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Tag Archives: Elecciones 2010 en Veracruz

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Solidaridad con los mineros de Cananea

La cacareada democratización del PRI en la entidad quedó sólo en el papel. Nunca existió la voluntad política para llevarla adelante, como tampoco la idea permeó en la esclerótica estructura conformada históricamente por la simulación y el autoritarismo. Los pocos que más por razones personales que por compromiso ideológico han alzado la voz llamando a romper los cerrojos, son hoy sometidos a la picota bajo la acusación de ingratos y traidores.

El pragmatismo de ocasión y el absurdo maniqueísmo que germinara en tierra abonada por el odio irracional entre dos destacados personajes de la política estatal, rinde los mismos frutos que corrompidos pretendieran eliminarse con la renovación de ese instituto político, con la salvedad de que en el pasado estos bien se cuidaran de mantenerlos ocultos bajo la alfombra y hoy, eliminadas las formas, se ventilan en el tendedero público sin mayor recato.

Aquí solo mis chicharrones truenan y, a esta voz superior todos inclinan la cabeza en indigna sumisión y se aprestan a aceptar sin más la grosera imposición de un candidato a gobernador que a sotto voce se impugna por inútil y despilfarrador. Ay de aquellos que se resistan a la tan vernácula como absolutista expresión, para ellos, la condena, la picota, la muerte política súbita y el desprecio a su memoria. “El Estado soy yo”, y para quien no lo entienda o se resista, el linchamiento y la clásica clausura del pesebre oficial.

Así es como debemos entender a la orquestada y vil acción en contra de Héctor Yunes Landa; el linchamiento político para quien osa pretender doblarle la mano al primer priísta de Veracruz, es la consigna, y a ella se somete un parasitario ramillete de seudo periodistas y mercachifles  al servicio de la propaganda oficial que, sin el menor rubor, trocan la amistad fingida a lo largo de los años para con el ex diputado local y aspirante a la candidatura priísta por la gubernatura, por las 30 monedas que bajo la mesa del poderoso de rodillas pepenan para satisfacer su larvaria ambición.

Son estos y no otros, los que revolviéndose en el lodo se desgarran las vestiduras clamando justicia divina: ¡Picota Para el traidor! ¡Picota para el enemigo del PRI! ¡Muerte política para el que osa morderle la mano a quien manda en Veracruz!

Héctor Yunes Landa no me debe nada, ni le debo nada. Desde mi personal trinchera, le considero un adversario político tan digno como ingenuo. El indiscutible valor civil que le anima no alcanza para someter a la cúpula de su partido a tomar el camino de la democracia, ni es suficiente para cimbrar una estructura acomodaticia, sedienta de favores y prebendas. Se equivocó de tiempo y de lugar; su mayor pecado es no haber sabido reconocer desde la cercanía del cargo de secretario particular de Fidel Herrera, el poder absoluto y enfermizo  del soberano.

Al pié del patíbulo le deseo la mejor de las suertes.

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En la red se está poniendo de moda el referirse a un tema por demás controversial: La polarización política en torno a la sucesión de Fidel Herrera Beltrán en Veracruz.

Tu, veracruzano que opinas ¿Javier Duarte de Ochoa podrá llegar a ser el candidato del PRI a la gubernatura?

Muchos afirman que no, descalificando al delfín por sus excesos en una campaña anticipada por demás ostentosa, como lo prueban con las siguientes imágenes.

¿Quién financia a Javier Duarte?


Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

A lo largo de los últimos meses es mucho lo que se ha especulado sobre si es o no, decisión unívoca del gobernador Herrera Beltrán el pretender prolongar su mandato imponiendo a Javier Duarte de Ochoa en la titularidad del poder ejecutivo de la administración pública veracruzana. Tanto que en cada vez más amplios círculos del priísmo se da como un hecho que el joven diputado federal será el abanderado del PRI (Fidelidad) en la contienda por la gubernatura, actuándose en consecuencia unos rindiéndole cortesana sumisión simplemente porque es la representación vívida del que dicen manda en Veracruz, otros, posiblemente los más,  haciendo interesados cálculos a futuro en torno a la oportunidad de acrecentar prestigio y fortuna en la cercanía del delfín y, los menos, echando los dados a suerte pidiendo al cielo recapacite Fidel Herrera y de marcha atrás en un proyecto que estiman inviable.

Todo esto en un escenario preelectoral en el que no se cuestiona el triunfo priísta en julio próximo, habida cuenta de que el institucional habrá de echar la casa por la ventana para lograrlo, así sea, como es de esperarse, aplicando la manida fórmula de desviar carretadas de recursos públicos en respaldo a quienes resulten agraciados con una candidatura. Lo importante es el triunfo y, considerándose seguro, la calidad de los contendientes fieles es lo de menos.

Así las cosas, a estas alturas no vale la pena desgastarse juzgando si Duarte de Ochoa es o no es “el delfín” a imponer por Herrera Beltrán. Palo dado ni Dios lo quita, ya Fidelidad por México lo acogió como su candidato a la gubernatura. Lo relevante para los veracruzanos y en ello debería ponerse el énfasis, sería el dilucidar si el hasta ahora diputado federal reúne el perfil para asumir el cargo de gobernador de una entidad federativa cual más de compleja, azotada hoy por los efectos de una crisis global que no tiene para cuando amainar. Y aquí es donde la marrana tuerce el rabo.

Delfín o no y al margen de los deseos de la familia Herrera Borunda, por donde se le quiera ver, el joven cordobés carece de los atributos mínimos necesarios para afrontar las tareas que reclama un pueblo hoy lastimado, excluido y burlado. Careciendo de brillo propio, sin carisma, experiencia y sensibilidad política, Javier Duarte está muy lejos del tamaño de liderazgo que hoy por hoy se requiere para sacar al buey de la barranca. Más cuando se le ve seguir los pasos de su amigo y mentor, corriendo de la ceca a la meca expresando barbaridades y adornándose con el mismo triunfalismo sin sustento, en su carácter de intérprete de una diputación federal en la que no se le concede juego alguno. Sin embargo, se le tolera y acepta, porque así lo dispone “el que manda en Veracruz” sin que en ello tenga cabida el sentir de las bases de un partido por principio y razón histórica, anti democrático.

El cómo le resulte al PRI en las urnas el próximo cuatro de julio -más allá de la inercia del triunfalismo anticipado-, tener como abanderado a Javier Duarte de Ochoa, depende sin duda de quienes se le enfrenten desde las trincheras de la oposición panista o de la alianza de centro izquierda que se da por descontado encabezará Dante Delgado Rannauro.

Habida cuenta de que la plataforma programática del tricolor se basa en la continuidad de un régimen venido a menos, sin ideas ni propuestas, fidelidad por México le apostará al triunfo del dinero por sobre el capital político de sus oponentes y, en este escenario, el camino más fácil es el de la descalificación a priori, la guerra sucia en campaña, y el inevitable fraude en las urnas que guste o no al joven cordobés, llevara consigo el desgaste y el descrédito para su persona, como bien lo ejemplifica Felipe Calderón. Así, de obtener el triunfo, este será pírrico, ilegítimo y, por tanto, se asumiría que su gobierno será débil e incapaz para afrontar con unidad y consenso las tareas de reconstrucción tras el tiradero económico y social que tras de sí dejará la crisis.

La apuesta del PRI está ya sobre la mesa, debiéndola ratificar en asamblea un grupo de notables con carácter de delegados. La docilidad de los integrantes de este órgano de decisión, con vestimenta de disciplina partidista, está asegurada de antemano, faltaría ver si en el camino de las aspiraciones de Javier Duarte de Ochoa no se interponen intereses cupulares bajo la batuta de Enrique Peña Nieto, pero eso ya es harina de otro costal. Hoy por hoy el aún diputado federal «haiga sido como haiga sido», parece tener la carta del triunfo, más que sea el de sólo lograr llegar a ser candidato.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La administración pública veracruzana da un paso más en falso al convocar el gobernador a un pacto en defensa de la economía popular, a sabiendas de que no está en sus manos, y menos en los actores económicos locales que concurren a la vida económica y social de la entidad, el frenar o contrarrestar la escalada de impuestos y precios de bienes y servicios que proporciona el gobierno federal que, a su vez, inciden justificada o injustificadamente en el incremento del costo de la vida en la gran mayoría de la población.

De ahí que la convocatoria de marras no sólo resulta innecesaria, también demagógica y con un claro tinte electoral con intencionalidad implícita y explícita de descalificar al gobierno de Calderón Hinojosa, al PAN y a sus candidatos a la gubernatura, Congreso local y alcaldes en los 212 Ayuntamientos de la Entidad. Así como diluir la percepción ciudadana de que en el quebranto económico y políticas públicas equívocas frente a la crisis en curso, no es ajena la mano del PRI como corresponsable en la conducción de la política política y la política económica de México.

Percepción esta última a la que el propio PRI contribuyera con su aprobación a los presupuestos de ingresos e ingresos de la Nación en el Congreso de la Unión, en los que va implícita el alza de las tasas impositivas y los combustibles para contrarrestar la pésima e injusta política hacendaria que se ceba en los contribuyentes cautivos.

Pero no sólo eso. Los gobiernos estatales y eso incluye al de Veracruz, no sólo están a favor de las alzas, sino que participaron activamente de manera directa o indirecta a través de los legisladores federales, en el diseño de la política tributaria, cuidándose de asegurar los mismos niveles de participaciones con que contaran antes de que la baja en el precio del crudo incidiera negativamente en las finanzas públicas de la federación. Entre otros beneficios a favor de los gobiernos estatales se cuenta el incremento al IVA y el impuesto a las gasolinas y el diesel.

Lo he afirmado en diversas ocasiones, haciéndome eco de lo expresado por destacados analistas y politólogos, entre el PAN y el PRI no hay diferencias sustantivas, por lo que en el imaginario popular a la conjunción de intereses de ambos partidos se le aplica el mote de PRIAN. Rasgarse las vestiduras frente al tobogán inflacionario que lastima y ofende a las mayorías, por tanto no cabe. Más que un pacto cupular de carácter mediático y electorero en defensa de la economía popular, de existir el mínimo e ética y voluntad política, la administración pública veracruzana debería pugnar por un incremento del salario en beneficio de los sectores más vulnerables y no incurrir en simulaciones como el reciente estira y afloja con el pulpo camionero que concluyera con el alza generalizada del transporte urbano en toda la entidad.

El empleo sigue creciendo a la par de nuevas inversiones, afirma el aún verde funcionario a cargo de la secretaría del trabajo y productividad del gobierno estatal, pero bien se cuida de ocultar que la masa salarial total no crece sino que, al contrario, se reduce en perjuicio del mercado interno. Mejores salarios y prestaciones completas conforme a derecho, más que pactos cupulares es la exigencia de la familia veracruzana y a ello se debería atender.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La credibilidad en el discurso es sin duda sustento del capital político que se incrementa o se pierde a lo largo de los procesos políticos. Esta a su vez retroalimenta percepciones, construye imaginarios y conforma escenarios que dan contexto a la correlación dada en un momento determinado, de las diversas fuerzas políticas que participan en el proceso. Así, la fortaleza del discurso se sostiene en base a la congruencia entre el decir y el actuar y su correspondencia  con la realidad que la sociedad percibe.

De ahí la importancia de credibilidad y congruencia y su estrecha relación con la percepción social de la realidad. Lo que en los últimos tres años se viene observando, tanto a nivel nacional como en nuestra ínsula veracruzana, es el cada vez mayor distanciamiento entre lo que la sociedad percibe en la cotidianeidad de su realidad, y el patético contenido de un discurso político carente de congruencia y, por tanto, de credibilidad. La consecuencia está a la vista y los diversos partidos políticos pagan el costo por ello.

La expresión más palpable de lo anterior es el deterioro del partido que gobierna a Veracruz, sin que por ello se pueda afirmar que la oposición política se salva de manera alguna. Tal es la simbiosis ideológica y programática tanto del discurso y lo que en los hechos se observa del PRI y el PAN, que la ciudadanía no observa diferencia alguna entre ambos institutos políticos; percepción ciudadana que se refleja  al interior del partido gobernante, tanto que su propia militancia tiende a perder la brújula en un proceso cada vez más notorio y peligroso de fractura. La corriente de la fidelidad, hasta hace pocos meses factor de unidad y fortaleza del PRI en la entidad, conforme se acerca el final del sexenio de Fidel Herrera Beltrán, se desdibuja y pierde terreno en un clima de falta de credibilidad y de congruencia.

El discurso triunfalista ya no impacta en la sociedad; no porque se desconozcan los logros de la actual administración pública veracruzana, antes al contrario, se ponderan y aplauden, pero carecen de suficiente sustento como para contrarrestar los efectos negativos lo mismo de la percepción subjetiva, que de lo que objetivamente se vive en la cotidianeidad de una economía recesiva que acusa retrocesos palpables en la capacidad real de compra de las mayorías, fortaleza del mercado interno y disminución de la rentabilidad del capital. Realidad esta última que no se ve reflejada en el decir y actuar del partido gobernante, antes al contrario, con medias verdades y medias mentiras pretende ocultarla a la vista de todos,  vendiendo una imagen mediática en la que se nos dice hasta el cansancio que “vamos bien”, que “el esfuerzo continúa” y que “viene lo mejor”.

Todo pintado de un rojo granate que se deslava a lo largo y ancho de Veracruz. La fidelidad imponente de ayer adquirió una tonalidad tornasol que hoy tiende a claro oscuros confusa y contradictoria en los que la incredulidad de la sociedad en su discurso tiende a ser la constante.

La corriente de la fidelidad perdió rumbo y perdió el piso en su afán de trascender. La guerra implacable contra todo lo que se apartara del pensamiento único, se le revierte al interior de sus propias filas, traslapándose paradójicamente el combate al adversario panista con el canibalismo en lo interno. El proceso anticipado de imposición de candidato a la gubernatura estatal y el flujo de recursos públicos que se le adjudica, expresa fehacientemente tal contradicción en el PRI estatal. La diferencia entre adversario y enemigo político se perdió y, con ello, congruencia y credibilidad en un hueco discurso sin sustento convocando a la unidad. Llamado que a su vez se da dentro de otra paradoja: el priísmo estatal, o más bien la corriente de la fidelidad para ser precisos, se combate a sí misma combatiendo a un panismo que, en el ámbito nacional, en objetivos de mediano y largo plazo es su aliado natural tanto en la búsqueda de un antidemocrático bipartidismo a modo como en la defensa de los intereses del poder fáctico que mal conduce los destinos de la Nación.

De ahí que la campaña “Afielate” con vías al fortalecimiento de la corriente de la fidelidad para la elección en puerta, no sólo se contemple por la ciudadanía como cursi y anacrónica, también se considera al interior de las filas del priísmo como ajena a su propia circunstancia.

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