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Tag Archives: Elección presidencial

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

A la par que el presidente Peña y su canciller empecinados insisten en ver la paja en el ojo ajeno, asumiendo una postura intervencionista en el seno de la OEA que no respalda el pueblo de México, la crisis multidimensional que acusa el país se profundiza.

Acusando el nivel más bajo de aceptación de sus gobernados en los últimos 50 años del presidencialismo en México, el inquilino de Los Pinos pareciendo desentenderse de la creciente demanda de la seguridad pública ante los embates del crimen se ocupa y preocupa más por los asuntos internos de Venezuela que por asegurar gobernabilidad y gobernanza democrática en su país, incidiendo negativamente en la crisis que en todos los órdenes de la vida nacional es más que evidente.

Crisis que por cierto Peña Nieto niega, afirmando no existe más allá de una percepción de un pueblo que se niega a reconocer hechos positivos  que hablan de un país pujante, de un México que avanza a pasos firmes por la senda del desarrollo cuando la terca realidad le desmiente.

El descontento y el hartazgo crecen a lo largo y ancho del país,  y no necesariamente en el terreno político-electoral. Desigualdad, pobreza, desempleo, deterioro del tejido social y pérdida de expectativas de bienestar pesan más en el ánimo de la población que el discurso triunfalista. El consenso social en torno a la necesidad de un cambio de régimen que atraiga paz social y nuevos derroteros para el país es cada día más amplio. La gente quiere y exige un cambio y la élite política nacional no ve ni escucha.

La realidad, siempre la terca realidad, se expresa por diversos medios y caminos. La violencia desatada y sin control de los últimos días en Veracruz, es su reflejo en nuestra aldea. Nadie está ni se siente seguro ahora ni en el interior de su propia vivienda, mientras la llamada clase política del régimen caduco se preocupa y ocupa del incierto escenario electoral para el 2018.

No sólo es la inseguridad pública, también la inseguridad en el empleo, la inseguridad frente al costo de la vida que supera el poder adquisitivo del salario, o el acceso a la educación superior, entre otros factores negativos cuyos efectos se resienten cotidianamente en el seno de la familia, conforman un estado de cosas que va más a allá de la simple percepción en el imaginario colectivo y que parecieran no figurar en la agenda político-electoral, salvo en el manido discurso de la simulación de una desacreditada partidocracia.

“Tanto va el cántaro al agua…” , que el descontento y el hartazgo rebasa ya la capacidad gubernamental para contenerle. Ya no es sólo el doble poder que impone con terror la delincuencia a lo que se enfrenta el gobierno de la alternancia, la movilización de protesta ciudadana, con todo y represión en contra,  se deja sentir con toda intensidad ante la incapacidad gubernamental para atender y resolver lo que en justicia reclama la población.

El cambio es ya ineludible. O se empieza desde arriba, o  desde abajo con las consecuencias que ello implica, los veracruzanos de a pie tomarán la iniciativa. ¡Ya basta!

Hojas que se lleve el viento

Ahora sí, como anillo al dedo, no es lo mismo ser cliente que tendero. A dos días de llegar a término el séptimo mes de gestión del gobernador Yunes Linares, se da como fallida a la administración de una alternancia nacida de la alianza del PAN con el PRD, incapaz de cumplir con los ofrecimientos de una campaña electoral sustentada en la venganza política.

Tras la mampara de la violencia criminal desatada, brillan por su ausencia lo mismo rescate de la administración y finanzas públicas que de una economía en recesión. La entidad permanece postrada con pobreza y desempleo en ascenso, las finanzas públicas estatales en quiebra, la administración un desgarriate y el gobernador, como vocero de lujo de su gestión, solo atina a reafirmar su indignación ante un estado de cosas que rebasándole se le derrama.

Xalapa, Ver., 28 de junio de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Difícil entender en que momento la cantidad de descontento se transformó en calidad de protesta abierta, oponiendo la resistencia del populismo de los más a los menos que se benefician del neoliberalismo excluyente y empobrecedor.

En maquinazo anterior comentaba que “En la elección edilicia ningún partido o coalición contendiente, con sus pírricos triunfos obtuvo el aval mayoritario de los ciudadanos (o aspirantes a serlo) que les legitime; todos sin excepción representan a minorías segmentadas y dispersas…”

Opinión sobre los comicios veracruzanos que de acuerdo a notas periodísticas coincide con lo acontecido en el estado de México con la elección de gobernador, señalándose que ningún partido contendiente obtuvo mayoría absoluta lo que, consecuentemente, pone sobre la mesa el tema de la segunda vuelta electoral si se aspira a un mínimo de legitimidad democrática.

Tema por demás controvertido en las actuales circunstancias de un país en crisis en el que la pérdida de confianza y credibilidad lo mismo en partidos políticos que en instituciones electorales, plantea la necesidad ya no de un ajuste del régimen político sino la renovación de este mediante un nuevo pacto social.

Los partidos tradicionales tendrán que aprender a encontrarse con la gente o de lo contrario tendrán que dar paso a nuevas formaciones políticas.

Esto si consideramos que con la actual estructura electoral, sus reglas escritas y no escritas,  ya no da como para que un partido político o coalición en primera o segunda vuelta, alcance el 50 por ciento más uno del listado nominal oficial. A lo sumo, alcanzaría el 50 por ciento más uno del total de sufragios emitidos, retornándose al punto de partida, la ausencia de legitimidad democrática del gobierno en un país plural de más de 120 millones de habitantes.

De ahí que,  a mi juicio,  en la actual coyuntura y ante la proximidad del proceso electoral del 2018, resulte estéril debatir la propuesta del PAN y mucho más, el que el Congreso de la Unión aprobara una reforma constitucional de tal envergadura como la segunda vuelta antes de la elección presidencial. Reduciéndose el tema a un asunto meramente electorero, llamado a impulsar desde ya alianzas o coaliciones encaminadas a sumar cuantitativamente el mayor número de sufragios, como si el ganar o perder la elección fuera una simple operación aritmética y no cualitativamente de certeza, confianza y credibilidad de un electorado hoy por hoy desilusionado.

Hasta donde se alcanza a observar, la polarización político-electoral entre MORENA y los partidos “del régimen” -como les califica López Obrador-, lejos de menguar va en aumento y sin visos de atemperarse. Lo que no se resolvería con una segunda vuelta, salvo con una alianza abierta entre el PAN y PRI con vías a lograr el 50 por ciento más uno del total de sufragios a emitir. Y vuelta a lo mismo que se pretende subsanar con la reforma constitucional al calce, cambiando para seguir igual.

Salvo que MORENA diera un paso a la izquierda, buscando alianzas estratégicas con los cada vez más amplios movimientos sociales indígenas y campesinos que se resisten al modelo neoliberal excluyente y empobrecedor, lo que se ve cuesta arriba toda vez que Andrés Manuel le tiene miedo a lo desconocido.

Situación esta última que, con diferente motivación, obliga tanto al PRI como a MORENA a rechazar de entrada la posibilidad de que la iniciativa del PAN progrese en el Congreso y sea aplicable en la elección presidencial del 2018.

Por lo que toca a Veracruz para la elección de gobernador en 2018 cabe el mismo razonamiento, surgiendo la interrogante en torno a una posible alianza entre PAN-PRD y el PRI para vencer a MORENA en segunda vuelta. ¿Estaría dispuesto el gobernador Yunes Linares a darle oxígeno a un PRI que no logra desembarazarse de su oscuro  pasado de Fidelismo-Duartismo? Estaría por verse cuando en los estertores de la fallida administración peñista la instrucción vertical desde la Presidencia de la República equivaldría a un llamado más a misa.

Todo lo anterior en un escenario tanto de descomposición del régimen político vigente como de un hartazgo social en ascenso que, interactuando, juegan en contra de un consenso aceptable tendiente únicamente a satisfacer intereses facciosos de una partidocracia corrupta,  y no a buscar el bien común en el seno de una sociedad que se debate entre un pasado ominoso y un futuro incierto.

Sin embargo, todo es posible cuando para el régimen vigente, lo que menos cuenta es el consenso social en torno a la legitimidad democrática.

Habría que ver si con la irrupción del EZLN y Consejo Nacional Indígena en la política electoral, no cambian los escenarios.

Hojas que se lleva el viento

Observando el mundo al revés el senador Héctor Yunes Landa afirma que: la reforma educativa constituye un salto de época y acierto del gobierno de México, cuando la realidad dice lo contrario: ante el salto de época la reforma educativa es un desacierto del gobierno de México. Pifia irrelevante habida cuenta de que Don Héctor ya es cartucho quemado… Y siguiéndole los pasos su par, José Yunes Zorrilla que se va quedando sin asideros sólidos entre los más destacados aprendices de brujo de Peña Nieto, mandados por consigna de EE.UU. a quemarse interviniendo en un estéril intento por modificar la política interna venezolana.

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En nuestra tradicional y aldeana clase política veracruzana, aún no se asimila el que MORENA asuma el gobierno de la ciudad capital. De ahí que por todos los medios pretenda reafirmar sus lazos de interés mutuo con el mayor número de tundeteclas para una orquestada descalificación del alcalde electo. Tarea en la que el PRI lleva mano frente al PAN-PRD como resultado de su influencia inercial sobre una prensa que patalea por sobrevivir. Está por verse si los electores están dispuestos a respaldar o a darle la espalda a quien eligieran para la alcaldía. También está por verse si el periodismo ciudadano que se expresa en las redes sociales logra imponerse por sobre la orquestada andanada mediática oficial y oficiosa.

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Suele afirmarse que la historia la escriben los vencedores y es a la luz de este lugar común, que resulta patético observar que los perdedores propalen que la historia recomienda como única alternativa válida para el 2018 en México, el que la gente siga votando por un PRI “que si sabe gobernar”.

“Sin pueblo no hay historia, no hay historia que escribir ni cambio que esperar…” Ramzy Baroud

Xalapa, Ver., 20 de junio de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En memoria de Rafael Junquera Maldonado. Entrañable amigo que se nos adelantara en el camino.

Una vez definidos los candidatos de los partidos políticos – no de la ciudadanía-  a la contienda electoral que desembocará en la elección de las 212 fórmulas edilicias de la entidad, vale considerar  aspectos a mi juicio relevantes para el electorado en el camino a la decisión a tomar frente a las urnas el próximo 4 de junio.

Tanto a nivel nacional como en nuestra aldea, la sociedad ha cambiado, no es la misma la que emitirá su voto en el 2017 que la que en el pasado se sometiera electoralmente a las reglas del juego, usos y costumbres del partido hegemónico. Lo que obliga a pensar que a diferencia del pasado, para la elección edilicia en Veracruz pesará más la percepción negativa que se tiene tanto del poder público como de los partidos contendientes, que de los candidatos, independientemente de la aceptación o empatía que estos últimos generen en la ciudadanía;

En estas condiciones atípicas de la vida política nacional, el proceso electoral del 2017 en Veracruz, va más allá de la simple elección edilicia. Lo que está en juego es la elección de gobernador y la presidencial en el 2018, y a ello está encaminada sin distingos  la estrategia partidista;

La oposición al gobierno de la alternancia y sus candidatos en la contienda,   no es homogénea.  Hay de chile de dulce y de manteca. Si bien pareciera que todos los partidos opositores van en el mismo saco,  la realidad es que van juntos pero no revueltos, cada uno persigue propósitos, objetivos e intereses diferentes que les acercan o alejan, según el caso, tanto del gobierno priísta de Peña Nieto en el orden nacional como de la alianza PAN-PRD en el gobierno veracruzano. No son lo mismo el PRI y sus satélites que con sus asegunes Movimiento Ciudadano, Morena o el Partido del Trabajo.

Ideológica y programáticamente no hay diferencias de fondo en el espectro político-electoral vigente. En la visión de mediano y largo plazo propósitos, objetivos y metas por alcanzar, sin excepción toda la partidocracia se encuadra dentro del modelo neoliberal del capitalismo salvaje de nuestra época, hoy día impulsado en México por Peña Nieto y los poderes fácticos que representa.

Coyunturalmente, dominando el pragmatismo, para un horizonte de corto plazo la oferta electoral no es blanco y negro, tiene sus matices que van desde la visión conservadora de la ultraderecha que agrupa al PAN, al PRI y al PRD, que la de un reformismo más o menos progresista en forma y fondo de Morena y, quizá de  Movimiento Ciudadano, que le apuestan a un cambio en el statu quo del régimen político, económico y social dominante,  frenando políticas públicas empobrecedoras y contrarias a principios sustantivos de independencia y soberanía nacional.

Luego es en la actual coyuntura político-electoral en la que habría poner énfasis en la toma de decisiones ciudadanas frente a las urnas. Definiendo con el voto lo mismo el mantener más de lo mismo o bien, el apostarle a un cambio que, por modesto que sea, como reza la conseja popular, “algo es algo, dijo un calvo”, contribuya lo mismo a la oxigenación de la vida política,  fortaleciendo el poder ciudadano y ulterior rescate de la democracia representativa en la entidad.

Del voto razonado en la contienda en curso, dependerá el peso específico que cobre el reservorio político-electoral de Veracruz para el 2018.

La ciudadanía tiene la palabra, el balón está en su cancha.

Hojas que se lleva el viento

Más allá del diferendo verbal y mediático entre el Sr. Yunes Linares y Andrés Manuel López Obrador, todo parece indicar que el gobernador veracruzano está logrando poner freno a las aspiraciones de MORENA, permitiéndole cacaraquear como minoría beligerante en el Congreso local o con discursos incendiarios en la plaza pública, pero impidiéndole se fortalezca aliándose a los movimientos sociales contestatarios que, como hongos, proliferan ya a lo largo y ancho de la entidad. La amenaza ha sido clara, la injerencia de MORENA en la protesta ciudadana en sus diversas manifestaciones, será combatida con todo el peso de la ley. Obligando al partido de López Obrador a no transgredir las reglas no escritas de un juego en el que todo se vale menos agitar las ya de si encrespadas aguas del descontento y el hartazgo social.

-ooo-

El senador Héctor Yunes Landa montado en su macho, insiste en llevarle la contraria a su pariente Yunes Linares. Sin contar con autoridad moral y política para juzgar los desaciertos del gobierno de la alternancia insiste en ver moros con tranchete. Incapaz de consensuar el nombramiento del fiscal anticorrupción en la comisión senatorial que preside, olvida que en materia de corrupción el PRI en Veracruz lleva la mano. Doce años de saqueo a manos de gobiernos priistas no se olvidan.

-ooo-

El primer obligado a proporcionar seguridad a la población conforme a derecho es el gobierno municipal, cosa que en el caso de la capital veracruzana el alcalde Zúñiga Martínez no contempla entre sus prioridades. Habla y habla de una coordinación entre los tres niveles de gobierno en materia de seguridad pública que no existe. El Ayuntamiento xalapeño no contribuye en nada en la tarea del combate a la ola de violencia criminal que tiene en jaque a la población, por lo que no cuenta en los esfuerzos del gobierno federal y estatal por restablecer la extraviada seguridad y tranquilidad social. Los hechos desmienten a nuestro flamante alcalde.

Cd. Caucel, Yuc., abril 12 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz somos tan dados a no ver más allá de nuestro propio ombligo que deteniéndonos en el árbol sin ver el bosque, terminamos por conformarnos con hacer carbón del árbol caído. Sólo de esta manera quien esto escribe se explica tanta tinta derramada en especulación y chismorreo.

Anclados en el rumor y la especulación que rodea la presunta salida de Javier Duarte de Ochoa, nos negamos a aceptar que lo que está en juego no sólo es el futuro inmediato del gobernador fallido, sino que también pesa y determina el futuro de México, habida cuenta de que Veracruz es una pieza más en el ajedrez sucesorio en el que Peña Nieto y sus propósitos y objetivos neoliberales, sustenta su proyecto transexenal.

La elección de gobernador en el 2016, es prolegómeno de la presidencial en el 2018, y así deberíamos entenderlo para enmarcar el estira y afloja en el que por sobre el interés de los veracruzanos está el interés de Enrique Peña Nieto y su grupo de aprendices de brujo. Qué conviene y que no conviene para el proyecto transexenal en juego para tomar la decisión de fincarle juicio político o forzar a Duarte de Ochoa a solicitar licencia ante el congreso local. El estirar la cuerda, reventarla, aflojarla, o dejar la decisión en manos de la voluntad unipersonal del denostado gobernante, está en manos de la presidencia y no en la presión mediática que, si bien refleja el clamor popular, no deja de representar también intereses locales personal, partidista, o de grupo.

Tampoco se puede dejar de considerar en este posible escenario, que el mini gobierno de dos años es de transición. Sea quien fuere el sucesor de Javier Duarte, más que resolver o intentar resolver la problemática económica, social y política por la que atraviesa Veracruz, tendrá como tarea crear las mejores condiciones posibles para asegurar un triunfo electoral en el 2018 favorable a la continuidad del proyecto neoliberal en curso o, en su caso, abrirle la puerta al “populismo” de la izquierda reformista que representa Morena con Andrés Manuel López Obrador. En la inteligencia de que tanto el PRI como el PAN y el PRD se inclinan por la primera opción, son parte de ella, está en su naturaleza y así lo han expresado con hechos concretos y tangibles más que con palabras.

Son dos proyectos antagónicos y no tres, los que se pondrán a la consideración del electorado en el 2018. Peña Nieto ha sido muy claro, combatirá al “populismo” con todo lo que esté a su alcance y si hoy decide sostener a Javier Duarte a expensas de la derrota del PRI en junio próximo, no será por motivos éticos o morales o por la repulsa generalizada de una población lastimada, dolida y harta de un gobierno fallido, sino porque en su aritmética política así conviene a su proyecto.

Si Peña a pesar del evidente vacío de poder en la entidad, considera a Veracruz como desechable, le tendría sin cuidado si el tránsito al 2018 es con Héctor Yunes landa o con Miguel Ángel Yunes Linares. No se puede echar en saco roto que en los últimos sexenios la entidad veracruzana dejó de ser el cacareado reservorio de votos para el PRI, toda vez que las últimas elecciones presidenciales, al margen de un abstencionismo creciente, la intención del voto favoreció a los candidatos de Acción Nacional.

De ahí que a mi juicio resulte irrelevante el que se considere que entre más tiempo pase sin que se resuelva el futuro inmediato de Javier Duarte, mayor será la pérdida de sufragios para el precandidato o candidato ya de facto, del PRI y mayores las posibilidades de triunfo de la alianza opositora con Miguel Ángel Yunes Linares. Lo lamentable es el daño que Veracruz resiente ante la ambigüedad e indefinición de una decisión que ante la cercanía de la elección, en Los Pinos no se da con la claridad, autoridad y oportunidad deseable. Los coletazos y patadas de ahogado de un gobernador fallido, encuentran campo propicio para que las cosas mantengan su curso en el día a día de mal en peor, pagando los platos rotos el convidado de piedra que en una democracia real debería ser el principal protagonista.

Hojas que se lleva el viento

La carta abierta a la ciudadanía, que Javier Duarte hiciera publicar el pasado domingo en el Diario de Xalapa, asegurando que pagará hasta el último centavo a la Universidad Veracruzana, así como su discurso mañanero y triunfalista del lunes en el que insiste en que por sobre el rumor se impone la prospera realidad construida por su gobierno, pone a los veracruzanos en la disyuntiva de creer o no creer. ¿Usted estimado lector, cree o no cree en quién en el imaginario colectivo de hecho ya no es gobernador?

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J. Enrique Olivera Arce

En un país hundido hasta el tuétano en la corrupción pública y privada, no es de sorprenderse y menos darse por engañados que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación primero dicte sentencia y, después de ejecutarse esta, de paso a la investigación de presuntos ilícitos que bien pudieran haber modificado el tenor de la resolución de los magistrados. “Afusílenlos en caliente y después viriguen”, frase muy socorrida en los tiempos de la gesta revolucionaria mexicana, que sigue teniendo plena validez entre nosotros en el primer tercio  del Siglo XXI.

Si en el 2006 con el “haiga sido como haiga sido”, se justificara el triunfo del “espurio” y su ilegítimo y nefasto arribo a la presidencia de México con las consecuencias por todos conocidas, hoy, 31 de agosto del 2012, un pedestre “sí, y qué” pareciera ser respuesta al cuestionado agandalle del “precario”. “Viernes negro” para la incipiente democracia que será recordado como el triunfo del cinismo y el me vale madre por sobre el estado de derecho, así como del derrumbe de la credibilidad en los procesos electorales y las instituciones republicanas.

¡“Sí, y qué”!, respuesta de la procuración y administración de la justicia a un cúmulo de irregularidades que para muchos rayan en delito flagrante. Si se configura el fraude en la elección presidencial, será a posteriori de la sentencia que otorga a Peña Nieto la calidad de presidente electo. Por ahí en enero de 2013, será el IFE quien tras una “exhaustiva investigación”, imponga una sanción administrativa simbólica al partido o partidos responsables del desaguisado. Borrón y cuenta nueva, ya habrá oportunidad de adecuar la legislación electoral para que las violaciones a la Carta Magna tengan algún valor para los jueces. Quizá entonces para el supremo tribunal los “actores políticos” seamos todos y no únicamente la partidocracia.

“Sí, y qué. Si alguien no esta de acuerdo que se joda, la decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación es inapelable e inatacable. Un puñado de notables por cierto muy bien maiceados, en nombre de la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral ya dijeron la última palabra: el candidato de la primera minoría, con el 38 por ciento del sufragio efectivo gobernará a México. Cartucheras al cañón, quepan o no quepan… como en los mejores tiempos del viejo régimen, el voto ciudadano es accesorio e irrelevante.

Así, una minoría que apenas alcanza el 21 % del total del padrón electoral, incluido el voto comprado, por disposición legal y no por la legítima voluntad mayoritaria del electorado, gobernará a un país de más de 112 millones de mexicanos. “Sí, y qué… Así está establecido y convenido en una legislación a modo presuntamente democrática. El que no esté conforme a aguantar vara en nombre de la unidad nacional; la democracia no permitirá desunión y encono dice el Sr. Peña mostrando autoritarismo y mano dura.

Perdedores y ganadores, unos por frustración y desencanto y otros por vergüenza, guardarán silencio. El proceso electoral concluye sin pena ni gloria, la página está cerrada y a otra cosa mariposa. El poder del dinero, así como el cinismo y agandalle  de un régimen corrupto, pesan más en la vida de los mexicanos que la dignidad perdida.

En la democracia bananera  de un México que no logra remontar taras, tabúes y prejuicios decimonónicos, lo mismo da que se imponga a un espurio que a un mal parido.

¿Para qué elecciones? ¿Para qué más simulación? Que la justicia venal  siga hablando y decidiendo por todos. Más barato resulta mantener a un puñado de magistrados que a una parasitaria partidocracia que no representa a nadie, salvo a sus amos.

Por comisión u omisión, en el México hundido ignominiosamente en el fango, la corrupción somos todos. Nadie gana, nadie pierde, somos y tenemos lo que merecemos.

Hojas que se lleva el viento

Resuelto el tema electoral viene el desquite. Con todo se tratará de eliminar de la vida pública a López Obrador. Las andanadas en su contra sobre pedido ya iniciaron en varios medios de comunicación. Sin embargo todo parece indicar que tendremos “peje” para rato. Ya no en el marco electoral ya superado, ahora viene como líder moral de un movimiento social que escapa a las reglas del COFIPE y a las componendas de los partidos políticos. Nada le ata, por la libre jugará sus cartas; responderá a todas las calumnias e infundios en su contra y no precisamente en los terrenos de “la chingada”. Y no va solo.

De plano, al gobernador veracruzano no le cae el veinte. Ahora salió con que en la entidad está erradicado el trabajo infantil. Mañana seguramente ordenará tocar campanas a rebato y declarará que gracias al voto de los veracruzanos Peña Nieto es presidente electo. Mérida, Yuc., agosto 31 de 2012

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Fabiola Martínez y Alonso Urrutia / La Jornada

Coincidentes de forma unánime en desechar todos y cada uno de los argumentos del Movimiento Progresista en su demanda de invalidar la elección presidencial, los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) censuraron a la coalición demandante por la aportación de pruebas calificadas, con matices, de insuficientes, infundadas, inoperantes, genéricas e imprecisas.

Aunque la sesión sólo fue para resolver el último juicio de inconformidad contra los comicios presidenciales, el magistrado Salvador Nava Gomar se adelantó a los plazos y enfatizó que  de aprobarse el proyecto México tiene ya un presidente electo, Enrique Peña Nieto.

De manera unánime condenaron los alegatos de la coalición de izquierdas; sus diferencias radicaron en los énfasis. Las pruebas no hacen prueba, soltó Flavio Galván; son pruebas secundarias, periféricas, sin relación con la demanda, secundó Pedro Penagos. Partieron de premisas equivocadas, coincidieron Alejandro Luna Ramos y María del Carmen Alanís.

 

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La esgrima mediática en relación a la elección presidencial llegó a su clímax. Nada que se agregue a lo expuesto por las partes interesadas modifica el bajísimo nivel en que los partidos políticos han colocado a la incipiente y balbuceante democracia de este país. La supuesta fiesta cívica a decir de unos y el presunto fraude en la percepción de otros, devino ya en un “Thriller” de barandilla en el que la ciudadanía hace las veces de simple espectador.

El imperio de la ley está a prueba y la impartición de justicia, ya de sí cuestionada, rehén de un régimen político cuyo único asidero es la corrupción y la impunidad en un escenario en el que el chisme, dimes y diretes al interior de una humilde vecindad decimonónica, se queda corta. Principios y valores éticos brillan por su ausencia, el objetivo es la toma del poder por el poder mismo,  a cualquier costo.

El sufragio, chueco o derecho, como única instancia para que la ciudadanía se exprese en libertad, perdió su connotación democrática; es hoy el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y su puñado de magistrados, quienes de manera inobjetable decidirán el futuro de la Nación respaldados por una legislación a modo, diseñada, aprobada y avalada por todos los partidos políticos en la que se sigue contemplando a la ciudadanía como menor de edad sin derecho “legítimo” a voz y voto en los altos designios  de los jueces.

Paradójico. En tanto se promueven los juicios orales en la impartición de justicia, en materia electoral la voz del ciudadano no tiene cabida. En un país de papel como lo es México, los papeles hablan y deciden por sí, dando soporte legalista y subjetivo a la libre interpretación por parte de los juzgadores que, con orejeras que les impiden observar el contexto social en el que actúan, sustentan sus sentencias.  La ciudadanía ofendida, víctima indefensa sólo ve y escucha tras la puerta del tribunal lo que en justicia le compete.

Las más que obvias irregularidades de la que se presume democrática, limpia y transparente elección, serán desechadas en la resolución del máximo tribunal en materia electoral; la corrupción evidente quedará  impune y la presidencia de la república (con minúsculas) entregada al mejor postor. Don dinero es el amo sistémico; legal o ilegal no puede ni debe someterse a juicio, en su libre circulación reside su legitimidad. A ello debemos atenernos.La sentencia está dictada de antemano. Gana quien más dinero apuesta, lo demás es lo de menos en el ánimo de magistrados designados a modo e interés de los partidos políticos.

La mala política arrastra al resto, confirmándose cotidianamente la paulatina pero constante descomposición de la sociedad mexicana. El deterioro del tejido social deja huellas indelebles en todos los ámbitos de la vida nacional, sin visos viables de respuestas congruentes y eficaces para frenarle.

No se juzga la elección fallida. Es la democracia quien espera la picota, en nombre de un estado de derecho que tiempo ha que hace agua en este país democráticamente bananero. A tal extremo hemos llegado.

¿Es que acaso podría esperarse otra cosa?

Hojas que se lleva el viento

Aunque usted no lo crea estimado lector, pero las entidades federativas con mayor peso específico en la industria sin chimeneas son las que menos hacen ostentación mediática de su situación. Lejos de asumirse triunfalistas simplemente trabajan para hacer del renglón turístico su gallina de los huevos de oro. Naturalmente Veracruz no figura entre estas, de ahí su constante presumir de lo que no tiene.

Por cierto, si no logramos remontar el turismo de jícama y horchata, en otros renglones de la vida económica veracruzana estamos igual o peor que en la industria sin chimeneas. Leo que muchos afirman que con la reordenación de la plantilla de los altos mandos de la administración pública veracruzana se abre un nuevo ciclo de bonanza para la entidad, aplaudiendo el acierto del gobernador por el quitar y poner de funcionarios, sin parar mientes en que el problema mayúsculo de ineficiencia e ineficacia gubernamental no reside en los empleados, sino en quien les paga. El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa desde los inicios de su administración no ha sabido dar rumbo cierto a Veracruz. Cual aprendiz de brujo todo lo que emprende sale mal, aunque con el auxilio mediático propale lo contrario.

Y espérese, Ante la proximidad de la amenaza de la quinta tormenta tropical de la temporada en el Atlántico, el gobierno del estado ya afina los instrumentos para hincarle el diente al FONDEN. Agenda obligada que se repite año con año sin que se tomen medidas eficaces para paliar con acierto el vendaval. Los jodidos de siempre pretexto para extender la mano en busca de un auxilio federal en metálico que nunca llega a las manos de quien lo necesita.  ..

¿Ya se entero estimado lector que Veracruz es potencia mundial en atletismo?

Mérida, Yuc., agosto 5 del 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

A no dudarlo, existía consenso en torno a la posibilidad, como un nada oculto deseo, de que tanto la elección presidencial como las de senadores y diputados federales, así como, en su caso, las de gobernadores, diputados locales y alcaldes, se diera en un marco de civilidad y de respeto a un mínimo de valores éticos que aseguraran un paso adelante en la construcción de ciudadanía y democracia.

Desafortunadamente tal posibilidad no se dio, frustrándose los buenos deseos  de una mayoría ciudadana y confirmándose el rezago de la incipiente vida en democracia en el país. Pesó más el caduco estilo de corrupción, manipulación y engaño de un viejo régimen que se resiste a morir, que la esperanza de renovados cauces de libre participación de la voluntad ciudadana. El temido conflicto post electoral y la judialización de la elección dejando en manos de un puñado de magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lo que debió decidirse en las urnas, confirma el déficit democrático que no logramos superar.

Y aún así, no faltan aquellos que ocultando la viga en ojo propio, se desgarran las vestiduras y ponen el grito en el cielo acusando de enemigos de la democracia a los gobiernos latinoamericanos con los que no se comulga. Pasando por alto que en México el régimen político sustentado en la corrupción y la impunidad no es nada de lo que deberíamos sentirnos orgullosos ni mucho menos, considerarlo paradigma democrático para propios y extraños.

La elección fue un “cochinero”, declaró Xochitl Gálvez, haciéndose eco de la percepción que del proceso y sus consecuencias anida en la mayoritaria de un electorado burlado. Pese a buenos deseos y ahora infundadas esperanzas, no podía haber sido de otra manera. Gallina que come huevo aunque le quemen el pico, las reglas electorales establecidas por el régimen político prevaleciente están diseñadas para violarlas y los órganos encargados de hacerlas valer, actúan en consecuencia frente a un indefenso ciudadano obligado a dejar hacer dejar pasar por no contar a juicio del TRIFE con la  “legitimidad” sólo acreditable a los partidos políticos.

Para observadores de democracias occidentales maduras, la sola sospecha de un irregular origen de recursos aplicados a gastos de campaña sería factor más que suficiente para nulificar la elección. En México no basta, la impunidad raya en el cinismo y la desvergüenza.

Si el cochinero hoy se expresa en una fallida elección, no es más que la punta del iceberg de un cochinero mayor que, en todos los ámbitos de la vida social y económica de México, flota a la deriva en un mar de simulación, corrupción e impunidad. Basta un botón de muestra: la irrisoria multa de 376 millones de pesos aplicada al banco HSBC por el blanqueo de 7 mil millones de U.S. Dólares, o bien, el veto presidencial a la Ley de Atención a Víctimas ó la impune intervención en la política interna de México del general colombiano Oscar Naranjo, asesor extranjero en seguridad interna de Enrique Peña Nieto.

Vistas así las cosas, no debería causarnos extrañeza el que López Obrador emprenda una nueva batalla con el programa nacional de defensa de la democracia y de la dignidad de México. Millones lo respaldan y el país entero lo exige más allá de sus consecuencias electorales de coyuntura. México no puede seguir siendo rehén de la corrupción e impunidad de un régimen político obsoleto, impopular y antidemocrático.

A la movilización social ya nadie la para. Del #yosoy132 se pasó al “somosmuchos”, unificando a diversos movimientos de también diverso origen que se van sumando a una protesta propositiva en contra de la imposición de Peña Nieto. Nadie se atreve ya a calificar como tersa la transición del poder presidencial. Hoy mismo leí un artículo periodístico(Álvaro Cepeda Neri, “Por Esto Yucatán” 27/07/2012), en el que el autor señala que si el aún candidato de la dupla PRI-PVEM fuera un político medianamente inteligente, renunciaría a su presunto triunfo numérico atendiendo a la calidad y legitimidad de la protesta social en su contra.

Como a todos consta, entre las virtudes de Peña Nieto no sobresale precisamente la de la inteligencia, por lo que respaldado por el autoritarismo priísta se aferrará al papel asumido de presidente electo hasta sus últimas consecuencias. ¿A que costo para el país? Esto aún está por verse, pero seguramente no será nada gratuito. López Obrador con cochinero o sin este, le pisó la sombra.- Chelem Puerto, Yuc., 27/07/2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Ante el reiterado menosprecio del PRI para con millones de votantes, al ignorar el desacuerdo de éstos con un proceso electoral que se percibe inequitativo y amañado, afirmando que López Obrador es el único responsable del ríspido clima postelectoral “demostrando una vez más ser un mal perdedor” al impugnar la elección, considero lo siguiente.

Partiendo de la premisa de que el pueblo de México habla a favor de un proceso pacífico de cambio, no debemos olvidar, lo reitero, de que López Obrador como abanderado de una difusa izquierda electoral, aceptó jugar en la cancha y bajo las reglas y prácticas antidemocráticas de un régimen político  bajo el control de los poderes fácticos y la partidocracia que a ellos sirve. El resultado no debe sorprender a nadie, simplemente el político tabasqueño y sus seguidores obtuvimos lo que de antemano era de esperarse y, algo más, que es en lo que debería estarse poniendo énfasis con talante crítico y autocrítico:

La sorprendente participación ciudadana antes, durante y después de la elección del primero de julio venció al abstencionismo y, pese a presuntas amenazas de inseguridad, sin distingo de preferencia electoral salio a la calle confirmando su deseo y convicción de que el único camino para avanzar en la transformación del país es por la vía pacífica.

La opción electoral por el cambio verdadero movilizó a más de 15 millones de mexicanos que, en las urnas, expresaron con su voto conciencia, voluntad, y compromiso, para explorar en el terreno de la izquierda el camino para avanzar en la construcción de ciudadanía y democracia. La organización desde abajo mediante la acción consecuente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no debe ser ignorada y sí valorada como una auténtica corriente, con peso propio en la nueva correlación de fuerzas políticas en el país.

La asombrosa irrupción no esperada de la juventud estudiosa en la vida política del país, exigiendo con visión de futuro oxigenar la institucionalidad republicana. Su protesta trasciende un coyuntural rechazo a Enrique Peña Nieto y lo que este representa, para ubicarse como un movimiento social incluyente y plural de largo aliento.

La obsolescencia de un régimen político caduco y corrupto en el que los partidos políticos ni cumplen con su cometido social ni representan con legitimidad los intereses de las mayorías. Siendo un estorbo a librar en las tareas de democratización del país.

El instrumento árbitro de la contienda, presuntamente ciudadanizado, dejó de cumplir con su cometido, manifestándose omiso frente a evidentes irregularidades en el proceso electoral.

Son más los ciudadanos que votaran en contra del abanderado de la dupla PRI-PVEM, que los que se expresaran a favor del mexiquense. La suma de los votos a favor de Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, deslegitima y da pie al autoritarismo sectario de capilla de un por ahora virtual presidente electo, que intentará gobernar con una base social de apoyo minoritaria.

El fortalecimiento de la izquierda social como expresión y opción política con visión de largo plazo, minimizó corrupción y oportunismo de liderazgos tribales en la coyuntura electoral, manifestándose como la auténtica segunda fuerza política en México. Este fenómeno no se puede echar en saco debiéndosele insertar en el contexto de la búsqueda de la democracia participativa.

El indiscutible liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, quien pese a los obstáculos que le siembran propios y ajenos despierta, alimenta y mantiene esperanza y voluntad de cambio en amplios sectores de la población. Liderazgo que no puede ni debe desecharse por razones electoreras de coyuntura en un largo camino aún por recorrer en la búsqueda de la transformación del país.

Todo ello en un escenario nacional en el que se confirma la persistencia de la desigualdad y pobreza que, en México, limita la libre y consciente expresión política en el ámbito de la vida cotidiana de más de 50 millones de compatriotas. Distorsionando y vulnerando los principios de la democracia representativa consignados en la Carta Magna. De persistir tales fenómenos estructurales, a los que se le suma la corrupción y la impunidad que vulneran el estado de derecho, no es viable para el futuro cercano la ruta electoral para avanzar en el largo y azaroso camino de la democratización del país.

Si en la coyuntura electoral el resultado fue el esperado, acotado como está por una partidocracia que responde a intereses espurios y una legislación que ya no responde a la nueva realidad de México, para el largo plazo sin embargo el balance es positivo. Se pierde una batalla pero no la guerra, diría el clásico. La lucha de la izquierda social continúa y se debería exigir a sí misma su profundización, fortaleciendo participación y organización, por lo que no debe caber  ni frustración ni vanas lamentaciones, cuando queda mucho por hacer.

En este marco de referencia, a mi juicio el sedicente virtual presidente electo no sabe que terreno pisa cuando exige, secundado por no pocos medios de comunicación, “no polarizar a México”, como si bastara su discurso autoritario para desarmar a un movimiento social y político dispuesto a seguir adelante. Lamentable sí pero la polarización es inevitable, Enrique Peña Nieto, las prácticas antidemocráticas del PRI y los candados impuestos por la partidocracia, son los responsables. No tienen calidad moral y política ni credibilidad para, pretendiendo tapar el sol con un dedo, mandar a parar lo que ellos iniciaran. La fuerza de los pocos no es suficiente para frenar indignación y protesta. Los muchos desde abajo saben de su fuerza y es de esperarse que la ejerzan pacifica y consecuentemente.

Lo deseable para el bien de México no se dio en el proceso electoral que aún no culmina. Autoritarismo, corrupción e imposición vulneraron la mejor intención de los sufragantes. La voluntad popular fue burlada una vez más. Sin embargo el intento valió la pena, la ciudadanía abrió los ojos y ha tomado la iniciativa haciendo valer su voz. .- Playa del Carmen, Q. Roo., Julio 13 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Ya en la recta final de un proceso electoral de lo más atípico,  las campañas de los aspirantes a la presidencia de la República concluyen con los cierres regionales. Por  lo que se refiere a propuestas y promesas están agotadas. Todo quedó en encuestas, slogans, generalidades y proyección mediática de imagen. En los últimos diez días no hemos escuchado nada que abone a enriquecer lo ofertado por los cuatro presidenciables.

 La percepción que se tiene es que las campañas como tales concluyen degenerando en dimes y diretes, descalificaciones con o sin sustento y, vale la pena señalarlo, en el sospechosismo en torno a las malas artes de lo que se ha dado en llamar “ingeniería electoral” de los partidos en contienda.

 Ahora, a escasos 7 días de la elección, el balón ya no está en manos de los candidatos, sus estrategas de campaña tienen hoy la batuta valiéndose de sus mejores armas de mercadotecnia política en el último tramo, bien para reafirmar ante la opinión pública que en un mundo de ganadores los perdedores no tienen cabida, bien para convencer de que en el castillo de la pureza democrática ya no es viable la opacidad y el fraude electoral.

 Sin embargo, a mi juicio este último intento por convencer al electorado de la autenticidad de la distancia que separa en las preferencias a uno u otro candidato conlleva, de manera no explícita, la intención lo mismo de parte de los estrategas del PRI que del PAN de construir un falso escenario mediático sobre las consecuencias del día después de la elección, caso de que el candidato del Movimiento Progresista sea derrotado en las urnas o resulte triunfador en la contienda. Manipulando a la opinión pública para desde ya sembrar una vez más  la semilla de odio en torno al reciclado “peligro para México”.

 Así, el énfasis mediático ya no esta puesto en el triunfo inobjetable de Enrique Peña Nieto o Vázquez Mota ó en lo que estos ofertan en el mercado electoral. Siendo ya prácticamente inamovible el voto duro de todos los partidos en contienda, la tónica de campaña ha dado un vuelco y ahora la estrategia tanto del PRI como del PAN es “jugar con el miedo” en la mente de los llamados “indecisos”, creando el enigma del día siguiente a las elecciones.

 Estrategia a la defensiva ésta última, curándose en salud tanto el PRI como el PAN por lo que pudiera suceder, pero enfocada a inhibir el voto a favor de Andrés Manuel López Obrador. Apuntando todo el potencial mediático con que aún cuentan, y algo más,  a la descalificación de las llamadas izquierdas, con Andrés Manuel a la cabeza tratando de sembrar “dudas razonables” entre los indecisos. Para ello pone a prueba a éste segmento ciudadano, ofreciéndole en bandeja de plata la opción de aceptar o rechazar al candidato de Movimiento Progresista por ser este un riesgo para la estabilidad nacional y un peligro para la seguridad de las familias. ¿Qué pasará si López Obrador no acepta la derrota en las urnas si desde ahora por anticipado anuncia un nuevo fraude electoral? ¿Qué pasará en México si la ciudadanía se equivoca y concede el triunfo a un enemigo de las instituciones democráticas? Es el enigma del miedo que ponen en la mente de los “indecisos” menos informados, más vulnerables a la manipulación,  bajo el supuesto de que estos también votan.

 El montaje mediático del día siguiente, indudablemente impacta con éxito en este segmento de los indecisos. Se escucha entre los que menos tienen decir que con el gobierno del político tabasqueño perderían sus magras propiedades, su empleo o los beneficios que hoy obtienen de los programas asistencialistas. Dejándose seducir por el canto de las sirenas mientras reciben despensas, utilitarios estrenando gorras y camisetas, si creían en la palabra de López Obrador, hoy dudan; el enigma está en su mente condicionando la intención del voto. Pero son los menos quienes repiten mecánicamente el mensaje subliminal que en su mente siembran quienes se oponen al triunfo de López Obrador. Lo que estaría por verse es si al jugar con  la capacidad de pensar y discernir de la gente, ello no se les revierte a los estrategas del PRI o del PAN frente a las urnas. Son más los que razonan que los que se dejan llevar por un manipuleo mediático que día a día pierde credibilidad.

 México está harto de violencia e inseguridad; pero también la ciudadanía es más madura, está mejor informada, más participativa, no se puede jugar a la ligera con la siembra de viento sin cosechar tempestades. El país ya es otro, eso deben entender tanto el PRI como el PAN. El peso específico de una nueva correlación de fuerzas políticas contrarresta mentiras que califican nuevamente al ex jefe de gobierno de la ciudad de México como “un peligro para México”; quien se valga de estos infundios para inducir el voto ó bien para violentar la voluntad popular, debe tener por seguro que saldrá raspado.

 Para las mayorías el enigma sembrado debe darse por resuelto. López Obrador podría no ser el mejor candidato deseado para responder a la actual coyuntura de un país en crisis, pero tampoco en el imaginario popular es el león autoritario y perverso como lo pintan sus detractores. Ni es un peligro para México ni su gobierno, de resultar triunfador en la elección pondrá al país patas arriba. Simplemente es el lider que México reclama.

 Estoy seguro que el electorado con madurez asimilará los resultados de la elección y, al día siguiente, a seguir en la cotidiana búsqueda de la chuleta, eufemismo con el que se disimula la lucha por la supervivencia en un país marcado por la desigualdad y la pobreza.

 Hojas que se lleva el viento

 Menudo enredo divide al priísmo veracruzano en vísperas de la elección. Ante la ausencia de un auténtico liderazgo del PRI en la entidad José Murat, ex gobernador de Oaxaca y cabeza visible del gobernador Duarte de Ochoa en el proceso electoral, no es aceptado por los integrantes del gabinete duartista encargados de la promoción del voto, tampoco por Erick Lagos, presidente del CDE y por Jorge Carvallo, coordinador de la campaña de Peña Nieto en la entidad. A su vez, el dirigente estatal no se entiende con Carvallo y, este último, no es bien visto por quien desde el quinto piso de la torre Ánimas administra los dineros para la campaña como tampoco por los aspirantes al senado. Haga su pronóstico estimado lector.

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 De que no lo quieren, no lo quieren en la capital veracruzana, pero Reynaldo Escobar Pérez no ceja en su intento de ganar la diputación por el distrito “Xalapa urbano”, cueste lo que cueste. Tan no lo quieren que ya le cuestionan el que esté jubilado por el IPE con ingresos superiores a los 85 mil pesos mensuales en una demarcación electoral en el que la población trabajadora apenas percibe dos salarios mínimos por jornadas de  8 o más horas de trabajo. Y eso que la mayoría no conoce de sus fastuosas residencias y ranchitos.

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 El abanderado del PRI a la presidencia de la República dice que “En democracia no cabe anticipar fraudes”. Los xalapeños pensamos diferente, sospechando que Fidel Herrera dejó una muy arraigada escuela en eso de comprar conciencias y voluntades entre la población más desprotegida. La burra no era arisca, no olvidamos que el filósofo de Nopaltepec en épocas electorales afirmaba que “En política lo que se compra con dinero es barato”. Aguas señores mapaches, el horno no está para bollos.- Xalapa; Ver., Junio 23 de 2012

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