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Tag Archives: Elecciones 2012 en México

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El lento pero constante ascenso de Andrés Manuel López Obrador en las preferencias electorales, va conformando un escenario para julio próximo que, comparado con el de 2006, le ofrece mayores posibilidades de éxito frente a sus oponentes. El marco económico y social del país en la coyuntura, le es favorable en tanto es evidente el fracaso del PAN como partido en el gobierno, así como se va confirmando que con el PRI la alternativa es una nueva versión de gatopardismo, ya no soportada por una población empobrecida que exige cambios profundos de rumbo y destino para México.

A ello habría que agregarle que ninguno de los panistas que aspiran a la primera magistratura del país, están a la altura del reto que ofrece el paliar la crisis global de un modelo económico y social cuyos efectos tienen al mundo al borde del desastre. Ni Enrique Peña Nieto, precandidato único de la alianza PRI-Verde Ecologista, está en condiciones de mantener el nivel de preferencia electoral que alcanzara como gobernador de Edomex. Todo lo que sube tiende a caer y el mexiquense ya inició su descenso tras sus pifias y el conocimiento público de su vida privada. Para la gente bonita de clase media, Peña Nieto cayó del pedestal tele novelero al dar a conocer sus aventuras extramaritales que le convirtieran en padre irresponsable y villano de la película.

Lo que está  en duda es si Andrés Manuel contará con la estructura electoral que le respalde tanto a lo largo de la campaña como en el momento de la elección. Pues una cosa es el Movimiento Nacional de Regeneración Nacional (Morena) que le cobija al cien por ciento y otra, muy distinta, son los partidos políticos que le postulan. Tanto el PRD como Movimiento ciudadano y PT, dejan aún mucho que desear en tanto se mantienen a su interior serias contradicciones que operan en contra de la unidad de la Coalición “Movimiento Progresista”. El carácter tribal de la estructura perredista parece ser el principal impedimento para una acción común concertada y consecuente.

La necesidad objetiva de tomar como eje central a la candidatura presidencial de Andrés Manuel para unificar programática y operativamente a las “izquierdas”, se diluye frente a los intereses particulares de las distintas fuerzas tribales y sus personeros que, con la vista puesta en candidaturas de gobernadores, senadores y diputados federales, se alejan de la unidad exigida. Pareciera que la tradicional pugna por cuotas de poder se impone por sobre la razón de Estado que debiera esgrimir la izquierda electoral.

El Distrito Federal da un ejemplo de ello. Resuelta la precandidatura a la Jefatura de Gobierno el estira y afloja en torno a los aspirantes a ocupar las diferentes Delegaciones de la Ciudad de México es un todos contra todos, perdiendo de vista tanto el objetivo central de respaldo a la candidatura presidencial como al propio Miguel Ángel Mancera.

Este fenómeno se repite en todas las entidades federativas, lo mismo al interior del PRD como en el PT y Movimiento ciudadano. Perdiéndose lo más por lo menos. Sin dejar de considerar que se contempla a “Morena” como un ente extraño y ajeno a los intereses de los partidos coalicionados que no pierden de vista que después del 2012, “Regeneración Nacional” se lanzará a la búsqueda del registro como el partido aglutinador de las diversas fuerzas progresistas del país. “Morena”, por su parte, contempla al PRD con desconfianza y prejuicios, por cierto bien ganados.

Aún con todas estas limitantes, suavizado el discurso y haciendo amarres lo mismo con la pequeña y mediana empresa que con distinguidos exponentes de la vida económica, cultural, académica y social, en busca del voto de los indecisos, día con día Andrés Manuel López Obrador fortalece su posicionamiento en la contienda por la presidencia de la República.

Su diario peregrinar por todo lo largo y ancho del país le resulta redituable electoralmente frente a su principal oponente que, perdido aún entre dimes y diretes y sujeto a ajustes de última hora de las condiciones en que se sustentará la plataforma electoral de la Coalición PRI-Verde tras el rompimiento con el Panal, no logra aún el consenso al interior de su partido en torno a su candidatura.

Y, por otro lado, la aún indefinición de quien resultará abanderado designado por Calderón, tiene dividido al PAN, perdiendo un tiempo precioso.

Ventaja que López Obrador está obligado a mantener, so pena de caer en el triunfalismo que le perdiera en el 2006. Lo atípico del proceso electoral en curso y lo reñida que se espera sea la contienda, no le permite dormirse nuevamente en sus laureles. Es la última oportunidad para Andrés Manuel y, como bien dice Uriel Flores Aguayo, la “tercera llamada” para que las llamadas izquierdas recapaciten y marchen unidas en torno al objetivo de la toma del poder político en México.

Lo que habría que preguntarse entonces, es si los tres partidos políticos que se asumen electoralmente como de izquierda, así como sus promiscuos dirigentes, están dispuestos a renunciar a sus canonjías y prebendas y apostarle con todo al cambio que exige el pueblo de México. De ello depende en lo sustantivo el que López Obrador –si se lo permiten los poderes fácticos- alcance la presidencia.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz, para la llamada “izquierda electoral” llegó la hora de la autocrítica y la racionalidad democrática. No puede pensarse en una desgastante lucha por el reconocimiento de las irregularidades que sustenten la impugnación parcial de la elección de gobernador, sin el reconocimiento de los propios errores que condujeran a la derrota en las urnas del candidato postulado por los tres partidos en coalición,  habida cuenta de que a sabiendas de las condiciones en que habría de participarse en un proceso electoral atípico, al que se ha dado en llamar “elección de Estado”, aceptaran hacerle el juego al PAN y al PRI. (Dante Delgado, exceso de confianza frente a una realidad adversa)

Nadie puede darse por engañado. Desde antes de iniciarse el proceso ya se sabía del pleito personal entre el gobernador y Miguel Ángel Yunes Linares y como este derivaría en una guerra sucia electoral sin cuartel. Las limitaciones ofrecidas por una legislación electoral federal y estatal inequitativa, un árbitro amañado, así como las condiciones asimétricas de disponibilidad legal y extralegal de recursos materiales, humanos y financieros, fueron aceptadas desde el momento mismo en que se decidiera contender.

El diseñar una estrategia de participación respetando tiempos y reglas del juego apegada a derecho, tras observarse que a lo largo del proceso los adversarios actuarían en contrario, es algo que deberá revisarse con mucha objetividad.

Igualmente es el caso de la alianza parcial entre tres partidos que prácticamente partían de cero. El supuesto de que se repetiría la experiencia del 2006, cuando desde la elección presidencial a la fecha de la firma del convenio de coalición, el PRD se encontraba prácticamente dividido, liquidado para la ciudadanía,  y sumido en su propio cochinero, en tanto que el PT y Convergencia apenas habían obtenido en la elección del 2009 el mínimo de votos para no perder el registro, fue una inconsecuencia estratégica y táctica que terminó en desastre.

En 80 días no se puede cosechar lo que no se sembró en cuatro años.

Esto obliga a pensarse en serio en la necesidad de poner los pies sobre la tierra, replantearse la reconstrucción de los tres institutos políticos desde abajo y sujetos a condiciones de racionalidad democrática, con vías a su participación como alianza de centro izquierda en la elección presidencial del 2012. Sin un proceso auténtico de autocrítica, corrección y trabajo intenso a todos los niveles, esto no será posible.

La simulación ideológica en esta ocasión fue factor de peso en la configuración de la derrota electoral de centro izquierda. Los tres partidos en alianza se han asumido como centristas, de izquierda, o socialdemócratas,  sin serlo. Identificados por la ciudadanía en Veracruz como enemigos irreconciliables del calderonismo, se aliaron en otras entidades con el PAN y con el colaboracionista Jesús Ortega y sus seguidores, exhibiéndose como oportunistas y acomodaticios. Los veracruzanos que en el 2006 votaran por la opción de izquierda que encabezara Andrés Manuel López Obrador, así los vieron y les dieron la espalda en las urnas. 500 mil votos “útiles” posiblemente ingresaron a la cuenta de los candidatos del PAN o del PRI. Que desperdicio.

El actual  e inconcluso proceso electoral demuestra con creces que las candidaturas competitivas no se inventan ni se imponen desde la cúpula, se construyen a lo largo del tiempo en la vida partidista y con la participación activa de la militancia. Sin vida de partido sustentada en la participación democrática, la artificialidad de una candidatura queda a expensas de la corrupción y las componendas, siendo por principio rechazada por los electores e incluso, por la misma militancia.

Los resultados obtenidos en el presente proceso electoral tienen mucho que enseñar al respecto en los tres partidos en alianza. La cúpula del PRD en Veracruz mostró su cara más sucia, despreció a su militancia y traicionó a sus aliados en la coalición. El PT no fue capaz de elegir a sus dirigentes estatales, debiendo recurrir a un comisionado de la dirigencia nacional, en tanto que Convergencia, durante el lapso de tiempo comprendido entre la elección del 2006 y la del presente año, careció de vida de partido, supeditándose a las decisiones cupulares del centro, por cierto muy cuestionables. Debería asimilarse la lección y actuar en consecuencia.

La unidad para el 2012

Con el mutuo destape para el 2012 de Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, se inicia una nueva etapa para los tres partidos políticos en cuestión. Divididos no ofrecen ser competitivos frente al PRI y el PAN, que irán con todo, los primeros en su afán de retornar a Los Pinos y, los segundos, a mantenerse a cualquier costo en la presidencia de la República. Siendo, por tanto, más que exigible la unidad de las fuerzas políticas de centro izquierda. De ahí la pregunta obligada: ¿podrá construirse de aquí al 2012 un proceso que desemboque en un frente amplio, unitario, en torno a uno de uno de los dos aspirantes destapados, ante el embate de la derecha? O esperaremos el triunfo de un indeseable bipartidismo en México.

En las condiciones actuales, tal frente único a mi juicio es imposible. La división es profunda y la vida democrática de partido inexistente. En tanto las bases no tomen el control, dominarán los intereses cupulares. Andrés Manuel lo dijo con todas sus letras, confía en las bases del perredismo, no en las dirigencias partidistas. Por su lado, Marcelo Ebrard, en su calidad de Jefe de Gobierno del D.F.,  requiere lo mismo de su acercamiento con Calderón Hinojosa que de “los chuchos” para construir su candidatura. Lograr la unidad para 2012 sin una solución a fondo de la crisis que viven los partidos de centro izquierda electoral, parece ser un reto insuperable.

Y mientras debería de esperarse una autocrítica seria, responsable para avanzar, la inconsecuencia de Convergencia se repite: el presidente nacional de este partido declara, en respuesta a López Obrador, que respetará los tiempos electorales. Vaya pérdida de tiempo y prevalencia de ingenuidad política. O los tres partidos se depuran, reconstruyen y se ponen en serio a trabajar desde ya en torno a un programa unitario, o se olvidan del futuro.

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