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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Difícil referirse a la vida política veracruzana sin caer en lugares comunes o, aún peor, en hacerle el juego a quienes se benefician escribiendo y publicando lo que el gobernador en turno y su cohorte de ineptos funcionarios quiere escuchar. No pago para que me peguen, afirmara el ex presidente López Portillo al inicio de los siete lustros de vacas flacas que siguieran al anuncio de que se entraba en la etapa de la administración de la abundancia.

El gobierno paga, y paga bien, a quienes le sirven. Los textoservidores a ello atendiendo privilegian como información objetiva, veraz y oportuna lo que se dicta desde palacio y, en ello sustentan su quehacer profesional. Luego pretender formarse una opinión y expresarla en blanco y negro, parte necesariamente de lo que a la prensa le interesa difundir, no le pagan para que pegue al que paga.

y a ello hombres y mujeres de a pie, debemos atenernos frente a una prensa estatal que salvo contadas y dignas excepciones, excluye a la incipiente ciudadanía del acceso a una información que le permita ubicarse en los terrenos de la comprensión de la realidad y, con talante crítico, juzgar y calificarla a la luz del desempeño de quienes detentan el poder fáctico o ejercen el poder político formal.

Lo que nos coloca en una situación de ignorantes funcionales, incapaces de diferenciar lo que conviene o no al conjunto de la sociedad. Como tales, o dejamos pasar dejamos hacer, manteniéndonos al margen haciendo gala de indiferencia y valemadrismo, o expresamos nuestro sentir de manera fragmentada, fuera de contexto, pesando más las vísceras que la razón en el deseo y voluntad de participar en lo que a todos debería interesar.

Romper con este marco que nos ata a la manipulación y el engaño oficial, no resulta por tanto facil ni necesariamente es lo políticamente lo correcto El escudriñar en las entrañas del tejemaneje del poder y sus secuencias en la vida social, económica y política pasa por la información disponible y cuando esta es limitada o manipulada y maquillada, ello es prácticamente o imposible o proclive a al retorno al punto de partida, subjetividad y lugar común atendiendo al interés de los círculos de poder, terminando por seguir el juego de decir lo que el gobernante quiere escuchar.

Sin embargo, la realidad necia al fin, encuentra los caminos para hacerse notar y pesar. Números duros del gobierno federal y avatares de la vida cotidiana de los veracruzanos, entrelazados, pintan un paisaje que no se puede ignorar por aquellos que no quieren ignorar las vicisitudes de su entorno.

A estos últimos el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa les dice que “…se equivocan, y así está demostrado, apostándole a la diatriba, al encono y a la división en su intento por vincularse o generar empatía con la sociedad”. Mensaje con dedicatoria sin duda al enemigo jurado de Fidel Herrera Beltrán y del duartismo, pero que también se interpreta o debería interpretarse como un señalamiento a quienes apartándose del pensamiento único, no dudan en cuestionar o criticar aquello que en su percepción merece ser revisado, corregido o cambiado en el quehacer gubernamental.

Diatriba porque al Sr. Dr. Le parece ofensiva la crítica; encono por inadversión a un gobierno fallido; división por apartándose de la verdad oficial se difunde entre la población la idea de rechazo a un mal gobierno, polarizándole. Cuando lo ideal para el gobernante sería el contar con la unidad de la gran familia veracruzana en torno a su ineptitud, miopía política y trivial desempeño.

Más en este momento en que ya se velan armas ante la inminente contienda electoral del 2015.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa queriendo salvar el pellejo ofreciendo a Los Pinos resultados exitosos para su partido y afín morralla acompañante que aseguren mayoría en la cámara baja del Congreso de la Unión, llama a los veracruzanos a fundir aceite y agua en el crisol de la simulación y la mentira, no sin antes excluir a los enemigos de Veracruz, los que le ofenden criticándole, los que propician encono y división. A los que dudando y cuestionando la verdad oficial, se atreven a apartarse de lo que al gobernante le gusta escuchar.

La realidad es una, con diversas aristas atendiendo al contexto. Si la realidad nacional es ominosa, en el contexto de nuestra aldea el desastre ya no sólo es eminente, números duros, fríos como el acero, lo confirman como vigente. El destacado investigador veracruzano Hilario Barcelata Chávez, con los pelos en la mano nos dice que la economía veracruzana se derrumba arrastrando calidad de vida de la población y expectativas de inclusión laboral y de progreso para las nuevas generaciones.

La política no es ajena a esta debacle, su crisis tocó fondo y, con ello, el PRI manifiesta su respaldo al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa cuando, lo que la lógica indica, es que el gobernante respalde a su partido.

Por algo será, la cúpula priísta percibe que el principal opositor a combatir en las urnas, es la percepción popular del gobierno fallido del duartismo, en tanto que el Sr. Dr., percibe que su última carta frente a Peña Nieto, es que el PRI y sus satélites tomen las riendas para sacar al buey de la barranca en un escenario electoral adverso.

Para la percepción popular, ni uno ni otro ofrecen garantías que pongan a salvo a Veracruz del desastre.

Cd. Caucel, Yuc., agosto 27 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Siendo la constante el desencuentro entre información oficial y terca realidad, el optimismo que pretende inocular el presidente Peña en relación a sus panaceas reformistas, se pierde en el vacío. La sociedad mexicana, cansada, frustrada y con cada vez mayores muestras de hartazgo, hace caso omiso del mensaje presidencial, ateniéndose a lo que en su vida cotidiana percibe: un gobierno fallido, incapaz de dar respuestas congruentes y eficaces en el combate a la inseguridad, pobreza, desigualdad y pérdida de expectativas de progreso para las nuevas generaciones.

En su mensaje de año nuevo el Sr. Peña afirmó que el 2014 sería de eficacia y resultados gracias a las reformas ya aprobadas por el Congreso de la Unión. A su regreso del Foro de Davos, se obliga a declarar que los beneficios de las reformas estructurales se irán “cosechando” gradualmente y que la actual generación conocerá de las bondades de las medidas adoptadas por su gobierno. Diluyendo indefinidamente en el tiempo los beneficios que afirmara se verían materializados en el presente año.

La realidad se impone. Hubo necesidad de que el Fondo Monetario Internacional le señalara que los efectos de las reformas no se verían en México en el presente año y que en Davos se le corrigiera mencionándole que sin seguridad no hay avances,  para que modificara el discurso.

La población observa, valora y duda, encontrando en las contradicciones en que incurre la administración pública en los tres órdenes de gobierno, razones para resistir a la aventura reformista del presidente Peña.

La no correspondencia entre propósitos de gobierno y rezagos manifiestos en la administración pública para aterrizar las reformas, es evidente. El peso específico de la corrupción e inercia burocrática es mayor que lo deseable explícitamente expuesto en el discurso. Si la sociedad no estaba preparada para asimilar la andanada de reformas presuntamente estructurales, la administración pública en los tres órdenes de gobierno, tampoco; generándose un empantanamiento en la mayor parte del territorio nacional que difícilmente podrá ser superado en el presente año y que se refleja en desacuerdos al interior de la administración y, hacia el exterior, en confrontaciones con diversos sectores de la vida económica y social del país.

En tanto que el deterioro económico y del tejido social, van en crescendo; incrementándose pérdida de confianza y credibilidad en las autoridades y profundizando la brecha entre sociedad civil y la llamada clase política. No hay asideros que permitan confiar en que en el corto y mediano plazo reformas que no tocan en lo más mínimo rezagos estructurales históricos, puedan incidir en mejores condiciones de vida de la mayoría de la población.

Con y sin reformas, fenómenos como desigualdad y pobreza, marcan presente y futuro de un país que no logra encontrar caminos viables para abandonar los terrenos del subdesarrollo y dependencia del exterior. Antes al contrario, tales lastres se agudizan. Los límites entre un gobierno fallido y un Estado fallido se difuminan, pendiendo de un hilo. El estado de derecho como marco de convivencia ya no es suficiente para marcar la diferencia.

El acumulado de pobreza crece y la desigualdad le acompaña. Más del cincuenta por ciento de la población en condiciones de pobreza y más del 60 por ciento de la economía en la informalidad, no auguran nada bueno; con o sin reformas presuntamente estructurales el país va en picada. El deterioro del tejido social es evidente, a la pérdida de valores se agrega la pérdida de expectativas de progreso, haciendo del cumplimiento de la ley letra muerta.

Si el neoliberalismo pretende más sociedad y menos Estado anteponiendo individualismo a solidaridad colectiva, lo está logrando, cada vez es mayor el sentimiento de que frente a la ineficacia del Estado el camino idóneo es rascarse cada quién con sus propias uñas; sobrevivir es el reto, al costo que sea. El surgimiento y expansión de las autodefensas comunitarias frente a la delincuencia, es un grito de alerta. Lo que habría que preguntarse es si la búsqueda de justicia por propia mano es el mejor camino para México.

El régimen político, incapaz de dar respuesta a la demanda social, está en crisis y no se quiere reconocer. Negarse mediáticamente a la realidad que le supera y rebasa, contribuye al deterioro en todos los órdenes de la vida nacional. O se avanza en el sendero del cambio verdadero, dando cauce a la democratización y participación consecuente de la ciudadanía en la toma de decisiones en aquello que le compete, o las reformas peñistas, más que panaceas terminarán como toda medida autoritaria e injusta, en el basurero de la historia. No se quiere entender así y las consecuencias están a la vista. No es posible avanzar sin atender rezagos históricos, afirma el rector de la UNAM, enfatizando en los niveles de desigualdad y pobreza acumulados a lo largo de 500 años; palabras sabias evidenciando el desencuentro y divorcio entre una clase política sorda y ciega y un país que merece un mejor destino.

Hojas que se lleva el viento

Y a propósito de desencuentros, en Veracruz el gobierno fallido a cargo del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, rebasa los límites de la paciencia de una sociedad lastimada y dolida a la que no se le quiere ver ni escuchar.- Cd. Caucel, Yucatán, enero 27 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Las redes sociales ni por asomo son una panacea en materia de comunicación de masas. Son simplemente, por un lado, instrumento reflejo de la realidad percibida de quienes acceden a éstas y, por otro, expresión virtual del libre juego de intereses económicos y políticos de todo tipo que valiéndose de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, (TIC´s) inciden con información o desinformación, medias verdades, medias mentiras o, de plano, mentiras que contribuyen al mantenimiento sistémico del control de las clases dominantes sobre las subordinadas.

Queda a criterio de cada quién aceptar, rechazar o ponderar los mensajes que en las redes se generan, ignorándolos, enriqueciéndolos o reproduciéndolos para conocimiento de otros.

Lo único que les diferencian de los medios impresos o televisivos es su socialización; todo mundo con acceso a Internet puede ser lo mismo emisor que receptor del mensaje, interactuando en un proceso de multiplicación  geométrica de la información tan amplio como relevante para un grupo en específico o para la sociedad en su conjunto, pueda ser el mensaje emitido y el interés por difundirlo.

Así que no procede sobrevalorar el papel de las redes en los procesos políticos y, mucho menos satanizarles, antes de entender su dinámica como herramental al servicio de la sociedad. Lo mismo podría decirse de los mensajes emitidos, si no los ponemos en contexto y entendemos que si hoy destacan libertinaje y procacidad en mucho del contenido de los textos ampliamente difundidos en las redes sociales, no es otra cosa que parte de un proceso de apertura de libre expresión por siglos reprimido. Parte de un proceso liberador que nos permite distanciarnos del propósito sustantivo de los medios de comunicación impresos o electrónicos tradicionales al servicio de los círculos de poder de las clases dominantes, cuya función social es de inducción y control de la opinión pública bajo el supuesto de que hablan en nombre de ésta.

No es circunstancial, entonces, que sea a través de las redes sociales en donde sea concretado por la sociedad el derecho a la libre expresión y, de ahí, el interés de gobiernos, partidos políticos y poderes fácticos por controlar, reglamentar o satanizar un herramental que consideran pernicioso para sus fines.

Llegará el día en que contenido y lenguaje tomen por sí mismos sus mejores cauces, elevando y enriqueciendo el nivel de la información y la comunicación, atendiendo a un legítimo interés por democratizarle en el mejor sentido de la palabra. En tanto ese día no llegue, hoy por hoy a mi juicio es el mejor instrumento del que se vale la población para informarse a sí misma. Luego no cabe escandalizarse y mucho menos condenar a priori lo que en última instancia es reflejo del nivel cultural de masas que nos ha sido impuesto.

Antes que el desgarre de vestiduras, medios impresos, televisivos, periodistas, educadores y políticos, tendrán que preguntarse que tipo y de que calidad son los contenidos de los mensajes que unilateralmente emiten, como para que estos sean rechazados por una población receptora que desconfiando de los medios tradicionales, desafiándolos opta por caminos alternativos de información y comunicación por ahora ya en manos del  “nosotros”.

Es el “nosotros” socializante y democratizador que se expresa en las redes sociales ó el “ellos” con su talante unilateral, impositivo, autoritario y enajenador, como de manera destacada lo han puesto sobre la mesa los jóvenes universitarios en México y su movimiento #yosoy132.

En este marco de referencia fruto de mi reflexión personal, me llama la atención que no pocos personajes de la prensa y la política se escandalicen porque a través de las redes sociales se pretenda por algunos “perniciosamente” imbuidos por un odio malsano, “dividir a México”. Sin parar mientes en que lo que observamos en la Internet es simple reflejo de una realidad ya inaceptable de un México dividido en mil pedazos.

Dividido en lo económico, en lo social, en lo educativo y cultural, en lo político, es hoy un vitral digno del mejor artífice renacentista hecho añicos. Nada nos une, la política como expresión democrática de la búsqueda del bien común y, por tanto, elemento aglutinador en pensamiento y acción para hacer de la suma plural de las partes el todo nacional, no sólo ha fracasado en el intento, es el principal y sustantivo elemento de ruptura que ha hecho de la obra de arte un sin fin de tepalcates dispersos que en nada nos enorgullecen.

En la realidad virtual del ciberespacio ó en la realidad concreta pie a tierra, hombres y mujeres de carne y hueso lo perciben y lo viven como propio. No es ocioso el que el aún candidato del PRI a la presidencia de la república, sabedor de su precariedad social, salga a decir, entre otras barbaridades muy propias de su también precariedad cultural y política, que: “Lo que menos podemos permitir es que se haga de la democracia una forma que divida y genere enconos entre la sociedad; por el contrario, debemos reconocer que en la competencia es válido que la gente tenga preferencias, pero también debe existir la civilidad para saber reconocer la preferencia mayoritaria”.

Afirmación de Peña Nieto en la que reconoce la diversidad que divide, entre otras de preferencias en lo electoral pero, a su vez, miente, promoviendo más del encono que condena y no la deseable unidad nacional que desea como aceptación a su aun presunto mandato. Llegaría a la presidencia de México como candidato de la primera minoría triunfante en los comicios y no como el electo por la preferencia mayoritaria. Somos los mismos mexicanos por acción u omisión y no la democracia, abstracción utópica de un voluntarioso deseo, los que dividimos y polarizamos, en un escenario de encono que enfrenta  inconformidad y protesta por  un estado de cosas dado, a simulación, continuidad e imposición de quienes se resisten al cambio.

Es el viejo régimen que ni termina de morirse ni da paso a una vida nueva que imprima renovados cauces a la vida nacional, quien divide, genera odios y propicia el encono, impidiendo el recoger los tepalcates hoy dispersos en todo el territorio nacional. Más no, por favor, el contenido y lenguaje procaz que se expresa en libertad en las redes sociales. Mérida, Yuc., agosto 26 de 2012

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