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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce

En el marco del policromo escenario de un país forzado a conjugar desigualdad y pobreza con expectativas de desarrollo y una cuestionada prosperidad relativa, todo es posible, incluso un régimen político sustentado en el secuestro de la democracia representativa y el escamoteo de derechos sustantivos de los mexicanos.

Y es en este escenario en el que nunca como hoy, la partidocracia se viera enfrentada a la ciudadanía en un proceso electoral que en unos días desembocará en la elección nacional de diputados federales, así como en diversas entidades federativas gobernadores, diputados locales y alcaldes.

Días contados para poner toda la carne en el asador en un horno que no estando para bollos, lo mismo exuda lo mejor de una sociedad en movimiento, que los detritus de una partidocracia que en un país sin rumbo se revuelca en su miseria moral y política.

Si ya para el análisis simplista y lineal basado en experiencias previas de procesos electorales, resulta harto difícil plasmar en letra de molde lo que entre brumas dicen tantas bolas de cristal como opinadores existen, cuantimás si la complejidad de la elección en puerta reviste ya no sólo incertidumbre y confusión por lo que está en juego en el todo nacional, también por hacerse acompañar de elementos inéditos, como el estar insertos, y a la vez perdidos, en una crisis mundial multidimensional y globalizada con sus secuencias de deterioro económico, político y social que todo lo trastoca.

Y a ello, el sumarse en México una también inédita confrontación en varios frentes entre el régimen político vigente y su partidocracia, contra lo mismo una delincuencia desbordada que con una ciudadanía marcada por descontento y hartazgo que está diciendo basta.

Todos contra todos sin un mínimo de claridad que deslinde lo que es la disputa por el poder político y la confrontación entre intereses creados en la esfera de los poderes fácticos, en tanto que para las mayorías empobrecidas lo que se vislumbra es un intento por el rescate para todos lo mismo de la democracia secuestrada que de un modelo de país sustentado en justicia social y bienestar para todos.

En este complejo galimatías tanto partidos políticos, candidatos y la mayoría de opinadores, tratan en vano de acomodar las piezas, optando los más por la comodidad del análisis simplón, haciendo prevalecer más el interés coyuntural y protagónico de los actores en contienda, que el análisis serio y de profundidad que, con visión de futuro, vislumbre y comparta lo que a México depara de seguir marchando por el camino equivocado.

Lo que se disputa, a mi juicio, va más allá de la simple confrontación electoral entre partidos, candidatos y electores potenciales. Ubicándose ya en un universo más amplio de desconfianza en las instituciones, dualidad de poderes en cada vez más extensos territorios, ingobernabilidad y movilización contestataria. Es en este terreno y no otro es en el que estimo se habría de ubicar al actual proceso electoral y los venideros.

Considerar de manera simplista que es y será lo que antes fue, no tiene sentido. El México de hoy es otro y su circunstancia política por lo consiguiente es diferente. No es por nada el que las campañas electorales transiten por un sendero y, en paralelo, la sociedad ajena a propósitos, objetivos y propuestas de la partidocracia, reivindique el derecho y voluntad mayoritaria de darse un nuevo pacto social que contemple un nuevo régimen político. Cobrando una inédita connotación lo que se conoce como “elección intermedia”.

Plebiscito

A manera de plebiscito ciudadano, el 7 de junio próximo habrá de conocerse a pie de urna, profundidad y alcance de tal confrontación entre un régimen político agotado y una ciudadanía que despierta.

En este contexto lo inédito manda y, seguramente, es por ello que no se alcanza a percibir con objetividad el por qué para la clase política y la gran mayoría de los medios de comunicación, así como para partidos políticos y candidatos, las estrategias electorales a escasos diez días de la elección, entre el lodo topan con pared; las campañas no prenden en el ánimo de los votantes potenciales en la medida de lo esperado, diluyéndose entre pinceladas de una realidad nacional que, reflejada en una percepción en el imaginario colectivo cada vez más arraigada y más amplia, parece indicar que es el régimen político vigente y su partidocracia el adversario a vencer en las urnas. El 7 de junio por la noche se sabrá si lo que cuenta es tal percepción o los votantes se inclinan por el cómodo más de lo mismo, avalando una marcha sin destino cierto.

Hojas que se lleva el viento

En Veracruz no se tiene más nada que perder y si todo por ganar dándole la espalda a la continuidad de un estado de cosas que ya no se resuelve con dinero. La clase política, sin excepción válida, agotada se revuelca entre corrupción e impunidad mientras sociedad y economía aceleran su caída. Y esto no es especulación ni protagónico y mal intencionado cuento chino para amarrar navajas. Los números duros lo confirman.

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Erradicar corrupción e impunidad a periodicazos, sin sentido y pérdida de tiempo. A las ratas públicas y privadas las reproduce, prohija y cobija un sistema económico y social cuyo motor es la apropiación privada de la riqueza social, por el medio que sea. No tiene rostro ni patria, y sus principios éticos y morales se sustentan en la ganancia y la acumulación. Por ello resulta hasta cómica lo mismo la denuncia mediático-protagónica que el discurso anticorrupción de los corruptos. O se combate al sistema corrupto y corruptor o se toleran a las ratas, he ahí el dilema para una sociedad que a trompicones avanza sin rumbo y sin destino.

Cd. Caucel, Yuc., mayo 26 de 2015
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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce 

El domingo próximo pasado se desató la parafernalia electoral que desembocará en la elección del 7 de junio. En cada una de las entidades federativas el proceso tomará cauces diferentes. De acuerdo al sapo será la pedrada sin perder su carácter atípico, nada será igual a experiencias similares en el pasado.

La sociedad mexicana ha cambiado y el régimen político que conocemos sigue siendo el mismo; los mismos rostros, las mismas mañas y la misma cauda de corrupción impune. No más empatía y correspondencia entre sociedad y un régimen político caduco y corrupto que ha perdido credibilidad y sustento social.

De ahí a mi juicio lo atípico del proceso electoral en curso. Ya no será la clásica contienda entre los partidos políticos que conforman la partidocracia para repartirse el pastel, este escenario quedó atrás con el cuestionado triunfo electoral de Enrique Peña Nieto y secuencia de desavenencias entre el poder formal y la sociedad.  Luego es de esperarse que partidos y candidatos hayan de confrontarse de principio a fin con una ciudadanía que ya hace sentir  el peso específico de la movilización social, el descontento y el hartazgo.

Habiendo permanecido ciego, sordo e insensible ante el cambio social, el régimen político y  la partidocracia se enfrentan hoy no sólo a su propia fecha de caducidad. La elección de diputados federales evidenciará la profundidad de su crisis de legitimidad frente a una sociedad que  por principio rechaza el más de lo mismo y que así lo hará sentir a lo largo del proceso.

A los dueños de las canicas las reglas del juego dispuestas para mantener secuestrada a la voluntad popular, pienso habrán de revertírsele. A mayor número de opciones electorales mayor dispersión del sufragio y, con ello también pulverización y dispersión de la base social en que se sustenta cada partido. Luego es de esperarse que ningún partido político en contienda alcance una sumatoria destacable de votos que le acerque a un mínimo de legitimidad democrática.

Si a ello se agrega abstencionismo, “candidatos independientes” y votos nulos, en su conjunto el espectro partidista en la elección del 2015 no alcanzará  más del 50% del padrón electoral vigente, quedando en minoría frente al resto de la sociedad.

Habrá ganador, la simulada democracia mexicana así lo dispone en las reglas del juego que no contemplan segunda vuelta, dándose por sentado que el PRI se levantará con el triunfo electoral, pero éste representará en la Cámara de diputados a una minoría de mexicanos que socialmente será insuficiente para legitimar objetivos y propósitos del presidente Peña por más control que tuviere del Congreso de la Unión.

Las primeras encuestas en el proceso electoral en curso, señalan que las campañas de partidos y candidatos inician con una intención del voto favorable al PRI. Con un 33 % de votos potenciales en el arranque el partido gobernante se enfrenta a un 67% de intención negativa fragmentada y dispersa. De continuar creciendo la falta de credibilidad y confianza, así como la percepción de inseguridad (67.9%) en la población, el 33 % a favor del PRI podría derrumbarse para terminar el 7 de junio con un escaso 20%, suficiente para un triunfo legal pero insuficiente para alcanzar el mínimo de legitimidad democrática requerido para frenar la caída en la aceptación de la sociedad de un Enrique Peña Nieto, que ya no resiente lo duro sino lo tupido.

El Sr. Peña y sus asesores  lo saben o lo intuyen. No es circunstancial que se valga del “partido del niño verde” para intentar construir mayoría en la Cámara baja. Siempre es sano y deseable tener la bacinica bajo la cama por lo que pudiera ofrecerse.

La mayoría dispersa, hombres y mujeres de a pie, en la calle y mostrando el músculo, antes y después de los comicios habrá de marcar la agenda en la vida política de la nación; frente a la escalada en la profundización de la movilización social de protesta y resistencia la partidocracia impotente, será incapaz de controlar y contener a una fuerza política que viene por lo suyo.

Renglón aparte del grado de incertidumbre social existente en torno al proceso electoral y sus resultados en las urnas, cabe considerar que cantidad y calidad de los candidatos participantes en la justa electoral son imagen y semejanza de los partidos que les postulan. La gente lo sabe, de antemano les descalifica y se prepara para actuar en consecuencia. Si se vota el 7 de junio no es por convicción de que las cosas van a mejorar y, mucho menos de que el proceso electoral tenga significado trascendente en la construcción de una auténtica democracia representativa. Se vota porque no hay de otra y  porque participar ejerciendo el derecho al sufragio es el pase de lista de cada mexicano comprometido con su país. Es hacerse presente como  primera fuerza política ante un régimen político tan sordo, ciego, caduco y corrupto, como incapaz de brindar esperanza y expectativas de cambio real para una sociedad frustrada que exige mejor destino.

Partidocracia versus sociedad, es la tónica. Peña Nieto y el partido gobernante  perderán ganando la elección. Difícilmente se recuperará en las urnas confianza y credibilidad en un régimen político que ya no da más. La revolución silenciosa y pacífica de un pueblo retomando el sendero democrático está en marcha.

¿Y Veracruz?

Respecto a la aldea poco queda por decir. La percepción generalizada es de una nueva y abrumadora derrota cuantitativa y cualitativa para el PRI. El Sr. Duarte de Ochoa y la quiebra de las finanzas públicas estatales bien se han encargado de ello sin medir las consecuencias.- Cd. Caucel, Yuc., 08/04/2015

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Enrique Olivera Arce

Si para amplios sectores de la población el presidente Peña no se hace merecedor a confianza y credibilidad, y lo mismo podría decirse de los gobernadores, procuración y administración de justicia y partidos políticos, la pregunta obligada, a tres meses escasos de las elecciones del 2015, es ¿por qué sí se debe creer y confiar en el Instituto Nacional Electoral?

¿Es acaso entre todas las instituciones republicanas la joya de la corona, hoy fuera del alcance de la simulación y corrupción impune? ¿O es una pieza más en el juego perverso de la partidocracia en el afán de esta por mantener secuestrada y bajo control a nuestra incipiente democracia representativa?

El reto para el organismo, ya encarrilado el proceso electoral sería demostrar que efectivamente es digno de confianza y credibilidad para que, en su papel de organizador y árbitro de los comicios venideros justifique ante el pueblo de México la razón de su existencia.

Y esto, a mi juicio, por lo que se alcanza a percibir en las crónicas periodísticas, está en chino. La descomposición del régimen político conforme pasan los días se observa transita montada en un tobogán sin control, reflejándose en un estira y afloja al interior del INE en el que los partidos políticos, cada uno por su lado, pretenden imponer lo que mejor conviene a sus intereses de coyuntura, trasladando su crisis de representación a una institución presuntamente ciudadana. Poniéndose en evidencia el cada vez mayor divorcio entre la clase gobernante y las subordinadas.

La brecha se amplía y no se observan los necesarios puentes para acotarla y achicarla, antes al contrario, lo que se percibe es un conjunto de puentes rotos que entre acuerdos en lo oscurito, medias verdades y medias mentiras, acompañados de hechos concretos en la vida cotidiana de la población, no ofrecen seguridad alguna de que el divorcio en el corto plazo llegue a buen término.

Credibilidad y confianza en el régimen político e instituciones se dan por perdidas e incluso, el gobierno de Peña Nieto por conducto de su secretario de hacienda, reconoce que sin éstas no hay forma de aterrizar y concretar objetivos y metas del proyecto de país pensado y diseñado en Los Pinos. Para la cúpula empresarial esto es mala señal y ya exigen claridad y mano dura para enderezar el rumbo del país.

Entre la población el dilema entre votar y no votar en los próximos comicios, se alimenta de esta falta de confianza y credibilidad y, en el mejor de los casos, el debate deriva a los terrenos del por quién votar, cuando frente a la oferta partidocrática no hay opción; cada partido selecciona a sus candidatos de manera vertical, de arriba hacia abajo, sin consulta previa con sus bases y menos con los millones de votantes llamados a sufragar. En este escenario antidemocrático Morena no es la excepción, con una auténtica vacilada que le iguala con sus adversarios irresponsablemente recurre a “la tómbola” como fórmula de selección, supeditando la democracia partidista a pedestre lotería.

Tocaría al Instituto Nacional Electoral el poner orden y reencauzar el proceso electoral por el sendero de una auténtica democracia representativa. Y no es así. Luego el reto de muy corto plazo de restaurar confianza y credibilidad para unos comicios exitosos, parece serle inalcanzable al organismo electoral. La partidocracia impone su crisis y arrastra por un conflictivo rumbo a lo que debería ser instrumento al servicio de los votantes. Malo para México, pésimo para las aspiraciones democráticas de millones de mexicanos.

Hojas que se lleva el viento

El forcejeo en el Senado de la República para sacar adelante la ley anticorrupción, refleja una pugna sin cuartel en la que cada partido ahí representado pretende imponer su propia visión e intereses en un tema de la mayor relevancia para el país. Hasta este momento, vía negociaciones en lo oscurito parece que la discusión en comisiones está llegando a su término con un aparente consenso que deberá ser ratificado en el pleno. El acuerdo, en congruencia con las condiciones generales que se viven en el país, parece estar sustentado en una expresión más de gatopardismo que se concretará en una ley sin dientes que dejará incólume a no dudar una lacra histórica que no se acabará por decreto. Borrón y cuenta nueva, no se barrerá para atrás y todos felices y contentos.

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Frente a la tormenta que azota a la administración pública veracruzana, calladito se vería más bonito el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, dejando que el área técnica de la secretaría de planeación y finanzas haga su trabajo en el arduo compromiso de justificar lo que a todas luces parece injustificable. El anticiparse expresando con optimismo que las observaciones puntuales de la Auditoría Superior de la Federación a su gobierno serán solventadas en forma y fondo a la mayor brevedad, sin realmente contarse con elementos fiables de que así será, más agita el cotarro. Y por cierto, es de llamar la atención el que no exista al interior del gobierno estatal una voz con autoridad moral y política que salga en defensa del ahora vapuleado gobernante que, en su rostro al aparecer ante los medios de comunicación afirmando que las finanzas públicas veracruzanas gozan de cabal salud, da la impresión de que para sus adentros quisiera gritar: “No me lo dejen sólo…”.- Xalapa, Ver. 26/02/2015

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J. Enrique Olivera Arce
“Lo más seguro es que quien sabe…” Sabiduría popular

La imagen del México de hoy que se ofrece tanto en el orden interno como en el exterior, se ilustra con pinceladas mediáticas en las que se reflejan lo mismo hechos objetivos irrefutables, que percepciones subjetivas de una agobiante realidad de un país sin rumbo ni brújula.

Lo objetivo y lo subjetivo se entrelazan y se retroalimentan, mostrando una realidad única que para unos guarda tintes de optimismo y de esperanza en tanto que para otros, los más, lo que domina es un pesimismo justificado e incertidumbre ante un futuro incierto que, ofreciendo más de lo mismo, apunta a un desastre.

En un país plural, con altos índices de desigualdad, cada quien ve lo que quiere ver, según le va en la feria. Lo mismo trátese de quienes teniendo todo, o aspiran a tenerlo, que quien no tiene nada, salvo una mísera existencia, pasando por una clase media, ya no tan media y en proceso constante de empobrecimiento, cuyas expectativas de un futuro próspero se antojan canceladas.

Y en este marco referencial, en el que lo objetivo del diario acontecer nacional fortalece la visión subjetiva de la realidad real que alimenta al imaginario colectivo, la llamada clase política vela armas ante la contienda electoral en puerta, bordando al margen de una realidad que no ve, no entiende, o considera irrelevante para sus propósitos y objetivos cortoplacistas.

La mayoría de medios de comunicación masiva, se hacen eco de este ignorar de la realidad, lo mismo de la objetiva que la subjetiva que anida en la percepción de los presuntos votantes. Privilegiando lo accesorio y circunstancial del momento por sobre lo sustantivo de un país en crisis cuya salida no descansa precisamente en las urnas.

Tan es así, que al actual proceso electoral se le ubica en un contexto históricamente superado, sin aceptar que el México de hoy ya no es el mismo en el que se pretende aplicar rancias estrategias electorales que si bien dieran resultados en el pasado, en el presente carecen de agarraderas. La población sobre la que operan los partidos políticos es otra; mejor informada, más participativa y más consciente, hoy la población sabe a ciencia cierta lo que significa confiar o no confiar en su llamada clase política.

Y en este saber colectivo, es más que evidente que los partidos políticos ya no cuentan con credibilidad, confianza, legitimidad y beneficio de la duda. Como también carecen de una estructura orgánica que pueda con eficacia revertir en el corto plazo lo que con deshonestidad intelectual, corrupción impune y descarado cinismo cada partido político ha construido para ganarse la animadversión del electorado.

De ahí que cabe preguntarse entonces si en este nuevo e inédito escenario, los partidos políticos de espaldas al sentir de la gente, podrán ser competitivos sin recurrir a la compra de votos y dignidades.

El Instituto Nacional Electoral (INE), se anticipa asegurando que en el peor de los escenarios, bastaría con que un partido político se levantara con el 5% de la votación total para ser declarado ganador. Y a eso le apuesta la llamada clase política. La elección sería legal, pero como siempre careciendo de legitimidad democrática; de ahí que en los círculos políticos la crisis nacional lo mismo en lo económico que en lo social, vale madre en tanto no interfiera con el proceso electoral.

En este orden de ideas, cabe preguntarse también si bajo este esquema de inmoralidad política, en el que la legitimidad lo mismo que el sentir de las mayorías pasa a segundo término, vale la pena el preocuparse u ocuparse en elegir a un diputado federal.

Así como también obligado es preguntarse para qué sirve un diputado federal en el régimen presidencialista, si no es más que para levantar el dedo aprobando lo que en principio lesiona el interés más general de la nación. El desempeño de los actuales diputados en el Congreso de la Unión, atentando contra el patrimonio de todos los mexicanos, nos da la respuesta.

Y si bien existen honrosas excepciones que levantaran más que el dedo la voz, en contra de las iniciativas presidenciales, estas voces son contadas y los resultados obtenidos del discurso opositor son irrelevantes, como irrelevante es la gestión de un diputado para que se pavimente una calle o se instale una farola cuando en lo sustantivo no cumple con su encargo.

Luego, para que queremos diputados, si la representación popular está secuestrada por una partidocracia oportunista, corrupta, impune e insensible, que no quiere, no puede, o no le interesa el cómo salir de una crisis de Estado que hoy por hoy no tiene más salida que el dejar hacer, dejar pasar, hasta que reviente por el hilo más delgado.

Hojas que se lleva el viento

Imprevisión, improvisación, y palos de ciego frente a la crisis globalizada y la que en lo específico vive el Estado mexicano, parecen ser las variables que sustentan la errática política energética de la actual administración pública federal. Sólo así se explica el que en un escenario internacional negativo para la mezcla mexicana de crudo, se privilegie el mercado externo por sobre el mercado interno de los energéticos que mueven al país. Persistiéndose en vender barata la materia prima e importar caro y en dólares, gasolinas y gas industrial y doméstico, dañando lo mismo a la industria, el transporte y distribución de mercancías, que a la economía familiar.

Petróleo crudo barato para el exterior y combustibles caros para el consumo nacional, es la tónica que nos receta el “hombre del presidente” desde la Secretaría de Hacienda.

Y en este marco de lo absurdo, el Sr. Peña Nieto desde Oaxaca afirma que en el presente año se verán los resultados positivos de la llamada reforma estructural energética, sin parar mientes en que lo que el país requiere son refinerías que generen nuevos empleos y combustibles a precio accesible para consumidor final y no ventas de garaje de nuestra materia prima básica.

Lo verdaderamente grave de este absurdo proceder, es que en una economía petrolizada como la de México, el bien estratégico de la nación sea administrado bajo una óptica de improvisación y saqueo en nombre de un modelo de desarrollo del país que para el Sr. Peña es el idóneo para “mover a México”.

Muere un periodista, grande entre los grandes. Descanse en paz Julio Scherer.-

Cd. Caucel, Yuc., enero 7 de 2015

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J. Enrique Olivera Arce

“Todo el país ha sido cultivado con mucho esmero durante los años recientes para que se esparza en él la desobediencia y la insurrección”. José M. Murià

Gobernador de Veracruz

Gobernador de Veracruz

Estimo que en el estilo personal de gobernar cuenta, y cuenta mucho si no es que lo determina, el origen, las raíces familiares, el entorno de crecimiento y desarrollo, educación, experiencia, ambiciones personales y, sin duda, el estilo de vida a que está acostumbrado el gobernante. Salvo un excepcional garbanzo de a libra, considero que nadie en la llamada clase política escapa a esta condicionante.

No es por tanto casual el que en Veracruz suframos un gobernador como el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, cuyo estilo personal de gobernar a mi juicio acusa pobreza de atributos sólidos en su hoja de vida.

En la entidad y fuera de ésta, tal estilo es considerado mediocre y, dada la conformación de nuestra clase política en México, eso es ya decir mucho, más cuando el estilo de gobernar no se ve reforzado con una mediana visión de Estado, sensibilidad, tacto y voluntad política en el desempeño de la función para la cual fue electo. Atributos estos que se sustituyen con alegórica fantasía y triunfalismo mediático, pagado y sin sustento, al cual es aplicable la fábula del emperador desnudo.

Hombre de pocas luces

Si el gobernador veracruzano superara en algo la mediocridad y egocentrismo en su estilo personal de gobernar, habría empezado por rodearse de un equipo de funcionarios preparados, eficientes y eficaces que suplieran sus deficiencias y carencias y, además, desde el inicio de su mandat, romper el cordón umbilical que le mantiene atado a su padrino y antecesor en el ejecutivo estatal. Lejos de ello, así como se ha mantenido el lazo que le une a Fidel Herrera Beltrán, en la misma forma se rodea y hace equipo o establece relaciones de complicidad, con lo más atrasado de nuestra aldeana clase política.

Ser sensible a las necesidades del pueblo que gobierna, saber observar, valorar la realidad y escuchar para actuar en consecuencia, al fin hombre de pocas luces no se le da; sus limitaciones reflejadas en su hoja de vida no se lo permiten. Si a ello le agregamos tozudez para conservar y preservar su propia visión de una realidad inexistente, el retrato hablado está completo.

Luego es absurdo el pretender que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa sea congruente con la situación de profunda crisis que hoy día vive México. No está ni en un talante autocrítico que pudiera orientarle, ni en su estilo triunfalista de gobernar; mientras México entero sufre una crisis combinada de estancamiento económico, confusión e inmovilidad del régimen político, deterioro de un estado de derecho cuestionado, así como una movilización social sin precedentes que en la calle expresa descontento y hartazgo, para el gobernador en Veracruz se vive una próspera etapa de prosperidad, seguridad, paz social, economía boyante y en constante crecimiento, acompañada por la aceptación, credibilidad y confianza en las instituciones de los gobernados.

Si el Sr. Peña es incapaz de lograr encontrarle la punta al mecate, desbarrando y dando palos de ciego para poner a salvo ya no su personal proyecto de nación y presuntas reformas estructurales que le sustentan, sino como prioridad su mandato constitucional, en Veracruz el gobernador presume y lo divulga a los cuatro vientos, de que aquí las cosas son diferentes, aquí sí se sabe cómo gobernar.

Ya no es carencia de tacto político que exige guardar cuando menos las apariencias, sino pecado capital de incongruencia y ausencia de visión de Estado. Pasando por alto que Veracruz no sólo es parte y responde al todo nacional, sino que además contribuye en gran medida al deterioro que en todos los órdenes acusa el Estado-Nación. El análisis, diagnóstico y resultados reflejado en estadísticas oficiales divulgadas ampliamente, así lo confirma. Y aun así, el Sr. Dr. Duarte de Ochoa ni suda ni se acongoja, insistiendo cotidianamente en su visión triunfalista de una realidad que no entiende o no quiere entender. Los problemas que aquejan al presidente de la república no son problemas de la incumbencia del gobernador de Veracruz, así de simple.

Para tranquilidad de nuestra conciencia y salud mental, ya no le exijamos peras al olmo con desgastantes señalamientos, crítica y denuncias. Es tan desgastante como estéril perder el tiempo en ello cuando hay otros temas de mayor relevancia de los que ocuparse y preocuparse. Faltan dos años para que termine la pesadilla, el aguantar es la opción. ¿O existe otra?

El proceso electoral en marcha.

Y en este marco se ubica el actual proceso electoral que desembocará en la entidad con la elección de diputados federales. Proceso de capital importancia para el Sr. Peña, exigido a contar con mayoría absoluta en el Congreso de la Unión y que en la entidad veracruzana es desdeñado, privilegiándose en el orden de prioridades electorales la sucesión en el gobierno de Veracruz. ¿Falta de control de la vida política por parte del gobernador? ¿O es el no entender donde tiene puesta la prioridad electoral el presidente de México?

Lo más grave es que son las dos cosas. Ni hay control ni se entiende la señal presidencial. De otra manera los madrugadores senadores no andarían por la libre agitando e avispero, ni el fuego amigo al interior del partido gobernante estuviera poniendo en riesgo en la entidad el por cierto ya dudoso triunfo del PRI en la elección del año próximo. ¿En 2015 vamos a elegir gobernador de dos años o diputados federales? Se pregunta una población confundida.

Si el no saber gobernar es el estilo personal que prevalece, en la hoja de vida del Sr. Dr. Duarte de Ochoa está la respuesta, no hay de otra y así lo debemos aceptar para no seguir dando vueltas a la noria, exigiéndole más de lo que el gobernante puede y está dispuesto a dar.

Para estar en consonancia, pensemos en cuál en una muy flaca caballada, será la mejor opción para suceder al actual mandatario y olvidemos el desgranar la mazorca tratando de encontrar en la mediocridad de la llamada clase política, las mejores opciones para ocupar en el 2015 una curul en la Cámara baja del Congreso de la Unión. O de plano, si convencidos estamos de la inutilidad de tratar de que las cosas cambien para bien en los terrenos de la partidocracia, dejemos que se sigan haciendo bolas, gobernador, partidos y políticos, y esperemos con paciencia la hora del sumar a favor del voto de castigo.

Hojas que se lleva el viento.

Dentro de lo relativo que es lo que debemos entender por libertad, destaca el descaro del deteriorado régimen político mexicano, que nos receta una llamada ley de movilidad universal para proteger los derechos de terceros atentando contra los derechos de todos, en su esfuerzo por tapar el pozo tras el niño ahogado. Lo que no se atreven a decir explícitamente diputados, senadores y el mismo Sr. Peña, “autor” de la iniciativa, es que ante el miedo de que la movilización social tome el camino de una auténtica y legítima rebelión, están optando por el camino fácil de un estado de excepción en México que les de seguridad.

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Para “la gente bonita” lo más destacado de la XXIV Cumbre Iberoamericana que inicia mañana en Veracruz, es el contar con la presencia del rey de España, mandatario que representa lo más rancio del trivial glamour de la aristocracia europea en el ámbito de la crisis económica, corrupción, saqueo y exclusión. Para “la prole” el referente principal indudablemente será José Mújica, presidente de la República Oriental del Uruguay, hoy por hoy paradigma mundial de gobernante honesto y comprometido con su pueblo. Dos visiones en el México dividido, polarizado y transitando por la peor crisis de Estado en los últimos cincuenta años.

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No nos esforcemos en ponerle cortinas al edificio cuyos cimientos apenas estamos pretendiendo construir. Todo a su tiempo, el cambio y transformación del país es un proceso largo, azaroso y no libre de obstáculos que exige voluntad, toma de conciencia, serenidad, trabajo, disciplina, sacrificio, noción de unidad basado en la solidaridad y respeto al pluralismo, así como visión de futuro y mucha paciencia confiando en la fortaleza de un pueblo dispuesto.

No por mucho madrugar amanece más temprano, diría mi abuela y eso cabe para quienes estén dispuestos a transformar a México poniéndolo al servicio de todos. Si no es hoy con nosotros, será mañana con las nuevas generaciones, pero será y en ello hay que confiar.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce 

Los días corren, sumando. Autoritarismo, desinformación y cortinas de humo a modo encaminadas a desviar la atención del respetable, están muy lejos de frenar la ola de indignación y protesta que invade la apacible paz social del país de aquí no pasa nada.  

La crisis política en México tiende a profundizarse. Desde el epicentro de la República los tres poderes de la Unión no le encuentran la punta al mecate. Un hasta ahora frustrado esfuerzo por encauzar el control de daños por la vía institucional, se diluye entre desgarre de vestiduras, dimes y diretes de una clase política que tardíamente intenta tomar conciencia de que el daño les concierne, y no precisamente en el ámbito electoral. 

No hay distingo partidista ni de encumbrados personajes, la ola del ¡Que se vayan todos”, a todos afecta por igual. De ahí la paranoia y el todos contra todos en el reparto de culpas. 

El presidente Peña, rebasado el primer círculo de sus colaboradores, toma el toro por los cuernos y se hace cargo de la conducción de la administración del conflicto y control de daños, así sea únicamente en los terrenos de lo mediático. 

Hace un llamando a todas las fuerzas políticas a cerrar filas en torno lo mismo a las instituciones republicanas que a un combate frontal de corrupción e impunidad. Después del niño ahogado, un nuevo pacto en previsión a “otro Ayotzinapa” que ponga en riesgo ya no a un régimen político cuya crisis parece irreversible, sino a la supervivencia del Estado mexicano como tal.  

Y en esas estamos, con la salvedad de que la correlación de las fuerzas políticas convocadas, ya no tiene como referentes a  gobernadores, partidos políticos y agrupaciones formales de la llamada sociedad civil vinculadas a la simulada democracia representativa. El México de hoy ya es otro, muy diferente al de 2013. La resistencia   social entró en escena, llamando por su lado a parar. 

La correlación de fuerzas políticas parece haber mudado a la calle. Frente a una clase política rebasada, a la defensiva, confundida e incapaz de discernir lo que en política representa el “efecto mariposa”, las fuerzas políticas reales se manifiestan en  protesta y reclamo, manifestaciones, marchas y bloqueos de una movilización social que tomando  conciencia de su fuerza, se pronuncia por resistir a los embates de un régimen político que siéndole  adverso le ofende y le lastima. 

La falsa representación popular institucional pagando el precio de su soberbia, desnuda queda frente a una resistencia ciudadana que no sabe, ni desea saber, de pactos cupulares que prolonguen en el tiempo su estatus de secuestrado por la corrupta y voraz partidocracia cuya crisis toca fondo en medio de otra crisis, la de una economía que no despega en la medida de lo deseable, ni tiene para cuando bajo el modelo neoliberal de desarrollo adoptado; incrementándose desigualdad, pobreza, exclusión y, de paso, violencia en todas sus manifestaciones. 

El llamado presidencial borda así en el vació. El equilibrio está roto. Las fuerzas políticas formales marchan en solitario, divorciadas de la fuerza real que toma la calle. 

 Son ya más quienes expresan indignación y hartazgo que quienes están a favor de mantener el nocivo clima de corrupción e impunidad. Es a los primeros a los que convendría escuchar para actuar en consecuencia convenciendo con hechos del imperio de la ley, sin distingos ni privilegios. Pretender pactar con los corruptos, no es el mejor camino para abatir impunidad y la gente lo sabe, exigiendo ¡Que se vayan todos”; mostrando en donde es que se ubica la fuerza social y política real y por donde es que hay que caminar para restañar heridas en un esfuerzo auténtico por controlar los daños.  

Y en este escenario se viven en México los prolegómenos del proceso electoral 2014-2015, destacando las carencias de visión de Estado e incapacidad de la llamada clase política para ubicarse en los tendidos. Como respuesta al control de daños propuesto por el presidente Peña, sin el menor asomo de humildad los partidos políticos anteponen su interés mafioso anticipando rotundo triunfo para sus candidatos en las urnas. Esto sin parar mientes en que de seguir las cosas como van, lo electoral pasa a ser lo que menos importe a una población adulta en su mayoría montada en la indignación, protesta y resistencia. 

El México del 2015 ya no será igual al de 2012. Ni dudarlo.

La respuesta a la actual crisis que vive México no está en las urnas. Elegir a los mismos para que todo quede igual, o peor, no es opción. El pacto social está roto, vulnerado el estado de derecho, y esto no se resuelve bajo la mecánica tradicional de la política electoral.  

El daño infringido al Estado es mayor y así debería considerarse. El control de daños requiere de cirugía también de mayor calado; debiendo contemplar la regeneración del Estado desde abajo, con la participación consecuente y responsable de las fuerzas políticas legítimas. El futuro de México está de por medio, no puede ni debe sustentarse en decisiones de barandilla que señalan culpables, pero que no resuelven el problema de fondo en un país en el que la corrupción y la impunidad lo es todo. 

Hojas que se lleva el viento 

El camino está despejado. Con la decisión de la SCJN de no avalar la consulta ciudadana sobre la reforma energética, “el andamiaje esta lísto” para acoger la inversión privada en la explotación de los recursos energéticos que algún día fueran patrimonio nacional.

-ooo-

¿Y Veracruz? Muy bien gracias, todos contentos aprestándonos para asistir a una justa deportiva que en esencia nos es ajena, pero que nos da la oportunidad de valorar la importancia del circo cuando el pan escasea.  Cd. Caucel, Yucatán., Noviembre 5 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Como si ya estuvieran rindiendo frutos tanto la Financiera Nacional de Desarrollo lanzada por el Sr. Peña, como la inversión anunciada por este del orden de 338,669 millones de pesos para el presenta año, se echan las campanas al vuelo y se da por hecho que con ello se resuelve el problema de atraso y abandono del campo mexicano, sin parar mientes en que la problemática que acusan los sectores agropecuario, forestal y pesquero no es sólo de dinero o de financiamiento barato.

Ignorándose el carácter dual de la economía rural que establece sustanciales diferencias culturales y tecnológicas entre la economía de mercado y la de autoconsumo sustentada en la milpa, práctica ancestral dominante en el territorio nacional que da identidad y arraigo a la tierra al campesinado.

Como tampoco se toma en consideración que a estas alturas del año, tales anuncios no pueden tener otra intención que dorarles la píldora a hombres y mujeres del agro con vías a las elecciones del 2015. Pretendiéndose ablandar a una población rural que viendo en la reforma energética una seria amenaza a sus intereses presentes y futuros es proclive al voto de castigo.

El contar con un programa nacional de financiamiento enfocado al sector rural y nada es lo mismo, si se trata de rescatar a la economía agraria de este país. Por experiencia se sabe que la atención al campo debe ser integral o se abona al fracaso; así como también está demostrado que el escollo toral a la capitalización y crecimiento de la economía rural no reside en la producción y productividad sino en la relación asimétrica de los productores con el mercado. El TLCAN como antecedente cercano lo confirma.

Sin corregir el problema estructural de dicha relación, entre más dinero se invierta en la producción primaria mayor es la transferencia neta de capital del campo a los monopolios agroalimentarios y agroindustriales. Resultando siempre perdedor el eslabón más débil de la cadena productiva, el campesino minifundista o el pescador artesanal.

Adicionalmente, sin infraestructura, organización de la producción, organización social de los productores, asistencia técnica e innovación tecnológica no hay financiamiento, por muy barato que éste sea, que asegure incrementos a la producción y rentabilidad de la inversión aplicada. Paso inicial que no se contempla, de acuerdo a lo anunciado.

Luego ello obliga a pensar en que la medida gubernamental derivará en más programas asistencialistas, sin mayor propósito implícito que, por un lado, la manipulación del sector rural para que no ofrezca resistencia o se oponga al despojo ya previsto en la reforma energética, allanándole el camino a las poderosas empresas trasnacionales y, por el otro, avanzar en el proceso “modernizador” de privatización de la propiedad social iniciado durante el régimen salinista.

No es nada circunstancial el que simultáneamente al anuncio de la puesta en marcha del programa de financiamiento, en el marco de la plenaria de la Confederación Nacional Campesina el Sr. Peña hiciera hincapié en que “la reforma energética puede significar nuevas fuentes de ingresos para los propietarios o titulares de terrenos, en los casos en que se extraiga gas o petróleo de sus tierras… porque recibirán una contraprestación justa, y además transparente a los ojos de todos”. Como tampoco es circunstancial el mensaje del senador Manuel Cota Jiménez ungido como secretario general del Comité Ejecutivo Nacional de la CNC, pretendiendo atar al campesinado a la panacea reformista y neoliberal del presidente de la república.

Lo cual indica por donde se pretende transitar en una nueva relación entre gobierno y campesinado (inicio de la revolución verde para la CNC). Sin perder de vista que ante la proximidad del proceso electoral del 2015, Peña Nieto y su partido requieren del rescate y reconstrucción del andamiaje clientelar en el sector rural.

En nuestro entorno más próximo, Veracruz, es aún más preocupante el tañer de las campanas por políticos, pseudo líderes agrarios y textoservidores. Ni el gobierno estatal ni los productores agrícolas, pecuarios, forestales y pesqueros, salvo limitadas y muy focalizadas excepciones, están preparados para involucrarse en el corto plazo en las acciones del programa a cargo de la Financiera Nacional de Desarrollo; la carencia de autoridad y liderazgo, la quiebra evidente de la industria azucarera, el abandono de los cultivos de granos básicos y las condiciones oligopólicas del mercado de leche y cárnicos, así como el bajísimo nivel tecnológico de la pesca artesanal constituye un lastre que no se borra por decreto.

Y, sin mayor análisis, no puede echarse en saco roto que en la entidad los productores en su gran mayoría están organizados para votar y no para producir de manera planificada y sistemática, luego el programa nacional de marras por principio de cuentas se politizará y se partidizará, constituyendo un buen pretexto para fortalecer la estructura electoral del PRI a la par que un buen botín para la corrupción dominante.

Tampoco debería ignorarse que el campesinado tiene memoria histórica que se fortalece con agravios cotidianos. El primer paso entonces sería el recuperar confianza y credibilidad en la acción de gobierno, lo que en las condiciones actuales de descontento y rechazo, con la Espada de Damocles pendiendo sobre el régimen de propiedad social de la tierra, parafraseando al Sr. Peña, “no será fácil”; tampoco se puede asegurar para cuando rinda frutos el sueño guajiro de incorporar al campo mexicano a lo que los intereses del mercado globalizado demandan.

Pero no hay mal que por bien no venga, si se oferta crédito suficiente y barato hay que tomarle la palabra al gobierno, ya mañana Dios dirá a favor del quien se vota, si se paga el crédito, se va a fondo perdido o a cartera vencida. La burra no era arisca…

Hojas que se lleva el viento

La celebración del Sr. peña Nieto por sus 24 meses de gestión al frente de la Presidencia de la República seguramente no será compartida por los invitados de piedra, millones de mexicanos que si bien pudieren aceptar que en los dos sexenios panistas el país acusó inmovilidad legislativa, no pueden pasar por alto que en la actual administración priísta es el gobierno en su totalidad quien padece inmovilidad crónica. 20 meses de falso debate, aprobación sin consulta a la ciudadanía de las reformas peñistas y el sepultar de una vez por todas a la Revolución Mexicana privatizando los bienes de la nación,  es de lo único que se puede presumir. Infraestructura, economía, seguridad y bienestar social conforman un escenario de deterioro, estancamiento y retroceso que de entrada, descalifican al Sr. Peña y su gestión.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Difícil referirse a la vida política veracruzana sin caer en lugares comunes o, aún peor, en hacerle el juego a quienes se benefician escribiendo y publicando lo que el gobernador en turno y su cohorte de ineptos funcionarios quiere escuchar. No pago para que me peguen, afirmara el ex presidente López Portillo al inicio de los siete lustros de vacas flacas que siguieran al anuncio de que se entraba en la etapa de la administración de la abundancia.

El gobierno paga, y paga bien, a quienes le sirven. Los textoservidores a ello atendiendo privilegian como información objetiva, veraz y oportuna lo que se dicta desde palacio y, en ello sustentan su quehacer profesional. Luego pretender formarse una opinión y expresarla en blanco y negro, parte necesariamente de lo que a la prensa le interesa difundir, no le pagan para que pegue al que paga.

y a ello hombres y mujeres de a pie, debemos atenernos frente a una prensa estatal que salvo contadas y dignas excepciones, excluye a la incipiente ciudadanía del acceso a una información que le permita ubicarse en los terrenos de la comprensión de la realidad y, con talante crítico, juzgar y calificarla a la luz del desempeño de quienes detentan el poder fáctico o ejercen el poder político formal.

Lo que nos coloca en una situación de ignorantes funcionales, incapaces de diferenciar lo que conviene o no al conjunto de la sociedad. Como tales, o dejamos pasar dejamos hacer, manteniéndonos al margen haciendo gala de indiferencia y valemadrismo, o expresamos nuestro sentir de manera fragmentada, fuera de contexto, pesando más las vísceras que la razón en el deseo y voluntad de participar en lo que a todos debería interesar.

Romper con este marco que nos ata a la manipulación y el engaño oficial, no resulta por tanto facil ni necesariamente es lo políticamente lo correcto El escudriñar en las entrañas del tejemaneje del poder y sus secuencias en la vida social, económica y política pasa por la información disponible y cuando esta es limitada o manipulada y maquillada, ello es prácticamente o imposible o proclive a al retorno al punto de partida, subjetividad y lugar común atendiendo al interés de los círculos de poder, terminando por seguir el juego de decir lo que el gobernante quiere escuchar.

Sin embargo, la realidad necia al fin, encuentra los caminos para hacerse notar y pesar. Números duros del gobierno federal y avatares de la vida cotidiana de los veracruzanos, entrelazados, pintan un paisaje que no se puede ignorar por aquellos que no quieren ignorar las vicisitudes de su entorno.

A estos últimos el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa les dice que “…se equivocan, y así está demostrado, apostándole a la diatriba, al encono y a la división en su intento por vincularse o generar empatía con la sociedad”. Mensaje con dedicatoria sin duda al enemigo jurado de Fidel Herrera Beltrán y del duartismo, pero que también se interpreta o debería interpretarse como un señalamiento a quienes apartándose del pensamiento único, no dudan en cuestionar o criticar aquello que en su percepción merece ser revisado, corregido o cambiado en el quehacer gubernamental.

Diatriba porque al Sr. Dr. Le parece ofensiva la crítica; encono por inadversión a un gobierno fallido; división por apartándose de la verdad oficial se difunde entre la población la idea de rechazo a un mal gobierno, polarizándole. Cuando lo ideal para el gobernante sería el contar con la unidad de la gran familia veracruzana en torno a su ineptitud, miopía política y trivial desempeño.

Más en este momento en que ya se velan armas ante la inminente contienda electoral del 2015.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa queriendo salvar el pellejo ofreciendo a Los Pinos resultados exitosos para su partido y afín morralla acompañante que aseguren mayoría en la cámara baja del Congreso de la Unión, llama a los veracruzanos a fundir aceite y agua en el crisol de la simulación y la mentira, no sin antes excluir a los enemigos de Veracruz, los que le ofenden criticándole, los que propician encono y división. A los que dudando y cuestionando la verdad oficial, se atreven a apartarse de lo que al gobernante le gusta escuchar.

La realidad es una, con diversas aristas atendiendo al contexto. Si la realidad nacional es ominosa, en el contexto de nuestra aldea el desastre ya no sólo es eminente, números duros, fríos como el acero, lo confirman como vigente. El destacado investigador veracruzano Hilario Barcelata Chávez, con los pelos en la mano nos dice que la economía veracruzana se derrumba arrastrando calidad de vida de la población y expectativas de inclusión laboral y de progreso para las nuevas generaciones.

La política no es ajena a esta debacle, su crisis tocó fondo y, con ello, el PRI manifiesta su respaldo al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa cuando, lo que la lógica indica, es que el gobernante respalde a su partido.

Por algo será, la cúpula priísta percibe que el principal opositor a combatir en las urnas, es la percepción popular del gobierno fallido del duartismo, en tanto que el Sr. Dr., percibe que su última carta frente a Peña Nieto, es que el PRI y sus satélites tomen las riendas para sacar al buey de la barranca en un escenario electoral adverso.

Para la percepción popular, ni uno ni otro ofrecen garantías que pongan a salvo a Veracruz del desastre.

Cd. Caucel, Yuc., agosto 27 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para el dirigente nacional del PRI es un hecho irrefutable  que para el 2015 su partido se lleve carro completo en los 21 distritos electorales de Veracruz. Vistas las cosas sobre la condición que guardan los partidos opositores en la entidad, no anda tan equivocado el Sr. Camacho, no por las políticas públicas del gobierno federal y el desempeño de la actual administración pública estatal, o la designación de Elizabeth Morales como dirigente estatal como se quiere interpretar, sino por la carencia de una oposición sólida que en materia electoral pudiera impedirlo.

 Es  público y notorio que lo mismo el PAN que el PRD como opositores mayoritarios no viven su mejor momento. Pérdida de identidad, de rumbo y pugna facciosa a su interior, así como su cada vez mayor alejamiento de las necesidades reales y sentidas de la población, les imposibilitan el poder transitar en sentido contrario a las expectativas de triunfo a que hiciera referencia el ex gobernador de Edomex.

Aún en el caso de que tuviera tiempo la oposición para recomponerse, el peso específico de su pérdida de confianza y credibilidad ante un electorado mejor informado y participativo, le imposibilitaría el poder hacer un papel decoroso en la próxima contienda electoral.

Así las cosas, a mi juicio tenemos PRI para rato.

Esto si nos atenemos a las reglas del juego tradicionales, que circunscriben el comportamiento de la ciudadanía en las urnas  a un reflejo del quehacer de las diversas fuerzas político electorales en contienda. Otros factores que marginalmente pudieran entorpecer el libre tránsito del PRI en sus afanes hegemónicos, no se contemplan en el escenario triunfalista que hoy pone de relieve el Sr. Camacho.

Entre ellos, el cada vez mayor hartazgo ciudadano con respecto ya no sólo a la partidocracia y lo que políticamente esta representa para nuestra incipiente y vulnerable democracia representativa. La frustración y hartazgo ciudadano también está referenciado al comportamiento errático del Estado mexicano ante los grandes y complejos problemas nacionales que afectan, en primer término, a los sectores más débiles e indefensos de la sociedad, como es el caso de la inseguridad, corrupción, impunidad, disminución de derechos individuales y sociales, desempleo y pérdida del poder adquisitivo del salario. Frustración y hartazgo cuyo origen no se identifica con el Estado como tal sino que es atribuible al gobierno, a la administración pública en sus tres estamentos de autoridad y a la pésima imagen de los actores políticos que les encabezan.

Para la mayoría el Estado es una abstracción poco entendible. Lo concreto, cuestionable, sujeto a valoración y al alcance de todos, es el gobierno que, a su vez, se nutre del sistema prevaleciente de partidos políticos. Luego a estos, indistintamente del color de la camiseta, se le atribuyen culpas y responsabilidades.

Hoy gobierna el PRI tanto a nivel federal como en la mayoría de los estados y municipios del país. Lo que pase o deje de pasar en los meses que faltan para los comicios federales del 2015, se atribuirá a este partido y es aquí en donde el triunfalismo priísta podría topar con pared,  enfrentando un nada despreciable voto de castigo ó, en el mejor de los casos, al fantasma del abstencionismo que no mella en lo legal pero que si priva de legitimidad.

Escenario que, en el caso concreto de Veracruz es más que previsible y viable, si nos atenemos al estado de cosas  que guarda una administración pública estatal disminuida, así como evidente corrupción impune en el ámbito de de los gobiernos municipales.

Luego a mi juicio,  el triunfalismo del Sr. Camacho habría que entenderse como un gesto de cortesía para con el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, más que convicción objetiva. Porque si de algo debe estar conciente el dirigente nacional del PRI, es de un escenario adverso para su partido en el que la inseguridad ciudadana busca a quien pasarle la factura.- Xalapa, Ver., 28 de enero de 2014.

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