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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Habiéndose servido de México como plataforma para incidir en la política interna de Cuba, el papa Benedicto XVI abandonó nuestro país sin pena ni gloria. Inserta su visita en el proceso electoral federal en curso, las luces de los reflectores mediáticos se dispersaron a lo largo de la visita papal, privilegiándose más la imagen de un Felipe Calderón comulgando en público y la presencia en misa de los tres presidenciables,  que el mensaje del pontífice contra las adicciones y el llamado a la paz y la concordia en el marco de la libertad de conciencia.

Para quienes aseguraran que la visita papal a México incidiría en el proceso electoral, induciéndose el voto católico a favor de la derecha y ultraderecha panista, la cosa no les resultó tan así. Fuera de quienes desde distintas partes del país y de la propia entidad federativa sede, concurrieran a los tres días de festejos religiosos, en la mayor parte del territorio nacional la presencia de Joseph Ratzinger en México al parecer no tuvo mayor impacto y relevancia, aún entre quienes profesan la fe católica.

Atendiendo a la amplia difusión mediática, la visita papal se prestó más a los ya clásicos dimes y diretes propios de la clase política, que a la reflexión sobre la razón de Estado tanto para el Vaticano como para México, de la presencia del sumo pontífice cómo paso previo a su misión en Cuba.  Si el perredista Guadalupe Acosta Naranjo desairó al presidente Calderón dejándole con la mano extendida ó si Fox saludó de mano y le palmeó la espalda a López Obrador, fue el tema para descalificaciones, comentarios y chascarrillos en torno a la visita papal.

El desacato presidencial a lo dispuesto por la Constitución Política de los estados Unidos Mexicanos, comulgando Calderón Hinojosa en público en un acto protocolario oficial de encuentro de dos jefes de Estado, fue la cereza del pastel con la que la visita de Ratzinger dejara de ser tema mediático sustantivo  para pasar a ser simple accesorio en la vida político electoral doméstica. La perversidad de nuestra ramplona clase política, se impuso a los propósitos papales.

Pasarela de políticos, mensajes subliminales referidos al proceso electoral en curso, opacaron así el reto lanzado por el pontífice al Estado mexicano en relación a la modificación y aplicación en su caso del Artículo 24 Constitucional, referente a la libertad de conciencia. Tema retomado por Ratzinger como eje central del objetivo buscado frente a pueblo y gobierno cubano.

De manera abierta o velada, tanto en la expresión corporal como lo dicho en entrevistas al calce, la clase política mexicana presente en los servicios religiosos dejó entrever su prioridad, la elección de julio próximo, antes que tomar con toda seriedad el mensaje papal. Benedicto XVI aró en el desierto.

De cómo reaccione el gobierno cubano en su proceso de reformas económicas y mayor apertura a partir de la visita papal, accediendo a un “aterrizaje suave que abra un futuro de esperanza y una transición democrática digna del ser humano y del cubano” se constatará si el periplo del líder de la grey católica fue exitoso, o todo se reduce a un anodino intercambio protocolario entre Jefes de Estado.

Lo que sin temor a equivocarnos se puede afirmar, es que poco o nada influyó la visita papal en la intención electoral del PAN. El peso de la mala vibra que arrastra Calderón Hinojosa,  influye más en el pueblo de México que la visita de un papa. Tan no fue determinante la presencia de Ratzinger para los propósitos de la derecha que hubo necesidad de lanzar una nueva cortina de humo mediático, el espionaje telefónico a Josefina Vázquez Mota. Así que, a unas cuantas horas del inicio de las campañas presidenciales, las cosas para el panismo siguen estando iguales o peores que antes del arribo de Benedicto XVI a México  y la exhibicionista comulgada de Calderón en Guanajuato, cuna de la reacción cristera.

Hojas que se lleva el viento

Tan pero tan pobre se manifiesta la caballada priísta en Veracruz, que Enrique Peña Nieto tuvo que echar mano de un “chilango” para coordinar su campaña en tierra jarocha. En mala hora su decisión, acelerada e improvisada conociendo el negro historial de Jorge carvallo a su paso por el estado de México, así como presuntamente desconociendo el mafioso papel que el ahora diputado local y titular de la Comisión de Coordinación Política del congreso local, jugara como presidente del CDE del PRI durante el mandato de Fidel Herrera Beltrán. La venta de alcaldías y diputaciones locales, más el paso de charola para financiar las campañas del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, son del dominio público en la prospera aldea. Entre el pueblo veracruzano también el priísmo local tiene memoria y no perdonará prepotencia y autoritarismo de quien consideran arribista y “malandrín”.

Con la cuestionada mancuerna integrada con  Jorge Carvallo y Erick Lagos, uno coordinador de campaña de EPN y el otro, presidente del CDE del PRI en la entidad, todo apunta a que el tricolor se dejará ganar la elección presidencial por un panismo dividido y maltrecho, si es que no por una coalición de las llamadas izquierdas que, pese a prácticamente no pesar en la vida política veracruzana, pudiera dar la sorpresa. Así están las cosas en el partido del cual es líder moral y promotor del voto el Sr. que dicen manda en Veracruz.

Por cierto que no obstante la ley es muy clara al respecto, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa durante la campaña electoral no renunciará a la mediática en la que teniendo como centro si imagen, tratará de hacer tanto ruido como sea necesario para justificar su paso por el gobierno de Veracruz y su persistente propósito de demostrar que con “Adelante” se acabarán los pobres o cuando menos la mitad de éstos. No tiene otra cosa en la faltriquera, ni siquiera dinero público, sólo cuantiosas deudas en un erario saqueado. Además aún lo logra entender que gobernar a periodicazos es tan ineficaz como efímero. Sobre todo cuando la publicidad política es fiada y los dueños de los medios informativos no saben para cuando se les autorizará el pago de facturas pendientes estando las cosas como están en una tesorería quebrada.

Lo que todo es hoy miel y saliva en materia de comunicación social, podría revertirse en contra del gobernador veracruzano si algún audaz se atreve a denunciar ante las autoridades electorales, el desacato en que incurre el gobierno estatal al promover la personalísima imagen del titular del poder ejecutivo.

La prensa nacional es importante si se trata de comunicarle al país que Veracruz tiene gobernador. Pero más importante es la local cuando de agitar el cotarro se trata. Así que aguas, no se vale tener seco el pesebre.  Mérida, Yuc., marzo 28 de 2012

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J. Enrique Olivera Arce

Mientras los halcones de la guerra persistan en poner en riesgo la seguridad mundial y gobiernos y banqueros no le encuentren salida a la crisis sistémica globalizada, lo que nos ofrece el futuro es poco halagador. Sin embargo, como se dice, la esperanza muere al último.  De ahí que en medio de un panorama incierto, nos aferremos a nuestros buenos deseos, para uno y para todos, con un renovado optimismo en que el año que recibimos, a diferencia del anterior, traerá torta bajo el brazo.

Que bueno, salvo que nuestro esperanzador optimismo se cifre en enterrar la cabeza bajo la arena y no en la valoración de una realidad en la que, como sociedad y en lo personal, estamos inscritos. El levantar el rostro en medio de la tormenta podría acarrearnos nada gratas sorpresas.

Por lo pronto, al margen de nuestros buenos deseos de bienestar y prosperidad, los malos augurios se dejan sentir en el inicio del nuevo año. Ya en pleno proceso electoral el presidente Calderón deja en manos de Dios la esperanza salvadora ante la incapacidad humana para desfacer sus propios entuertos, al mismo tiempo la bancada del PRI en la Cámara baja, auspicia reformas constitucionales que eliminan candados de control a las organizaciones eclesiásticas, haciendo permisible que se metan hasta la cocina en la vida pública de la Nación.

Esto, como ya lo han analizado y comentado expertos en la materia, reviste a mi juicio extrema gravedad. No estando el horno para bollos, el agregar el condimento religioso  al desmadre de un régimen político en crisis, crispa los nervios en los tendidos. Perdida la confianza en la institucionalidad se cae en actitudes de anárquica autodefensa, depositándola cada quien en el santo de su devoción o en la capilla dogmática y sectaria de su preferencia. Incidiendo negativamente en todo esfuerzo de cohesión del tejido social y unidad en torno a la atención de los grandes problemas nacionales.

La participación social y política se substituye con la oración, responsabilizando a Dios lo mismo de la reparación de entuertos presentes como en el devenir del mundo y de la Nación, mientras los pastores de rebaños enteros se uncen a la carreta de la corrupción.

Nuestra historia patria da cuenta de adonde puede llevarnos el mezclar lo divino con las tareas mundanas en la lucha por el poder. No se puede poner más leña al fuego atentando contra un ya de por sí cuestionado Estado laico de derecho.

Paradójicamente, el movimiento nacional que encabeza López Obrador llama al despertar de la sociedad, a la par que confundiendo amor al prójimo, solidaridad con los menos favorecidos y profundo amor a México,  genera una corriente de opinión  cada vez más cercana a los postulados de las tribus neo cristianas que, cual hongos en tierra fértil, proliferan por doquier en detrimento del tejido social. Amor en el Dios dogmático, perdón a los agravios, ofreciendo a nuestros enemigos la otra mejilla como respuesta al mundano sufrimiento.

Todo sea en nombre y a cuenta del triunfo en la elección de julio próximo. El fin justifica los medios. El sometimiento a los designios del Señor de una sociedad inerme y agachona, definirá el resultado del sufragio, calculan los estrategas electorales de partidos, coaliciones y candidatos, sin advertir que están destapando la “Caja de Pandora”. Mérida, Yuc.- Enero 4 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Felipe Calderón Hinojosa

Parafraseando a Torcuato Luca de Tena, los caminos torcidos de Dios enmarcan cinco años de gobierno del hombre de Felipe de Jesús del Sagrado Corazón Calderón Hinojosa y el principio del fin de su mandato. México está como está porque “así lo quiere Dios”, expresó el mandatario mexicano refugiándose dogmáticamente en la teología para no reconocer públicamente el fracaso de su gobierno, así como de su estrategia de guerra, combatiendo el fuego con fuego pretendiendo abatir consecuencias sin tocar las causas que dan origen al clima de deterioro social y político que tiene en jaque a la gobernabilidad.

Con la renuncia tácita del Estado como hacedor y conductor de los destinos de México, dejándolos en manos de Dios, Calderón Hinojosa confirma la percepción de que el régimen político imperante, obsoleto y caduco, toca fondo en lo más profundo de su crisis. Incapacidad, impotencia, prepotencia y sectario voluntarismo del titular del Poder Ejecutivo del gobierno de México, reflejan el todo de una clase política que no da más en sus afanes hegemónicos de mantenerse por encima de la voluntad del pueblo al que dice representar.

Que sea lo que Dios diga, retrocediendo siglos para ubicar a México en la Edad Media, habla por sí del estado de cosas que priva en una llamada clase política sin rumbo y sin tamaños para afrontar las nuevas realidades del país y del mundo. Lo que no se dice es si el Dios al que se acogen no sea más que el becerro de oro al que rinden adoración y pleitesía.

En este escenario habría que ubicar ya no a lo que se espera del último año del calderonismo, cuyo fracaso es manifiesto, sino al proceso electoral que desembocará en el relevo en el Congreso de la Unión y del presidente de México. La política en manos del designio de los dioses, con ayuda de los hombres ungidos como semidioses a los que el común de los mortales debemos adoración y sumisión.

Ya no es el “haiga como haiga sido”, en el que el fin justifica los medios sino el Dios dirá, en boca de los candidatos, el que regirá el resultado del sufragio. A ello debemos acogernos para cifrar nuestras esperanzas, futuro y destino como país y como sociedad. El triunfo en las urnas del semidios más cercano a la voluntad divina, será el paso previo al fascismo y a la hoguera. Porque así lo quiere Dios para castigar la incapacidad de lo humano para conducirse por el camino de bien común.

Si así está dispuesto por ley divina, ¿qué caso tiene poner en manos de los hombres parafernalia y oropel de una campaña electoral presumiblemente democrática? ¿No acaso bastaría esperar la emisión de humo blanco en la cúpula del poder  para conocer lo que Dios dispone para el nuevo sexenio?,  tal cual práctica del PRI en sus procesos internos de selección de dirigentes.

Si así fuera, el dinero de los contribuyentes destinados a costosas campañas electorales, tendría mejor destino si se aplicara a obras piadosas que nos rediman de toda culpa, para así enfrentar libres del pecado de soberbia a la Santa Inquisición, pues  ¿quiénes somos, humildes mortales, para desear privar a Dios de su santa voluntad?

“Algo huele mal en Dinamarca”, más vale prepararse para lo peor.

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