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Tag Archives: Etica política

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Bajo condiciones y contextos distintos, siguiendo el modelo brasileño arrancó en México la cruzada contra el hambre con una parafernalia sin precedente. Contradiciéndose con el propósito presidencial de austeridad lo que se vivió en Las Margaritas, Chiapas, fue la representación teatral política y financiera más onerosa de los últimos treinta años, cuando menos.

La concentración de todo el gabinete legal y ampliado, 30 gobernadores, senadores, diputados, más de 10 mil indígenas acarreados, soldados y policías en torno al presidente Peña, trajo nuevamente a escena la parafernalia con la que el PRI acostumbrara destacar su poder hegemónico sobre la Nación, exacerbando las formas para arropar el vacío de contenido.

Los discursos ahí vertidos, desde el del gobernador Velasco hasta el del Sr.  Peña, tuvieron de todo, menos autenticidad. Las medias verdades y medias mentiras como estrategia mediática,  sin una autocrítica profunda del hacer y deshacer de más de 70 años de gobiernos priístas dando la espalda a la pobreza y abandono de los pueblos indígenas,  no logra ocultar la verdadera intencionalidad de un gobierno que le está apostando a más de lo mismo: los pobres como objeto y no como sujetos de su propio desarrollo. ¿O acaso no lo indica así el acarreo de miles de indígenas de 122 municipios chiapanecos para aplaudir al Sr. Peña?

Abatir estadísticamente el hambre de  7.4 millones de mexicanos de un total de más de 50 millones en el medio rural y centros urbanos en condiciones de pobreza y pobreza extrema, siguiendo tardíamente el ejemplo de un aún cuestionado éxito del programa “Hambre cero” del presidente Lula en Brasil, suena a demagogia, afán mediático de trascender como el estadista que “saldó la deuda histórica” con los pobres  de este país y, de paso, con los pueblos originarios en una falsa respuesta en territorio rebelde al silencioso reclamo de justicia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

¿Cuánto costó el poner toda la carne en el asador para tratar de convencer de que una deuda histórica con más de quinientos años de opresión, exclusión y abandono, el Sr. Peña y su partido lo saldará en seis años?

Despilfarro de recursos públicos y de capital político, para no convencer a nadie con un palmo de razón;  atendiendo únicamente al frágil estatus del beneficio de la  duda que se le concede a un presidente de la República cuyo ascenso a la titularidad del poder ejecutivo federal, registra cuestionables irregularidades como ya lo está reconociendo el Instituto Federal Electoral.

Lo que mal empieza mal acaba, reza el refrán. No se puede hablar con seriedad de abatir el hambre de un pueblo, tirando la casa por la ventana para anunciarlo.

Sin embargo, lo gastado y lo comido ahí queda para la posteridad. Lo relevante es el contenido programático, el como, con quién, y los recursos presupuestales destinados para materializarlo. Y ahí es donde la marrana empieza a torcer el rabo. Como propósito de legitimación viste al nuevo presidente: todo y con todo contra el hambre y la pobreza. El escollo desde ahora a salvar, es su implementación nacional desde una administración pública instrumentalmente ineficiente, ineficaz y corrupta en los tres órdenes de gobierno; una clase política sin sustento ideológico que le identifique con un modelo extralógico (“Hambre cero”), que ni entiende ni conoce y;  una iniciativa privada que careciendo de vocación humanista le es ajena la solidaridad social que pudiere comprometerle con los que menos tienen.

Andrés Manuel López Obrador  en su momento propuso que “primero los pobres”. Conocemos la respuesta de los poderes fácticos.

“Hambre Cero” En 2003, fue descrito como un “programa creado para combatir el hambre y sus causas estructurales, que perpetúan la exclusión social. En otras palabras, “Hambre Cero” fue creado para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional a todos los brasileños y brasileñas. La seguridad alimentaria es más que terminar hoy con el hambre. Significa garantizar que todas las familias puedan alimentarse por sus propios medios, con dignidad, comiendo regularmente la cantidad de alimentos con la calidad necesaria para mantener su salud física y mental. (FAO).

Brasil y su particular problemática no son lo mismo que México y su coyuntura. El PRI de Peña Nieto no es el Partido del Trabajo de Lula y Dilma Rousseff. Sin un gobierno fuerte con un amplio respaldo popular, incluyendo un catastro único que permita identificar a los beneficiarios, garantizar la transparencia en el manejo de los recursos, y perfeccionar el proceso de selección de los beneficiarios (ONU), la cruzada a emprender quedará en el papel como una fallida buena intención. Brasil lo intentó y los resultados no han sido del todo satisfactorios. La pobreza, el hambre, la desigualdad y la exclusión son fenómenos estructurales concomitantes y consubstanciales al sistema mundo dominante  -así como, en su caso, al modelo neoliberal de desarrollo adoptado por el gobierno de México y cuya continuidad corre hoy a cargo del Sr. Peña-, que no se modifican con voluntarismo autoritario, así sea el de un presidente de la república.

A ello habría que agregar lo disímbolo de criterios e intereses creados que mueven a cada uno de los gobernadores del país y al Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Pues una cosa es manifestarse por lo “políticamente correcto”, aplaudiendo y sumándose de dientes para afuera a la estrategia presidencial y otra, muy distinta, a secundarla en los hechos. La guerra contra la delincuencia organizada emprendida por Felipe Calderón a lo largo de su sexenio es un ejemplo de ello.

Que más quisiéramos que le fuera bien a México en todos los órdenes de la vida nacional, empezando por abatir el enorme rezago social que históricamente marca las condiciones de subdesarrollo del país, así como creando condiciones para dar sustentabilidad a la microeconomía que descansa en el empleo y el ingreso familiar. Pero ¿eso es posible sacando teatralmente de la chistera al conejo? ¿O hace falta otra cosa? El tiempo y la paciencia de los millones de pobres de este país lo dirá. Por lo pronto esperemos la contra respuesta del EZLN.

Hojas que se lleva el viento

¿Ahora sí el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa podrá como lo prometiera,  abatir en un 50% la pobreza en Veracruz?

 Cd. Caucel, Yuc., 22/01/2013

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Justificado estupor entre periodistas con funciones de voceros oficiosos del gobierno estatal, el que pese a los varios intentos por sabotear la posible alianza electoral entre el PRD y el PAN con vías a la elección en Veracruz de diputados y alcaldes, la alianza contra viento y marea va.

¿Cómo es posible una alianza entre institutos tan disímbolos? Se preguntan con la intención de satanizar lo que ya parece ser un hecho, como un último intento por convencer a perredistas y panistas de base de lo absurdo y obsceno que resulta en política el mezclar el agua con aceite. Y tendrían razón si en el seno de los partidos políticos en México existiera, por un lado, un mínimo de ética política y, por otro, un arraigado  apego ideológico y programático a propósitos y objetivos superiores encaminados al bien común.

Más no es así. El pragmatismo se impone por sobre ideologías; el interés inmediatista domina el escenario de la vida política nacional, a la par que los intereses de la partidocracia son ajenos al bien común de las mayorías a las que dicen representar. La ausencia de ética política, del presidente de la República para abajo,  no da cabida a diferendos ideológicos, dominando pura y simplemente el pragmatismo como norma de conducta y guía para la acción.

Independientemente de lo que pretendan obtener el PRD y PAN en el intercambio de favores y abalorios con el Sr. Peña Nieto a través de su participación en el llamado “pacto por México”, para la cúpula de las principales fuerzas opositoras es vital mostrar el músculo en la contienda electoral. De su fuerza expuesta en las urnas va de por medio no sólo su supervivencia, también el estar en condiciones de vender más caro su amor. Nada que ver con ideologías de izquierda o de derecha cuando de hecho la partidocracia en su conjunto se inclina a favor de mantener el statu quo sistémico. ¿O no acaso de facto y en términos prácticos el PRD no es la izquierda de la derecha?

Bajo este supuesto, pragmáticamente lo que procede es capitalizar la aviada de un sentimiento anti priísta fortalecido a lo largo de los últimos años en el seno de la sociedad mexicana. Derrotar al PRI es el objetivo, tanto para establecer contrapesos en el juego de equilibrios políticos como para incrementar presencia y acceso a la toma de decisiones en la mesa de negociaciones.

En este contexto, tanto para el PRD como para el PAN, está claro que solos no lo lograrían al enfrentarse a una maquinaria electoral respaldada por el presidente de la república y los gobernadores priístas. De ahí que la mejor opción en el escenario inmediato es ir juntos tras el voto ciudadano. Y aquí es donde se inscribe el proyecto aliancista para Veracruz bendecido por la instancia cupular partidista opositora.

Todo lo que se diga o deje de decirse al respecto por parte de los amanuenses oficialistas, no es otra cosa que un mecanismo de autodefensa del gobierno estatal y el PRI, auspiciado y orquestado desde la presidencia de la República. El Sr. Peña está obligado al carro completo para su partido porque al igual que las fuerzas opositoras, requiere de fuerza y contundencia en la mesa de negociaciones para sacar adelante su ambicioso proyecto de gobierno. La moral se deja para el árbol que da moras, la ética política se subordina a los intereses personales y de grupo, y la ideología se guarda entre cuatro paredes en los claustros universitarios. Mostrar quien tiene el poder y como se ejerce en lo inmediato, es propósito, objetivo, forma y fondo del quehacer político en la circunstancia actual del país. Todo lo demás, simple patraña para consumo de una mayoría desinformada a la que se pretende manipular enfrentando mediáticamente  a los buenos y a los malos de la película.

En Veracruz para bien o para mal la alianza va. ¿Qué posibilidades de triunfo se vislumbran para los candidatos de la coalición PRD-PAN?, está por verse. Todo depende del acierto en la selección de los abanderados designados, sin echar en saco roto la posibilidad de que a estas alturas no esté ya negociado en lo oscurito el cochupo entre las dirigencias estatales de los partidos por coaligarse y el gobierno del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa.

Lo que si se podría asegurar es que pese a la división interna en los partidos opositores que se ha venido cocinando desde tiempo atrás por conocidos operadores oficiosos, para el tricolor la elección de diputados y alcaldes de cuatro años no será juego de niños. Son demasiados los agravios sufridos a manos de gobiernos priístas, que los veracruzanos en las urnas podrían aplicar la misma receta que en julio del 2012. Y aunque en primera y última instancia todos los partidos no guardan diferencias de fondo entre sí, nada con el PRI aunque se venda el alma al yunque o al  demonio.

Hojas que se lleva el viento

La cruzada nacional contra el hambre que simbólicamente iniciará mañana lunes en territorio zapatista del estado de Chiapas, contempla un mayor énfasis en políticas públicas de asistencia social y caridad privada que de antemano están enfocadas mediáticamente a taparle el ojo al macho. La pobreza y el hambre se combaten con empleo; salarios dignos; infraestructura productiva; asistencia técnica eficaz; organización de y para la producción; capacitación; precios de garantía; capital semilla, crédito e insumos suficientes, baratos y oportunos a los productores de bajos ingresos. Pero sobre todo, con el respeto y reconocimiento a los que menos tienen como sujetos de desarrollo y no como objeto inerme al que hay que cambiarle el rostro.

-ooo-

La balanza presidencial parece estarse ya inclinando a favor de la entidad federativa que hasta hace unos meses comandara Ivonne Ortega, actual secretaria general. del CEN del PRI. Con una inversión federal inicial del orden de 50 millones de pesos, se trabaja ya en lo que será el mega Parque Metropolitano Lineal de la Ciudad de Mérida. En una superficie de 80 hectáreas el nuevo “pulmón de la ciudad de la paz” en su primera etapa contará con 20 mil árboles, una ciclo pista y andadores de 12 y 28 kilómetros respectivamente. El gobierno estatal priísta y el municipal de extracción panista, se despojan de la camiseta partidista y convienen jalar parejo a favor del entendimiento y el trabajo en equipo en  beneficio de los meridanos. ¿Y Xalapa? Sin comentarios, lo prioritario es la politiquería electorera.- Cd. Caucel, Yucatán, enero 20 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vive, piensa, opera y se beneficia de y para desde las entrañas mismas del poder fáctico, luego no pueden considerarse incongruentes las declaraciones públicas de Diego Fernández de Ceballos cuando con firmeza afirma: “Siempre he estado en contra de alianzas, y de cambios repentinos y de etiquetas que se pongan o se quiten”, refiriéndose a la presunta alianza en construcción entre su partido, el PAN, y el de la “Revolución Democrática” de los chuchos.

Sabe más el diablo por viejo y retorcido que por diablo, luego Fernández de Ceballos conoce de lo que habla y de lo que el mezclar agua y aceite en política significa, cuando se atraviesa por una profunda crisis del sistema electoral y de partidos en un país que ha perdido el rumbo.

Los extremos se tocan. No es circunstancial que desde la trinchera de enfrente, Andrés Manuel López Obrador, con el mismo talante, coincida con el “Jefe Diego”.  Ambos saben lo que está en juego y, cada uno, a su muy peculiar estilo de navegar en las turbulentas aguas de la política nacional, sopesa el riesgo que se corre tanto para la derecha como para la izquierda, en su caso, con  el travestismo político y un pragmatismo sin límite que desdibuja diferencias ideológicas, valores, principios, y programas en los que debería sustentarse el objetivo sustantivo de todo partido político de masas, que es la toma del poder.

Con visión de Estado en un horizonte de largo plazo, por sobre lo coyuntural, ambos personajes parecen vislumbrar lo que para el sistema electoral y de partidos políticos representan “las alianzas contra natura”, como ha sido dable observar en las últimas elecciones de gobernador en Oaxaca y Guerrero y sus indudables consecuencias para un endeble intento por construir una democracia representativa moderna  en nuestro país.

Triunfo pírrico el de las alianzas ganadoras. De la contradicción sustantiva se derivan otras no menos graves que restan gobernabilidad y credibilidad, como ya está aconteciendo en Oaxaca o, para no ir muy lejos, con la coptación por Fidel Herrera Beltrán  de las cúpulas partidistas de oposición en Veracruz, generando desconcierto, confusión, incredibilidad y dispersión en el electorado; resultando de tal “alianza de facto”  un gabinete de chile de dulce y de manteca en el que cada quien lleva agua a su propio molino;  así como un Congreso local sin disidencia, manifestándose incapaz de operar con autenticidad y legitimidad como representante de la voluntad popular.

El pragmatismo político tiene límites implícitos, en forma y fondo, no contemplados en la legislación electoral vigente ni en la práctica política ortodoxa. El persistir en transgredirlos nos ha llevado a la inoperancia de las reglas mínimas de civilidad del juego electoral operando, paradójicamente, en contra de los mismos que hacen del pragmatismo sin límite el pan de cada día, los partidos políticos,  que han perdido institucionalidad, credibilidad, vigencia y razón de ser para la incipiente vida democrática de México, arrastrando consigo al  sistema electoral en su conjunto.

El categórico mensaje tanto de Fernández de Ceballos como de Andrés Manuel López Obrador, así como la ausencia de consenso en el Congreso de la Unión para sacar adelante la reforma del Estado, debería considerarse como una voz de alarma; más, cuando el horno no está para bollos, con la “guerra” perdida de Calderón Hinojosa y la nada velada intencionalidad de Carlos Salinas de Gortari de auspiciar un bipartidismo a modo impulsado desde Washington. A lo que habría que sumar el imparable ascenso de la carestía y el descenso de la calidad de vida de la mayoría de los mexicanos.

Incertidumbre, inseguridad y hambre, son malos consejeros para un pueblo al que se le ha privado de esperanza y expectativas de bienestar y progreso. Observemos lo que está aconteciendo en el mundo globalizado con Egipto, Túnez y gran parte de Europa,  teniendo como escenario un renovado efecto dominó en expansión.

La crisis del sistema electoral y de partidos políticos en México está tocando fondo. No hay ni ganadores ni perdedores, “sino todo lo contrario”, no echemos en saco roto la advertencia.

Al PAN, lo que es del PAN como expresión de la derecha en el espectro político y, en contraparte, a la izquierda electoral lo que ideológicamente deberían ser sus objetivos en respuesta a las demandas de las  mayorías. De lo contrario, Carlos Salinas, desde un PRI ecléctico, perturbado, que navega a la deriva entre sus propias contradicciones, terminará por salirse con la suya.

Habría que reflexionar si un bipartidismo neoliberal en México, carente de ética política y a merced de los intereses de Washington, sería la mejor fórmula para avanzar en el marco de la turbulencia de una crisis sistémica globalizada, en la que los pueblos oprimidos ya asumen su papel protagónico.

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Koldo Campos Sagaseta

Rebelión

En la mañana, cuando Pinocho despertó, ni siquiera se puso las zapatillas. Saltó de la cama y, en pijama y temeroso, rápidamente, fue al baño dispuesto a comprobar en el espejo hasta qué punto habían crecido las consecuencias de sus mentiras.

El Hada Azul del cuento que le diera la vida también le había advertido el riesgo que supone faltar a la verdad, pero ni su nariz había crecido ni sus orejas eran las de un asno.

Recobrada la calma, Pinocho sintonizó los medios para asomarse al mundo antes de salir a la calle, y así fue que se enteró de la preocupación de su alcalde por el bienestar de la ciudadanía, del interés de su presidente y de su gobierno por mejorar sus deplorables condiciones de vida, de la disposición de los empresarios por crear empleo, del afán de los banqueros por repartir ganancias, de la inquietud de los jueces por administrar sabiamente la justicia, del esmero de los grandes medios de comunicación por difundir la verdad, de los desvelos de la Iglesia por procurarnos el pan nuestro de cada día… y comprobó Pinocho que a ninguno de los tantos defensores de la razón, de la equidad, de la moral, del pueblo, le había crecido la nariz o puesto en evidencia sus orejas de burro.

Sólo al Hada Azul.

Pulso critico

J. Enrique Olivera Arce

Javier Duarte aplica una justicia selectiva, fraguada en los sótanos de la ética política. Busca delitos en quienes ejercieron recursos minúsculos y exime de culpa, sin más argumento que el de la complicidad, al régimen fidelista.

Mussio Cárdenas Arellano

Considerando una vieja y justificada demanda de adelgazamiento del aparato administrativo gubernamental, el anuncio de un plan de austeridad y ahorro en la administración pública en Veracruz cae en tierra fértil, debería merecer reconocimiento de la población al mismo tiempo que interpretarse como señal de voluntad de cambio por parte del titular del ejecutivo.

Más, para los que saben de la diferencia entre gasto corriente y gasto de inversión, que estiman la medida como correcta y plausible el privilegiar inversión por sobre gasto improductivo. Gastar menos para hacer lo mismo, o un plus de ser posible,  en el manejo de la administración gubernamental, a la par que invertir un mayor caudal de recursos en bienes de capital, como podría ser obra pública o apoyos al aparato productivo implicando efectos multiplicadores, tanto en la dinámica económica y social de la entidad como en las finanzas gubernamentales.

Así que por principio de cuentas, bienvenida la iniciativa del gobernador en su por ahora tempranero propósito de aplicar honestidad, austeridad y racionalidad como prioridad en su administración.

Lo que no se dijo y quizá sea lo más relevante, es que al mismo tiempo el plan de austeridad debería contemplar el establecer estándares e indicadores de eficiencia y eficacia que, en cada una de las dependencias y organismos descentralizados de la administración pública estatal, permitan evaluar desempeño y transparencia en resultados medibles y cuantificables que den cuenta del avance en el hacer más con menos.  Punto de partida para entonces si hablar de honestidad, rendición de cuentas y credibilidad en la acción de gobierno.

No obstante, partiendo de experiencias previas recientes y el desconocimiento del aún pendiente Plan Estatal de Desarrollo, el ambicioso anuncio del gobernador tiene diversas aristas a considerar para su cabal aceptación y, en su caso, plena credibilidad por parte de una población en su mayoría legos en materia administrativa y financiera. Pues una cosa es querer y otra materializar un buen propósito que incida en equidad y bienestar para los veracruzanos.

En primer término, a mi modesto entender, no se habla de una límpia a fondo que libere a la administración de una corrupción enquistada que a no dudar se encargaría de dar al traste con los buenos propósitos del gobernador. Tampoco queda claro a cuanto ascienden los montos destinados a pago de nómina de los burócratas de los niveles más bajos del escalafón, por cierto mayoría, y cuanto es lo que se eroga en pago de sueldos u honorarios, compensaciones, bonos de productividad, viáticos, pasajes, vehículos, y minucias dispendiosas como gastos diversos sin comprobar, entre otras cosas, de la alta burocracia.

Habría que aclararlo, pues ahí está el pero que obliga a pensar que lo deseable se enfrenta a lo imposible.

En segundo término, no queda claro a que se destinará el ahorro estimado de 6 mil millones de pesos. Quedando la impresión en una opinión pública desinformada que el destino prioritario final de la inversión se aplicaría a la “reconstrucción” derivada de las afectaciones de los dos mini huracanes que golpearan a la entidad en el 2010.

No obstante, no se detalla a cuanto asciende el daño a cubrir por parte del gobierno federal, el  estatal, y los sectores privado y social. Un adecuado desglose sería pertinente a favor de la certeza y transparencia de una medida en principio correcta en su intención, sin que se preste a malos entendidos; habida cuenta de que en el imaginario popular lo que implícitamente se busca es pagar deudas y sanear arcas públicas en bancarrota, puesto que el metódico y  sistemático saqueo del erario bajo la administración de Fidel Herrera Beltrán se dio previamente a los fenómenos naturales que, habiendo afectado a la entidad, se tomaran como pretexto para justificar lo injustificable.

no podemos hacer de lado que también es del dominio público que el gobernador Duarte de Ochoa hereda un estado inercial de cosas en el que  entre los diversos rubros que integran el gasto corriente, el mayor peso específico recae en el amiguismo, el despilfarro, la injustificada presencia en nómina de varios cientos de seudo servidores públicos que conocidos como “aviadores”, “comisionados”, o “asesores externos”, no sólo jamás han dado golpe en las dependencias a las que nominalmente están asignados, sino que incluso, adicionalmente a los  altos emolumentos que se les asignan, obtienen al paso de los años el beneficio de una jugosa jubilación.

Se dice de una conocida e  influyente familia que hasta sus nietos no natos ya figuran en el organigrama de la administración pública veracruzana.

Ejemplos sobran. Bastaría con señalar el buen número de agraciadas jovencitas que, sin más mérito que su proclividad a la liviandad, prestaran sus servicios carnales a cambio de figurar en la nómina gubernamental con escandalosos ingresos y prebendas económicas y políticas. Nada de esto dejó de percibirse por la opinión pública a lo largo de los últimos seis años.

Irregularidades, dispendio y criminal saqueo, que por cierto el Congreso local se ha negado a reconocer en el análisis de la Cuenta Pública del período 2004-2008. No es nada circunstancial que por disposición del ex gobernador Herrera Beltrán se “blindara” la información sobre el gasto larvario de la promoción mediática del gobierno de la fidelidad.

No hay que ir muy lejos para trasmitir confianza y credibilidad en los buenos propósitos de un plan por principio plausible. Bastaría con clarificar donde y por qué, figuran en la nómina gubernamental tanto una “clase” política parasitaria, como “líderes sociales”, periodistas, amigos, ministros de culto y hasta mágicos gurús yerbateros, que medran a la sombra del poder en turno,  y entonces sí, actuar en consecuencia; tomándose las medidas pertinentes para corregir y adelgazar el gasto corriente socialmente oneroso con honestidad transparencia y buen juicio.

Pero antes que cancelar la oportunidad de los humildes al acceso a un modesto empleo gubernamental, es imprescindible aceptar con objetividad que, en las quebradas finanzas públicas estatales y municipales, por comisión u omisión, la corrupción en los mandos superiores  y no el número y presunta displicencia de la burocracia menor, es la responsable. ¿Es ello posible?

Pretender ocultar la realidad a los ojos de los mandantes, no es honesto ni merece credibilidad. Tampoco se modifica la percepción de que el pretendido cambio en propósitos y objetivos en la administración  pública veracruzana,  no deja de ser simple gatopardismo. La corrupción e intereses políticos diversos, mata buenos propósitos de inicio de gestión.

Por último, entre otras consideraciones, para no seguir aburriendo a mis tres lectores,  estimo que la honestidad en los servidores públicos, efectivamente no debería ser “un discurso”, como afirmara el gobernador Duarte. Se sustenta en la honestidad intelectual para aceptar que lo prioritario es el mandato popular expresado en las urnas y no caprichos coyunturales, excesos mediáticos y conductas ética y moralmente impropias de quienes están obligados a servir con honradez, eficiencia y eficacia en su desempeño.

Si nos atenemos al anuncio en cuestión del joven gobernante, la credibilidad en el propósito se gana con frugalidad y racionalidad en el ejercicio del gasto corriente, equilibrado manejo de las finanzas públicas y un combate frontal a la corrupción, como norma de conducta de un gobierno honesto dispuesto a romper con un pasado lamentable. ¿Podrá entonces el Dr. Duarte frenar la inercia heredada y revertir la tendencia al saqueo que aún tiñe de rojo a su administración?

Insisto de manera reiterada. Hechos concretos, no palabras que no modifican la realidad, legitimarán a la recién estrenada conducción de la administración pública veracruzana.

Mientras a la inercia heredada no se le ponga un hasta aquí, honestidad en el servicio público no pasará de ser eso, “discurso” sobre las mejores intenciones del gobernador de Veracruz. Perseguir penalmente a ediles y funcionarios de municipios de la menor relevancia, por presunta deshonestidad en el manejo del erario público, no basta. Se alborota a los ratones y se consienten a las ratas.

El gasto de inversión es otro rollo. En este renglón tan urgente como necesario es poner también freno al alto nivel de negocios que, con cargo al erario,  tienen lugar mediante el tráfico de influencias, evidente corrupción e impunidad en el ámbito de mandos medios y superiores. Los casos del “Negro” Rafael Cruz, y el “hermano incómodo” de Fidel Herrera Beltran, diputados que se desempeñaran como alcaldes y alcaldes ahora diputados o funcionarios del primer círculo del gobierno estatal, son paradigmáticos. Esto, por ahora, no viene al caso comentar pero está presente en el imaginario popular.

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Marcelo Ramírez Ramírez

Agradezco a Enrique Olivera Arce que se haya ocupado, en su espacio de la revista Análisis Político de un artículo de mi autoría, donde se exponen algunas reflexiones sobre la crisis por la que atraviesan los partidos políticos en nuestro país. La crítica de Enrique Olivera, seria y animada por el afán de exponer su verdad, me merece respeto y me estimula a precisar conceptos que analizó fuera de su contexto, cometiendo la falacia de incompletud; lo hizo, no me cabe la menor duda, sin asomo de mala fe, razón por la cual hago las siguientes observaciones en beneficio de la clarificación de tesis e ideas.


En efecto, mi texto no se presenta como un análisis exhaustivo, ni mucho menos, de las causas que han determinado la crisis de los partidos políticos en México. Desde luego, dicha crisis es “un pálido reflejo de una profunda crisis económica y política nacional”. Se necesitaría un estudio acucioso para mostrar la compleja trabazón existente entre los partidos y la evolución de nuestra sociedad. Es claro, pues, que incurriría en una simplificación imperdonable si enfocara a los partidos políticos como entidades autosuficientes y cerradas.

Enrique Olivera me califica de “idealista irredento”. Es una cualidad que sin duda compartimos, pues toda crítica al mundo tal como es, tiene su referente en un deber ser ideal que se quisiera ver realizado. Quien sostiene que el mundo puede ser mejor cae en esta categoría, tomando distancia de los conformistas y los cínicos que prefieren sacar provecho de las circunstancias. En lo relativo a “priista de cepa”, lo prefiero a “oportunista de cepa”; el PRI me dio la oportunidad de participar en la vida política de mi estado y prefiero hacer la crítica desde dentro, con la solvencia que da ser congruentes. No puedo negar mi íntimo desprecio por los tránsfugas que, sin el menor escrúpulo, cambian de partido porque así conviene a sus intereses personales.

Ahora consideremos el asunto de los orígenes. En mi artículo afirmo explícitamente que ningún retorno es posible, porque el pasado lo es justamente porque ya quedó ahí, en un tiempo irrecuperable. No puedo, por tanto, querer “volver a un México que ya no existe”. ¡Obviamente no! En cambio hay una forma de retorno cuando se replantean, en un nuevo contexto histórico las aspiraciones, propósitos y objetivos que dieron forma a una determinada institución; en este caso, a los partidos políticos. Coincido con Enrique Olivera en que los partidos, todos sin excepción, dejaron de cumplir su responsabilidad política al perder su identidad ideológica, en que necesariamente se encuadran diversos proyectos de nación; implícito en mi escrito, lo manifiesto ahora con toda claridad. Por otra parte, no presento mis ideas como una propuesta, sino como una invitación a un ejercicio de reflexión, al cual Enrique Olivera ya ha aportado interesantes puntos de vista.

En lo concerniente a mi crítica al gobierno del presidente Felipe Calderón lamento haber sido mal interpretado. Yo no atribuyo a la actual administración federal la responsabilidad de haber supeditado al país a las políticas neoliberales. Estas se impusieron en México a través de y con la complacencia de la tecnocracia formada en universidades extranjeras, aproximadamente desde los inicios de la década de los 80`s del siglo pasado; no obstante, a partir del año 2000 la responsabilidad de la conducción política del Estado mexicano ha sido de los panista o, más específicamente, de los neopanistas y éstos han ampliado y profundizado la dependencia, porque su óptica empresarial (iba a decir conservadora pero el termino tiene otras connotaciones más ricas políticamente hablando), los identifica con las recetas neoliberales, que han llevado a los Estados nacionales a renunciar a su papel de promotores de un orden con justicia.

Por último, hay un punto en el que advierto una discrepancia de fondo con Enrique Olivera y eso me permite fijar mi posición sustentándola en argumentos que estimo válidos, si bien en estas cuestiones es el hombre entero el que se compromete y no únicamente la razón abstracta. Concluye Enrique Olivera sus comentarios desacreditando los valores de la ética política, la solidaridad y la moral partidista, a la cual, por cierto, no me referí, sino a la ética política y en un sentido muy preciso que nada tiene que ver con la intención subjetiva de los individuos. A todo ello considera Olivera Arce simples “figuras retóricas en el manido discurso de una presunta renovación de la vida política nacional. Mientras la crisis sistémica global y sus nefastas consecuencias, sigue impertérrita orillando al país al desastre”.

Analicemos estos juicios que niegan por completo la posibilidad de un proceso democrático que sirva de contrapeso a los males de la globalización económica. Quienes en Europa han avanzado desde la posición de una izquierda dogmática a enfoques más abiertos y constructivos, apuestan precisamente a la solidaridad con los que menos tienen y a la ética política traducida en principios constitucionales para garantizar el derecho a una vida digna. La lucha por el Estado Social de Derecho ha sido y será todavía larga, más de lo que desearíamos, pero no parece haber otro camino para quienes estamos convencidos de que la autonomía y la dignidad humana, la mejor herencia del mundo moderno, deben preservarse a toda costa. Creo en estos valores, así como en la vía de la educación para transformar la conciencia de los seres humanos. No comparto la utopía de una sociedad tal donde éstos logran despojarse por completo de los impulsos atávicos de nuestra naturaleza, pero en el esfuerzo por conseguirlo, reconozco la dimensión ética de la existencia. La toma de conciencia de los pueblos puede movilizar, de hecho ya lo está haciendo, su resistencia organizada para buscar alternativas al pensamiento unilineal que trata de imponerse. Estos signos me llevan a rechazar la imagen de una impertérrita crisis sistémica global.

Revista Análisis Político

“Aquí primará la soberanía y dignidad de nuestro país. Así que quédense con su sucio dinero”, reiteró el jefe de Estado.


Quito. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ordenó este sábado la expulsión de Armando Astorga,  un agregado de la embajada estadunidense, acusándolo de tratar a su país como colonia, al condicionar una ayuda económica a la Policía.


El mandatario dio 48 horas de plazo para que salga de este país el diplomático estadunidense que intentó aplicar condiciones a la asistencia financiera a un programa de seguridad.


La Jornada 07/02/08

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