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Tag Archives: Foro Social Mundial

Por: Luís Hernández Navarro


João Pedro es un dirigente excepcional, una especie de anfibio político, que lo mismo nada en las aguas populares, que en círculos académicos o entre quienes practican la política institucional.


Es, con mucho, uno de los movimientos sociales más vivos y dinámicos de América Latina. Uno de los más consolidados y estructurados. Uno de los más odiados y admirados. Uno de los más conocidos internacionalmente. Es el Movimiento de los Sin Tierra (MST). En 25 años de vida ha organizado 7 mil 500 tomas de tierra, 2 mil 500 de ellas durante los casi siete años del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.


La figura más visible de ese movimiento es João Pedro Stédile. Nacido en Rio Grande do Soul, en el seno de una familia de descendientes italianos, vivió en la granja de sus padres hasta los 18 años. Desde su juventud fue profundamente influido por la Iglesia católica. Completó su carrera de economista trabajando en el campo durante el día y estudiando en la noche.


Trabajó en una agencia de desarrollo rural gubernamental, desde la que organizó a los campesinos productores de uva destinada a elaborar vino. Cuando en 1975 la Iglesia católica formó la Comisión Pastoral para la Tierra (CPT) participó con ella.


Pocos dirigentes sociales tienen una formación teórica tan seria como él. Enemigo de la educación política manualesca que tanto daño hizo a la vieja izquierda, es un conocedor profundo del marxismo y de la teoría crítica, los que utiliza regularmente como herramientas de análisis.


Durante dos años cursó la carrera de economía en la UNAM, en México. Aquí conoció a figuras centrales en su formación académica y política, como Francisco Juliao (organizador de las ligas campesinas), Ruy Mauro Marini y Teotonio dos Santos. Considera ese periodo como uno de los mejores de su vida.


El MST nació de la lucha por la tierra y en contra del latifundio improductivo. Surgió en 1984 y adquierió ese nombre por un accidente periodístico: la prensa comenzó a llamarlos los sin tierra. Apenas entre el 20 y el 23 de enero pasados celebró su décimo tercer encuentro nacional.


En su fundación desempeñó un papel central la Iglesia católica. Años antes de su nacimiento, religiosos inspirados en la teología de la liberación habían desarrollado un trabajo muy profundo de concientización en el mundo rural. La Iglesia era la única institución con presencia real en todo Brasil.


João Pedro estableció una relación muy estrecha con el CPT, que comenzó a organizar grandes encuentros nacionales sobre la problemática del campo. Nació como un movimiento autónomo e independiente de los partidos políticos y de la Iglesia. Hay quien, desde la izquierda, no se los perdona. Desearían que la organización se subordinara al gobierno de Lula y que no lo criticara.


El MST apoyó la campaña electoral de Lula, pero nunca firmó un cheque en blanco con su gobierno. Acostumbra moverse en el filo de la navaja. No rompe con ese gobierno definitivamente, mas no renuncia a presionarlo. Su actuación frente al gobierno ha sido siempre la misma: presiona, critica y, cuando viene al caso, aplaude.


En una época en la que muchas organizaciones campesinas han desaparecido o entrado en crisis, el MST sobrevive, se fortalece y crece. Se trata de un movimiento con gran fuerza de masas: cerca de 700 mil familias participan en sus filas.


En su interior se privilegia la educación política y formal de sus militantes, retomando las enseñanzas de pedagogos como Paulo Freire. Sus escuelas de cuadros son verdaderas universidades campesinas y sus convenios con instituciones educativas del Estado un ejemplo de cómo se puede avanzar en la transformación de la enseñanza. Desde ellas se promueve la elaboración de un nuevo pensamiento y una nueva praxis transformadora de la realidad. Reivindica la necesidad de elevar el nivel educativo de los campesinos para que sean ciudadanos, en todo el sentido de la palabra.


El MST otorga gran importancia al trabajo internacional. Desempeñó un papel central en el nacimiento de Vía Campesina. Sostiene una escuela técnica agroecológica en Venezuela. Apoya las luchas de liberación en diversas partes del mundo.


Ve con gran simpatía la lucha del EZLN en Chiapas, al que, entre otras cosas, le reconoce haber puesto en riesgo su vida para alcanzar su objetivo. Coincide con el zapatismo en el intento por crear un gran movimiento de masas capaz de transformar la realidad.


João Pedro es un dirigente excepcional, una especie de anfibio político, que lo mismo nada en las aguas populares, que en círculos académicos o entre quienes practican la política institucional. En todos los niveles es capaz de moverse sorprendentemente bien: lo mismo imparte una conferencia en una universidad que explica con gran sencillez la más compleja realidad a un grupo de campesinos, a los que defiende a muerte y no da tregua a sus adversarios políticos. Responde personalmente los mensajes que le llegan a su correo electrónico y con eficacia da entrevistas a los medios de comunicación en portugués y español.


Él, así como el movimiento en el que participa, se han negado a contar con representantes populares. Algo excepcional, dado que casi todo mundo quiere ser diputado o funcionario público a casi cualquier precio. «Ni la televisión ni los votos cambian la realidad», afirma.


Una de las ideas-fuerza centrales es que la lucha por la reforma agraria sólo tenía futuro si se desarrollaba como una lucha de masas. Sin embargo, la lucha en el campo ha cambiado drásticamente su naturaleza. Frente a los cambios que se han operado en los agronegocios en los últimos 10 años, la cuestión agraria se quedó amortiguada. Los latifundistas se convirtieron en burguesía agraria y dejaron de producir para el mercado interno. Los dueños de estas empresas -muchas de ellas trasnacionales- son ahora sus enemigos principales. En esas circunstancias el movimiento campesino ha debido cambiar su estrategia.


Luchador incansable y tenaz, João Pedro Stédile representa a una clase de dirigentes sociales que casi no existe ya, pues fue absorbida por la política institucional o se retiró, decepcionada, a la vida privada.


Stédile sostiene que «Dios es campesino (y probablemente latinoamericano) y el maíz es nuestra moneda». Su organización, el MST, es, con mucho, una de las más avanzadas políticamente de cuantas existen en América Latina. En los años recientes ha dado mucho de qué hablar. En los que vienen adquirirá una presencia aún mayor.


La Jornada 03/02/09

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


Lamentable el lastimero tono del mensaje de Felipe Calderón en Davos recomendando que se cuide la generación de expectativas, pues cuando son cada vez más negativas pueden carecer de fundamentos sólidos e inhibir a los agentes económicos, cuando la realidad nacional nos dice que quien carece de de fundamentos sólidos para conducir la buena marcha del país es el propio declarante, quién a su vez es factor determinante para inhibir la más mínima expresión de confianza y credibilidad en su gestión. Tal trivialidad es sólo comparable con el cinismo del ex presidente priísta Ernesto Zedillo, que sin mayor empacho declarara ante el mundo que México destinó mayores recursos de los contribuyentes en el rescate bancario, que los que hoy destinan los Estados Unidos por el mismo concepto.  Vaya exponentes del PRIAN.


Si lo declarado por el chaparrito pelón de lentes iba dirigido a sus connacionales en México para generar optimismo y confianza frente al escenario de recesión económica en que ya estamos inmersos, el tiro le salió por la culata. La terca realidad e incluso el gobernador del Banco de México, lo desdicen; el desempleo y los salarios congelados, frente a la escalada de precios impulsada por la devaluación del peso frente al U.S. Dólar, no pueden sino generar expectativas negativas en la mayoría de la población, agente económico sustantivo, sin necesidad de que los medios de comunicación se hagan eco del pesimismo que impacta ya en el ánimo de un sector empresarial, que califica la profundidad de la crisis en función de la pérdida de liquidez y disminución de sus ganancias.


El asumir actitudes pesimistas, que paralizan e inhiben, no tendría cabida si, frente a la crisis,  quienes gobiernan mantuvieran el mínimo de congruencia, oportunidad,  y buen juicio en la conducción del país. Lo cual no se da en México, antes al contrario, el gobierno va a la zaga de los acontecimientos, hoy dice una cosa y al día siguiente afirma lo contrario,  presionado por el descontento y protesta de la ciudadanía, sin el menor asomo de ánimo y voluntad política para imprimir cambios que el buen juicio recomienda, tras más de 25 años de mediocridad y estancamiento.


Si en desacuerdo con lo que vive y piensa el pueblo de México, lo declarado por Calderón estaba destinado a la cúpula mundial de la política y los negocios reunida en Davos, mucho peor aún. La mayoría de los ahí reunidos no sólo expresan pesimismo sino que lo difunden  abiertamente frente a la debacle de la economía en sus propios países y en el mundo, generando expectativas ciertas que les obligan a pensar en una refundación sistémica del capitalismo.  Lo que tiene mayor relevancia en tanto los presentes en su gran mayoría, son defensores a ultranza del neoliberalismo como expresión pragmática del capitalismo salvaje de los últimos años del Siglo XX y principios del actual.


La ligereza de Calderón en tal contexto, no pudo haber generado más reacción que una soterrada sonrisa de compasión para un país subdesarrollado, que, entre otras cosas, sufre el (des) gobierno de un iluso.


Como colofón, vale la pena destacar que el interés planetario frente a la crisis global,  está puesto no en Davos, sino en Belém de Pará, Brasil, donde tiene lugar la Séptima Edición del Foro Social Mundial, contando con más de de 100 mil participantes.


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