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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“La gente que mejor comprende la justicia son aquellos a quienes se les ha negado”. Daniel Raventós · Julie Wark.

Que mejor oportunidad para que el decálogo para el control de daños del Sr. Peña, dado a conocer en cadena nacional, sea aprobado sin ruido ni sombrerazos por el Congreso de la Unión, que la muerte presuntamente súbita del PRD. Senadores y diputados sin obstáculos otorgarán su respaldo absoluto a las reformas legales y medidas anunciadas.

Sin necesidad de un nuevo “pacto por México”, simplemente porque así lo ha concebido y decidido el primer círculo del poder presidencial, en fast track, sin consulta previa a la ciudadanía y ni siquiera a las bases partidistas, las nuevas reformas van.

Nuevamente una minoría partidocrática, representada por un insignificante –en cantidad y calidad- grupo de notables, se impondrá sobre el interés más general de la población en un intento más del control de daños del régimen y darle salida a la crisis.

Esto sin importar la soberanía de las 32 entidades federativas que conforman la Unión y los esfuerzos autonómicos del Distrito Federal.

Dándose un paso más en la marcha atrás de la vida democrática en el Estado mexicano con la profundización del estado de excepción en marcha.

Lo grave no es la farsa legislativa, a ello ya se nos tiene acostumbrados en el marco de la democracia representativa secuestrada y simulada. Lo verdaderamente grave es que con medidas tardías y antidemocráticas, se pretenda resolver la crisis multimodal y multidimensional por la que atraviesa el Estado mexicano, dejando intacta con el borrón y cuenta nueva, una estructura sustentada en abuso de poder, corrupción, impunidad y saqueo, origen del conflicto que hoy se pretende resolver.

Con un mayor control centralizado y fascistoide de la población, estima el Sr. Peña salir del aprieto, atacando consecuencias e ignorando el origen de la crisis.

Para quienes saben del paño, y ya no sólo en el ámbito de la academia, el decálogo no resuelve lo sustantivo. Andarse por las ramas sin enderezar el árbol torcido, ya fue juzgado y condenado en cuestión de minutos por una opinión pública que, en su despertar, ya no cree ni en el Padre Nuestro.

Modificar la Constitución y someter a la población con una cauda de medidas administrativas, presuntamente novedosas, a costa de la soberanía del Municipio Libre y de las propias entidades federativas, así como de las libertades ciudadanas, desde su anuncio ya generó descontento y rechazo; enrareciendo aún más el clima de “insubordinación” consecuencia del deterioro económico y los crímenes no resueltos que ofenden, agreden y lastiman a los mexicanos.

Tapar el pozo tras el niño ahogado, no es controlar los daños, antes al contrario, hacen más complejo e irresoluble el conflicto en marcha. Dando paso a intolerancia y represión por parte de los tres órdenes de gobierno, ante la impotencia de éstos para frenar oleada tras oleada de indignación y resistencia.

La prensa internacional, que ya tiene vela en este entierro, da ya por sentado que el decálogo propuesto es un fracaso anunciado más del régimen político mexicano, con el Sr. Peña a la cabeza. La prestigiada casa editorial, The Economist vocera de los centros del poder global, hace patente sus dudas respecto a la eficacia de las medidas por adoptar del gobierno mexicano. Dudas que se hacen extensivas a la opinión pública mundial y, con mayor razón entre los mexicanos que, en su mayoría están entendiendo que el problema no es de malandrines y policías, criminalidad y justicia, de tal o cual malandro, incluyendo los de cuello blanco, sino de la incapacidad de un régimen cuya crisis interna ya no le permite dar más, salvo más de lo mismo.

Deslindándose la población del ejercicio de gobierno de un régimen cuestionado, el problema ya ocupa el ámbito de problema de Estado, exigiendo, como señala el rector de la UNAM, de cirugía mayor y no de paliativos inicuos como las medidas anunciadas.

El PRI perderá ganando

Muerto, insepulto y mal oliente el PRD, como desde endenantes se ha venido afirmando en estos maquinazos, paradójicamente el PRI pierde ganando. Sin la connivencia de las llamadas izquierdas que la corrupción y carencia de sustento ideológico redujera a oscuros intereses tribales, la cadena de trasmisión de control y manipulación de las grandes masas de desposeídos, está rota y, con ello, negados los canales de comunicación, concertación y gatopardismo a modo que, a lo largo de varias décadas, equilibraran la correlación de fuerzas político electorales. El equilibrio se ha perdido y las masas buscan su propio camino al margen del control institucional.

En los próximos comicios el PRI podrá levantarse con el triunfo legal, con una mayoría relativa consecuencia de ignorancia, valemadrismo, y no poco masoquismo social que inercialmente arrastra la sociedad mexicana, pero no podrá aspirar al mínimo de legitimidad que gobernanza y gobernabilidad exigen. No más beneficio de la duda; desde el primer momento descontento, rechazo y resistencia popular determinarán la agenda electoral y quehacer gubernamental, percibiéndose con justeza que el Sr. Peña tiene razón cuando coloca a Iguala-Ayotzinapa como en parte aguas de un antes y un después en la vida económica, política y social de México.

El Revolucionario Institucional seguirá siendo el mismo de siempre, medrando larvariamente en una sociedad distinta que se niega a reconocer.

El después construido con memoria histórica sobre el antes, en el terreno electoral será el punto de quiebre para el régimen caduco; la respuesta a los grandes problemas nacionales estará en la calle y el PRI estará atado de manos para recomponer a su favor un nuevo escenario que ya en este momento le es adverso. Paradójicamente, no es la oposición sino el propio presidente priísta el que define la debacle de la hegemonía septuagenaria del tricolor.

Hojas que se lleva el viento.

De plácemes un gobernador que no aprende en cabeza ajena. Nuevamente el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa se toma la libertad de asumirse como la voz autorizada de todos los veracruzanos, afirmando que el presidente Peña Nieto cuenta con el respaldo absoluto de Veracruz. Y nadie entre su pequeño círculo de consejeros de cabecera le indica que hay que hincarse al paso de la procesión. En su discurso ni son todos los que están, ni están todos los que son, privando en la entidad una mayoría que rechaza las medidas de control de daños anunciadas por el Sr. Peña, e incluso, en desacuerdo con la administración pública veracruzana que no ofrece elementos para que el gobierno fallido recupere credibilidad y confianza

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Y dale que dale, duro y tendido, nuestros senadores priístas de frente y hasta topar con pared, mantienen su adelantada campaña proselitista orinando fuera del tiesto, incapaces de entender el tardío mensaje del Sr. Peña de que llegó la hora de modificar el discurso. Y aún hay más, incapaces también de entender que la agenda electoral ya no la define la cúpula de su partido sino la presión popular en rebeldía que ya no está aceptando más atole con el dedo. El “yo soy Ayotzinapa” del presidente es la señal, y no la digieren.

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Sentido por el pueblo de México el deceso de Don Alberto Bolaños “Chespirito” y con este sentir nos solidarizamos, deseando que el emblemático artista descanse en paz. Lo que no se vale es que tanto Televisa como el PRI capitalicen la sensible pérdida manipulado para crear una cortina más de humo, para así distraer la atención del respetable en momentos de álgida crisis. Menos mal que la película “La dictadura perfecta”, ya se encargó de desnudar el clima de complicidad entre los oscuros intereses económicos de Televisa y los del régimen político en México, y el pueblo de a pie ya no se traga la triquiñuela. La crisis sigue y las movilizaciones sociales también.

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Las redes sociales rebasaron en mucho al papel tradicional de la prensa oficialista. Realidad que deberían tomar en cuenta las áreas de comunicación social de los gobiernos estatal y municipal en la asignación de recursos públicos para propaganda de imagen. Cuando la prensa, sobre todo la impresa va, las redes sociales ya vienen de regreso, nulificando todo esfuerzo gubernamental tendiente a convencer a la opinión pública de que aquí no pasa nada, Veracruz cabalga en caballo de hacienda, y tenemos el mejor gobernador y el mejor alcalde de toda la historia. – Xalapa, Ver. 30 de noviembre de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz, la protesta ciudadana anti-Peña se dio en las urnas

En un escenario de indiferencia popular ajena al tibio regocijo priísta, a los posicionamientos de diputados de las llamadas izquierdas, a la protesta de jóvenes violentos, y al mitin pacífico de “Morena” en el Monumento a la Revolución en la capital del país, alrededor de medio día de hoy sábado 1 de diciembre, Felipe Calderón entregó simbólicamente la presidencia de la República a su sucesor, Enrique Peña Nieto, cumpliéndose con el protocolo que mandata la Carta Magna.

El “presidente del empleo” deja el poder en un clima de claroscuros que confirma que nadie es monedita de oro. Reconocida su valía por unos y denostado por otros por lo que consideran condujera al país al borde de un Estado fallido, entrega la estafeta a un Enrique Peña Nieto igualmente aceptado por unos y rechazado por otros. Expresando ello el grado de polarización que, al margen de los partidos políticos,  priva a lo largo y ancho de México.

Sucesión presidencial y primer día de gobierno de Enrique Peña Nieto que se da en un clima de merma del Estado de derecho, deterioro del tejido social y cuestionamiento tanto de las instituciones republicanas como de la llamada clase política y el duopolio televisivo. El cambio, más que incitar a la celebración popular, ofrece barruntos de desconcierto e incertidumbre sobre el camino por transitar.

Por sobre la esperanza en la bondad de un nuevo escenario sexenal de trabajo y prosperidad, el fantasma del autoritarismo, desempleo, pérdida de calidad de vida e inseguridad de la gran familia mexicana, se otea un horizonte nada benigno para las mayorías. Escepticismo más que pesimismo se percibe en el ambiente.

La amenaza de los efectos de la crisis global, latente en diversos campos de la vida nacional, se materializa con focos rojos encendidos en la economía, con mayor énfasis en la familiar, sin que se vislumbre para el corto y mediano plazo alguna señal de blindaje efectivo frente a lo que viene.

Tiempos difíciles para México y complejo escenario a desentrañar para el presidente Peña y su mediocre gabinete . El qué hacer y el cómo hacer en lo inmediato, es la incógnita por resolver. Tanto en la coyuntura como en un horizonte de largo aliento, son muchas las prioridades, escaso presupuesto y base social de apoyo, la deuda es creciente y los reclamos rebasan ya la capacidad de respuesta eficaz de la administración pública,  lo mismo en el ámbito federal que en los estados y municipios. Por donde empezar, eh ahí el dilema para el nuevo gobierno.

Renglón aparte, 12 años de virreinato en las entidades federativas complican políticamente el panorama. Retomar el control y reordenar el ejercicio del poder en todo el territorio nacional, no va a ser fácil. Los partidos políticos, como instrumentos parcelados de control ahora al servicio de los gobiernos estatales, no fácilmente caminarán al ritmo que se les marque desde el centro renunciando a los intereses creados generados a lo largo de los displicentes mandatos de Vicente Fox y Felipe Calderón.

El anuncio soportado en reformas legislativas de acabar con la manga ancha en los tres órdenes de gobierno, más que buena señal en las entidades federativas, es amenaza. Corrupción e impunidad sin dar cuenta y razón a nadie pesan mucho en el ánimo de los gobiernos locales. Alcanzar transparencia, oportuna rendición de cuentas y fortalecimiento democrático de ciudadanía, no entraba en los cálculos de la clase política de “provincia”. Se les acabó la fiesta y la música sonará en otra parte. Con el “rey muerto”, los virreyes son historia.

Restablecer el tejido social, recuperando confianza en el Estado de derecho y las instituciones, a la par que se enfrenta con visión de Estado a la crisis económica global, es el reto en lo inmediato. El presidente Peña tendrá que demostrar calidad de estadista, excelente administrador y talante democrático de su cuestionado arribo a la primera magistratura del país, conciliando los grandes temas y propósitos de su gobierno con lo que la gente espera del nuevo presidente. El México de hoy que recibe de Calderón Hinojosa así lo exige.

Hojas que se lleva el viento

No todo estuvo mal en el gobierno de Calderón Hinojosa, resultados positivos y rotundos fracasos, están en la balanza. La historia se encargará de tasarlos en su justa dimensión por lo que no proceden revanchismos a priori ni insensatas cacerías de brujas. En Veracruz es más lo que hay que agradecerle al chaparrito pelón de lentes, que lo que hay que echarle en cara. Xalapa le debe haber resuelto la demanda de más de diez años de un libramiento que aliviara a la ciudad de los riesgos del tráfico de transporte pesado por la Av. Lázaro Cárdenas, la más importante y de mayor aforo.

Con una inversión de más de cinco mil millones de pesos, con tecnología avanzada y una gran visión de futuro, el gobierno federal entregó el tramo “Perote-Corral Nuevo” de la autopista México-Veracruz, dotando a los xalapeños del ansiado libramiento, obra monumental que reduce tiempos y costos a los usuarios en los traslados lo mismo al Distrito Federal que al puerto de Veracruz. Vale la pena observar y valorar socialmente el Puente Xalapa”, portento de ingeniería a la altura del primer mundo. No se lo pierda.

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