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Tag Archives: Elecciones en Veracruz

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Objetiva o subjetivamente, en calidad de opinante de a pie, puede quien esto escribe coincidir o no en primer término con los cuatro lectores que nos siguen y, en segundo término con una audiencia más amplia que de rebote leen estos maquinazos. Lo único cierto es que es la realidad real la que se encarga de validar o descalificar una opinión vertida a vuela pluma sobre un estado de cosas por demás incierto e inquietante.

Partiendo de esta premisa, vale la pena insistir en la necesidad de tomar conciencia de que lo que se oferta en una campaña política no necesariamente será cumplida. Más aún,  cuando en el caso de Veracruz es del dominio público que la principal limitante para quien sea electo como gobernador de dos años en junio próximo, es la conjunción de  la obligada sequía en las finanzas públicas estatales y municipales y los compromisos partidistas que haga suyos quien resulte vencedor en la contienda.

No hay dinero ni para pagar las obligaciones contraídas con la misma burocracia, mucho menos para cubrir los adeudos pendientes con empresarios, profesores, jubilados, Instituciones de educación superior, becarios, etc., etc, etc, luego la pregunta casi unánime de la ciudadanía ante ofrecimientos y promesas de quienes ya inician formalmente su campaña proselitista, es con qué ojos mi querido tuerto.

La respuesta cómoda para el caso del candidato del PRI y sus adláteres,  es que se confía en que el presidente Peña saldrá al quite, volcando el erario público federal en apoyo a Veracruz. Lo que no se dice es en qué rubros, cómo, cuándo  y con  cuánto, habrá de rescatarse a una administración pública quebrada, como tampoco se toma en cuenta que el régimen peñanietista ya no quiere queso,  sino salir de la ratonera al no haber previsto que la crisis económico financiera que globalmente afecta a todo el planeta,  pondría a México entero contra la pared sin que las presuntas reformas estructurales incidan positivamente en crecimiento y desarrollo sino incluso, para blindar al país contra efectos y consecuencias de la crisis.

En tanto que, para el caso de la aún no formalizada alianza del PAN con el PRD, bastaría con poner orden en la casa, aplicar la ley a los saqueadores del erario público y sentar las bases para el rescate de una economía deteriorada y recesiva, a partir de la alternancia en el ejercicio del poder formal y la construcción de una  transición presuntamente democrática. Sin que se haga la más mínima mención a lo que en pesos y centavos costaría enderezar entuertos y barrer bajo la alfombra; mucho menos, de donde se obtendrían los recursos para el logro de tales por ahora buenos propósitos.

En ambos casos, el discurso voluntarista, orientado a decirle a la gente lo que esta quiere escuchar, raya en la demagogia careciendo de sustento real, cuando debería aceptarse y así hacérselo saber a la audiencia, que tendría que partirse de cero, sin que lo deseable pueda ser soportado por una hacienda pública endeudada y sin capacidad real de maniobra para obtener e  incrementar el capital líquido que exige la tarea.

Por cuanto a los compromisos partidistas, vinculados a los que imponen los poderes fácticos que como poder real desde las sombras mueven la cuna, éstos, independientemente del color de la camiseta, están presentes en todo tiempo, pesan y determinan tanto en el diseño como en la operatividad del quehacer gubernamental; privilegiándose en el orden de prioridades por sobre buenos propósitos, buenas intenciones y ofrecimientos proselitistas de campaña.

No pudiéndose hacer de lado en este contexto la intencionalidad transexenal que anima la estrategia del gobierno del Sr. Peña Nieto que, en materia electoral, contempla la elección del 2016 como antesala de la presidencial en el 2018 y, por ende, la sumisión de partidos políticos y gobernadores a la continuidad del proyecto neoliberal que a contracorriente se le impone al pueblo de México.

Disponibilidad de recursos frescos y compromisos contraídos, será entonces la limitante para el ejercicio de un gobierno con el pueblo e incluso, para un gobierno cercano a la gente.

Así que, como bien apunta uno de mis cuatro lectores, independientemente de formación, capacidad y experiencia de quienes aspiran a gobernar a Veracruz,  todo quedará en promesas, sin que existan visos de que lo ofrecido habrá de cumplirse. Lástima Margarito, bajo este supuesto, se confirma la idea de que se cambiará para seguir igual, o peor, en tanto no se demuestre lo contrario.

En este escenario, los dos años de gobierno transcurrirán sin pena ni gloria, pues en tanto se toman medidas para “limpiar la casa”, la crisis económica que va de la mano de otra, más profunda, que es la social, derramará el vaso. Escenario en el que algunas voces ya se apuntan para predecir que el neoliberalismo saldrá adelante en sus propósitos electorales, frente a los embates de un “populismo de izquierda” que a la chita callando socava la vida democrática de Veracruz y quizá no estén del todo equivocados. El neoliberalismo empobrecedor como expresión hegemónica de un capitalismo en crisis, no abandonará así como así cediéndoles la estafeta a sus adversarios.

Cuestión de enfoques, ni el neoliberalismo impulsado por  el PRI, el PAN, el PRD y la morralla partidista de acompañamiento, ni ninguna otra corriente política autonombrada como de izquierda, por muy reformista que ésta sea, a mi juicio contempla en propósitos y objetivos programáticos  el cambiar de caballo a mitad del río. Totalmente descontextualizado respecto a una realidad dominada por la crisis global y su incidencia en México, el proceso electoral en curso transcurrirá a “la antigüita”, bajo la común tesitura partidista de insistir en orinarse fuera del tiesto. Lo que se piensa, se dice y se hace, inter y extramuros de la llamada clase política y medios de comunicación afines, seguirá transitando por el camino de ignorar que nuestra aldeana y doméstica realidad jarocha no escapa a efectos y consecuencias de la crisis neoliberal globalizada que tiene de rodillas hasta al país mejor pintado.

Allá ellos, las mayorías ya empiezan a pensar y actuar diferente, sabedoras de que la lumbre ya llegó a los aparejos, siendo testigo de calidad “la volatilidad” financiera en el bolsillo de cada uno y las consecuencias que, en el nivel de vida individual y familiar, ya está afectando a todos por igual. El deterioro económico y social es evidente y los anuncios de mayor control de la macroeconomía, revalorización del peso y elevación paulatina del precio del petróleo, son para la ciudadanía, eso, simples anuncios de ocasión como los que vierte el fallido gobernador Duarte de Ochoa al negarse al clima de inseguridad que de percepción colectiva, ya anidó como realidad en un Veracruz en el que el poder formal se comparte con la delincuencia.

Dicen los que saben del paño, que el descontento y hartazgo social no incide negativamente en propósitos, estrategias, objetivos y modo de operar en las campañas políticas y sus ulteriores resultados en las urnas. Quien esto escribe piensa que sí. Y si los expertos insisten en que la política es de circunstancias, y que estas son favorables para alcanzar el éxito deseado en el actual proceso electoral gracias a las fortalezas y nivel de experiencia y competitividad de los candidatos designados, no están lejanos los tiempos en que los patos le tiren a las escopetas en una coyuntura marcada por el rechazo creciente al quehacer político de la partidocracia en una sociedad lastimada y ofendida.

El tiempo lo dirá. Esperemos que sea para bien.

Hojas que se lleva el viento

Los gobiernos neoliberales de los últimos tiempos, primero matan a la gallina de los huevos de oro, privatizando la industria energética nacional para, más tarde, desgarrándose las vestiduras anunciar que con recursos presupuestales en el presente año se atenderá a su rescate. Ahogado el niño urge tapar el pozo, nos dice Luís Videgaray, secretario de hacienda y uno de los aprendices de brujo que en torno a Peña Nieto, artificiosamente construyen una realidad virtual con pies de barro ajena a los intereses más caros de la nación.

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Mientras toda la clase política y medios de comunicación se ocupan del tema electoral, Javier Duarte de Ochoa se despacha a su antojo con la cuchara grande sin que nadie le amarre las manos. Y así seguirá hasta finalizar su mandato, ofendiendo y lastimando al pueblo que dice gobernar.

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Avieso plan para ahogar financieramente a la Universidad Veracruzana denuncia el destacado economista Hilario Barcelata Chávez, responsabilizando al gobierno fallido a cargo de Duarte de Ochoa. Alerta roja que debería ser tomada en cuenta por alumnos y ex alumnos de nuestra principal casa de educación superior. Mañana podría ser demasiado tarde.

Xalapa, Ver., enero 27 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No está de más insistir en que el rescate de Veracruz debe contemplarse con una visión integral y de futuro, participativa e incluyente. El desempeño de la administración pública, hoy desastrosa y sin rumbo, es importante en la coyuntura, pero no lo es todo por más que se considere su brutal endeudamiento como limitante para la buena marcha del estado.

La crisis de Veracruz, dentro de otra crisis que ya es global, es estructural y tiene carácter histórico. Es la crisis de obsolescencia de una sociedad cuya economía ya no da para más bajo las actuales condiciones de un sistema de producción y acumulación de capital caduco.

Desigualdad, pobreza y exclusión en el medio rural, así como una creciente precarización en el medio urbano, son la constante regional y sectorialmente a lo largo y ancho del territorio veracruzano. El aparato productivo estatal demanda con urgencia un proceso profundo de actualización tecnológica, innovación, reordenación y anclaje a una realidad nacional e internacional que reiteradamente nos hemos propuesto ignorar. No podemos seguir engañándonos con la falsa premisa de un Veracruz cuya prosperidad descansa en la fortaleza de un potencial pródigo en recursos naturales y el denodado esfuerzo de sus habitantes, cuando la realidad exhibe atraso y retroceso.

Tampoco podemos seguirle la corriente a quienes vaticinan bienestar y progreso a partir de las llamadas reformas estructurales del gobierno de Peña Nieto, cuando la realidad indica que estas más que incidir positivamente en la economía estatal, profundizan su crisis, generando desempleo, capacidad instalada ociosa, descapitalización del aparato productivo y pérdida de expectativas y confianza en el futuro.

Estamos ya en pleno proceso electoral y la ciudadanía no conoce un diagnóstico serio, regional y sectorial, en el que pudiera sustentarse la propuesta de gobierno de todos y cada uno de quienes aspiran a la gubernatura de dos años. Anclados estos en lugares comunes y el ya desgastado discurso amenaza de encarcelar a los prevaricadores, pasan por alto que la problemática toral de la entidad es de carácter estructural y no de coyuntura por más que esta esté marcada por 11 años o más de un pésimo desempeño de gobiernos estatales corruptos e ineficientes.

Hablar de rescate sin atender el fenómeno económico, es insistir en el más de lo mismo, sin atacar origen y consecuencias de estancamiento, retroceso y deterioro del aparato productivo y tejido social, que van de la mano anidados en una estructura productiva que ha dejado de responder a las necesidades vitales de la población.

Bastaría observar, a manera de ejemplo, a una industria azucarera sustentada en fábricas chatarra con zonas de abastecimiento de materia prima, asentadas en suelos empobrecidos por un monocultivo sostenido por más de dos siglos de las que dependen productores permanentemente subsidiados. O el amplio litoral veracruzano sin presencia de una industria pesquera moderna, generadora de efectos económicos multiplicadores, respaldada por una industria naval acorde a nuestro potencial marítimo. La lista de ejemplos es larga de enumerar, pero que conforman, determinan y explican el por qué lejos de avanzar retrocedemos.

Curándose en salud la dirigencia estatal del PRI afirma que en dos años no es posible hacerlo todo. Sabia reflexión de quien descubriendo el agua tibia, no tiene ni la más mínima idea de lo que Veracruz requiere para salir de su marasmo. Antes que descubrir el hilo negro, tiene que aclararse que se entiende por el todo y cuál de las partes de ese todo, debería privilegiarse en el orden de prioridades del minigobierno.

Hasta donde es posible escudriñar entre tantos pedestres dimes y diretes, nuestra aldeana clase política no tiene la respuesta. La expectativa para los electores no puede ser otra que más de lo mismo, independientemente del color de la camiseta de quienes aspiran a suceder al corrupto gobernador fallido y a ocupar un lugar en la renovación de la cohorte de prevaricadores y simuladores en el Congreso estatal, cuando no habiendo voluntad de cambio la motivación dominante es el saqueo.

Hojas que se lleva el viento

Exhumando el cadáver con propósitos eminentemente electorales, a mi juicio es la interpretación correcta que debería considerarse ante la conmemoración anual de la revolución agraria en México por una organización que, como la Confederación Nacional Campesina (CNC) y las Ligas estatales de comunidades agrarias y sindicatos campesinos afines, interrumpieran y traicionaran el proceso de reforma agraria integral que impulsara la Revolución Mexicana. Simulación y oportunismo que en el marco de un PRI venido a menos, requiere en épocas electorales de lo que queda del clientelismo rural. Más ahora, en el que el neoliberalismo paulatina y contundentemente desmantela y privatiza la propiedad social de la tierra y sus frutos. En respuesta a esta fingida exaltación a los mejores principios y valores de la lucha agraria, el campesinado mexicano va tomando conciencia de que llegó la hora de abandonar el tren.

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Con más de cuatro millones de pesos mensuales que presuntamente son pagados a medios periodísticos por el Ayuntamiento de Xalapa, el alcalde, Américo Zúñiga Martínez no logra remontar la imagen negativa que de su desempeño perciben amplios sectores de la población en la capital veracruzana. El impacto de la promoción personal en medios, prácticamente viene siendo nulo ante los problemas no resueltos por el ex secretario de Trabajo del gobierno estatal.

Cómplice por omisión del clima de inseguridad que se vive en Xalapa, el joven alcalde evade su responsabilidad, dejando en manos de la autoridad estatal la protección de una ciudadanía que se percibe a sí misma como en estado de indefensión ante la violencia criminal que se ha venido apoderando de la capital veracruzana.

Así como también es responsable por omiso ante el problema creciente de la vialidad, deterioro de la infraestructura urbana, invasión de espacios públicos por el comercio informal y ni qué decir del constante crecimiento anárquico de la mancha urbana que genera rezago y pésima calidad de los servicios públicos.

Siendo evidente que rebasado por una realidad inocultable, la imagen pública el Ayuntamiento xalapeño no se corresponde con la imagen mediática de eficiencia, eficacia y atención a la ciudadanía, que día con día un buen número de medios informativos abonan a favor de Américo Zúñiga. Luego el dispendio de recursos públicos destinados al rubro de comunicación social resulta gravoso para un Ayuntamiento con disponibilidades financieras escasas y, con mayor razón en un 2016 que amenaza con sequía en las finanzas públicas de los tres órdenes de gobierno.

Calladito, el alcalde sería menos gravoso para los contribuyentes, a más de no forzar la obligada comparación entre imagen mediática y desempeño real, que poco abona en favor de quien aspira a una senaduría.

El dispendio de recursos públicos en proyección de imagen personal, cuando el cuerpo de bomberos de nuestra ciudad capital sobrevive en la indigencia, debería decirnos algo.

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Ya inmersos en un atípico proceso electoral que desembocará con la elección del gobernador de dos años, resulta por demás incongruente y patético el que el Consejo General del Organismo Público Local Electoral (OPLE) Veracruz, encargado de la organización, seguimiento y control del ejercicio comicial, esté envuelto en dimes y diretes, jaloneos, fuego amigo y arbitraria interpretación del marco legal, incrementando, desconfianza y carencia de credibilidad en la legalidad de las próximas elecciones que ya han hecho verano en el imaginario colectivo. Se explica tal situación en un régimen político que vive una crisis terminal, pero no se justifica de ninguna manera si se pretende llevar la fiesta en paz.

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Siempre en el marco de la elección que tendrá lugar en junio del presenta año, también resulta por demás patético el observar la enorme distancia que existe entre un presidente nacional del PRI que afirma que su partido trabaja para generar mejores gobernantes, y su contraparte en el CDE tricolor en Veracruz, que se afana en destruir con actitudes porriles la ya de si desgastada imagen de lo que los veracruzanos perciben de un gobierno emanado del tricolor.

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La interrogante de moda: ¿El PRI de Héctor Yunes Landa es el mismo que el que en la entidad encabeza Javier Duarte de Ochoa? Las respuestas se dividen y polarizan. Y por cierto, el soñador veracruzano que aspira a gobernarnos, afirma que gracias a las reformas legislativas de última generación que el Congreso de la Unión le aprobara al Sr. Peña, “la cuesta de enero” será leve para los veracruzanos. Baja el precio de las gasolinas, sube el precio del gas doméstico y de los productos de la canasta básica alimentaria y no alimentaria. ¿Dónde está el gane para los ciudadanos de a pie?

Cd. Caucel, Yuc. Enero 6 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para Veracruz referible un matrimonio desavenido que un mal “acostón”, y bajo esta pedestre premisa, Javier Duarte de Ochoa finca la unidad priista rumbo a la candidatura al mini gobierno de dos años, encontrando lo mismo aceptación que sumisión entre sus correligionarios. Nadie entre las filas priístas le objeta, nadie, incluidos los senadores Yunes Landa y Yunes Zorrilla le enmienda la plana a quien con vulgar lenguaje, se asume como el legítimo consorte de los veracruzanos. Así se teje la democracia en la entidad.

Héctor y Pepe, sus seguidores y sus porras a modo, no aplaudieron pero guardaron silencio, muy al contrario de la voz unánime en los tendidos, condenando la “bellaquería” de quien ostentándose como el primer priista de Veracruz, enloda aún más tanto a su partido como al cochinero electoral en curso. El que calla otorga, la pírrica unidad priista en la entidad pasa por Javier Duarte.

En este marco de referencia, el tricolor cede la iniciativa a una mal conformada oposición que no perderá la ocasión para darse por victimizada ante el votante potencial, como victimizada se da la mayoría de los veracruzanos opuestos al matrimonio por arreglo.

Y si de matrimonio se habla, antes que un contrato social y político devenido en violencia intrafamiliar, esas mayorías hoy ofendidas, preferirán el estatus de unión libre, como el libre que es el albedrío para escoger mejor partido. Por la libre, ni matrimonio forzado ni en mal momento el “acostón” ausente de futuro. Ni sufragio para unos ni sufragio para otros. Antes que coyunda, el voto en blanco de castigo para todos; la descomposición del proceso electoral en curso lo amerita, poniéndose nuevamente sobre la mesa la negativa opción del voto nulo.

Opción más que comprobada que no conduce a nada, salvo ponerle al tricolor el triunfo en charola de plata. Voto nulo, voto en blanco, voto a favor de candidato independiente, o voto por Juan de los Palotes como candidato sin registro, para el caso es lo mismo contribuyendo a la dispersión y atomización del sufragio, cediéndole terreno al voto duro tricolor, comprado o por convicción que valida y refrendará el triunfo pírrico comicial de la primera minoría.

Alianza PAN-PRD

Como contrapartida se asume que la alternancia opositora del PAN-PRD, abre el camino a la democracia negada, contribuirá a sacar a la entidad del atascadero encauzándole por un nuevo rumbo, camino del anhelado progreso. Canto de sirenas, a falta de ciudadanía y cultura política, para el pueblo empobrecido oferta de un nuevo orden libre de corrupción, impunidad, simulación y con seguridad pública plena en el cotarro. Falsa ilusión, el nuevo orden empieza en casa y está más que comprobado que los partidos aliancistas, solos o coaligados, se niegan en los hechos a la vida democrática en su propio corral.

Triste realidad, pero electoralmente es la nuestra en Veracruz.

Ganar por ganar

“Es la economía, estúpido”, dirían al presidente Clinton lo mismo sus críticos que sus más cercanos favorecedores. La alternancia opositora está en la misma tesitura. Si de pragmatismo coyuntural en la política política aldeana se trata, nada más alejado de una opción de cambio, democracia y progreso, que esconder la cabeza en la arena, negándose en el afán electorero a un entorno externo e interno más amplio, determinado por la economía de un todo que arrastra a cada una de sus partes. El mundo globalizado dicta las reglas del juego, economía de mercado bajo las reglas del neoliberalismo, o nada. El problema es ideológico en lo global, la aldea no escapa a tal encanto, uncida la entidad al modelo de país que impulsa el peñismo en concordancia con los centros del poder mundial, vamos en el mismo costal.

Si la opción ideológica neoliberal es todo o nada, la opción para una oposición real no puede ser otra que buscarle por el lado de una izquierda auténtica que, en frente único con movimientos populares contestatarios, electoralmente oferte alternativas diferentes.

Utopía, dicen los aliancistas del PRD. La izquierda en solitario borda en el vacío renunciando de facto al propósito de echar fuera del gobierno al PRI. Pasando por alto que con todas sus implicaciones en la coyuntura, ganar por ganar sin aspirar a un cambio real en una economía lastrada, estancada y en acelerado derrumbe, no tiene sentido. Combatir la corrupción gubernamental y la inseguridad no es todo ni garantiza fortalecimiento democrático, si la bondad de la alternancia propuesta no se refleja cotidianamente en el bolsillo de los veracruzanos.

Resistir también es opción

Luego buscar con dignidad, de pie y con la frente en alto, una alianza con el pueblo ignorado, engañado y empobrecido en oposición al modelo económico y social neoliberal que el régimen político en México respalda, también es opción. Si no se gana hoy, se ganará mañana, que con utópicos sueños se construye futuro y se escribe la historia. Cuestión de enfoques.

Empero, no basta para una alianza de tal envergadura con buena voluntad, formación profesional y carta de honestidad de quien pudiere pasar la prueba del ácido para sacar adelante al buey de la barranca. Un frente amplio popular requiere de experiencia, oficio político y liderazgo legítimo, aceptación plena desde abajo, horizontal y verticalmente, de quien la encabece y no imposición cupular al estilo del viejo régimen. Luego queda la interrogante:

¿Se cuenta Veracruz con un liderazgo de izquierda capaz de movilizar a las mayorías, aglutinarles y transformar descontento y hartazgo en conciencia de la necesidad de tal frente amplio popular? Honestamente lo dudo, pero no hay peor lucha que la que no se hace. Resistir también es opción.

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Quien esto escribe y pulsocritico.com desean a sus lectores y amigos, felices fiestas decembrinas, así como a lo largo del nuevo año, salud, bienestar y un cúmulo de logros personales y familiares. Que no decaiga la esperanza.

Cd. Caucel, Yucatán, diciembre 21 de 2015.
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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vagos recuerdos de mi niñez vienen a mi memoria en estas tardes lluviosas de un Xalapa impredecible, por su veleidoso clima y porque uno nunca sabe cuál va a ser la declaración del día de quien se dice manda o gobierna Veracruz. Reunidos en torno a la cama de mi abuela, anciana heredera de la sabiduría del pueblo náhuatl, media docena de primos y quien esto escribe, embelesados escuchábamos de ella mil y un historias lo mismo de la revolución y los sufrimientos del pueblo trabajador que de las andanzas del abuelo Miguel como sindicalista y luchador social. Las frías y húmedas tardes invernales en Santa Rosa, hoy Ciudad Mendoza se prestaban para ello, despertando en nuestra niñez imaginación y deseo por conocer más del México bronco y su expresión obrera en la región. La asistencia casi obligada a las veladas culturales que entonces promovía y auspiciaba el sindicato de la fábrica, acicateaban esta infantil curiosidad al escuchar la fogosidad de los oradores.

De estos recuerdos viene a mi memoria una lección que nunca dejaba de repetir la abuela: “… nunca gastes más de lo que ganas y si lo haces, no te presentes en público con los zapatos rotos y lustroso el fondillo del pantalón, pues la gente no va a juzgar tu miseria sino tu ignorancia”.

Sabia lección de economía doméstica que proyectada al mundo de la política y los negocios, deja entrever cuánta razón asiste en múltiples ocasiones al sentido común, por sobre rebuscadas teorías que juzgan a este de escasas luces y poco entendimiento hermano menor de la filosofía. Como te ven te tratan, juzgando no tu escaso bagaje pecuniario sino tu ignorancia para administrar con relativo éxito tu magra economía.

Lección nacida de la sabiduría popular que el Sr. Dr. (en economía) Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, jamás ha escuchado o pasa por alto en sus afanes triunfalistas exhibidos hasta el cansancio en el discurso oficial sin sustento. No preocupa tanto a los veracruzanos el saber que la economía estatal atraviesa por un bache de respetable dimensión, ya se ha pasado por esto en múltiples ocasiones obligando a todo mundo a apretarse el cinturón, lo que preocupa y es cada vez mayor el consenso que a ello concita, es el hecho de que su gobernante no acepta ni actúa en consecuencia ante eventos que ponen a flor de piel la profundidad de la crisis que hoy aqueja a la entidad.

No estaría de acuerdo si dejándose llevar por prejuicios y especulaciones, se pensara que el gobernante actúa de mala fe o movido únicamente por aspiraciones tan mundanas como mezquinas como el acumular riqueza a costa de sus gobernados. Sería una interpretación muy ligera y lineal de su desempeño al frente de la administración pública. Empero, a mi juicio, el Sr. Dr. si exhibe ignorancia lo mismo en los terrenos de la política que en los de orden económico y social. Mostrándose ante su pueblo con los zapatos rotos y lustrosos los fondillos de su pantalón, evidenciando no saber administrar con inteligencia y buen juicio, lo mismo el capital político que los recursos presupuestales que el pueblo de Veracruz y de México le han confiado.

En lugar de humildad para aceptar los hechos, exhibe soberbia negándolos, no obstante que la realidad le desmiente día con día; el discurso simplón o la declaración banquetera no tapan el sol con un dedo ni contribuyen a tapar el pozo tras el niño ahogado. Números duros, que devienen de la estadística oficial de la Federación, o de los análisis serios de estudiosos e investigadores de la Universidad Veracruzana, como el Dr. Hilario Barcelata Ramírez, entre otros, nos hablan de que más que zapatos rotos, lo mismo en finanzas públicas que en la economía estatal en su conjunto, lo que se exhibe y debemos observar, entender y juzgar es la proximidad de un colapso sin precedente.

El triunfalismo sin sustento tiene límites. Percepción es política y cuando ésta rebasa los límites permisibles de credibilidad y confianza que la sociedad se da, las consecuencias son de orden político, como política es la respuesta de un pueblo cansado, descontento y harto de escuchar día con día la misma retahíla de mentiras o, en el mejor de los casos, medias verdades y medias mentiras trasmitiendo el falso mensaje de que vamos bien, aquí no pasa nada, cuando en la desfondada nave las llamas alcanzan ya a los aparejos. Esta respuesta no espera a manifestarse en las urnas en junio próximo, se da ya de manera constante y en crescendo a lo largo y ancho de la entidad, sin que por parte del poder público sea escuchada y atendida.

Se cosecha lo que se siembra.

El S. Javier Duarte de Ochoa cosecha lo que ha sembrado a lo largo de cuatro años de ineptitud, despilfarro, corrupción y pésima administración; es el que gobierna pero no el que manda, se dice al comentar la composición espuria de candidatos del PRI a la diputación federal y la presunta injerencia de su antecesor y padrino en el palomeo de las listas de beneficiarios.

Frente a propósitos y objetivos implícitos o explícitos del proceso electoral en curso, la llamada sociedad civil para el gobernante es mirón de palo, infante de lento aprendizaje cuya opinión ni pesa ni cuenta en la toma de aquellas decisiones que le competen y hoy lastiman.

Lo que sí cuenta es el voto para satisfacer la demanda presidencial, y de ahí el proselitismo ramplón asegurando por anticipado bajo la luz de los reflectores públicos el triunfo del partido en el gobierno, aunque para la democracia secuestrada o la ingente necesidad de enderezar el rumbo, el sufragio sea irrelevante. Y es que en la búsqueda tardía del voto que le avale, el Sr. Dr. en economía (ya dudo de que lo sea), el priísta Javier Duarte de Ochoa se vanagloria mediáticamente de que Veracruz va a la cabeza en la generación de nuevos empleos cuando la realidad muestra que es todo lo contrario, el estado como los números duros indican, está a la cola entre las 32 entidades federativas de México en este rubro, como también en muchos otros en los que se nos quiere vender la idea de un Veracruz de pie, próspero y pujante.

Frente al desastre no aceptado por el poder público estatal, me quedo con la lección de la abuela. A nada bueno conduce gastar más de lo que nuestros ingresos lo permiten. Cualquier ama de casa lo sabe, en ello radica la fortaleza de la mujer trabajadora que con inteligencia y buen juicio, administra la economía familiar en un país en el que trabajo humano y salario son permanentemente devaluados y expoliados.- Xalapa, Ver., marzo 11 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con el ánimo y prisa de dejar atrás en el imaginario popular el aún inconcluso y cuestionado proceso electoral federal, gobierno y partidos políticos en Veracruz “afinaron” la iniciativa que turnada al Congreso local por el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa propone un nuevo Código Electoral

“La propuesta de ley se enriquece con el esfuerzo y talento de los legisladores del Congreso del estado, así como de diversos actores políticos y sociales de la entidad”, señaló el mandatario veracruzano tras reunirse con legisladores y dirigentes de PAN, PRI, PRD, PVEM, PT, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza, Cardenista y Alternativa Veracruzana, haciendo un reconocimiento a la “aportación y riqueza de ideas de los protagonistas de los procesos electorales”, según reza el boletín oficial.

Considerando que por principio la iniciativa del gobernador fuera todo un bodrio siendo rechazada lo mismo por los partidos políticos que por diversos estudiosos y analistas en tanto atentaba contra la libertad de expresión y coartaba  derechos democráticos de la ciudadanía, se considera un avance el que previa modificación de 118 artículos y la supresión de 4, se lograra el consenso necesario para que un día después la Legislatura local aprobara en “Fast track” las reformas de marras. Hasta ahí lo positivo del encuentro del gobernante con las diversas expresiones políticas representadas en el Congreso.

 No obstante queda en el aire la idea de que si bien el consenso se diera entre la clase política veracruzana, facilitando el que sin mayor discusión se aprobara al vapor y por unanimidad el nuevo ordenamiento, el electorado como protagonista sustantivo cual mirón de palo no fue consultado.

Como ya es costumbre, la diputación local respondió a los intereses de sus respectivos partidos políticos y estos a conveniencia de sus dirigencias. Así, un instrumento de vital importancia en la construcción de ciudadanía y democracia en la entidad, queda inscrito en la  telaraña de intereses copulares de espaldas al electorado.

Lo que ya no es extraño es que los partidos de la llamada izquierda,  que a nivel nacional dicen secundar el Programa de Defensa de la Democracia y Dignidad propuesto por Andrés Manuel López Obrador, se presten de buen grado tanto a la cortina de humo auspiciada por el gobierno priísta de Veracruz como sin pudor alguno den su aval al ahora prácticamente nuevo Código Electoral veracruzano,  aprobado con el desconocimiento pleno de su contenido por una ciudadanía no consultada.

Aunque esto último responde a la lógica del maiceo tan común en la relación entre el gobierno estatal y los partidos políticos, en forma y contenido peca de una desvergonzada incongruencia que, ni tardo ni perezoso, el gobernador Duarte de Ochoa capitaliza en provecho propio y, de paso, pone en bandeja de plata al PRI la oportunidad de asumirse como un instituto político democrático de avanzada, cuando en todo el país  se le juzga por autoritario, antidemocrático y falaz.

Llegará el momento en que las reformas al Código electoral veracruzano operen en contra de los intereses de los partidos opositores. Entonces estos  habrán de desgarrarse las vestiduras y llamar al pueblo a clamar justicia electoral, arando en el desierto. Sin autoridad moral y política que esgrimir, el electorado les dará la espalda.

Palo dado ni Dios lo quita, las reformas al Código Electoral están aprobadas y no obstante carecer de legitimidad de inmediato serán promulgadas para su aplicación n el 2013. Ojala y más que fuere a posteriori, la clase política veracruzana se tome la molestia de difundir ampliamente el articulado aprobado para que, cuando menos, el electorado sepa a que atenerse en los próximos comicios locales.

Una raya antidemocrática más en el lomo de la partidocracia. Ni hablar.

Lo que queda aún en duda, es si el artificio de una unidad política comprada será suficiente para que el Sr. Dr. Duarte de Ochoa logre remontar en el corto plazo los efectos colaterales de su reciente derrota electoral, logrando darle rumbo certero a su cuestionada administración. Mérida, Yuc. Agosto 1 de 2012.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Teniendo en perspectiva la elección presidencial del 2012, tras un conflictivo proceso electoral que aún no concluye en Veracruz, cabe a mi juicio hacer algunas apreciaciones en torno a la alianza de Convergencia, PRD y PT en la entidad. En primer término, reitero que tal coalición no fue derrotada al participar en condiciones asimétricas en una “elección de Estado”, como afirma Dante Delgado Rannauro. Se derrotó a sí misma, habiendo nacido electoralmente muerta. En su oportunidad lo señalamos observando que a Convergencia le convenía más ir solo que mal acompañado; el cargar con el lastre del PRD y su alianza con el PAN en otras entidades federativas, anunciaba por anticipado la derrota en la elección de gobernador.

Al día de hoy, tras los resultados en las urnas, Convergencia se ha negado a una autocrítica seria y opta por el camino fácil de la impugnación, colgándose de los reclamos del panismo veracruzano que podrían o no prosperar en el Tribunal Electoral de la Federación. Mientras su principal coaligado, el PRD azul, festina las migajas que alcanzaran con su traición, a la par que desnuda una vez más ante la opinión  pública su oportunismo y desverguenza, anunciando un día la expulsión de “los traidores” y, al siguiente, la reivindicación de éstos atendiendo a necesidades de “rentabilidad electoral”. El PT, quizá por su insignificante presencia en Veracruz, simplemente da por concluida su participación en la alianza pactada.

Con todo el respeto que me merecen los veracruzanos honestos que de buena fe militan en los partidos coaligados, debo decirles que se pasan de ingenuos si asumen que, con estos,  Veracruz tendrá una participación destacada de la izquierda en la búsqueda de la presidencia de la República en el 2012. Si con anterioridad al proceso electoral del presente año, afirmara que el PRD era un cadáver viviente, hoy hago extensiva tal apreciación respecto a lo que queda de Convergencia y el PT. En la inteligencia de que pequé de igual ingenuidad, estimando que Dante Delgado Rannauro podría tener oportunidad de hacer un papel más decoroso en una elección a todas luces polarizada entre el partido de Calderón Hinojosa y el del gobernador Herrera Beltrán. El candidato de mi preferencia no sólo fue derrotado, también contribuyó con su equívoca estrategia a la percepción generalizada del derrumbe de las fuerzas de “centro izquierda electoral” en Veracruz.

Tal percepción generalizada es hoy punto de partida para lo que viene. O la militancia recobra el control de sus respectivos institutos políticos en un esfuerzo por democratizarles e inyectarles nueva vida, o los abandonan en busca de nuevas expectativas de participación política. No hay de otra, con la salvedad de que la elección presidencial del 2012 está a la vuelta de la esquina.

En este escenario entra el movimiento lopezobradorista, que en la entidad deberá optar en seguir manteniéndose al margen de la Izquierda electoral, supuestamente representada por el PT y el PRD,  ó sumarse al rescate desde abajo de estos partidos políticos, trabajando por la unidad de la izquierda en torno a un candidato presidencial único. No hay otra opción de participación electoral del lopezobradorismo bajo las condiciones impuestas por la  legislación vigente, salvo entregar la plaza al enemigo, dejando las cosas como están, o entrando en una alianza “contra natura” con el PRD azul o con el PRIAN.

Convergencia perdió su oportunidad en la izquierda para el 2012. Sin identidad propia que le distinga en el espectro político, se corrió a la derecha entregándose al PAN como uno más de sus satélites. El lopezobradorismo le pasará factura. Al tiempo.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La calma chicha domina el escenario político de Veracruz. Tras la espera a que los tribunales resuelvan lo conducente sobre la elección de gobernador,  pedida por el Maestro Fidel Herrera a los acelerados, la feria de las listas de los listos que ya le habían armado el gabinete al Sr. Duarte de Ochoa, se aplacó o, cuando menos, por el momento, no entra en los temas de interés mediático. Con razón o sin razón, rumores y especulaciones, a nivel de piso, se concentran en las últimas decisiones del aún titular del ejecutivo estatal.

La interrogante que ronda en los espacios públicos, parques y jardines, tertulias de café y corrillos palaciegos, es una sola: ¿Los cambios en el gabinete actual, anunciados por Herrera Beltrán, están pensados para beneficiar, o perjudicar, al Sr. Duarte de Ochoa, o a quien, Dios nos libre, se desempeñará como gobernador interino?

Sin la especulación y el rumor no se puede vivir en Veracruz, así esté la entidad en calma.

Y mientras se discute si la Constitución Política de la entidad será reformada a modo, para que Reynaldo Escobar Pérez pueda librar el filtro de la actual Legislatura, éste, viejo y mañoso zorro, pacta con algunos medios para que su nombre figure como favorito para ocupar el cargo de Procurador en esta y en la administración pública estatal del sucesor de Herrera Beltrán. Enturbiándose y encrespándose las tranquilas aguas de la espera obligada, como si la calma chicha precediera a ominosa tormenta.

Javier Duarte de Ochoa entendió el mensaje. No hacer olas sobre el proceso de entrega y recepción hasta que así lo decida el que dicen aún manda en Veracruz. Tomás Ruíz se quedó con el bat al hombro, alcanzando únicamente a intercambiar palabras amistosas con el actual secretario de planeación y finanzas. No tengo aún instrucciones del jefe, le diría amablemente Don Salvador Sánchez.

Mientras que Don Ranulfo Márquez, cariñosamente “Tonicho”, en medio de la rechifla, lanza bolas de humo para distraer a las galerías. “No habrá cacería de brujas”, dice el dirigente estatal,  mientras limpia la casa de alimañas menores y cubre costos de facturas donde así conviene al partido de la fidelidad. La deuda de Veracruz es de 9 mil millones y no de 47 mil, afirma desmintiendo a los voceros de la oposición; si los ayuntamientos no tienen para pagar a empleados y proveedores es culpa de los alcaldes, no de la SEFIPLAN.

Todo en calma. Fidel no quiere sorpresas en los próximos cien días en que habrá de hacer sentir su presencia hasta el último minuto de su mandato. Si se ha de evaluar su desempeño al frente del ejecutivo estatal, que sea la historia, a su tiempo y no antes. Parando así, en seco, a los que frotándose las manos esperaban que la entrega y recepción arrojara datos suficientes, y de peso, para poner en la picota al hijo distinguido de Nopaltepec. El tradicional “Muerto el Rey, Viva el Rey”, quedó en suspenso, más no así la valoración que del mandato del Maestro Fidel Herrera, hace un buen de ciudadanos que, sin estar obligados por el cortesano protocolo, exhiben públicamente las heridas de compromisos y promesas no cumplidas o bien, las laceraciones de medidas de política que beneficiando a los menos lastimara a los más necesitados.

Javier Duarte toma nota de ello y habla y habla sobre como habrá de enderezar entuertos. De cómo se debe gobernar para todos, para que fluyan inversiones, se facilite la creación de fuentes de trabajo y se generen cientos de miles de nuevos empleos, siempre acorde a lo que disponga el Sr. calderón Hinojosa, del que se manifiesta su amable y atento servidor, por lo que pudiera ofrecerse. Un ojo al garabato y, el otro, a las no muy claras intenciones de su benefactor, amigo y padrino, que le acerca a decenas de solícitos servidores públicos, currículo bajo el brazo, dispuestos a servirse del próximo festín sexenal y, de paso, allanarle el camino al patrón de ser este tocado por la diosa fortuna en el 2012.

Calma chicha, brumosa y  salpicada por la lluvia, en la que, parafraseando a García Márquez, se viven los últimos cien días del patriarca que, sabiendo de intereses pero no de amigos leales, va de la ceca a la meca llevando a cuestas la agonía de su soledad.

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Dirigentes espurios

El “dirigente” estatal del PRD Celso David Pulido Santiago y el secretario general de ese instituto, Juan Carlos Mezhua Campos, dieron su espaldarazo al gobernador electo Javier Duarte de Ochoa a quien pidieron audiencia en los próximos días. Pulido Santiago dijo que pese a que aún siguen vigentes las impugnaciones ante el Tribunal Electoral Federal, aseguró que el Tribunal Estatal Electoral ya decidió y aseguró que la constancia de mayoría a Javier Duarte se dio “con apego a derecho”.

¡Desvergonzados!

¿Qué más pruebas necesita la militancia para mandar al diablo a la dirigencia espuria que vendió al partido?

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

¿Usted entiende, estimado lector, qué está pasando con la elección de gobernador? Yo, para serle franco, tampoco. Para mí que de tanto pensarle se les pasó la mano y el arroz se les batió. Javier Duarte, es y no es quien afirma ser. Por disposición del Tribunal Electoral de Veracruz, es ya gobernador electo y así lo asume el joven priísta y su cauda de seguidores busca chambas, en tanto que, de conformidad con lo dispuesto por la legislación vigente, lo será hasta que el Tribunal Federal Electoral emita la última palabra tras haber sido impugnada su elección. Vaya enredo.

Pero no somos los únicos que estamos en ascuas. Los mismos priístas dudan frente a la incertidumbre, en tanto que los panistas tiemblan ante la nada lejana posibilidad de que sus argumentos legales no sirvan para nada, si la última palabra es inducida por la mano negra de una negociación cupular  en lo oscurito. Unos y otros al parecer tienen razón. Nadie sabe ni sabrá a ciencia cierta como habrá de concluir el atípico cochinero en que se transformara el proceso inconcluso de la elección de gobernador en Veracruz.

Lo único que queda claro, por obvio, es que el Tribunal Electoral veracruzano se excedió en sus facultades, anteponiendo el cumplimiento de consigna dictada a las formas a que obliga la alta investidura de los señores magistrados.

Si las cifras definitivas que arrojara el cómputo preliminar del IEV nunca cuadraran, los pasos dados por los señores magistrados para la dictaminación y emisión de la constancia expedida a favor de Javier Duarte de Ochoa, nunca fueron congruentes en tiempo y forma, como lo denunciara ya en comunicado de prensa el panismo veracruzano. En su prisa por dar cumplimiento a la orden superior de ungir cuanto antes como gobernador electo al delfín del Maestro Fidel Herrera Beltrán, se les cuatrapearon los tiempos y dictaminaron a posteriori de la entrega de la constancia de mayoría a favor de Javier Duarte de Ochoa. No lo digo yo. Lo afirma el equipo de Miguel Ángel Yunes Linares y da cuenta de lo anterior el consejero del Panal ante el IEV, Emilio Cárdenas Escobosa, quien de ninguna manera se traga el que los señores magistrados, aún sin recibir la totalidad de los paquetes de impugnación, en un proceso “Fast Track” calificaran como válido el triunfo del ex titular de Sefiplan.

Ya lo afirmaba en un apunte anterior, “A la par que se pierden las formas, exhibiendo el fondo, la vergüenza  pasa a segundo plano cediéndole el paso al cinismo”. Lo que hasta ahora ha filtrado la prensa sobre el comportamiento por demás irregular del Tribunal Electoral de Veracruz, es una cínica expresión de hasta donde la voluntad popular, la legislación electoral, y el prestigio del Poder Judicial, vale menos que nada, cuando está de por medio el autoritarismo y enfermizo afán de las altas esferas del poder por imponer su santa voluntad.

El arroz ya se batió y lo que debió ser un proceso transparente, apegado a derecho y, por ende, respetuoso de los tiempos y del respetable en galerías, se le revierte a la cocinera. Entre las impugnaciones se suma ahora de manera destacada la irregularidad en el comportamiento de los magistrados veracruzanos. ¡Pero que necesidad!.

Así las cosas, la espera se prolonga acompañada de un clima cada vez más ominoso, en el que la víctima no es otra a la vista que Javier Duarte de Ochoa, joven bien intencionado y hasta ahora limpio y sin cola que le pisen. Estrategas y gran parte de la prensa, le inflaron de tal manera frente a sus adversarios, que hoy el priísta está a punto de reventar. Todo exceso es malo, diría mi gastroenterólogo, por algo lo afirma. Lo cierto es que ahora la paellada se pospone hasta noviembre o, si bien le va a los que gustan de acelerar los tiempos, a mediados de septiembre para con ello celebrar las fiestas del bicentenario.

Ni usted ni yo, estimado lector, entendemos maldita la cosa de los cochupos de nuestra clase política. Llámense priístas, panistas o pedorristas, pero la mera verdad es que frente a lo que observamos y escuchamos, ya no quedan ganas de cumplir con el sagrado deber de sufragar. ¿Usted que opina?

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Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

A la par que se pierden las formas, exhibiendo el fondo, la vergüenza  pasa a segundo plano cediéndole el paso al cinismo. Aquellos políticos que diciéndose ser respetuosos de la ley, exigiendo de sus adversarios apego al estado de derecho, lejos de guardar las formas violentan la norma que defienden, exhiben desverguenza y se asumen como cínicos. Javier Duarte de Ochoa incurre en ello, al pasarse por lo más pando lo que el Código Electoral de Veracruz establece como paso obligado en el tránsito de candidato a gobernador electo.

El Sr. Duarte no es gobernador electo. El Tribunal Electoral de Veracruz no ha calificado aún la elección de gobernador y, por lo consiguiente, tampoco ha emitido fallo alguno sobre el particular. No obstante, el delfín del Maestro Fidel Herrera Beltrán a los cuatro vientos y por todos los medios a su disposición y alcance, se proclama anticipadamente como triunfador de un proceso electoral que no culmina del todo. Tomándose la libertad de nombrar a otro delfín, este de la Sra. Elba Esther Gordillo, quien en su carácter de coordinador del equipo de transición, le representará en los trabajos de entrega y recepción del Poder Ejecutivo de la administración pública veracruzana, habiendo trascendido que Tomás Ruíz ocupara el cargo de secretario de planeación y finanzas. ¿Pago de factura?

Pero no sólo violenta lo dispuesto legalmente en materia electoral desentendiéndose de las formas. Con su actitud triunfalista falta al respeto a quienes como adversarios enfrentara en la contienda, provocándolos, y lo más relevante, desprecia la inteligencia de tres millones de veracruzanos que sufragaran el pasado domingo 4 de los corrientes.

Con todo y lo que se diga en contrario en amplios círculos del priísmo, la mayoría de los sufragantes  no votó a favor del joven delfín. Esto debería ser suficiente para que el Sr. Duarte guardara compostura y discreción, esperando a que el Tribunal Electoral le declarara gobernador electo, respetando con ello los plazos que la legislación establece. Pero no, al presunto triunfador se le queman las habas, se adelanta como adelantara su campaña electoral y, con todo cinismo, se asume como el gobernador electo por la voluntad de la mayoría. Se engaña a sí mismo y pretende que la ciudadanía se de por engañada y satisfecha.

Para muestra basta un botón. Si antes de ser calificado por el Tribunal ya miente a los veracruzanos, que podemos esperar del Sr. Duarte cuando por mandato constitucional asuma el gobierno de Veracruz, si no pasa otra cosa. Guardar las formas es lo mínimo que deberían recomendarle sus estrategas post electorales.

Lo paradójico es que es y no es lo que pretende. Su subordinación a quien lo eligiera como candidato es más que evidente. Su estratega de comunicación social, una señora por cierto muy cuestionada y que le fuera impuesta, no ha tenido el cuidado de negociar con la prensa el como evitar que se exhiba en los medios el alto grado de dependencia del Sr. Duarte con respecto a su mentor. La imagen mediática del delfín se pone a la par de la de Fidel Herrera Beltrán, el mismo color escarlata y el mismo discurso triunfalista, sin el menor asomo de un obligado deslinde. Temas tan desgastados como la inversión, el empleo y el acercamiento de Veracruz al primer mundo, a los que tanto recurriera en su discurso triunfalista el aún titular del Poder Ejecutivo estatal, no deberían figurar en la agenda mediática de quien ávido de legitimación, insiste en cobijarse tras la sombra de su hacedor.

El proyecto transexenal de la Fidelidad por Veracruz, quedó en eso, simple proyecto de pensamiento único al que se le opusiera con contundencia el pluralismo político de la gran familia veracruzana. Insistir en revivirlo y prolongarlo, es ocioso. El Sr. Duarte debería asimilarlo y ofrecer a los veracruzanos rostro e ideas renovadas, antes que incurrir en soberbia y triunfalismo anticipado.

Javier Duarte de Ochoa no es gobernador electo, pero aunque lo fuera, el hartazgo de casi seis años de políticas escarlatas antipopulares, exige humildad, discreción, diálogo y gobierno para todos sin distingo partidista. Piénselo Sr. Duarte, la legitimidad se gana respetándose a sí mismo y a los demás. Hay se lo dejo de tarea.

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