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Tag Archives: Estado de derecho

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Mientras los halcones de la guerra persistan en poner en riesgo la seguridad mundial y gobiernos y banqueros no le encuentren salida a la crisis sistémica globalizada, lo que nos ofrece el futuro es poco halagador. Sin embargo, como se dice, la esperanza muere al último.  De ahí que en medio de un panorama incierto, nos aferremos a nuestros buenos deseos, para uno y para todos, con un renovado optimismo en que el año que recibimos, a diferencia del anterior, traerá torta bajo el brazo.

Que bueno, salvo que nuestro esperanzador optimismo se cifre en enterrar la cabeza bajo la arena y no en la valoración de una realidad en la que, como sociedad y en lo personal, estamos inscritos. El levantar el rostro en medio de la tormenta podría acarrearnos nada gratas sorpresas.

Por lo pronto, al margen de nuestros buenos deseos de bienestar y prosperidad, los malos augurios se dejan sentir en el inicio del nuevo año. Ya en pleno proceso electoral el presidente Calderón deja en manos de Dios la esperanza salvadora ante la incapacidad humana para desfacer sus propios entuertos, al mismo tiempo la bancada del PRI en la Cámara baja, auspicia reformas constitucionales que eliminan candados de control a las organizaciones eclesiásticas, haciendo permisible que se metan hasta la cocina en la vida pública de la Nación.

Esto, como ya lo han analizado y comentado expertos en la materia, reviste a mi juicio extrema gravedad. No estando el horno para bollos, el agregar el condimento religioso  al desmadre de un régimen político en crisis, crispa los nervios en los tendidos. Perdida la confianza en la institucionalidad se cae en actitudes de anárquica autodefensa, depositándola cada quien en el santo de su devoción o en la capilla dogmática y sectaria de su preferencia. Incidiendo negativamente en todo esfuerzo de cohesión del tejido social y unidad en torno a la atención de los grandes problemas nacionales.

La participación social y política se substituye con la oración, responsabilizando a Dios lo mismo de la reparación de entuertos presentes como en el devenir del mundo y de la Nación, mientras los pastores de rebaños enteros se uncen a la carreta de la corrupción.

Nuestra historia patria da cuenta de adonde puede llevarnos el mezclar lo divino con las tareas mundanas en la lucha por el poder. No se puede poner más leña al fuego atentando contra un ya de por sí cuestionado Estado laico de derecho.

Paradójicamente, el movimiento nacional que encabeza López Obrador llama al despertar de la sociedad, a la par que confundiendo amor al prójimo, solidaridad con los menos favorecidos y profundo amor a México,  genera una corriente de opinión  cada vez más cercana a los postulados de las tribus neo cristianas que, cual hongos en tierra fértil, proliferan por doquier en detrimento del tejido social. Amor en el Dios dogmático, perdón a los agravios, ofreciendo a nuestros enemigos la otra mejilla como respuesta al mundano sufrimiento.

Todo sea en nombre y a cuenta del triunfo en la elección de julio próximo. El fin justifica los medios. El sometimiento a los designios del Señor de una sociedad inerme y agachona, definirá el resultado del sufragio, calculan los estrategas electorales de partidos, coaliciones y candidatos, sin advertir que están destapando la “Caja de Pandora”. Mérida, Yuc.- Enero 4 de 2012

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J. Enrique Olivera Arce

Felipe Calderón Hinojosa

Parafraseando a Torcuato Luca de Tena, los caminos torcidos de Dios enmarcan cinco años de gobierno del hombre de Felipe de Jesús del Sagrado Corazón Calderón Hinojosa y el principio del fin de su mandato. México está como está porque “así lo quiere Dios”, expresó el mandatario mexicano refugiándose dogmáticamente en la teología para no reconocer públicamente el fracaso de su gobierno, así como de su estrategia de guerra, combatiendo el fuego con fuego pretendiendo abatir consecuencias sin tocar las causas que dan origen al clima de deterioro social y político que tiene en jaque a la gobernabilidad.

Con la renuncia tácita del Estado como hacedor y conductor de los destinos de México, dejándolos en manos de Dios, Calderón Hinojosa confirma la percepción de que el régimen político imperante, obsoleto y caduco, toca fondo en lo más profundo de su crisis. Incapacidad, impotencia, prepotencia y sectario voluntarismo del titular del Poder Ejecutivo del gobierno de México, reflejan el todo de una clase política que no da más en sus afanes hegemónicos de mantenerse por encima de la voluntad del pueblo al que dice representar.

Que sea lo que Dios diga, retrocediendo siglos para ubicar a México en la Edad Media, habla por sí del estado de cosas que priva en una llamada clase política sin rumbo y sin tamaños para afrontar las nuevas realidades del país y del mundo. Lo que no se dice es si el Dios al que se acogen no sea más que el becerro de oro al que rinden adoración y pleitesía.

En este escenario habría que ubicar ya no a lo que se espera del último año del calderonismo, cuyo fracaso es manifiesto, sino al proceso electoral que desembocará en el relevo en el Congreso de la Unión y del presidente de México. La política en manos del designio de los dioses, con ayuda de los hombres ungidos como semidioses a los que el común de los mortales debemos adoración y sumisión.

Ya no es el “haiga como haiga sido”, en el que el fin justifica los medios sino el Dios dirá, en boca de los candidatos, el que regirá el resultado del sufragio. A ello debemos acogernos para cifrar nuestras esperanzas, futuro y destino como país y como sociedad. El triunfo en las urnas del semidios más cercano a la voluntad divina, será el paso previo al fascismo y a la hoguera. Porque así lo quiere Dios para castigar la incapacidad de lo humano para conducirse por el camino de bien común.

Si así está dispuesto por ley divina, ¿qué caso tiene poner en manos de los hombres parafernalia y oropel de una campaña electoral presumiblemente democrática? ¿No acaso bastaría esperar la emisión de humo blanco en la cúpula del poder  para conocer lo que Dios dispone para el nuevo sexenio?,  tal cual práctica del PRI en sus procesos internos de selección de dirigentes.

Si así fuera, el dinero de los contribuyentes destinados a costosas campañas electorales, tendría mejor destino si se aplicara a obras piadosas que nos rediman de toda culpa, para así enfrentar libres del pecado de soberbia a la Santa Inquisición, pues  ¿quiénes somos, humildes mortales, para desear privar a Dios de su santa voluntad?

“Algo huele mal en Dinamarca”, más vale prepararse para lo peor.

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J. Enrique Olivera Arce

Gobernador de Veracruz

Para el Dr. Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, “Cualquier hombre, mujer, niño, compatriota o extranjero, debe tener la certeza de que en nuestro territorio se respeta el Estado de Derecho y los derechos humanos de todos, porque la sociedad no está sola en su búsqueda de justicia”. Retóricamente y como un buen deseo del gobernante suena bien, sin embargo entre la población se percibe que en la entidad ni se respeta lo primero ni se atiende lo segundo.

A la vigencia plena del estado de derecho se le cuestiona cuando se observa la realidad que prevalece en la procuración y aplicación de la justicia, a la par que las autoridades, en los tres órdenes de gobierno se manifiestan poco proclives a respetar aquello que legalmente les obliga como mandatarios de la voluntad popular. De hecho, son muchos los preceptos constitucionales que impunemente se transgreden. La población, por lo que a ella toca, incluso desconoce la mayoría de los ordenamientos legales que norman nuestra vida en sociedad, si no es que todos.

Por cuanto al respeto a los derechos humanos, esto no pasa más allá de un sueño de verano, tanto que las comisiones, federal y estatal, responsables de velar por los derechos inalienables de la persona humana, a más de estar politizadas y partidizadas, carecen de facultades para hacer valer la ley frente a constantes violaciones a la integridad física, patrimonio, garantías y libertades de los ciudadanos. Prevaleciendo la ley del más fuerte.

Para empezar, en la integración de las Comisiones de Derechos humanos los ciudadanos no tienen vela en el entierro, quedando la elección de quienes las presiden al libre arbitrio del ejecutivo, con la sumisión y aval de un poder legislativo que, en los hechos, carece de representatividad y legitimidad en una democracia representativa en crisis regresiva.

Temas como el respeto a la vida, autonomía, inclusión y atención a las necesidades básicas de los pueblos originarios, es apenas un ejemplo de ello. Vida y muerte de los pueblos indígenas les son ajenos tanto a las autoridades como a las Comisiones de Derechos Humanos y, peor aún, a una sociedad insensible que no supera prejuicios de intolerancia, discriminación y racismo.

El derecho universal a una vida digna, el acceso a un empleo con salario remunerativo, a la alimentación, vivienda y salud, así como el respeto y amor por nuestro entorno ambiental, son letra muerta en extensos sectores de la población nacional y, en lo específico, de Veracruz. Luego donde queda el respeto a los derechos humanos. La demagogia y la simulación se imponen por sobre éste.

Pero la culpa no la tiene el indio, sino el que le hace compadre. Dejamos hacer, dejamos pasar; gatopardismo por un lado y masoquismo por el otro, son consecuencia de una sociedad que se niega a avanzar por los caminos de un estado de derecho pleno. El rezago económico, social y cultural que arrastramos parece ser superior a todo sano intento por cambiar el estado de cosas que nos agobia.

Nos lastima la inseguridad pública, pero seguimos aferrados a alimentar el caldo de cultivo que se niega a la paz y a la vida en armonía. Pobreza, miseria extrema y desigualdad, nos son indiferentes en tanto que nos dolemos del crecimiento exponencial de la delincuencia. ¡Vaya incongruencia!

Buenas intenciones, malos gobiernos y pésimo sentido de civilidad y ciudadanía, chocan entre sí frente al imperio de la ley y el respeto a los derechos inalienables del ser humano. Un mínimo de congruencia debería obligarnos a no hacer o esperar del discurso de ocasión, palanca de transformación y cambio. Tras las palabras que el viento se lleva, queda la terca realidad que no sabe de retóricas razones.

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J. Enrique Olivera Arce

Apunte para: Revoluciones ; gobernantes.com; Our Words In Resistance

Desde lo más profundo de la descomposición del sistema económico y político de la Nación, se llama a la unidad de todos los mexicanos para hacerle frente a la escalada de violencia en que incurre el crimen organizado. Retóricamente suena bien y efectivamente, sólo con la unidad se puede ir al rescate y reconstrucción de un tejido social en crisis en el que todos estamos involucrados. Sin embargo, no son pocos los que desgarrándose las vestiduras claman por ello llevando agua a su molino. Para estos, unidad, es la consigna de moda y el especular sin sustento alguno sobre los responsables de la condenable agresión a inermes ciudadanos en Morelia, es la tarea. Pareciendo discordante y fuera de lugar el que mediáticamente desde el PRI surja la pregunta: ¿Unidad para qué?


Interrogante contra corriente que resulta por demás lógica, cuando al mismo tiempo el Secretario de Gobernación afirma que no habrá cambios en la estrategia del gobierno federal en el combate a la delincuencia organizada., sin mediar una evaluación autocrítica y creíble sobre los resultados hasta ahora obtenidos en la sacudida al avispero. Y mucho menos sobre la situación que hoy guarda el Estado-Nación, caldo de cultivo para la trasgresión impune del estado de derecho.


Después del niño ahogado, todos a una a tapar el pozo. (¿Quiénes?) ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Con qué? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pues para empezar, una guerra no se inicia dando palos de ciego, sin tener claros propósito, objetivos, estrategia, y medios para alcanzar la victoria. Naturalmente, también y en primer término, identificar al enemigo, conocer de sus propósitos últimos, calificando a su vez su capacidad real y potencial para saber a que y a quienes se pretende enfrentar.


Se nos dice de un poderío financiero del enemigo, muy superior a las disponibilidades del gobierno; se habla de sus nexos con aliados externos desparramados por todo el orbe, y se afirma todos los días, que se le va venciendo en la medida del alto número de capos de rostro patibulario que las fuerzas del orden atrapan o eliminan y que, en esa misma medida, son substituidos por otros de igual o sin duda ya, peor catadura. El cuento de nunca acabar. Pero nunca, hasta ahora, se ha tenido la atingencia de informar a la ciudadanía que el ejército de capos y sicarios que operan en el terreno, está al servicio de poderosas empresas criminales y altos ejecutivos que desde lujosas oficinas, con sofisticada tecnología planean y conducen impunemente sus ilícitas operaciones, lo mismo en México que en otras latitudes.


Nada parece indicar que contra estas altas esferas de la delincuencia organizada, personajes de cuello blanco y finas maneras, se privilegie la estrategia de la guerra emprendida. Nada se nos dice al respecto ni se observan avances en tal sentido. La cabeza principal de la hidra sigue siendo un misterio no resuelto. No se conoce al enemigo más allá de los daños que hoy lamentamos.


Por los resultados y daños colaterales, para el común de los ciudadanos queda la impresión de que no se ha tomado para nada en cuenta lo anterior. El enemigo, al que ya se califica “traidor a la patria”, es un fantasma que está en todos lados y al mismo tiempo no está en ningún lugar. Lo mismo podría ubicársele en el bando de los malos que en el de los que se dicen ser los buenos. La corrupción y la impunidad que domina en México, impide establecer distingo alguno para diferenciar a los unos de los otros.


La sabiduría popular enseña que “según el sapo es la pedrada”. Y está visto que no se alcanzará la victoria oponiendo violencia a la violencia en el terreno, si no se combate al corazón del enemigo en su madriguera, oponiendo inteligencia superior a la que hoy por hoy parece dominar en las altas esferas de la industria del crimen, como bien lo saben los señores de las fuerzas armadas que conocen de la manufactura del paño.


Así que unidad ¿para qué? ¿En torno a qué? ¿A los gobernantes en turno? ¿A un sistema de procuración de justicia cuestionado? ¿O a una inexistente política con visión de Estado que sin atentar contra los derechos humanos y clima de libertad cuya construcción ha costado mucha sangre al pueblo de México, haga de la racionalidad, buen juicio, honestidad, y un profundo amor a la patria su estandarte? La unidad a secas, en abstracto, al costo social y político que sea, únicamente conduce al pensamiento único; al fascismo dictatorial que el enemigo real pretende imponernos.

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Apunte para: Our Words In Resistance; gobernantes.com ; Revoluciones ;Kaos en la Red

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J. Enrique Olivera Arce

“Hemos descubierto al enemigo: somos nosotros”.

Joan Prats

Ocho jóvenes, tres de ellos adolescentes de entre 13 y 15 años, fueron asesinados la madrugada de ayer domingo, en Guamúchil, Sinaloa, dieron a conocer los principales diarios de México. La Procuraduría de Justicia de Sinaloa informó que del lugar de los hechos fueron recogidos poco más de 300 casquillos de armas de fuego G-3, AR-15, 9 milímetros, y AK-47

Hasta el momento de redactar este apunte, a diferencia de lo acaecido en el antro News Divine de la ciudad de México, ni los presentadores de noticias de las televisoras ni las buenas conciencias de la reacción han procedido al correspondiente desgarre de vestiduras y mucho menos a soliviantar a la opinión pública en contra de las autoridades con motivo del artero crimen perpetrado en Guamúchil. ¿Es que acaso estas alarmantes noticias no merecen la indignación nacional? ¿O es que como sociedad ya nos estamos acostumbrando a mantenernos indiferentes frente al clima de inseguridad que se apodera del país, cuando los reprobables hechos provienen de la llamada “delincuencia organizada”? Salvo, claro está, cuando los medios de comunicación con fines interesadamente políticos, llevando agua a su molino, tocan las fibras más sensibles de los mexicanos fabricando chivos expiatorios.

La violencia que impera en el país dejó la semana anterior 124 muertos en 11 estados. El recuento total incluye los estados de Sinaloa, Chihuahua, Sonora, Baja California, Guerrero, Chiapas, Michoacán, Jalisco, Nuevo León, Durango y estado de México, reduciéndose mediáticamente el fenómeno a un asunto de estadística.

En otra nota, en la edición de ayer lunes del diario La Crónica, se dice que Genaro García Luna, titular de la SSPF declaró que: “Hemos encontrado, más en la industria del secuestro, la participación directa de amas de casa, de las mamás, ya no es sólo el hijo, sino la mamá del hijo que secuestra, custodiando a la víctima”, agregando, “Se dispensa que un hijo se desvíe al alcohol o la droga, ahora la mamá secuestra y esta perspectiva es grave, porque el eje de la sociedad, que es la familia, vive una perspectiva equivocada, diferente y esta es la vertiente que me ha tocado conocer y estudiar”.

Declaraciones estas últimas con las que se pone el dedo en la llaga. La criminalidad ha dejado de ser expresión aislada a combatir por los órganos del Estado encargados de proporcionar seguridad y justicia, constituyéndose en un fenómeno multidimensional generalizado, que amenaza con cubrir todo el territorio nacional. Poniendo al descubierto el alto grado de deterioro del tejido social, y en entredicho la vigencia misma del Estado como tal. Por tanto, un problema estructural multisectorial de orden político, que no se puede ni debe combatir únicamente con el uso de la fuerza. Más considerando que la desigualdad, la pobreza, la corrupción y la impunidad no le son ajenas al fenómeno delincuencial, en tanto contribuyen a la falta de credibilidad en las instituciones tradicionales frente a una realidad agobiante, que excluye de expectativas de desarrollo a cada vez más amplias capas de la población.

La sociedad mexicana vive una severa crisis de pérdida de valores, que se debe reconocer para actuar en consecuencia en todos los órdenes de la vida cotidiana. Cuando la criminalidad permea ya en la juventud, generando víctimas y victimarios entre adolescentes, amas de casa, madres de familia, que renuncian a su deber para con sus hijos y la sociedad, solidarizándose activamente con los delincuentes, sin que ello sea motivo de indignación nacional, debería ser un grito de alerta y un llamado de atención lo mismo para quienes gobiernan este país que para la ciudadanía toda.

México se nos deshace entre las manos y las autoridades, en los tres órdenes de gobierno, insisten en que todo va bien. La mira de la clase dirigente está puesta en como deshacer el nudo gordiano del estancamiento económico en un modelo de desarrollo agotado, ocultando la realidad bajo el manto del triunfalismo mediático. No se puede seguir por este camino. No cuando el desempleo y la desesperanza orillan a los jóvenes y a las amas de casa a la muerte o delinquir, siendo víctimas propiciatorias de un sistema injusto, cuya única motivación es generar pantagruélicas riquezas para unos cuantos a costa del sacrificio de las mayorías.

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