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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

De acuerdo a la lógica formal que enseñan en la escuela, 1+1=2, luego si a 2 le sumamos 1, el resultado es tres. A la luz de este razonamiento el PRI hace cuentas alegres respecto al resultado que espera obtener en la elección de junio próximo. De acuerdo a las reglas electorales que algunos dicen que los mexicanos nos hemos dado, con un voto se gana la elección; luego si sólo votan tres ciudadanos, con dos que crucen la boleta a favor del tricolor, ya la hicieron, el PRI legalmente se levanta con el triunfo. De ahí que bajo este supuesto, al priísmo le valga si el abstencionismo o el voto nulo superan al voto efectivo.

Como lo asentado en la ley es lo que cuenta en la democracia mexicana y no la legitimidad democrática, por anticipado la cúpula del PRI canta ya su triunfo en las urnas.

Por eso resulta sospechoso el que desde la esfera oficialista, e incluso el Instituto Nacional Electoral, presuntamente ciudadano, se muestren tan preocupados ante la amenaza del fantasma del abstencionismo o el voto nulo de castigo.

¿A qué le tienen miedo si todo está a su favor?

En lo interno a la partidocracia más o menos votantes le tiene sin cuidado. La fuerza de la costumbre manda y el pueblo, “haiga sido como haiga sido”, sin chistar lo acata.

No así en lo externo, para Peña Nieto y su necesidad de legitimación en un escenario internacional que le ha dado ya la espalda, una copiosa votación en junio próximo sería su oportunidad para cacarear el triunfo de la democracia en México, validando su gestión al frente de un gobierno que se considera roza los límites de lo fallido.

El régimen político y su sistema de partidos políticos, quedaría a salvo y, con un voto de diferencia a favor del PRI y sus satélites, salvaría ante la opinión pública internacional el hoy más que cuestionado prestigio del presidente reformista.

La otra lógica

Bajo otra lógica, la del hartazgo y rechazo social, podría darse el caso de que el resultado de 1+2 para el partido en el poder no fuera 3, sino menos 2, perdiendo por un voto. Esto si la ciudadanía le tomara la palabra a la propaganda oficial, reduciendo en números absolutos y relativos tanto el voto nulo como el fenómeno del abstencionismo, pero inclinando la balanza en contra del PRI y sus aliados satélites, votándose por otra opción político electoral.

Hasta donde se alcanza a percibir en el ánimo e intención del voto en la opinión pública, la lógica del descontento y del hartazgo está imponiéndose, bajo el supuesto de que es mayor el deseo de cambio real y la voluntad de así hacérselo saber al régimen, que una dosis de más de lo mismo.

No se puede hacer de lado que la elección que nos ocupa, en esta ocasión constituye un plebiscito de facto a mitad del río, que pone a prueba la aceptación del desempeño tanto del Sr. Peña Nieto como del régimen que representa; asignándole al voto en contra del partido gobernante una especial connotación en el marco de una creciente exigencia de revocación de mandato.

El 7 de junio próximo en las urnas se verá si los mexicanos aún confiamos en el valor de espejitos y abalorios para seguir manteniendo el gatopardismo y la simulación democrática, o si el México que ha despertado en el imaginario colectivo, pone un hasta aquí y se manifiesta electoralmente por la vuelta a la tortilla.

En esta ocasión a las mayorías les tiene sin cuidado el resultado de la elección. Se tiene conciencia plena que para efectos prácticos, el relevo es irrelevante. Secuestrada la democracia representativa, el cambio de estafeta es para seguir igual. La motivación que mueve a sectores mayoritarios de la población a expresarse en las urnas no es otra que hacer camino al andar transitando por la única vía válida para mantener la fiesta en paz.

Si para la lógica formal a mayor número de votos efectivos mayor prestigio internacional para Peña Nieto y el régimen, la lógica del descontento, hartazgo y rechazo que mueve a las mayorías, a mayor número de votos mayor la oportunidad para avanzar en el camino del rescate de la voluntad popular. Ya se verá de que cuero salen más correas. Por lo pronto, ante el desconcierto del partido en el gobierno, Peña Nieto se mantiene en caída libre ante la opinión pública nacional e internacional.

Hojas que se lleva el viento

La honestidad de los servidores públicos no sólo se mide por su rechazo a meter las manos en el cajón de los dineros públicos. En épocas de crisis la deshonestidad intelectual en el resistirse a aceptar la realidad y actuar en consecuencia, es un indicador que cuenta y cuenta mucho. La simulación y el engaño pudieren ser más graves para un país en crisis que el saqueo de las arcas públicas. Es el caso de los señores senadores veracruzanos de extracción priísta, en tanto sustentan su aspiración a gobernar a Veracruz con más medias mentiras que medias verdades. Se matan solos, únicamente basta leer lo que en medios informativos y plazuelas declaran para saber de qué pie cojean ante una opinión pública que no olvida el llamado pacto por México, la aprobación de las reformas energética, laboral, educativa y fiscal entre otras aberraciones avaladas por el Congreso de la Unión.

Quién sirve a dos amos con uno queda mal. O los senadores Yunes landa y Yunes Zorrilla están a favor de necesidades y demandas no satisfechas de los veracruzanos, o con los gobiernos de Peña Nieto y Duarte de Ochoa y sus nefastas secuelas de entrega de soberanía, corrupción, impunidad e ineficacia en el manejo de los destinos de la nación y de la entidad en lo específico.

Y a propósito de falta de congruencia y deshonestidad intelectual, cuando el Sr. Peña declara de dientes para afuera que “La justicia en sus diferentes materias está rezagada, olvidada y rebasada. Es excluyente, lenta compleja y costosa, además de inaccesible y poco útil, por lo que genera espacios de ilegalidad, impunidad, corrupción y abuso.”, Es porque está urgido de decirle al pueblo lo que este quiere escuchar y no necesariamente como un reconocimiento tácito a su garrafal equivocación privilegiando en el orden de prioridades nacionales a unas reformas, presuntamente estructurales, cuando debió atenderse en primer lugar los rezagos de desigualdad, pobreza y corrupción, rescatando a la olvidada y enterrada justicia social por la que tanta sangre se derramara en la Revolución Mexicana. Equivocación o desconocimiento de nuestra historia y requerimientos presentes del país, entre comillas, ya que en realidad Peña Nieto actúa con conocimiento de causa en su afán por consolidar un modelo neoliberal contrario a los intereses más caros del pueblo de México.

-ooo-

¡Qué ironía! Hablar en Veracruz de la bondad del Sistema Nacional Anticorrupción es tanto como el que el verdugo celebre la efectividad de la soga en casa del ahorcado. Los corruptos impunes aprueban la ley, estos mismos vigilarán que se cumpla y se sancione a quien la infrinja. Paradójicamente en un Estado de derecho cuestionado y atravesando por una crisis de confianza y credibilidad que atañe a todas las instituciones republicanas.-

Cd. Caucel, Yuc., mayo 6 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuando el descontento y hartazgo de amplios sectores de la sociedad se tiñen de rojo, ni perdón ni olvido, es el mensaje a la nación que, en contrario a los llamados del presidente Peña, está moviendo a México.

La percepción que anidando en el imaginario colectivo se objetiviza en hechos concretos, cobra día con día más amplio consenso. La nave navega al garete en medio del desconcierto de un proceso mediático de construcción fallida de administración y control de daños. El gobierno de México en sus tres órdenes que le componen, no logra recuperar confianza y credibilidad entre las mayorías de una sociedad dolida e indignada. Antes al contrario, entre más se insiste en minimizar la crisis de Estado, mayor es la convicción de que el poder público carece, además de brújula, de la necesaria y urgente voluntad política para recomponer el tiradero, empezando por aceptar la gravedad de lo que se vive en el país entero.

Inmersos ya en el proceso electoral que desembocará en los comicios de junio próximo, falto de imaginación el caduco y superado régimen político lo más que alcanza a blandir como argumento justificatorio de su torpe y errática conducta, es que no pasando nada, cuando pasa es fruto de politización, manipulación y complot desestabilizador; partiendo siempre de la premisa de que el pueblo de México, además de ignorante y falto de entendimiento, es ciego y sordo, presa fácil de manipuladores e ideologías extra lógicas relacionadas con la izquierda electoral.

El país está de cabeza. Los caricaturistas críticos lo ilustran como un país en ruinas, y para allá vamos, en tanto que los responsables del desaguisado lavándose las manos, se preocupan y ocupan por dar vialidad a un proceso electoral de antemano cuestionado, pretendiendo que no hay relación alguna entre indignación y hartazgo social con objetivos y propósitos de la democracia representativa.

No sintiendo lo duro sino lo tupido, el Sr. Peña con el índice de aceptación por los suelos (El pantano mexicano), vuelve a exhortar al olvido de lo que lastima y ofende y sí a recordar y valorar lo positivo de los logros gubernamentales. Carpetazo con borrón y cuenta nueva, para retornar al clima de expectativas y esperanzas en las bondades de sus llamadas reformas estructurales. Insensibilidad y torpeza que a su vez da marco para alentar descalificación de la protesta y movilización social, autoritarismo y represión, como ya se observa en orquestado bombardeo mediático condenando y exigiendo se aplique todo el peso de la ley a quienes promuevan o participen en marchas y protestas.

Ni perdón ni olvido, es la respuesta de un cada vez mayor número de mexicanos.

¿Sabe gobernar el PRI?

“El PRI si sabe gobernar”, se decía hasta el cansancio en la elección presidencial que sacaría al PAN de Los Pinos en alusión al mal desempeño de Vicente Fox y Felipe Calderón. Hoy día el PRI no está en condiciones de refrendarlo y, para completar el escenario, ningún partido político de los que animan el cotarro como comparsa, tendría tamaños para construir un buen gobierno. Peor aún, ratificando que no saben de sus pequeñeces y limitaciones, PRI, PAN y morralla acompañante, lejos de asumir una autocrítica constructiva, insisten en seguir dándole vueltas a la noria, profundizando su crisis de representatividad y confianza en un duelo sin cuartel blandiendo la ya clásica bacinica rebosante de improperios y descalificaciones.

Cual convidados de piedra, los mexicanos observan, reflexionan y sacan conclusiones. A la luz del desastre, convencidos ya de que el PRI no sabe gobernar, tampoco encuentran opción válida en las llamadas izquierdas o derechas del espectro partidista. Dubitativos frente al bombardeo mediático, entre la incertidumbre y el ya basta, sin condiciones para construir un auténtico, legítimo y pacífico cambio desde abajo, están a la espera de un cambio desde arriba. Milagro este último no contemplado en las esferas del poder real y sueño inalcanzable para las mayorías.

Y en esas estamos.

Hojas que se lleva el viento

Mal de muchos, consuelo de tontos, reza la conseja popular, sirviendo de marco para que la administración pública veracruzana acelere su deslizamiento en el tobogán de la ineficiencia, ineficacia y saqueo impune. Veracruz no es Guerrero o Michoacán afirma ufana nuestra aldeana clase política, y al amparo de una descomposición política y social en la mayor parte del todo nacional, se pretende pase desapercibido el pésimo desempeño del poder público en la entidad. Todo a su tiempo dice la ciudadanía, en junio ante las urnas se cobrará la factura a un PRI cuyo principal capital político reside en la imagen mediática de un gobernador que no las trae todas consigo.

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J. Enrique Olivera Arce

Como dice la canción: “… esta flor ya no retoña, tiene muerto el corazón.”

Pudiera entenderse que toda reforma en la vida institucional del Estado mexicano se inscribe en un proyecto viable que respondiendo a necesidades concretas para avanzar en el azaroso e incierto camino del desarrollo, ésta debe a su vez atender en sus propósitos y objetivos a condicionantes también concretas, tanto en lo económico como en lo social del entorno en el que habrán de operar.

A mi juicio, estas condicionantes a considerar, a groso modo y salvo la mejor opinión de expertos y estudiosos podrían sintetizarse en:

Entorno global como contexto externo;
Condiciones internas económicas, políticas y sociales;
Confianza, credibilidad y certeza sobre la bondad de las reformas;
Respaldo consensuado de la población;
Capacidad operativa de las entidades encargadas de su implementación.

Si esto es así, cabe entonces preguntarse si tanto el proyecto de nación como las reformas neoliberales presuntamente estructurales que impulsa el presidente Peña, atienden a estas premisas para una tersa implementación, o bien, si se han pasado por alto atendiéndose únicamente a un afán voluntarista y autoritario.

A la luz de lo que la realidad ofrece en los tiempos que corren, es de considerarse que los aprendices de brujo desde la presidencia de la república, partiendo de la certeza del qué, cómo, dónde, con cuánto y con quién se contaba para sacar adelante el paquete de reformas legislativas, no dudaron en arrojarlas en cascada y casi de manera simultánea, atendiendo más a lo deseable que a su factibilidad, topándose con pared.

En lo externo, el entorno global inmerso en una crisis aún no superada, es del todo negativo y escasamente favorable; el respaldo social está muy lejos de sustentarse en un amplio consenso, antes al contrario, la sola aprobación de las reformas planteadas polarizó a la sociedad y generó malestar y rechazo, incrementándose desconfianza y credibilidad, así como duda en torno a la certeza sobre la bondad de las medidas adoptadas por el gobierno del Sr. Peña. Observándose que existe más audacia mediática e improvisación que capacidad operativa real de la administración pública en los tres órdenes de gobierno para su implementación.

A ello habría que agregarle condimentos no previstos, fruto del deterioro histórico del tejido social y de la dinámica inercial de un régimen político caduco, infiltrado hasta el tuétano por la corrupción impune.

El resultado a dos años de distancia del asalto a la presidencia de la república por el Sr. Peña, su grupo de amigos y colaboradores cercanos, así como de su partido, está a la vista. La realidad real del entorno global y del Estado-nación en lo interno, han pesado más que la intencionalidad de un proyecto de futuro sustentado a reformas que, lejos de apuntar a resolver añejos problemas estructurales como desigualdad, pobreza, corrupción e impunidad, les han profundizado a niveles críticos, agudizándose las condiciones de subdesarrollo y dependencia del exterior en que se históricamente se debate la sociedad mexicana.

Las reformas propuestas y aprobadas por el Congreso de la Unión, están quedando en el papel, en tanto que sus artífices son conducidos por la opinión pública a la picota del descrédito, destacando la vertiginosa caída del nivel de aceptación del Sr. Peña Nieto tanto en el exterior como en el entorno nacional. Si éste último en su mejor momento le fuera funcional a los poderes fácticos, hoy estorba siendo objeto de serias descalificaciones en las que va de por medio su autoridad moral y política, amén de su integridad personal como servidor público.

Tomados por sorpresa, aprendices de brujo y partidos políticos que les respaldan, el castillo de naipes se les derrumba. No estando el horno para bollos en la economía mundial, en lo interno la abrupta caída del precio del petróleo sobre el que descansa economía y finanzas públicas, echa por tierra la bondad de la panacea soñada, poniendo a México en franca indefensión, a la par que exhibe imprevisión y torpeza en el reducido cónclave de los artífices ya no de las reformas presuntamente estructurales, sino de un desastre más que anunciado.

El Congreso de la Unión se lava las manos tras aprobar la cauda de medidas económicas propuestas por la presidencia de la república. No ve, no escucha y hace de su silencio cómplice cómoda instancia para mantenerse al margen, sin el menor viso de interés por corregirle la plana al Sr. Peña y retomar el camino perdido.

Y es en este escenario en el que la partidocracia privilegia sus intereses por sobre los de la nación entera, dedicada a lo suyo, intentando mantener y acrecentar privilegios y prebendas hoy en riesgo, impulsando un proceso electoral contra corriente en el que se ignora el clima de descontento, hartazgo y resistencia de una sociedad en la que amplios y de lo más diversos sectores de antemano retiran confianza y credibilidad en partidos y candidatos. No siendo circunstancial el que por doquier surjan candidatos independientes que al margen del espectro partidista, con respaldo de la ciudadanía estén dispuestos a enfrentar la maquinaria oficial.

Esto último, en el marco de las reglas del juego político electoral. Más allá, trascendiendo los límites de la legislación electoral vigente, movimientos sociales de diversa composición, intencionalidad y reivindicaciones, proliferan a lo largo y ancho del país en franco rechazo y resistencia a institucionalidad y autoridades, poniendo en jaque a un régimen político que, como en el caso de Michoacán, Guerrero y Oaxaca, se manifiesta incapaz y rebasado para manejar y controlar la fuerza de la resistencia social.

Esto, observando la punta del iceberg. Lo que no se ve o no es destacado mediáticamente, es lo que se cocina en las profundidades de una sociedad en proceso de transformación y cambio a la que la estructura actual del Estado mexicano y concomitantemente el régimen político vigente, ya no le es funcional.

Y en este caldo de cultivo de hartazgo y resistencia teñido de violencia criminal, la partidocracia confía en sus añejas estructuras y añosas mañas para sacar adelante un proceso electoral que legitime el secuestro de la democracia participativa; y tan convencida está, que sin distingo del color de la camiseta oferta a la ciudadanía un ramillete de aspirantes y candidatos para la elección de junio próximo, que siendo los mismos de siempre le apuestan al más de lo mismo.

Estando la moneda en el aire y no habiendo más que de dos sopas, la incertidumbre se apodera de la ciudadanía. Si la única salida viable al descontento y al hartazgo está en las urnas, como bien afirma López Obrador, ¿por quién votar? ¿Por los partidos y sus candidatos, o por los candidatos independientes?

La respuesta está en un proceso serio de reflexión a lo largo del escaso período de precampañas y campañas, siendo el tiempo y a tiempo el que en su momento aclare el panorama.

Hoy por hoy, de lo que se puede estar seguro es que el magro desempeño económico y el deterioro del tejido social modifican la correlación de fuerzas políticas en México, fortaleciéndose una creciente resistencia social que tomando protagonismo viene por lo suyo.- Cd. Caucel, Yucatán. Enero de 2015

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J. Enrique Olivera Arce

Hay dos maneras de perder el tiempo. Una no haciendo nada, otra es que te lo roben, y esto último es lo que parece está atosigando a importantes mayorías de mexicanos que sintiéndose defraudadas, toman la calle para expresar hartazgo y rabia.

El tiempo, bien intangible que jalona la presencia del ser humano sobre la faz de la tierra, es valioso y debería considerársele como sagrado, integrado e integrador en la cosmovisión de nuestra efímera existencia.

Valioso por tanto para un país que no logra superar sus condiciones de subdesarrollo y éste, el tiempo, gozando de autonomía e independencia se escurre entre los dedos de quienes se lo han robado, perdiéndose miserablemente en la nada, día con día, en un México que transita entre esperanza agotada y estéril incertidumbre de lo que mañana depara.

No son los dos años de gobierno del Sr. Enrique Peña Nieto. Es la acumulación histórica de un proceso de aproximaciones sucesivas de acierto y error, en el que éste último, acumulado, hoy hace crisis, derramado el vaso. Y en el fluir del tiempo robado a los mexicanos, el país lejos de avanzar por los amplios caminos del progreso, frenado está y ya camina en la estrechez de la inmovilidad y el retroceso.

No sólo la economía se estanca y retrocede en perjuicio de todos, también todos retrocedemos en nuestras expectativas de una vida digna normada por principios y valores trascendentes, en perjuicio de la economía. El círculo perverso se cierra y el tiempo no se detiene, perdiéndose lo mismo por robado que por el no hacer nada de las mayorías que ocupadas en lamentar su suerte buscando culpables, poco hacemos por recuperarlo.

¿Qué nos lo impide? La respuesta está en un “qué hacer” en épocas de cólera. En el qué hacer consciente y responsable para tomar en nuestras manos el tiempo secuestrado y encauzarlo por su aprovechamiento en mejores y más amplios senderos. No basta con percibir los obstáculos que se nos oponen como pueblo engañado, frustrado y ofendido; el qué hacer para hacerlos a un lado, superándolos en el camino del rescate y de la reconstrucción del México hoy por hoy desquebrajado, es la tarea.

Marchas, plantones, gritos y sombrerazos ya cumplen con el cometido. El pueblo despierta y el régimen político, arrinconado, balbuceante, ciego y sordo no ofrece la mejor respuesta al clamor popular, pero es insuficiente; sin organización y unidad en torno a un programa mínimo para la acción, propositivo y consecuente con visión de Estado y de futuro, la cólera en la calle se diluye, así como se diluye un tiempo precioso para la construcción de ciudadanía y democracia.

Sabido es ya que los partidos políticos, la clase política larvaria y comodina, son quienes el tiempo han robado. Nada podemos esperar de éstos para la tarea exigida al pueblo. De entre estos, los autonombrados de izquierda, están muertos y sólo resta sepultarlos. ¿Qué hacer y con qué compañeros de camino entonces?

Para quien esto escribe, con un juicio renovado que el optimismo en la fuerza y voluntad permanente de cambio y transformación del pueblo alimenta, sólo hay un camino, el que el pueblo elija de entre el mismo pueblo. De éste, el pueblo, y de nadie más, habrá de gestarse y elevarse la respuesta al qué hacer y con quién para, en épocas de cólera, recuperar el tiempo.

Hojas que se lleva el viento

Menudo paquete. De entre los palos de ciego que el Sr. Peña turnara al Senado como iniciativa para recuperar la seguridad e integridad física de los mexicanos, se contempla el responsabilizar a los gobernadores de la acción inmediata en contra de la creciente delincuencia. Sólo ante la incapacidad de éstos para afrontar la tarea que constitucionalmente la federación delega, será esta última la que se haga cargo de tomar al toro por los cuernos. No más pretextos ni lavado de manos, la tarea queda a cargo de las entidades federativas, así que, para desgracia de los veracruzanos, se cambia para seguir igual, o peor, cuando el punto de partida es el aquí no pasa nada tan acorde y congruente con el aquí no hacemos nada del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa.- Xalapa, Ver., diciembre 3 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

Mientras se vive bajo los síntomas de depresión económica y una administración pública estatal fallida, no es del todo entendible el por qué tanta insistencia mediática en adelantar las manecillas del reloj electoral en Veracruz, emborronando cuartilla tras cuartilla con especulación rumor y falsas expectativas en torno a la sucesión del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, cuando en el presente la sociedad veracruzana tiene otras preocupaciones de mayor envergadura y trascendencia que deberían reflejarse en el quehacer periodístico.

Salvo de que se trate de una cortina de humo más, para desviar la atención de lo que cotidianamente la realidad económica, social y política ofrece a la población, el insistir e insistir en lo que habrá de acontecer en el 2016, a más de absurdo resulta chocante; el colocar el futuro político de Veracruz en la bola de cristal de adivinos trashumantes, trastocando tiempos y circunstancias para la mayoría de los veracruzanos termina por no perjudicar ni beneficiar, sino todo lo contrario.

El pueblo quiere empleo, pan, seguridad, confianza y certidumbre, lo que el circo político no ofrece ni muchos menos da. Antes al contrario, lo quita y con descaro, enseñoreándose la casta político-burocrática en su burbuja cupular hace gala de intereses de toda laya en los que corrupción, saqueo e impunidad operan en contra de las mayorías.

¿Por qué entonces los veracruzanos habrían de ocuparse y preocuparse en lo que habrá de suceder en un futuro, ahora relativamente lejano, con el acomodo y reacomodo en un tablero de ajedrez electorero que ni le es propio ni por lo consiguiente le beneficia en lo más mínimo?

Las preocupaciones del pueblo son otras muy distintas a las de la voraz partidocracia; se expresan en el agobio cotidiano de un presente en el que sobrevivir es ya ganancia. Resbalándole lo mismo las mentiras que para cada ocasión y día tras día le receta el gobernador, que todo el bombardeo mediático sobre una sucesión gubernamental que se instala en el idílico mundo de una realidad virtual sin más sustento que las ocurrencias de un mentiroso contumaz.

El futuro es pasado y presente.

Y en medio de la farándula mediática, la bola de cristal de los agoreros se niega a dar luz sobre el destino incierto de una entidad federativa que a la cola del ferrocarril federado, en la que los veracruzanos, sin ruido y aspavientos, construyen sobre desigualdad, desempleo, pobreza, exclusión, mentira, corrupción, saqueo y grosera impunidad aquella circunstancia que, en su momento y no hoy, inclinará el fiel de la balanza y la que atendiéndose a la correlación de fuerzas políticas en una sociedad lastimada, dolida y sin expectativas de progreso, determinará quién será el llamado a gobernar a Veracruz.

Circunstancia que llegado el momento bien pudiera no ser necesariamente favorable a la soberbia partidocrática identificada como el mal mayor para Veracruz. Quedando los hoy anticipadamente nominados, en sus aspiraciones colgados de la brocha. Nada está escrito en el quehacer político, mucho menos en el futuro de una historia que el pueblo a contracorriente construye día con día.

La conseja popular señala con acierto que del plato a la boca suele caerse la sopa. No sería nada extraño que para el 2016 la partidocracia enfrentara a una oposición no institucional de hombres y mujeres comunes, cuyo descontento y hartazgo acumulados, en defensa propia le diera la espalda a un proceso electoral que no ofrece nada que no sea más de lo mismo. El tiempo, al tiempo lo dirá.

Hojas que se lleva el viento

Los xalapeños de preguntan en base a qué ordenamiento legal están obligado a pagar por un servicio de vigilancia nocturna que de manera ineficiente e ineficaz prestan empresas privadas. Más a sabiendas de que en materia de seguridad pública el alcalde se desentiende lavándose las manos bajo el argumento de que la tarea es ahora responsabilidad del gobierno del estado. Alguien debe dar respuesta a esta una inquietud más en materia de orden y buen gobierno.

-ooo-

Igual se preguntan si existe base legal para demandar al Ayuntamiento de nuestra ciudad capital por negligencia en el mantenimiento y conservación de calles, avenidas y banquetas -cuando dado el caso, estas existen- ya que los accidentes, daños y perjuicios en personas y vehículos se han venido incrementando a consecuencia del mal estado de la infraestructura urbana tanto en el centro histórico como en la periferia.

Pregunta que se hace extensiva en tratándose de perjuicios derivados de negligencia en el control de tianguis, mercados sobre ruedas y centros de esparcimiento que operando al margen de la reglamentación oficial, atentan contra la seguridad, salud y tranquilidad vecinal.

Por cierto, ¿quién controla en Xalapa la prestación del servicio de grúas concesionado a empresas privadas que incurriendo en un verdadero atraco a los automovilistas, complican más que resolver el problema de vialidad en las vías rápidas?

¿Alguien tiene la respuesta?

Los tiempos se le acortan al alcalde xalapeño y el malestar ciudadano crece. Por algo será.

Por lo pronto, el lumpen político agrupado en el movimiento “400 pueblos”, clava una estaca más en lo que pomposamente se conoce como imagen urbana de Xalapa.

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J. Enrique Olivera Arce

Lo deseable y socialmente sano es que se le de vuelta a la hoja a todo lo concerniente a la elección del domingo 7 en Veracruz. El PRI obtuvo su triunfo pírrico e ilegítimo y así lo registra la ciudadanía. Para el Sr. Duarte de Ochoa,  a decir de sus panegiristas, pavimentó exitosamente el camino de su sucesión conservando aplastante mayoría en el Congreso; para el presidente nacional del tricolor ganó el nuevo PRI, en tanto que para Erick Lagos, dirigente estatal, el abstencionismo no fue tal y su partido gobernará a más del 70 por ciento de los veracruzanos.

Seguirle dando vueltas a la noria es tan inútil como innecesario, palo dado ni Dios lo quita y a otra cosa mariposa, que lo que sigue es ni más ni menos, no la imposición de rector de la Universidad Veracruzana, asunto ya cocinado en la tremenda corte, sino la sucesión del gobernador de Veracruz cuyo proceso ya está, para variar, en plena marcha.

Sin embargo vale la pena detenerse en el por qué del abstencionismo, que si fue tal y de tal magnitud en las 14 entidades federativas en las que se convocara a elecciones locales que se hizo sentir cimbrando a la partiocracia, no tanto por curiosidad sociológica sino por lo que el fenómeno representa para la vida política del país como señal de alerta sobre lo que le espera a la clase gobernante de no poner sus barbas en remojo.

A lo largo de los últimos días se ha especulado mucho al respecto. Mucha tinta ha corrido calificándolo desde manifestación antisocial de apatía, abulia ó limitada inteligencia de los electores, hasta una actitud política de rechazo de una sociedad dominada por el hartazgo. Ni blanco ni negro, como en la viña del señor, hay de todo y los medios tonos también están presentes.

Pero a quien estas líneas escribe, no deja de llamar la atención la corta memoria de políticos, analistas, comentaristas y, con mayor razón de texto servidores orgánicos. A un año de distancia,  parece haber quedado en el olvido que más de 16 millones de electores inclinaron la preferencia de su voto a favor de Andrés Manuel López Obrador, postulado a la presidencia de la República por el Movimiento Progresista.

Mexicanos que frente a un descarado agandalle de un PRI tutelado por los poderes fácticos internos y externos, sintiéndose victimados y frustrados percibieran a la elección presidencial como un fraude electoral más en la larga lista de agravios a la soberanía popular.

Frustración y encono que se queda en el subconsciente de quien se sintiéndose engañado y burlado, cerradas las puertas para expresarlo con relativo éxito, espera una mejor ocasión para  venganza, desquite y castigo. Que mejor que canalizar su frustración en abierto rechazo al juego electoral y sus reglas impuestas.

¿Cuántos mexicanos que le dieran la espalda a las urnas, son parte de esos 16 millones que dieran su voto a López Obrador en 2012?

No se sabe, pero si de algo estoy seguro, es que sin haber participado oficialmente en la elección, Morena jugó a su modo y bajo sus propias reglas, haciendo sentir el polvo de aquellos lodos de los comicios fallidos del 2012.

La memoria colectiva en el imaginario popular, suele imponerse por sobre la memoria corta de los burladores, resultando estos  burlados por las clases subordinadas, como está escrito en la historia de los pueblos. Con mayor razón en la historia no escrita, la que cotidianamente construyen con sus pequeñas vivencias  individuales, de grupo o de movimientos sociales las masas oprimidas.

Vivencias que no se olvidan, que marcan para siempre a los individuos y a los pueblos y que, en momentos álgidos de la sociedad, saltan a la palestra, como bien puede ser el asumir una actitud de rechazo a una elección con la que se confirma el carácter dominante de la clase gobernante.

El rechazo casi unánime a las llamadas reformas estructurales, surgidas de la cúpula del poder formal, es parte de de esta actitud asumida. Si el poder no escucha, no ve, no siente, la memoria colectiva invierte la tortilla haciéndose presente.

Ni López Obrador ni Morena son entidades muertas. El liderazgo del tabasqueño no está apagado como muchos consideran, el Movimiento de Regeneración Nacional está vivo y no dudo que en la memoria colectiva se aloja.

Bien se puede dar dos pasos atrás para avanzar uno con solidez. Seguramente Morena ya sin impedimento legal alguno vendrá por lo suyo en los próximos comicios. Ya veremos como pinta el abstencionismo que ahora cómodamente se ignora y niega. El tiempo lo dirá.- Cd. Caucel, Yuc., 17 de julio de 2013

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J. Enrique Olivera Arce

“No votar, es un cómodo desinterés de los débiles en inteligencia…”  Claudia Guerrero, periodista

Frente al aparato del gobierno, la mayoría decide no votar 

El triunfalismo sin sustento ofende a los ciudadanos. A casi tres años al frente del ejecutivo estatal la estrategia mediática del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, es ejemplo de ello. El festejo anticipado de la dirigencia estatal del PRI cuando el PREP apenas computaba el 4 por ciento de las actas de casilla, es la puntilla. Con el Programa de Resultados preliminares en el ojo del huracán por sus inconsistencias y sospechosa caída del sistema por casi once horas, se carece de credibilidad y certeza sobre la información difundida. El que éste cerrara anticipando triunfos y derrotas, no es la última palabra, el cochinero 2013 a nuestro pesar no termina hasta que termina y aún hay más.  

En artículo anterior estimamos que la elección de diputados locales y autoridades edilicias, confrontaría al voto duro con el voto nulo. Y no ha sido así. Pese a que el voto nulo sumado al que favoreciera a candidatos no registrados llegó a niveles insospechados, el verdadero oponente al voto duro en el que se incluye el voto comprado, de partidos y candidatos, fue el abstencionismo que, en esta ocasión,  si la numeralia del PREP se acerca a la realidad, derrotó no solo a partidos, candidatos, IEV y prensa oficialista, también al proceso electoral y estrategias de quien mece la cuna. 

En Xalapa, al cierre del PREP y con el 72.71 % de actas capturadas, Américo Zúñiga, candidato de la coalición Adelante por Veracruz contaba a su favor con 35,274 votos, contra 25,336 de Abel Cuevas del PAN y 19,856 de Dulce María Dauzón de Movimiento Ciudadano. Sumando los votos a favor de los tres punteros, tenemos 80,446 sufragios, lo que nos da una idea del peso del abstencionismo en la capital y asiento de los poderes del estado cuya  población se estima como cercana a los 700 mil habitantes. 

Quién entre partidos y candidatos de manera anticipada se asuma como triunfador, de antemano miente engañándose a sí mismo. Independientemente de que aún no se conocen los resultados numéricos de la elección del pasado domingo, inconsistencias y presuntas impugnaciones, en una contienda en la que la ciudadanía se enfrentara electoralmente al aparato del gobierno estatal, el triunfo por donde se le quiera ver  corresponde a los ciudadanos. 

El burlador, burlado

Ni diputados locales o autoridades edilicias que resulten legalmente electos, podrán ocultar el hecho inobjetable de que la minoría se impuso sobre la mayoría. Y aunque se dice como justificación que en la democracia electoral se gana por un voto, es la voluntad ciudadana la que dando la espalda a partidos y candidatos se guarda para sí la legitimidad democrática.  

Frente al cochinero auspiciado desde las esferas del poder, la ciudadanía actuó con mesura. La jornada electoral se desenvolvió en general con tranquilidad y paz social. Si este clima se enturbiara por momentos,  no es atribuible a ésta, se sabe bien quien tira la piedra y esconde la mano. 

Claudia Guerrero nos dice en sus textos que “No votar, es un cómodo desinterés de los débiles en inteligencia…”. Me permito respetuosamente diferir de tan aventurada afirmación de la aguerrida periodista.  El seguirle la corriente a partidos y candidatos o darles la espalda en un juego cuyas reglas se imponen desde el poder por la clase dirigente, no es un asunto de mayor o menor coeficiente intelectual. Si así fuera, frente a un cochinero en el que precisamente se ofendiera hasta el cansancio a la inteligencia de los veracruzanos, la lógica más elemental indicaría que frente al voto duro tanto el abstencionismo, voto nulo o el dispensado a candidatos no registrados debiera haber sido unánime y no simplemente expresión política de una mayoría conciente del agravio.

En un proceso político electoral la ciudadanía se expresa políticamente, con mayor o menor conciencia de sus actos. Si se tratara de poner a prueba la inteligencia o coeficiente intelectual en una elección, seguramente que en la Universidad Veracruzana se elegiría rector mediante un proceso comicial abierto entre  académicos, administrativos y estudiantes y no por imposición de una espuria junta de gobierno en época de vacaciones. 

En la elección del pasado domingo los ciudadanos expresaron a su modo y posibilidades,  su conformidad con el actual estado de cosas, o su descontento y hartazgo frente al cinismo y la desvergüenza, la corrupción e impunidad del régimen político imperante, frente a la pobreza, desigualdad, desempleo, pérdida del poder adquisitivo del salario o falta de expectativas de futuro promisorio para las nuevas generaciones. La ciudadanía se expresó políticamente en las urnas o al margen de estas, a sabiendas de que su voluntad está secuestrada, y eso es lo que cuenta. 

Una vez dados a conocer los resultados definitivos de la elección, individual y colectivamente tenemos que tener conciencia de que se ha avanzado en la construcción de ciudadanía y participación democrática. El sólo saber que la numeralia electoral favorece a la minoría, y que la legalidad de los comicios no implica legitimidad en quien resulte electo, así como tener claro que la elección en nada modifica un estado de cosas que clase política y gobierno se niegan a cambiar, abona a favor de un proceso liberador de la voluntad política de cambio de los ciudadanos. 

En congruencia, lo que sigue es fortalecer ciudadanía y participación y unidad, exigiendo que el mediocre racimo de candidatos electos que nos recetaran gobierno y partidos políticos  una vez en funciones cumplan a cabalidad con su encargo.

Hojas que se lleva el viento 

Congruente actitud de texto servidores y cómplices del cochinero en que devino el proceso electoral, al afirmar en sus columnas sin aún contarse con información oficial, que fue exitosa la estrategia de quien mece la cuna para hundir a la oposición y quedarse con la mayoría en el Congreso local y el gobierno de los principales centros urbanos de la entidad, consolidando al gobierno de Javier Duarte de Ochoa. Ni hablar, para eso les pagan y la gente así lo entiende. Si su afirmación se sustenta en las tendencias que arrojara el PREP, tendrían que aceptar que la elección pone en evidencia que estamos ante un Veracruz social y políticamente dividido, que en nada abona a favor del desempeño del gobernador.- Xalapa, Ver., julio 10 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sea quien fuere el o los responsables, la agresión que sufriera Eduardo De la Torre Jaramillo, candidato del PAN a la diputación local por Xalapa urbano, da una idea del nivel de incivilidad, intolerancia y nulo respeto para los electores, que alcanzara un proceso electoral amañado, desaseado y corrompido desde sus inicios, por decir lo menos en la entidad veracruzana.

Los varios meses de intercambio de lodo, agresión de palabra y obra a la inteligencia de los veracruzanos llega su fin. La elección del próximo domingo, a su vez punto de partida para la negociación de la sucesión del inepto gobernador Duarte de Ochoa, correrá la misma suerte que las campañas de proselitismo, expresiones antidemocráticas de un régimen que se quedara anclado en un turbio pasado.

Si asumo que la irrupción de la imagen del llamado “candigato Morris”, es expresión velada del descontento y el hartazgo de un importante segmento de la población ofendida, debo asumir entonces que en  la fiesta cívica no serán pocos los que en las urnas se inclinen a favor de un castigo ejemplar a una clase política que, salvo contadas y honrosas excepciones que el pueblo tiene presentes, se le identifica como corrupta, acomodaticia, simuladora y pedestre. El voto de castigo se hará presente y los ciudadanos cumplido su deber y ejercido un derecho electoral inalienable, festinarán con gozo el triunfo de la nulidad del sufragio.

Esta sería la lógica en la construcción de un escenario electoral y post electoral viciado y repudiado de origen. Más sin embargo, en una sociedad plural, con un muy bajo nivel de cultura política, no podemos hacer de lado al voto duro legal o extralegal, aquel que respondiendo a intereses personales y de grupo, sumiso e ignominiosamente de antemano otorga su voto al partido que como priístas de abolengo dicen  no sólo les da de comer, también la oportunidad de participando en el festín del triunfo esperado les ofrece no pocas oportunidades de enriquecerse a costa del erario y bien público, o en muchos casos, acaso migajas.

En este orden de ideas, es de esperarse entonces que la contienda electoral del 2913 en Veracruz, se resuelva entre el voto duro de los partidos y candidatos participantes.  Quien o quienes ganen  en esta confrontación, arrastrarán consigo la mancha de la ilegitimidad de un proceso electoral disputado entre minorías y diseñado y operado para someter a las mayorías.

Honestamente no puede esperarse otra cosa. Del total del padrón electoral vigente que para el presente año asciende a más de cinco millones de electores potenciales, menos de la mitad del total de sufragios se distribuirá entre los candidatos triunfadores y sus oponentes. El partido que se alce con el triunfo no obtendrá posiblemente ni siquiera el 20 por ciento del total del padrón.

Y si en suerte le tocara al PRI declararse ganador, el número de votos obtenidos pondría en evidencia la limitada legitimidad del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, gobernador y primer prísta de Veracruz, frente a una base social mayoritaria descontenta y harta de simulación.

Así lo quiso Fidel Herrera Beltrán, artífice perverso de un proceso electoral como pocos en la historia política de la entidad, en la que la falta de respeto a la inteligencia y voluntad ciudadana, ha sido la constante.

Puedo estar equivocado y ojala así sea, Veracruz no se merece ser arrastrado a la ingobernabilidad  por una clase política que no ve, no escucha y mucho menos percibe la dinámica de una sociedad que ya no quiere más de lo mismo.

Hojas que se lleva el viento

Como para los Shows de televisa, el saqueo de bodegas del PRI en Catemaco, Veracruz en las que se resguardaba desde electrodomésticos hasta dinero en efectivo,  presuntamente para ser repartidos entre la población el próximo domingo. Y aún hay más, no se lo pierda.

Y seguramente más de un partido o candidato se saldrá con su domingo siete burlando las reglas establecidas de la contienda electoral defraudando a la ciudadanía y a las aspiraciones democráticas. Está en su naturaleza, pero no hay porqué alarmarse, las mismas reglas vigentes establecen que de ser sorprendidos, tras un largo litigio legal todo quedará en una multa al infractor, algo así como estacionarse en lugar prohibido deliberadamente. Todo se arregla con dinero y este en política  no es problema, como se observa en los excesos de gastos de campaña de un candidato cuya  imagen aparece hasta en el papel con el que envuelven las tortillas.

Cumplamos con nuestro deber sufragando y a otra cosa mariposa.- Xalapa, Ver., julio 3 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 Ante la ausencia de una racional jerarquización de prioridades, mediáticamente todo es importante y pareciera que todo y nada es prioritario, en tanto se observan acciones reactivas de la administración pública veracruzana frente a una realidad que le desborda. Ya no se sabe si se atiende a lo dispuesto en el Plan Veracruzano de Desarrollo o se reacciona a los palos de ciego de un Felipe Calderón que, en su quinto y penúltimo año de gobierno, ya no quiere queso sino salir de la ratonera.

 La anterior administración a cargo de Fidel Herrera Beltrán, creo el caos, apuntalándole con el despilfarro de recursos públicos y el aplauso acríticamente mayoritario e irresponsable de la prensa. La actual, con inopia inmovilista, lo profundiza sosteniéndole con saliva, sin contar con el apoyo unánime de los medios de comunicación. El impacto del rumor en la calle es superior a las campañas mediáticas en una prensa desacreditada, malquerida y pusilánime.

 Esto en el marco de un adelantado proceso electoral, en el que los partidos políticos exhiben fehacientemente su pérdida de razón de ser, en el contexto de crisis del sistema político nacional e internacional. El hartazgo y la indignación sellan con broche de oro la pérdida de representatividad y legitimidad de la democracia representativa en el mundo.

 

En México, el conato de acuerdo del PRI, PAN y PRD para ir con candidato único a la elección de gobernador en Michoacán, es el rasero. No existe diferencia de fondo entre los tres partidos políticos más importantes del país. El oportunismo en la coyuntura les iguala dejando sin opción al electorado. En tanto que en Veracruz no gobierna más el PRI,  que va a la zaga de un ecléctico Poder Ejecutivo estatal que marcha a bandazos, sin brújula ideológica que le guíe en el azaroso contexto de un mundo en decadencia.

 En múltiples ocasiones desde diciembre de 2007, he destacado mi percepción personal de una profunda crisis en el sistema político nacional, expresado en notable pérdida de los partidos políticos tanto de ideología, principios, valores, como de capacidad de interlocución con una sociedad que les cuestiona. Hoy a mi juicio estimo que tal crisis está tocando fondo, sin que a la vista se observe el menor afán por recobrar lo perdido, reflejándose lo mismo en la conducción del país que en el deterioro creciente del tejido social.

 Considero que Veracruz no escapa a ello. En nuestra aldea, el reflejo se da tanto en la conducción errática de la administración pública como en la vulnerabilidad fáctica de la división de poderes. El endeble estado de derecho da paso al endurecimiento de un principio de autoritarismo, impulsado más por la impotencia del momento para encontrar el camino que por respuesta a una oposición política responsable, por ahora inexistente. El escepticismo y desconfianza de la población frente a la descomposición política, económica y social generalizada, se deja sentir en el ánimo del titular del Poder Ejecutivo de la administración pública de la entidad.

 

No es circunstancial tanto el vació informativo en torno a la última visita de Andrés Manuel López Obrador a la capital de Veracruz, como la respuesta positiva, en esta ocasión de un mayor número de asistentes convocados al mitin de “Morena” en la Plaza Lerdo. La autocensura inducida de los medios de comunicación y la aún tímida pero destacable respuesta ciudadana a la convocatoria de los organizadores, van de la mano.

 No pasa nada en Veracruz, se dice en círculos oficialistas, y no precisamente por razones de seguridad y violencia, que si pasa. A mi juicio algo anda mal en la administración pública y que aún no se percibe de manera generalizada. Creo que es tiempo de ajustar las tuercas antes que el hartazgo y la indignación propiciada por el gobierno federal,  alcance los aparejos en la aldea.

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