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Tag Archives: Legitimidad democrática

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Difícil entender en que momento la cantidad de descontento se transformó en calidad de protesta abierta, oponiendo la resistencia del populismo de los más a los menos que se benefician del neoliberalismo excluyente y empobrecedor.

En maquinazo anterior comentaba que “En la elección edilicia ningún partido o coalición contendiente, con sus pírricos triunfos obtuvo el aval mayoritario de los ciudadanos (o aspirantes a serlo) que les legitime; todos sin excepción representan a minorías segmentadas y dispersas…”

Opinión sobre los comicios veracruzanos que de acuerdo a notas periodísticas coincide con lo acontecido en el estado de México con la elección de gobernador, señalándose que ningún partido contendiente obtuvo mayoría absoluta lo que, consecuentemente, pone sobre la mesa el tema de la segunda vuelta electoral si se aspira a un mínimo de legitimidad democrática.

Tema por demás controvertido en las actuales circunstancias de un país en crisis en el que la pérdida de confianza y credibilidad lo mismo en partidos políticos que en instituciones electorales, plantea la necesidad ya no de un ajuste del régimen político sino la renovación de este mediante un nuevo pacto social.

Los partidos tradicionales tendrán que aprender a encontrarse con la gente o de lo contrario tendrán que dar paso a nuevas formaciones políticas.

Esto si consideramos que con la actual estructura electoral, sus reglas escritas y no escritas,  ya no da como para que un partido político o coalición en primera o segunda vuelta, alcance el 50 por ciento más uno del listado nominal oficial. A lo sumo, alcanzaría el 50 por ciento más uno del total de sufragios emitidos, retornándose al punto de partida, la ausencia de legitimidad democrática del gobierno en un país plural de más de 120 millones de habitantes.

De ahí que,  a mi juicio,  en la actual coyuntura y ante la proximidad del proceso electoral del 2018, resulte estéril debatir la propuesta del PAN y mucho más, el que el Congreso de la Unión aprobara una reforma constitucional de tal envergadura como la segunda vuelta antes de la elección presidencial. Reduciéndose el tema a un asunto meramente electorero, llamado a impulsar desde ya alianzas o coaliciones encaminadas a sumar cuantitativamente el mayor número de sufragios, como si el ganar o perder la elección fuera una simple operación aritmética y no cualitativamente de certeza, confianza y credibilidad de un electorado hoy por hoy desilusionado.

Hasta donde se alcanza a observar, la polarización político-electoral entre MORENA y los partidos “del régimen” -como les califica López Obrador-, lejos de menguar va en aumento y sin visos de atemperarse. Lo que no se resolvería con una segunda vuelta, salvo con una alianza abierta entre el PAN y PRI con vías a lograr el 50 por ciento más uno del total de sufragios a emitir. Y vuelta a lo mismo que se pretende subsanar con la reforma constitucional al calce, cambiando para seguir igual.

Salvo que MORENA diera un paso a la izquierda, buscando alianzas estratégicas con los cada vez más amplios movimientos sociales indígenas y campesinos que se resisten al modelo neoliberal excluyente y empobrecedor, lo que se ve cuesta arriba toda vez que Andrés Manuel le tiene miedo a lo desconocido.

Situación esta última que, con diferente motivación, obliga tanto al PRI como a MORENA a rechazar de entrada la posibilidad de que la iniciativa del PAN progrese en el Congreso y sea aplicable en la elección presidencial del 2018.

Por lo que toca a Veracruz para la elección de gobernador en 2018 cabe el mismo razonamiento, surgiendo la interrogante en torno a una posible alianza entre PAN-PRD y el PRI para vencer a MORENA en segunda vuelta. ¿Estaría dispuesto el gobernador Yunes Linares a darle oxígeno a un PRI que no logra desembarazarse de su oscuro  pasado de Fidelismo-Duartismo? Estaría por verse cuando en los estertores de la fallida administración peñista la instrucción vertical desde la Presidencia de la República equivaldría a un llamado más a misa.

Todo lo anterior en un escenario tanto de descomposición del régimen político vigente como de un hartazgo social en ascenso que, interactuando, juegan en contra de un consenso aceptable tendiente únicamente a satisfacer intereses facciosos de una partidocracia corrupta,  y no a buscar el bien común en el seno de una sociedad que se debate entre un pasado ominoso y un futuro incierto.

Sin embargo, todo es posible cuando para el régimen vigente, lo que menos cuenta es el consenso social en torno a la legitimidad democrática.

Habría que ver si con la irrupción del EZLN y Consejo Nacional Indígena en la política electoral, no cambian los escenarios.

Hojas que se lleva el viento

Observando el mundo al revés el senador Héctor Yunes Landa afirma que: la reforma educativa constituye un salto de época y acierto del gobierno de México, cuando la realidad dice lo contrario: ante el salto de época la reforma educativa es un desacierto del gobierno de México. Pifia irrelevante habida cuenta de que Don Héctor ya es cartucho quemado… Y siguiéndole los pasos su par, José Yunes Zorrilla que se va quedando sin asideros sólidos entre los más destacados aprendices de brujo de Peña Nieto, mandados por consigna de EE.UU. a quemarse interviniendo en un estéril intento por modificar la política interna venezolana.

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En nuestra tradicional y aldeana clase política veracruzana, aún no se asimila el que MORENA asuma el gobierno de la ciudad capital. De ahí que por todos los medios pretenda reafirmar sus lazos de interés mutuo con el mayor número de tundeteclas para una orquestada descalificación del alcalde electo. Tarea en la que el PRI lleva mano frente al PAN-PRD como resultado de su influencia inercial sobre una prensa que patalea por sobrevivir. Está por verse si los electores están dispuestos a respaldar o a darle la espalda a quien eligieran para la alcaldía. También está por verse si el periodismo ciudadano que se expresa en las redes sociales logra imponerse por sobre la orquestada andanada mediática oficial y oficiosa.

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Suele afirmarse que la historia la escriben los vencedores y es a la luz de este lugar común, que resulta patético observar que los perdedores propalen que la historia recomienda como única alternativa válida para el 2018 en México, el que la gente siga votando por un PRI “que si sabe gobernar”.

“Sin pueblo no hay historia, no hay historia que escribir ni cambio que esperar…” Ramzy Baroud

Xalapa, Ver., 20 de junio de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vaya dilema para el electorado veracruzano. No votar o de, entre los peores, sufragar por el menos peor. Y no es para menos, el descompuesto proceso electoral que en unos días culminará con la elección del mini gobernador de dos años y el relevo en la Legislatura local, nos coloca a hombres y mujeres de a pie en tal tesitura.

Copados entre dos fuegos, en el medio de una insensata guerra de lodo financiada con recursos públicos, no hay opción válida que soportada en propuestas realistas y viables, permita avizorar la más mínima señal del cambio que los veracruzanos exigen.

Ya en la recta final del proceso, la guerra sucia electoral ahora telefónicamente se traslada a los hogares veracruzanos, que joda. Huérfanos de madre operadores políticos sin distingo de color de camiseta, insensibles no respetan hora ni merecido descanso familiar para trasmitir sus nauseabundos mensajes.

Considerándonos retrasados mentales o bien, los candidatos designados por los partidos políticos están dispuestos a jugarse el todo por el todo para convencer a los votantes potenciales de que no vale la pena perderse el descanso dominical cumpliendo con el deber cívico de sufragar el próximo 5 de junio. Vaya manera de inhibir el voto.

Esto aparejado a una campaña de miedo, filtrando el rumor de posible violencia a lo largo del ejercicio comicial, bajo el supuesto de que a menor número de votos los resultados del sufragio se definirán por el llamado voto duro de partidos y candidatos contendientes. Supuesta estrategia que teóricamente beneficiaría a quienes, cual la marquesa de la historia, saben cómo mover el abanico en menesteres electorales clandestinos históricamente aplicados. Tocaría a la ciudadanía caer o no en el garlito.

Lo cierto es que no se puede dejar en el tintero es el que con justificada razón existe un consenso casi unánime de que Veracruz padece el peor gobernador de su historia, y casi unánime también es que hasta donde se tiene memoria,  nunca se había vivido un proceso electoral tan pedestre, ofensivo y a todas luces  repugnante que sin duda invita al abstencionismo o, en su caso al voto nulo.

Voto duro

Más allá de la lectura de la bola de cristal o la especulación, lo que sí se puede ya establecer como seguro a tres semanas del ejercicio comicial, es que la elección de gobernador se irá a tercios, con muy poca diferencia numérica  entre los tres candidatos punteros y en la que el llamado voto duro o clientelar, poco podrá aportar a la contienda; el clientelismo electoral cada vez es menos tal y al interior de los partidos no existe consenso consolidado respecto a los candidatos postulados de espaldas a las militancias. Correspondiendo al amplio segmento de los indecisos el definir el resultado de la elección.

Empero, no se puede ni debe echarse en saco roto el peso del voto duro de Morena, partido de alcance nacional de nueva creación cuya militancia, seguidores de AMLO  y simpatizantes de vieja data, se enriquece e incrementa tanto por un natural rechazo a las políticas públicas del gobierno federal peñista como por el descontento y hartazgo generado por un gobierno estatal fallido y corrupto. Voto duro  en crescendo que responde más a  posicionamientos ideológicos en el imaginario colectivo que a un pragmatismo coyuntural referido a una elección de orden local dominada por intereses creados; posicionamiento que objetivamente se concreta en un justificado rechazo histórico a todo lo que huela al PRI, al PAN y al PRD, en la lucha social de resistencia frente a reformas neoliberales presuntamente estructurales que privatizadoras y empobrecedoras,  atentan contra la soberanía y patrimonio nacional, el empleo, la educación y salud  pública así como  el bien común.

A la par que cuenta y cuenta mucho en la conformación del voto duro de Morena el descontento y hartazgo en amplios sectores de la sociedad veracruzana frente al abandono infraestructural y productivo, endeudamiento gubernamental,  desempleo,  precarización de las clases medias urbana y rural, así como un ineficiente e ineficaz combate a la delincuencia. El 5 de junio se verá si es tal o el descontento y hartazgo  queda en simple  llamarada de petate.

Pegar donde más duele

Quedaría entonces el hacer de tripas corazón y pegarle a nuestra clase política donde más le duele, derrotándoles en las urnas mediante una copiosa votación asumiendo una actitud responsable, reflexiva, congruente con lo que se está viviendo, que demuestre fehacientemente que la sociedad ha cambiado, que la población se asume más participativa e informada y dispuesta a recuperar para sí la democracia electoral secuestrada. La cita es en las urnas.

Con la elección ya a la vuelta de la esquina, solo queda el asumir que en esta ocasión y dado el clima de rechazo que ha generado el proceso en curso, la ciudadanía sabrá poner freno antes y durante el ejercicio comicial al más que anunciado fraude electoral con el que el gobierno estatal pretende justificarse ante Peña Nieto.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre hombres y mujeres, ciudadanos de a pie, poco o nada se ha querido entender que, en la realidad electoral veracruzana ningún partido político, tradicional, o de nuevo cuño, con registro nacional o local, puede asumirse como mayoritario. Sin excepción en el espectro partidista y en relación tanto al total del padrón electoral, lista nominal o sumatoria total de votos emitidos, son minoría y, con tal carácter, deben considerarse.

Ninguno por sí mismo tiene una base social de apoyo que rebase escasamente el 15 por ciento del total del padrón vigente o  alrededor del 20 por ciento de los votos emitidos en los últimos comicios federales o locales. El abstencionismo, votos nulos o la opción de candidatos sin registro, se han encargado de ello. De ahí, la necesidad de las alianzas o coaliciones electorales si en la democracia electoral  simulada se quiere alcanzar un mínimo de legitimidad para taparle el ojo al macho.

Esta es la realidad electoral, sometida a las reglas del juego que la partidocracia se ha dado para mantener secuestrada y bajo control tanto a la voluntad popular como a la democracia representativa. Reglas del juego, legales o extralegales que, por cierto, dicta el dueño de las canicas, el partido que gobierna,  previo acuerdo con los opositores.

Esta es la razón, a mi juicio, de la necesidad que tiene el votante potencial de no dejarse engañar tanto por encuestas, “chafas” o más o menos serias y fundamentadas, como con aseveraciones de candidatos que se asumen como depositarios de la aceptación e intención del voto de las mayorías cuando la realidad es otra.

Esto último sin considerar que a mayor número de partidos contendientes, más ahora,  candidatos independientes y la opción de los sin registro, la dispersión y fragmentación del sufragio se ve incrementada favoreciendo a la minoría que obtiene más votos; basta con un voto para ganar, dicen las reglas del juego vigentes. En tales términos, la elección sería legal, pero democráticamente ilegítima. Quién se levante con el triunfo gobernará o representará a la ciudadanía en el Poder Legislativo con el respaldo de una minoría en tanto que la mayoría ciudadana queda al margen y sin voz.

Observo que no son pocos los que invitan al voto razonado; deteniéndose en la calidad individual o colectiva de partidos y personajes, sus antecedentes, promesas de campaña o estructura y estrategia electoral, eso está bien, más no es suficiente si de por medio se ignora la legitimidad democrática que se vulnera a partir de  reglas del juego que, en México, no contemplan el que para llegar a ocupar un cargo de elección popular se requiere de más de la mitad del total de votos emitidos.

Así es como gobernantes, senadores y diputados, en este país gobiernan con y para las minorías en franco sometimiento de la voluntad soberana de las mayorías.

¿Qué hacer entonces para contrarrestar electoralmente  fórmulas legales pero ilegítimas?

Bueno, para los que saben del paño, lo ideal para contrarrestar el amañado orden legal y obtener un mínimo deseable de legitimidad democrática, es incrementar en las urnas el número de sufragios a emitir. A mayor número de votos mayor será la probabilidad de que el partido o coalición de partidos y sus candidatos postulados tengan un mayor respaldo social. En la inteligencia de que en Veracruz y atendiendo al espectro partidista en la elección de junio próximo, existen partidos políticos y remedo de partidos políticos o candidatos independientes que participan en el proceso con el fin último de dispersar y pulverizar el sufragio, como medida estratégica del gobierno estatal para beneficiar a la primera minoría asegurando su continuidad como partido gobernante.

Esta opinión de los que saben, implica, por un lado, reducir al máximo posible el abstencionismo; inclinar la intención del voto a favor de las opciones minoritarias con mayor posibilidad de triunfo, y dar la espalda en las urnas lo mismo a los partidos “paleros” –“zombis”, les llama Rafael Árias- que a candidatos independientes o sin registro.

Si esto es así, la continuidad del más de lo mismo o de la búsqueda de un cambio más o menos auténtico, dependerá de una cuantiosa votación a favor o en contra de estas dos alternativas electorales polarizadas,  eligiendo a una primera minoría que responda a la intencionalidad del sufragio emitido.

Correspondería entonces a los votantes y no a quien esto escribe, el identificar qué partido, coalición o candidato se encuentra en la tesitura tanto de alcanzar en las urnas  la calidad cuantitativa de primera minoría, como de ofertar la mejor opción para el futuro inmediato de Veracruz. La última palabra en este supuesto la tendría la ciudadanía.

Voto informado y  razonado sí, pero reconociendo que se parte de una realidad electoral que no se puede ni debe ignorar en nuestra deformada democracia.

Hojas que se lleva el viento

Identificar a un candidato químicamente puro, honesto, bien intencionado y comprometido con las mayorías, es tanto cuanto más que imposible. Está en la naturaleza del régimen político vigente el que los políticos profesionales antepongan el interés personal o de facción al bien común. De ahí que el problema a dilucidar por los votantes potenciales no sea de carácter ético o moral, eso debe descartarse, lo determinante para inclinar la intención del sufragio y actuar en consecuencia en junio próximo, a mi juicio, está en percibir quién o quienes estarían dispuestos con el concurso de todos, a encontrar los mejores caminos para iniciar la reconstrucción de un Veracruz hoy saqueado y en crisis.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Diseñadas, propuestas y aprobadas por la cúpula de la clase política, ahora compartiendo complicidades en el llamado “Pacto por México”, las presuntas reformas estructurales encaminadas a sacar al país de su actual atolladero, carecen de sustentabilidad democrática y, por ende de legitimidad y consenso entre la contraparte, la sociedad civil.

Por ahora las ya aprobadas en el seno de la partidocracia expresada en el Congreso de la Unión y Congresos locales, está visto que son rechazadas implícita o explícitamente por aquellos sectores de la población más informados y participativos, empezando por quienes se sienten afectados.

Sin consulta previa y sin más sustento que la decisión presidencial de llevarlas adelante, tanto la reforma laboral, la educativa y en proceso la de telecomunicaciones, por decir lo menos en medio de la polémica son en principio cuestionadas. Los legisladores subordinados al Poder Ejecutivo en una democracia sin división de poderes real, se tomaron la libertad de hablar y decidir de espaldas a sus representados.

Por el bien de la Nación, pretexto explícito de las reformas peñanietistas, no se acepta marcha atrás, como ya quedó claro en el discurso oficial, autoritario y vertical del presidente Peña. Sin embargo, la ley no es sinónimo de justicia para un gobierno obligado a gobernar para todos salvaguardando el bien común.

Se escuchará a las voces disidentes, pero su opinión es irrelevante. “Cartucheras al cañón, quepan o no quepan”, como ya es el caso de una reforma educativa que apunta más a restringir derechos de mentores que a la búsqueda de una necesaria y urgente calidad de la educación en México.

Muy al estilo de Margaret Tatcher, “La dama de hierro”, las corrientes conservadoras en México ahora impulsadas por el Sr. Peña tras cuatro lustros de estira y afloja,  no acepta medias tintas, o se está a favor o se está en contra de lo que, a juicio del oficialismo, siente las bases para una mejor inserción del país en el concierto del mercado mundial. Desigualdad y pobreza están al margen de los intereses fácticos. Productividad y competitividad del individuo es el camino.

Democratizar productividad y competividad es el propósito explícito, como lo ha hecho saber el secretario de hacienda y cerebro tras el trono, Luís Videgaray. Lo implícito es minimizar al Estado y privatizar a ultranza la vida económica y social del país, bajo el apotegma del tatcherismo de “Menos sociedad, más individuo”, en una versión tardía de un neoliberalismo radical que tiene de cabeza al mundo, socializando las pérdidas y privatizando la ganancia a favor de unos pocos.

Lo que es rescatable, en todo caso, es que a partir del no hay retorno en materia de reforma laboral y educativa, nadie se puede dar por sorprendido. La reacción impone un retroceso político y social en el que el garrote amenazador se exhibe sin pudor alguno. La “Ley de Herodes” por sobre todo intento por ciudadanizar la política y democratizar la vida del país  es la senda trazada.

Triste escenario sin futuro para las mayorías.

Hojas que se lleva el viento

Ricardo Ahued, gozando de amplia fama pública de empresario honorable y exitoso, y sin cola que le pisen por su desempeño en la administración pública, como alcalde de Xalapa y como diputado federal, corre el riesgo de echar por la borda su prestigio participando en un proceso electoral que, desde sus prolegómenos, se viene distinguiendo por ser el de mayor desaseo en los últimos tiempos de la política veracruzana. El sabe su cuento y el riesgo que corre, ni hablar.

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Y a propósito del proceso electoral en marcha que desembocará en la elección de diputados locales y alcaldes constitucionalmente de cuatro años, al partido-gobierno veracruzano se le pasó la mano. No sólo debilitó a los partidos opositores, los destruyó de una manera que debería avergonzar a nuestra doméstica y aldeana clase política. Sin oposición que valga la pena, el PRI va sólo, ganará la elección pero perderá la poca credibilidad que merece del electorado. Y el gobernador haciendo como que la virgen le habla sin parar mientes en el enorme daño que le infringe a nuestra incipiente democracia.- Xalapa, Ver., abril 14 de 2013

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Aceptando como válida la información preliminar proporcionada por el “PREP” del Instituto Electoral del Estado de México, con el 99.82 % de casillas contabilizadas, festinada anticipadamente por diversos medios nacionales y locales, en el sentido de que el PRI “arrasó” en la elección del pasado domingo en esa entidad federativa, ello parece confirmar mi percepción personal sobre la profundidad de la crisis del sistema político en México.

De acuerdo con la información disponible -18:00 Hrs. / 040711- Eruviel Ávila superó a su más cercano competidor, Alejandro Encinas, en una proporción de 3 a 1, con un total de 2 millones 882,102 votos contra 966,627, en tanto que el PAN apenas sumaba 570,185 sufragios.

Honestamente para efecto de un maquinazo pueblerino, me da igual si ganó “Chana o Juana”, si el que perdió fue Calderón, o si el rotundo fracaso de la izquierda electoral se debió a la decisión autoritaria de Andrés Manuel López Obrador al negarse a una alianza con el PAN. El resultado aún no oficial de la elección no modifica en lo más mínimo mi percepción sobre la tendencia a una cada vez más profunda degradación de la política en México, salvo que, siempre a mi juicio, con el apabullante triunfo priísta la crisis de los partidos políticos toca fondo, encontrándose en su punto de quiebre el sistema político nacional.

El PRI gana en términos relativos, con el 62.54 % de los votos emitidos (4 millones 586,551) y el 27.3 % del total de la lista nominal que asciende a 10 millones 555,606 electores registrados en la entidad. La democracia en México pierde en cifras absolutas, con casi 6 millones de enlistados que no sufragaron. La elección fué legal, la legitimidad democrática del triunfo priísta queda en duda.

Si la elección de gobernador en Edomex se considerase como se dice: laboratorio para la definición de estrategias partidistas y determinación de probabilidades y resultados a esperar en el 2012, la tendencia registrada es desastrosa y expresión de la profundidad de la crisis a que hago referencia.

Me apoyo en algunos de varios elementos a considerar:

Eruviel Ávila “arrasó” con el 62.54 % de los votos emitidos, en tanto que la oposición en conjunto sumó apenas 1 millón 536, 812 sufragios, es decir, el 37.46 %. Diferencia de 25 puntos a favor de la alianza encabezada por el PRI, lo que indica que la oposición ha dejado de ser electoralmente competitiva o al PRI “se le pasó la mano”.

Los gastos de campaña, hasta donde se sabe, fueron determinantes para el triunfo priísta, en una relación asimétrica entre los contendientes favorable al PRI, luego los recursos materiales, humanos, mediáticos y financieros aplicados, se corresponden con el resultado de la elección pero no guardan igual correspondencia con el total de votos emitidos. El costo de cada sufragio a favor del PRI y sus partidos comparsas, es el más alto alcanzado en la historia electoral del país.

La elección del pasado domingo deja claro que el electorado se ha polarizado, observando como únicas opciones en el espectro electoral, la derecha con un PRI que ocupara los espacios del panismo, y la izquierda fragmentada, confrontada y dispersa. O quizá, lo más grave, los que confían aún en los procesos electorales y quienes, desencantados, optan por no votar, dando la espalda a las instituciones republicanas y haciéndole el caldo gordo al PRI al que le beneficia la abstención y el voto nulo. 

A partir de estos supuestos, ¿puede dudarse de que el sistema político nacional vigente está en crisis terminal? De todos los partidos políticos no se hace uno que responda a los grandes retos de un país al borde del desastre.

De continuar esta tendencia las elecciones le resultarán cada vez más caras a los contribuyentes, sin que ello abone a disminuir el déficit democrático en México; el abstencionismo se disparará a niveles tales que las elecciones serán irrelevantes como en el pasado y, lo más grave, si el PRI no tiene competidores socialmente aceptables y confiables, el estancamiento del país en todos los órdenes que hoy se vive con la llamada “alternancia”, a partir de la elección presidencial del 2012 dará paso a un franco retroceso regresándose al partido hegemónico, sin contrapesos,  y al presidencialismo autoritario presuntamente superado. Luego pierde México. ¿Eso es lo que deseamos?

Corresponde a cada partido político sacar sus propias conclusiones y actuar en consecuencia. Sin embargo, vale la pena señalar que la izquierda electoral tiene que asumir una seria autocrítica, no se puede apostarle a la vía electoral y ser competitivo si un partido está partido en tantos tepalcates como corrientes, tribus, grupúsculos, movimientos independientes de barriada y sacrosantas capillas de intelectuales, chuchos y no chuchos, legítimos y no legítimos. Si se quiere seguir jugando bajo las reglas impuestas por el PRI, la izquierda electoral tiene que participar con un partido único, unido en su estructura y bajo las banderas de una ideología y un programa común consensuado desde abajo hasta la cúpula, que sea capaz de impulsar un amplio frente único con la izquierda social.

Para el futuro inmediato -elección presidencial del 2012-, desde ya urgiría que la izquierda electoral se defina, de una vez por todas, a favor de Andrés Manuel o de Marcelo. Seguir jugando al gato y al ratón, perdiendo el tiempo, no puede augurar otra cosa que una nueva y más rotunda derrota que la sufrida el pasado domingo. México no se lo merece.

Como corolario, insistiría en que el PRD de los chuchos no deja de oler a cadáver insepulto, sin que exista un alma caritativa que le de la infausta noticia de su muerte.

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La Jornada en línea la tarde de hoy difundió un llamado de Felipe Calderón Hinojosa a la unidad para hacer frente a “los verdaderos enemigos de México”.

La nota informativa es la siguiente:


Aguascalientes, Ags. Después de asegurar que el “asedio” a policías obedece a acciones “desesperadas” de la delincuencia, el presidente Felipe Calderón demandó un cierre de filas para hacer frente a los “verdaderos enemigos de México”.

Al inaugurar la 73 Asamblea General Ordinaria de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas, llamó a levantar la mirada por encima de diferencias, de coyunturas y de ciclos de gobierno, porque “coincidir es un privilegio de la inteligencia y de la razón”.

En tanto, el líder de los ganaderos denunció que viven una situación crítica y demandó apoyos.


Como era de esperarse, la nota de referencia dio lugar a múltiples comentarios de los lectores, descalificando al Sr. Calderón por carecer de legitimidad democrática y autoridad moral y política para asumirse como factor de unidad nacional.  De entre estos, reproduzco el siguiente, por considerarlo oportuno, congruente y atinado:


Enviado por rodrigo en 13/07/2009 19:45

Que pena

Qué pena, que nuestro país se encuentre ante un panorama tan desolador, que pena que un país tan hermoso como lo es nuestro México, se debata ante la pobreza de millones de mexicanos y los intereses mezquinos y sin escrúpulos de los personajes que por generaciones se han enriquecido a costa del país y su gente, pero peor aún lo es, que los mexicanos nos sintamos defraudados por un gobierno que lejos de atender las necesidades de su pueblo, se la pasa tratando de justificar a como dé lugar, sus fracasos en la lucha contra la delincuencia organizada, en donde la población como siempre, sea quien esté pagando las consecuencias de esos fracasos. Tenemos que concientizarnos para exigir un verdadero gobierno que sea realmente representativo de la gente que lo lleva al poder y que cierre filas en contra de los problemas esenciales de su población.

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