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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En relación al referendo que tuviera lugar el pasado jueves en Escocia, son dos aristas de este fenómeno que me llaman la atención y que sin duda llaman a la reflexión. Por un lado la madurez cívica de una población que abrumadoramente participara en la definición de su futuro como país y, por el otro, la capacidad del gobierno inglés para administrar el conflicto sin perder el control político y mediático. Recurriendo a la fuerza de las ideas, convenciendo, y no al monopolio de la violencia como históricamente ha venido sucediendo en Irlanda.

La población tuvo al alcance de su mano la argumentación en pro y en contra de la independencia de un país que desde 1700 fuera anexado a la corona británica, y actuó en consecuencia en el marco de la democracia representativa, con apego a la institucionalidad de un proceso en el que los órganos electorales se reconocen y respetan.

Sin falso triunfalismo quienes optaron por el no reconocieron ser mayoría, en tanto que los que esperaban una respuesta favorable al si, aceptaron el resultado del proceso comicial, esperando tener mayor suerte en el futuro. Sin incidentes graves que ensuciaran el evento, pese a la polarización puesta de manifiesto en el referendo, todos aceptaron con madurez el resultado. Cuando menos es lo que los medios de comunicación externaron sin mayor profundización de lo que pudiera estar aconteciendo bajo el agua.

Escocia optó por seguir formando parte de Inglaterra, con los pros y los contras que ello significa. El futuro dirá si el movimiento independentista cobra fuerza y le da la vuelta a la tortilla. Pero lo que a mi juicio es relevante es que este país del viejo continente, después del referendo ya no será el mismo, como tampoco será igual su relación con la corona británica y con la Unión Europea. El Reino Unido, rescoldo de un imperialismo venido a menos, como tal tampoco será el mismo tras haberse escuchado, atendido y negociado una añeja aspiración independentista, canalizándose la participación popular por la ruta institucional.

Un paso a la vez en el largo proceso de aproximaciones sucesivas en las aspiraciones de independencia, soberanía y libertad, que debería ser ejemplo para un país como México, en el que las aspiraciones de las mayorías para la cúpula del poder no se ven no se escuchan y mucho menos son atendidas, mientras el autoritarismo antidemocrático del presidencialismo de nuevo cuño trata de llegar para quedarse.

La diferencia estriba en que en el viejo continente se vive en una democracia representativa madura que, pese a sus limitaciones sistémicas, se sustenta en una ciudadanía también madura. En nuestra incipiente democracia, que por principio está secuestrada por la partidocracia, se piensa y se vive de diferente manera, careciéndose de una ciudadanía responsable y consecuente que sirva de contrapeso al poder institucional.

Así como se carece de una auténtica participación popular, organizada, con visión de su pasado histórico, de su presente y con una clara definición de que país desea para el futuro. Tal carencia deja espacio al autoritarismo retrógrado, así como auspicia el dejar hacer, deja pasar lo que verticalmente se le impone a la población desde la cúspide del gobierno. Cartucheras al cañón, quepan o no quepan, así se entiende y así se acata sin mayor talante crítico, reafirmándose el paternalismo con el que las clases dominantes manipulan y ejercen su control sobre las subordinadas.

En el mundo revuelto que nos está tocando vivir, nuevos aires independentistas ventilan el enrarecido ambiente de la crisis del capitalismo que, en su manifestación neoliberal no encuentra salida, profundizándose. El movimiento independentista de Cataluña que pugna por dejar de ser parte del reino español, está a la orden del día, cobra calor y, a diferencia de Escocia, el gobierno está resultando ser un mal administrador del conflicto, confrontando, provocando y exacerbando los ánimos; poniendo en evidencia a un caduco régimen monárquico que no acaba por dejar atrás al franquismo y sus secuelas antidemocráticas de exclusión y represión.

Cómo evolucione este movimiento está por verse. Por lo que toca a nosotros, no podemos hacer de lado que en México parece se quiere seguir la misma escuela del gobierno español, dividiendo, polarizando y forzando salidas impopulares.

Escocia y España, dos imágenes de un mismo conflicto que ya cobra naturalización en la geografía y geopolítica de un mundo globalizado que se reacomoda de cara al futuro, para seguir manteniendo los mismos patrones neoliberales del capitalismo salvaje sustentados en alta concentración de la riqueza a costa de pobreza y desigualdad.

La lección del viejo continente ahí queda. Toca a los pueblos asimilarle y actuar en consecuencia de acuerdo a los tiempos. Lo que sin embargo vale la pena rescatar para ya es que vale la pena considerar que no todos los movimientos sociales y políticos son iguales ni se repiten en forma y contenido, siendo muchos los factores internos y externos que condicionan su circunstancia. Según el sapo es la pedrada, decían los abuelos. Lo que tampoco se puede ignorar es que organización, inclusión y programa para la acción es determinante para su evolución y capitalización de la participación popular.

Así como no debería ignorarse que los partidos políticos tradicionales ya no tocan el son que la gente quiere escuchar y bailar. Ha llegado la hora en que los pueblos quieren expresarse por sí, sin intermediarios ni intérpretes que condicionen su destino.- Cd. Caucel, Yucatán, septiembre 21 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Leí con interés el artículo del talentoso senador Héctor Yunes Landa, en el que bajo el título: “Educación de calidad: llave de la democracia moderna” nos ilustra con lugares comunes ya bastante manoseados pero a mi juicio, vigentes en el marco del debate sobre las reformas presuntamente estructurales en boga.

El bienestar de la población, el desarrollo de un pueblo, un país con mejor calidad de vida y una democracia fortalecida puede darse en la medida que exista un sistema educativo capaz de preparar a los ciudadanos con calidad técnica y humana para ejercer plenamente sus derechos y cumplir a cabalidad sus obligaciones”.

Sin lugar a dudas no puede uno estar en desacuerdo con el Sr. Senador, aunque con sus asegunes existe un amplio consenso respecto a que con una mejor educación en México, otro gallo nos cantara.

Yunes Landa, en su intención de refrescarnos la memoria en torno a lo que no debe obviarse en cuanto a propósitos y objetivos más generales del proceso educativo, también aporta su granito de arena en la defensa de la tan cuestionada reforma educativa y sus consecuencias inmediatas, diciéndonos:

Hoy, con satisfacción vemos que el Presidente Peña Nieto está coordinando los esfuerzos para acceder a una educación pública competitiva, universal, integral y de alta calidad”.

La intención del legislador veracruzano es plausible y legítima. Está en su papel como senador priísta, en la naturaleza de su partido y en congruencia con el propósito de convencer en la calle sobre la bondad de las panaceas que con sus reformas ofrece el presidente Peña a la ciudadanía.

No obstante, a mi juicio el senador se queda corto en su intención y más que convencer da lugar a cuestionamientos que ponen en duda lo por el aseverado. No es facil aceptar que la educación pública como está, o como se pretende mejorarla con reformas presuntamente estructurales, sea la “llave” o varita mágica para lograr mayor bienestar para la población y acceder a una “democracia moderna”.

Para poder estar de acuerdo con el senador, este tendría que aclarar que debemos entender en México por educación integral y de calidad y para que sociedad es que está orientada esta y, por lo consiguiente la reforma educativa del Sr. Peña.

Y, por lo consiguiente también, que debe entenderse por “democracia moderna” y en que medida la reforma educativa incide en el fortalecimiento de esta abstracción. Sin la obligada explicación del concepto, para mi gusto se incurre en una falacia más en torno al paquete de presuntas reformas estructurales del presidente Peña.

Si como afirma Yunes Landa, la educación constituyera por sí misma la ”llave” para alcanzar el bienestar pleno de la sociedad, en el hemisferio occidental Europa sería el paradigma. En los tiempos que corren, vemos que no es así, pese al alto nivel de escolaridad  y “calidad” educativa alcanzado éste no basta para afrontar una crisis sistémica que acabó con la llamada “sociedad del bienestar” en las deterioradas democracias modernas del viejo continente.

Tampoco pasa desapercibido el que en los Estados Unidos de Norteamérica, la calidad, competividad  y excelencia en la educación que para este país funciona, está orientada a la guerra y dominación, con el propósito inequívoco de mantener hegemonía y no para elevar bienestar social y fortaleza de la “democracia moderna”.

A mi modo de ver y hasta donde alcanzo a entender como ciudadano de a pie, la educación de los pueblos no transita sola y por camino propio. Se da en contextos culturales específicos  y diferenciados avanzando en un entramado vertical y horizontal multidimensional; interactuando dentro de un proceso permanente de retroalimentación con otras manifestaciones super estructurales de la sociedad que a su vez, dependen de la estructura económica y social endógena y exógena del país o región de que se trate.

Tengo entendido que al igual que la política y el marco jurídico normativo, es resultante y se deriva de la base económica que le da sustento; de las relaciones sociales concomitantes y, por lo consiguiente, de propósitos y objetivos particulares y los que competen sistémicamente a toda la aldea global en su conjunto.

Luego, sin cambios de fondo en la estructura económica y relaciones sociales que apunten efectivamente a un mayor bienestar de la población mediante una equitativa distribución y redistribución de la riqueza generada por la sociedad, el proceso educativo como herramienta de transformación y cambio, resulta insolvente, aún en el marco de los requerimientos fluctuantes del mercado en la etapa neoliberal actual del capitalismo como sistema global dominante.

Un ligero recuento de las condiciones económicas por las que atraviesa el país y las que manifiesta una población empobrecida y sin expectativas de progreso, dan una idea de hasta donde resulta un tanto cuanto utópico asignar a la educación en el mandato del Sr. Peña, el carácter de llave o más bien,  panacea.

A lo sumo, estimo, se pretendería ajustarle a objetivos y propósitos en los que hoy se asigna al fruto del proceso educativo el carácter de mercancía, o mano de obra capacitada, dúctil y barata. Atendiendo más a la productividad y competividad que demanda el mercado, que a la formación integral del individuo.

En la medida en que es ampliamente aceptado que sin empleo y con salarios bajos y congelados el bienestar es nugatorio, la educación como accesorio sigue la suerte del principal. Dependiente de y no como “llave” maestra para transformar una realidad real que deviene de enfrentar al hombre contra lo humano.

Luego entonces el fortalecimiento de nuestra balbucéante democracia, por su parte, no podría ir más allá de los propósitos y objetivos del proyecto neoliberal de desarrollo adoptado por nuestro país. Así que el asignar a la educación el carácter de “llave” para acceder a la “democracia moderna”, no pasa de ser simple eufemismo con el que se disfrazan relaciones sociales injustas que acompañan a un modelo económico tan depredador como injusto.

Otra cosa sería si el proceso educativo estuviera encaminado a dar sustento cultural a los mexicanos para la toma de conciencia de las mayorías sobre libertad, participación, democracia y progreso humano; si esto fuera así,  estaríamos hablando no de simples reformas presuntamente estructurales, sino de un acto conciente de transformación de la sociedad por la vía revolucionaria.

Esto último, seguramente no entra en los planes del Sr. Peña. Mucho menos en los del senador, su partido en particular o en general la cúpula de la partidocracia en el llamado pacto por México, conformes con lo que desde la presidencia de la República se cocina bajo los auspicios del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, paladines del sistema global prevaleciente.

No obstante, se aplaude el esfuerzo del senador Yunes Landa, cuando en Veracruz su partido está más interesado en quien sucederá al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en la gubernatura, que en convencer de las bondades de una a mi juicio ilusoria panacea.

Hojas que se lleva el viento

Con la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión transformada literalmente en bunker, bajo protección policíaca y sitiada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de Educación (CNTE) y diversos movimientos sociales, el secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, hizo entrega formal a los presidentes de las mesas directivas del Senado y Cámara de diputados del Primer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto. ¡Qué bonito país! dividido, polarizado, empobrecido y sin rumbo.- Xalapa, Ver., Septiembre 1 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Resistencia popular ante la crisis sistémica

La cruda realidad no se detiene. Avanza al ritmo del fluir del tiempo dejando a la zaga propósitos y objetivos de los pueblos y, más atrás, políticas gubernamentales reactivas para controlarla, domesticarla y manipularla. La crisis en Europa “es crítica”, expresara Enrique Peña Nieto, quien gobernará a este país sin entender y, mucho menos, para aceptar para pensar  y actuar en consecuencia que la crisis es sistémica, global y, por ahora, irreversible. Ya está aquí, en un México con condiciones políticas y sociales diferentes, como también son diferentes las maneras de expresarse del capitalismo, sus contradicciones y sus retos en la vida doméstica de cada país a  lo largo y ancho del planeta.

No es que el destino nos alcance como reza la manida frase. Ya en México vamos tras este, montados en caminos equivocados, medidas políticas fallidas y estrategias económicas suicidas, La elección del ahora presidente electo y la reelección de dos nefastos dirigentes sindicales, paradigmas de la corrupción que corroe hasta las entrañas a este país son la medida, anticipándose a un Congreso de la Unión que dando palos de ciego, pretende ajustar el marco jurídico a los efectos y no a las causas de la crisis.

“La crisis en Europa no es económica, es de confianza”, expresara el Sr. Peña sin haber tomado nota del “¡es la economía, estúpido!”, frase que se manejara durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 contra George H. W. Bush (padre). Como en su momento ante un diagnóstico ajustado a la política del momento y no a la realidad que se viviera, el Sr. Agustín Cartens, secretario de hacienda en el sexenio foxista, con el mayor desparpajo calificó a los efectos de una crisis ya en marcha desde los tiempos de los gobiernos priístas, como un simple “catarrito”. Sin rumbo y sin destino, la terca realidad no se detuvo. Hoy desarmados, material e ideológicamente, se nos llama a cerrar los ojos, a dejar hacer, dejar pasar, para con confianza ciega en un gobierno con propósitos y rumbo incierto, evitar que la vorágine que envuelve al mundo se apodere de la esperanza que aún guardan mexicanos insensibles.

Como en el Veracruz falaz, en México no pasa nada. Pobreza, desigualdad, inseguridad y desconfianza son ilusorias. La reserva monetaria vive su mejor momento; la inflación bajo control, blindaje equilibrado de las finanzas públicas y el estado de derecho a salvo. Visión macroeconómica de una realidad que no existe en el bolsillo y percepción de millones de mexicanos que, en el mejor de los casos, sobreviven día con día gracias a un ingenio finito, mas que inagotable. Se le gana tiempo a la crisis, se dice en los círculos más optimistas de este país, con Peña Nieto al frente de un gobierno priísta, inversión, empleo y leyes justas, se superará el sombrío panorama que hoy nos deja el gobierno panista del Sr. calderón. Ignorándose que el tiempo ya no es nuestro, las nuevas generaciones frustradas, desilusionadas, engañadas, lo exigen para sí. Una vanguardia juvenil retoma ya el hilo conductor de la memoria, dispuesta a rescatar lo mejor de las generaciones precedentes y, arrojar a la basura de la historia lo peor del mundo que reciben en custodia. El orden nuevo llama a la puerta del viejo, ciego y sordo, que se resiste a morir.

La noche de los tiempos nos ha dejado sin horizontes. No obstante, para los que si quieren ver, la luz de un nuevo amanecer ya se asoma en el amplio escenario de una memoria histórica que enseña que la humanidad no es suicida; siempre hay caminos para avanzar contra la adversidad transformando la realidad que nos niega el papel de ser hombres. No hay caminos, se hace camino al andar, dijera el poeta. Caminemos.

Hojas que se lleva el viento

La Universidad Popular Autónoma de Veracruz y su promotor, Maestro Guillermo Zúñiga Martínez, se encuentran en el ojo del huracán, soportando serios cuestionamientos por parte de diversos personeros de la sociedad civil y la llamada clase política tras los que se oculta una que otra mano que mece la cuna. Entendible, ya estamos inmersos en los prolegómenos de la justa electoral local para elegir diputados, así como alcaldes, ahora de cuatro años. En una entidad federativa en la que todo se politiza, hasta el asunto más nimio debe observarse bajo esta perversa óptica. No se puede hacer de lado que uno de los aspirantes a la alcaldía de Xalapa es precisamente Américo Zúñiga, hijo del destacado mentor, rector de la UPAV; si no se puede golpear al vástago por no tenerse agarradera por ser este un cero a la izquierda, entonces se enfocan las baterías hacia la actividad político administrativa de su señor padre y su “engendro”, como ya muchos etiquetan a la innovadora propuesta de educación superior de su autoría.

Pero si bien políticamente es entendible, la argumentación que se esgrime en contra o a favor de la UPAV, hasta ahora no pasa de ser especulativa y, sin duda, carente de objetividad, en tanto que nadie conoce a ciencia cierta que es y como opera la institución. Mucho menos se hace un esfuerzo por conocer y entender a profundidad en que consiste la propuesta educativa que vendiera el Maestro Zúñiga Martínez al ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, ahora formalizada por disposición del Congreso local a instancias del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa.

Debe reconocerse que el rector de la Universidad Popular viene haciendo una intensa promoción de la institución a su cargo, explicando por todos los medios a su alcance objetivos y modus operandi de la institución, así como su sustento pedagógico y resultado a la vista. No obstante, predica en el desierto no logrando convencer de la bondad de la propuesta, o bien, no existe el interés por conocerla y aceptarla por aquellos que a priori le cuestionan y descalifican. Quieren contemplarla como competencia desleal no sólo en demerito de la Universidad Autónoma Veracruzana, también en perjuicio de las instituciones privadas de educación superior en la entidad. Sobre todo cuando el mismo Maestro Zúñiga Martínez ante un secretario estatal de educación que hace como que la virgen le habla, propala que el número de alumnos inscritos en la corta existencia de la institución, iguala ya a la matrícula de la U. V.

“El que mucho abarca poco aprieta”, dicen los detractores, oponiendo calidad a cantidad en su argumentación, en tanto que los que le defienden de manera interesada, afirman que no es “patito” por contar con reconocimientos oficiales en la entidad. Nadie, que yo sepa, cuestiona o aplaude el modelo educativo propuesto, por sus contenidos y alcances como coadyuvante en la búsqueda de solución a las carencias de la oferta pública de educación superior en Veracruz. Siendo esto precisamente lo que debería ponerse en el centro de un tan estéril como amañado debate, al que por cierto parece estar ajeno el propio gobernador Duarte de Ochoa. Xalapa, Ver., 21/10/2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Antes de aceptar reformas neoliberales a la legislación laboral vigente, valdría la pena echar un vistazo a la crisis que en todos los órdenes de la vida nacional, hoy amenaza al reino de España. Con el mismo argumento de modernidad, productividad, competividad y crecimiento económico para intentar paliar la crisis global, se revivió la lucha de clases bajo otros esquemas, otros modos de ver y hacer las cosas en las que el gobierno, imprimiendo recortes a conquistas y derechos de los trabajadores que culminaran con la precariedad del empleo y un desempleo cercano al 25 por ciento de la población, abrió la Caja de Pandora.

La idea de que la concentración de la riqueza y el incremento de la tasa media de ganancia en unos pocos para que satisfechos los intereses del gran capital los excedentes salpicaran al grueso de la población, terminó por hundir a la vida económica española y, no sólo eso, socialmente dio al traste con la ilusoria sociedad del bienestar que, en apariencia, colocaba al reino de España entre los países más desarrollados del primer mundo. La burbuja económico financiera reventó, exhibiendo el fracaso del neoliberalismo como fórmula superior del capitalismo para solventar sus crisis recurrentes.

Habida cuenta del desarrollo desigual y combinado de la sociedad española, las contradicciones al interior del reino se agudizan. Las regiones con más desarrollo relativo, como es el caso de Cataluña, no están  ya dispuestas a llevar  sobre sus espaldas la carga de las más pobres y atrasadas. Hoy los catalanes exigen su independencia del reino español en una clara intencionalidad de que, rascándose con sus propias uñas, como país independiente estarían en mejores condiciones de remontar autonómicamente una crisis que está tocando fondo en toda Europa.

Al tenor de lo que el PRIAN pretende imponer a los mexicanos con una legislación laboral regresiva como lo es la “ley Calderón-Peña”, a la que se sumaría una mayor apertura al capital privado, doméstico y externo en la industria energética, la experiencia que lastimosamente vive hoy el reino español debería prender los focos rojos en nuestro país. Con precariedad del empleo se abate no sólo calidad de vida de los trabajadores, también se incrementa el deterioro de un mercado interno ya de sí deprimido, al reducirse la capacidad real de compra de amplias capas de la población en demérito de la producción y el consumo de bienes y servicios, así como de la captación fiscal en la que se sustenta el quehacer gubernamental. Para la sociedad en su conjunto, son más los perjuicios que los presuntos beneficios en que se sustentara la aprobación fastrack  de la ley de marras.

Pretender imprimir modernidad al país con presuntos incrementos de productividad y competividad, flexibilizando el trabajo en beneficio de unos y el perjuicio para los más que hacen posible la generación de riqueza, rompe con la armonía deseada entre los factores de la producción. Los trabajadores en desventaja frente a la patronal no tardarán en reciclar en la práctica el viejo apotegma mexicano: “El asalariado hace como que trabaja en tanto que el patrón hace como que paga”. Amén de que la modernidad, productividad y competividad de un México que llegó tarde a la fiesta,  no depende exclusivamente de las relaciones laborales. Otros factores de igual o mayor peso, como idiosincrasia, acceso a la educación de calidad y al desarrollo científico técnico, infraestructura, pasando por la eficiencia y eficacia de las acciones de gobierno y el lastre endémico de la simulación, corrupción e impunidad, condicionan crecimiento económico, tasas de ganancia y distribución de la riqueza.

Esto sin considerar factores externos como el comportamiento de los mercados de capital, bienes y servicios en el mundo globalizado.

No bastan los parches a la legislación, como ya tampoco es de fiar el modelo neoliberal que pretende continuar la dupla PRI-PAN al servicio de los poderes fácticos en una escalada más de simulación, engaño y gatopardismo, en un proceso de fortalecimiento de la derecha en México que la izquierda institucional ni puede, ni quiere, ni sabe como frenar.

El país requiere de reformas estructurales de fondo y auténticas que promuevan crecimiento económico a la par que abatan desigualdad, pobreza,  precariedad del empleo y el peso específico de la corrupción en todos los ámbitos y niveles de la vida nacional. Reformas estructurales que sólo podrían tener lugar con una ciudadanía responsable, participativa, que consecuentemente rescate para sí la representación popular en el Congreso de la Unión, hoy secuestrada por la partidocracia rampante. Lo que a su vez necesariamente pasa por la democratización de la vida cotidiana empezando por la relación entre las cúpulas sindicales y sus bases, así como al interior de los partidos políticos. Sin democracia participativa México no tiene futuro. Cd. Caucel, Yuc., septiembre 29 de 2012

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Tarde o temprano, en Europa habrá una crisis social. Inevitable y dramática. Lo piensan y temen la mayoría de los gobiernos de la UE, aunque callan. Lo ha dicho, serena pero claramente, Jean Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo, presidente del Eurogrupo y una de las cabezas más lúcidas del panorama europeo: “La recesión va a llevar a los ciudadanos a unos niveles de desesperación desconocidos. Habrá una crisis de empleo en toda Europa y una fuerte inestabilidad social”.


Juncker pronunciaba estas palabras este lunes ante sus compañeros del Ecofin (ministros de finanzas de la UE), quienes se aferran desesperados a esas tímidas señales de relanzamiento que se apuntan, si todo va bien, para principios del 2010 y no para todos los países de la Unión.


Y, entretanto, ¿qué? ¿Saldrán los ciudadanos masivamente a la calle a asaltar la Bastilla? ¿Empezarán los asaltos a tiendas y supermercados cuando a la gente se le acaben las ayudas para el desempleo? ¿Se copiará en otros países el modelo francés de secuestrar a los empresarios para forzarles a pagar salarios atrasados o a no firmar EREs? ¿Hasta qué punto Gobiernos como el español pueden confiar en el apoyo de las familias y los amigos como sucursales alternativas y/o complementarias de las Oficinas de Empleo? El potencial de violencia, de frustración y de desesperanza ciega existe, y se ha visto, por ejemplo, aquí en Berlín el pasado 1 de mayo con las peores y más brutales manifestaciones a las que ha tenido que hacer frente una policía habituada año tras año a este tipo de altercados.



Las elecciones europeas, unas primarias para los gobiernos de la UE

En este clima preapocalíptico los líderes europeos tampoco atraviesan sus momentos mejores. Sarkozy celebraba ayer sus dos años en el Elíseo con un balance mediano: dos de cada tres franceses se muestra decepcionado con él. Entre el 60 y el 80% de los ciudadanos creen que el presidente francés es dinámico, valiente y que toma iniciativas, pero casi esa misma proporción de personas opina que no escucha, que no está en contacto con la calle y que no cumple lo que promete. Gordon Brown en Gran Bretaña es un cadáver andante a quien le tienen preparado ya el entierro tras las elecciones locales y europeas previstas para el 4 de junio, que para él serán la puntilla. Aquí en Alemania la Gran Coalición -a cuatro meses de las elecciones generales- asimila y torea como puede el crecimiento negativo del 6% que va a tener la economía germana a lo largo de este año y oculta las cifras de paro reales (en torno al 9%) aplicando de una manera extensiva la reducción de la jornada laboral. Italia vive al margen de la realidad, al parecer, interesada sobre todo por el divorcio de un patético viejo verde.


Las elecciones al Parlamento Europeo van a ser una muestra palpable de la profunda desconfianza de los ciudadanos en sus políticos y en las instituciones europeas. Pero, más allá de la previsible altísima abstención, está la terrible sensación entre los ciudadanos de que ningún político tiene claro cómo salir de ésta. Peor aún, ¿qué van a hacer los políticos europeos con esos 8,5 millones de parados que va haber en nuestro continente? ¿Qué alternativas existen sobre la mesa? Aquí, en Alemania, el sociólogo Klaus Dörre advierte en el semanario Die Zeit: “El umbral de la violencia está descendiendo… La rabia está ahí. Lo que ocurre es que todavía no ha encontrado una salida”.


Ningún político europeo, a excepción de Jean Claude Juncker, ha tenido la vergüenza torera de llamar a las cosas por su nombre. Habría que admitir que hemos creado y aceptado casi como irremediable una sociedad en la que había sólo vencedores y vencidos. Toda la vida estaba orientada a la ganancia, no importaba a qué precio. A los jóvenes se les ha condenado a tener, en el mejor de los casos, sólo empleos precarios. Las clases medias temen por su supervivencia más que nunca. El malestar está generando no sólo el descrédito de la clase política sino populismos y aumento de los extremismos. También del antisemitismo, reflejado en España con el último insulto al embajador israelí en el Bernabéu: “perro judío”.


La pregunta, ahora, es, simplemente, cuándo estallarán las calles en Europa.


Aurora Minués: Extraído de Cotizalia.

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