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Tag Archives: INdignados

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El régimen político está agotado. Manlio Fabio Beltrones

 Ya lo veníamos comentando en este espacio. Todo indica que el sistema político en México pareciera estar tocando fondo. Los partidos políticos han perdido credibilidad y confianza; la ciudadanía les considera más un oneroso lastre que instituciones republicanas forjadoras de democracia y auténtica representatividad popular frente a los poderes instituidos. Sus personeros, a todos los niveles, son ajenos a los intereses de la Nación, manifestándose con desverguenza y cinismo extremo, anteponiendo el interés personal o de grupo  al bien común.

Se perdieron las formas y, con ello, también el contenido ideológico y programático que alimenta y enriquece el ejercicio de la política. El régimen político vigente en México y consagrado en nuestra Carta Magna, se agotó. Lo que hoy es común denominador en la llamada clase política es la mediocridad y desfachatez, que se hace acompañar de impune corrupción y ostentación de riqueza mal habida.

Los partidos políticos dejaron de ser funcionales a la par que el estado de derecho es letra muerta en México. El imperio de la ley no aplica para el sistema político vigente; prevaleciendo la “ley del embudo” que se maneja sin excepción al libre albedrío en todas las instancias partidistas.

Verdaderas mafias de cuello blanco se despachan a su antojo el botín en que han transformado a México, mientras de dientes para afuera dicen abogar a favor de la gobernabilidad, el crecimiento económico y el desarrollo del país. Auspiciando más que combatiendo inseguridad y violencia que, como la humedad, permea y se retroalimenta en el tejido social, deteriorándole a tal grado que no son pocos aquí y acullá  quienes califican al Estado mexicano como fallido.

En los prolegómenos del proceso electoral que desembocará con el relevo presidencial y la renovación del Congreso de la Unión, todos los partidos políticos se hacen una, sin diferencia alguna que oferte opciones diversas de un nuevo Proyecto de Nación que nos saque de la postración y el retroceso en que nos ha colocado una clase política corrupta, insensible y convenenciera, cuya mejor cara es la simulación y el gatopardismo.

Los mismos rostros, las mismas mañas en un proceso de contubernio y simulación en el que las nuevas generaciones de políticos se uncen al larvario parasitismo, retroalimentando al agotado sistema político nacional. No hay diferencia ostensible entre la vieja guardia partidista y su relevo generacional. Salvo que, en tanto que los viejos políticos requerían de 20 o más años para brillar en la pasarela y amasar cuantiosas fortunas, hoy a los jóvenes les bastan 3 años para pasar del anonimato y la medianía económica a un enriquecimiento que no tiene llenadera. Pragmatismo, corrupción e impunidad les iguala.

Salvo los círculos ampliados de beneficiarios del sistema político vigente que les sustentan, los partidos carecen ya de base social. El divorcio entre la clase política y la mayoría ciudadana es evidente. La calificación cuantitativa de los votos emitidos en las últimas elecciones federales y locales no se corresponde en número con la totalidad de sufragantes registrados. El ausentismo en las urnas y la inclinación consciente a favor de un negativo abstencionismo, otorga mayoría absoluta a una ciudadanía ajena a la oferta partidista.

Para qué votar si todo va a seguir igual, se asume, en demérito de la construcción de una tan auténtica como legítima y necesaria democracia representativa. El valor cualitativo del sufragio se substituye con la cantidad que ofrece el llamado voto duro, para así asegurar un pírrico triunfo electoral de mayoría relativa que para el pueblo en nada beneficia.

El pobre nivel que hoy acusa el sistema político se observa cotidianamente. A la necesaria fuerza de las ideas para salvar a México del desastre, se le oponen los dimes y diretes en un desafortunado juego de nunca acabar con el que mediáticamente se mide la fuerza partidista frente al poder presidencial.

A la inteligencia, compromiso y visión de Estado, se opone la mediocridad de una clase política cuyos intereses están por encima de la unidad nacional en el marco de un presidencialismo que, en los hechos, no termina de morir, ante la ausencia de otra opción válida y consecuente con las nuevas realidades de México y el mundo.

En este escenario habrán de tener lugar las próximas elecciones del 2012 si antes no despierta el México bronco bajo el efecto dominó de la crisis sistémica global, cuya profundidad está siendo puesta en evidencia por el hasta ahora heterogéneo y anárquico movimiento cada vez más amplio de los autonombrados “indignados”.

El ya basta y la obvia necesidad de cambio, no respeta fronteras en la aldea global. Frente a ello, nuestra llamada clase política en México se ha colocado peligrosamente en una situación de indefensión en medio de la corrupción, la simulación  y el despilfarro que le alimenta. En una crisis que estaría tocando fondo, el sistema político nacional no tiene respuesta válida frente a un pueblo que en su momento habrá de llamarle a cuentas. La simulación ya no engaña a nadie.

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

 “No soy un libertador. Los libertadores no existen. Son los pueblos quienes se liberan a si mismos”
Ernesto “Che” Guevara

 En diversas ocasiones me he referido a la cada vez más clara percepción de que el sistema político nacional atraviesa por una profunda crisis, que hoy, a mi juicio, con la elección del 2012 en puerta parece confirmarse con la confrontación entre los Poderes federales, Ejecutivo y Legislativo; el show mediático de la detención de Jorge Hank Rhon, y el cuestionamiento del Poder Judicial por la liberación de toda responsabilidad de Onésimo Cepeda, dos pillos de cuidado a los que se les extiende patente de impunidad estrictamente por razones políticas.

 Confirmación que exhibe un más que evidente resquebrajamiento del Estado de derecho en México, y que se hace acompañar por claros indicios de pérdida de gobernabilidad, vacío de poder frente a la delincuencia organizada en diversas regiones del país, así como de una notoria ausencia de representatividad y control por parte de los partidos políticos. Factores que contribuyen al deterioro del tejido social.

 Sin embargo, en mi apreciación no tomaba en cuenta la otra cara de la moneda: la crisis que acusa la sociedad misma en su conjunto que, para bien, parece ser de crecimiento con la irrupción de los jóvenes en la búsqueda de nuevas expectativas de participación, desarrollo y paradigmas acordes con la nueva realidad global.

 El haber leído el artículo La crisis del imaginario social. Inteligencia colectiva, las nuevas Dos Españas y un cine que habrá que construir, del cineasta contestatario español Gerardo Tuduri, publicado en su blog de internet, me ha permitido reflexionar sobre ello; intentando entender y aceptar que al no considerar la totalidad del fenómeno, su interrelación, y su mutua retroalimentación en el marco de la crisis sistémica derivada del agotamiento del neoliberalismo a escala global, todo intento por acercarme a un mínimo de comprensión de la realidad, me resultaba insuficiente.

 El leer a Tuduri, me aclara que la crisis del sistema político mexicano, en su expresión partidocrática, no puede separarse de la crisis del imaginario social, alimentados ambos fenómenos por el agotamiento del modelo económico neoliberal global. Van dialécticamente de la mano, aunque con diferente velocidad expresándose de manera desigual y asincrónica.

 No puede uno acercarse a la comprensión de ambos fenómenos tratándoseles por separado, constituyendo una unidad indisoluble cuya dinámica está determinada por el origen, desenvolvimiento, y consecuencias presentes y futuras del modelo económico dominante.

 Partiendo de la experiencia de la “acampada del 15-M” en la Plaza madrileña del Sol, Gerardo Tuduri se plantea que: “En cuatro semanas de Movimiento, no es posible reconocer lider o lideresa alguna de forma nítida sino caras que han ejercido funciones de manera frecuente…”. “Lo que parece suceder es que cuando se trata del ámbito común, de lo político común, algo se activa en este movimiento que suspende (no elimina) el interés individual. Las operativas colectivas que han irrumpido en nuestra sociedad a través del 15-M han tocado otros resortes a nivel humano. No los ha inventado, los ha activado…”.

 A partir de esta reflexión Tuduri saca en conclusión que este fenómeno es la expresión de una “…crisis de un tipo de imaginario social ante el nacimiento de una realidad inmersa en otro y que ya muta con gran rapidez. La puesta en escena de la otra política que ha sido la Plaza del Sol con sus asambleas y casi sistema de vida, al mismo tiempo que se desmonta, no ha hecho más que crear otras situaciones que abruman el imaginario: los lugares públicos intocables se están viendo invadidos por grupos de personas o verdaderas multitudes en otros casos. Lo colectivo de un movimiento como el 15-M parece a-rrepresentacional, si entendemos como representación las antiguas imágenes con las que operábamos…”.

 Explicándose que se trata de “Un movimiento horizontal de personas sin cúpula  que no responde ya a las viejas categorías del imaginario social, que nos gobiernan como fantasmas nómadas”.

 “Los líderes, la cúpula, los cabecillas; una masa, participantes de relleno, seguidores, convencidos, seducidos por esos líderes que les nutren de argumentos, los grandes hombres, quedan como viejas codificaciones, caducas, obscenas, de chiste <…>. Un estado de crisis de nuestro imaginario como el que estamos viviendo, trae como consecuencia, un obligado despertar. Ya no como gloria de alguna iluminación sino simplemente como ejercicio cotidiano ante la aceleración de los hechos a los que debemos mirar minuto a minuto. Para mirar hay que estar despiertos. Incluso en los que deseábamos un acontecer revolucionario para este país, el imaginario previo debe entrar en crisis. La imaginería de la revolución tienen que dar paso a los hechos revolucionarios, siempre más desbordantes, más cutres, más locos, más incomprensibles, más idiotas, que nuestra comprensión: “si la comprendes, no es una revolución”.

 Reflexiones de un cineasta progresista que posiblemente tocaría a los estudiosos tomar en consideración para una profundización y mayor comprensión de un fenómeno, al parecer por ahora irreversible, que atañe ya a  la aldea global en su conjunto. Los movimientos sociales impulsados por las nuevas generaciones, están tocando a la puerta de un nuevo orden social. Lo colectivo, el nosotros solidario, se le impone en épocas de crisis al individualismo que históricamente nos es dictado desde las estructuras de poder.

 Tuduri afirma que: “Hoy son otros tiempos. No hay “grandes hombres” donde fijar la vista…”, refiriéndose sin duda a una nueva etapa histórica en la que la crisis de lo caduco que no acaba de morir, se hace acompañar de una crisis de crecimiento de una sociedad que no cabiendo ya dentro de los moldes a que está sujeta, pone en duda paradigmas superados por la realidad presente, apuntando a la construcción del hombre del mañana.

 Aunque cabe señalar que se podría estar idealizando un movimiento social que podría disolverse sin más en su condición embrionaria, o bien prolongarse a lo largo de todo un periodo histórico, bien vale plantearse -siempre a mi juicio-, la necesidad de abordar por igual, lo mismo la crítica de la estructura del poder, como de todo el andamiaje teórico que ancla a la izquierda en el pasado, tamizándoles a la luz de las nuevas realidades que, nutriendo la percepción del hombre común, construyen el cambiante imaginario social.

 La lectura de Gerardo Tuduri me remite a otro texto. Este, ensayo del pintor mexicano Jacobo Silva Nogales, bajo el título de: La política como extracción de una forma particular de plusvalía”, complementa las reflexiones del cineasta español, abordando la analogía entre explotación económica y política en el capitalismo, partiendo de la idea de que Lo nuevo se comprende mejor cuando se expresa en términos de lo ya conocido”.

 Jacobo Silva Nogales concluye en su ensayo, entre otras cosas, con que:

 “Nuevos conceptos, nuevos enfoques, nuevos encuadres se hacen necesarios al internarse en terrenos insuficientemente explorados todavía y en los que no existen caminos andados y en los que no basta con la terminología en uso. Mucho más ocurre esto en la lucha social, donde hasta el terreno aparentemente conocido se ha transformado profundamente en las últimas décadas. Nuevos sentidos comunes acordes con la realidad contemporánea y opuestos a los falsos que se pretende imponer desde el imperio, nuevas formas organizativas que eliminen de sí mismas lo que pretenden abatir, que reconstruyan sobre bases nuevas, acordes con las nuevas situaciones los tejidos sociales debilitados ya por la estrategia de la dominación de espectro completo, eso se requiere con carácter urgente.<…> El Estado, el poder, las clases, los objetivos, la estrategia, la táctica, deben verse bajo una nueva óptica, para detectar en ellos los nuevos aspectos y matices que ahora es posible percibir y poder ir más allá de lo que se ha ido hasta el momento presente.

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