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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Conforme se incrementa la profundidad de la crisis por la que atraviesa Veracruz, nadie parece estar interesado en mover un dedo para amainar la debacle económica, deterioro del tejido social y miseria política. La sociedad pareciera haber bajado la guardia, impotente para no solamente frenar la crisis, sino también para vislumbrar nuevos y más amplios derroteros. Adormilada por la machacona idea de que aquí no pasa nada, deja hacer, deja pasar, esperando que la realidad cambie por sí misma.

El valemadrismo y simulación de una administración pública corrupta, impune y financieramente desfondada, de tanto promocionarse pareciera haber contagiado a la mayoría de la población del síndrome de indiferencia frente a una realidad que tocando cotidianamente a la puerta de las familias, se anuncia como algo que llegó para quedarse.

El descontento, hartazgo y desánimo en el imaginario colectivo, lejos de canalizarse en la búsqueda de mejores y más amplios caminos para alcanzar crecimiento y desarrollo, provoca un impasse perverso en la vida social y económica de la entidad. La sociedad, impotente frente a una realidad que aún percibiéndola no se atreve a enfrentarle, acepta el más de lo mismo como si no existiera salida alguna a una crisis que habiendo tocado fondo, se revuelve y se agiganta en medio del valemadrismo.

Y es en este punto muerto en el que perdida capacidad de indignación y de reacción, la sociedad veracruzana cual mirón de palo haciendo como que la virgen le habla, deja hacer sin mayor reparo a la llamada clase política que, a sus anchas, se despacha con la cuchara grande socavando la incipiente democracia a la que como forma de vida aspiramos.

Resignación. No hay nada que se pueda hacer para enmendar lo hecho. Sólo queda cifrar esperanzas en el relevo gubernamental, con más fe ciega que convicción de que con el cambio de estafeta en la gubernatura, habrán de resolverse por sí mismo los problemas que hoy aquejan a la entidad veracruzana. Falsa ilusión, la crisis es tal y en todos los ámbitos que la oferta política de los adelantados se siembra en tierra infértil.

El contexto más general dentro del cual se da la crisis multidimensional de una entidad federativa que mereciera mejor destino, sin la participación responsable y consecuente de la población hace nugatorio todo intento por enmendar la plana. No es Veracruz, es el todo nacional que gravitando en torno a un modelo de país empobrecededor, responde más a las propuestas sistémicas del capitalismo salvaje internacional que a las necesidades concretas de impotentes mayorías.

El impasse es general. Ni para atrás ni para adelante, todo está estancado en el afán neoliberal de un Peña Nieto que cifra esperanzas de progreso en presuntas reformas que chocan con la terca realidad. De cara al mundo, más desanimo y más pobreza, es la constante.

La gente lo percibe e impotente frente a una realidad que le supera, opta por el camino facil de la indiferencia, profundizando el divorcio entre población y gobierno, auspiciando la respuesta individualista: que cada quién se rasque con sus propias uñas. Mientras no falte el pan en mi mesa, el sufrimiento ajeno me vale, el Sr. Peña y sus aprendices de brujo bien pueden hacer y deshacer.

Así, el discurso, como la parafernalia al estilo de los viejos tiempos no logra penetrar la coraza de indiferencia de una sociedad dormida. Anclada en el más de lo mismo como expectativa presente y futura, la mayoría de incipientes ciudadanos, deja hacer, deja pasar, sin esperar nada que no sea un milagro. Y en ese punto muerto, para beneplácito del gobernador fallido, el más de lo mismo de la clase política, con el respaldo de la mayoría de los medios de comunicación, actúa como eficaz distractor librándole de la picota pública. El poner nuevamente en escena el combate a muerte entre los Yunes buenos y los Yunes malos en una grosera campaña proselitista adelantada de quienes aspiran a sucederle, libra al Sr. Duarte de Ochoa de dar la cara como único responsable de entuerto tras entuerto en una entidad federativa que arrastrando la cobija .no encuentra rumbo ni destino cierto.

El no pasa nada y el valemadrismo de una administración pública desfondada, en medio del cochinero político se retroalimenta, agudizando los efectos de una crisis que no se resolverá con una gubernatura de dos años. De perdida lo que aparezca y lo que se nos oferta políticamente en Veracruz, marcha en tal tesitura. Nada en los adelantados indica posibilidad de cambio real, ampliando los terrenos del desanimo e indiferencia. Voceros oficiosos de un modelo de país que no ofrece garantías de progreso, lo más destacado de un ejército de aspirantes a la gubernatura no tiene nada sólido que ofrecer.

Paradójicamente, el que se considera puntero en la justa adelantada, nos dice que el enemigo a vencer es la pobreza, cuidándose de no aclarar que ésta es consecuencia y no causa resultado del modelo privatizador y empobrecedor de un neoliberalismo que en el mundo entero está agotado. El paradigma es Peña Nieto y en su nombre se oferta más de lo mismo, retroalimentando indiferencia, así como profundización del divorcio entre las clases subordinadas y los administradores formales del poder fáctico real que vela por los intereses sistémicos del gran capital.

La correa de trasmisión que armoniza el interés común está rota. La política como expresión objetiva del régimen que en teoría los mexicanos nos hemos dado, está fracasando en el intento. La suma de las partes arrastra al todo y en ello Veracruz no es ajeno.

En esas estamos, México y Veracruz viviendo un perverso punto muerto. Ni la clase gobernante ni los gobernados, tienen asidero confiable para romper el círculo vicioso. Unos y otros en espera del milagro coyuntural que ilumine el camino.

Hojas que se lleva el viento

Entre lo nauseabundo del fango, algunas voces clasemediaras se levantan en Veracruz, apostándole al rescate. La fórmula: más de lo mismo con un candidato a la gubernatura de dos años que desde las filas del PRI se asuma como el Mesías salvador.- Xalapa, Ver., julio 24 de 2015.

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J. Enrique Olivera Arce

La terca realidad no nos desmiente. La crisis de un  régimen presuntamente democrático sustentado en un racimo de partidos que conforman lo que ya se etiquetó como partidocracia, tiempo ha que tocó fondo, exhibiendo públicamente sus miserias ante una ciudadanía que ya no se da por sorprendida.

La pugna facciosa al interior del PRI está al desnudo, el ignominioso ejemplo del príncipe de la basura en el D.F.,  es apenas la punta del iceberg de lo que a nivel nacional se vive en la estructura del tricolor; Veracruz no es la excepción como ha quedado ampliamente demostrado con la imposición -contra la opinión generalizada de la militancia- de Elizabeth Morales al frente del Comité Directivo Estatal.

Éste ejemplo no es privativo del PRI, en todo el sistema partidista se da, ningún instituto político con registro vigente se salva de la descomposición moral y política, corrupción, tráfico de influencias y simulación que hoy exhibe el PRI, con la diferencia de éste último que bien se ha venido guardando de exhibir sus trapitos al sol presumiendo de unidad al interior de sus filas, hasta ahora.

Lo cual no obsta para que conste ante la opinión pública que la descomposición del partido gobernante responde a un proceso permanente de corrupción, impunidad y gatopardismo. Ejemplos de ello sobran lo mismo entre dirigencias que entre presidentes de la república, gobernadores y legisladores.

Quien esto escribe se sumó oportunamente a la percepción de la profundidad de la crisis del régimen caduco que hoy la realidad pone al descubierto:

Septiembre 7 de 2010.- ¿Partidos políticos en crisis?

“Corrupción, impunidad, enriquecimiento más que explicable, demagogia y más de lo mismo, es la respuesta de los partidos políticos al cumplimiento del deber cívico y obligación ciudadana frente a las urnas. La voluntad popular  es desechada pasada la elección y el mandato ciudadano toma la forma de cheque en blanco, a disponibilidad arbitraria de los elegidos que habrán de actuar atendiendo a los intereses del partido político que les postulara.”

Octubre 25 de 2011.- México. El sistema político nacional toca fondo

“Los partidos políticos dejaron de ser funcionales a la par que el estado de derecho es letra muerta en México. El imperio de la ley no aplica para el sistema político vigente; prevaleciendo la “ley del embudo” que se maneja sin excepción al libre albedrío en todas las instancias partidistas…”

Enero 15 de 2013.- ¿Qué fuerzas políticas moverán a México?

“Aparentemente todo cambia con el PRI nuevamente en el gobierno de la república, la verdad es que todo sigue igual en un régimen de partidos políticos parchado que, en su carácter de partidocracia de hecho, se asume como  rector de la vida nacional. Ni vencedores ni vencidos, todos son iguales, todos se tapan con la misma sábana.”

Abril 4 de 2013.- Peña Nieto y la crisis partidaria

“La crisis partidista no es solo de credibilidad. Puede observarse, sin temor a equivocarse, que también es orgánica y de racionalidad instrumental. Tres lustros de inmovilidad en los procesos de alternancia y transición democrática, desarmaron fines y razón de ser del sistema de partidos en México…”

Abril 29 de 2013.- El ocaso de los partidos políticos en México

“Ayuno de credibilidad y si identificado como una partidocracia parasitaria, el sistema de partidos para la ciudadanía es hoy más un estorbo que vía para el diálogo y concertación entre gobierno y sociedad…”

No estábamos del todo equivocados.

Hay muertos que no hacen ruido…

El tricolor a lo largo de su historia supo más o menos guardar la basura bajo la alfombra, cuidando las formas exigidas por su carácter hegemónico apareciendo en público como  un partido monolítico, sin fisuras ni rupturas. En eventos previos a la elección presidencial de 1988, quedó demostrado  lo contrario, la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas lo puso al descubierto auspicio desbandada y pérdida del control clientelar, iniciando una debacle de la que el PRI aún no se repone.

Hoy día, en un México diferente con una sociedad plural mejor informada y con mayores condiciones para la participación ciudadana, está demostrado que el PRI ni es monolítico ni es ya referente hegemónico de la vida política nacional, sobreviviendo de la simulación y la corrupción político- electoral.

Para el pueblo todos son iguales

Si en su momento por su carácter tribal el PRD mostrara ser el eslabón más débil entre los tres partidos mayoritarios de la cadena de un régimen caduco, exhibiendo división, guerra fraticida, encono y vulgar telaraña de intereses particulares y de grupo, en el presente con el ilegítimo mandato de Enrique Peña Nieto, el llamado pacto por México y la aprobación de presuntas reformas estructurales, tanto el PAN como el PRI ponen de manifiesto que no hay diferencia entre unos y otros, contribuyendo los tres a la profunda descomposición política del régimen que deviene en crisis y que, por su peso específico en la conducción de los destinos del país, arrastra consigo a toda la sociedad.

No teniendo cara para pretender seguir secuestrando a la democracia representativa y voluntad popular, los tres partidos mayoritarios divididos y polarizados a su interior, se desgarran las vestiduras ofreciendo el compromiso de cambiar para bien. Vano esfuerzo mediático, si como el Ave Fénix aspiran a renacer de entre las cenizas, su naturaleza lo impide. Así como nacieron entre corrupción y simulación democrática, así los mexicanos esperan pasen a mejor vida cediendo el espacio a una auténtica representación de la voluntad ciudadana.

Hojas que se lleva el viento

“El influyente diario The Washington Post se refirió a la drástica caída en los niveles de aceptación del gobierno del priista Peña Nieto. La clase media en México, expuso el periódico de la capital estadounidense, ha visto cómo los impuestos se elevan, la gasolina es más cara y también las bebidas gaseosas, casi la mitad del país se mantiene en la pobreza y la confianza del consumidor va en picada, junto con otros indicadores que muestran que a los más pobres les está yendo peor que nunca con el actual Presidente. El mayor problema es el crecimiento débil de México. El año pasado, la economía del país creció a sólo 1.1 por ciento, muy por debajo de la meta de crecimiento del 5 por ciento que Peña Nieto estableció cuando se postuló para Presidente”  ( ADN sureste 15/04/2014).

Apreciación del Washington Post que anida desde endenantes en el imaginario colectivo de los mexicanos. Alguien no está haciendo bien la tarea y este podría ser el súper secretario de hacienda Luís Videragaray Caso, que la mayor parte del tiempo se la pasa en campaña nacional e internacional promoviendo las inciertas bondades de las reformas peñistas y descuidando el apuntalar un mercado interno en constante deterioro. Sin consumo efectivo de los mexicanos no hay condiciones para la inversión, nuevos empleos, ahorro y crecimiento y esto, el flamante economista mexiquense parece ignorarlo ocupado como está en justificar lo injustificable de la alquimia neoliberal del Sr. Peña.

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J. Enrique Olivera Arce

Mucho se ha hablado en los últimos días sobre “los cambios” en el gabinete del gobernador Duarte de Ochoa, existiendo amplio consenso en que estos son expresión viva del gatopardismo que anima a los actos de gobierno ya no sólo en Veracruz, sino en el país entero;  en los que la simulación o interés implícito o explícito ocultando lo que compete o afecta a  ciudadanía y democracia, sólo modifica el tenor del discurso.

Sin embargo, poco o nada abonamos a favor de lo que deberíamos entender o esperar  de todo cambio impreso en la estructura orgánica de la administración pública veracruzana. Confundiéndose la necesidad de cambio en el contexto más amplio de la vida política y económica de la sociedad, con el cambio de actitud o de rumbo en el ejercicio del poder público que esperaríamos como sociedad de un gobierno por ahora fallido a los ojos de la ciudadanía.

Esto sin parar mientes en que si bien sociedad civil y gobierno se interactúan y retroalimentan, no necesariamente responden a los mismos propósitos y objetivos ni marchan al mismo ritmo. Como tampoco les afecta en igual medida el estado de cosas que configura el reino de las necesidades reales y sentidas y las respuestas y mecanismos para satisfacerlas.

En tal sentido, no se ve un punto de encuentro que permita aseverar que unidos, los veracruzanos transitamos por el mismo camino en la búsqueda de crecimiento y desarrollo.

En este orden de ideas cabe preguntarse entonces cuales son las expectativas de cambio de la sociedad civil, en que rubros y en qué orden de prioridades, así como cuáles serían los caminos más idóneos que se espera conduzcan a la búsqueda de respuestas eficaces al abanico de necesidades que ésta demanda para alcanzar estadios superiores de convivencia y bienestar.

Y, en este marco, delimitar lo que en justicia es tarea de la sociedad civil y cuál es la que corresponde al poder público en sus tres órdenes de gobierno. Para, a partir de esto, concretar lo que la sociedad espera de su gobierno, así como identificar y encuadrar lo que siendo tareas comunes, exigen la conjunción de propósitos, objetivos y tareas de todos,  en su respectivo ámbito competencia.

Si no se tiene clara esta situación, a mi juicio estaríamos recreando el clima de paternalismo de Estado del viejo régimen, esperando –dejando hacer, dejando pasar- que sea el gobierno el responsable único de proveer respuesta eficaz a todas nuestras necesidades como sociedad. Evadiendo lo que a cada quien corresponde aportar en la construcción de un país más amable y llevadero.

Si lo que se persigue es la utopía de una sociedad justa y solidaria que por sí misma construya y fortalezca lo que se ha dado en llamar “Estado del bienestar”,  lo que encontraríamos con tal talante de dejadez sería reafirmar el carácter ineficaz por sus resultados y autoritario por sus actos, de un régimen político que hoy día parece no dar más.

México ha cambiado, se dice con razón y, por ende, también Veracruz que va en el mismo barco. Habría que clarificar en qué, cómo y hacia donde apunta este cambio, para tomar conciencia de en donde estamos parados y que es lo que en dicho proceso, para bien o para mal, se ha quedado rezagado, y entonces pensar y actuar en consecuencia con visión de futuro. Si esto no se tiene claro, a mi modesto entender sociedad civil y gobierno van de la mano sin rumbo y a la deriva, compartiendo e intercambiando reclamos, lamentos e indiferencia.

Bajo esta óptica es que considero debe contemplarse el “gatopardismo” del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa.

¿Qué cambia para seguir igual? Lo mismo para las expectativas de la sociedad en su conjunto que para una administración pública que, en stricto censu, está obligada a desempeñarse bajo el mandato de la ciudadanía con honestidad, eficiencia, eficacia y transparencia, dando resultados palpables a sus mandantes como coadyuvante en las tareas del crecimiento y desarrollo.

De otra manera, tejeremos burdo o fino en torno a la idea de cambio como mera abstracción, frente a una realidad real que nos ofrece estancamiento económico, deterioro del tejido social y nulo avance en el bienestar de los veracruzanos. Realidad que exige algo más que elaborada retórica.

Hojas que se lleva el viento

Gobierno omiso. Hubo necesidad de un movimiento social de autodefensa en Michoacán para que el gobierno federal “descubriera”, en un mar de corrupción, cuantiosas operaciones presuntamente ilícitas en el puerto Lázaro Cárdenas en esa entidad federativa. Miles de toneladas de minerales y decenas de maquinaria pesada se ocultaban bajo la alfombra ante la mirada complaciente de las autoridades.

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El ya identificado como “falso debate” en torno a la centralización del cobro y administración del impuesto predial por parte del gobierno estatal, ha levantado ámpula en la sociedad. Más allá de la especulación, ignorancia o chisme palaciego, lo que vale y vale mucho, es lo que la ciudadanía percibe. Lo primero que se pensó es que el gobierno duartista ante la falta de dinero para afrontar el costo de los Juegos Centroamericanos, se ve obligado a irse sobre los recursos de los Ayuntamientos. Los veracruzanos no olvidan el affaire de la bursatilización y sus nefastos resultados.  La burra no era arisca…

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En Xalapa no hay obra pública porque aún no hay plan municipal de desarrollo, diría muy molesto el alcalde Américo Zúñiga ante la tempranera crítica. Y tampoco hay con qué, dicen los xalapeños. El Ayuntamiento de la capital veracruzana cuenta con más deudas que disponibilidades, y no es la excepción en el ámbito municipal de la entidad. Así que no nos queda más que aguantar y esperar a que los genios de la planeación, si es que los hay,  hagan de la crisis oportunidad para salir del bache.

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Y ya montados en las expectativas electorales del 2015 y 2016, pasamos por alto que lo que está en juego, de no entender y atender cuál debe ser la prioridad número uno de Veracruz, es su viabilidad económica y social.  El no avanzar en la concreción de logros tan importantes como urgentes de crecimiento económico, creación de empleos y aminorar los efectos de la miseria, desigualdad y marginación, así como en el combate a la corrupción, impunidad y dispendio de los recursos disponibles, la entidad no tiene futuro. De ahí la pregunta obligada: ¿El futuro de Veracruz depende de la política electoral o de la reactivación económica?.- Xalapa, Ver., marzo 5 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

Entre quienes ayer comían  de la mano de la señora que hasta mediados de la semana pasada  se desempeñara como Coordinadora de Comunicación Social en el gobierno de Veracruz, no faltan los ingratos. Muerto el rey viva el rey. Los asiduos lectores de las columnas políticas en medios impresos o en portales de la Internet, por su pluma los identificarán.

Otros, sin haber sido beneficiarios directos de las políticas equívocas de pago por servicios prestados, simplemente hacen leña del árbol caído, responsabilizando más de oídas que por conocimiento de causa, a la Sra. Gina Domínguez. Ingratos y no ingratos, pero también un buen número de afectados por su exclusión de la nómina gubernamental, se cuidan eso sí, de no mencionar que como empleada del gobernador o bien recibía órdenes o las interpretaba a su real entender, que para el caso es lo mismo en la medida en que contara con carta blanca para el ejercicio de su función.

El que ahora se autonombra “pavo Real”, es el bueno, el llamado a limar asperezas con los empresarios de la prensa y  a salvar con ello  la deteriorada imagen del gobernante. Alberto Silva, ex alcalde de Tuxpan, ex secretario de Desarrollo Social y hoy flamante Coordinador de Comunicación Social, merece no sólo el beneficio de la duda, sino que se hace acreedor al tendido de alfombra y quema de incienso de los aduladores que van tras la chuleta. Muerto el rey, viva el rey mientras el billete fácil fluya y las infanterías reporteriles no se le suban a las barbas a sus empleadores, como ya está ocurriendo.

Unos comen en bandeja de plata, otros, los más disfrutan de las migajas aún a costa de su integridad física, y así lo están entendiendo las infanterías del periodismo oficial u oficioso hoy al margen de un régimen salarial digno y de prestaciones sociales que hagan más llevadera tanto su tarea como el bienestar de la familia. La amenaza de despido no es impedimento para que se manifiesten en protesta.

Gina Domínguez deja el cargo para ocupar otro de menor valía. Cosa nada rara en la actual administración duartista, si suben o bajan lo que menos cuenta es dignidad. Para sus cercanos, la renuncia al cargo responde a fatiga y desencanto; el aceptar un nuevo encargo de escritorio, liberación oportuna de una carga ya insoportable para la salud física y mental de la señora.

Para sus críticos más amables, la oportunidad de servir más de cerca a su empleador,  hablándole al oído sobre espinosos temas, como una asesora más entre penumbras y entretelones.

Para el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, el relevo responde a su personal interpretación de una realidad y una actividad periodística profesional que no entiende; el ubicarle en otro puesto creado ad hoc, como es la secretaría técnica de la oficina del gobernador, salida lo menos traumática para quien le sirviera con relativa lealtad.

Sean cual fueren  las razones, la eficacia de su desempeño queda en duda; su presunto enriquecimiento a costa tanto del erario público como de su participación en lo oscurito en negocios poco claros, voz populi. Liberada de la carga no escapa al escarnio y la maledicencia; quedó señalada y marcada, por salud mental difícilmente podrá sin sobresaltos por las tardes compartir un café con quienes en el ejercicio periodístico fueran sus amigos y colegas.

El 19 de septiembre del año pasado, en el artículo de mi autoría publicado bajo el título “Vida útil y caducidad”, consideré: Gina Domínguez Colío alcanzó su más alto nivel de eficiencia y con ello su condición de obsolescencia. No porque dejara de ser inteligente, capaz o por perder la confianza de su empleador, como se rumora. Alcanzó su tiempo de vida útil como Coordinadora de Comunicación Social, simplemente porque así lo está determinando el mercado de medios de comunicación masiva en la entidad lo que obliga a su vez al gobierno del estado, consumidor del producto ofertado, a poner en práctica una nueva estrategia de consumo, orientada a obtener el mayor impacto comunicacional en la población con el menor costo político y financiero.

Si ella hubiera tenido clara esta situación, renuncia en la cúspide de su desempeño. No fue así como tampoco la nueva estrategia comunicacional cuajó, sin alcanzarse mayor impacto ni mucho menos el menor costo político, económico y financiero. Antes al contrario, socialmente se revertió en perjuicio de credibilidad e imagen de un gobernador confrontado con el periodismo.  Hoy Gina deja el cargo con la cola entre las piernas y a otra cosa mariposa. Ni hablar, el poder marea y así se escribe la historia en la política jarocha.

Hojas que se lleva el viento

Para Ripley.  En un santiamén el alcalde Américo Zúñiga exentó al cuerpo de bomberos de la capital veracruzana del pago de agua que le cobraban sus antecesores. Ojalá y tome la misma medida exentando del pago de saneamiento  a las decenas de colonias populares que carecen de drenaje.

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Ya trascendió. Ambición mata razón. Con los cambios en el gabinete duartista se hizo pública la contienda de perros y gatos que se traen en el seno del primer círculo de la administración pública veracruzana. Todos contra todos en el mismo costal, fuego amigo y patadas bajo la mesa es el escenario en el que el Sr. Dr. Duarte de Ochoa inútilmente clama por la concordia y unidad.

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Muchos se preguntan el por qué Alberto Silva se autonombró “Pavo Real”, al tomar posesión de su encargo como Coordinador de Comunicación Social, cuando cómodamente el mote de “Cisne” le quedaba a la medida. Ya salió el peine, se considera plumífero de ornato que distinguiéndose  por una amplia y colorida cola, ni perjudica ni beneficia en los floridos jardines de palacio.

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Este miércoles Carlos Luna Escudero presentó en sociedad al nuevo portal informativo “Sociedad 3.0” que,  bajo la conducción de Jaime Ríos Otero y Alfredo Bielma Villanueva, pretende ser un medio de comunicación que interactúe con sus lectores en un esfuerzo por sumar su grano de arena en el rescate del periodismo veracruzano,  hoy en crisis. Desde estas líneas expresamos nuestros mejores deseos para el buen éxito de esta iniciativa, haciendo votos por que cumpla a cabalidad su propósito de dar espacio a los sin voz en una entidad federativa en la que hombres y mujeres de a pie ni se ven ni se escuchan.

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J. Enrique Olivera Arce

“Haiga sido como haiga sido”, de motu propio o por “recomendación” externa, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en el conflicto de intereses entre prensa y gobierno, para la opinión pública capituló, dando por su lado a los medios de comunicación sobre la actuación tanto de su Procurador de justicia como de su vocera y Coordinadora de Comunicación Social.

Pese a que los texto servidores oficialistas de siempre afirman que el gobernante con el “manotazo”  aplicando los tan necesarios como urgentes cambios en el primer círculo del gabinete, así como advirtiendo que “… son tiempos de entrega , no de  mezquindades, y que en este gobierno no hay espacio para la división, que no caben los personalismos e intereses ajenos a los de los veracruzanos, ni proyectos personales y tampoco ineficiencias en los resultados”, el gobernador sale fortalecido de la crisis que derramara el vaso en materia de seguridad, lo que a mi juicio se percibe es todo lo contrario.

En lo que va del sexenio del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, con la misma cantaleta se han celebrado los cambios, enroques y “manotazos”, sin que nada cambiara en la conducción de la administración pública veracruzana. Todo lo contrario, las cosas han transitado de malo a peor. En esta ocasión, no hay elementos que permitan estimar que sea diferente.

El gobernador acusa  los índices más  bajos de aceptación en amplios sectores de la población y lo menos que se dice y no precisamente en voz baja,  es que sus empleados a más de ineficientes, únicamente cumplen con lo que de arriba se les ordena, dando pésimos resultados en el desempeño de su gestión.

De ahí que no es de extrañarse que para la opinión pública todo cambio o ajuste en el gabinete duartista es para seguir igual, o peor. Una  nueva dosis de gatopardismo de un gobierno fallido que considera a los veracruzanos como menores de edad.

Lo que de entrada se confirma es que con el cambio de estafetas lo mismo en la Procuraduría que en Desarrollo Social que en Comunicación Social, la iglesia sigue en manos de Lutero; corrupción e ineficacia seguirá siendo la constante  en el pequeño mundo de Don Javier. ¿O acaso se cuenta con elementos de juicio que aseguren lo contrario?

En tanto no se dé un cambio a profundidad en las estrategias fallidas de gobierno y este se ponga al servicio de las mayorías con honestidad, transparencia, eficiencia y eficacia, hombres y mujeres lo mismo surgidas del fidelismo que de reducido círculo de amigos de Don. Javier Duarte, por muy talentosos que estos sean son irrelevantes si de mejorar se trata. Estos y estas seguirán la misma tónica de mezquindad, atención a intereses  personales o de grupo a los que se refiere el gobernador  con su presunto “manotazo”. Para unos estas conductas son resultado de la condición humana, para mi gusto es fruto indeseable de un caldo social de cultivo en el que la descomposición política y la ausencia de participación democrática y responsable de una endeble ciudadanía, auspician y hacen permisible el fenómeno.

En artículo anterior consideraba que es de suma gravedad el que con la débil respuesta del gobernador al conflicto de intereses entre gobierno y medios de comunicación, lo que es de esperarse es no otra cosa que el reacomodo con fines electorales de las escasas piezas con las que cuenta el gobernante,  para así asegurar que su sucesor le cubra las espaldas. Priorizándose en la agenda del Sr. Dr. Duarte el tema de la sucesión por sobre la atención a los graves problemas económicos y sociales que aquejan a la entidad. Y ni que decir de la problemática financiera que tiene postrada de rodillas a la administración pública veracruzana.

Cambiar para seguir igual, o peor, por donde se le quiera ver. Salvo la mejor opinión de aquellos empresarios de medios de comunicación que, dándose por satisfechos con “el manotazo”, hoy ven en el  cuestionado ex alcalde tuxpeño, ex titular de desarrollo social y hoy flamante Coordinador de Comunicación Social al enderezador de entuertos, que les brinde la oportunidad tanto de resarcirse de sus pérdidas como de reconciliarse con las políticas públicas emanadas del régimen duartista.

Para las mayorías ofendidas, no queda más que apechugar o construirse como ciudadanía responsable,  para intentar paliar la tormenta de  fracaso anunciado de una administración pública que, en candoroso gatopardismo, ni les ve ni escucha.-

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J. Enrique Olivera Arce

La gente protesta muy bien contra algo, pero lucha mucho mejor por algo. Alberto Garzón, economista español.

Entre excelentes, buenos, regulares y malos augurios para el futuro inmediato del país, cierra el 2013 cediendo el paso a un 2014 que para Peña Nieto será el de la consolidación de las grandes transformaciones. Y, para no quedarse atrás, para el gobernador de Veracruz con la reforma energética la entidad registrará el mayor crecimiento de su historia.

En el caso del Sr. Peña se justifica, que caray, tiene que salir a defender los frutos arrancados por la fuerza a la historia nacional. No así en tratándose del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, quien repite como loro huasteco lo que no entiende pero escucha de la voz que de las alturas baja.

Lo cierto es que con reforma o sin reforma, el futuro inmediato no sólo es incierto, todo apunta a estancamiento y retroceso en lo económico, así como a un deterioro creciente de la vida política de la Nación, tejido social y calidad de vida de los mexicanos.

Nada indica que para el 2014 las llamadas reformas estructurales y, en específico la energética, rindan frutos acelerando crecimiento económico, generación de empleos de calidad, o productividad y competividad en el quehacer productivo como afirma Peña Nieto y sí, indicadores sobran respecto a dos variables que a mi juicio en el marco de la crisis del sistema político y régimen de partidos políticos, se complementan y retroalimentan: ineficacia gubernamental y desigualdad con pobreza extrema.

Que se vayan todos, empieza a escucharse como en el 2000 se escuchara de viva voz en Argentina ante ineficacia y corrupción oficial, mientras la pobreza avanza sin freno, la protesta popular invade la calle y el autoritarismo enseña los dientes.

Por cuanto a Veracruz, la anunciada prosperidad sólo existe en la mente de un gobernador que ni el menor intento hace por conectarse con la realidad. Anuncio tras anuncio triunfalista y el 2013 se le escurre entre las manos, como habrá de escurrírsele el 2014 y así, hasta la conclusión de su mandato, cuente o no con la bendición papal que, para el caso, sale sobrando.

Buenos propósitos y optimistas deseos con motivo del año que comienza, parecen no tener cabida en la realidad que se vive hoy día. Optimismo no falta en los hogares –el consumismo lo delata-, de lo que se carece en lo colectivo es de esperanza para un país amenazado por un infausto futuro dominado por un clima de negros nubarrones de incertidumbre, pérdida de expectativas de progreso y de valores trascendentes que, a su vez, enmarca hartazgo social que se acumula.

Para las mayorías empobrecidas, nada que celebrar

Peña Nieto y partidocracia, celebrando pírricos triunfos navideños, confiados apuestan al camino andado sin visos de atender a lo que viene. Para Duarte de Ochoa el festejo es permanente, arribó a su mandato con la prosperidad bajo el brazo. Nada le inquieta, nada le quita el sueño, en Veracruz no pasa nada y si pasa, será para bien,  con la prometedora panacea de una reforma energética que ni perjudica ni beneficia a una entidad federativa en que todo ya está hecho; consolidar las grandes realizaciones de su régimen es su propósito para el año que comienza.

Para las mayorías empobrecidas, nada que celebrar. Ni fiestas decembrinas ni festejos de año nuevo, sobrevivir es propósito, objetivo y meta cotidiana. Si alguna vez lo comido era lo seguro, para el 2014, Dios dirá.

Se fue el 2013 con su pesada carga de traiciones. La historia habrá de registrarle como el año en que un puñado de notables cancelara la joya de la corona, inscrita con letras de sangre en la Constitución del 17. Entregada la cereza del pastel, con ello culmina también la época de la simulada democracia representativa. “El Estado soy yo”, dicta Peña Nieto y el país acata.

El que manda, manda, decía Napoleón Bonaparte, y si se equivoca vuelve a mandar. Regla de oro del autoritarismo, propósito restaurador del viejo régimen de espaldas a la voluntad y aspiración democrática de los gobernados.

Dejar hacer, dejar pasar, masoquista síndrome del mexicano, como contrapartida.

Con estas viejas fórmulas pendiendo cual “Espada de Damocles” sobre el México inerte e indefenso, arriba el 2014. Bienvenido sea y que cada quién se agarre donde pueda que con el cambio climático, todo es posible,  hasta perder lo que nunca se tuvo: libertad como conciencia de la necesidad.- Cd. Caucel, Yucatán, diciembre 25 de 2013.

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J. Enrique Olivera Arce

Cartucheras al cañón, quepan o no quepan. Las reformas van, no hay marcha atrás, reitera el Sr. Peña. Así iniciaba el artículo que en septiembre 16 publicara bajo el título ¿Prosperidad por decreto?

En tanto que el 3 del mismo mes, bajo el título Donde quedó la democracia representativa, apuntaba:

“Peña Nieto gana al imponer sus reformas, perdiendo de entrada su oportunidad de trascender como el gran reformador, así como la partidocracia su viabilidad como opción política para impulsar por el sendero democrático las tareas del desarrollo. Inmersos en la simulación se están quedando solos,  y en ello reside hoy la fuerza de la protesta social.”

Agregando que:

“La percepción de una democracia representativa secuestrada por la partidocracia se objetiviza;  el descontento, hartazgo y rechazo disperso, toman forma coherente y organizada en el imaginario colectivo…”

Hoy día, 8 de diciembre, a unas horas de que vía fast track el Congreso de la Unión  en un inédito acuerdo bipartidista apruebe el dictamen de reformas constitucionales en materia energética, “Cartucheras  al cañón, quepan o no quepan”, el Sr. Peña confirma que no hay marcha atrás en sus afanes neoliberales por imponer reformas contrarias al sentir nacional.

Peña Nieto pierde su oportunidad de trascender como el gran reformador y la partidocracia su opción política de manipulación y control, a mi juicio afirmaba hace unas semanas.  Hoy los números duros no mienten, el Sr. Peña obtiene su más bajo nivel de aceptación a un año de distancia de su toma de posesión  y se califica a su desempeño como mediocre.

Así como también se confirma en amplios sectores de la población la percepción de una democracia representativa espuria, bajo el control cupular de una partidocracia que impone intereses particulares y de grupo al interés más caro del Estado-Nación; objetivándose en un evidente descontento, hartazgo y rechazo que se expresa en las calles con movilizaciones in crescendo, organizadas y con liderazgos evidentes de reclamo, rechazo y protesta social.

Las reformas van, sí. No obstante sólo queden en el papel, pero a partir de estas, México será otro, el de la rebeldía y desobediencia civil por sobre gobernanza y gobernabilidad, en un escenario confirmado de estancamiento económico e impunidad, impuesto por la lacra histórica de la cultura de la corrupción tolerada.

Un nuevo México en el que el intento por ahora fallido de restauración del presidencialismo autoritario, se hace acompañar por un clima de polarización que, trascendiendo los límites de un sistema político caduco y en crisis, apunta ya a la confrontación social entre una minoría de ricos y las mayorías empobrecidas.

Intereses y expectativas de quienes tienen todo y 60.6 millones de pobres (CEPAL), en un proceso constante de pauperización creciente y cancelación de futuro cierto, no pueden coexistir sin conflicto y estéril enfrentamiento.

Peña Nieto gana al imponer por decreto y sin consenso social sus pretendidas reformas estructurales. México pierde cambiando para seguir peor; permaneciendo intactas estructuras económicas, políticas y sociales históricamente causa y efecto de condiciones de subdesarrollo de las que no se puede salir.

La modernización pretendida, socialmente con pies de barro, no llegará lejos. Sin un abatimiento real de pobreza, desigualdad y corrupción, la dialéctica del subdesarrollo conduce a más de lo mismo. Y, reformas neoliberales impuestas por decreto, dormirán el sueño de los justos como letra muerta.

Baste señalar que en el pragmático bipartidismo en ciernes, PRI y PAN no fueron capaces de plasmar en su proyecto de reforma energética, la eliminación de la representación sindical en el Consejo de Administración en la paradigmática empresa paraestatal Petróleos Mexicanos (PEMEX). Carlos Romero Deschamps o similares sanguijuelas, presentes y futuras, seguirán prohijando y alimentando  corrupción e impunidad hasta sepultar lo que es hoy propiedad de la Nación.

El Sr. Peña ha afirmado que 2014 será el año de la eficacia, habiéndose sentado las bases para el crecimiento económico y desarrollo con las reformas estructurales. Ojalá, para bien de México, así ocurriera. No obstante, se requerirá más de un sexenio para que estas aterricen y fructifiquen; en el inter, pudieran darse situaciones externas e internas no deseables que impidan que esa eficacia se refleje en avances medibles y cuantificables no simulados, que contribuyan a salir del actual bache. El tiempo lo dirá, por lo pronto, Enrique Peña Nieto tiene mucho que pensar para, en la coyuntura, no ser rebasado por la protesta social o bien, por el chantaje de la partidocracia en el cobro de facturas por sumarse a  lo que ya muchos califican como traición a la patria.- Xalapa, Ver., 08/12/2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Verdad de Perogrullo en el seno de la rama de fabricantes de botanas de  CANACINTRA: “… un impuesto que no consideramos justo se transferirá al consumidor final, que se convertirá en afectado solidario”.

Ni descubren el hilo negro ni se apartan de la verdad. A eso se reduce el “barco de gran calado” como se calificara a la propuesta de reforma hacendaria del Sr. Peña que, por mayoriteo simple terminando en miscelánea fiscal,  aprobara vía fast track el Congreso de la Unión el pasado jueves.

Otra vez, víctima de la simulación, el pueblo de México deberá registrar en su memoria una raya más al tigre en el inacabable proceso del gatopardismo nacional.

Tras la modificación en el Senado de la minuta que aprobara la Cámara baja en primera instancia, por disciplina lacayuna y mayoriteo del PRI, PRD, PVEM y Panal, en 20 minutos, si 20 minutos, los diputados leyeron, analizaron ajustes y modificaciones aplicadas por los senadores y, sin cambiar una coma, aprobaron en el pleno  la miscelánea fiscal turnándola de inmediato al ejecutivo para su promulgación.

El afectado solidario, sin voz ni voto en una democracia representativa que en los hechos no es tal, como siempre será quien pague la factura de la aventura hacendaria de la mancuerna Peña-Videgaray.

Estruendoso ramillete de cambios para seguir igual o peor que endenantes, es la percepción generalizada objetivada en el bolsillo de los consumidores.

Nada importa si el impuesto es progresivo, debiendo pagar más no quienes más ganan  sino quienes mayores ingresos declaren. Más temprano que tarde tal obligación tributaria descansará vía precios e impuesto al consumo en el afectado solidario -usted, yo, todos-, incluida la mayoría de aquellos causantes cautivos que seguirán contribuyendo con un ISR del 30% y lo que se acumule por concepto del impuesto al valor agregado por los drinks  y la botana sabatina.

No hay purrumm

Por lo demás,  de lo demás de la miscelánea fiscal aprobada, al afectado solidario “ni le perjudica ni le beneficia, sino todo lo contrario”. En el amplio mundo de la simulación unos harán como que cobran y otros como que pagan,  que para eso se prevé  más deuda pública, quedando siempre la alternativa para tapar hoyos de hincarle más el diente al petróleo que es de todos.

El gobierno aprieta y el afectado solidario flojito y cooperando, a su modo y a su real entender. A mayor obligación impositiva,  más amplios los caminos de la informalidad y la evasión, hasta donde el país y la paciencia ciudadana aguanten.

Por cuanto al presupuesto de egresos, con la misma tónica, más recursos para el gobierno y pese a lo asentado en el papel, menos beneficios para la población. Cambiando para seguir igual, en eso termina la “reforma estructural hacendaria”,  que a bombo y platillo anunciara el Sr. Peña, su partido y la morralla satelital y que la partidocracia tijereteara por consigna,  respondiendo a la presión no de los electores -estos le son irrelevantes-, sino del eficaz desempeño del cabildeo en lo oscurito de unos poderes fácticos que tras un simulado desgarre de vestiduras, no lograran ocultar quién es el que en realidad mece la cuna.

Lo que sigue

La partidocracia mostró el cobre una vez más, exhibiendo por anticipado el escenario dentro de cuyo tinglado habrá de aprobarse por la misma vía y por los mismos cauces, la esperada reforma energética ya cocinada en el llamado pacto por México.

 Sin embargo, este sainete algo deja. La farsa legislativa no pasa desapercibida. Ello debería ser suficiente para contribuir al enriquecimiento de la toma de conciencia de la necesidad de un cambio real  en aquellos que entre las mayorías aún no les cae el veinte.

Está quedando claro que las llamadas reformas estructurales en nada modifican y si profundizan el peso específico de los escollos estructurales históricos que nos condicionan a no salir del subdesarrollo, como la desigualdad y pobreza, corrupción gubernamental   y economía informal.

Más de uno estará obligado a  preguntarse:

 ¿Qué necesidad entonces de polarizar al país con un falso debate?

¿Qué necesidad de agitar el avispero agudizando y profundizando división y encono entre los mexicanos?

En el desconocimiento de la realidad nacional en un mundo convulsionado y la imprevisión, simulación y gatopardismo de una representación popular espuria, así como el afán del Sr. Peña de quedar bien a cualquier costo con los poderes fácticos trasnacionales, están las respuestas y en ello debería ponerse el énfasis en la crítica social y política.

México no puede mantenerse por el mismo camino, sin rumbo cierto y sujeto a la cortedad de miras de partidos políticos sustentados en la simulación, engaño e intereses inconfesables.

Ahora que si esta demostración de cinismo pragmático no contribuye a una mayor toma de conciencia sobre la necesidad urgente y necesaria de la democratización del país, entonces, nada hay que hacer sino esperar a que el proceso de maduración de la sociedad mexicana se tome su tiempo. Más tarde o más temprano se abrirán los ojos y se actuará en consecuencia; no se puede aceptar que el masoquismo social sea eterno ni es sano cruzarse de brazos ante un síndrome que se combate con participación ciudadana responsable.

Hojas que se lleva el viento.

Con un bien documentado artículo,  la Dra. Zaida Alicia Lladó Castillo contribuye al debate sobre la bondad o inconsecuencia de la aprobación de la miscelánea fiscal por el Congreso de la Unión. Bajo la óptica priísta, nos dice: “Ni todos rabones ni todos coludos”, refiriéndose a la homologación del IVA en las zonas fronterizas, argumentando que “…tasar parejo el IVA del 16 % a todo el territorio nacional, es sano, porque se eliminan las diferencias y nos obligan a todos a pagar los impuestos de manera equitativa”.

De primera intención en teoría es aceptable su argumentación, el cumplimiento de la ley y, por ende, las obligaciones para con el fisco, nos igualan; ni mexicanos de primera ni mexicanos de segunda, independientemente de nuestro lugar de residencia. Sin embargo reflexionando sobre el asunto en cuestión, quien esto escribe disiente de tal razonamiento, no se pueden tratar como iguales a los desiguales.

Si algo nos caracteriza como Nación, es la profunda desigualdad que históricamente nos ata al subdesarrollo. Nos guste o no, la terca realidad de manera perenne nos echa en cara el lastre de la una desigualdad que se hace acompañar por la pobreza endémica en más del 50% de los hogares de este país, confirmando no solamente que coexisten mexicanos de primera y de segunda, sino incluso de tercera o cuarta en la escala social y económica de un México que no ha sabido o no querido afrontar esta penosa situación.

No es lo mismo una entidad federativa “próspera” atractiva para la inversión y polo de desarrollo industrial a decir de su gobernador, como Veracruz, que otra con mayoría poblacional indígena eminentemente agraria con economías precarias.

De acuerdo con el listado de municipios que nos proporciona la Dra. Lladó Castillo, y que se verán afectados por la homologación, se nos da la razón; en un país con crecimiento económico regional y desarrollo humano históricamente desigual, la gran mayoría de los municipios fronterizos son enfermizamente pobres, algunos hasta miserables e incluso en aquellos como Benito Juárez o Solidaridad en Quintana Roo, asiento de Cancún y la Riviera Maya, la población beneficiaria del turismo y servicios conexos es mínima comparada con la radicada en los cinturones de miseria que circundan a esos desarrollos.

Luego la premisa de la que parte  en su argumentación la distinguida académica, carece de sustento. Entre rabones y coludos frente a un impuesto inequitativo, injusto e indiscriminado que llegó para quedarse, hay una enorme distancia. Lo demás viene por añadidura.

-ooo-

Don Javier Duarte de Ochoa ajeno al sentir popular,  que se sale con la suya. Juan Nicolás Callejas Arroyo, corrupto exponente de la burocracia sindical magisterial, como diputado plurinominal del PRI estará al frente del Congreso del Estado.  “El gobernador soy yo” y bajo esta condición, paga facturas pendientes premiado corrupción e impunidad poniendo la iglesia en manos de Lutero.

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J. Enrique Olivera Arce

Una embarcación en que viajaban unos 500 inmigrantes africanos se incendió y zozobró el jueves frente a las costas de la isla italiana de Lampedusa. Hasta el momento sólo 151 personas han sido rescatadas vivas, se han recuperado 104 cadáveres y el resto están desaparecidas, en uno de los peores desastres de la afluencia de inmigrantes a Europa. “Es una vergüenza. La palabra que me viene a la mente es vergüenza”, clamó el papa Francisco al ser informado, pidiendo esfuerzos para que no se repita esta tragedia, ocupando los titulares de la mayor parte de la prensa europea.

Para la londinense BBC la interrogante que pone a disposición de su audiencia: ¿Dónde empieza la tragedia que  termina con cientos de muertos en Lampedusa?, La respuesta es contundente.

“Según un reciente informe de Afrobarometro, una organización que estudia temas de desarrollo económico y social africano, la pobreza en el continente permanece inalterable, a pesar del crecimiento económico regional y las proyecciones oficiales que apuntan en sentido contrario.

Tras el análisis de datos de 34 naciones africanas entre 2011 y 2013, obtenidos de encuestas realizadas a ciudadanos comunes, la organización concluyó que pese a un crecimiento del Producto Interno Bruto que promedia el 4,8%, “no hay evidencia de la reducción sistemática de la pobreza. Eso puede quedar reflejado en el fenómeno de que cada año decenas de miles de personas tratan de salir en busca de empleo, atención médica, o condiciones mínimas de bienestar en territorio europeo”.

Lampedusa, isla cercana a Sicilia, fue justamente el lugar que en julio pasado, en su primer viaje fuera de Roma, el Sumo Pontífice alertó del drama de los migrantes indocumentados que intentan llegar a los países del primer mundo, deplorando lo que llamó globalización de la indiferencia.

El nombre de la isla fue inmortalizado por el italiano Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa, autor de la célebre novela política El gato pardo,  con la frase Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi” (Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie“)

Paradoja que en México tiene plena vigencia. Simulación y gatopardismo son la constante en un país en el que en medio de la espesa cortina de la corrupción e impunidad, desde los círculos del poder se combate a la pobreza profundizándola sin el mayor reparo.

El México de siempre se maquilla y, tras el optimista triunfalismo del aquí no pasa nada, sin el menor asomo de vergüenza el paso de “Manuel” e “Ingrid” por tierras nacionales se reduce a evento propicio para legitimar el mandato del presidente “peregrino” Enrique Peña.

El saldo trágico se politiza, las consecuencias del impacto hidrometeorológico se atribuyen a todo, nadie se salva en la distribución de responsabilidades. Los únicos ausentes  en el ruido mediático son la desigualdad y la pobreza, origen y destino de una tragedia que, como muchas otras, se ocultan tras la simulación y gatopardismo de los intereses creados y la indiferencia.

Cubierto mediáticamente el primer impacto, lo que sigue es la reconstrucción anunciada a bombo y platillo. Miles de millones de pesos dispuestos para tal efecto para que las cosas sigan igual y a otra cosa mariposa. ¿No acaso Veracruz es para nosotros el ejemplo más cercano?

El país sigue imperturbable su marcha, preocupado y ocupado lo mismo en las presuntas reformas estructurales que impulsa el gobierno del Sr. Peña que en la reforma política que mejor conviene a la partidocracia, mientras en la sierra guerrerense la pesadilla aún no concluye, como lo reporta el diario La Jornada en su edición del pasado viernes.

 “El deslave que sepultó a decenas de pobladores de La Pintada, en el municipio de Atoyac de Álvarez, en la Costa Grande, sigue imponente, casi intacto, un gigante de tierra roja que cubre decenas de casas y callejuelas de la comunidad cafetalera, donde reina la desolación, sólo interrumpida por el sonido del río que desciende con fuerza desde la parte alta de la sierra, casi en el corazón de Guerrero. Los 20 topos que desde el 22 de septiembre realizan labores de rescate parecen insuficientes para retirar el lodo traicionero que descendió con fuerza, como escupido por el cerro, el pasado 16 de septiembre, el cual no ha podido ser retirado, más que en unos cuantos sitios contados con los dedos de una mano. Los sobrevivientes calculan que aún hay unos 90 cadáveres bajo el lodo, pues era día de fiesta cuando quedaron sepultados”.

Y mientras aún escurren lágrimas de sangre en las famélicas comunidades afectadas, lo mismo en el medio rural que en los cinturones de miseria citadinos, el Presidente Peña ufano se vanagloria ante el mundo de que Acapulco está de pié, la infraestructura turística está intacta y los guerrerenses dispuestos a acoger a sus visitantes como siempre en el país de aquí no pasa nada.

Parafraseando al Sumo Pontífice, frente a la simulación, gatopardismo e indiferencia, la palabra que viene a la mente es vergüenza. Vergüenza sí ante el mundo de un país con más de 50 millones en condiciones de pobreza y pobreza extrema que como todos los condenados de la tierra, cual el perro más flaco, cargan con todas las pulgas.- Xalapa, Ver., octubre 6 de 2013.

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J. Enrique Olivera Arce

El recuerdo imperecedero de nuestros hermanos mayores, los Héroes Niños,  palpita  en la memoria colectiva de su pueblo. Por el Honor de México.

Cartucheras al cañón, quepan o no quepan…Las reformas van, no hay marcha atrás, reitera el Sr. Peña.

Con apenas el 38.5 por ciento del total de los votos válidos emitidos en la elección presidencial, ha sido suficiente para considerar que el pueblo de México le otorgara al presidente un cheque en blanco para imponer una estrategia de gobierno que pareciera  ir en sentido inverso a las manecillas del reloj. Ignorándose la historia reciente y realidad del mundo, se pretende tardíamente imponer en México políticas públicas neoliberales, dictadas por un mercado en crisis y no por las necesidades reales y sentidas de una población empobrecida que ya no ve lo duro sino lo tupido.

¿Adónde pretende llevarnos el presidente Peña? ¿Cuál es el destino para el largo plazo? ¿Por cuál sendero y cuál es la hoja de ruta? Se preguntarían hombres y mujeres de a pie ante la incertidumbre que anima a sectores mayoritarios de la población que no conocen, que no entienden, cual es propósito último de una estrategia de gobierno que, sustentada en el autoritarismo de Estado, hasta ahora sólo ha atinado a dar palos de ciego alborotando el avispero.

No leen, no analizan, no entienden contenido, sustento y alcances de las iniciativas de reforma, nos dice una minoría de ilustrados que pontifican sobre la bondad de la panacea peñista, cuando para el hombre común inmerso en los avatares de su vida cotidiana sólo alcanza a percibir un rompecabezas cuyas piezas se pretende embonar a “la de a huevo”, ajusten o no ajusten.

Ley es ley y esta debe cumplirse a rajatabla. Guste o no guste, que para eso se aprueban las leyes por una mayoría representada en el Congreso. Con ella se garantiza la inserción de México en la modernidad; con ella se asegura el bienestar para todos los mexicanos. No importa si la legislación es de avanzada o regresiva, si beneficia a unos y lastima a otros, si con ella se polariza al país, se ponen en riesgo gobernabilidad o soberanía nacional. Así lo quiere el presidente y así será sin importar la voz de la calle.

En hora buena, para el hombre más rico de México, con las reformas estructurales del Sr. Peña en quince años seremos parte del primer mundo. En mala hora, para hombres y mujeres de a pie, nadie asegura que mañana se amanecerá con el estómago lleno. La prosperidad no se alcanza por decreto.

Pero las reformas de ajuste van, pretendiéndose borrar de un plumazo lo que bajo los auspicios, tolerancia o conveniencia del poder público creciera torcido.

Decenas de años de simulación, improvisación, corrupción, gatopardismo e impunidad que en un clima político de incipiente democracia,  colocaran a México en el atraso económico y deterioro social del que hoy nos dolemos, a corregirse por decreto en un santiamén con no muy claras y aceptadas medidas diseñadas de espaldas al pueblo de México.

Baste y sobra con que un cónclave de notables agrupados en el llamado pacto por México, con la venia de diputados y senadores  que responden más a sus partidos políticos de origen que al interés nacional, atendiera a los poco claros propósitos del Sr. Peña, para que de la noche a la mañana sin más instrumental que un puñado de leyes más de las tantas que no se cumplen, se emprenda la campaña de enderezar entuertos.

Para las mayorías, la ley del embudo. Ni participa en el pacto cupular ni tiene vela en el entierro en la toma de decisiones que le afectan. La clase política, juez y parte, ni escucha ni atiende el clamor popular. Las reformas van porque sí, cumplan o no con el propósito de enderezar el rumbo perdido.

Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray, cual Quijote y Sancho Panza, solos en el yermo estéril combatiendo a la vez no uno sino varios molinos de viento. Solos porque sus seguidores, con el “nuevo” PRI a la cabeza y dejando a salvo honrosas excepciones, lejos de estar convencidos con plena conciencia y conocimiento de causa de la bondad y alcance de las llamadas reformas estructurales, dóciles y disciplinados acatan únicamente órdenes. Lo mismo que si el Sr. Peña ordenara caminar juntos al matadero, convencidos de que la elección presidencial les concediera con el triunfo  legitimidad, unidad y consenso ante las mayorías.

La argumentación del priismo defendiendo en la calle lo que tampoco entiende, así lo confirma. En tanto que la mayoría silenciosa, conocedora del paño en carne propia, también así lo percibe sabedora de que con reformas estructurales  o sin estas, la ley que priva es la “Ley de Herodes”… Y esta se acata aquí y en todas partes en el México de siempre.

Simulación, improvisación, corrupción, gatopardismo e impunidad, a sabiendas de que los poderosos intereses creados o la modesta conveniencia de los subordinados al poder, siendo el pan de cada día persistirán oponiéndose en los hechos al Sr. Peña y sus afanes reformistas. Demasiado chico y demasiado solo para trascender en la aventura frente a la realidad real que se le opone. Tocando al tiempo, ni antes ni después, decir la última palabra.

Por ahora, la indignada voz de un pueblo lastimado, opacará con su grito justiciero el murmullo de un lastimero “Viva México” del autoritarismo reformista. El recuerdo imperecedero de aquellos que nos dieron patria, vive latente en la memoria colectiva y no estará presente en las tantas veces mancillado zócalo de la Ciudad de México,  corazón de la República.- Xalapa, Ver., septiembre 14 de 2013

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