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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vagos recuerdos de mi niñez vienen a mi memoria en estas tardes lluviosas de un Xalapa impredecible, por su veleidoso clima y porque uno nunca sabe cuál va a ser la declaración del día de quien se dice manda o gobierna Veracruz. Reunidos en torno a la cama de mi abuela, anciana heredera de la sabiduría del pueblo náhuatl, media docena de primos y quien esto escribe, embelesados escuchábamos de ella mil y un historias lo mismo de la revolución y los sufrimientos del pueblo trabajador que de las andanzas del abuelo Miguel como sindicalista y luchador social. Las frías y húmedas tardes invernales en Santa Rosa, hoy Ciudad Mendoza se prestaban para ello, despertando en nuestra niñez imaginación y deseo por conocer más del México bronco y su expresión obrera en la región. La asistencia casi obligada a las veladas culturales que entonces promovía y auspiciaba el sindicato de la fábrica, acicateaban esta infantil curiosidad al escuchar la fogosidad de los oradores.

De estos recuerdos viene a mi memoria una lección que nunca dejaba de repetir la abuela: “… nunca gastes más de lo que ganas y si lo haces, no te presentes en público con los zapatos rotos y lustroso el fondillo del pantalón, pues la gente no va a juzgar tu miseria sino tu ignorancia”.

Sabia lección de economía doméstica que proyectada al mundo de la política y los negocios, deja entrever cuánta razón asiste en múltiples ocasiones al sentido común, por sobre rebuscadas teorías que juzgan a este de escasas luces y poco entendimiento hermano menor de la filosofía. Como te ven te tratan, juzgando no tu escaso bagaje pecuniario sino tu ignorancia para administrar con relativo éxito tu magra economía.

Lección nacida de la sabiduría popular que el Sr. Dr. (en economía) Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, jamás ha escuchado o pasa por alto en sus afanes triunfalistas exhibidos hasta el cansancio en el discurso oficial sin sustento. No preocupa tanto a los veracruzanos el saber que la economía estatal atraviesa por un bache de respetable dimensión, ya se ha pasado por esto en múltiples ocasiones obligando a todo mundo a apretarse el cinturón, lo que preocupa y es cada vez mayor el consenso que a ello concita, es el hecho de que su gobernante no acepta ni actúa en consecuencia ante eventos que ponen a flor de piel la profundidad de la crisis que hoy aqueja a la entidad.

No estaría de acuerdo si dejándose llevar por prejuicios y especulaciones, se pensara que el gobernante actúa de mala fe o movido únicamente por aspiraciones tan mundanas como mezquinas como el acumular riqueza a costa de sus gobernados. Sería una interpretación muy ligera y lineal de su desempeño al frente de la administración pública. Empero, a mi juicio, el Sr. Dr. si exhibe ignorancia lo mismo en los terrenos de la política que en los de orden económico y social. Mostrándose ante su pueblo con los zapatos rotos y lustrosos los fondillos de su pantalón, evidenciando no saber administrar con inteligencia y buen juicio, lo mismo el capital político que los recursos presupuestales que el pueblo de Veracruz y de México le han confiado.

En lugar de humildad para aceptar los hechos, exhibe soberbia negándolos, no obstante que la realidad le desmiente día con día; el discurso simplón o la declaración banquetera no tapan el sol con un dedo ni contribuyen a tapar el pozo tras el niño ahogado. Números duros, que devienen de la estadística oficial de la Federación, o de los análisis serios de estudiosos e investigadores de la Universidad Veracruzana, como el Dr. Hilario Barcelata Ramírez, entre otros, nos hablan de que más que zapatos rotos, lo mismo en finanzas públicas que en la economía estatal en su conjunto, lo que se exhibe y debemos observar, entender y juzgar es la proximidad de un colapso sin precedente.

El triunfalismo sin sustento tiene límites. Percepción es política y cuando ésta rebasa los límites permisibles de credibilidad y confianza que la sociedad se da, las consecuencias son de orden político, como política es la respuesta de un pueblo cansado, descontento y harto de escuchar día con día la misma retahíla de mentiras o, en el mejor de los casos, medias verdades y medias mentiras trasmitiendo el falso mensaje de que vamos bien, aquí no pasa nada, cuando en la desfondada nave las llamas alcanzan ya a los aparejos. Esta respuesta no espera a manifestarse en las urnas en junio próximo, se da ya de manera constante y en crescendo a lo largo y ancho de la entidad, sin que por parte del poder público sea escuchada y atendida.

Se cosecha lo que se siembra.

El S. Javier Duarte de Ochoa cosecha lo que ha sembrado a lo largo de cuatro años de ineptitud, despilfarro, corrupción y pésima administración; es el que gobierna pero no el que manda, se dice al comentar la composición espuria de candidatos del PRI a la diputación federal y la presunta injerencia de su antecesor y padrino en el palomeo de las listas de beneficiarios.

Frente a propósitos y objetivos implícitos o explícitos del proceso electoral en curso, la llamada sociedad civil para el gobernante es mirón de palo, infante de lento aprendizaje cuya opinión ni pesa ni cuenta en la toma de aquellas decisiones que le competen y hoy lastiman.

Lo que sí cuenta es el voto para satisfacer la demanda presidencial, y de ahí el proselitismo ramplón asegurando por anticipado bajo la luz de los reflectores públicos el triunfo del partido en el gobierno, aunque para la democracia secuestrada o la ingente necesidad de enderezar el rumbo, el sufragio sea irrelevante. Y es que en la búsqueda tardía del voto que le avale, el Sr. Dr. en economía (ya dudo de que lo sea), el priísta Javier Duarte de Ochoa se vanagloria mediáticamente de que Veracruz va a la cabeza en la generación de nuevos empleos cuando la realidad muestra que es todo lo contrario, el estado como los números duros indican, está a la cola entre las 32 entidades federativas de México en este rubro, como también en muchos otros en los que se nos quiere vender la idea de un Veracruz de pie, próspero y pujante.

Frente al desastre no aceptado por el poder público estatal, me quedo con la lección de la abuela. A nada bueno conduce gastar más de lo que nuestros ingresos lo permiten. Cualquier ama de casa lo sabe, en ello radica la fortaleza de la mujer trabajadora que con inteligencia y buen juicio, administra la economía familiar en un país en el que trabajo humano y salario son permanentemente devaluados y expoliados.- Xalapa, Ver., marzo 11 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Todo el país ha sido cultivado con mucho esmero durante los años recientes para que se esparza en él la desobediencia y la insurrección”. José M. Murià

Gobernador de Veracruz

Gobernador de Veracruz

Estimo que en el estilo personal de gobernar cuenta, y cuenta mucho si no es que lo determina, el origen, las raíces familiares, el entorno de crecimiento y desarrollo, educación, experiencia, ambiciones personales y, sin duda, el estilo de vida a que está acostumbrado el gobernante. Salvo un excepcional garbanzo de a libra, considero que nadie en la llamada clase política escapa a esta condicionante.

No es por tanto casual el que en Veracruz suframos un gobernador como el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, cuyo estilo personal de gobernar a mi juicio acusa pobreza de atributos sólidos en su hoja de vida.

En la entidad y fuera de ésta, tal estilo es considerado mediocre y, dada la conformación de nuestra clase política en México, eso es ya decir mucho, más cuando el estilo de gobernar no se ve reforzado con una mediana visión de Estado, sensibilidad, tacto y voluntad política en el desempeño de la función para la cual fue electo. Atributos estos que se sustituyen con alegórica fantasía y triunfalismo mediático, pagado y sin sustento, al cual es aplicable la fábula del emperador desnudo.

Hombre de pocas luces

Si el gobernador veracruzano superara en algo la mediocridad y egocentrismo en su estilo personal de gobernar, habría empezado por rodearse de un equipo de funcionarios preparados, eficientes y eficaces que suplieran sus deficiencias y carencias y, además, desde el inicio de su mandat, romper el cordón umbilical que le mantiene atado a su padrino y antecesor en el ejecutivo estatal. Lejos de ello, así como se ha mantenido el lazo que le une a Fidel Herrera Beltrán, en la misma forma se rodea y hace equipo o establece relaciones de complicidad, con lo más atrasado de nuestra aldeana clase política.

Ser sensible a las necesidades del pueblo que gobierna, saber observar, valorar la realidad y escuchar para actuar en consecuencia, al fin hombre de pocas luces no se le da; sus limitaciones reflejadas en su hoja de vida no se lo permiten. Si a ello le agregamos tozudez para conservar y preservar su propia visión de una realidad inexistente, el retrato hablado está completo.

Luego es absurdo el pretender que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa sea congruente con la situación de profunda crisis que hoy día vive México. No está ni en un talante autocrítico que pudiera orientarle, ni en su estilo triunfalista de gobernar; mientras México entero sufre una crisis combinada de estancamiento económico, confusión e inmovilidad del régimen político, deterioro de un estado de derecho cuestionado, así como una movilización social sin precedentes que en la calle expresa descontento y hartazgo, para el gobernador en Veracruz se vive una próspera etapa de prosperidad, seguridad, paz social, economía boyante y en constante crecimiento, acompañada por la aceptación, credibilidad y confianza en las instituciones de los gobernados.

Si el Sr. Peña es incapaz de lograr encontrarle la punta al mecate, desbarrando y dando palos de ciego para poner a salvo ya no su personal proyecto de nación y presuntas reformas estructurales que le sustentan, sino como prioridad su mandato constitucional, en Veracruz el gobernador presume y lo divulga a los cuatro vientos, de que aquí las cosas son diferentes, aquí sí se sabe cómo gobernar.

Ya no es carencia de tacto político que exige guardar cuando menos las apariencias, sino pecado capital de incongruencia y ausencia de visión de Estado. Pasando por alto que Veracruz no sólo es parte y responde al todo nacional, sino que además contribuye en gran medida al deterioro que en todos los órdenes acusa el Estado-Nación. El análisis, diagnóstico y resultados reflejado en estadísticas oficiales divulgadas ampliamente, así lo confirma. Y aun así, el Sr. Dr. Duarte de Ochoa ni suda ni se acongoja, insistiendo cotidianamente en su visión triunfalista de una realidad que no entiende o no quiere entender. Los problemas que aquejan al presidente de la república no son problemas de la incumbencia del gobernador de Veracruz, así de simple.

Para tranquilidad de nuestra conciencia y salud mental, ya no le exijamos peras al olmo con desgastantes señalamientos, crítica y denuncias. Es tan desgastante como estéril perder el tiempo en ello cuando hay otros temas de mayor relevancia de los que ocuparse y preocuparse. Faltan dos años para que termine la pesadilla, el aguantar es la opción. ¿O existe otra?

El proceso electoral en marcha.

Y en este marco se ubica el actual proceso electoral que desembocará en la entidad con la elección de diputados federales. Proceso de capital importancia para el Sr. Peña, exigido a contar con mayoría absoluta en el Congreso de la Unión y que en la entidad veracruzana es desdeñado, privilegiándose en el orden de prioridades electorales la sucesión en el gobierno de Veracruz. ¿Falta de control de la vida política por parte del gobernador? ¿O es el no entender donde tiene puesta la prioridad electoral el presidente de México?

Lo más grave es que son las dos cosas. Ni hay control ni se entiende la señal presidencial. De otra manera los madrugadores senadores no andarían por la libre agitando e avispero, ni el fuego amigo al interior del partido gobernante estuviera poniendo en riesgo en la entidad el por cierto ya dudoso triunfo del PRI en la elección del año próximo. ¿En 2015 vamos a elegir gobernador de dos años o diputados federales? Se pregunta una población confundida.

Si el no saber gobernar es el estilo personal que prevalece, en la hoja de vida del Sr. Dr. Duarte de Ochoa está la respuesta, no hay de otra y así lo debemos aceptar para no seguir dando vueltas a la noria, exigiéndole más de lo que el gobernante puede y está dispuesto a dar.

Para estar en consonancia, pensemos en cuál en una muy flaca caballada, será la mejor opción para suceder al actual mandatario y olvidemos el desgranar la mazorca tratando de encontrar en la mediocridad de la llamada clase política, las mejores opciones para ocupar en el 2015 una curul en la Cámara baja del Congreso de la Unión. O de plano, si convencidos estamos de la inutilidad de tratar de que las cosas cambien para bien en los terrenos de la partidocracia, dejemos que se sigan haciendo bolas, gobernador, partidos y políticos, y esperemos con paciencia la hora del sumar a favor del voto de castigo.

Hojas que se lleva el viento.

Dentro de lo relativo que es lo que debemos entender por libertad, destaca el descaro del deteriorado régimen político mexicano, que nos receta una llamada ley de movilidad universal para proteger los derechos de terceros atentando contra los derechos de todos, en su esfuerzo por tapar el pozo tras el niño ahogado. Lo que no se atreven a decir explícitamente diputados, senadores y el mismo Sr. Peña, “autor” de la iniciativa, es que ante el miedo de que la movilización social tome el camino de una auténtica y legítima rebelión, están optando por el camino fácil de un estado de excepción en México que les de seguridad.

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Para “la gente bonita” lo más destacado de la XXIV Cumbre Iberoamericana que inicia mañana en Veracruz, es el contar con la presencia del rey de España, mandatario que representa lo más rancio del trivial glamour de la aristocracia europea en el ámbito de la crisis económica, corrupción, saqueo y exclusión. Para “la prole” el referente principal indudablemente será José Mújica, presidente de la República Oriental del Uruguay, hoy por hoy paradigma mundial de gobernante honesto y comprometido con su pueblo. Dos visiones en el México dividido, polarizado y transitando por la peor crisis de Estado en los últimos cincuenta años.

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No nos esforcemos en ponerle cortinas al edificio cuyos cimientos apenas estamos pretendiendo construir. Todo a su tiempo, el cambio y transformación del país es un proceso largo, azaroso y no libre de obstáculos que exige voluntad, toma de conciencia, serenidad, trabajo, disciplina, sacrificio, noción de unidad basado en la solidaridad y respeto al pluralismo, así como visión de futuro y mucha paciencia confiando en la fortaleza de un pueblo dispuesto.

No por mucho madrugar amanece más temprano, diría mi abuela y eso cabe para quienes estén dispuestos a transformar a México poniéndolo al servicio de todos. Si no es hoy con nosotros, será mañana con las nuevas generaciones, pero será y en ello hay que confiar.

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J. Enrique Olivera Arce 

Sin autoridad moral, intelectual y política para hablar en nombre de la gran familia veracruzana, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en su conferencia de prensa semanal dice: “Veracruz reconoce y agradece al presidente Peña por las reformas estructurales que han sentado las bases del México de transformaciones que por muchos años esperamos”. Sumándose así a la corriente minoritaria que aplaudiendo por anticipado presuntos resultados se inclina ante el poder presidencial.

Las reformas neoliberales que se presumen desde Los Pinos como estructurales, si bien han quedado plasmadas en el papel como muchas otras en un país con un estado de derecho cuestionado, ni se reconocen por todos y mucho menos se agradecen. Fueron aprobadas sin consulta previa a la ciudadanía por un grupo de notables que se abrogan la representación popular en una democracia representativa simulada.

Tampoco lo que en la legislación de marras se asienta, es del conocimiento general como para otorgar el pleno reconocimiento a algo cuyos resultados aún son promesas piadosas. Y, en cuanto a agradecer al Sr. Peña por impulsar y promulgar algo con lo que una gran mayoría no está de acuerdo, resulta a más de una barbaridad, por decir lo menos, un insulto más a la inteligencia de los mexicanos y, en el caso que nos ocupa, de los veracruzanos. Amen de que no debe ser motivo de agradecimiento popular lo que un servidor público hace –o deshace- en el ejercicio de una función que se le confiere como mandatario.

Sin embargo, ya deberíamos estar acostumbrados a que el gobernador Duarte de Ochoa hable en nombre de Veracruz cuando quiere destacar tanto su postura servil de sometimiento al poder central como para justificar, lo injustificable, de su pésimo desempeño como gobernante. Eslabón, uno más, de la cadena de iniquidad que ata a los mexicanos a la voluntad e intereses de una partidocracia utilitarista, corrupta y ramplona, el Sr. Dr. Duarte de Ochoa da por sentado que la parcela de poder que se le cede da para hablar en nombre de un Veracruz plural en el que, en su desigual status social y económico, por principio cada quién habla según le va en la feria; rechazando la mayoría tanto el pensamiento único como la imposición autoritaria que verticalmente se ejerce desde la cúpula formal de gobierno.

Bajo esta lógica, el gobernante también da por sentado que todos los veracruzanos son priístas y, por tanto, obligados a agachar la cabeza ante la presencia o palabra de un gobernante emanado del partido en el poder reconociendo y agradeciendo al presidente Peña por algo tan inmaterial como las  reformas aprobadas. No debe olvidarse que los resultados de las mismas están por verse en el mediano y largo plazo, siendo por ahora simples castillos en el aire.

Curándose en salud el gobernante veracruzano afirma que con las dichas reformas se sientan las bases para alcanzar las transformaciones que por muchos años esperamos. Curiosa afirmación, cuando en su desempeño cotidiano lo que menos le ha preocupado es sentar bases sólidas de transformación y cambio para un Veracruz que lejos de avanzar se estanca y retrocede.

Sentar las bases, frase hecha de vieja data priísta que se corresponde con la manida costumbre oficial de poner la primera piedra de una obra pública que jamás se materializa. Lugar común con el que se refleja el desconocimiento tanto del proyecto neoliberal del México con el que sueña el Sr. Peña, como del contenido y alcances de una cascada de reformas que sin ser “estructurales” cumplen con el propósito no explícito de dividir a México, para así vencer en las urnas, avanzando en allanar el camino para la entrega de la nación al capital trasnacional.

Veracruz no es Duarte de Ochoa ni el PRI. Tampoco es el PAN o la cauda de partidos políticos que minoritariamente como partidocracia gobiernan a México sirviendo a los poderes fácticos. Eso lo entendemos todos, menos aquellos que como el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, ocultan su pequeñez tras la grandeza de una entidad federativa que languidece víctima del saqueo, corrupción e impunidad.

Veracruz hablará con voz propia cuando sus hijos levanten la cabeza y estén dispuestos a rescatar lo que es suyo, voluntad y decisión para construir ciudadanía y una auténtica democracia representativa que no requiera de intermediarios espurios.-

Cd. Caucel, Yuc., septiembre 3 de 2014

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J. Enrique Olivera Arce

Entre quienes ayer comían  de la mano de la señora que hasta mediados de la semana pasada  se desempeñara como Coordinadora de Comunicación Social en el gobierno de Veracruz, no faltan los ingratos. Muerto el rey viva el rey. Los asiduos lectores de las columnas políticas en medios impresos o en portales de la Internet, por su pluma los identificarán.

Otros, sin haber sido beneficiarios directos de las políticas equívocas de pago por servicios prestados, simplemente hacen leña del árbol caído, responsabilizando más de oídas que por conocimiento de causa, a la Sra. Gina Domínguez. Ingratos y no ingratos, pero también un buen número de afectados por su exclusión de la nómina gubernamental, se cuidan eso sí, de no mencionar que como empleada del gobernador o bien recibía órdenes o las interpretaba a su real entender, que para el caso es lo mismo en la medida en que contara con carta blanca para el ejercicio de su función.

El que ahora se autonombra “pavo Real”, es el bueno, el llamado a limar asperezas con los empresarios de la prensa y  a salvar con ello  la deteriorada imagen del gobernante. Alberto Silva, ex alcalde de Tuxpan, ex secretario de Desarrollo Social y hoy flamante Coordinador de Comunicación Social, merece no sólo el beneficio de la duda, sino que se hace acreedor al tendido de alfombra y quema de incienso de los aduladores que van tras la chuleta. Muerto el rey, viva el rey mientras el billete fácil fluya y las infanterías reporteriles no se le suban a las barbas a sus empleadores, como ya está ocurriendo.

Unos comen en bandeja de plata, otros, los más disfrutan de las migajas aún a costa de su integridad física, y así lo están entendiendo las infanterías del periodismo oficial u oficioso hoy al margen de un régimen salarial digno y de prestaciones sociales que hagan más llevadera tanto su tarea como el bienestar de la familia. La amenaza de despido no es impedimento para que se manifiesten en protesta.

Gina Domínguez deja el cargo para ocupar otro de menor valía. Cosa nada rara en la actual administración duartista, si suben o bajan lo que menos cuenta es dignidad. Para sus cercanos, la renuncia al cargo responde a fatiga y desencanto; el aceptar un nuevo encargo de escritorio, liberación oportuna de una carga ya insoportable para la salud física y mental de la señora.

Para sus críticos más amables, la oportunidad de servir más de cerca a su empleador,  hablándole al oído sobre espinosos temas, como una asesora más entre penumbras y entretelones.

Para el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, el relevo responde a su personal interpretación de una realidad y una actividad periodística profesional que no entiende; el ubicarle en otro puesto creado ad hoc, como es la secretaría técnica de la oficina del gobernador, salida lo menos traumática para quien le sirviera con relativa lealtad.

Sean cual fueren  las razones, la eficacia de su desempeño queda en duda; su presunto enriquecimiento a costa tanto del erario público como de su participación en lo oscurito en negocios poco claros, voz populi. Liberada de la carga no escapa al escarnio y la maledicencia; quedó señalada y marcada, por salud mental difícilmente podrá sin sobresaltos por las tardes compartir un café con quienes en el ejercicio periodístico fueran sus amigos y colegas.

El 19 de septiembre del año pasado, en el artículo de mi autoría publicado bajo el título “Vida útil y caducidad”, consideré: Gina Domínguez Colío alcanzó su más alto nivel de eficiencia y con ello su condición de obsolescencia. No porque dejara de ser inteligente, capaz o por perder la confianza de su empleador, como se rumora. Alcanzó su tiempo de vida útil como Coordinadora de Comunicación Social, simplemente porque así lo está determinando el mercado de medios de comunicación masiva en la entidad lo que obliga a su vez al gobierno del estado, consumidor del producto ofertado, a poner en práctica una nueva estrategia de consumo, orientada a obtener el mayor impacto comunicacional en la población con el menor costo político y financiero.

Si ella hubiera tenido clara esta situación, renuncia en la cúspide de su desempeño. No fue así como tampoco la nueva estrategia comunicacional cuajó, sin alcanzarse mayor impacto ni mucho menos el menor costo político, económico y financiero. Antes al contrario, socialmente se revertió en perjuicio de credibilidad e imagen de un gobernador confrontado con el periodismo.  Hoy Gina deja el cargo con la cola entre las piernas y a otra cosa mariposa. Ni hablar, el poder marea y así se escribe la historia en la política jarocha.

Hojas que se lleva el viento

Para Ripley.  En un santiamén el alcalde Américo Zúñiga exentó al cuerpo de bomberos de la capital veracruzana del pago de agua que le cobraban sus antecesores. Ojalá y tome la misma medida exentando del pago de saneamiento  a las decenas de colonias populares que carecen de drenaje.

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Ya trascendió. Ambición mata razón. Con los cambios en el gabinete duartista se hizo pública la contienda de perros y gatos que se traen en el seno del primer círculo de la administración pública veracruzana. Todos contra todos en el mismo costal, fuego amigo y patadas bajo la mesa es el escenario en el que el Sr. Dr. Duarte de Ochoa inútilmente clama por la concordia y unidad.

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Muchos se preguntan el por qué Alberto Silva se autonombró “Pavo Real”, al tomar posesión de su encargo como Coordinador de Comunicación Social, cuando cómodamente el mote de “Cisne” le quedaba a la medida. Ya salió el peine, se considera plumífero de ornato que distinguiéndose  por una amplia y colorida cola, ni perjudica ni beneficia en los floridos jardines de palacio.

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Este miércoles Carlos Luna Escudero presentó en sociedad al nuevo portal informativo “Sociedad 3.0” que,  bajo la conducción de Jaime Ríos Otero y Alfredo Bielma Villanueva, pretende ser un medio de comunicación que interactúe con sus lectores en un esfuerzo por sumar su grano de arena en el rescate del periodismo veracruzano,  hoy en crisis. Desde estas líneas expresamos nuestros mejores deseos para el buen éxito de esta iniciativa, haciendo votos por que cumpla a cabalidad su propósito de dar espacio a los sin voz en una entidad federativa en la que hombres y mujeres de a pie ni se ven ni se escuchan.

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J. Enrique Olivera Arce

El horno no está para bollos. Ante la prevalencia de opacidad y simulación la especulación y el rumor se imponen. Descomponiendo aún más un escenario político que, en Veracruz,  entre barruntos de inseguridad pública y conflicto de intereses entre medios de comunicación y gobierno estatal inciden en el deterioro creciente del tejido social.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa anunció la renuncia del procurador y el nombramiento como encargado del despacho en favor de la persona que considera idónea para la tarea en esa por ahora cuestionada dependencia.

La oficialización de tal designación fue precedida por filtraciones, rumores y especulación en las que se incluye la hasta este momento presunción de otro cambio en la secretaría de desarrollo social y la remoción de  la Coordinadora de Comunicación Social, dejando muy mal parado al mandatario ante la opinión pública, en la medida en que se le regatea un acto de gobierno resultado de su decisión personal, atribuyéndose el ajuste en su gabinete lo mismo a una instrucción no escrita del gobierno federal que a una recomendación expresa del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán.

Una u otra versión hablan de una enorme debilidad del Sr. Dr. Duarte, arrinconado y atado de manos para decidir por sí mismo lo que mejor conviene a su gobierno y a Veracruz, ante la andanada de críticas de que ha sido objeto por parte de amplios sectores del gremio periodístico, nacional y local, como consecuencia del artero crimen que cobrara la vida de un conocido comunicador del sur de la entidad, el décimo de la fúnebre lista de periodistas ultimados en lo que va de su administración.

Lo menos que se dice es que no cuidando los tiempos, por falta de oficio político se apresuró a sacar de la jugada tanto al procurador como a la vocera del gobierno estatal, dando la razón a sus detractores sobre el mal desempeño de sus colaboradores en el manejo del trágico caso.

La amplitud del rumor sobre los presuntos cambios, que desde el sábado pasado corriera como pólvora, se vio fortalecida tanto por lo publicado por la revista Proceso sobre seguridad y justicia en Veracruz, como por la decisión del Gobernador de asumirse como su propio vocero, en la conferencia de prensa del lunes.

Ante esta situación, tanto el cambio ya anunciado como los que se espera ocurran en los próximos días, ha dado lugar lo mismo  a cuestionamientos a priori de los funcionarios que resulten beneficiados con la decisión de la primera autoridad del estado que a ilusorias expectativas respecto a la sucesión del ahora gobernador de la entidad.

Lo grave, a mi juicio, es que se especule que con los nuevos nombramientos se acomodan las fichas para la consolidación del proyecto transexenal de Fidel Herrera Beltrán, ninguneando la autoridad del Sr. Dr. Duarte de Ochoa a la par que dejando fuera de la futura sucesión a los dos senadores que, desde las trincheras del PRI,  vienen aspirando a la gubernatura de Veracruz.

Y lo considero grave en tanto clase política y medios de comunicación hacen suyo rumor y especulación, consolidando no el pretendido proyecto político del ex gobernador que por ahora no pasa de ser ingenua leyenda urbana ante la tendencia centralizadora del gobierno federal, sino el orden de prioridades en la agenda de nuestra aldeana vida política jarocha, privilegiándose afanes electoreros tempraneros en los que ya se da por sentado que el gobierno estatal seguirá en manos del PRI.

Pasando a segundo plano el interés superior de Veracruz en los esfuerzos por abatir desigualdad, pobreza y exclusión, así como el encausamiento de la entidad por los caminos del crecimiento económico y bienestar de la gente.

Si de por sí resulta complejo el que en dos años y medio el Sr. Dr. Duarte de Ochoa reponga el tiempo perdido enmendando limitaciones, deficiencias, desatinos y políticas públicas equívocas o anti populares, el no tener control sobre las legítimas aunque madrugadoras aspiraciones de sus más cercanos colaboradores, anuncia un desastre como escenario para lo que resta de su mandato. Veracruz no se lo merece.

Como arriba lo señalo, la dañina especulación y el rumor respecto al quehacer de la administración pública, nace de la opacidad y la desinformación. Más cuando en este fenómeno social  alcanza a los medios de comunicación, asumiéndose estos como portavoces del rumor popular en un escenario negativo de confrontación entre prensa, autoridad y madrugadores aspirantes.

Lo que me motiva a insistir en que más que cambios de funcionarios o ajustes en el primer círculo del gobernante, que en primera y última instancia dan la impresión de cambiar para seguir igual o peor, lo que con carácter de urgente se requiere resolver es el tema de la estrategia de Comunicación Social de la administración a cargo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa;  transparentando el quehacer gubernamental de frente a la ciudadanía y alejándose del triunfalismo sin sustento.

La actual estrategia no ha funcionado a lo largo de más de tres años, antes al contrario, lo que se ha ganado como resultado es la pérdida creciente de credibilidad, confianza no sólo en los servidores públicos,  sino aún más grave, en las instituciones. Por ahí debería empezarse si lo que se busca es fortalecer la base social que da sustento a certidumbre y gobernabilidad.- Xalapa, Ver., Febrero 19 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

Corrupción e ineficiencia a la ofensiva.

Más valdría tarde que nunca…  si no fuera por la simulación rampante.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa protocolariamente se manifiesta públicamente como gobernante comprometido con las iniciativas del presidente Peña, lo mismo en el combate a la corrupción, abatimiento del flagelo del hambre, formalización de la economía e impulso a la generación de empleos bien pagados en la ínsula veracruzana.

No resulta difícil tal compromiso cuando este es únicamente mediático. Al igual que el Sr. Peña, no nos dice cómo, con qué, cuando empezar y por donde, ni se establecen metas cuantificables por alcanzar en espacio y tiempo. Tampoco se aclara si la limpieza empezará por casa, erradicando corrupción e impunidad en el ámbito de la administración pública estatal y municipal y, mucho menos, con que ramillete de políticas públicas y a cargo de quién, se revertirá el fenómeno de la informalidad en una economía estancada y un régimen fiscal diseñado para evadirlo.

Por cuanto a la generación de empleos bien pagados, con anunciar de manera reiterada que es objetivo prioritario del gobierno estatal, es suficiente. Ya lo ofreció al inicio de su gobierno y no pasó nada. Ni se perjudica ni se beneficia a nadie con anunciar una vez más lo que, ni yendo a bailar a Chalma, despierta el más mínimo interés en nuestro ramplón y cuenta chiles sector empresarial veracruzano, responsable de generarlos.

Lo que no toma en cuenta el gobernador veracruzano, es que anuncios y compromisos por este expresados, así sea para seguirle la corriente al presidente en turno, carecen en lo absoluto de impacto entre los veracruzanos.

A casi tres años de lo mismo sin resultados palpables a la vista, la administración pública corrupta e ineficiente va de la mano con un gobernante que a mi juicio no cumple a cabalidad con su encargo. Más o menos compromisos no cambian nada la percepción que los veracruzanos tienen del sucesor de Fidel Herrera Beltrán.

Por más ruido que metan los panegiristas a sueldo al servicio del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, calificándolo ahora como líder indiscutible  de los veracruzanos tras el pírrico triunfo electoral del PRI el pasado siete del mes en curso, el único logro a la vista es el sobresaturado clima mediático para el cual la población bien se pone a cobijo para no verse contaminada.

Ya bastante tiene la mayoría de los veracruzanos con rascarse con sus propias uñas, haciendo funcionar, con no poco esfuerzo, sacrificio y baches por librar, a una maltrecha economía de subsistencia, como para ingenuamente esperar mayor cosa de un gobierno que camina de espaldas a los gobernados y, peor aún, de una realidad que desde las esferas del poder formal ni se ve ni se escucha.

Pero la culpa no la tiene el indio… Seguimos con inaudito masoquismo inercial el dejar hacer dejar pasar votando en las urnas a favor de más de lo mismo. Ni protesta, ni reclamo, mucho menos exigencia y propuestas valederas para sacar al buey de la barranca. Querámoslo o no, nos guste o no, aquí si cabe afirmar que los responsables del tiradero somos todos. Veracruz no se lo merece.

Si realmente estuviéramos a favor de un cambio cierto, lo menos que deberíamos exigirnos es participar en todas aquellas decisiones que como sociedad nos compete y afecta y lastima. Sin participación organizada, aceptémoslo, nuestra indefensión como ciudadanos ante la corrupción e ineficacia gubernamental, es inevitable. Seguiremos dándole vueltas a la noria hasta que el cuerpo aguante.

Hojas que se lleva el viento

El gobierno de México ni se dio por enterado ante la fiesta nacional cubana. Tampoco al gobierno cubano y mandatarios y representantes de varios países del Caribe y Sudamérica, les causo extrañeza alguna la ausencia de México en la conmemoración del 60 Aniversario del asalto al cuartel Moncada. Con el “comes y te vas” de parte de Fox al Comandante Fidel castro, México definió su política exterior para con la mayor de Las Antillas y América Latina, lo que seguramente no cambiará un ápice con el presidente Peña ya totalmente entregado a los intereses imperiales de nuestro vecino del norte.

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Cómo que sabe lo que son sus alas, Américo Zúñiga, presidente municipal electo, ni suda ni se acongoja frente a lo que le espera. Tras su pírrico triunfo toma vacaciones dándose por satisfecho con su escaso logro electoral. Ya tendrá tiempo y oportunidad a lo largo de los próximos cinco meses para compenetrarse de lo que la mayoría de los xalapeños consideran como buen gobierno para la ciudad capital. Por lo pronto, manos libres a la corrupta alcaldesa para maquillar a modo lo concerniente a la entrega y recepción de la administración municipal.

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 Análisis Político, revista quincenal veracruzana, de manteles largos. El próximo 10 de julio del año en curso su Director general, colaboradores y familiares así como personal técnico y administrativo y distinguidos amigos, celebrarán en la capital del estado  el XXXV Aniversario de la publicación. Desde estas líneas, nuestra sincera felicitación a Melitón Morales Domínguez por un indiscutible logro que le concede sin regateos un lugar de privilegio en la historia de la prensa veracruzana..- Chelem Pto., Yuc., 29 de julio de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el pedestre juego de intereses y pasiones electorales, la crítica se radicaliza. Habiéndosele concedido el beneficio de la duda, a casi tres años y medio este se ha perdido; el Sr. Dr. Javier Duarte y su administración es hoy el blanco.

La abrupta irrupción en los terrenos de la normalidad democrática de un ex gobernador que nunca se fue, destapó la Caja de Pandora; poniéndose al descubierto limitaciones, ineficiencias, corrupción e impunidad de un gobierno que ni es lo que se esperaba ni da para más. Es el tema ahora recurrente, lo mismo en un sector de los medios de comunicación y  redes sociales,  que en tertulias y corrillos palaciegos.

Ya se veía venir. Un proceso electoral que por principio iniciara desaseado, apuntaba al bacinicazo, el rumor y las patadas bajo la mesa, sin distingo de color o insignia partidista. El fuego amigo y la publicación pagada bajo el agua no es la excepción.

Los esfuerzos desde la Coordinación de Comunicación social de quien se conoce con sorna como la “vicegobernadora”, por contrarrestar una andanada que se profundiza y crece, son infructuosos. El chocholeo pagado es insuficiente para ocultar lo obvio que recogen las voces críticas.

Nadie es monedita de oro y esta, tiene dos caras, reflejándose en una abierta polarización en la confrontación de fuerzas políticas e intereses, personales y de grupo. Nadie quiere dar su brazo a torcer, lo que por muchos se considera una pésima actuación del gobernador y sus empleados, lo mismo en la administración que en el partido que le da cobijo, tiene para bien o para mal suficiente tela de donde cortar.

Entre lo deseable y lo posible siempre existe una prudente distancia. ¿Qué tanto? La que se percibe en el imaginario colectivo. Percepción es política, y esta arroja números rojos para la actual administración pública estatal y sus correlativas edilicias.

El Dr. Javier Duarte pudo haber sido mejor gobernador si, de entrada, hubiese comprendido a fondo aquella vieja máxima que reza que el poder no se comparte. El no haber cortado a tiempo el cordón umbilical que le vincula a su padrino, mentor y amigo, lo perdió. Hoy paga las consecuencias, Fidel Herrera se montó en el gobierno duartista como estratega electoral y como factor de poder real, en tales términos corre de bote en bote el rumor sobre una percepción que retroalimenta a un imaginario popular que a falta de transparencia y rendición de cuentas en la administración, ve en el gobierno el origen de todos los males.

Paradójicamente, a mayor uniformidad y abundancia con la que machaconamente se divulga lo que hace, piensa o deja de hacer el gobernador, mayor es el malestar que genera en amplios sectores de la opinión pública que, a las portadas y primeras planas de la prensa han dado en llamar “tablero de anuncios de ocasión”.

En su oportunidad, desde hace más de un año, se señaló en esta columna. La estrategia comunicacional del gobierno que encabeza el Dr. Duarte, sirve para dos cosas: para nada y para engrosar el bolsillo” de un selecto grupo de dueños de medios informativos y texto servidores acurrucados a la sombra de la Sra.  Gina Domínguez. El exceso de imagen, el chocholeo desmedido, la lambisconería a ultranza no construyen positiva opinión, irritan y operan en contra de los buenos propósitos gubernamentales.

Tanto se abusó en el pasado reciente del color rojo y la demagogia, como hoy de las medias verdades y medias mentiras, del discurso y letra de molde del estado prospero y del “adelante” para todo, que el slogan electoral del bloque partidista que encabeza el PRI de antemano ha perdido encanto, aceptación e impacto. Si hay que ir para adelante, que no sea con el PRI, propala la oposición en abierta referencia al programa insignia del duartismo y bandera proselitista de la alianza electoral  gobiernista.

Como suele suceder, todo mundo calla, todo mundo cuchichea en voz baja. Nadie se atreve a pagar el precio de hablar en voz alta, salvo en el medio de un proceso electoral en el que todo lo que se dice se inscribe en el marco del libre juego democrático partidista. El propio gobernador se refiere a la crítica como parte del folklore electoral, sin sopesar sustento y argumentación que esta conlleva, mientras se deja envolver y llevar por el elogio cortesano que se paga con recursos públicos.

Sin embargo, en las actuales circunstancias que viven políticamente el país y la entidad, el recurrir a la salida fácil del discurso triunfalista sin atender con eficacia aquello que el rumor popular cuestiona, tiene un costo político sobre el que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa debería preguntarse: ¿valdrá la pena?.- Xalapa, Ver., marzo 24 de 2013

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Regina Martínez en portada

Horacio Zaldívar / Vanguardia

Periodismo en tiempos de Calderón: crimen y ¿castigo? Hoy reproducimos extracto del texto principal que se publica esta semana en la revista Proceso 1853, ya en circulación, en memoria de nuestra compañera Regina Martínez.

En tiempos de Felipe Calderón el periodismo se ha convertido en un oficio de muerte. No para todos. Hay quienes intercambian silencio o complicidad por seguridad. Otros, muchos, optan por no tomar riesgos. Regina Martínez, asesinada atrozmente la madrugada del sábado 28 en su casa de Xalapa, Veracruz, formaba en las filas de los periodistas que incomodan al poder. A nuestra querida compañera la mataron, en conjunción, la mente asesina que urdió el crimen y la mano presta que lo ejecutó. Pero la privó de la vida también la descomposición que invade como cáncer el organismo nacional y, en este caso particular, el estado de Veracruz, donde crímenes semejantes se repiten en medio de la impunidad. A Regina la mató de igual forma el clima de hostilidad manifiesta en el que desempeñaba su trabajo como corresponsal de Proceso. Lastimados e indignados, el domingo 29 acudimos a la sede del Poder Ejecutivo de Veracruz  y fuimos recibidos por el gobernador y sus colaboradores. Pocos minutos duró el encuentro. Julio Scherer García atajó la retórica vacua de Javier Duarte: Es inútil, señor gobernador, no le creemos…

XALAPA, VER.- Ante la tragedia, el derroche, la ostentación del poder. La retórica por delante del gobernador Javier Duarte de Ochoa.

Helicópteros de la Secretaría de Seguridad Pública y el espacioso aparato tipo Bell en que él mismo se traslada, camionetas Van blindadas, una sala de juntas en el hotel Crown Plaza local…, todo a disposición de Proceso.

Hacia el mediodía del domingo 29 de abril, en la Casa de Gobierno de esta ciudad el ambiente era abrumador. Más que dar confianza, apantallaba con el peso del aparato gubernamental y el uso de los recursos públicos. En la mesa de la sala de recepción, desplegada en forma ostensible, la reciente edición especial de Proceso dedicada a Los Zetas.

Ese día, a la residencia oficial que Duarte amplió el año pasado, comprando casas vecinas, había llegado un nutrido grupo de funcionarios de seguridad y justicia encabezado por el procurador Felipe Amadeo Flores Espinosa. Estaba también un fiscal que lo mismo atiende delitos electorales que “denuncias contra periodistas y/o comunicadores”.

Duarte los sentó a su izquierda en una larga mesa de juntas. A su derecha, el fundador de Proceso, Julio Scherer García, el director Rafael Rodríguez Castañeda, el subdirector Salvador Corro, el fotógrafo Germán Canseco y este reportero.

Erguido, cuidadoso de que no se le arrugara su guayabera blanca, el gobernador comenzó a “lamentar el doloroso asesinato” de Regina Martínez Pérez, la corresponsal de la revista en Veracruz, muerta por estrangulamiento la madrugada del día anterior.

Consabidas las frases: “Tengan ustedes la seguridad de que llegaremos hasta las últimas consecuencias”, “destacada periodista”, “prestigiado medio que usted dirige”…

Sólo dio una información: la solicitud que hizo a la Procuraduría General de la República (PGR) y a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para que junto con Proceso coadyuvaran en la investigación. Una “comisión interinstitucional” la llama, y promete transparencia.

Luego pide a sus funcionarios convocados que enlisten sus actuaciones desde que se conoció el asesinato, la tarde del sábado 28 de abril. Después de las explicaciones técnicas, Duarte vuelve a hablar.

Lo interrumpe Julio Scherer. Sus palabras, le dice,  son “retórica ritual”. “Lo que usted nos está diciendo y lo que acabamos de escuchar no es más que la superficie. No hay explicación alguna de las aguas profundas en las que ocurrió el asesinato de nuestra reportera”.

Un silencio espeso en la sala de juntas. Quizás, la respiración entrecortada del gobernador.

Continúa el también presidente del Consejo de Administración de la revista:

“La muerte de Regina Martínez es producto de la descomposición del estado y del país. Queremos saber qué es lo que hay debajo de esa superficie. Aunque en suma, señor gobernador, no les creemos”.

Por segundos nadie habló.

Ante el silencio del gobernador y sus colaboradores, Rodríguez Castañeda les dijo que en Veracruz ha existido un “ambiente de hostilidad” hacia la revista. Le mencionó la frecuente desaparición de ejemplares cuando contienen información sobre seguridad en el estado. La más reciente, apenas el 8 de abril pasado, cuando se publicó información sobre dos de los candidatos a diputados federales por el PRI bajo el título “Dos regresos peligrosos” (Proceso 1849).

Duarte siguió sin decir nada. En el silencio quedó implícita también la incautación de los ejemplares de la edición 1821 en septiembre de 2011, cuando se daba cuenta del violento reacomodo de los grupos de delincuencia organizada desde su llegada al gobierno en diciembre de 2010 y cuya primera expresión fueron los 35 cuerpos arrojados a una vía rápida, al lado del Centro Comercial Plaza de las Américas, en Boca del Río.

También fue “desaparecida” la edición 1736, del 7 de febrero de 2010, sobre las actividades en el estado de la organización delictiva que se conoció como La Compañía durante el sexenio de Fidel Herrera Beltrán, que acabó en diciembre de 2010.

Hoy reproducidos esta nota para recordarles que no se mata la verdad matando periodistas…

Descanse en paz nuestra compañera Regina Martínez.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Gracias a la vertiginosa dinámica de la presentación mediática de la noticia, el affaire de la maleta con 25 millones de pesos con incierto origen y destino, incautados por la PGR a dos empleados del desgobierno de Veracruz, dejó de ser motivo de interés para la audiencia nacional… hasta que: la diputación federal veracruzana en San Lázaro exigiera al gobierno de Calderón la devolución de la maleta. Reviviéndose el escándalo, como si de manera premeditada existiera el interés de poner al Sr. Dr. Javier Duarte en el centro del cuadrilátero.

Estrategia gubernamental o mala leche, vaya usted a saber, estimado lector. Lo cierto es que no sólo se privilegia el escándalo ante la ausencia de logros relevantes del gobernador, sino que se exhibe el papel que la representación popular veracruzana en la Cámara baja juega: ser tapadera de la ineficiencia, opacidad, corrupción e impunidad del desempeño de la actual administración pública de Veracruz.

Como “daño colateral”, tocó al charro sindical magisterial, diputado Juan Nicolás Calleja, pronunciar el acuerdo adoptado por la bancada priísta veracruzana, para así confirmar, por si hubiera duda, el distanciamiento del gobernador de Veracruz con Elba Esther Gordillo más no con los mentores de la Secc. 32 del SNTE. Involucrándose al magisterio como solapador de la fallida opereta del dinero incautado.

Un distinguido periodista dice que se “politizó” el tema de los 25 millones. Yo diría que además se partidizó, y así se interpreta,  en el momento en que la diputación priísta salió a dar la cara  ante la demanda interpuesta por el senador Bueno Torio. Dándosele al affaire el tinte propagandístico electorero que amerita la ocasión. Nada nuevo en Veracruz, todo se politiza y todo se partidiza, mientras el flagelo de la corrupción tras las cortinas de humo, sigue sentando sus reales en toda la entidad.

El argumento para exigir la devolución: “Es dinero de los veracruzanos”. Eso ni duda cabe, el erario público que administra el gobierno se alimenta de recursos cedidos por los contribuyentes. Razón de más para que los diputados priístas antes que exigirle al gobierno federal la mentada devolución, fueran los primeros en exigir que la administración del dinero de los veracruzanos sea apegada a derecho, transparente, eficiente y eficaz. Pidiéndole cuentas claras al titular del ejecutivo veracruzano, entre otras muchas cosas, sobre origen, destino y traslado irregular de de 25 millones de pesos.

Cuentas que de acuerdo a la información oficial difundida, entre medias verdades y medias mentiras, el cantinflesco discurso  no ha dejado satisfecho a los contribuyentes.

Sea cual fuere el interés de los diputados priístas por revivir el entuerto duartista, para la opinión pública no queda duda. El gobierno de Veracruz incurrió en falta, fabricó un chivo expiatorio y nunca justificó a carta cabal el destino de la maletita. El PRI no podrá borrar del imaginario popular tal desliz de un gobernador que en sus filas milita.

Esto último grave, inserto en un proceso electoral en el que se espera que el voto veracruzano favorezca al candidato presidencial del tricolor, así como a los aspirantes priístas a un lugar de privilegio en el Congreso de la Unión. Claro, grave sería si el primer priísta de Veracruz tuviera realmente interés en el triunfo electoral de su partido, lo cual un rumor creciente pone en duda.

Hojas que se lleva el viento

Rafael Árias, escudándose en su carácter de “académico de la UV”, se olvidó del anodino papel que jugara en la administración de Fidel Herrera Beltrán como Coordinador del Copladever y, sin más, sale a responsabilizar al secretario de desarrollo social Marcelo Montiel, de un equívoco diseño de las políticas públicas del actual gobierno en el combate a la pobreza. Esto a sabiendas de que el ex alcalde de Coatzacoalcos es sólo un empleado del gobernador. El docto economista bien se guardo de contextualizar su acusación, así como de decirle al empleado lo que no se atreve a expresarle al patrón y primer responsable del desgobierno veracruzano.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

¡Haciendo más con nada!

Gobernador de Veracruz¡Asombroso! ¿Nó? Mientras el resto del país registra serios problemas al tratar de dejar atrás el subdesarrollo económico y social, cuyo principal indicador es el alto índice de desigualdad, pobreza, contracción de la inversión y el empleo, así como la pérdida del poder adquisitivo del salario, en Veracruz marchamos adelante con paso firme, sentando las bases del desarrollo y la prosperidad. No hay palabras para describir el milagro veracruzano, sustentado en un gobierno desfondado financieramente, endeudado hasta las chanclas y sin más rumbo claro que la ausencia de rumbo, salvo construir una falsa imagen de orden, transparencia y honestidad que desafortunadamente nadie cree.

Pero el milagro ahí está, para ejemplo del resto del país. Los datos duros contenidos en el Primer Informe de Gobierno rendido por el Dr. Javier Duarte de Ochoa, titular del ejecutivo, hablan por sí mismos sobre el como es posible superar el subdesarrollo y entrar en la etapa de consolidación de los primeros objetivos de desarrollo que se propusiera alcanzar el gobernante a lo largo de sus primeros doce meses de gestión.

Si alguna duda hubiere, el Congreso del Estado en representación del pueblo veracruzano se encargará de aclararla o ampliarla tras la tradicional ronda de comparecencias de los miembros de los gabinetes legal y ampliado, en las que las señoras y señores diputados locales, previo análisis exhaustivo de las cifras contenidas en el Informe, interrogarán puntualmente a los funcionarios del primer círculo del gobernador.

Los anticipos informativos que, mediáticamente, diera a conocer a la ciudadanía la administración pública veracruzana, no mienten. Los logros alcanzados en materia de infraestructura, comunicaciones, educación, salud, combate a la pobreza, atención al campo, inversiones, generación de empleos, y un clima de seguridad y bienestar, están a la vista de todos. No obstante, la pregunta está en el aire:

¿Cómo, en donde y con cuanto?, fue posible que de una entidad federativa que ocupara uno de los primeros lugares de pobreza a nivel nacional, se pasara a “sentar las bases” para consolidar el desarrollo sin mover un dedo.

Corrupción aparte, apenas si se puede creer que con un número indeterminado de acciones de gobierno en los 212 municipios veracruzanos, enmarcadas un programa cuya principal característica es que fuera diseñado para incidir coyunturalmente en el margen, y no en los problemas estructurales  de los cuales deviene la condición de subdesarrollo económico y social. Pero así fue si atendemos a lo destacado en el Primer Informe de Gobierno.

Sólo un milagro. Y este se dio a lo largo de escasos doce meses sin que se contara con la participación ciudadana que corresponsablemente se hiciera cargo de coadyuvar en los esfuerzos gubernamentales destinados al logro de objetivos y metas del plan operativo anual. Para el 2012 será diferente. Los integrantes del gabinete se han responsabilizado ante el gobernador de sustentar su trabajo en la participación ciudadana, emprendiendo una política de puertas abiertas, orden y transparencia, que de paso a la ciudadanización del gobierno, favoreciendo la reproducción del pan, los peces y el vino, lo suficiente para que alcance para todos. Claro, el que no trabaja y no participa, no será invitado al banquete, para eso se diseñó la estrategia de “castigo y recompensa”, no faltaba más.

Luego si gracias al milagro del 2011 se han sentado las bases del desarrollo y prosperidad para Veracruz, una vez cubierto el pago por adeudos que reclaman constructores, proveedores de bienes y servicios, profesores defraudados, jubilados, pensionados, burócratas acogidos al programa de retiro voluntario, los que cedieran parte de su propiedad para el derecho de vía del libramiento de Xalapa, así como cubierto el servicio anual de la deuda pública y los seguros contratados como blindaje frente a desastres naturales, el 2012 es de esperarse que para el gobierno de la entidad sea miel sobre hojuelas; cuando menos en los primeros seis meses, porque así lo demanda el compromiso de asegurar que Veracruz sigue siendo reservorio de voto duro para el PRI.

Pasada la elección de julio próximo, entre milagro económico de 2011, consolidación de las bases para avanzar con desarrollo, y el esfuerzo compartido y corresponsable de los veracruzanos, bajo la guía del Programa Adelante y la conducción de un gobernador visionario y sagaz, Veracruz no será únicamente objeto de envidia entre pares, sino paradigma nacional de cómo haciendo más con nada, se construye presente y futuro en el camino de la prosperidad.

No cabe duda de que el Dr. Duarte de Ochoa también heredó la varita mágica de Don Fidel, vaya suerte, sólo faltó que el gobernador priísta también se sacara el premio mayor de la lotería.

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