar lo mismo a los de casa que al adversario u adversarios de enfrente.

Salvo contadas voces con intención de llevar agua a su molino más que por genuina preocupación, el malhadado crimen que ha puesto en jaque al gobierno de la república y al régimen político del Estado mexicano, exhibiendo la profundidad de su crisis terminal, la mayoría de la llamada clase política y la prensa oficialista de la entidad, no parece escuchen, sientan, se preocupen u ocupen por los pasos que retumban en el tapanco.

Si la violencia criminal de la delincuencia organizada no existe en Veracruz y los delitos de baja estofa se combaten con “robocops”, no hay purrum en el cotarro. Todo está bajo control y la airada voz de una sociedad lastimada, sólo es de llamar la atención cuando incurre en “vandalismo”; la protesta ciudadana y en especial la de los jóvenes estudiantes, es legal y tolerada si es pacífica, modosita, bien portada y no incurre en el exceso de afectar intereses de terceros ó pedir la cabeza de Peña Nieto.

La prioridad es dilucidar el quien, el cómo y el cuando habrán de postularse fulano o perengano como candidato a la sucesión del que dicen manda en Veracruz. En torno a ello, afecto y desafecto, tinta y lodo por delante, transcurre la bucólica vida política de la entidad, mientras la nave se hunde con la lumbre llegándole a los aparejos.

Nadie en estos círculos, rojos, azules, amarillos, verdes o tornasoles cercanos a un poder que le apuesta a no poder, alcanza a percibir que por los antecedentes documentados, o bien por la obviedad de una realidad presente, Veracruz podría encontrarse en igual o peor tesitura que Guerrero o Michoacán. Prever y con oportunidad limpiar la mugre bajo la alfombra, no está en el ánimo ni en las prioridades en un próspero granero que tiempo ha viene transitando en los márgenes de un estado de derecho deteriorado y cuestionado.

Las airadas voces de alerta ni se ven ni se escuchan. Ni Guerrero ni el país entero son Veracruz, que éstos con su pan se coman una crisis que no es de la incumbencia de los veracruzanos.

Hasta que el hilo reviente por lo más delgado… Y cuidado, que ya se está tensando más de lo que la paz social recomienda; lo que el torrente de desigualdad, exclusión y pobreza arrastra bajo sus aguas podría dar la sorpresa.

Hoy son los jóvenes estudiantes quienes alzan la voz, maña quien sabe…

Y en este escenario, es de llamar la atención el que voces calificadas rompan el esquema, haciéndose eco de la paranoia que invade al primer prísta del país. El respeto al mandato constitucional y el que nos merecen las instituciones republicanas, tiene límite. Cuidemos de su integridad y reflexionemos civilizadamente sobre su futuro, antes que ir contra ellas, dicen desde el mismo seno de las instituciones cuestionadas.

No se paran mientes en que el hartazgo, indignación y protesta, bien puede no ser justificado ni legal a la luz de los intereses de un régimen corrupto, pero sí legítimo en el ámbito del derecho natural de un pueblo a cuestionarse sobre la forma de gobierno que el mismo se ha dado. Al fin y al cabo ¿quién lanzó la primera piedra, infringiendo la ley?

La violencia sea cual fuere su origen, motivación o expresión palpable de conductas antisociales, no es deseable, pero no puede descalificarse a priori sin tener los pelos de la burra en la mano. Frente al monopolio de la fuerza del Estado, ejercido a tras mano, en lo oscurito y con aviesos propósitos, ó la violencia criminal de la delincuencia organizada o desorganizada que daña todo lo que toca, no puede dejar de justificarse la violencia de los ofendidos, hoy indefensos ante la ausencia de un estado de derecho que por ellos vea.

Hoy son ellos, juventud vulnerable y victimada, mañana bien podríamos ser nosotros, todos por parejo.

No nos engañemos. No se puede ni debe estar cómodamente al margen de una crisis social y política que, arrastrando a toda la sociedad, no tiene respuesta valedera por el camino de las urnas. La política electoral y con mayor razón la politiquería que vela por el reparto del botín, no es hoy prioridad. No es una elección lo que está en juego como tampoco el buen nombre de las instituciones republicanas, es algo más, de mayor relevancia y trascendencia, el pacto social que da cohesión al Estado mexicano.

Reflexionemos. México vive la hora de su definición. O se está por la continuidad del más de lo mismo, sujetos a un régimen político corrupto y caduco, o se compromete por la reconstrucción democrática del Estado por los amplios caminos de la participación consecuente y responsable de todos.

Lo otro, la grilla palaciega, es lastre que bien puede tirarse por la borda.

Hojas que se lleva el viento

La seguridad pública es el mayor legado en 4 años de mi gobierno, afirma ufano el Sr. Doctor Javier Duarte de Ochoa. ¿Hay razón o argumento de peso para dudarlo y desmentirle?

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De nueva cuenta las imágenes de mujeres, viejas y no tan viejas mostrando sus descarnadas miserias en la vía pública, dan la vuelta al mundo. Nadie frena tan ignominioso espectáculo; la autoridad coludida con el movimiento lumpen autodenominado “Cuatrocientos pueblos” es parte del show. Auspiciando, financiando, manipulando y utilizando el bailoteo de féminas en cueros -protagonistas y víctimas per se del clima moral de domina la vida política de la entidad-, desde las esferas del poder se construye cortina tras cortina de humo para encubrir sin resultado práctico su propia desnudez política y moral.- Cd. Caucel, Yuc.a 26 de octubre de 2014.

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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce

Porque está en la jarocha naturaleza el privilegiar la política electoral, o más preciso, la electorera, y siempre bajo la amenaza de que teniendo más saliva Miguel Ángel Yunes Linares comería más pinole, la reforma electoral federal y su armonización jurídica en Veracruz desató la batahola al interior del PRI en la entidad.

Lo que no pasaba de escaramuzas mediáticas madrugadoras en torno a la sucesión del Dr. Javier Duarte en el 2016, es hoy una auténtica “rebelión en la granja”. El gobernador tiró la piedra y descompuso el cuadro.

Si bien dos años al frente del poder ejecutivo estatal bastan para el saqueo y recuperación con creces de lo invertido, y ello satisfaría la ambición de más de uno, no hay como un botín sexenal y, en torno a esta línea de especulación, se agita la gallera en un todos contra todos en las filas del tricolor, pasándose por alto la gravedad de política económica, política social y cochinero por limpiar en una administración pública estatal fallida.

La descomposición de forma y fondo es total. Para el primer priísta de Veracruz, así como a los agoreros trashumantes se les hace bolas el barniz. No se esperaban que de una simplona estrategia de distracción mediática llamada a atemperar evidencias, señalamientos y crítica, por cierto muy bien fundada, sobre la malograda economía veracruzana y sus repercusiones en los terrenos de lo social, se pasara a una verdadera rebelión interna que pone en riesgo la viabilidad en la entidad del triunfo anunciado del PRI en las elecciones federales intermedias.

Y esto último no porque la caricaturesca oposición de “izquierdas y derechas” que también lleva agua a su molino aprovechando río revuelto, reúna condiciones para disputarle el triunfo electoral al partido del gobernador; comprados como están para simular llevar las contras ni pueden ni quieren enfrentarse al que dicen manda en Veracruz. La derrota se sustentaría en su propia naturaleza, el PRI en la entidad no sabe ni conoce de navegar en las turbulentas aguas de la división, indisciplina y rebelión a su interior sin una mano fuerte que meciendo la cuna dicte la última palabra. Ni el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa ni Elizabeth Morales Domínguez, tienen tamaños para ello.

Eso sin contar el hecho ya irrefutable de que en la actual correlación de fuerzas políticas que domina a la entidad, es mayor la oposición social que una institucional apegada a las reglas inmutables de un régimen político de capa caída. El descontento y hartazgo que conlleva votos de castigo, también cuenta y cuenta mucho cuando en el espectro electoral institucional no hay nada de positivo que ofertar y sí mucho que apechugar frente a una sociedad cansada de lo mismo.

Más si se toma en consideración que en el ámbito nacional para el PRI el horno no está para bollos, enredado como está en seguirle el paso a las pretensiones privatizadoras y empobrecedoras de un presidente que no ve, no escucha el clamor del pueblo al que atropella.

Y mientras a lo largo y ancho de la entidad veracruzana clase política y columnas periodísticas se ahogan en un vaso de agua, ocupándose y preocupándose por el incierto futuro electoral o electorero, que se reduce a un simple rejuego de intereses espurios ajenos a lo que la sociedad demanda, Veracruz sigue deslizándose en el tobogán del deterioro económico y social. Recesión, desempleo, estancamiento productivo, capacidad instalada ociosa, devaluación del poder de compra del salario y contracción del consumo familiar, aunado a endeudamiento creciente, corrupción y ausencia de rumbo de una administración pública fallida, abonan a favor del desastre.

Mal momento para cumplir con la consigna superior de armonización cuanto antes de la legislación electoral estatal ajustándose al mandato federal, cuando ya la aspiración para lo que vendrá en el 2016, para muchos estaba desatada. Peor aún si con la prisa no se le supo tentar el agua a los camotes. Lo que debió haber sido frenando con oportunidad los madruguetes, es hoy rebelión en la granja tricolor. ¿Quién será el bueno que quiera y pueda poner orden en el corral ahora agitado?

¿Algún chamaco de la fidelidad con el respaldo del que ya no está, un senador madrugador? O será necesario un comisionado plenipotenciario con carta poder firmada por ya sabe usted quien.

Hojas que se lleva el viento

Las manecillas del reloj no se detienen. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe están ya a la vuelta de la esquina. Ciudad digna y segura está por verse en las sedes designadas. No hay dinero dicen los alcaldes atosigados por deudas impagables; bursatilización de la hacienda municipal y saqueo les juega en contra mientras quienes les precedieran en el cargo, tan orondos y a otra cosa mariposa.

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Mi afectuoso saludo y agradecimiento sincero a lectores y amigos que con sus donativos hacen posible la continuidad del semanario pulsocritico.com. Gracias a este apoyo desinteresado, a lo largo de 252 semanas ininterrumpidas esta modesta ventana al pensamiento crítico y la reflexión se ha mantenido en la WEB.- Xalapa, Ver., 18/06/2014

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