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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce 

 “Árbol que crece torcido,  jamás su tronco endereza”

Gobernador de Veracruz

Gobernador fallido

A la sombra de la descomposición de la vida política y económica en la mayor parte del territorio nacional, el gobierno de Veracruz pretendiendo nadar de muertito da patadas de ahogado. Convenientemente cubierto por la sábana del “mal de muchos…”, Javier Duarte de Ochoa plañideramente pide al cielo que no le jalen la cobija. Más todo es en vano, al descubierto por los cuatro flancos ya no puede ocultar sus miserias, para los veracruzanos todos resultó fallido.

Para priístas y no priístas, el sexenio de Javier Duarte es sexenio perdido. De ahí el que con la esperanza de un cambio duradero, las campañas electorales de los aspirantes a una curul en la Cámara baja del Congreso de la Unión, sean opacadas por el tema de la sucesión. Si se presume que la mayoría de los veracruzanos se mantiene al margen de los comicios del 2015 (Democracia sin ciudadanía, dice Emilio Cárdenas Escobosa), es porque esperan con ansias los del 2016, confiando en que con la gubernatura de dos años algo se pueda hacer si no para enderezar rumbo, cuando menos para limpiar el tiradero.

Vana esperanza, es tal el deterioro que como legado deja el gobernante próspero que una década será insuficiente. Quienes aspiran a la gubernatura de dos años, mienten si en su afán de alcanzar las mieles del poder formal aseguran otra cosa en su proselitismo desbocado.

Economía, política y sociedad, en franco deterioro exigen algo más que un mesiánico gobernante armado con la tan de moda mágica varita de aprendiz de brujo.  El mal del abandono y el saqueo en la dinámica inercial del legado de corrupción impune, no es flor de un día. Su peso específico habrá de imponerse en dos o más años,  simple y llanamente porque ya tocó a quienes ahora aspiran. El silencio es cómplice, no se pueden, mañana, enderezar entuertos que hoy por conveniencia se solapan. No basta con afirmar de dientes para afuera no pertenecer al círculo de amigos de Duarte de Ochoa como mensaje de deslinde, si en el presente en la posición que ocupan no señalan, no denuncian, no se hacen cargo hasta sus últimas consecuencias de ponerle  freno a un tren que descarrila.

Si hoy no lo hacen, mañana será tarde. Barrer para atrás, si esa fuere la promesa, no es garantía. El sucesor de Javier Duarte de Ochoa bastante hará si oculta su propia basura bajo la alfombra.  No es personal, son las reglas de un juego perverso en el que el sucesor se debe a quien le permite ganar en amañada elección.  Una mano lava a la otra. El favor se paga, el silencio cómplice es moneda de cambio;  cerrándose el círculo en el que todos, sin excepción, se tapan con la misma cobija.

La relación entre Enrique Peña Nieto y el gobernador próspero de los veracruzanos es ejemplo de ello. El ahora presidente contó con el apoyo de los gobernadores priístas para alcanzar el triunfo, hoy está obligado a solaparlos, así se trate de un corrupto y corruptor que con su mediocre actuación y desempeño, lejos de cumplirle a Veracruz le ha hundido.

Duarte de Ochoa lo sabe, o se lo han hecho saber sus millonarios asesores. Peña Nieto cojea del mismo pie, su aceptación por sus gobernados va en caída libre. De ahí que no sólo la crítica y fundados señalamientos, también la movilización social en su contra, le resbale. Conoce de lo que para Peña Nieto en un año electoral significa mandar a volar a un gobernador priísta puesto en la picota por una opinión pública que ya no sólo pide que se vaya, sino que exige  regrese lo que se embolsó. Y de eso se vale para retroalimentar cinismo y descaro, haciéndolo extensivo al pequeño círculo de amigos que con él comparten ineficiencia, próspera y mal habida  riqueza y corrupción impune.

Todo lo que tenía que decirse sobre el gobernador de Veracruz, ya está dicho. Ineptitud, valemadrismo y saqueo, han sido la constante. Lo que hoy y hasta pasada la elección del 7 de junio, se agregue, no serán otra cosa que polvos de aquellos lodos convenientemente aplicados al proceso electoral en curso y al que sigue.  No pago para que me peguen, dijo López Portillo, a Duarte de Ochoa si le pegan es porque no paga.

Sin vergüenza alguna, espera ganarle tiempo al tiempo a sabiendas de que su tiempo se acorta,  pero también de que si cae no caerá solo ni tampoco será el primero.

 

Hojas que se lleva el viento.

Pintoresco proceso electoral en Veracruz. En caleidoscópico desfile carnestolendo, los rojos se ofrecen a la vista de los electores potenciales como  verdes, los azules como rojos y los amarillos tornasoles y al caer la noche, la luz mortecina de los faroles a todos los exhibe como iguales.

-oooo-

Se me ha dicho con insistencia que para el conservadurismo yucateco sólo hay PAN y PRI.  Morena, partido de nueva creación por lo consiguiente no pinta en el panorama electoral, pero o sorpresa, en su última visita a la entidad Andrés Manuel López Obrador demostró lo contrario. El Peje sigue siendo el Peje y así se evidenció en el oriente y sur del estado, así como en la ciudad capital  con copiosa asistencia a sus mítines informativos en los que llamara a cambiar de régimen, pero en las urnas no votando por el PRIAN.

Otra sorpresa. El partido de Dante Delgado con la ex panista Ana Rosa Payan como candidata a la alcaldía de Mérida, hace camino al andar. Al Movimiento Ciudadano  ya se le reconoce como la tercera fuerza político electoral de Yucatán. Los tiempos cambian y la estructura, pluralidad y nivel educativo de la sociedad yucateca también. El bipartidismo cede terreno a otras opciones políticas.

Cd. Caucel, Yuc., abril 29 de 2015

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Dicen que autoelogio es vituperio. Acepto el riesgo.

Siempre dentro de la esfera subjetiva de la percepción me anticipe observando que negros nubarrones en la vida de la Nación anunciaban el tocar fondo de un régimen político sustentado en una partidocracia en crisis; los partidos políticos habiendo perdido confianza y credibilidad se desbarrancaban y con ellos la incipiente democracia representativa que el pueblo de México se ha dado, y así lo publique en diciembre del 2011 en un maquinazo que llevaba por título: “ ¿Crisis del régimen político en México”.

Me colgaron la etiqueta de tremendista y “contreras”. Pareció exagerado lo que en mis juicios se contradecía con una realidad en la que no pasaba nada; argumentándose que el seguro retorno del PRI ante el mal gobierno de Felipe Calderón, aseguraba el rescate del Estado-nación, afrontando con responsabilidad los estropicios de la alternancia, dando un nuevo rumbo a la economía, a la política y a la vida social del país.

Con el arribo de Enrique Peña Nieto al gobierno de la república, la integración de un gabinete federal de experimentadas chuchas cuereras y un experto economista al frente de la secretaría de hacienda, así como posteriormente la aprobación en cascada de reformas presuntamente estructurales ampliamente difundidas como panacea para sacar a México del ostracismo, mi reiterada insistencia en una crisis que sólo en la forma pareciera inexistente, fue suficiente motivo para ser objeto de burla y descalificación.

Aguanté la burla sin quitar el dedo del renglón, la crisis política percibida se profundizaba, ahora acompañada de descalabros concretos en la economía e incremento de conductas antisociales radicales que la guerra declarada de Calderón en contra de la delincuencia organizada exacerbó. Guerra que Peña Nieto continuó, con otra estrategia igual de ineficaz.

Hechos posteriores ratificaron la percepción vertida en mis maquinazos; politólogos y analistas en la prensa nacional con mayor información y mejores elementos de juicio y olfato político concentraron sus baterías en un proceso galopante de descomposición política, deterioro de la economía y malestar social. Persistiendo en quienes siguiendo llamándome “contreras” la idea de que no pasaba nada, antes al contrario, en México se respiraba un aire de seguridad, certidumbre, bonanza y prosperidad bajo la conducción priísta del país que se reflejaba en Veracruz. El PRI si sabe gobernar, me insistían.

Peña Nieto desestimó la gravedad de la crisis

En el gobierno federal el estado crítico del régimen fue desestimado, así como sobreexpuesto por el llamado “Pacto por México”. La crisis hizo crisis, arrastrando consigo a todo el régimen político en su conjunto con consecuencias directas en credibilidad y confianza en las instituciones republicanas así como en el consenso social en torno al gobierno peñista. En este marco de deterioro, Ayotzinapa jugaría el papel de detonador del descontento y hartazgo acumulado, abriéndose la caja de Pandora y exhibiendo la carencia de capacidad de respuesta del régimen político vigente para administrar el control de daños, primero, para posteriormente mostrar las llagas de una sociedad enferma paradigmáticamente conducida por una cleptocracia corrupta, voraz y sin llenadera.

El considerado “crimen de Estado” por lo acontecido en Iguala, paralizó al gobierno, enmudeció a los partidos políticos y desató una movilización social sin precedente en las últimas décadas; aflorando abiertamente en una sociedad lastimada, los signos inequívocos de la corrupción e impunidad en las altas esferas del gobierno y una resistencia creciente en la base de la pirámide poblacional. A ello siguió la brusca caída en el precio del crudo mexicano, el deterioro de las finanzas públicas en los tres órdenes de gobierno, el recorte al presupuesto federal aprobado por el Congreso de la Unión, el estancamiento del crecimiento y la paulatina pero constante pérdida del empleo y poder adquisitivo del salario así como el punto de quiebre de las fuerzas político-electorales. Los negros nubarrones en la percepción de un tundeteclas provinciano se materializaron en una compleja y muldimensional crisis del Estado mexicano que el gobierno de Peña Nieto parece o pretende ignorar o subestimarle.

México vive hoy lo que la maestra Dulce María Sauri Riancho, ex presidente nacional del PRI calificara como “la tormenta perfecta”. Pasada esta –cuándo, quien sabe- Es de esperarse el inevitable “tsunami” y el pago de los platos rotos por los mismos de siempre.

Mi observación no estaba del todo errada; mi percepción personal de la crisis es apenas pálido reflejo de estudios más agudos y profundos de analistas y politólogos calificados, que por diversos caminos están llegando a la conclusión de la necesidad impostergable de un proceso de rescate y renovación ya no sólo del régimen político, sino de la estructura misma del Estado mexicano como un todo, proponiendo un Congreso constituyente que dé a México una nueva Constitución Política para el Siglo XXI que de viabilidad a la refundación del Estado.

El régimen político rebasó su fecha de caducidad

Hoy día, la crisis de representación tanto de los partidos políticos como de la administración pública en sus tres niveles de gobierno, ya no anida sólo en la percepción colectiva; objetivamente en hechos concretos se exhibe como tal en todo el territorio nacional. El régimen político, alcanzó su fecha de caducidad, los partidos políticos sin excepción han perdido su razón de ser, están divorciados de la sociedad con el agregado de que la llamada clase política se niega a reconocer la gravedad de una crisis con síntomas de padecimiento terminal. El Sr. Peña Nieto y sus “reformas estructurales” pagan el costo de la imprevisión, impaciencia y ausencia de un diagnóstico preciso de la realidad nacional, en medio de un torbellino que se refleja en estancamiento económico, creciente deterioro del tejido social y una movilización de hartazgo y resistencia.

No es la economía ni la crisis globalizada del neoliberalismo, como muchos piensan la que arrastra al resto en este proceso de deterioro, en México es a mi juicio, la política política que ha perdido rumbo, principios y justificada existencia. Bajo este supuesto, la elección de junio próximo no es la mejor salida para corregir el entuerto, antes al contrario, agudizará las contradicciones del régimen con resultados nada optimistas.

Con preocupación aquellos que me llamaran “contreras”, expresan el existir de un consenso cada vez más amplio de que Peña Nieto llevó a las muchachas al baile equivocado y que eso habrá de reflejarse en las urnas.

¿Y de Veracruz y su pésima administración pública?

Bajo el título: “Duarte un peligro para Veracruz” en mayo del 2010 y en plena campaña electoral del entonces candidato priísta a la gubernatura de Veracruz, ya advertía que nada bueno esperaba a la entidad.

El 25 de diciembre del mismo año, ya siendo gobernador el Sr. Duarte de Ochoa, en otro maquinazo expresé que: “Javier Duarte de Ochoa está obligado a poner las barbas en remojo;  por lo que publican los medios de comunicación el joven gobernador tiende a seguir el mismo camino de su antecesor, improvisando, errando el camino, y apoyándose, con honrosas y contadas excepciones, en lo más nefasto de la llamada clase política y cúpula sindical, en aras de un inconsciente deseo de legitimarse con exacerbado protagonismo y falso triunfalismo; a sabiendas de que la situación que guardan las arcas públicas, la reducida captación y déficit fiscal que le hace dependiente en grado superlativo de las aportaciones federales, el cada vez mayor endeudamiento público, así como el deterioro creciente de la economía veracruzana, obliga a gobernar con cautela, mesura, humildad  y buen juicio”.

Rematando, en abril del 2011, ya siendo del dominio público la tendencia de la nueva administración pública veracruzana a cargo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, bajo el título El discurso de Javier Duarte. Entre la realidad y la utopía en un maquinazo más expresé: “… La honestidad de un gobierno no sólo radica en cuidar el buen manejo de las finanzas públicas y que nadie le meta mano al erario en provecho propio. Eso es relevante, pero no substituye a la honestidad intelectual que exige el reconocer, con humildad y buen juicio, que la siempre necia realidad supera nuestras fortalezas y posibilidad de transformarle por decreto. No reconocer nuestras debilidades es engañarnos a nosotros mismos y, en su caso, como conductor de la vida política, económica y social de Veracruz, es engañar al pueblo que en usted confía.”

Percibiendo que el gobernante veracruzano transitaba ya por el delgado hilo de un triunfalismo desbocado y sin sustento, colocándose en la cúspide del arco iris ocultando o pretendiendo ignorar la realidad de la entidad y de su propia administración. “La prosperidad” consolidada, como cortina de humo mediática, pretendiendo ocultar el arribo de lo más atrasado y corrupto de la llamada clase política al gobierno de la entidad, confirmándose que el Dr. Duarte efectivamente resultaba ser y es un peligro para Veracruz.

Ya en los prolegómenos del quinto año de gobierno del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, la realidad, sí, la necia realidad se está encargando de exhibir todo el daño que un gobierno fallido puede acarrearle a una sociedad ávida de progreso, seguridad y bienestar. Hechos concretos, no palabras que se lleva el viento, así lo confirman. No me equivoque advirtiendo de la proximidad de la llegada del lobo, los números duros hablan por sí de ineficiencia, desorden administrativo y “una licuadora” financiera que no logra ocultar a los ojos de la Auditoría Superior de la Federación el saqueo de que ha sido objeto el erario público veracruzano. Mis detractores ahora coinciden en que el peor legado de Fidel Herrera Beltrán ha sido el haber impuesto a su delfín.

Si el autoelogio es vituperio, asumo el riesgo de escupir para arriba. Está confirmado que el nuevo PRI no sabe gobernar. Mis maquinazos a lo largo de los últimos seis años, han pecado de congruencia, así como de una atinada y oportuna crítica sin más ánimo que contribuir con un granito de arena a despejar el fétido ambiente político que ahoga a México y a nuestra entidad.- Xalapa, Ver., febrero 22 de 2015.
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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Ace

Sin pena ni gloria, entre opacidad e indiferencia el Gobernador de Veracruz rindió su IV Informe de Gobierno.

Encubierto por la euforia oficial y rechifla a Peña Nieto en los tendidos durante la inauguración de los  Juegos Centroamericanos y del Caribe, la inquietud social por el crimen de Iguala, el empantanamiento del diálogo SEP-politécnicos, la irrupción de policías en la UNAM, la inocua participación de México en la cumbre del G20 en Australia, la amenaza presidencial de recurrir a la represión como recurso de Estado,  y las últimas paladas a la tumba del PRD vertidas por su líder moral, el mensaje a los veracruzanos del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa con motivo de su IV Informe de Gobierno pasó desapercibido.

¿Así lo planeo el gobernante, o la realidad le tomó con los dedos tras la puerta?

En días anteriores ya un columnista había advertido que con informe o sin éste, la opinión sobre el anodino desempeño del gobernante veracruzano no sufriría cambio alguno. Y así está sucediendo, nadie quiere saber ya de más mensajes triunfalistas, textos amañados, cifras maquilladas y promesas de lo que debiendo ser no será. Con o sin el ominoso escenario de un país en crisis, con cortinas de humo o sin éstas, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa y su gestión al frente de la administración pública estatal, ya está etiquetado en el imaginario colectivo como el peor gobernador que Veracruz ha padecido en los últimos tiempos, superando a su antecesor, padrino  y hacedor.

La realidad que vive la entidad veracruzana de ello se ha encargado. El oneroso dispendio de recursos públicos en la proyección mediática de la imagen del gobernante, y el ya clásico aquí no pasa nada reflejado en su mensaje a la ciudadanía, no ha sido suficiente para borrar lo que ya anida en la opinión pública veracruzana desde endenantes,  como imagen de un gobierno fallido.

Antes al contrario, entre más se hace gala de triunfalismo sin sustento, mayor es la indignación y rechazo a la palabra oficial.  No es pues de extrañarse que el mensaje y el mamotreto entregado al Congreso local, no alcancen ni siquiera para cubrir las apariencias.

La glosa del IV Informe que tendrá lugar en los próximos días, será pretexto para una nueva andanada mediática onerosa y a  modo, con los mismos resultados. Dimes y diretes de diputados rojos, azules y tornasoles magnificados por la prensa oficialista no cambiarán cosa juzgada.  

A falta de pan con sustancia, el circo deportivo y el deterioro creciente del clima nacional  seguirán ocupando el primer plano en el interés de una población harta de simulación de un gobernador que, rodeado de su séquito de saqueadores, prósperamente navega  en la cresta del arco iris.

Lo grave es que se inicia un período de más de lo mismo o de algo peor  a soportar a lo largo de los 24 meses que restan para el cambio de estafeta. Y este relevo, de seguir las cosas como van, no augura nada positivo para la entidad.

Hojas que se lleva el viento

Como estaba previsto, con Juegos Centroamericanos o sin estos, la capital veracruzana, ignorada y ninguneada no mejora en lo más mínimo. Xalapa, patito feo de los gobiernos priístas seguirá padeciendo atraso económico, desempleo, pobreza extrema, pésima imagen urbana y el caos vial de todos los días. Menos mal que al alcalde Américo Zúñiga ya se le prendió el foco y pugna por recomponer el tejido social nadando de a muertito, bajo el cobijo de su inversión con recursos públicos en proyección mediática de imagen.

-ooo-

Ya hay suficientes señales de que a nuestra aldeana clase política se le ha hecho grumos el engrudo frente a lo que viene con la elección federal del 2015. Habiéndose cooptado a la oposición, sin esta todo se reduce a fuego amigo al interior del PRI. La conducción programática y operativa a cargo de dos damas de dudosa reputación  en el tricolor local y el anteponer la sucesión del Sr. Dr. Duarte de Ochoa a los buenos propósitos por lograr en el 2015, ha dado al traste con la brújula. Nada extraordinario en una entidad federativa en el que la mediocridad y afán de saqueo sin límite, es la constante de quienes dicen gobernar.

Y a propósito de tal afán, ya es público y sabido del incremento de enriquecimiento más que explicable de los que tuvieran vela en el entierro con motivo de la inauguración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Está en la naturaleza del nuevo PRI el no dar paso sin huarache. Para eso están y para eso los ponen donde hay.

-ooo-

Mal augurio el  que con base en la sospechosa actuación de provocadores infiltrados en la protesta social se pretenda el que los justos paguen pecados ajenos. Más sospechoso resulta el que identificados los vándalos,  la autoridad deje hacer, deje pasar de la mano de medios de comunicación que agarrando parejo juzgan y condenan por igual al justo que al pecador. Cuidado, esta consabida estrategia del viejo régimen para administrar conflictos no es nada recomendable en un horno que hoy por hoy no está para bollos.

-ooo-

Censura y autocensura en el ámbito de los medios de comunicación, pretendiendo acallar la voz de un pueblo ofendido, no es el mejor camino si lo que se busca es tapar el sol con un dedo. Más temprano que tarde la realidad se impone y tanto el que censura coartando la libertad de expresión como el que se hace cómplice  guardando conveniente silencio en resguardo a su participación en el pastel, pesos más pesos menos terminan por ser exhibidos.  El pueblo perdona pero no olvida.-

Xalapa, Ver., noviembre 19 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Difícil referirse a la vida política veracruzana sin caer en lugares comunes o, aún peor, en hacerle el juego a quienes se benefician escribiendo y publicando lo que el gobernador en turno y su cohorte de ineptos funcionarios quiere escuchar. No pago para que me peguen, afirmara el ex presidente López Portillo al inicio de los siete lustros de vacas flacas que siguieran al anuncio de que se entraba en la etapa de la administración de la abundancia.

El gobierno paga, y paga bien, a quienes le sirven. Los textoservidores a ello atendiendo privilegian como información objetiva, veraz y oportuna lo que se dicta desde palacio y, en ello sustentan su quehacer profesional. Luego pretender formarse una opinión y expresarla en blanco y negro, parte necesariamente de lo que a la prensa le interesa difundir, no le pagan para que pegue al que paga.

y a ello hombres y mujeres de a pie, debemos atenernos frente a una prensa estatal que salvo contadas y dignas excepciones, excluye a la incipiente ciudadanía del acceso a una información que le permita ubicarse en los terrenos de la comprensión de la realidad y, con talante crítico, juzgar y calificarla a la luz del desempeño de quienes detentan el poder fáctico o ejercen el poder político formal.

Lo que nos coloca en una situación de ignorantes funcionales, incapaces de diferenciar lo que conviene o no al conjunto de la sociedad. Como tales, o dejamos pasar dejamos hacer, manteniéndonos al margen haciendo gala de indiferencia y valemadrismo, o expresamos nuestro sentir de manera fragmentada, fuera de contexto, pesando más las vísceras que la razón en el deseo y voluntad de participar en lo que a todos debería interesar.

Romper con este marco que nos ata a la manipulación y el engaño oficial, no resulta por tanto facil ni necesariamente es lo políticamente lo correcto El escudriñar en las entrañas del tejemaneje del poder y sus secuencias en la vida social, económica y política pasa por la información disponible y cuando esta es limitada o manipulada y maquillada, ello es prácticamente o imposible o proclive a al retorno al punto de partida, subjetividad y lugar común atendiendo al interés de los círculos de poder, terminando por seguir el juego de decir lo que el gobernante quiere escuchar.

Sin embargo, la realidad necia al fin, encuentra los caminos para hacerse notar y pesar. Números duros del gobierno federal y avatares de la vida cotidiana de los veracruzanos, entrelazados, pintan un paisaje que no se puede ignorar por aquellos que no quieren ignorar las vicisitudes de su entorno.

A estos últimos el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa les dice que “…se equivocan, y así está demostrado, apostándole a la diatriba, al encono y a la división en su intento por vincularse o generar empatía con la sociedad”. Mensaje con dedicatoria sin duda al enemigo jurado de Fidel Herrera Beltrán y del duartismo, pero que también se interpreta o debería interpretarse como un señalamiento a quienes apartándose del pensamiento único, no dudan en cuestionar o criticar aquello que en su percepción merece ser revisado, corregido o cambiado en el quehacer gubernamental.

Diatriba porque al Sr. Dr. Le parece ofensiva la crítica; encono por inadversión a un gobierno fallido; división por apartándose de la verdad oficial se difunde entre la población la idea de rechazo a un mal gobierno, polarizándole. Cuando lo ideal para el gobernante sería el contar con la unidad de la gran familia veracruzana en torno a su ineptitud, miopía política y trivial desempeño.

Más en este momento en que ya se velan armas ante la inminente contienda electoral del 2015.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa queriendo salvar el pellejo ofreciendo a Los Pinos resultados exitosos para su partido y afín morralla acompañante que aseguren mayoría en la cámara baja del Congreso de la Unión, llama a los veracruzanos a fundir aceite y agua en el crisol de la simulación y la mentira, no sin antes excluir a los enemigos de Veracruz, los que le ofenden criticándole, los que propician encono y división. A los que dudando y cuestionando la verdad oficial, se atreven a apartarse de lo que al gobernante le gusta escuchar.

La realidad es una, con diversas aristas atendiendo al contexto. Si la realidad nacional es ominosa, en el contexto de nuestra aldea el desastre ya no sólo es eminente, números duros, fríos como el acero, lo confirman como vigente. El destacado investigador veracruzano Hilario Barcelata Chávez, con los pelos en la mano nos dice que la economía veracruzana se derrumba arrastrando calidad de vida de la población y expectativas de inclusión laboral y de progreso para las nuevas generaciones.

La política no es ajena a esta debacle, su crisis tocó fondo y, con ello, el PRI manifiesta su respaldo al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa cuando, lo que la lógica indica, es que el gobernante respalde a su partido.

Por algo será, la cúpula priísta percibe que el principal opositor a combatir en las urnas, es la percepción popular del gobierno fallido del duartismo, en tanto que el Sr. Dr., percibe que su última carta frente a Peña Nieto, es que el PRI y sus satélites tomen las riendas para sacar al buey de la barranca en un escenario electoral adverso.

Para la percepción popular, ni uno ni otro ofrecen garantías que pongan a salvo a Veracruz del desastre.

Cd. Caucel, Yuc., agosto 27 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

Bajo el sugestivo título “Economistas pinchan la burbuja de Duarte “, el periodista Williams Cortez publica en El Liberal del Sur, (edición del 20/05/2014), un artículo que no teniendo desperdicio hace referencia a la vida económica de Veracruz, vista esta bajo la lupa de dos destacados investigadores de la Universidad Veracruzana (UV), Rafael Arias Hernández e Hilario Barcelata Chávez, quienes a su vez fundamentan sus análisis en información difundida por el INEGI.

“La economía veracruzana se estancó y va para atrás. Cada trimestre la propuesta de campaña de 2010, “Veracruz para adelante” es un contradicción.
Una deuda pública que llegaría a los 90 mil millones de pesos, nula obra pública estatal, incapacidad tecnológica para transformar sus recursos naturales, una industria sustentada en micro y pequeñas empresas poco competitivas, 4 millones de pobres y un decrecimiento de 1.5%, colocan a la economía de Veracruz entre las cinco peores del país”
, se afirma en el artículo en comento.

Nada nuevo bajo el sol salvo traerlo a tiempo presente. “La burbuja de Duarte” desde los inicios del mandato del gobernador veracruzano fue “pinchada” por una terca realidad que se le ha venido oponiendo de manera obvia y contundente a un proyecto fallido de gobierno  y a una estrategia mediática de comunicación social triunfalista y sin sustento.

Sin embargo, dada la situación crítica por la que atraviesa la economía nacional y la ausencia de políticas públicas para corregir y enderezar el rumbo, el análisis serio y bien documentado de Arias y Barcelata, a los que agregaría otro economista de valía, Alejandro Soto Domínguez, cobra plena vigencia en tanto que guarda congruencia con diagnósticos y pronósticos tanto del INEGI como de la Secretaría de Hacienda y el Banco de México en torno al comportamiento económico del país en los últimos trimestres.

Si le va mal a México, obvio que a Veracruz no le puede ir mejor. Y esto queda demostrado con números duros que toman los investigadores para afirmar sin tapujos que la economía veracruzana está colapsada. Afirmación que, en efecto, echa por tierra el cotidiano triunfalismo con el que desde la administración pública se ofende a la inteligencia de los veracruzanos con un iluso juego de abalorios.

El 4 de abril próximo pasado, refiriéndome a esta situación escribía:

“Ahora que los economistas veracruzanos pretenden formar un bloque que les permita involucrarse y pesar en la búsqueda de soluciones a la aguda problemática que tiene postrada a la entidad, vale preguntarles qué respuesta viable podrían aportar para que, de una vez por todas, el gobierno del estado reconozca la profundidad de una crisis en la que la combinación de insolvencia gubernamental y deterioro creciente de la demanda agregada, impide crecimiento económico, generación de nuevos empleos y combate efectivo a desigualdad y pobreza”.

Así como el 27 del mismo mes en relación al mismo tema, afirmara que Ocultar el sol con un dedo, en Veracruz  ya no reditúa.

Los economistas mencionados si bien no tienen una receta ni cuentan con la suficiente influencia para convencer al Sr. Dr. Duarte de Ochoa de lo equívoca de su estrategia de gobierno y de la necesidad de corregir, si, cumpliendo con su papel en el seno de nuestra máxima casa de estudios, desde la academia y por extensión en diversos medios de comunicación, ponen al desnudo  una realidad ya inocultable, señalando con claridad en donde estamos parados y que nos espera de seguir adelante por caminos equívocos.

El oropel de una falsa prosperidad es solo eso. Económicamente le va mal a Veracruz y a los veracruzanos y esto, necesariamente se refleja en la vida social y política de una entidad federativa que vive de y para los procesos electorales.

En su artículo del pasado lunes, Hilario Barcelata ubica con precisión a Veracruz en el contexto de la crisis económica del país, afirmando que:

“La economía veracruzana se encuentra colapsada. Durante el cuarto trimestre de 2013 el Producto Interno Bruto Estatal (PIBE) cayó un -1.5% comparado con el mismo período del año anterior, situación precedida por un pobre desempeño en los trimestres anteriores, durante los cuales el crecimiento nunca pudo superar siquiera el 1%.”.

Atribuyendo esta situación a la resultante de:

“… un modelo de desarrollo económico estatal que está en crisis, el cual se basa en un patrón productivo obsoleto, ineficiente y con escasa competitividad”.

Y “…un gobierno estatal y gobiernos municipales ineficientes, incompetentes y corruptos que han sido incapaces de crear una estrategia capaz de propiciar las grandes transformaciones que requiere la economía estatal”.

Más claro ni el agua y a buen entendedor pocas palabras. Los economistas, desde la UV, cumplen con su cometido, falta ver si encuentran eco en quien está obligado por el bien de Veracruz a escuchar y actuar en consecuencia.

Hojas que se lleva el viento

El PRI en Veracruz ya no siente lo duro sino lo tupido. Ante la andanada de críticas, fuego amigo y patadas bajo la mesa, la dirigente estatal del tricolor por conducto de la Dra. Zaida Alicia Lladó Castillo, ideóloga del Comité Directivo Estatal, manda mensajes encriptados que no se sabe si van dirigidos a la militancia priísta o a un cada vez mayor número de críticos “radicales”. Por el bien de México debemos cerrar filas en torno al presidente, nos dice la destacada académica, “… y quien no lo haga o se limite a la crítica destructiva desde la comodidad del asiento de un café,–pues se le respetará su holgura y apatía–, pero no encajarán en esta etapa de reconstitución nacional y tendrán que observar cómo operan, quienes en verdad desean ser útiles y tengan el propósito sincero de coadyuvar al bienestar de los mexicanos, heredando un mejor país”.

Sea como sea, el mensaje cae en tierra infértil, la crítica va y seguramente no parará estando de por medio tanto la implementación de reformas contrarias al sentir de las mayorías como en lo local el madrugador proceso  electoral,  poniendo en riesgo el esperado triunfo del nuevo PRI en los próximos comicios federales y locales.- Xalapa, Ver., 28/05/2014.

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J. Enrique Olivera Arce

A 18 meses de gobierno de Enrique Peña Nieto signos ominosos ensombrecen el panorama nacional. Estancamiento y retroceso económico, pérdida de expectativas de bienestar y un clima de inseguridad que ronda a lo largo y ancho del país, conforman prolegómenos de un Estado fallido.

El orden de prioridades de las grandes tareas del desarrollo está trastocado, la necedad de imponer reformas con simultaneidad y en cascada, contrarias tanto al sentir de amplias capas de la población en lo interno como a las tendencias más generales de recomposición y corrección de rumbo en un mundo de cabeza, lo mismo empantanó el quehacer político legislativo que frenó la actividad económico productiva a lo largo y ancho del país.

La vida social, a rastras de estrategias fallidas en materia de seguridad pública y políticas equívocas de atención a los avatares del mercado por sobre las necesidades reales y sentidas de una población en su gran mayoría empobrecida, agudiza su deterioro profundizándose pobreza y ampliándose la brecha de la desigualdad a la par de expresiones de descontento y hartazgo. Las reformas presuntamente estructurales no aterrizan y el tiempo ya juega en contra de los propósitos neoliberales de un presidente que, de 266 compromisos de campaña avalados por notario público, se le reconocen a lo largo de su mandato únicamente 13 (Vanguardia 12/05/2014).

Y en este marco, no son pocas las voces que advierten que en diversas entidades del país existen condiciones de gobierno fallido, que aceleran el proceso de deterioro social e inhiben tanto la consolidación de la fábrica nacional como nuevas inversiones productivas y generación de empleo, que ya se reflejan en los indicadores de desempeño económico nacional.

De acuerdo con informes del Banco de México y números duros del INEGI, la economía está estancada y con visos de recesión. Advertencia de entes autónomos que lejos de tomarse en cuenta por el poder ejecutivo federal, son desmentidas por el propio presidente y su secretario de hacienda, que sin el menor rubor, propalan que “la economía va por buen camino” y que, lejos de pisar los umbrales de la recesión, se transita por un camino sólido sustentado tanto en una macroeconomía boyante como en el incremento de exportaciones y crecimiento del aparato productivo estratégico.

Contradicción a los más altos niveles de la conducción económica del país, que lejos de asentar las aguas, propicia mayor desconfianza e incertidumbre, cuando a ojos vista la realidad nacional, si, la que se palpa en el terreno microeconómico y se mide en el bolsillo de los mexicanos, estancamiento y retroceso ya es evidente, reflejándose en desempleo, bajos salarios y pérdida del poder adquisitivo.

La población se llama a engañada y las promesas de bienestar a la vuelta de la esquina gracias a las reformas peñistas, se siembran en terreno infértil. La crisis de credibilidad en el gobierno y sus actores, se acentúa, a la par que la aceptación de Peña nieto por sus gobernados a la baja y polarizándose.

Si mediáticamente al secretario de hacienda se le consideraba el hombre fuerte, poder tras el trono, su fracaso en la conducción de la economía le ubica ya como triste caricatura objeto de escarnio y rechazo, señalándosele como el artífice del fracaso de Peña Nieto en el propósito de modernización, incremento de productividad y competitividad en la fábrica nacional.

Mal augurio que ya se hace sentir en una partidocracia ineficaz que no logra establecer acuerdos en torno a las iniciativas presidenciales, haciendo prevalecer intereses partidistas y dictados de los poderes fácticos que lejos de fortalecer al retorno del presidencialismo autoritario, le desgastan, estorbándole.

Y en esto último, el Partido Revolucionario Institucional se pone en evidencia como incapaz para brindar sustento social a Peña Nieto. Antes al contrario, marcha a la zaga de la movilización popular, ganándose a pulso crítica y rechazo de las mayorías.

Veracruz no es ajeno a este escenario. Pese a opiniones oficiales en contrario, números duros registran desempleo creciente, ausencia de crecimiento económico, y barruntos de recesión, contribuyendo al pésimo desempeño de la economía nacional. Condición que se hace acompañar de endeudamiento, corrupción e impunidad en las esferas de la administración pública, auspiciando deterioro y reclamo social, hablándose ya en círculos calificados de un gobierno estatal fallido, sin pies ni cabeza que se niega a reconocer la realidad de su crisis.

En esto andamos y no hay sol que nos caliente. México se deshace y no hay para cuándo ni cómo evitarlo.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con perdón de los apologistas oficiales u oficiosos que con plausible imaginación pretenden poner a cubierto la imagen de la actual administración pública estatal y, por extensión la de la mayoría de los 212 Ayuntamientos de Veracruz, es ya hora de que éstos pongan los pies sobre la tierra y reconozcan que el horno ya no está para bollos. Todo esfuerzo por acreditar el buen desempeño de la vida económica, política y social de Veracruz resulta, a más de vano, contraproducente; más que estimular deprime, en un escenario en el que para la percepción ciudadana y colectivo popular la idea de que lejos de mejorar la entidad va de mal en peor, se consolida.

A mayor abundamiento mediático de que aquí no pasa nada, que el tránsito a la prosperidad es miel sobre hojuelas y que tanto el gobierno estatal como en su caso los municipales cumplen a cabalidad con su encargo, mayor es el malestar y rechazo que se genera en la opinión pública.

Terca como es la realidad que se pretende ocultar, ésta desmiente día con día lo que virtualmente se construye tanto en el discurso como en las notas periodísticas. Veracruz está en la olla y su gobierno próspero pisa con fuerza el terreno de lo fallido.

Veracruz involuciona

Estancamiento y deterioro galopante en el quehacer económico y su correlato de pérdida creciente de bienestar de la gran familia veracruzana, fortalecen desigualdad, pobreza y exclusión focalizada. Las serias carencias en capacidad para generar nuevos empleos y el salario congelado para los existentes, así como la paulatina pérdida de infraestructura productiva y capital social, diluyen expectativas de progreso cediendo el paso a incertidumbre y desconfianza de la sociedad en un futuro que pintando incierto, se niega a millones de veracruzanos.

Frenado crecimiento económico y bienestar, Veracruz involuciona ante la indiferencia de autoridades y partidocracia.

El malestar social generalizado se hace acompañar incrementándolo, por corrupción, simulación, ineficiencia e ineficacia, así como saqueo e impunidad en las esferas del poder público, ameritando estas, el ser exhibidas a nivel nacional por la Auditoría Superior de la Federación que, diáfanamente, coloca al gobierno de Veracruz en el primer lugar de observaciones a la cuenta pública 2012; el manejo inapropiado por decir lo menos, de recursos públicos federales puestos a disposición de la entidad alcanza niveles de escándalo.

Agregándose a esto último el constante endeudamiento en los dos niveles locales de gobierno que pese a la opacidad existente al respecto, ya no se puede ocultar.

Escenario estatal enmarcado por un tejido social en franco deterioro; caldo de cultivo propicio para conductas antisociales que afloran día con día a lo largo y ancho del terruño veracruzano, poniendo en jaque seguridad, tranquilidad, convivencia comunitaria y fortalecimiento de ciudadanía.

Ocultar el sol con un dedo ya no le reditúa ni al régimen duartista ni a los partidos políticos. Números duros exhibidos por académicos y analistas serios, nos hablan de la realidad veracruzana, mediocridad en una economía empobrecida, desempleo creciente y un régimen salarial insuficiente para cubrir necesidades básicas vitales; corrupción, ineficiencia e ineficacia de servicios públicos en el marco de una administración pública que financieramente se sostiene con ganchitos que no escapan ya al dominio de la comprensión de la opinión pública.

Situación que no escapa a la percepción y análisis que de la conducción política en la entidad se forja en el ánimo del gobierno federal. El distanciamiento del gobernador de Veracruz con el presidente Peña, es evidente; la consecuencia de esto último se evidencia también en una mayor astringencia en el flujo y control de los recursos presupuestos federales asignados a una entidad que no inspira confianza.

No se puede ni debe seguirse por este camino. O se cambian las cosas para mejorar o nos aprestamos a enfrentar el desastre en todos los órdenes de la vida económica y social de la entidad; así debería entenderlo la prensa, coadyuvando en el cambio verdadero desnudando con verdad y objetividad más que ocultar o maquillar a una realidad sofocante que no acepta ya apologías sin sustento.

Hojas que se lleva el viento

“Día del trabajo”, celebración que en México nos remite a tiempos aciagos de sumisión sindical y disciplina clientelar de los trabajadores bajo la férula del partido-gobierno hegemónico. Práctica oficial obsoleta que también nos habla del “sincretismo” con el que el pueblo trabajador más que celebrar, recrea memoria histórica trayendo al presente la permanencia de la lucha proletaria por romper las cadenas que le atan a un estado de cosas injusto e inhumano. México cambió pero la lucha sigue, como habrá de constatarse en estos días de hartazgo y reclamo.

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Y seguimos dando vueltas en la noria. Duro y dale en los círculos políticos y periodísticos con la sucesión en el gobierno de Veracruz y el paso previo de la elección de diputados federales, como si el cochinero electoral fuera respuesta válida a la problemática que aqueja a la entidad. Incapaces de entender y atender con eficacia el presente, le apostamos a un futuro incierto en el que todo puede pasar, incluso la pérdida del o los padrinazgos en que agudos analistas sustentan el pro o el contra de tales o cuales precandidatos. ¿En que bola de cristal se asegura que el PRI ganará en los comicios del 2015 y 2016? Especulación y pérdida de tiempo, cortina de humo para ocultar las miserias del presente.

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Desde estas líneas nuestra sincera felicitación al portal informativo veracruzano “Crónica del Poder”, y a sus directivos Felipe Hakim Simón, Francisco Saucedo Ramírez, Marco Aurelio González Gama, personal y colaboradores, por la distinción que le otorga el Club de Periodistas de México, AC, nominándole como acreedor a la “Presea de la libertad”. Reconocimiento que en esta ocasión distingue al periodismo alternativo digital que hace camino en la Red de Redes. Expreso también mi agradecimiento por ser generosamente acogido en sus páginas publicando mis maquinazos.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Gobernador de Veracruz

Gobernador de Veracruz

La Auditoria Superior de la Federación (ASF) destapó la Caja de Pandora en Veracruz (La Jornada en Veracruz 24/03/2014). Una más que presunta ola de corrupción en la administración pública estatal queda al descubierto.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, por su parte alimentó rumor y especulación con el cese fulminante de dos cercanos colaboradores “por haber traicionado la confianza del gobernador”, confirmándose de hecho lo que siempre se ha negado en el discurso oficial: una pésima administración y el saqueo sin límite a lo largo del mandato de Fidel Herrera Beltrán y en lo que va del actual gobierno duartista, dio pie al déficit en obra y finanzas públicas y su correspondiente ajuste vía endeudamiento creciente.

Hoy no hay dinero en las arcas públicas estatales. Pagar quincenalmente la nómina gubernamental, atender reclamos de acreedores de corto plazo, contratistas y proveedores y cubrir servicio de la deuda es un verdadero calvario. La obra pública estatal brilla por su ausencia y se atiende a necesidades reales y sentidas de la población con saliva.

Si el gobierno de Veracruz prácticamente se sostiene con aportaciones federales al presupuesto autorizado por el Congreso local, esta fórmula no da para más. Elementos de juicio sobran para justificar la pérdida de confianza del gobierno estatal ante la federación y, por ende, tal aportación fluirá por goteo y observada con lupa, o bien, será el gobierno federal el que se haga cargo de la ejecución de obras y servicios de conformidad con su orden de prioridades y no otro.

Adicionalmente, los recursos propios sustentados en el tributo de los veracruzanos, corren el riesgo de venirse abajo. Los contribuyentes no cautivos con justa razón habrán de oponerse a seguir contribuyendo a la inversión y gasto de un gobierno corrupto. Incrementándose informalidad tanto en el aparato productivo como en servicios y consumo.

Y lo más grave. Con el destape federal de la Caja de Pandora, la desconfianza del gobierno del Sr. Peña en el gobierno de Veracruz se reflejará en la actitud por asumir de una población engañada y lastimada que no confiará más en un gobierno fallido que hace del saqueo, impunidad y simulación regla de oro de un Estado de derecho que, en la entidad, sólo existe en el papel. Gobernanza y gobernabilidad a base de saliva y bombardeo mediático, no son ya garantía para paliar el temporal; tampoco marco propicio para crecimiento y desarrollo.

Y en este escenario, en lo político sobra decir que en el 2015 y 2016 las contiendas electorales no serán miel sobre hojuelas. No se puede hacer de lado que los partidos políticos hasta ahora existentes, han sido juez y parte de la corrupción impune y desaciertos gubernamentales y ni qué decir de los senadores priístas, aspirantes naturales a suceder al Dr. Duarte de Ochoa, que avalando a éste, al desorden administrativo, y al saqueo e impunidad, propalan que en Veracruz no pasa nada.

Éstos últimos, parafraseando a conocido columnista, al igual que el gobernador veracruzano, flotan en el espacio en calidad de astronautas. Desde las alturas del espacio sideral ven llover y no se mojan; ignorando la realidad hoy destapada por la Auditoría Superior de la Federación y puesta a la libre interpretación de los veracruzanos. No ven, no escuchan, haciéndose cómplices del saqueo.

Mal momento para Veracruz. A dos años y medio del relevo del Dr. Duarte la población está indefensa frente a un gobierno fallido. Estancamiento y retroceso en todos los órdenes, pese a la panacea de las presuntamente estructurales reformas del Sr. Peña que habrían de incidir positivamente en la entidad. Lo expresado por el gobernador en la rueda de prensa del pasado lunes, son ominoso anuncio de tormenta en suelo veracruzano. Su optimismo desbordado pretendiendo seguir tapando el sol con el dedo, no oculta los negros nubarrones en el horizonte inmediato.

Destapada la Caja de Pandora, Duarte de Ochoa está llamado a poner en la cárcel a quienes han defraudado no su confianza, sino la de los veracruzanos todos, o tirar el arpa pidiendo una licencia que es hoy por hoy lo obligado como primer responsable de desorden, ineficacia y saqueo en su gobierno.

Su partido con vista al 2015 y 2016 se lo agradecería.

Hojas que se lleva el viento

Por donde se le quiera ver, la pensión universal, iniciativa de Peña Nieto y aprobada por la Cámara de Diputados, constituye un engaño mayúsculo al pueblo de México, en tanto que el seguro de desempleo un vil saqueo a los ahorros para vivienda de los trabajadores. La ley de marras, ahora por aprobarse en el Senado, sí que es el robo del siglo.

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Ya lo dijo el santo Papa y algo de eso le toca a Xalapa: “… el desempleo es la consecuencia de un sistema económico que ya no está capacitado para crear trabajo, porque ha puesto en el centro a un ídolo que se llama dinero”. El pontífice Francisco añadió que “el trabajo es un bien de todos y tiene que estar disponible para todos”, y defendió “la dignidad de llevar el pan a casa”, instando a los sectores políticos, económicos y sociales a que favorezcan una economía basada en la “justicia y la solidaridad” que garantice a todos “la posibilidad de desarrollar un trabajo digno”.

Sin empleo y salarios dignos y remunerativos que fortalezcan capacidad real de consumo de la población, no hay crecimiento económico ni mejoramiento en la calidad de vida. Sin trabajo que ofrecer a sus habitantes, Xalapa está condenada a ser pueblo mágico en el que se sobreviva de milagro. Ojo señores planificadores.

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J. Enrique Olivera Arce

“Haiga sido como haiga sido”, de motu propio o por “recomendación” externa, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en el conflicto de intereses entre prensa y gobierno, para la opinión pública capituló, dando por su lado a los medios de comunicación sobre la actuación tanto de su Procurador de justicia como de su vocera y Coordinadora de Comunicación Social.

Pese a que los texto servidores oficialistas de siempre afirman que el gobernante con el “manotazo”  aplicando los tan necesarios como urgentes cambios en el primer círculo del gabinete, así como advirtiendo que “… son tiempos de entrega , no de  mezquindades, y que en este gobierno no hay espacio para la división, que no caben los personalismos e intereses ajenos a los de los veracruzanos, ni proyectos personales y tampoco ineficiencias en los resultados”, el gobernador sale fortalecido de la crisis que derramara el vaso en materia de seguridad, lo que a mi juicio se percibe es todo lo contrario.

En lo que va del sexenio del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, con la misma cantaleta se han celebrado los cambios, enroques y “manotazos”, sin que nada cambiara en la conducción de la administración pública veracruzana. Todo lo contrario, las cosas han transitado de malo a peor. En esta ocasión, no hay elementos que permitan estimar que sea diferente.

El gobernador acusa  los índices más  bajos de aceptación en amplios sectores de la población y lo menos que se dice y no precisamente en voz baja,  es que sus empleados a más de ineficientes, únicamente cumplen con lo que de arriba se les ordena, dando pésimos resultados en el desempeño de su gestión.

De ahí que no es de extrañarse que para la opinión pública todo cambio o ajuste en el gabinete duartista es para seguir igual, o peor. Una  nueva dosis de gatopardismo de un gobierno fallido que considera a los veracruzanos como menores de edad.

Lo que de entrada se confirma es que con el cambio de estafetas lo mismo en la Procuraduría que en Desarrollo Social que en Comunicación Social, la iglesia sigue en manos de Lutero; corrupción e ineficacia seguirá siendo la constante  en el pequeño mundo de Don Javier. ¿O acaso se cuenta con elementos de juicio que aseguren lo contrario?

En tanto no se dé un cambio a profundidad en las estrategias fallidas de gobierno y este se ponga al servicio de las mayorías con honestidad, transparencia, eficiencia y eficacia, hombres y mujeres lo mismo surgidas del fidelismo que de reducido círculo de amigos de Don. Javier Duarte, por muy talentosos que estos sean son irrelevantes si de mejorar se trata. Estos y estas seguirán la misma tónica de mezquindad, atención a intereses  personales o de grupo a los que se refiere el gobernador  con su presunto “manotazo”. Para unos estas conductas son resultado de la condición humana, para mi gusto es fruto indeseable de un caldo social de cultivo en el que la descomposición política y la ausencia de participación democrática y responsable de una endeble ciudadanía, auspician y hacen permisible el fenómeno.

En artículo anterior consideraba que es de suma gravedad el que con la débil respuesta del gobernador al conflicto de intereses entre gobierno y medios de comunicación, lo que es de esperarse es no otra cosa que el reacomodo con fines electorales de las escasas piezas con las que cuenta el gobernante,  para así asegurar que su sucesor le cubra las espaldas. Priorizándose en la agenda del Sr. Dr. Duarte el tema de la sucesión por sobre la atención a los graves problemas económicos y sociales que aquejan a la entidad. Y ni que decir de la problemática financiera que tiene postrada de rodillas a la administración pública veracruzana.

Cambiar para seguir igual, o peor, por donde se le quiera ver. Salvo la mejor opinión de aquellos empresarios de medios de comunicación que, dándose por satisfechos con “el manotazo”, hoy ven en el  cuestionado ex alcalde tuxpeño, ex titular de desarrollo social y hoy flamante Coordinador de Comunicación Social al enderezador de entuertos, que les brinde la oportunidad tanto de resarcirse de sus pérdidas como de reconciliarse con las políticas públicas emanadas del régimen duartista.

Para las mayorías ofendidas, no queda más que apechugar o construirse como ciudadanía responsable,  para intentar paliar la tormenta de  fracaso anunciado de una administración pública que, en candoroso gatopardismo, ni les ve ni escucha.-

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El que la hace la paga, reza la conseja popular. Al Sr. Dr. Duarte de Ochoa, por comisión u omisión le tocó disfrutar de las mieles del “pinche poder” del que se vanagloriaba Fidel Herrera Beltrán, hoy le toca pagar las consecuencias embarcado en una nave a la deriva que hace agua por doquier.

Quiérase aceptar o no, el gobernante veracruzano heredo a una administración pública en exceso endeudada y  carente de autoridad moral y política, fruto de los excesos de su antecesor en los que no puede negar -a gusto o a disgusto- que estuvo involucrado. Aceptó ser tapadera de mil y un entuertos que rondan los terrenos de lo política, legal  y socialmente incorrecto; le cayó de perlas ser escogido como delfín y sucesor con consigna de su padrino y mentor; apechugó de buen grado el hacerse cargo de una tarea para la cual no estaba preparado; se dejó imponer a un primer círculo de colaboradores venidos de la cuadra fidelista y, confundiendo gobernar con el dar brillo mediático  a su inmadura imagen, dio rienda suelta a un triunfalismo sin sustento que, muy a su pesar, es cotidianamente desmentido por una realidad que no quiere o no puede ver.

¡En Veracruz no pasa nada, salvo una constante consolidación de la prosperidad!,  es su percepción de una realidad que le desborda.

Hoy día seguramente ha de preguntarse a sí mismo como es que la realidad virtual que ha venido construyendo a lo largo de más de tres años con una equívoca estrategia de comunicación social, no le es suficiente ni propicia para acompañar al presidente Peña en su aventura reformista.

Lo mismo ha de estar preguntándose el Sr. Peña Nieto respecto a la imagen del  gobierno próspero que mediáticamente proyecta la administración a cargo del Sr. Duarte; viéndose obligado a propalar la decisión de la administración federal de dotar a Veracruz de costosas obras de infraestructura, para así medio paliar el vendaval que envuelve a un gobierno estatal disminuido, si no es que fallido ya cuando menos en los terrenos de las finanzas  públicas y vigencia de seguridad y justicia, que no reúne condiciones para aterrizar socialmente las ambiciosas reformas constitucionales presuntamente estructurales aprobadas por el Congreso de la Unión.

El evidente deterioro del tejido social, tanto en lo económico como en lo político y moral que  da cohesión y sustento a una sana, armónica y plural  convivencia entre diferentes, pone en relieve la fragilidad de un estado de derecho que en la entidad  ya a nadie satisface.

Ya lo dijo su padrino y mentor, “en política lo que se compra con dinero es barato”, esto, cuando el dinero sobra para sustentar gobernanza en la corrupción y el despilfarro. Hoy el gobernante veracruzano vive en carne propia aquello de  que no hay bien más caro que el que no se tiene. Con las arcas públicas vacías, ayuno de visión de Estado y con las reticencias de la sociedad veracruzana a seguir manteniendo a una administración pública mediocre e ineficaz, corrupción y despilfarro no son ya garantía para una tersa gobernabilidad. Antes al contrario, quienes se enriquecieron a la sombra del “pinche poder” fidelista, hoy frente a una sequía que se prolonga, le mueven el tapete al gobernante en turno exhibiendo  el derrumbe del teatro de la prosperidad. La sociedad en su conjunto, se encarga del resto. ¡Que se vayan todos!, es el sentir consensuado de una mayoría.

¡Es un complot! Que seguramente orquesta Miguel Ángel Yunes Linares y sus vástagos en contra del Sr. Gobernador, insinúan los defensores de oficio, amanuenses oficialistas que hacen lo imposible por tapar el sol con un dedo. Mentes avisas llevan agua a su molino pretendiendo descarrilar al gobierno próspero, politizando el crimen perpetrado en contra del reportero Gregorio Jiménez de la Cruz,  propala el partido en el gobierno, el que, por cierto, al Dr. Duarte flacos favores le dispensa.

Falsa presunción para mi gusto, el inflado poder y perversidad del “demonio azul” mediáticamente construido por la administración fidelista y por la actual, no da para tanto; la lúgubre lista que ya suma diez comunicadores victimados en los últimos tres años, rebasa tanto el ámbito de lo policiaco como del chisme aldeano y la leyenda urbana de las trapacerías y conspiraciones de la familia Yunes Linares construida y alimentada por sus detractores, para ubicarse en el pantano de políticas públicas fallidas.

Lo habíamos advertido: el triunfalismo sin sustento respaldado por una estrategia de comunicación social equívoca, no conduce a buen puerto, hoy a semejanza del emperador del cuento de Hans Christian Andersen y su traje nuevo tejido con hilos y pedrerías sin par, la obcecada realidad muestra a un gobernante desnudo ante su pueblo.

El Sr. Peña personalmente o por interpósita persona, conociendo como se teje el paño en Veracruz lo sabe; ojos y oídos de su gobierno en la entidad tentándole cotidianamente el agua a los camotes,  no ignoran que el rechazo y descontento viene fraguándose desde lo más profundo de una sociedad desatendida y frustrada,  que no ve futuro cargando a cuestas a una administración pública a la deriva. Para nuestro infortunio, toca a esta sociedad lastimada y ofendida pagar los platos rotos de lo que ya algunos califican como “la decena trágica veracruzana”.

Falta algo más de dos años para el término de su mandato, bueno sería por el bien de Veracruz que con talante autocrítico, el Sr. Dr. Duarte de Ochoa  hiciera un alto en el camino, reflexionara y reencausara el paso, aún hay tiempo antes de que sea demasiado tarde.

Hojas que se lleva el viento

El diario La Jornada Veracruz viene a oxigenar al periodismo en la entidad, consideré cuando este medio informativo viera sus primeras luces. Hoy el diario, atinadamente conducido por Tulio Moreno Alvarado lo confirma en su quehacer cotidiano, respondiéndole a la sociedad con profesionalismo y seriedad reflejando la vida de un Veracruz plural que,  en condiciones adversas, realiza su mejor esfuerzo para sobrevivir no dejándose arrastrar por las veleidades e ineficiencias de un gobierno estatal que no da una.

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Américo Zúñiga, novel  alcalde xalapeño,  debe poner sus barbas en remojo. Calladito y haciendo bien las cosas  se vería más bonito. Nadie se traga la versión de que en unas cuantas semanas dejó atrás el cochinero de su antecesora y ya encarrila a la ciudad que gobierna. Por cierto, ¿ya estará  enterado de que la capital veracruzana no cuenta con plano regulador? Sin éste instrumento es prácticamente imposible tanto ordenar la expansión anárquica de la mancha urbana como atender a las recomendaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para las ciudades emergentes.- Xalapa, Ver., febrero 16 de 2014.

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