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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

“Ya que no tenemos información hagamos uso de nuestra imaginación”: El privilegio de opinar, Manuel Ajenjo 

Apenas el pasado miércoles 19 de los corrientes, en un maquinazo más en torno a la sucesión en el gobierno de Veracruz, entre otras cosas argumentaba que: “Lo paradójico es que en el caso del PRI el populismo al que se pretende combatir es la argamasa que da sustento al dinosaurio redivivo. Luego la búsqueda de la unidad en el  seno del tricolor y en torno a Peña y sus reformas, será interna y de franco enfrentamiento a la dinámica inercial del asistencialismo populista y demagógico  practicado por décadas”. Tres días después reunido con los diputados electos priístas, Luís Videgaray, titular de la SHCP, anunciaba la iniciativa del Sr. Peña para crear zonas económicas especiales “…con una lógica no asistencial o remedial (sic)”,  para potenciar ventajas comparativas regionales y crear desarrollo.

Ni remedios coyunturales reactivos ni más asistencialismo en regiones focalizadas del país, como fórmula neoliberal que atendiendo a las vaivenes del mercado globalizado, generen mayor productividad y competitividad en base a ventajas comparativas, utilizando menos recursos para producir bienes y servicios en comparación con otros países y/o producir de manera más eficiente en las diversas opciones o alternativas de producción con que cuenta México en su mosaico regional.

Esto, sin duda, orientado al mercado exterior y en el marco de los tratados de libre comercio signados por el gobierno de México. Pero también, en la coyuntura, un tímido intento de los aprendices de brujo por acotar el modelo neoliberal de país a las regiones con mayor potencial “modernizante”.

Un giro de 180 grados tanto en la economía nacional como en las políticas públicas y la política política, que por principio de cuentas auspiciará mayor aceleración de desigualdad y pobreza entre regiones y, al interior de cada una de éstas, polarizando y confrontando al México neoliberal “modernizante” con el México más atrasado y estancado en el subdesarrollo.

En la jerarquización de prioridades, las de orden social estarán subordinadas a propósitos y objetivos productivistas en las regiones con mayores ventajas comparativas, en tanto que en el resto del país, con ventajas marginales, regiones enteras serán dejadas a su suerte transitando por los viejos caminos de la exclusión y el abandono.

El presupuesto federal con base cero, responderá a este “novedoso” mecanismo, favoreciendo sectorial y regionalmente a aquellos rubros de la economía que ofrezcan en el corto y mediano plazo,  mayor potencial de productividad y competividad en términos de ubicación geoeconómica, geografía, clima, disponibilidad de suelo y agua, infraestructura, recursos humanos calificados, disponibilidad de recursos financieros, innovación tecnológica y bajos salarios entre otras variables como gobernanza y paz social.

Y ni que decir de la política monetaria, adecuando la paridad cambiaria del peso frente al US Dólar  a las ventajas comparativas por potenciar.

Instrumentación y política política

Para poder instrumentar tal cambio – este sí de orden estructural-, el gobierno del Sr. Peña requiere de la más conspicua cercanía de la partidocracia, tanto para el combate frontal al populismo de Estado que se le opondría en tal propósito, como para frenar toda manifestación de resistencia social en su implementación. En lo mediato, tener una mayoría dócil y sumisa en el Congreso de la Unión para legitimar el relevo de caballo a la mitad del río, tal cual lo recomiendan los organismos financieros internacionales para salir de la profunda crisis multidimensional por la que atraviesa México.

Lo complejo del asunto es que fuera del marco legislativo en el que todo marcha como miel sobre hojuelas para Peña y su partido, la partidocracia en su conjunto no está preparada para enfrentar rechazo y resistencia al giro que pretende imprimírsele a la economía nacional. En su caso, tampoco el PRI estaría  dispuesto a sacrificar votos a cambio de respaldar en el mosaico nacional la pretendida extinción de asistencialismo y “remediación” reactiva.

Como tampoco el nivel de aceptación de un presidente que se achica día con día ante la opinión pública, da para atraer el respaldo de una amplia base social en lo que resta del sexenio para instrumentar esta nueva escalada neoliberal. Agudizándose la no correspondencia entre propósitos económicos y  política política.

Economía y sucesión en Veracruz

Así, esta nueva figura “nunca intentada en México” a decir de Luís Videgaray, para el caso de Veracruz será un elemento más a considerar en el proceso de sucesión en la gubernatura del estado,  dentro del marco de propósitos y objetivos neoliberales convenidos en el llamado “pacto por México”. Partidos y aspirantes a candidatos tendrán que conjugar economía política, economía y finanzas públicas, con la política política en un terreno para ellos inédito, atendiendo a:

  • ¿Qué fortalezas tiene y puede ofrecer Veracruz para ser incluído en el novedoso esquema de zonas económicas especiales?  
  • ¿Cuáles son sus ventajas regionales comparativas frente a otras entidades federativas que hagan merecedor a Veracruz a ser considerado en el nuevo orden de prioridades? 
  • ¿El sector primario arrastrando una agroindustria azucarera obsoleta y antieconómica? 
  • ¿La pequeña y mediana industria de transformación, descapitalizada, estancada y de espaldas a la innovación tecnológica? 

 Estas interrogantes, entre otras, que no sólo deben hacerse los aspirantes al mini gobierno de dos años, también la sociedad en su conjunto para ubicarse dentro o fuera de esta escalada neoliberal, habida cuenta de que, por decir lo menos, Veracruz atraviesa por una etapa de postración económica en la que ni productivismo ni asistencialismo en el medio rural y urbano, son respuesta exitosa a la problemática toral hasta hoy ignorada por un gobierno estatal fallido, hiperendeudado, y que día con día languidece víctima de sus propias contradicciones.

Hojas que se lleva el viento

Tanta es la opacidad y ausencia de información puntual y contundente, y tantos son los dimes y diretes y especulación poco sustentada en el tema permanentemente reciclado de la deuda pública de Veracruz que,  resumiendo, en el imaginario colectivo sólo queda  la percepción de que habiendo gato encerrado, lo que se sabe es que no se sabe nada, por lo que la cifra valedera es la mayor manejada mediáticamente. De todos modos, más o menos deuda, será la sociedad en su conjunto la que hoy, mañana o pasado mañana, pague los platos rotos.

Xalapa, Ver., agosto 25 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Si las sociedades son suficientemente aptas para vivir, vivirán, y está bien que sea así. Si no son lo suficientemente aptas, morirán, y es mejor que mueran”. Herbert Spencer

La ex perredista y ahora secretaria de desarrollo social, Rosario Robles, no se manda sola. Responde al mandato del Sr. Peña, luego la decisión anunciada por la funcionaria de suprimir el apoyo de “oportunidades” a madres que tengan más de tres hijos, así como el lugar seleccionado para tal anuncio, una región nayarita donde habitan las etnias coras, huicholes y tepehuanos, es más que simbólico. Con ello se pone de manifiesto el fracaso del asistencialismo oficial para abatir hambre y pobreza; abandono de pueblos originarios a su suerte y, fracaso del proceso educativo en México largamente acariciado como herramienta de transformación y cambio para abandonar los terrenos del subdesarrollo.

De manera explícita igualmente se exhibe el propósito último del régimen priísta de evadir la carga de más del 50 por ciento de los mexicanos en condiciones de pobreza y pobreza extrema, en su objetivo de concentrar los esfuerzos gubernamentales en la búsqueda de incrementos de productividad y competitividad que se dice exige al país el mercado mundial globalizado.

A decir de la Sra. Robles, “… 60 por ciento de la población en situación de pobreza se encuentra en las zonas urbanas, diseminada principalmente en las periferias de las ciudades; por ello la aplicación de programas sociales se ha extendido también a estas zonas que ya se consideran marginadas”. Más claro ni el agua, se trata de una estrategia de chantaje, imponiendo control natal y sometiendo la capacidad reproductiva de la mujer a políticas públicas discriminatorias aplicadas a las familias pobres y marginadas.

Se puede estar o no de acuerdo en que el asistencialismo oficial, auspiciado por requerimientos clientelares electorales, no contribuye a resolver el problema estructural de la desigualdad y pobreza, antes al contrario, hace de los destinatarios dependientes del subsidio mano de obra inerte, incapaz por sí misma de aportar a las tareas del crecimiento económico y desarrollo en la medida en que lo demanda el mercado, más ello no justifica el que, por decreto y sin decir agua va, se corte de tajo y de manera autoritaria un paliativo que por décadas ha tenido en última instancia como único beneficiario a una clase política corrupta que vive de y para el saqueo.

No se puede hacer de lado que en respuesta a problemas estructurales históricos, como desigualdad y pobreza, ha sido el propio gobierno federal el que instituyera el caritativo asistencialismo social, generando entre los “beneficiarios” una cultura de dependencia que ya tiene arraigo en las generaciones presentes de la población marginada. Hoy las consecuencias están a la vista, la pobreza y pobreza extrema campean en todo el territorio nacional acompañadas de una brutal desigualdad que inciden en el desempeño de una economía lastrada por un mercado interno restringido, sin capacidad real de compra de más del 50% de los mexicanos.

Castrar a los pobres, solución neoliberal.

La decisión del gobierno de Peña Nieto puede tener muchas lecturas de acuerdo al cristal con que se mire. Para quien esto escribe, la medida anunciada asume postulados capitalistas de Darwinismo social; más que sumar divide, polarizando, confrontando y poniendo en franca competencia por la supervivencia a quienes el sistema considera aptos para cumplir con los objetivos de incremento de productividad y competitividad -que demanda el mercado mundial globalizado-, y los mexicanos que lejos de aportar, estorban a tales propósitos. Una medida más del régimen peñista que condena a priori a morir de hambre a las familias que dependiendo del subsidio oficial para sobrevivir, en suerte hayan procreado más de tres hijos. ¿Qué van a hacer las madres cuya única esperanza de tener un ingreso para atender sus necesidades básicas se sustentara en tener más hijos? ¿Desprenderse de los que le sobren para seguir contando con la caridad oficial?

La pobreza no sólo sobra en el México neoliberal, también estorba lo mismo en la ciudad que en el campo para los fines de expansión y dominio del capital. ¿Cómo se le ocurre a Peña Nieto frenar su crecimiento a niveles de reposición de la fuerza de trabajo? Controlando la natalidad con políticas públicas de exterminio. A eso nos conduce el fascista modelo neoliberal de desarrollo. A falta de guerras intestinas de poda genocida, castrar a los pobres.

¿A eso queríamos llegar permitiendo el retorno del PRI a la presidencia?

Dejo la respuesta a la conciencia de los lectores.

Hojas que se lleva el viento.

Con los contenidos de la iniciativa de leyes secundarias en materia energética presentada al Congreso por el Sr. Peña, salió ya a relucir el peine despejando las dudas. El petróleo y gas propiedad de la nación se privatizan, la renta petrolera de los mexicanos será compartida con la iniciativa privada, nacional o extranjera.

A decir de los secretarios de hacienda y de energía, los posibles beneficios para el pueblo de México se harán visibles, si los hay, en el mediano y largo plazo, condicionados en que para entonces los combustibles fósiles no hayan caído en desuso gracias al avance tecnológico en el aprovechamiento de otras alternativas de generación de energía.

Lo mismo ocurrirá con la generación de energía eléctrica y, de paso, con el agua como recurso asociado.
Para que esta propuesta del presidente Peña se materialice, se requerirá del aval de la partidocracia en el Congreso. Lo cual sin duda tendrá lugar una vez logrado el equilibrio de intereses entre los tres partidos mayoritarios, sin importar lo que el pueblo de México pueda opinar al respecto.

Y en este clima de mansedumbre y complicidad, nuestros flamantes senadores veracruzanos hacen labor de proselitismo electoral afirmando que con las reformas del Sr. Peña ya se sienten en el bolsillo de los mexicanos los primeros beneficios.

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Ya no es ingenuidad o falta de oficio político que pudiera justificar en el presente la grosera conducta del gobernador de Veracruz para con el pueblo que dice gobernar. Lo por él expresado y profusamente divulgado por la Coordinación de Comunicación social de la administración pública estatal el primero de mayo del mes en curso, es simple y llanamente un insulto más a la inteligencia de los veracruzanos, así como manifestación explícita de valemadrismo del gobernante ante la grave situación de desempleo y pérdida del valor adquisitivo del salario que aqueja a la entidad. Júzguelo usted mismo estimado lector:
Xalapa, Ver., 01 de mayo de 2013.- El gobernador Javier Duarte de Ochoa encabezó el desfile conmemorativo por el 127 aniversario del Día Internacional del Trabajo, en el que participaron más de 50 mil trabajadores de diversos gremios del estado. “Con más de 230 mil empleos generados en dos años, un crecimiento económico que dobla la media nacional y plena paz laboral, consolidaremos a Veracruz como el estado de los trabajadores…”, apuntó el Gobernador y destacó que en su administración 230 mil familias hoy ya tienen ingresos, certidumbre, estabilidad y arraigo.- Comunicado oficial

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Siendo la constante el desencuentro entre información oficial y terca realidad, el optimismo que pretende inocular el presidente Peña en relación a sus panaceas reformistas, se pierde en el vacío. La sociedad mexicana, cansada, frustrada y con cada vez mayores muestras de hartazgo, hace caso omiso del mensaje presidencial, ateniéndose a lo que en su vida cotidiana percibe: un gobierno fallido, incapaz de dar respuestas congruentes y eficaces en el combate a la inseguridad, pobreza, desigualdad y pérdida de expectativas de progreso para las nuevas generaciones.

En su mensaje de año nuevo el Sr. Peña afirmó que el 2014 sería de eficacia y resultados gracias a las reformas ya aprobadas por el Congreso de la Unión. A su regreso del Foro de Davos, se obliga a declarar que los beneficios de las reformas estructurales se irán “cosechando” gradualmente y que la actual generación conocerá de las bondades de las medidas adoptadas por su gobierno. Diluyendo indefinidamente en el tiempo los beneficios que afirmara se verían materializados en el presente año.

La realidad se impone. Hubo necesidad de que el Fondo Monetario Internacional le señalara que los efectos de las reformas no se verían en México en el presente año y que en Davos se le corrigiera mencionándole que sin seguridad no hay avances,  para que modificara el discurso.

La población observa, valora y duda, encontrando en las contradicciones en que incurre la administración pública en los tres órdenes de gobierno, razones para resistir a la aventura reformista del presidente Peña.

La no correspondencia entre propósitos de gobierno y rezagos manifiestos en la administración pública para aterrizar las reformas, es evidente. El peso específico de la corrupción e inercia burocrática es mayor que lo deseable explícitamente expuesto en el discurso. Si la sociedad no estaba preparada para asimilar la andanada de reformas presuntamente estructurales, la administración pública en los tres órdenes de gobierno, tampoco; generándose un empantanamiento en la mayor parte del territorio nacional que difícilmente podrá ser superado en el presente año y que se refleja en desacuerdos al interior de la administración y, hacia el exterior, en confrontaciones con diversos sectores de la vida económica y social del país.

En tanto que el deterioro económico y del tejido social, van en crescendo; incrementándose pérdida de confianza y credibilidad en las autoridades y profundizando la brecha entre sociedad civil y la llamada clase política. No hay asideros que permitan confiar en que en el corto y mediano plazo reformas que no tocan en lo más mínimo rezagos estructurales históricos, puedan incidir en mejores condiciones de vida de la mayoría de la población.

Con y sin reformas, fenómenos como desigualdad y pobreza, marcan presente y futuro de un país que no logra encontrar caminos viables para abandonar los terrenos del subdesarrollo y dependencia del exterior. Antes al contrario, tales lastres se agudizan. Los límites entre un gobierno fallido y un Estado fallido se difuminan, pendiendo de un hilo. El estado de derecho como marco de convivencia ya no es suficiente para marcar la diferencia.

El acumulado de pobreza crece y la desigualdad le acompaña. Más del cincuenta por ciento de la población en condiciones de pobreza y más del 60 por ciento de la economía en la informalidad, no auguran nada bueno; con o sin reformas presuntamente estructurales el país va en picada. El deterioro del tejido social es evidente, a la pérdida de valores se agrega la pérdida de expectativas de progreso, haciendo del cumplimiento de la ley letra muerta.

Si el neoliberalismo pretende más sociedad y menos Estado anteponiendo individualismo a solidaridad colectiva, lo está logrando, cada vez es mayor el sentimiento de que frente a la ineficacia del Estado el camino idóneo es rascarse cada quién con sus propias uñas; sobrevivir es el reto, al costo que sea. El surgimiento y expansión de las autodefensas comunitarias frente a la delincuencia, es un grito de alerta. Lo que habría que preguntarse es si la búsqueda de justicia por propia mano es el mejor camino para México.

El régimen político, incapaz de dar respuesta a la demanda social, está en crisis y no se quiere reconocer. Negarse mediáticamente a la realidad que le supera y rebasa, contribuye al deterioro en todos los órdenes de la vida nacional. O se avanza en el sendero del cambio verdadero, dando cauce a la democratización y participación consecuente de la ciudadanía en la toma de decisiones en aquello que le compete, o las reformas peñistas, más que panaceas terminarán como toda medida autoritaria e injusta, en el basurero de la historia. No se quiere entender así y las consecuencias están a la vista. No es posible avanzar sin atender rezagos históricos, afirma el rector de la UNAM, enfatizando en los niveles de desigualdad y pobreza acumulados a lo largo de 500 años; palabras sabias evidenciando el desencuentro y divorcio entre una clase política sorda y ciega y un país que merece un mejor destino.

Hojas que se lleva el viento

Y a propósito de desencuentros, en Veracruz el gobierno fallido a cargo del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, rebasa los límites de la paciencia de una sociedad lastimada y dolida a la que no se le quiere ver ni escuchar.- Cd. Caucel, Yucatán, enero 27 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Siempre a la vanguardia, en todo, por y para todo, Veracruz no podía quedarse atrás. Si a nivel nacional se cuenta con un pacto cupular por México, el estado próspero tiene que contar con el propio. No importa si quien lo proponga sea el partido de la revolución Democrática, por cierto, ya fallecido y sepultado en Veracruz.

Lo que no nos dice el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa al anunciar la puesta en marcha del Pacto por Veracruz “para no estar fuera de moda”, es si tal bodrio estaría siendo propuesto por alguna de las fracciones rojas, azules, negras o amarillas del PRD o si el PAN, en su caso, estará representado por la corriente de seguidores de Miguel Ángel Yunes Linares o quienes se oponen al choleño. Lo importante es que haya pacto, o tregua según el diputado perredista local Rogelio Franco Castán,  para taparle el ojo al macho tras el escándalo a que diera lugar el “caso Veracruz”, mejor conocido como “chayogate”, en el marco del cochinero electoral que la clase política veracruzana nos receta a los veracruzanos.

Como el partido que lo propone, el tal pacto por Veracruz nace muerto. A lo sumo servirá para que una vez iniciadas las campañas políticas de los candidatos a las diputaciones locales y a las 212 alcaldías veracruzanas, el gobernador cuente con un pretexto para no dejar de aparecer en el recuadro informativo. Por lo pronto, voces oficiosas en los medios ya lo festinan como un recurso noble que el gobernador acepta e impulsa.

A como están las cosas en la política jarocha, el burdo as electorero que se sacan de la manga para aparentar una tregua civilizada es tanto como meter en el mismo costal no sólo a perros y gatos, sino también a toda clase de alimañas que harán valer su respectiva naturaleza. Salvo, claro está, en que el tal pacto no esté signado por la totalidad de las fuerzas político electorales en pugna, sino por unos bien portaditos y bien maiceados presuntos dirigentes estatales de los partidos locales ó aquellos con registro nacional que, dentro o fuera del costal, comparten penas y glorias yantando en el mismo pesebre.

La agenda del presunto pacto por Veracruz, nos dice el gobernador,  sería un conjunto de puntos que interesen a toda la sociedad veracruzana, con temas que tienen que ver con el desarrollo económico, el desarrollo social y “sobre todo en este momento álgido con el tema político”. Para lo cual se involucraría, además de las distintas fuerzas políticas, a la participación de cámaras empresariales, organizaciones sociales y “sociedad civil”. Para que el costal de marras esté completo.

En pocas palabras, legitimar lo anómalo, por decir lo menos, de un proceso electoral que por principio nace viciado y ayuno de transparencia, certeza y confiabilidad.

Honestamente no se a que juega en Veracruz. En términos de congruencia política aquí y ahora, se entiende que más que crear pegostes a modo, es respaldar e impulsar el llamado “pacto por México” que impulsa el presidente Peña, sujetándose a la agenda y temática dictada desde el centro y no, pretender competir desde la periferia con más anuncios triunfalistas y medidas -no políticas públicas-, tendientes a modificar a favor de la imagen gubernamental las estadísticas que genera el INEGI y la OCDE sobre crecimiento económico y desarrollo humano, en los paradigmáticos municipios veracruzanos en los que impera exclusión, pobreza y hambre ancestral.

Pero como afirmara el gobernador, lo importante es estar a la moda, para que Veracruz siga siendo la entidad federativa de vanguardia en todo y para todo. Lástima que la tregua resulte ya extemporánea, al proceso electoral en marcha  ya lo besó el diablo.

Por si no lo saben quienes están a favor del pacto jarocho, para impulsar crecimiento económico y desarrollo humano, así como para combatir pobreza y hambre desde los bastiones gubernamentales, bastaría con dar cumplimiento al Plan estatal de Desarrollo que el Congreso local a  propuesta del poder ejecutivo validara. Instrumento de presunta planeación que, por cierto, no se ha vuelto a mencionar a lo largo del mandato de Duarte de Ochoa.

La sociedad veracruzana exige buen gobierno y elecciones limpias,  no pactos ni cortinas de humo. En todo caso, el único pacto válido sería el de la administración pública estatal y municipal con los veracruzanos todos que surgiera de la elección de gobernador y ediles y, para ello, el primer compromiso de la administración es dar cumplimiento en todos sus términos al Plan Estatal de Desarrollo. La llamada sociedad civil, por su parte, cumplir con su compromiso cotidiano de evitar que Veracruz siga hundido en el atraso y la inmovilidad aplicándose con inversión productiva, trabajo y armónica paz social.

Por cuanto a los partidos políticos, está visto que por su naturaleza parasitaria, lo mejor que pueden aportar es no estorbar.

Siempre a la vanguardia en todo, por todo y para todo, Veracruz seguirá siendo señalado en el entramado nacional como la entidad que desperdicia su potencial, perdiendo  miserablemente el tiempo entre espectaculares anuncios triunfalistas y grilla salpicada de bacinicazos electorales.

Ya tenemos pacto por Veracruz.  ¿Y qué?

¿Cuánto costará a los veracruzanos? Por lo pronto, el despilfarro por su anuncio mediático es una raya más en el ya deslucido pelaje del tigre de papel.

Hojas que se lleva el viento

Agradezco los comentarios del Lic. León  Ignacio Ruiz Ponce.  Tiene razón, no se puede ni debe dar recetas o restringir opciones desde la comodidad del escritorio. Sin embargo, por lo mismo no estoy de acuerdo con el distinguido promotor de las candidaturas no registradas. Dadas las lamentables condiciones del actual proceso electoral el tema a debate puesto sobre la mesa no es votar por fulano o sutano, postulado o no por los partidos políticos, sino el rescate de la voluntad popular ahora secuestrada. La ciudadanía desde abajo sabrá encontrar el mejor camino para ello.

-ooo-

 Con el termómetro marcando 43 grados C., la capital yucateca está que arde. Buen pretexto de los meridanos para abarrotar los puertos cercanos y disfrutar el fin de semana en la playa con una buena dotación de heladas “chelas” y un exquisito pescado frito.- Chelem, Yuc., mayo 12 de 2013.

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J. Enrique Olivera Arce

Estimando que en la elección de gobernador en el 2010 alrededor de 2 millones de veracruzanos no sufragaran a favor del Dr. Javier Duarte de Ochoa, éste está más que obligado a demostrar que conducirá a la entidad por el camino correcto. Se le ha brindado el beneficio de la duda a partir de considerársele un político limpio, preparado y bien intencionado, que fuera más que beneficiario, víctima de los excesos de Fidel Herrera Beltrán, pero debe hacerse acreedor a tal muestra de  generosidad.

Igualmente se le concede el justificarle confusión en el arranque; no es fácil para nadie estrenarse como gobernador de una entidad federativa tan compleja y desigual en sus vastas regiones y, aún menos, habiendo heredado de su antecesor una administración pública tan cuestionada por su corrupción y desorden, como financieramente desfondada.

Sin embargo,  tal beneficio no puede otorgarse ilimitadamente. Cien días al frente de la administración son suficientes para conocer si ofrece rumbo, certidumbre y voluntad política para atender a las necesidades crecientes de Veracruz.

En unos cuantos días se vence tal plazo y, sin ánimo de juzgar a priori, por lo que hemos visto hasta ahora honestamente considero no convence el estilo personal de gobernar del Dr. Duarte de Ochoa; la impresión a bote pronto es de que formado políticamente al lado de Herrera Beltrán, se inclina más a seguir el estilo aprendido de su mentor y amigo que a manifestar uno propio, congruente con su preparación académica y la esperada comprensión que como joven ilustrado debe tener respecto a los retos de nuestro tiempo.

Hasta hoy, domina el viejo y sobado estilo. Tremendismo mediático, anuncios espectaculares de propósitos difíciles si no imposibles de cumplir y, para no perder el camino aprendido de su antecesor, un triunfalismo sin sustento que choca con la realidad.

En la forma se refleja el contenido. Más que palabras del gobernante los ciudadanos esperamos políticas públicas acordes con necesidades reales y sentidas de la mayoría de los veracruzanos, empezando con aquellos más desprotegidos.

En este contexto, es de llamar la atención que, sin mayor análisis, el Dr. Duarte de Ochoa de un plumazo transfiera al DIF y al voluntariado de la mal llamada “sociedad civil”, tareas que son de la absoluta competencia del gobierno que preside, como es el caso de la atención a los quince municipios de mayor atraso relativo en la entidad.

A diferencia de mi amigo Alfredo Bielma Villanueva, quien me distingue generosamente con sus valiosos aportes a mi sitio en la Red de Redes, estimo que tal transferencia de responsabilidades constituye una pésima decisión.

El atraso de los quince municipios seleccionados en principio, no es coyuntural ni puede atribuirse a los mini huracanes que tanto se han publicitado. Tiene carácter estructural, identificado plenamente como rezago social y económico y deuda histórica con nuestros pueblos originarios condenados a sobrevivir en condiciones de explotación, exclusión, desigualdad y pobreza extrema, en las serranías veracruzanas.

Tal deuda histórica no se resuelve con políticas públicas asistencialistas, en palabras más crudas, con limosnas provenientes de personas o instituciones privadas o subsidiarias del poder público “bien intencionadas”, para las que la caridad es manera de alcanzar la gloria eterna, negocio terrenal redondo, vía exención de impuestos ó, en su caso, careta propagandística de pedestres intereses políticos.

Sólo faltó que se dijera que el rescate de los 15 municipios en cuestión, correría a cargo del “redondeo” que con toda impunidad aplican las cadenas comerciales a sus consumidores cautivos.

¿O es que acaso se pretende que, como en el pasado reciente, el DIF substituya a las secretarías de salud, educación, agricultura, desarrollo social y económico, finanzas, y al propio Congreso local? Instituyéndose de facto a la “primera dama” como “vice gobernadora”.

Si es así, ya empezamos mal.

Si verdaderamente existe interés en rescatarles e incorporarles a la senda de prosperidad que se anuncia para Veracruz, como prioridad ello se debe reflejar presupuestalmente en medidas serias y a profundidad a cargo de los gobiernos estatal, y municipales, para erradicar analfabetismo, insalubridad, desempleo, exclusión e injusticia, así como en la dotación integral de infraestructura. Estableciendo metas concretas en tiempo y espacio, soportadas con la participación activa de las propias comunidades, como sujetos con mayoría de edad y no objeto inerte a expensas de la caridad.

Estamos aún  a tiempo. Bien vale un alto en el camino recien andado y reflexionar sobre el que y como reorientar con visión de Estado, rumbo y destino perdido en el sexenio precedente. Está más que comprobado que los palos de ciego con eco mediático de tres cuadras a la redonda, no conducen a buen puerto. El joven Duarte tiene que aprender a paso acelerado que una cosa es ser gobernador y otra, más difícil y compleja, es gobernar.

No debe echar por la borda el beneficio de la duda que con generosidad le conceden alrededor de dos millones de votantes.

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