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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Dentro de los tiempos previstos el Instituto Nacional Electoral otorgó el registro a Morena como partido político, con todos los derechos, prerrogativas y obligaciones contempladas en la ley.

Sin dejar de considerar que el nuevo partido de izquierda institucional se incorpora al juego electoral, aceptando participar bajo las reglas y condiciones impuestas por la partidocracia dominante, Andrés Manuel y su seguidores tendrán que demostrar con hechos medibles que Morena responde a las aspiraciones y necesidades reales y sentidas de millones de mexicanos que, a lo largo del tiempo, han dejado de creer y de confiar en un sistema de partidos caduco, corrupto y corruptor.

De una estrategia declarativa, señalando, denunciando y cuestionando al gobierno y a los partidos nacionales hasta hoy existentes, Morena pasa a ubicarse en su nueva realidad ya no como movimiento social sino como una institución más de la república. Lo cual implica oportunidades pero también renuncias, no pocas, a propósitos y objetivos de una izquierda auténtica que le apuesta al cambio y transformación de la sociedad.

El cómo concilie su status institucional con apego a las reglas de los dueños de las canicas con la lucha social, dependerá su trascendencia en la vida política de un México sumido en el desencanto y el hartazgo. Ese es su reto y el reto de millones que confiando en el nuevo partido le darán viabilidad y sustento en lo que esperamos sea una larga y fructífera existencia.

Para diferenciarse positivamente de lo que tanto ha señalado y cuestionado, el primer paso es demostrar que está por la democracia partidista, construyendo ésta desde abajo con pleno respeto a la participación y derechos de la militancia y, al estilo del zapatismo, mandar obedeciendo. Ni tribus, compadrazgos u oscuros intereses, democracia a secas hasta donde el cuerpo aguante bajo las reglas del juego que con su registro acepta Morena.

Sin democracia a su interior su vida institucional sería corta e intrascendente, renunciando de entrada a la autoridad moral y política que requiere para legitimarse como expresión auténtica de una izquierda nacional que busca nuevos derroteros e instrumentos para avanzar. Democratizar la vida del partido aspirando a coadyuvar en la democratización de la vida nacional, es a mi juicio el principal reto hoy por hoy a asumir por Morena en el corto plazo.

Si se afronta con dignidad, honestidad, responsabilidad e inteligencia este reto nada menor, Morena recuperará credibilidad y confianza en una izquierda hoy marginada, excluida y sin voz propia.

Las reglas del juego que hoy se aceptan son claras. El registro que se le otorga a Morena no es eterno, sujeto al rejuego electoral la suma de sufragios a obtener es la medida. Jugando contra reloj los tiempos se acortan. Si para la elección del 2018 Morena no demuestra de que está hecho, su vida estará agotada. Luego tiene que poner toda la carne en el asador para convencer de que es diferente, de que no es un instrumento electorero más, de que su lucha por el poder político es incluyente, legítima y que no se suma a la partidocracia en el secuestro de la representación popular y voluntad ciudadana. En sus manos está el llegar para quedarse, esperemos que así sea.

Hojas que se lleva el viento

Hasta donde es dado observar, el “reconocimiento” del Sr. Dr. Duarte de Ochoa de una realidad que siempre ha negado, para sus apologistas de siempre es buena señal. No obstante habría que percibir señales más sólidas que la simple verborrea de siempre y eso está en chino ya que por lo pronto el gobernante se aferra a la idea de que mentes perversas “satanizan” el endeudamiento mil millonario que tiene tomada del cuello a su administración, lo que de ninguna manera es buena señal de un cambio positivo para afrontar lo que viene en los tres años que le restan en su mandato. Obras son amores, para convencer tendría que transparentar el que, el cómo, el cuanto y en donde en la aplicación de los recursos provenientes del injustificable endeudamiento para que cese la “satanización”. En tanto esto no suceda su acto de constricción tendrá efecto bumerang por más planas, columnas y gacetillas pagadas.- Cd. Caucel, Yuc., 13/09/2014

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En nuestra incipiente e imperfecta democracia, para una gran mayoría ésta se materializa con un acto meramente protocolario, como es el sufragar cada vez que se convoca a elecciones locales o federales. Una vez cumplimentado esto en las urnas, se le da curso legal, medianamente se legitima con el ritual acostumbrado y el ciudadano, tras el deber cumplido, retorna a su vida cotidiana, dejando hacer, dejando pasar. Ahí concluye el carácter democrático de un Estado-Nación más que fallido en sus alcances plasmados en una parchada e inoperante Carta Magna y las leyes que de ella emanan.

 Un presunto estado de derecho cada vez más cuestionado, no por los mexicanos sino por la terca realidad, se encarga con el auxilio del sistema educativo y de los medios de comunicación de que la simulación sea aceptada como lo que entendemos como democracia.

Acotada así, nuestra democracia es tomada por la clase política y los poderes fácticos que representa  para, en su nombre, secuestrar la voluntad ciudadana, mantener el statu quo y reciclar todo aquello que, paradójicamente, niega en los hechos la prevalencia de  los principios sustantivos del utópico ideal de un gobierno del pueblo para el pueblo.

Así transcurre la vida política, económica y social del Estado-Nación a lo largo de su historia. Fruto de esta sinrazón es el México de hoy, dependiente, mediocre, sin rumbo cierto en lo interno y externo, y sin un destino claro que oriente su marcha con visión de largo aliento.

De ahí que todo el acontecer nacional esté enfocado a los procesos político electorales y, por lo consiguiente, sujeto a un régimen administrado por una partidocracia parasitaria. Una elección no termina de concluir en todos sus términos cuando ya se está preparando la siguiente. Los partidos políticos dictan la agenda nacional, sus personeros construyen su ruta individual y de grupo proyectándose al futuro en atención a lo que el destino manifiesto les depare y, los ciudadanos, en su mayoría indiferentes, esperan el momento en que se les convoque para, una vez más ratificar en las urnas su vocación democrática, legitimando el inacabable proceso de simulación, corrupción y engaño que los mexicanos hemos adoptado como forma superior de convivencia.

Entre todos conformamos una sociedad plural en la que es más lo que entre diferentes nos separa que lo que nos une, sin embargo, lo que como denominador común nos identifica, y nos iguala es lo que entendemos y vivimos como democracia  a la mexicana. No siendo circunstancial entonces el que para los sectores más reaccionarios quien no esté a favor y respete las reglas impuestas por tal remedo de forma superior de organización de la sociedad, es un adversario a eliminar, un mexicano mal nacido, ó, en su caso, malos políticos que, como señala el rector de la Universidad Autónoma Popular de Veracruz, maestro Guillermo Zúñiga Martínez, sin atreverse a mencionar por su nombre a Andrés Manuel López Obrador “…se dedican a estorbar el progreso de la nación”,  No se concibe que alguien se aparte de aquello que obligatoriamente nos iguala en un  Estado-Nación de desiguales. La disidencia es condenable, quién la ejerce es simple y llanamente  demente ó enemigo de la democracia. Concepto maniqueo de lo que debemos entender por unidad nacional.

En un país de ciegos, el tuerto que se atreve a percibir lo que no perciben los demás, no es rey, es un estorbo. Como ha quedado claramente establecido por las cúpulas perredistas que ya sin la “carga negativa” del político tabasqueño, se regodean del calificativo de “izquierda moderna”, que les colgaran las cámaras empresariales tras haber aceptado someterse a los dictados del presidente electo. O bien, con la condena abierta o solapada del senador Javier Corral por transgredir usos y costumbres, no por calificar a Calderón Hinojosa como cobarde sino por haber este allanado el camino para el regreso del PRI a Los Pinos.

Así las cosas en nuestra democracia de papel, el destape de Morena como una fuerza política independiente, contestataria y no sujeta al control de la partidocracia, no se alcanza a ver más allá de su posible incidencia formal en los procesos electorales venideros, siempre “atada dogmáticamente al caudillo que mesiánicamente aspira una vez más al poder presidencial”. Lejos de aceptarse que, como movimiento social o como partido político, no sólo refleja el hartazgo de la mayorías empobrecidas, trastoca la correlación de fuerzas políticas y agudiza la crisis del régimen de partidos, también mantiene la esperanza de millones de mexicanos en que si es posible por la vía pacífica el cambio que reclama el país.

Ni se quiere ver ni mucho menos se acepta que Regeneración Nacional trascendiendo la coyuntura y el statu quo impuesto, con visión de largo aliento se asuma, por ahora, como el germen de una nueva izquierda capaz de construir ciudadanía y auténtica democracia,  en un México hundido en la corrupción, la impunidad y la simulación.

Es más cómodo, para regocijo de nuestros vetustos demócratas electoreros anclados en el pasado, percibirle, exhibirle y satanizarle como un mal entuerto creado por el aprendiz de brujo, que hay que someter, cooptar y neutralizar que como instrumento de transformación y cambio identificado con el sentir de un número creciente de mexicanos que se resiste a la ceguera por decreto.

¿O acaso la reacción en contra de Morena por parte de la clase política profesional y sus texto servidores, es miedo a ser barridos del escenario de la historia? Me inclino por esto último, la democracia a la mexicana no acepta actores ni protagonismos que se salgan del libreto.  Cd. Caucel, Yuc., septiembre 15 de 2012

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 J. Enrique Olivera Arce

 Partiendo de la premisa de que estamos en México, país surrealista en el que la incipiente democracia se corresponde con un régimen político caduco, corrupto y al servicio de los poderes fácticos, la tersa separación de López Obrador de los partidos que le postularan en segunda ocasión como candidato a la presidencia tiene múltiples lecturas, interpretaciones y, sin duda, mensajes entre líneas, que expertos politólogos y sesudos analistas irán desgranando al paso de los días.

 Para quien esto escribe, se confirma la profundidad de la crisis del sistema de partidos políticos en México que, habiendo sido superados por el crecimiento cuantitativo y cualitativo de una sociedad plural, ya no responden a su cometido. El resultado impuesto de la elección presidencial y el hecho de que el sufragio, pese a todo,  se dividiera en tercios, negando la posibilidad de hegemonía del partido que gobernará al país, es prueba de ello. La gota que derramara el vaso es sin duda la confirmación de que la oposición centrista, representada por las alianzas del PRD, PT y Movimiento Ciudadano, no tiene posibilidad alguna de acceder al poder bajo las reglas, usos y costumbres del régimen político actual.

 Andrés Manuel López Obrador en buena ley no perdió la elección. Simplemente no se le permitió llegar, como de antemano estaba claro que ocurriría por así convenir a la partidocracia dominada por el PRIAN y los poderes fácticos a los que sirve. El resto de los partidos nacionales con registro, jugando de comparsas hicieron lo que tenían que hacer, como ha quedado claro con las declaraciones de Jesús Ortega, líder máximo de las tribus chuchistas del PRD. En este entramado la voluntad popular es un mal necesario aparentemente bajo control.

 Como consecuencia de lo anterior, todos los partidos, sin excepción, ante la ciudadanía han perdido credibilidad, capacidad de maniobra y de respuesta e, ideológicamente, quedan totalmente desdibujados como instituciones al servicio de la sociedad. Si el primero de julio fuera atípica la participación  cuantitativa y cualitativa de los sufragantes, hoy día, si se convocara a elecciones, el abstencionismo sería histórico. La mayoría de los votantes potenciales le pensaría dos veces antes que perder su tiempo concurriendo a las urnas. Cada uno de los partidos políticos, fuera de contemplárseles como agencia circunstancial de empleo,  no tendría cara para convencer de que ahora sí contará la voluntad popular.

 De ahí que resulta inverosímil el que López Obrador se separe de los partidos de la llamada izquierda, para crear otro, a partir del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), a sabiendas de que estaría obligado, bien como candidato presidencial o simplemente como líder moral,  a jugar una vez más en la cancha y bajo las reglas del régimen político actual controlado por el PRIAN. Amén de que como partido político Morena estaría obligado a reconocer institucionalmente al Sr. Peña como presidente de México, contraponiéndose con la estrategia lopezobradorista de desobediencia civil en rechazo a la imposición validada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

 Como igualmente resulta por demás extraño que López Obrador se incline por una tersa separación de los partidos que le postularan, cuando es del dominio público que lo que procedía era el rompimiento franco con el PRD, partido que desde la cúpula tribal le jugara las contras colaborando con el PRIAN como saboteador. Quedando la impresión de que opta por lo primero con el afán de dejar abierta la puerta para futuras aventuras electorales o legislativas, compartiendo el lecho con su embozado enemigo.

 Pero si resulta inverosímil y extraña la nueva estrategia puesta sobre la mesa por López Obrador, no podemos hacer de lado que también deja la interrogante sobre Morena: Mantenerle como asociación civil, o transformarle en partido político. Disyuntiva cuya solución deja en manos de una próxima asamblea nacional del movimiento que, en noviembre próximo, a su vez estará alimentada con los resolutivos de sendas asambleas estatales.

 Poniendo así el cascabel al gato, jugando con los tiempos, auspiciando la desbandada en las filas del PRD y apoyándose debajo del agua en el PT y en Movimiento ciudadano, partidos pequeños que han contribuido y se han beneficiado de  la creación, expansión y fortalecimiento de Morena.

 Sea cual fuere la intención de López Obrador y sus estrategas, lo cierto es que a partir del domingo 9 Morena sale de las penumbras, manifestándose como una fuerza política opositora real e independiente que sacude al sistema de partidos y al régimen político en su conjunto que profundizará su crisis con el desfondamiento de la izquierda institucional, oposición a modo para mantener los equilibrios entre las diversas fuerzas políticas que participan en el juego, así como de instrumento de control de movimientos emergentes en el seno de la sociedad. 

 Lo otro a considerar al margen, es que como ya estaba previsto, pese a los esfuerzos del priísmo y de la cúpula perredista por eliminar de la vida pública a Andrés Manuel, tenemos López Obrador para rato.

 Lo que está por verse es si Morena respeta sus bases estatutarias, rompiendo con las prácticas, usos y costumbres del viejo régimen, asimiladas y aumentadas por una izquierda institucional dominada por cúpulas colaboracionistas, corruptas y ajenas a las expectativas y  necesidades reales y sentidas de las grandes mayorías de este país. Si es así, la asamblea informativa del domingo nueve será un parte aguas en los esfuerzos por imprimir aire nuevo en la larga lucha por democratizar la vida política de México.

 Hojas que se lleva el viento

 Optimismo desbordado del perredismo veracruzano, cuando su dirigencia anuncia a bombo y platillo que en la entidad el partido del sol azteca no registrará desbandada alguna. El diputado federal Uriel Flores Aguayo ya anunció que deja al PRD para incorporarse a Morena, pero después de la elección local del año próximo, confiando en que su partido le postulará como candidato a alcalde de la capital veracruzana. Oportunismo en uno de los mejores exponentes del perredismo cupular jarocho, que aún cree que gano la diputación gracias a un  PRD desprestigiado y poco confiable. La desbandada y paso a engrosar las filas de Morena no se dará, ya se dio desde endenantes en las bases del partido y sólo resta confirmarla.

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 Interesante la estrategia propuesta por el gobernador electo de Yucatán para transparentar la transición gubernamental. Rolando Zapata Bello designó a un equipo de la sociedad civil que se encargará de la recepción de la administración pública a cargo de Ivonne Ortega Pacheco. Más sociedad y menos política. Lástima que el paso dado sea incompleto ya que organizaciones y personas designadas representan en su mayoría al sector empresarial de la entidad y muy poco o nada a los yucatecos de a pie. Lo destacable es que ya se da un primer paso en materia de transparencia y participación social en las tareas gubernamentales.

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 En Veracruz nada nuevo bajo el sol. Ya no hay nada que decir en una entidad federativa que es vanguardia nacional en todo, hasta en el número de indigentes morales que se regodean y hacen gala de su explicable enriquecimiento a costa del erario público.

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 En febrero de 2011, el portal de noticias Sexenio.com.mx inició como un proyecto destinado a crecer; en Septiembre de este año cumplió su primer aniversario y a siete meses de haberse lanzado a través de la Internet, registra un promedio de 20 mil visitas diarias. El éxito del trabajo que se lleva a cabo en Sexenio fue reiterado apenas el pasado 23 de agosto en una medición de comScore, luego de aparecer en 5to lugar nacional, sólo por debajo de importantes medios como El Universal, El Informador, Reforma y El Norte. Mi más calurosa y sincera felicitación al equipo que ahora integra el Grupo Sexenio Comunicaciones por su exitosa labor. Cd. Caucel, Yuc., septiembre 11 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Quien deja de lado su enojo vale más que un héroe, y el dueño de sí mismo, más que un conquistador” (Prov.16-12)

 Dividida la opinión pública entre los que sin mayor talante crítico están por el dejar hacer dejar pasar, aceptando como presidente electo al Sr. Peña y, los que se oponen a lo ya resuelto e inatacable por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, los ánimos se calientan radicalizando y enrareciendo el  escenario. Si bien en teoría cuantitativamente son más los primeros, no puede echarse en saco roto que los segundos con su carga de indignación y hartazgo, pesan e influyen más cualitativamente en el ánimo de una clase política que navega entre incertidumbres y dilemas no resueltos.

Guste o no guste a la “gente bonita” que viendo por sus particulares y egoístas intereses da por cerrada la página, la dicotomía surgida de un proceso electoral atípico y cuestionado, está presente y, por momentos, antagónicamente irreductible en sus alcances.

En este marco, destaca la precariedad política del presidente electo que dando pinceladas de soberbia, impotencia y sectarismo discursivo, lejos de contribuir a que las aguas se asienten, le pone más leña al fuego, como el hecho de condicionar el diálogo con López Obrador a que el tabasqueño reconozca el resolutivo del TEPJF y a su carácter de presidente electo de México. Condicionamiento que le desdice, si seguro está de su triunfo, no necesita de pedir reconocimiento a nadie. Mucho menos a un adversario al que el PRI, según afirma Pedro Joaquín Coldwell, da por descontado que llegó a su fin como piedra en el camino.

El Sr. Peña debería saber o cuando menos percibir, que Andrés Manuel no está sólo, que 16 millones de mexicanos al tabasqueño le refrendaron concientemente su confianza en las urnas, y una mayoría de éstos está dispuesto a no dar su brazo a torcer aceptando lo que juzgan inaceptable. Si lo sabe o alcanza a percibirlo, exhibe su debilidad condicionando el diálogo con quien fuera su oponente, asumiendo una postura intolerante y políticamente irreductible, que no va de la mano con sus llamados a la unidad nacional.

De seguir así las cosas, la vida nacional no trascenderá la etapa post electoral. El tiempo se perderá en dimes y diretes mediáticos, sin que se resuelva el problema de fondo que no es otra cosa que la confrontación entre el continuismo de un proyecto económico y social neoliberal del Estado-Nación, soportado por los poderes fácticos, y el cambio de rumbo, necesario y urgente a favor de un modelo acorde con las necesidades y expectativas de las mayorías. En tanto tal confrontación persista, su reflejo en la superestructura cultural y política atenderá a la no reconciliación entre los mexicanos.

Creo que se equivocan aquellos que superficialmente y sin espíritu crítico se atienen a las formas que asumen cultura política y política a secas, y no al fondo y contenido de la confrontación existente en los terrenos de la economía real y desarrollo humano. Lo que a mi juicio está en juego no es si se acepta  a Peña Nieto como presidente de México, o se rechaza per se prevaleciendo el enojo visceral por sobre las razones por las que este debe considerarse un peligro real para las mayorías depauperadas de este país.

Lo que debería estarse tomando en cuenta es que la crisis sistémica global y sus particularidades específicas en México, están tocando fondo, sin solución viable a la vista, incrementándose los riesgos de una debacle de alcances insospechados. Los remiendos a las economías en el planeta no logran paliar decrecimiento y barruntos de recesión, tampoco ofrecen alternativas para frenar descomposición y retroceso social, nuestro país no está al margen de tal fenómeno; la no correspondencia entre el equilibrio macroeconómico y la microeconomía que se mide en la capacidad de oferta y demanda agregada  real y capacidad de compra de los consumidores, es de un franco divorcio.

La insatisfacción e inconformidad crece en amplios sectores del país y no precisamente por el regreso del PRI a Los Pinos y la manera como “el precario” se hiciera del sufragio; pesa más el bolsillo y estómago vacío que las componendas cupulares de la política en un régimen que se empecina por mantener el statu quo. Injusticia, desigualdad, pobreza, exclusión, nulo crecimiento económico, corrupción e impunidad, son el problema real del México presente. La imposición del Sr. Peña, es apenas un mecanismo de autodefensa de los poderes fácticos frente al hartazgo de una sociedad que peligrosamente ya no aguanta más.

Siempre a mi juicio, el romper el círculo perverso del antagonismo por ahora irreductible en la política, empieza por atender a los verdaderos problemas torales del país. Con o sin el Sr. Peña, lo inaceptable es el modelo económico y social neoliberal que inaugurado por el PRI-gobierno y continuado con la alternancia panista, venimos arrastrando desde hace más de tres décadas. Por ahí debe hilvanar la izquierda nacional que se precie de tal, oponiéndose a la profundización del modelito con “reformas estructurales” contrarias al interés del Estado-Nación.

Lo que haga o diga la izquierda institucional respecto al Sr. Peña y su proyecto gatopardista, es irrelevante en tanto no representa los intereses más caros de la Nación. Toca a los sectores progresistas de este país hacerse oír y avanzar en la construcción de un nuevo frente amplio, incluyente y democrático,  que desde abajo, con conciencia, organización y disciplina,  frene el continuismo y retroceso que los poderes fácticos pretenden imponer.

Hojas que se lleva el viento

La burra no era arisca… Entre dimes y diretes mediáticos y partiendo de que en Veracruz no existe en los hechos división de poderes, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa se complace en anunciar que la Legislatura local tuvo a bien aprobar el acceso de su administración a los recursos federales del Fondo de Financiamiento para la Infraestructura y Seguridad Pública hasta por un monto de un mil 274 millones de pesos. Previamente el titular del poder ejecutivo aclaró a traves de medios informativos afines y texto servidores a modo, que la deuda por contraer no es deuda, aunque su servicio será cubierto en mensualidades a 20 años plazo.

El mandatario aseguró que con los recursos frescos a obtener “Veracruz contará con más obras que le permitirán consolidar su desarrollo”. Afirmación que no es creíble, primero, porque el total de la abultada deuda pública contraída desde los tiempos de Fidel Herrera Beltrán, no se refleja en mejoras sustanciales en la infraestructura estatal, eficiencia y eficacia gubernamental y crecimiento económico; segundo, porque ya nadie cree en los dichos triunfalistas del gobernante.

Lo deseable es que primero se haga un corte de caja exhaustivo, objetivo y creíble, de los montos y destino del endeudamiento previo, antes que contratar una nueva deuda que “sin ser deuda”, proporcionará recursos frescos al gobierno duartista que,  adivinar adonde irán a parar.

Lo destacable en la grilla local es que el senador Yunes landa, ávido de protagonismo, saliera de inmediato al ruedo respaldando los presuntos fines de lo aprobado por la Legislatura local. Entendible, gobernador y senador se cubren con la misma sábana, aunque ninguno de los dos sepa a ciencia cierta que tanto daño se le hace a la entidad con el creciente endeudamiento gubernamental. Cd. Caucel, Yuc., septiembre 8 de 2012

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José Enrique Olivera Arce

“Todo Estado de derecho que está seguro de sí mismo, considera que la desobediencia civil es una parte componente normal de su cultura política, precisamente porque es necesaria”. Jürgen Habermas

Urgido el PRI de legitimación del cuestionado triunfo de Enrique Peña Nieto, desde el momento mismo en que este fuera declarado presidente electo se inició desde los foros más diversos la andanada de llamados a la unidad nacional, “ver hacia delante y ponerse a trabajar”, incluido el de Calderón Hinojosa durante su mensaje a la nación con motivo de su sexto y último informe de gobierno. 

En paralelo, las autonombradas izquierdas o izquierda institucional, preparan una solicitud de juicio político en contra de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, por su actuación en el juicio de impugnación promovido por la coalición electoral “Movimiento ciudadano”; cortina de humo con la que se pretende apaciguar y encauzar indignación y enojo ciudadano, hoy expresado con movilizaciones sociales que de motu propio y al margen de las componendas partidistas se manifiestan en contra del resolutivo del Tribunal. 

Por su lado, el ex candidato de las “izquierdas”, Andrés Manuel López Obrador habiendo cerrado su ciclo como opción electoral, asumiéndose como luchador social convoca a una masiva concentración en el zócalo de la capital del país para el domingo 9 de los corrientes, tras haberse manifestado a favor de la “desobediencia civil”, medida reformista, pacífica y dentro del marco del Estado de derecho, como respuesta a la sentencia del Tribunal Electoral. 

Y, para completar el escenario, en las filas del PAN se gesta una revuelta al considerar no pocos militantes distinguidos que Calderón pactó con el PRI la entrega de la presidencia al Sr. Peña. 

Y mientras esto ocurre en los círculos políticos, la población resiste una andanada más en contra de la economía popular. El encarecimiento de los energéticos, alimentos y servicios básicos y la inmovilidad del salario,  propician mayor pobreza y desigualdad mientras el Congreso de la Unión privilegia reformas estructurales neoliberales que, atentando contra el bienestar de la mayoría de los mexicanos, confirman inmovilismo y gatopardismo de un régimen político renuente a cambiar de rumbo. 

El clima general es de división y encono, a ello van dirigidos los llamados a la unidad nacional que, como los llamados a misa, sólo son escuchados por la feligresía con mayor apego y disposición a su obligación dominical. El PRI atiende a una situación concreta dada, la resistencia popular a la unción de Peña Nieto como presidente constitucional de México, lo demás, cuando menos por ahora, le tiene sin cuidado.

En el Congreso de la Unión va tras la aprobación de las propuestas inmediatistas del Sr. Peña, el corruptor promulgando leyes para combatir corrupción que, en esencia, es su razón de ser y permanecer. Mientras en la coyuntura,  obligado por las circunstancias se avocará al análisis, modificación o, en su caso, la aprobación de la iniciativa de reforma laboral con la que, Calderón Hinojosa se les anticipara en resguardo a la imagen del presidente electo ya de sí deteriorada. 

En el imaginario popular la gente se pregunta: ¿Puede el PRI y el Sr. Peña lograr la unidad nacional cuando conjuntamente con Calderón ha sido auspiciador de la división y polarización que hoy priva en todo el territorio nacional?  

No hay nada a la vista que rescate la unidad perdida. La desideologización del discurso no da elementos de cohesión y, los hechos cotidianos, lejos están de favorecerle. El patriotismo, el orgullo nacional, sólo se ponen de manifiesto cuando las botas nacionales se visten de gloria en un campo de futbol. Son más los agravios sufridos por la ciudadanía que los logros en su beneficio. Resultando por tanto que los llamados a la unidad nacional quedan como un recurso político coyuntural del PRIAN, y del Sr. Peña en su nada oculto propósito de legitimar una elección cuestionada por una indignada  base social que les da la espalda. 

El horno no está para bollos. Y, por si fuera poco, el PRI le pone más leña al fuego inmerso como está en dimes y diretes encaminados a eliminar de la escena pública a López Obrador. A destiempo pide investigar las fuentes de financiamiento del político tabasqueño y su movimiento social; mediáticamente le ataca con todo, como si “muriendo el perro, se acabara la rabia”, incapaz de entender que el liderazgo lopezobradorista  responde a la aceptación y simpatía que genera en millones de mexicanos hartos del actual estado de cosas en el país. 

La cúpula partidista de la coalición de las llamadas izquierdas pretende entenderlo  al vivirlo en carne propia. De ahí su actual dilema: Acepta abiertamente a Enrique Peña Nieto como presidente de México ó se suma a la desobediencia civil de López Obrador. En ambos casos, de acuerdo a la aritmética tribal de “los chuchos”, sale perdiendo. No podrá aceptar el llamado a la unidad, sin antes resolver internamente sus propias contradicciones.

Luego en tales circunstancias, ¿tiene hoy sentido llamar a la unidad nacional? Legitimidad y unidad se construyen, no se imponen por decreto y,  mucho menos, atendiendo discursivamente en lo inmediato ¿a una justificada paranoia?

Hojas que se lleva el viento 

“Dime con quién andas y te diré quien eres…”  La plana mayor del viejo PRI avaló con su presencia la gestión de la gobernadora de Yucatán con motivo de su V y último informe “popular” de gobierno. Sin faltar el clásico acarreo con torta y refresco, Ivonne Ortega Pacheco celebró a lo grande, bailando jarana y festinando el que el gobernador de Edomex le destapara como segura integrante del gabinete peñista. Testigos del bailongo de gala, Pedro Joaquín Coldwell, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón  Como invitados destacados el  “gober precioso” Mario Marín Torres y el  ex obispo de Ecatepec, Onésimo Zepeda. Ivonne se congratuló del voto de los yucatecos a favor de Peña Nieto y Rolando Zapata, candidato a gobernador, pero se abstuvo de mencionar en su reporte que el PAN el primero de julio recuperó Mérida.

La sociedad yucateca discrimina al indígena maya. (“Mesticito”, le llaman) a la par que se ostenta con orgullo como legítima heredera de cultura y tradición del milenario Mayab. Vaquería y jarana en el V Informe “popular” de la Sra. Ivonne Ortega aplaudida por los rescoldos de la “casta divina”, teniendo como escenario al inconcluso museo  “Mundo maya”, cuya edificación se contratara con empresas de Jorge Hank Rhon bajo la modalidad de “Proyectos para la prestación de servicios” ((PPS), endeudando a la entidad

Cd. Caucel, Yuc., septiembre 4 de 2012

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