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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En medio del embrollo que parece tiene ya de cabeza al país y, en el marco de los prolegómenos mediáticos del Segundo Informe de Gobierno del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, de manera extraordinaria y por demás insólita, Elizabeth Morales, alcaldesa de la capital veracruzana aceptó a un encuentro con los integrantes de la Asociación Civil Otero Ciudadano. Extraordinario porque su cargada agenda le impidiera atender con anterioridad a la invitación e, insólito, porque se abrió al diálogo con una organización de la sociedad civil veracruzana que ya pesa en el ánimo de la llamada clase política, aceptando el reto y el riesgo de serios cuestionamientos a su desempeño.

A petición suya, a lo largo de hora y media, auxiliada con diapositivas, dio pormenores de lo que para el Ayuntamiento a su cargo es lo más destacado de su gestión, poniendo énfasis en obra pública, medio ambiente, rescate de espacios públicos y desarrollo económico sustentado en la promoción turística, pasando por planeación municipal, vialidad y participación ciudadana. Prolongada intervención en la que fue escuchada con respeto, atención, y un legítimo interés por los más de 50 asistentes.

Al término de la presentación, se dio paso a la ronda de preguntas, comentarios y cuestionamientos alusivos a lo expuesto y a lo que  no se dijo por parte de la joven Elizabeth. Los comentarios fueron breves, las interrogantes amplias y fundadas por parte de quienes quisieron hacerlo. Predominando la duda sobre la pertinencia de los logros largamente expuestos, a partir de percepciones y experiencias personales que al fin cada quien habla como le va en la feria. Cuestionamientos que sin lugar a dudas fueron compartidos por la mayoría de los presentes que, recogiendo el sentir de amplios círculos de la sociedad xalapeña, más allá de los logros expuestos por la Sra. Alcaldesa, guardan la impresión de que el gobierno municipal no está cumpliendo a cabalidad con su encargo.

Por primera vez, hasta donde he observado y escuchado, se hizo referencia al pésimo estado de las banquetas, a la falta de respeto a la población con discapacidad o capacidades diferentes y, el derecho del peatón a ser tomado en cuenta en la solución de los problemas de vialidad.

No todo fue cuestionamiento. Se hicieron propuestas concretas encaminadas a la búsqueda de soluciones a una compleja problemática que tiene a Xalapa postrada y/o en franco retroceso. Invitándose a la Alcaldesa a tomar en cuenta a la llamada sociedad civil como coadyuvante.

Paso seguido tocó a Elizabeth dar  respuesta puntual a los diversos señalamientos que se le expusieran, prolongándose la reunión hasta el filo de la media noche. Recursos presupuestales insuficientes, orden de prioridades, atención a rezagos heredados y poco o nulo apoyo por parte de la sociedad xalapeña, mencionó como limitantes a una mejor gestión municipal en la administración a su cargo. Poniendo énfasis en que si se tiene una mala o insuficiente percepción de todo lo que se ha avanzado en obra pública, medio ambiente y rescate de espacios públicos, es resultado de no haber sabido “cacarear” todas y cada una de las acciones realizadas a lo largo de casi dos años al frente del Ayuntamiento, pero lo realizado ahí está a la vista de todos, lo mismo en las colonias, fraccionamientos y centro histórico de la ciudad.

Tanto la exposición de la alcaldesa como la de quienes intervinieron, dio una somera idea de la Xalapa de hoy día, de su problemática y de lo que a juicio de la autoridad municipal debe ser el camino en la búsqueda de soluciones en el corto y largo plazo. Pero también de la brecha existente entre autoridades y ciudadanía por ausencia de un diálogo permanente y constructivo. Si el evento es a mi juicio insólito, no es tanto por las largas horas que Elizabeth destinara a sus anfitriones, sino precisamente por la oportunidad de dialogar sobre un tema que nos compete a todos. Tan responsable es la autoridad como la población de que nuestra ciudad esté muy lejos de lo deseable.

Lo que faltó fue profundizar en un asunto vital para la capital veracruzana: desigualdad, pobreza y desempleo. Esperemos que se presente una nueva oportunidad para dialogar sobre este tema, ya que el futuro de Xalapa gravita sobre la capacidad de sus habitantes para construir una economía sana y pujante que se refleje en crecimiento y bienestar para todos.

Ya fuera de la reunión, pasada la media noche alguien comentó: “Elizabeth aprendió bien la lección de Fidel y sus puentes. Nos tomó el pelo y nos vendió la idea de un gobierno municipal democrático, transparente, incluyente y eficaz”. Otro fue más lejos: “Los compromisos contraídos por Elizabeth  con los intereses creados, pesan más que su voluntad de servir a los xalapeños”.

Pepe Zaidén, cronista de la ciudad, con júbilo exclamó: “¡Ya ven por qué estoy con ella!”

Para quien esto escribe, queda la firme convicción de que la búsqueda de soluciones viables para atender la compleja problemática de una ciudad atrasada, sucia y sin expectativas de crecimiento económico y mejoría social, no transita por los caminos de los partidos políticos. Corresponde a la llamada sociedad civil, organizada, participativa y conciente de su carácter de ciudadanía, el definir actuando en consecuencia, que capital veracruzana merecemos.

Hojas que se lleva el viento

El priísmo veracruzano y eso incluye al panismo duartista, requiere de ser exorcizado. De varios años para acá Miguel Ángel Yúnes Linares y su estirpe   traen azorrillados a todos con el petate del muerto. No hay día que no digan que se les apareció el fantasma del blue demon, que no los deja dormir y que les amenaza con cancelarles el futuro.

Interesante el rumor de que el ex gobernador Fidel Herrera representará al CEN del PRI en el estado de Puebla, con el objetivo de rescatar lo que queda del tricolor tras el escandaloso desempeño del “gober precioso”. Interesante porque aunado a este rumor se dice que ya se supo la neta sobre la pésima actuación de Ranulfo (Tonicho) Márquez como delegado del CEN en esa entidad federativa, hablándose de que quiso hacer extensiva la fea costumbre de vender candidaturas como se acostumbra en Veracruz, dividiendo a las huestes priístas. Recibida la queja, Pedro Joaquín Coldwell busco acomodo a su delegado en el gobierno duartista y, para que la cuña apriete, nombraría al tío Fide para que reponga los platos rotos. Si este nuevo rumor tiene algún viso de sustento, el tricolor en Puebla saldrá de guatemala para ingresar a guatepeor.

Algo huele mal en los círculos empresariales veracruzanos. Ya algunos destacados personajes brincaron de las páginas de sociales a la nota roja. ¿A que se deberá?

Si usted estimado lect@r pensaba que la política veracruzana está en chino, salga de dudas visitando el próspero negocio denominado “El dragón rojo”. Si ahí de casualidad se topa con la Sra. Gina Domínguez, directora de comunicación social y vocera del gobierno duartista, ella podrá ponerle al tanto de cómo se mueve en Veracruz Doña Rosa Borunda. Si  no encuentra respuesta consulte el diario “El águila”, es gratuito.

Desde estas líneas deseamos a nuestro amigo Carlos García Méndez, rector de la Universidad de Xalapa, un pronto restablecimiento.- Xalapa, Ver., octubre 28 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Parte de la inercia que se arrastra tras el desastre fidelista en Veracruz se manifiesta, a mi juicio, en la reiterada insistencia en colocar gobierno y vida política de la entidad fuera de contexto; como si permaneciéremos anclados en la idea de una ínsula aislada de la realidad nacional e internacional que, a lo largo de seis años,  se nos impusiera por la concepción unipersonal tan peculiar de gobernar de Fidel Herrera Beltrán. Ignorándose lo real y tangible, como el que ya contamos con un nuevo gobernante en la persona del Dr. Javier Duarte de Ochoa, cuyo estilo de matar las pulgas es diferente en un Veracruz que, a su vez, es distinto al que hundiera su antecesor.

Se insiste en ver al joven gobernante como se viera en los últimos seis años a quien mal gobernara a Veracruz. Garrafal equívoco, a mi entender. El incapaz de delegar funciones, proclive al autoritarismo y corrupción, a quien le valiera –en aras de proyectar y fortalecer su imagen de virrey de la isla de la fantasía–, la necesaria y obligada relación institucional entre los tres órdenes de gobierno, ya no está, ya se fue. Así tendríamos que asumirlo como también debería asumirse que “El poder no se comparte”, Javier Duarte de Ochoa es hoy gobernador en tanto que el pasado debería ser historia superada.

Veracruz en lo local refleja objetivamente, la incertidumbre de los gobiernos del mundo para manejar y controlar la crisis global que acelera el deterioro sistémico, económico y social y, en el marco de la creciente descomposición de un país atrapado en el combate a la delincuencia, tiene hoy, en lo político,  diferente peso específico en el juego de intereses que desde el centro neurálgico de los poderes fácticos, determina el rumbo presente y futuro del Estado-Nación.

La administración pública veracruzana que encabeza Javier Duarte, no escapa ni a los efectos de la crisis global ni al juego neoliberal de intereses dentro del cual éste está inmerso con vías al 2012.

En este escenario el Dr. Duarte no sólo debe enfrentar el desorden y corrupción que heredara de su antecesor. También está obligado en su circunstancia a desempeñarse como buen gobernador, a la par que, en paralelo, como eficaz guía moral de su partido, si es que se desea que la entidad pese electoralmente en el relevo presidencial. Ser buen gobernador implica, por un lado, gobernar para todos en una estrecha coordinación y cercanía institucional con el gobierno federal de extracción panista, en tanto que, como guía moral del PRI en la entidad,  debe velar por la organización y fortaleza de su partido.

Dicotomía en la que el equilibrio es más que exigible. Cargarse en demasía a favor de uno u otro polo, implica riesgo en gobernabilidad y fracaso para una renovada administración pública que concita esperanza y expectativas de cambio.

Tarea nada fácil que pondría a sudar hasta al más pintado. No es de un solo hombre al que hay que cargarle toda la responsabilidad, esta debería descansar en un equipo prudente, preparado, y capaz de interpretar la más mínima señal del gobernante.

A diferencia del sexenio anterior en que se gobernara sin partitura y sin orquesta, bajo la conducción de un director tan chambón como ramplón, las nuevas circunstancias obligan a una estrecha coordinación y complementariedad entre todas las instancias de la administración pública en los tres órdenes de gobierno y, entre estas y la llamada sociedad civil; en lo local ello será posible si se da una acertada conducción por parte del titular del ejecutivo quien, a su vez, debe apoyarse en su partido sin desconocer la importancia de su relación institucional para con Calderón Hinojosa y su gobierno.

La dificultad estriba, siempre a mi juicio, en que en la integración del gabinete no se observa calidad y virtuosismo como para que la orquesta interprete una complicada sinfonía en la que se conjugue honestidad, eficacia y transparencia. La administración pública veracruzana renguea, hasta ahora. Cada ejecutante en los primeros círculos cercanos al gobernante, marcha por camino propio, estorbando o zancadilleando bajo la mesa a sus pares, en tanto que el PRI en el estado y las diversas corrientes políticas que a éste concurren, amparado en una falsa unidad, más virtual que real, atiende a sus propios asuntos e intereses al margen de los sanos propósitos de Javier Duarte de Ochoa, dejado llevar por la inercia e intereses heredados de pasadas glorias.

La asincronía y el “fuego amigo” se observa y se comenta en corrillos palaciegos y tertulias de café, en tanto que el grueso de la población no ve más allá de lo que le ofrecen discursos anodinos y entrevistas banqueteras, siempre en espera de que lo prometido se cumpla a cabalidad. Mientras, el tiempo pasa y, pese al cambio en el Comité Directivo Estatal del PRI, la inercia domina, el partido se divide y aleja de una administración pública estatal al borde de la parálisis, en perjuicio del equilibrio deseable en la nueva circunstancia a la que se enfrenta Javier Duarte de Ochoa.

El destacado periodista Quirino Moreno, recomienda a los duartistas ponerse las pilas. Yo me permito diferir. Es la clase política veracruzana en su totalidad la que debería ser consciente de la nueva realidad. Adicionalmente habría que aceptar que “el duartismo” al interior del PRI y en la correlación de fuerzas en la entidad, aún no existe como corriente política de peso. Alrededor del joven gobernante gira un avispero de chile, de dulce y de manteca, que aún no responde de manera unánime a los dictados del gobernador y guía moral de su partido.

El 2012 está a la vuelta de la esquina. El peso electoral del priísmo veracruzano en el concierto nacional, depende de un buen desempeño del gobernador en los próximos  meses, a la par que el buen gobierno, como factor determinante,  gravita en torno a la dudosa capacidad de su partido para interpretar la nueva realidad y actuar en consecuencia, allanándole el camino. En los próximos días seremos testigos de si Héctor Yunes Landa al frente del CDE del PRI, “se pone las pilas” o persiste inercialmente en dar valor político a la alabanza insustancial que tiñe de rojo a  su discurso.

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