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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para quienes pensaran que Dulce María Sauri Riancho, ex presidenta nacional del PRI, exagerara al percibir la aproximación de una “tormenta perfecta” en la vida política, económica y social de México, deben ahora estar reflexionando sobre la justeza de lo afirmado por la también ex gobernadora de Yucatán.

Bastaron unos cuantos días para que la madre de todas las tormentas percibida, se conformara. La crisis del régimen político choca frontalmente con una movilización social que se extiende y profundiza, a la par que el deterioro de la economía nacional impulsado por la caída internacional del precio del petróleo, equívocas medidas fiscales, y la pérdida creciente del poder adquisitivo del salario, tocando fondo, arrastra consigo a las finanzas públicas nacionales.

La combinación, interacción y retroalimentación de economía y política en la conformación de una crisis que envuelve al Estado mexicano, se refleja en un conflicto social preñado de descontento y hartazgo que pone en duda legitimidad de un estado de derecho rebasado.

México está hoy bajo la mira internacional, manifestándose preocupación en las élites del poder real que determinan rumbo y destino de la sociedad global, por lo que acontece en el patio trasero del país más poderoso del mundo. La amenaza del efecto dominó es real y el senado norteamericano toma ya cartas en el asunto.

Y es en este ominoso panorama que se cuestiona el mandato del presidente de México, incapaz de dar una salida medianamente decorosa a la “tormenta perfecta”. Si hace apenas unos meses se considerara a Enrique Peña Nieto como el adalid del neoliberalismo en América Latina, hoy el poder fáctico global le tiene por un estorbo a sus propósitos y objetivos de cambio, transformación y consolidación del modelo neoliberal de crecimiento económico en el ámbito de los países emergentes.

Peña Nieto estorba y con él, un régimen político que ya no le es funcional a los poderes fácticos. Las llamadas reformas estructurales orientadas a cumplirle a los centros del poder mundial, quedaron atrás; el optimismo puesto en la eficacia de tal herramental está perdido y, lejos de satisfacer los apetitos privatizadores del gran capital, son un obstáculo en tanto contribuyen al deterioro económico, concitando desconfianza, resistencia y rechazo social, polarizando a la sociedad.

Si el crimen de Iguala fuera la gota que derramara el vaso del descontento y el hartazgo, la ineficiente e ineficaz administración del conflicto y control de daños, exhibe en todos sus términos la gravedad de la “tormenta perfecta”; la profundidad de una crisis que abarca al todo político, social y económico de un Estado que como en su momento el presidente de Uruguay expresara, ronda los límites de lo fallido.

Mala señal para el poder fáctico global. No estaba en sus planes que el imponer a Enrique Peña Nieto como presidente de México, acarreara más problemas y no un terso camino al logro de propósitos y objetivos del capitalismo salvaje, en un país al que ya se consideraba paradigma latinoamericano de hegemonía neoliberal.

Señales

En este marco, no es de dudar que el coqueteo del gobierno de Peña Nieto con los chinos sin previa consulta con el gobierno norteamericano, prendiera los focos rojos de alerta en el país vecino. La abrupta cancelación del resultado de la licitación del ferrocarril México-Querétaro, bien pudo haber sido ordenada desde Washington y no una burocrática medida interna tomada como consecuencia de corrupción e irregularidades en el proceso de adjudicación. Todo es posible en un escenario de dependencia que ha marcado indeleblemente la asimétrica relación entre México y el poder fáctico del imperio norteamericano.

Si esto es así, cabe la posibilidad de que la mano que mece la cuna en la descalificación mediática del mandato del Sr. Peña Nieto por los más destacados exponentes de la prensa mundial, así como “el complot” que éste avizora en contra de su proyecto de nación, no apunta precisamente en dirección al extremismo violento de una minoría, sino a los centros de poder fáctico internos y externos que indirectamente hacen saber del estorbo que para estos representa un gobierno fallido.

De ahí la preocupación del mandatario por intentar calmar las ánimos en los altos círculos del empresariado nacional, expresando que se tiene todo bajo control. Preocupación que no se ve respaldada con hechos concretos de políticas públicas y operación política y, mucho menos, con la aquiescencia de los gobernadores que de dientes para afuera dicen apoyar y, por debajo del agua, se desentienden del conflicto privilegiando sus intereses “virreinales”.

Tocaría a politólogos, analistas y expertos que saben del paño, determinar cuál es la profundidad y alcances de la “tormenta perfecta”. Para quien esto escribe, basado en percepciones personales, la situación que vive México es de pronóstico reservado; la gravedad del conflicto se hace acompañar de desconfianza, carencia de credibilidad e incertidumbre, ya no sólo en las instituciones republicanas y sus voceros, sino que también en la capacidad de una sociedad lastimada y polarizada para absorber los efectos de la crisis.

Partidocracia

Por cuanto a los partidos políticos, su propia crisis estructural les mantiene al margen de la administración del conflicto y control de daños. El eslabón más débil de la triada partidocrática paga el costo de su participación activa en el llamado “pacto por México”; la renuncia del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas al PRD anuncia en este instituto político desbandada, velorio y entierro. El “que se vayan todos” expresado por una mayoría ciudadana, pone en la misma tesitura de contradicciones internas y externas a todos los partidos por igual, salvándose quizá, Morena por su reciente acceso a la institucionalidad.

Partido este último más cercano a las demandas y reivindicaciones de la movilización social y, hoy por hoy con mayores posibilidades de encontrar respuestas positivas por parte de los electores en las próximas contiendas electorales, pues no sería nada extraordinario el que para los poderes fácticos, el mal menor fuera el contar con un gobierno reformista de izquierda, muy al estilo de los gobiernos sudamericanos, que sumando, diera rumbo, certeza y destino al país, con un proyecto de nación mejor diseñado y encuadrado en congruencia con la compleja realidad multimodal y multidimensional de México, sin romper con lo que en primera y última instancia favorece a los intereses del poder global. Esto si el destino no nos alcanza con la renuncia forzada del Sr. Peña Nieto, ofreciéndonos otros cantares.

Tiempo al tiempo. Parafraseando a nuestro amigo Jesús J. Castañeda Nevárez, este es mi pienso.

Hojas que se lleva el viento.

No se puede hacer de lado que Veracruz es protagonista privilegiado en la crisis que aqueja al país. La vida económica, social y política en la entidad también contribuye con su estancamiento, retroceso y carencia de rumbo cierto, a un conflicto de Estado que nos compete a todos los mexicanos. El afirmar que aquí no pasa nada cuando el país se desquebraja, no abona satisfactoriamente a favor del control de daños emprendido por el Sr. Peña, antes al contrario, confronta al gobierno central induciendo a la comparación entre un gobernador eficiente y un presidente de la república que, tronándose los dedos, pone en riesgo a eso que se ha dado en llamar el camino de la prosperidad.

Xalapa, Ver., noviembre 26 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Y bajo esta premisa México tiene el gobierno ad hoc que responde al cuerpo social de un Estado-Nación decadente en el que las minorías se imponen por sobre el interés más caro de las mayorías: su independencia y soberanía, libertad, seguridad, educación, salud, recreación y oportunidades para desempeñarse en un trabajo digno y remunerativo.

¿Hasta cuando seguiremos como país, bajo esta premisa?

En estos maquinazos desde el 2010 se ha insistido de manera reiterada en la percepción de una crisis del régimen y partidos políticos que le sustentan, que ha tocado fondo, requiriendo de una profunda renovación que le permita ser funcional a las nuevas realidades de los dos Méxicos que conforman el todo nacional. La situación que hoy acusa México en todos los órdenes de su vida económica y social confirma tal percepción, objetivizándole y mostrándose al mundo su precaria desnudez.

La corrupción, impunidad, miopía, simulación, así como carencia de honestidad intelectual para reconocer que México transita sin brújula y sin rumbo cierto, a diferencia de lo que afirma el Sr. Senador José Fco. Yunes Zorrilla, se están encargando de negar posibilidad alguna de viabilidad de futuro al Estado Mexicano. Imponiéndose una nueva percepción que ronda en torno a la no muy lejana posibilidad de sumarnos a la lista de Estados fallidos que, por cierto, frente a la crisis económico financiera global va en aumento.

El régimen político que tiene secuestrado al Estado mexicano, ya no es funcional al cuerpo social; el pensamiento serio y lúcido de no pocos analistas propone un nuevo pacto social, así como la realidad real exige un nuevo pacto federal que atienda lo mismo al desarrollo regional desigual que a la polarización cada vez más severa entre entidades federativas con ventajas comparativas que les favorecen y las que se debaten entre pobreza y pobreza extrema.

Y en este marco, es de llamar la atención el que nuestra llamada clase política, apoltronada en sus privilegios, mantenga la inveterada costumbre de bañarse empezando por los pies. Auto recetándose reforma tras reforma, pretende encontrar en sí misma respuesta a una enfermedad social y política de la cual es directamente responsable.

¡Al ladrón… al ladrón!

Peña Nieto ha venido posponiendo el combate a la corrupción. Hoy la realidad le obliga a declararse de dientes para afuera favorable a una reforma constitucional que limpie la basura oculta bajo la alfombra. De inmediato, los partidos políticos se unen a tal propósito presidencial y, en un gesto más de seguidismo y simulación, secundan la iniciativa del PAN dispuestos a legislar sobre el particular. Los corruptos, en el papel dejarán asentado que son enemigos a muerte de la corrupción e impunidad y, con fundamento legal, el Estado mexicano se encargará de que cobre vigencia aplicando todo el peso de la ley en chivos expiatorios a modo.

Desgarre de vestiduras a destiempo. Pretender tapar el pozo después del niño ahogado, en medio del descrédito, protesta y resistencia social poco abona a su favor al régimen que en su propósito de salir bien librado del atolladero, descarga su crisis terminal en las espaldas de una sociedad ofendida.

Si hay algún culpable en la ofensa a los guerrerenses, son estos al permitir la presencia de la delincuencia organizada en su vida pública y privada, es la tónica adoptada. De un plumazo una crisis política de Estado se transforma mediáticamente en crisis de un tejido social local deteriorado y penetrado por “el narco”, saliendo al quite el gobierno federal para enderezar el entuerto que éste mismo creara.

En tal escenario, el combate a la corrupción que propone el régimen, nace corrupto por así determinarlo su antecedente genético. Si “la corrupción somos todos”, esta empieza por la cabeza y ésta, cómodamente se mantiene al margen e impune.

Primero Michoacán, ahora Guerrero y el estado de México, son la punta del iceberg que sobresale en las nauseabundas aguas en que el régimen político ha transformado a México. Estas entidades federativas no son sino un pálida muestra de de que el régimen político, sus partidos con el PRI a la cabeza y los obvios poderes fácticos que mueven los hilos, no son más garantía de progreso y buen gobierno; así lo está inscribiendo en su agenda el imaginario popular en sus afanes por retomar el hilo de la memoria colectiva y revivir la Revolución interrumpida.

La moneda está en el aire, toca a la sociedad actuar en consecuencia por los amplios caminos del fortalecimiento de ciudadanía, participación responsable y exigencia de honestidad, transparencia y resultados, en un marco de civilidad y respeto entre diferentes.

Hojas que se lleva el viento

La creación en Veracruz de un organismo policíaco de élite muy al estilo de series televisivas (de primer mundo, dicen), no se corresponde con el tipo de delitos que predominan en la entidad, pues a decir del propio gobernador, el mayor índice delictivo se registra en el renglón de robo de golosinas en tiendas de conveniencia. Esta sobredimensionada medida tomada por el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, tiene dos lecturas: O el gobernante insiste en mentir ocultando la realidad existente en materia de seguridad, o le sobran recursos públicos y no sabe en que gastarlos. Una u otra cosa lo cierto es que Peña Nieto le toma la palabra y a Veracruz no entra la gendarmería nacional en el “combate al robo de pingüinos”.- Cd. Caucel, Yucatán., octubre 22 de 2014.
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Estimados amigos y amigas:

La Comisión de análisis y estadística de Redes Universitarias se echó un clavado por las Encuestas y documentos oficiales y encontramos los siguientes datos:

De acuerdo a la Encuesta Nacional de la Juventud de 2005… y CONAPO… hicimos estos cuadros…


Cuadro 1: Población de 12 a 29 años que estudia (2005)

Grupos de Edad

Población por Grupo de Edad

Población que estudia

%

Absoluto

12-14

6,568,057

93.5

6,141,133.295

15-19

10,376,099

68.4

7,097,251.716

20-24

9,501,779

33.5

3,183,095.965

25-29

8,829,656

8.5

750,520.76

Total

35,275,591

49.1

17,320,315.181

De acuerdo a la ENJ 2005 en promedio sólo 49.1 % de los jóvenes entre 12 y 29 años estudia, si se observa estos datos como una pirámide inversa, el acceso a la educación disminuye a medida que avanza el rango de edad lo que se corresponde con los niveles educativos (secundaria, bachillerato, licenciatura, posgrado). Es decir, entre “más elevado” sea el nivel de estudios disminuye el número de jóvenes que accede a ellos…


Sin embargo, si lo vemos sólo para el rango de edad de 15 a 29 años, tenemos que sólo 36.85 estudian, es decir, el 63.2% de los jóvenes en ese rango de edad no tiene acceso a la educación, lo que significa alrededor de 18,443,160.498 chavos y chavas fuera de la escuela


Si nos basamos sólo en los jóvenes entre 15 a 24 años (en edad de estudiar el bachillerato y la licenciatura) tenemos que en promedio sólo el 50.95% tiene acceso a la educación, lo que quiere decir, que casi la mitad de esos jóvenes está fuera de la escuela…


¿Cómo la ven? ¿Cuál desarrollo?


Eso no es todo, si revisamos con más calma la Encuesta Nacional de la Juventud de 2005 encontramos un rubro de jóvenes que No estudia ni trabaja…


Cuadro 2. Población de 12 a 29 años que no estudia ni trabaja (2005)

Grupos de Edad

Población por Grupo de Edad

Población que no estudia ni trabaja

%

Absoluto

12-14

6,568,057

6

394,083.42

15-19

10,376,099

16

1,660,175.84

20-24

9,501,779

28.9

2,746,014.131

25-29

8,829,656

34

3,002,083.04

Total

35,275,591

22

7,760,630.02

De acuerdo a la Encuesta hay 7,760,630.02 jóvenes entre 12 y 29 años que no estudian ni trabajan…

Si tomamos en cuenta el sector de 15 a 24 años (que en teoría serían los jóvenes en edad de estudiar el bachillerato y licenciatura) tenemos que:


En promedio 22.45% de jóvenes entre 15 y 24 años no estudia ni trabaja, es decir, alrededor de 4,462,583.611


Se preguntarán ustedes porqué esos chavos y chavas “no estudian ni trabajan”, será porque son muy flojos? o realmente es porque este modelo económico no ofrece ninguna alternativa a la juventud… no será que faltan espacios educativos y empleos?


Redes Universitarias estará presentando estos datos y te invita a participar en la Comisión de Análisis y Estadística porque la lucha sin argumentos es vacía, nosotros te invitamos a preparar las Mesas de Trabajo con datos y argumentos…


Enviado por Cesar R., estudiante de 3er semestre del CCH Sur…

Redes Universitarias 28/08/09

Acentos

Jorge Medina Viedas

jorge.medina@milenio.com


Las revoluciones llegan solas. A nadie le toman parecer. Se cultivan por años o por décadas en el subsuelo de la sociedad, a las sombras y a expensas del rencor político o de clase; de repente, un movimiento civil o armado se hace sentir en la ciudad y en el campo. Así se puede uno imaginar que las revoluciones se desatan.


Eventualmente, las causas políticas y sociales de las revoluciones vienen juntas: las personas no son tomadas en cuenta, otros deciden por ellos, el grado de injustica en la distribución de la riqueza es muy grande, y entonces los desatendidos luchan por ocupar el lugar que creen que les pertenece y por alcanzar los bienes que consideran suyos.


La Revolución mexicana de 1910 nadie la esperaba. Se vivía la paz ficticia del porfirismo y bastaron los meses noviembre de 1910 a mayo de 1911 de confrontación armada para que el dictador se fuera de México a su exilio dorado.


Conociendo los datos de la injusticia social de entonces, la pregunta es por qué no ocurrió antes. Algunos lo explican por el nivel de conciencia política tan bajo de la gente, al que la Iglesia y la educación paupérrima ayudaban inyectándole con sus prédicas una alta dosis de conformismo y fatalidad. Y, por supuesto, a los modos draconianos del dictador.


La gente tenía miedo. Todavía un profesor de derecho a mi generación nos recordaba a principios de los años sesenta, con nostalgia y hasta cierta veneración, que durante el porfiriato se podía dejar colgado en la rama de un árbol un anillo de oro y nadie lo tomaba, por el miedo y el respeto que imponía la mano dura.


Todas las condiciones que preceden a la revolución deben ser las mismas que anteceden al estallido social, como el que supuestamente advirtió como probable e inminente en nuestro país el rector de la UNAM, José Narro Robles.


Aunque el rector no habló exactamente de “estallido”, sino de “problemas sociales”, se dio por hecho que el rector de la UNAM señaló que existen riesgos de que se produzca en México un estallido social. Tan fue así que la mañosa interpretación de un diario sirvió para que la rectoral llamada premonitoria fuera seguida por el senador Carlos Navarrete y representantes del sector privado, preocupados sinceramente como aquel de que a este país se le anulen, desde ahora, a las generaciones futuras las expectativas de crecimiento, bienestar y felicidad, que a las actuales le han sido negadas.


El rector Narro, Navarrete y muchos otros deben coincidir plenamente en que los indicadores de pobreza extrema, la desigualdad, el desempleo y la falta de oportunidades educativas han llegado a un punto de tal gravedad, que más vale alertar sobre la probabilidad de una explosión social, la cual sería incontrolable por el cargado nivel de violencia que se vive y respira en el país.


Tomo cierta licencia al decir que ahora no existe el miedo que tuvieron que vencer con gallardía Villa, Zapata, Madero y millones de mexicanos en la época de la Revolución. Tampoco un gobierno que lo impone, sino una administración apocada y rodeada —no por una camada de viejos que formaba la gerontocracia porfiriana—, sino por una tecnocracia inútil y pedante.


Asimismo, hoy la violencia está en las calles. Es desafiante y no denota temor a la autoridad. La cuota de sangre mexicana por homicidios en el territorio debe ser de las más altas del mundo. Los enfrentamientos entre las propias bandas criminales y los de éstas con las policías y el Ejército mexicano han provocado una cantidad de fallecimientos que en muchos sentidos hace pensar que vivimos una guerra civil no declarada, inédita.


¿Y cuándo de verdad se junten ese nivel de violencia con la situación de resentimiento social y político? ¿Qué pasará cuando las opciones de la emigración o incluso la delincuencia común se agoten? ¿Qué cuándo la guerrilla zapatista o eperrista dejen su estado de latencia?


Con un estallido violento puede iniciarse una revolución como la que vivimos en 1910. O generarse un fenómeno peor. Aquí estamos. En los prolegómenos de un fenómeno desconocido e indefinible.


¿Qué fue lo que hicimos para llegar hasta aquí, hasta este momento en el que el rector de la Universidad Nacional, un político de izquierda y miembros del sector privado coinciden con miles de mexicanos en que el presente es abominable y el futuro del país está en riesgo? Muy simple: hacer lo que estamos haciendo hoy.


O sea, necear, insistir en un modelo económico dirigido por una élite que ha depredado al país, económica, social, ambiental y moralmente. Eso.

Milenio. 2009-08-30•Acentos

  • México, ante el shock financiero más grave en 30 años: Carstens

El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, advirtió que México enfrenta el “shock financiero” más grande de cuando menos los últimos 30 años, y por ello el gobierno propondrá un paquete económico para 2010 basado en más impuestos y un endeudamiento moderado, a fin de hacer frente a un faltante de 300 mil millones de pesos para financiar el presupuesto. Se deberán tomar decisiones difíciles, recalcó el funcionario.

Nota completa en: La Jornada 12/08/09


  • Se derrumban las verdades oficiales

México SA

Carlos Fernández-Vega

Una tras otra se han derrumbado las verdades oficiales (en los hechos descaradas mentiras gubernamentales) sobre la trágica realidad económica nacional y la crisis externa que nos hacía lo que el viento a Juárez. Así, el presidente del empleo a duras penas mantiene el suyo; las sólidas finanzas públicas presumidas por Calderón y Carstens registran su momento más crítico en 30 años; el agujereado navío de gran calado zozobra; la blindada economía mexicana se desmorona en proporciones no vistas en casi ocho decenios, mientras el retórico gran futuro económico y social prometido por los dos gobiernos panistas se configura como la primera década perdida para los mexicanos en el nuevo milenio.

Aún no concluye este caótico 2009, cuando los mismos que diagnosticaron un catarrito económico para el país y pasmados vieron la debacle hoy se dicen preparados para reflotar el barco y prometen un leve crecimiento en 2010, para lo cual utilizarán el mismo recetario que ha mantenido estancado al país a lo largo de tres décadas. El próximo será un año en el que se tomarán decisiones difíciles, dijo ayer Agustín Carstens, aunque en los hechos, más que difíciles, serían mortales. Por ejemplo, como la recaudación tributaria se desplomó a lo largo del presente año, toda vez que las empresas reventaron y los empleos desaparecieron, entonces la mejor idea gubernamental es incrementar los impuestos o crear adicionales para compensar, dice, la pavorosa caída en la captación fiscal registrada en 2009. Sin duda, una excelente idea del calderonato que terminaría por derrumbar lo que el catarrito no alcanzó a destruir en su primer paseo.

El secretario de Hacienda participó ayer en el nuevo foro organizado por el Senado de la República (La evolución de la crisis económica y las medidas emergentes para enfrentarla que deben considerarse en la agenda legislativa), donde fue a repetir las sobadas recetas para que el país salga de la crisis, aunque en los hechos cada día lo hunden más. Es la familia feliz instalada en esa mágica dependencia pública, en la que se niegan a reconocer que el de México no es un problema coyuntural, sino que a todas luces es estructural; que sin golpe de timón el barco se seguirá hundiendo y que tres años son muchos, y muy peligrosos, si se aferran al modelito. Con bombos y platillos el doctor catarrito promete un leve crecimiento económico para 2010, tal vez de 3 por ciento, proporción que en el lejano caso de concretarse sólo confirmaría –por si alguien dudara– que el sexenio calderonista ha sido un desperdicio político, económico y social.

En ese mismo foro en el que para encontrar soluciones a la crisis participan muchos de los que negaron su existencia (el propio Carstens, el ágil Gerardo Ruiz Mateos, el simpático Javier Lozano Alarcón y el eficiente Javier Molinar Horcasitas), pero que se dicen dispuestos para enfrentarla. Otros, que nunca la negaron y que, por el contrario, no han quitado el dedo del renglón, asistieron para decir lo que el gobierno calderonista se niega a oír, como en el caso del rector de la UNAM, José Narro Robles, quien subrayó que la crisis no es sólo coyuntural, sino que tiene raíces estructurales, por lo que requerimos cambiar un modelo que se ha agotado y que ya no muestra ser el conveniente para México. Invito a emprender la refundación de la República, y para ello el Senado es el espacio privilegiado para hacer el llamado para establecer un mecanismo que permita acordar los consensos necesarios para diseñar la nueva estructura del país. En el modelo seguido están las causas de la crisis y de una de sus expresiones: la disminución de los ingresos tributarios. Sin la acción compensadora del Estado, el mercado no puede regularse por sí mismo y menos resolver las injusticias sociales. El bienestar de la población y su seguridad social son los puntos más importantes, con el apoyo de la educación y la investigación.

Pero Carstens como quien oye llover. Insistió en su tesis de aumentar impuestos o aplicar nuevos en 2010, qué más da, pues la idea es recuperarse del desplome en la recaudación fiscal 2009. “La brecha de financiamiento del próximo año será de cerca de 300 mil millones de pesos, y se estima emplear 60 por ciento de los fondos de estabilización en 2009, lo cual implica que el remanente que quedará para 2010 será mucho menor. Por ello, ante el shock financiero más grande que ha recibido el país en los últimos 30 años, será necesario proponer un déficit público moderado que se reduciría al recuperarse la economía y la recaudación, para cerrar de nuevo con presupuesto balanceado en 2012. Esta medida procuraría atender la reducción transitoria en la recaudación tributaria”, según dijo.

Además, recortar el gasto público en prácticamente todos los renglones, menos en los superfluos, en las grandes comilonas, elevados salarios y portentosas prestaciones; en la conservación de macetas presidenciales o en las galletitas predilectas de la first lady, mucho menos en los vergonzosos emolumentos de ministros, comisionados, consejeros, integrantes del gabinetazo y demás fauna que dice gobernar este país, entre ellos los ineficientes partidos políticos, los cuales a pesar de todo no dejarán de recibir lo suyo. No se recorta eso, pero sí habrá más impuestos para que paguen los de siempre, si es que sobreviven a 2010, año a todas luces peor que este caótico 2009.

Mientras el doctor catarrito repetía su estribillo, el inquilino de Los Pinos hacia lo propio: hemos evitado que una crisis económica tan severa, la más grave, quizá que se tenga registro en el mundo, arrasara con el empleo en México como pudo haberlo hecho. Sí nos impactó, desde luego, lo sabemos (pero) en dos meses se han logrado generar más de 35 mil plazas. Qué bueno, porque ya sólo faltarían 665 mil de ellas para recuperar el nivel de empleo registrado en 2007, el que, desde luego, tampoco se alcanzará en 2010.

La Jornada 12/08/09

El fracaso histórico del gobierno panista de Felipe Calderón ha traído como consecuencia que desde todos los ámbitos se haga una evaluación del actual desastre nacional y, sobre todo, que se analicen las gravísimas derivaciones que entrañaría para México permitir que en los próximos tres años un grupo de ineptos e improvisados cuadros de la ultraderecha mexicana sigan jugando con los destinos del país.


1. La República no tiene ahora para sobrevivir más alternativa que a) exigir al gobierno de facto calderonista que tome en cuenta los resultados de las elecciones y que se vaya, lo que muy difícilmente va a hacer, o b) la de acotarlo con todos los recursos constitucionales y de hecho de los que disponen los mexicanos, para impedirle que siga depredando al país, dilapidando los recursos nacionales y entregando riquezas estratégicas al exterior.


2. En un régimen parlamentario, como el que tiene la mayoría de los países europeos, el problema de un gobierno repudiado tras unas elecciones legislativas de manera tan contundente como acaba de serlo el de Calderón, se soluciona con una práctica institucional muy simple: el jefe de gobierno desaprobado renuncia y se va a su casa, y la mayoría legislativa nombra a uno nuevo que pueda tener la confianza de las mayorías: sin mayores aspavientos. Aquí, sin embargo, Calderón y los representante de los grupúsculos de extrema derecha que con él se apoderaron ilegalmente del poder en 2006, se están aferrando a éste, y a pesar del discurso meloso y poco creíble con el que ahora se dirigen a las otras fuerzas políticas hablando de diálogo y de concertaciones para hacer viable, según ellos, lo que resta del desastroso sexenio, pretenden seguir imponiendo al país por la fuerza las mismas políticas antinacionales y antipopulares que son su obsesión, y que han enriquecido sin límites a unos cuantos grupos, pero empobrecido a las mayorías.


3. Las políticas monetaristas que la nueva clase política fue imponiendo al país desde 1982, y que son las que hay que revertir, supusieron ir en contra del marco constitucional mexicano, ignorando los derechos originarios de la nación sobre sus recursos estratégicos, y haciendo nulos los derechos sociales de los mexicanos en aras de un nuevo modelo económico, el que fueron aplicando sumisos los gobiernos de Salinas, de Zedillo y de Fox, burlando a la Constitución, y en el que la toma de decisiones se fue desplazando del Estado nacional a las corporaciones trasnacionales y a los centros de poder financiero de Washington, y ahora con el PAN incluso a las agencias del gobierno estadunidense.


4. A este proyecto se agrega lo que sería ahora un punto clave del programa central de las mafias seudoempresariales salinistas y de la ultraderecha ideológica que por el momento arropan a Calderón –las que pretenden haberse apoderado del poder político por varias décadas para usufructuar en su beneficio los recursos de la nación–, y que consiste en lo esencial en utilizar ilegalmente a las fuerzas armadas mexicanas en una supuesta cruzada contra el crimen organizado, para crear un escenario de terror destinado a amedrentar y someter a la población y a los movimientos sociales, a fin de crear las condiciones para acelerar el desmantelamiento del Estado nacional.


5. Estas políticas del capital trasnacional y de los grupos que le sirven en cada país como punta de lanza son las que ahora mismo están tratando de echar abajo, entre otros, a los gobiernos de Evo Morales en Bolivia, de Fernando Lugo en Paraguay, o de Hugo Chávez en Venezuela, los cuales reivindican los derechos de esas naciones a sus recursos estratégicos; defendiendo el carácter prioritario de los derechos de los trabajadores, de los campesinos, de los pueblos indios; y anteponiendo la soberanía de los estados nacionales a las pretensiones de las corporaciones multinacionales: exactamente lo contrario de lo que buscan Calderón y los pirrurris panistas.


6. El problema de lo que está aconteciendo en México durante el gobierno actual no puede reducirse, por consiguiente, a la por otra parte notoria y evidente ineptitud y perversidad de los gobernantes actuales, y a la utilización perversa que están haciendo de los recursos públicos –desviándolos de sus objetivos constitucionales para utilizarlos de manera patrimonial–, lo que llevaría a una insuficiencia de las políticas sociales del gobierno, según señala como punto central la evaluación hecha por la UNAM y el CIDE que reprueba a Calderón, y de la que ayer dio cuenta La Jornada.


7. El problema de México no es nada más de insuficiencia de las acciones gubernamentales, sino de políticas públicas equivocadas y perversas, que en vez de buscar el bienestar y la felicidad de los mexicanos están destruyendo a la nación en aras de satisfacer la voracidad de las grandes corporaciones y tratar infructuosamente de consolidar a nivel global un proyecto que es repudiado en todo el orbe.


8. La única vía que tiene México para salir adelante es la opuesta a la que buscan Calderón y los panistas yunquistas que lo acompañan y es la de establecer un régimen de respeto a la legalidad constitucional y que impulse las reformas necesarias para hacer viable una vida democrática en el país y ello supone acotar ya, desde ahora, al hampa panista.


9. La otra vía, y que es la que la extrema derecha en el poder se ha empeñado en abrir a los mexicanos, al violentar y desmantelar la legalidad constitucional, cancelar los derechos sociales e individuales de las mayorías y hacer inviables los procesos electorales y el principio de la representación política, es la de la insurrección popular, que a unos meses de cumplirse los 200 años del comienzo de la Independencia y 100 años del inicio de la Revolución Mexicana, está cobrando nuevos significados para muchos sectores en el país.


10. Los tiempos que vienen van a ser determinantes en lo que va a ser el México del siglo XXI, pero lo que es cierto es que la mayoría de los mexicanos no quieren que siga siendo este país saqueado por unos cuantos grupos y que millones de mexicanos sobrevivan sin derechos reales en la explotación y la marginación, modelo que el gobierno espurio del PAN se empeña en seguir consolidando.

La Jornada 24/07/09

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