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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre quienes ayer comían  de la mano de la señora que hasta mediados de la semana pasada  se desempeñara como Coordinadora de Comunicación Social en el gobierno de Veracruz, no faltan los ingratos. Muerto el rey viva el rey. Los asiduos lectores de las columnas políticas en medios impresos o en portales de la Internet, por su pluma los identificarán.

Otros, sin haber sido beneficiarios directos de las políticas equívocas de pago por servicios prestados, simplemente hacen leña del árbol caído, responsabilizando más de oídas que por conocimiento de causa, a la Sra. Gina Domínguez. Ingratos y no ingratos, pero también un buen número de afectados por su exclusión de la nómina gubernamental, se cuidan eso sí, de no mencionar que como empleada del gobernador o bien recibía órdenes o las interpretaba a su real entender, que para el caso es lo mismo en la medida en que contara con carta blanca para el ejercicio de su función.

El que ahora se autonombra “pavo Real”, es el bueno, el llamado a limar asperezas con los empresarios de la prensa y  a salvar con ello  la deteriorada imagen del gobernante. Alberto Silva, ex alcalde de Tuxpan, ex secretario de Desarrollo Social y hoy flamante Coordinador de Comunicación Social, merece no sólo el beneficio de la duda, sino que se hace acreedor al tendido de alfombra y quema de incienso de los aduladores que van tras la chuleta. Muerto el rey, viva el rey mientras el billete fácil fluya y las infanterías reporteriles no se le suban a las barbas a sus empleadores, como ya está ocurriendo.

Unos comen en bandeja de plata, otros, los más disfrutan de las migajas aún a costa de su integridad física, y así lo están entendiendo las infanterías del periodismo oficial u oficioso hoy al margen de un régimen salarial digno y de prestaciones sociales que hagan más llevadera tanto su tarea como el bienestar de la familia. La amenaza de despido no es impedimento para que se manifiesten en protesta.

Gina Domínguez deja el cargo para ocupar otro de menor valía. Cosa nada rara en la actual administración duartista, si suben o bajan lo que menos cuenta es dignidad. Para sus cercanos, la renuncia al cargo responde a fatiga y desencanto; el aceptar un nuevo encargo de escritorio, liberación oportuna de una carga ya insoportable para la salud física y mental de la señora.

Para sus críticos más amables, la oportunidad de servir más de cerca a su empleador,  hablándole al oído sobre espinosos temas, como una asesora más entre penumbras y entretelones.

Para el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, el relevo responde a su personal interpretación de una realidad y una actividad periodística profesional que no entiende; el ubicarle en otro puesto creado ad hoc, como es la secretaría técnica de la oficina del gobernador, salida lo menos traumática para quien le sirviera con relativa lealtad.

Sean cual fueren  las razones, la eficacia de su desempeño queda en duda; su presunto enriquecimiento a costa tanto del erario público como de su participación en lo oscurito en negocios poco claros, voz populi. Liberada de la carga no escapa al escarnio y la maledicencia; quedó señalada y marcada, por salud mental difícilmente podrá sin sobresaltos por las tardes compartir un café con quienes en el ejercicio periodístico fueran sus amigos y colegas.

El 19 de septiembre del año pasado, en el artículo de mi autoría publicado bajo el título “Vida útil y caducidad”, consideré: Gina Domínguez Colío alcanzó su más alto nivel de eficiencia y con ello su condición de obsolescencia. No porque dejara de ser inteligente, capaz o por perder la confianza de su empleador, como se rumora. Alcanzó su tiempo de vida útil como Coordinadora de Comunicación Social, simplemente porque así lo está determinando el mercado de medios de comunicación masiva en la entidad lo que obliga a su vez al gobierno del estado, consumidor del producto ofertado, a poner en práctica una nueva estrategia de consumo, orientada a obtener el mayor impacto comunicacional en la población con el menor costo político y financiero.

Si ella hubiera tenido clara esta situación, renuncia en la cúspide de su desempeño. No fue así como tampoco la nueva estrategia comunicacional cuajó, sin alcanzarse mayor impacto ni mucho menos el menor costo político, económico y financiero. Antes al contrario, socialmente se revertió en perjuicio de credibilidad e imagen de un gobernador confrontado con el periodismo.  Hoy Gina deja el cargo con la cola entre las piernas y a otra cosa mariposa. Ni hablar, el poder marea y así se escribe la historia en la política jarocha.

Hojas que se lleva el viento

Para Ripley.  En un santiamén el alcalde Américo Zúñiga exentó al cuerpo de bomberos de la capital veracruzana del pago de agua que le cobraban sus antecesores. Ojalá y tome la misma medida exentando del pago de saneamiento  a las decenas de colonias populares que carecen de drenaje.

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Ya trascendió. Ambición mata razón. Con los cambios en el gabinete duartista se hizo pública la contienda de perros y gatos que se traen en el seno del primer círculo de la administración pública veracruzana. Todos contra todos en el mismo costal, fuego amigo y patadas bajo la mesa es el escenario en el que el Sr. Dr. Duarte de Ochoa inútilmente clama por la concordia y unidad.

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Muchos se preguntan el por qué Alberto Silva se autonombró “Pavo Real”, al tomar posesión de su encargo como Coordinador de Comunicación Social, cuando cómodamente el mote de “Cisne” le quedaba a la medida. Ya salió el peine, se considera plumífero de ornato que distinguiéndose  por una amplia y colorida cola, ni perjudica ni beneficia en los floridos jardines de palacio.

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Este miércoles Carlos Luna Escudero presentó en sociedad al nuevo portal informativo “Sociedad 3.0” que,  bajo la conducción de Jaime Ríos Otero y Alfredo Bielma Villanueva, pretende ser un medio de comunicación que interactúe con sus lectores en un esfuerzo por sumar su grano de arena en el rescate del periodismo veracruzano,  hoy en crisis. Desde estas líneas expresamos nuestros mejores deseos para el buen éxito de esta iniciativa, haciendo votos por que cumpla a cabalidad su propósito de dar espacio a los sin voz en una entidad federativa en la que hombres y mujeres de a pie ni se ven ni se escuchan.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El horno no está para bollos. Ante la prevalencia de opacidad y simulación la especulación y el rumor se imponen. Descomponiendo aún más un escenario político que, en Veracruz,  entre barruntos de inseguridad pública y conflicto de intereses entre medios de comunicación y gobierno estatal inciden en el deterioro creciente del tejido social.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa anunció la renuncia del procurador y el nombramiento como encargado del despacho en favor de la persona que considera idónea para la tarea en esa por ahora cuestionada dependencia.

La oficialización de tal designación fue precedida por filtraciones, rumores y especulación en las que se incluye la hasta este momento presunción de otro cambio en la secretaría de desarrollo social y la remoción de  la Coordinadora de Comunicación Social, dejando muy mal parado al mandatario ante la opinión pública, en la medida en que se le regatea un acto de gobierno resultado de su decisión personal, atribuyéndose el ajuste en su gabinete lo mismo a una instrucción no escrita del gobierno federal que a una recomendación expresa del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán.

Una u otra versión hablan de una enorme debilidad del Sr. Dr. Duarte, arrinconado y atado de manos para decidir por sí mismo lo que mejor conviene a su gobierno y a Veracruz, ante la andanada de críticas de que ha sido objeto por parte de amplios sectores del gremio periodístico, nacional y local, como consecuencia del artero crimen que cobrara la vida de un conocido comunicador del sur de la entidad, el décimo de la fúnebre lista de periodistas ultimados en lo que va de su administración.

Lo menos que se dice es que no cuidando los tiempos, por falta de oficio político se apresuró a sacar de la jugada tanto al procurador como a la vocera del gobierno estatal, dando la razón a sus detractores sobre el mal desempeño de sus colaboradores en el manejo del trágico caso.

La amplitud del rumor sobre los presuntos cambios, que desde el sábado pasado corriera como pólvora, se vio fortalecida tanto por lo publicado por la revista Proceso sobre seguridad y justicia en Veracruz, como por la decisión del Gobernador de asumirse como su propio vocero, en la conferencia de prensa del lunes.

Ante esta situación, tanto el cambio ya anunciado como los que se espera ocurran en los próximos días, ha dado lugar lo mismo  a cuestionamientos a priori de los funcionarios que resulten beneficiados con la decisión de la primera autoridad del estado que a ilusorias expectativas respecto a la sucesión del ahora gobernador de la entidad.

Lo grave, a mi juicio, es que se especule que con los nuevos nombramientos se acomodan las fichas para la consolidación del proyecto transexenal de Fidel Herrera Beltrán, ninguneando la autoridad del Sr. Dr. Duarte de Ochoa a la par que dejando fuera de la futura sucesión a los dos senadores que, desde las trincheras del PRI,  vienen aspirando a la gubernatura de Veracruz.

Y lo considero grave en tanto clase política y medios de comunicación hacen suyo rumor y especulación, consolidando no el pretendido proyecto político del ex gobernador que por ahora no pasa de ser ingenua leyenda urbana ante la tendencia centralizadora del gobierno federal, sino el orden de prioridades en la agenda de nuestra aldeana vida política jarocha, privilegiándose afanes electoreros tempraneros en los que ya se da por sentado que el gobierno estatal seguirá en manos del PRI.

Pasando a segundo plano el interés superior de Veracruz en los esfuerzos por abatir desigualdad, pobreza y exclusión, así como el encausamiento de la entidad por los caminos del crecimiento económico y bienestar de la gente.

Si de por sí resulta complejo el que en dos años y medio el Sr. Dr. Duarte de Ochoa reponga el tiempo perdido enmendando limitaciones, deficiencias, desatinos y políticas públicas equívocas o anti populares, el no tener control sobre las legítimas aunque madrugadoras aspiraciones de sus más cercanos colaboradores, anuncia un desastre como escenario para lo que resta de su mandato. Veracruz no se lo merece.

Como arriba lo señalo, la dañina especulación y el rumor respecto al quehacer de la administración pública, nace de la opacidad y la desinformación. Más cuando en este fenómeno social  alcanza a los medios de comunicación, asumiéndose estos como portavoces del rumor popular en un escenario negativo de confrontación entre prensa, autoridad y madrugadores aspirantes.

Lo que me motiva a insistir en que más que cambios de funcionarios o ajustes en el primer círculo del gobernante, que en primera y última instancia dan la impresión de cambiar para seguir igual o peor, lo que con carácter de urgente se requiere resolver es el tema de la estrategia de Comunicación Social de la administración a cargo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa;  transparentando el quehacer gubernamental de frente a la ciudadanía y alejándose del triunfalismo sin sustento.

La actual estrategia no ha funcionado a lo largo de más de tres años, antes al contrario, lo que se ha ganado como resultado es la pérdida creciente de credibilidad, confianza no sólo en los servidores públicos,  sino aún más grave, en las instituciones. Por ahí debería empezarse si lo que se busca es fortalecer la base social que da sustento a certidumbre y gobernabilidad.- Xalapa, Ver., Febrero 19 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Gobernador de Veracruz

Javier Duarte de Ochoa

Si algo caracteriza a la actual administración pública  veracruzana, es a mi juicio el clima de simulación que permea vertical y transversalmente en todos  sus niveles.

La inveterada persistencia en mentirle a los veracruzanos sobre un próspero estado de cosas, es la constante y, hasta pareciera ser que la estrategia de comunicación social del titular del ejecutivo se sustenta en la innoble consideración de que la población es menor de edad, retrasada mental o falta de inteligencia para discernir entre una falacia y la verdad que  de manera pertinaz se impone en la realidad de la vida cotidiana.

Es por ello que no tiene nada de extraordinario el que Erick Lagos, secretario de gobierno y guía político en la entidad del perredismo en desgracia, promocione la insustentable mentira de que “en tres años se han superado las expectativas del plan de desarrollo veracruzano”, como anticipo a la tónica que habrá de imprimírsele al mensaje que, desde el Castillo de san Juan de Ulúa, emitirá el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa con motivo de su tercer informe de gobierno.

Nada nuevo, la misma estrategia, la misma tónica, la misma falacia que de tanto repetirse a lo largo de tres años, se esperaría fuera aceptada como verdad por una ciudadanía que no termina aún de asimilar los renglones más oscuros de los mitológicos logros del  ex gobernador Fidel Herrera Beltrán.

Y no es así, la percepción de hombres y mujeres comunes en la calle indica lo contrario. El gobierno de Herrera Beltrán es referente de lo que pudo haber sido y no fue; tiempo pasado que no teniendo  retorno no desdibuja presente y futuro de la actual administración a cargo del Sr. Duarte de Ochoa.

La credibilidad en el gobierno de Veracruz alcanza ya su nivel más bajo en los tres años que están por cumplirse, en tanto que para el futuro cercano, las expectativas de un cambio para bien orientado a un alcance mínimo de la prosperidad que se oferta en el plan estatal de desarrollo, son negativas.

Luego si la estrategia de comunicación social en un proceso de rendimientos decrecientes, no cumple con la tarea asignada al  engaño y la simulación, porqué persistir en sostenerla. En medio de la opacidad reinante, nadie se lo explica. ¿A qué propósitos o intereses poco claros está orientada? ¿A quién o a quienes beneficia? Para hombres y mujeres comunes es una verdadera incógnita.

Podría pensarse que si en efecto se considera a los veracruzanos como de dudosa inteligencia, al gobierno le daría  igual si la estrategia adoptada cumple o no cumple con un propósito racional de gobierno, como también daría  igual si en una relación de costo-beneficio, los rendimientos son decrecientes en perjuicio del dinero de los contribuyentes.

Pero, si esto fuera así, no tendría sentido engañar a quienes no son capaces de discernir entre la verdad y la mentira. Con guardar silencio, omitiendo tanta verborrea falaz sería más que suficiente y más barato.

Surge entonces la duda. Si los veracruzanos son lerdos  y cortos de memoria, ¿a quién entonces se propone engañar el gobierno del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa? ¿Cuál es la intención de mantener una política de comunicación social fallida?

¿Acaso el gobernador se engaña a sí mismo y, por ende, sus colaboradores y empleados más cercanos le siguen la corriente en tanto que la prensa oficialista se hace eco para mantenerse en el pesebre?

Permítaseme dudarlo. Confío más es una estrategia diseñada a priori con propósitos a saber cuáles. No puedo aceptar sin faltar al respeto a la gran familia veracruzana, que esta se equivocó en la elección de gobernador.

Equivocado o no en las especulaciones aquí vertidas, lo cierto es que en unos días más tendremos que tragar sapos escuchando de voz del gobernador que con los resultados alcanzados en la primera mitad de su mandato, se han superado las expectativas del plan veracruzano de desarrollo.  Como así lo anticipara el responsable de la política interna y “guía moral” del perredismo en la entidad.- Xalapa, Ver., octubre 24 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre gitanos no se vale leer la buenaventura, sin embargo, en lo concerniente al gremio periodístico, en especial para aquellos propietarios de los varios cientos de medios de comunicación impresa  que cual hongos siguen proliferando en Veracruz, no sólo entre sí se leen la suerte, también se dan mordiscos echando por tierra la vieja conseja que nos dice que perro no come perro.

El gremio se ha dividido entre aquellos que con la nueva administración, el camino a seguir es el mantener una estrecha y muy amistosa cercanía con la ya prácticamente Directora General de Comunicación Social, compañera periodista Gina Domínguez Colio, estableciendo lo que entre tundeteclas se conoce como “valores entendidos” y,  los que llanamente afirman que la única relación viable de amistad para con ella es que salpique y, en tanto esto no suceda, la señora no figura aún entre los “seguros” personajes a ocupar un alto cargo en el gabinete del joven cordobés.

La posición maniquea parece ser la que domina el escenario, Todos van sobre el dinero pero la mayoría condiciona aceptación, amistad y colaboración con la aún no confirmada  Directora General de  Comunicación social,  con la paga, anticipada, cuantiosa y oportuna, siguiendo la tónica del fidelato manirroto.

Los papeles se invirtieron. De modesta reportera haciendo sus pininos de búsqueda del chayote en un diario local de Chetumal, hoy, con su cercanía e influencia en el estrecho grupo de confianza de Javier Duarte de Ochoa, como funcionaria de primer nivel, o  salpica o se le se pega, es el dilema al que habrá de enfrentarse Doña Gina Domínguez.

En este escenario, la ex secretaria auxiliar de Mario Villanueva Madrid, quien fuera gobernador “inconcluso” de Quintana Roo, es comidilla cotidiana en los círculos periodísticos, en tanto trascendiera que el dinero para la prensa será abundante para “los consentidos de la señora” y escaso o nulo para la mayoría que valora en metálico su pobre contribución a la construcción meteórica de imagen de un desconocido que,  hoy por hoy,  en unos días gobernará a Veracruz.

Si el por ahora gobernador electo quiere cercanía y buen trato de la prensa, estará sujeto a los caprichos de Gina,  afirman sus detractores, en tanto que los más “diplomáticos” desde ya tejen la red en torno a la posible sucesora del “Goebbels” de pacotilla, alimentador  mediático de la gran mentira de la  fidelidad.

Lo anterior viene a cuento porque es apenas un ejemplo paradigmático, estira y afloja que en diversos sectores de la clase política, empresarios oficiosos y periodistas afines a lo que denominan como “el sistema”, se está dando en torno a la integración del gabinete duartista. Las listas de los listos, que parecen salir de la misma bola de cristal en tanto van haciéndose coincidentes, es el tema cotidiano. Los que aparecen en los medios de mayor circulación o de la pluma de los considerados “vacas sagradas del periodismo”, son los buenos o los malos, atendiendo a si son amigos, proclives a la componenda y el cochupo, o enemigos por tener antecedentes de “miserables”, incapaces de salpicar a quien considera merecerlo.

Curioso. En estas discusiones sobre cual de los oráculos es simple invento de los listos de las listas, o calificada información avalada por los brujos de Catemaco, especulándose, incluso, si es filtrada con muy mala leche por el que dicen que aún manda en palacio, el tema ausente es Veracruz; a nadie le importa un pito presente y futuro de la entidad, como tampoco si Javier Duarte acertará o se equivocará tanto en la elección de su primer equipo de colaboradores  como en la conducción de su mandato, llevándose entre las extremidades inferiores a la mayoría de los veracruzanos.

La corrupción se anticipa, lo relevante es con quien, con cuanto y como se tendrá acceso a la ubre oficial. En pocas palabras, los tradicionalmente beneficiarios del poder político, están por la misma gata, aunque esta se revuelque de manera diferente, para estos Veracruz no cuenta.

Para hombres y mujeres comunes, ello se reduce al “más de lo mismo”, con lo que suelen calificarse los relevos gubernamentales. Ni participan ni se les consulta, sólo esperan lo peor de los futuros integrantes del gabinete. Si Alemán puso de responsable de la atención al campo a un dentista y Fidel a un dipsómano empresario de medio pelo, lo mismo puede Duarte designar para esta tarea a una sedicente dirigente de la inútil burocracia cenecista. Para el caso es lo mismo, las cosas seguirán igual o peor. Más de lo mismo, dice la gente.

Esto último es sin duda el dilema que bulle en el cerebro de Javier Duarte de Ochoa, ante el bombardeo mediático en torno a quienes serán los hombres y mujeres del gobernador. O mantiene y alienta el statu quo, ó se inclina a favor del tan necesario como urgente cambio del actual estado de cosas.

Lo justo y necesario sería que quien habrá de gobernarnos, opte por el cambio, rodeándose de gente capaz de dentro o fuera de la clase política, partiendo, antes que nada de un exhaustivo y preciso diagnóstico regional y sectorial  de la situación nada optimista que guarda el Veracruz de nuestros días. Para cada reto en puerta, con visión de mediano y largo plazo, el funcionario y personal idóneo para enfrentarlo.

De lo contrario, siguiendo con la tradicional improvisación, atención a compromisos de campaña o pago de facturas, sin necesidad de bola alguna de cristal se puede augurar el fracaso en el intento. Veracruz, ni quiere ni merece seis años de más de lo mismo. Exige cambio de rumbo en lo económico y social, así como eficacia, honestidad y voluntad política, en la conducción y desempeño del servicio público, para salir de su marasmo.

Antes de que finalice el año, sabremos a que atenernos. En manos de Javier Duarte está el optar por seguir siendo considerado el “delfín  impuesto”, guardaespaldas de su antecesor y  al servicio de la corrupción y la impunidad, o legitimarse plenamente con inteligencia y visión de estado, inclinándose por el cambio a satisfacción de la mayoría de sus gobernados.

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