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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Una cosa es expresar lo que la gente quiere oír y otra… muy distinta, es el aprovechar la euforia en los tendidos, para legitimarse actuando en consecuencia.  Si el virtual gobernador electo no da resultados inmediatos en su propuesta de encarcelar al por ahora todavía gobernador fallido y su séquito de presuntos saqueadores,  el volátil voto de castigo que le favoreciera, con las mismas podría retirarle credibilidad y confianza.

De ahí que el Sr. Yunes Linares, a sabiendas de lo que está en juego, pretenda acelerar los tiempos  dando, por ahora, palos de ciego ignorando el protocolo legal para, en contravención a la legislación vigente,  insistir en asegurar su disposición a proceder en contra de Javier Duarte de Ochoa.

Esto, a partir de la idea de que el descontento y hartazgo contribuyera en grado sumo al por ahora gobernador electo de Veracruz.

Empero, no por mucho madrugar se amanece más temprano, reza la conseja popular.  Con un Congreso estatal cómplice -por comisión u omisión-  de aquellos contra los cuales el electo y aún no confirmado, clama y exige justicia –o venganza- en el desierto.  Sin juicio político de por medio el fallido es intocable y, para que surtiera efecto demanda penal en su contra habría que esperar a diciembre.  Más si como consta  en el imaginario colectivo, desde Los Pinos no se da la orden de proceder en contra de los presuntos saqueadores.

El tiempo transcurre y se le escurre entre los dedos a Yunes Linares. Y al paso de los días el descontento y hartazgo no encuentra respuesta que le satisfaga. Quién contra viento y marea enarbolara la bandera de la honestidad a lo largo de meses y meses -¿o años?-  de precampaña y campaña electoral, en tanto no ofrezca resultados contundentes, queda como un deshonesto intelectual si no calma a quienes en las urnas, le extendieran su voto de confianza votando en contra del PRI explicando con peras y manzanas cual es el procedimiento y plazos legales para hacer efectiva su tan cacareada promesa.

Ante el golpeteo a las puertas de palacio, tanto el secretario de gobierno como la presidenta de la mesa directiva de la Legislatura local, han dado respuesta: “hasta noviembre”, fundamentándola en lo dispuesto en lo establecido en la Constitución Política del estado libre y soberano de Veracruz de Ignacio de la Llave.

Si la ley es la ley y el virtual gobernador electo pretende apegarse a ésta como lo ofreciera, hoy por hoy ésta no está a su favor y obligado está a esperar sin desesperar. Pero las circunstancias son cambiantes, para noviembre el descontento y el hartazgo que le diera el triunfo el pasado cinco de los corrientes podría estar transitando por cauces no previstos o bien el Sr. Peña determinar que la fiesta de la alternancia en Veracruz se lleve en paz con un sano borrón y cuenta nueva.

En tanto los tribunales no resuelvan impugnaciones admitidas, mesura y paciencia. No obstante, el que espera desespera y, sobre todo, los que confían en ver a Javier Duarte de Ochoa tras las rejas, ¿sabrán esperar sin desesperarse?

Hojas que se lleva el viento

Como siempre, subestimado el poder de la gente,  el PRI en Veracruz busca culpables de su derrota hasta debajo de las losas del cementerio, empero, Manlio Fabio Beltrones al renunciar a la presidencia nacional del tricolor puso los puntos sobre las ies, señalando como responsables a Peña Nieto por omiso y al corrupto gobernador fallido, generadores del descontento y hartazgo en amplios sectores de la sociedad. Políticas públicas contrarias al sentir de las mayorías, corrupción impune, excesos  e irresponsabilidad en el ejercicio del servicio público, propiciaron y auspiciaron el voto de castigo el pasado 5 de los corrientes. Más claro ni el agua.

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Un poco de memoria. En su momento tocó al PAN con Calderón Hinojosa en la presidencia,  el generar las iniciativas de reformas estructurales que con Enrique Peña Nieto y gracias al llamado “pacto por México”, aprobara el Congreso de la Unión. Siguiendo la pauta dictada desde Washington, hoy la ultraderecha está de plácemes.

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Si lo que se pretende es tirar el agua de la bañera con todo y niño, Peña Nieto lo está logrando proponiéndose imponer su reforma educativa desmantelando a la oposición magisterial a sangre y fuego, cuando el horno no está para bollos.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce 

Lo relevante no es el quien ganó, sino para que y con qué propósito.

Dada la complejidad de la elección del domingo próximo pasado, a lo que habría que agregar la contaminación, por decir lo menos, que sufriera el proceso comicial de elección de diputados federales desde sus inicios, salvo para los expertos que conocen del paño y sus “inteligentes audiencias”, la interpretación de sus resultados para hombres y mujeres comunes resulta ser un verdadero reto. Quizá por ello amplios sectores de la población optan por lo más simple y entendible: ni son confiables ni modifican para bien el grave estado de cosas que aqueja a un país gobernado por un presidente que no inspira credibilidad y confianza.

Posiblemente se  tenga razón al optar por lo más simple, dejando que la partidocracia y sus adláteres se haga bolas en el análisis acucioso del resultado y sus consecuencias futuras para sus particulares intereses, o bien, para justificar ante la audiencia el porqué de su derrota tras haber aprobado nuevas reglas de un juego electoral que no respeta.

¿Derrota? Sí, los números hablan. La elección, con sus asegunes, podrá ser legal a la luz de la legislación vigente que la misma partidocracia se ha dado, pero de ninguna manera es legítima a la luz de un mínimo de normalidad democrática. Una elección financiada con alrededor de 8 mil millones de pesos tomados del erario público, ni arrojó los resultados deseados de un fortalecimiento de la base social de apoyo para un presidente cuestionado, ni mucho menos, recuperó certidumbre, confianza, y credibilidad en el régimen político, representatividad democrática e instituciones republicanas. Esto, para quien escribe estas líneas no puede calificarse sino como una derrota.

Debiendo destacarse que en toda elección  democrática de representantes de la voluntad popular, lo relevante no es quien ganó sino para qué y con que propósito.

Veamos.

Los números que por ahora arroja el “Programa de Resultados electorales preliminares” (PREP), en su simplicidad que no necesariamente en su confiabilidad, nos dicen que con el 93.19% de las actas contabilizadas, de un total de 77, 913, 406 votantes potenciales listados en el Padrón federal vigente, hicieron valer su derecho al voto 36, 623, 125 ciudadanos; cifra de sufragios que representa el 47.5 % del total mencionado en tanto que 41, 290, 281 ciudadanos se abstuvieron de votar. Es decir, el 52.5% de los votantes potenciales se quedó en casita ajeno al juego electoral.

Hay mucha tela de donde cortar para explicar o justificar el fenómeno del abstencionismo. Lo cierto es que este se dio y peso en el resultado final de la elección, quedando a juicio de los propios votantes el juzgarle. Aunque cabe señalar que en política el hubiera no existe como para saber a ciencia cierta cuál hubiere sido el resultado con una mayor participación ciudadana. Empero, con los números en la mano, si se puede colegir que en una democracia medianamente decente menos del 50% de participación en las urnas no legitima una elección, por legal que esta sea, salvo en el remedo que vivimos en México.

Puede argumentarse cualquier cosa, como el que en toda elección intermedia es de esperarse poco interés en los votantes potenciales, lo cierto es que objetivamente tal desinterés responde a algo específico y a la partidocracia corresponde el revertirlo. En esta ocasión, el INE y los partidos políticos fracasaron en el intento, exhibiendo la vulnerabilidad de un régimen político carente de legitimidad democrática.

Aunque no puede dejarse de lado que se cumplió con el propósito de asegurar una mayoría dócil en la Cámara baja para los fines del proyecto neoliberal de Peña Nieto.

Por cuanto a los resultados de la votación, siempre siguiendo los números del PREP, el partido que resultara beneficiado con el mayor número de votos -de acuerdo con las actas contabilizadas en el momento de escribir este artículo-, fue el PRI, con un total de 10, 660, 241 sufragios. Votación a su favor que representa el 13.58 % del total nacional del padrón y el 29.10% de los votos emitidos en la elección. Porcentajes que ni uno ni otro dan visos de legitimidad al pírrico triunfo, ni deberían dar lugar al triunfalismo desplegado por el partido tricolor.

Sumada la votación del PRI con la de su satélite, el Verde Ecologista, el PREP arroja un total de 13, 248, 129 sufragios. Cifra menor al total de la sumatoria de votos a favor de sus adversarios y votos nulos, que ascendió a 23, 374, 996. Razón ésta por lo que el Revolucionario Institucional no alcanza la calificación de partido mayoritario y si, de una cuestionada primera minoría, en la correlación de fuerzas político-electorales en contienda. Todos los partidos que integran la partidocracia, son minoría en este país y ninguno alcanza el mínimo de legitimidad que toda elección en democracia exige.

Hasta aquí la numeralia electoral que arroja la elección nacional de diputados del pasado domingo 7. Que cada quien de acuerdo a su interés y posibilidades, la analice, juzgue y califique, antes o después de conocido el cómputo final que no definitivo, puesto que existen impugnaciones en puerta que tendrá que dirimir el Tribunal Superior Electoral del Poder Judicial de la Federación e, incluso, la Suprema Corte de Justicia de la nación.

Las cifras son públicas y están al alcance de todos.

“Sospechosismo” en Veracruz

Para el caso de Veracruz, sólo acierto por el momento a destacar que el triunfador de la elección fue el “sospechosismo”. Al calor de la noche pudieron pasar muchas cosas como para revertir una tendencia a todas luces contraria al partido en el gobierno y la gente así lo percibe, cuando los números finales benefician de manera más que escandalosa a los candidatos priístas más cuestionados del cotejo e incluso, señalados por la opinión pública como presuntos coparticipes de la quiebra moral, política y financiera del gobierno de la entidad.

No puede pasarse por alto también que:

Morena, de nueva creación, en el primer proceso electoral al que concurre, y a menos de un año de haber obtenido su registro como partido, se coloca ya en la entidad como la tercera fuerza electoral. Ganando con apenas 26, 368 votos la diputación en el Distrito Xalapa Urbano en la capital veracruzana, tomando con los dedos tras la puerta tanto al PRI como al gobierno del estado, que ignoraron o subestimaron lo mismo la inercia del efecto López Obrador y la transferencia de gran parte del voto duro perredista al nuevo instituto político, como el  claro rechazo al PRI, al PAN, al PRD y a la morralla de viejo y nuevo cuño que anima a los xalapeños. 

El voto efectivo de sectores participativos y bien informados de la población urbana xalapeña, es suficiente para nulificar la estrategia electoral, pedestre y antidemocrática del partido gobernante y su “aceitada” maquinaria. 

Como corolario y fuera del menú,  la candidata derrotada fue víctima tanto de su propia soberbia como del fuego amigo de sus correligionarios priístas. Un PRI dividido se unió y operó en contra de la candidatura de Elizabeth Morales, ex diputada federal, ex alcaldesa de Xalapa y ex presidente del CDE del tricolor, dejándole sola en los tendidos a diferencia del apoyo brindado a los “cochinitos” respaldados por Duarte de Ochoa y su padrino y mentor.

La elección de diputados federales para la ciudadanía concluyó. La pelota ahora está en el terreno institucional de árbitros y calificadores, pero eso no obsta para que conste que, de acuerdo a “usos y costumbres” de los veracruzanos, termina un proceso electoral y, de inmediato, inicia otro para no perder la aviada. Hoy a un día después del evento comicial del domingo siete, ya está en marcha el proceso que desembocará en el 2016 con la elección del sucesor del gobernador fallido.

 Hojas que se lleva el viento

El evento comicial en Veracruz dejó en claro que para la vida política de la entidad,  la crítica y denuncia mediática carecen de peso y efectividad en materia electoral en un régimen que,  premiando corrupción e impunidad, el estado de derecho no cuenta. El más de lo mismo entre los mismos, es la constante.

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La mayoría de los medios de comunicación son extensión de la partidocracia rampante, por lo que para amplios sectores de la población en Veracruz y en tratándose de la libertad de expresión, consideran no hay nada que celebrarle a los tundeteclas. Razón ésta quizá, por la que el festejo del “Día de la libertad de expresión” se reduce a los variopintos “Clubs de Tobi”, en los que se reconoce y premia a lo más selecto de su cofradía.-

Xalapa, Ver., 8 de junio de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

De acuerdo con las reglas del juego impuestas por la partidocracia, en materia electoral palo dado ni dios lo quita. Enrique Peña Nieto es presidente y no hay vuelta de hoja, por más que se compruebe a toro pasado que para asumirse triunfador de la elección presidencial del 2012, incurriera en falta al excederse en 12 veces el gasto de campaña autorizado. Con el estoque adentro sólo queda la satisfacción de que, en su oportunidad ante lo evidente una mayoría contestataria pusiera el grito en el cielo dándose por robada frente al fraude percibido.

Así que ni llorar es bueno. Sólo queda ante “el fraude”, ahora comprobado, del entonces candidato del PRI a la presidencia de la república, reconocer que de acuerdo a las reglas del juego vigentes su mandato es legal; pero no por ello es legítimo y, por tanto, obligado está el Sr. Peña a ganarse la confianza ciudadana con un buen desempeño.

Lo que obviamente no está haciendo al obtener en el corto tiempo de su gestión más rechazo que aceptación al imponer reformas legislativas presuntamente estructurales que, a más de impopulares, no están incidiendo positivamente en mejorías tanto en el orden económico como en un deteriorado tejido social dominado por la desigualdad, pobreza, inseguridad, corrupción y barruntos de gobernanza fallida.

Peor aún, la ilegitimidad de su mandato polariza a los mexicanos;  dividiéndoles más que acercarlos a un principio de unidad y consenso en torno a instituciones republicanas y políticas públicas, con el propósito de  impulsar crecimiento y desarrollo para salir del bache del subdesarrollo. En este escenario, las reformas aprobadas no aterrizan, perdiéndose oportunidad e ímpetus iniciales ahora reducidos a manido discurso reiterativo y ruido mediático que aleja más que acercar a la ciudadanía.

El lastre del subdesarrollo.

Tras cada traspiés legislativo y reforma planteada y aprobada, surge la necesidad de muchas más que den viabilidad a las primeras, mientras el país entero espera resultados que ni por asomo llegan.  Si bien no se le puede ni debe regatear sus hasta ahora exitosos logros en el combate a los varones de la delincuencia, éstos no son suficientes para tranquilizar el ánimo de la ciudadanía; descontento y hartazgo ya pesan más que los aún efímeros  resultados cortoplacistas del Sr. Peña.

El histórico rezago estructural se impone al ambicioso proyecto de modernización y consolidación neoliberal del mandato de un Peña Nieto  enfrentado  -parafraseando  a Vicente Fox-, hoy, hoy a la amarga realidad de patos por doquier disparándoles a las escopetas. El libre mercado como paradigma de su gobierno, no resuelve por sí lo que el lastre del subdesarrollo dependiente construye en el día a día de la pobreza y desigualdad, antes al contrario, lo agudiza.  A mayor valor de la riqueza producida, mayor en México es su concentración en pocas manos,  fórmula que traduciéndose en una  también mayor indefensión económica y social de un pueblo postrado y expoliado, hace nugatorias las reformas presuntamente estructurales por muy ambiciosas que estas sean.

Estado de derecho.

Para fortuna del PRI y sus micro satélites, la oposición perdida en sus propias contradicciones internas, dividida y confrontada en torno a las rebanadas del pastel que las reglas del juego le asignan, carece de fuerza, voluntad y autoridad moral y política para afrontar con energía lo que, en otros países medianamente civilizados sería motivo para desconocer el mandato presidencial. El excederse  en más de cuatro mil millones de pesos en gastos de campaña, además de ruin y escandaloso,  rompe con los principios de equidad,  legalidad y certeza de una elección presuntamente democrática. Con ello, el Estado de derecho se vulnera y hace de la impunidad regla de oro para un país sin ley.

Pero estamos en México. La ley es tan elástica como el titular del poder ejecutivo federal quiera y convenga. A estas alturas, Peña Nieto con el sartén por el mango, hace lo propio. Como también está en sus manos, sin oposición al frente, el ofertar a México en el tianguis internacional del capital. Está en su derecho, visto esto desde la óptica de las reglas del juego político de quienes son los dueños de las canicas.  Más no siendo legítimo, debe aceptarse que en la pseudo democracia representativa ante mirones de palo audacia es el juego  y al que no le guste es, en lenguaje coloquial, “su pedo”.

Y sobre estos últimos, que no son precisamente uno ni dos, vale la pena preguntarse si reconociendo la legalidad del mandato del Sr. Peña, pero convencidos de que carece del mínimo de legitimidad, estarían dispuestos a aceptar sumarse a un cuestionado liderazgo que más que pedir, exige e impone el peso de la autoridad para obtener magros consensos y unidad en torno a un proyecto económico y social del que se derivan reformas legislativas y políticas públicas contrarias al interés nacional y al espíritu del pacto social que el Estado mexicano se ha dado.

A toda acción corresponde una reacción.

Y en este marco, cabe preguntarse también cuál será la respuesta de una indignada, frustrada y lastimada ciudadanía  frente a las urnas en las próximas contiendas electorales,  a sabiendas del  carácter fraudulento y antidemocrático de éstas. Mi opinión es que seguramente no será favorable ni al PRI ni a sus candidatos, juzgados ya desde ahora como delincuentes electorales. Pero tampoco favorable al PAN o al PRD que cogobiernan, si es que tiene validez alguna aquella conseja popular que nos dice que tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata. Desde ya la balanza se inclina a favor de la abstención y el voto en blanco.

Salvo, claro está, que nuevamente nos falle la memoria. Estamos en México y esto suele suceder para nuestro infortunio como país,  con harta frecuencia.

Hojas que se lleva el viento.

Si algo caracteriza al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa es su proclividad a ser políticamente inoportuno. Con la filtración de la información al diario local de mayor circulación en la capital veracruzana sobre el cese de dos connotados funcionarios públicos de primer nivel -por cierto muy cercanos anímicamente al ex gobernador Fidel Herrera Beltrán y públicamente señalados por su ostentoso enriquecimiento-, el Dr. Duarte le gano la de ocho a Peña Nieto y su celebración del 78 Aniversario de la Expropiación Petrolera. Fue mayor el interés que despertara en la opinión pública veracruzana el “manotazo” que todo lo que tenía que decir el Sr. Peña en Cosoleacaque.

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El alcalde de la capital veracruzana está invitando a la ciudadanía a participar en los foros previos a la elaboración y, en su caso, aprobación del Plan Municipal de Desarrollo. Lo que en principio suena bien, abonando a las buenas intenciones del joven Américo Zúñiga, sin embargo surgen de inmediato dudas: ¿La invitación va acompañada del diagnóstico sobre la situación que guarda el Municipio de Xalapa, que a estas alturas ya debe estar sobre el escritorio del munícipe? ¿Con cuanto contante y sonante contaría el Ayuntamiento para financiar un plan de cuatro años? Estas y otras más que surgen cuando se habla de un ambicioso plan en el que deben considerarse el qué, por qué, para qué, cómo, quién, en que tiempo  y con cuánto.

Sin un marco de referencia que centre participación y debate, una vez más se estaría bordando en el vacío y tapándole el ojo al macho con una manifestación más de simulación. Tenemos no una Xalapa, sino cuatro, con necesidades reales y sentidas de primer orden  cuya prioridad es limpiar el cochinero existente antes que hablar de grandes y ambiciosos proyectos. ¿A qué orden de prioridades deben atender entonces los participantes en el foro?, partiendo del supuesto de que hay más deudas que dinero líquido en las arcas públicas municipales. ¿Lo explicitó el alcalde xalapeño al invitar a participar?

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El dinosaurio no estaba muerto, en la fiesta de disfraces se ocultaba tras la máscara del PAN.

05/12/2012

Plausible el intento por  buscar la unidad de las principales fuerzas políticas en torno a un programa mínimo consensuado, que garantice armonía y civilidad cuando menos en los primeros cien días de gobierno del presidente Peña. Sin diálogo constructivo y acuerdos viables en el seno del Congreso de la Unión, difícilmente podrían prosperar las iniciativas priístas tendientes a dar soporte legislativo, tanto al propósito de legitimar el nuevo mandato, como a los cambios que se pretenden imprimir para alcanzar los objetivos de un nuevo estilo de gobernar. De ahí que el pacto firmado entre el PRI, PAN y PRD, sea visto con buenos ojos en tanto evitaría repetir confrontaciones, dimes y diretes que en los últimos años empantanaran la acción de gobierno.

Las 5 vertientes estratégicas y 13 cursos de acción que delinea el presidente Peña, como proyecto de gobierno en un esfuerzo serio para modernizar y hacer competitivo al país sin descuidar objetivos sociales, por lo ambicioso de sus alcances, es digno de aplauso, más su viabilidad está en duda tanto por su correlato presupuestal para financiarlo sin incurrir en déficit fiscal o nuevos impuestos, como por el respaldo social que requiere para llevarse a cabo. De ahí la importancia de buscar consenso entre las diversas fuerzas políticas y que mejor, que un pacto de concordia y unidad política.

No obstante, como reza la conseja popular, el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones. No basta el acuerdo cupular de la partidocracia para que el consenso aterrice, ya no digamos en un amplio sector informado de la población, cuando menos en la militancia de los partidos signatarios del pacto en cuestión. Un cascarón vacío sin respaldo social es un llamado más a una misa, ahora de tres padres.

Para que un ambicioso propósito de unidad y concordia entre los partidos mayoritarios prospere, el “Pacto por México” tendría que partir de la unidad de intenciones y propósitos al interior de cada uno de los institutos políticos involucrados. Sin consulta previa y careciendo de estructuras democráticas, las cúpulas partidistas transitan por una vía y las bases por otra, atendiendo cada quién a expectativas propias e intereses creados particulares y de grupo.

A lo que habría que agregar que el pacto se da en México. País nada serio en el que la palabra empeñada no garantiza nada. A más de que se establece un pacto de honor anticipado y al margen del contexto de polarización política y social que deviene de la elección presidencial. Ni son los tiempos ni el escenario es del todo propicio para establecer acuerdos entre fuerzas políticas confrontadas.  El estira y afloja al interior del PRD, es ejemplo de ello; la corriente de “los chuchos” firma de espaldas al sentir de las corrientes más radicalizadas del partido.

En este marco, ¿cómo aterrizar un pacto de unidad y concordia que involucre a toda la población? ¿Basta con un acuerdo cupular en el seno de la partidocracia? A mi juicio, es algo menos que imposible, partiendo de la idea de que la participación social es restringida y la democratización de las estructuras partidistas no está contemplada para el corto y mediano plazo. A lo que se agrega el inocultable cuestionamiento tanto a los partidos políticos como a la democracia representativa vigente.

La manzana de la discordia en lo electoral, subyace bajo las buenas intenciones, si es que existen, entre los actores protagónicos signatarios del pacto. Para el presidente Peña, en la forma, el acuerdo partidista le legitima. No así entre amplios sectores de la población que perciben que la legitimidad del titular del ejecutivo federal es expediente no cerrado. La dicotomía fondo y forma en la estrategia peñanietista para alcanzar la unidad de propósitos, no está conciliada y, por tanto, no genera credibilidad.

Pero hay otra cosa que implica riesgos no previstos. La radicalización no sólo está presente en las autonombradas izquierdas, al interior del PRI hay quien piensa que llegó la hora de la revancha tras 12 años de gobierno panista y que, el pacto signado es la oportunidad para imponer un pensamiento único por decreto. O estas a favor del proyecto de Peña Nieto o estás en contra, sin medios tonos que maticen pluralidad política y desigualdad social y cultural.  Si estás en contra eres enemigo de México y, por tanto, sujeto a exclusión y represión. Contraviniéndose los buenos propósitos y objetivos contemplados en el pacto, y abriéndose el camino al autoritarismo como expresión contraria a los avances democráticos alcanzados en las tres últimas décadas.

No se puede hacer de lado que la renovación del PRI aún está en el tintero, las tentaciones del dinosaurio de retornar al pasado están aún latentes bajo la piel de oveja.

Si se quiere que el “Pacto “Por México” prospere, tiene que darse paso a la profundización de la democratización del país, haciendo efectiva la participación ciudadana en todos los ámbitos de la vida nacional. Ese es el reto para el nuevo gobierno y para la ciudadanía para alcanzar paz social, armonía y civilidad en la búsqueda de la transformación y modernización del país. Mientras la partidocracia persista en mantener secuestrada a la democracia representativa, a mi entender este será el principal obstáculo para que el acuerdo entre partidos responda a las intenciones del presidente Peña,  por muy bien intencionadas que estas sean.

Hojas que se lleva el viento

Para que no quede duda ni haya lugar a confusión, la Sra. Gina Domínguez Colío, Directora de comunicación social y vocera oficial del ejecutivo estatal, con la contundencia que el caso ameritaba, expresó a la diputación local que en los medios de comunicación veracruzanos no hay autocensura, sino autocontrol. Y diputados y diputadas, ni pío en atención a su maiceado muy propio y personal autocontrol. Veracruz también tiene cosas bonitas, que caray.

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J. Enrique Olivera Arce

Si algo positivo deja la visita Express del Sr. Peña a Latinoamérica, es a mi juicio lo que dice o deja de decir respecto a lo que delinea como política exterior  a seguir en los próximos seis años y, por lo consiguiente, lo que nos espera a los mexicanos en la política interna. Nada nuevo, se ratifica la falta de liderazgo de México y la ausencia de visión para obtener un mínimo de congruencia entre políticas públicas orientadas a competir en el mercado externo y, las llamadas a fortalecer un mercado interno deprimido. Privilegiándose las primeras y reduciendo las segundas al combate a la pobreza o asistencialismo a secas, en el marco de continuidad del proyecto neoliberal de desarrollo que tiene sumido al país en atraso estancamiento.

Más de lo mismo. Crecimiento económico en condiciones asimétricas, basado en inversión extranjera, exportación y privatización de los bienes de la nación, con un presunto fortalecimiento de la educación como fórmula para alcanzar en el recurso humano altos índices de productividad y competitividad. La dinámica de la crisis global, está ausente, como lo está el imprimir sello propio a la fábrica nacional, enfocándole al fortalecimiento de oferta y demanda en el mercado interno vía incremento salarial, rescate del campo, abatimiento de la economía informal,  y nuevas y agresivas políticas públicas de respaldo oportuno y eficaz a la pequeña y mediana empresa. Ello a favor de sostener el aparato productivo y desalentar subsidios al consumo que tanto están dañando al país.

Cuando es más que evidente que en el ámbito internacional las políticas proteccionistas de las principales economías del mundo se enfocan a paliar la crisis global, Enrique Peña hace un llamado al libre mercado, siguiendo el libreto dictado desde Washington en beneficio de los cada vez más reducidos nichos de mercado en el exterior de una Unión Americana en declive a decir de analistas y expertos de nuestro vecino del norte.

En el tema laboral, el Sr. Peña da por sentado que la flexibilidad del trabajo contemplada en la reforma que cocina el Congreso de la Unión, constituye aliciente para atraer capital externo. Así como en el renglón energético habla de abrir la puerta a una creciente privatización de la industria petrolera y eléctrica con un alto componente de inversión extranjera. Medidas de política económica tendientes a sacrificar soberanía y bienestar de los mexicanos. Presunción anticipada del virtual presidente aún no negociada y consensuada entre las diversas fuerzas políticas.

Señalo como positivo el mensaje del presidente electo dirigido al exterior, en tanto este no deja ya lugar a dudas de lo que en lo doméstico nos espera. Tras advertencia no hay engaño. Si alguien pensara que con el Sr. Peña y el retorno del PRI a Los Pinos, ofrece un cambio sustantivo y puntual para salir de la desigualdad, pobreza y deterioro del tejido social, tal cambio de rumbo no pasará de ser una manifestación más de gatopardismo para seguir igual o peor.

En materia de política política, el Sr. Peña deja claro que con su tournée express, privilegia el ser reconocido por la comunidad internacional antes que legitimarse ante sus futuros gobernados.  Para él y sus estrategas es más importante ser aceptado en América Latina como legítimo triunfador de la elección presidencial, que recorrer el territorio nacional para convencer de que ganó en buena lid gracias a sus propuestas de política económica y social. O, cuando menos, agradecer el que los votantes le dispensaran preferencia y beneficio de la duda.

Más cómodo tener interlocución con gobernantes latinoamericanos respetuosos de las reglas de la diplomacia, que arriesgarse a la descalificación y repudio de amplios sectores que no comulgan con su triunfo en las urnas. Si lo que pretende el Sr. Peña es recuperar liderazgo para México en América Latina, obtenerlo para sí en el ámbito doméstico está muy cuesta arriba. En tratándose de legitimidad ante los mexicanos, acusa un déficit que no va de acuerdo con sus propósitos en el seno de la comunidad internacional. Sus futuros pares lo saben, hoy lo callan pero de ello tratarán de sacar provecho en el futuro cercano.

Renglón aparte, Felipe Calderón no pierde oportunidad para restarle espacios mediáticos al Sr. Peña Nieto. La intensa actividad desplegada por el aún presidente de México en los últimos días, opaca los presuntos logros en el extranjero de quién en le sucederá en el cargo.

Hojas que se lleva el viento

Atinado golpe de mano de la aún gobernadora de Yucatán restándole mérito a posibles reclamos del alcalde de Mérida. Con el pretexto de no frenar la continuidad de los proyectos  priístas de la anterior administración municipal, Ivonne Ortega Pacheco dispuso se le otorgaran 500 millones de pesos de recursos frescos, federales y estatales,  a la comuna panista. Medida que ha sido vista como positiva por los meridenses quienes ahora esperan eficacia y transparencia en su aplicación.

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En el terruño, la alcaldesa xalapeña puso muy en alto lo que en Veracruz se entiende por previsión y oportuna atención a la población frente a desastres naturales. El gobierno estatal no se queda atrás, ahogado el niño procede tapar el pozo como respuesta a una indignada comunidad en la que hasta los muertos sufrieran los embates de la injustificable inundación. Banderilla es ejemplo a seguir para sacudir de su modorra a una administración pública estatal que no ve, no oye, no atiende ni le importa un bledo la demanda ciudadana. Cd. Caucel, Yuc., septiembre 23 de 2012

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Fabiola Martínez y Alonso Urrutia / La Jornada

Coincidentes de forma unánime en desechar todos y cada uno de los argumentos del Movimiento Progresista en su demanda de invalidar la elección presidencial, los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) censuraron a la coalición demandante por la aportación de pruebas calificadas, con matices, de insuficientes, infundadas, inoperantes, genéricas e imprecisas.

Aunque la sesión sólo fue para resolver el último juicio de inconformidad contra los comicios presidenciales, el magistrado Salvador Nava Gomar se adelantó a los plazos y enfatizó que  de aprobarse el proyecto México tiene ya un presidente electo, Enrique Peña Nieto.

De manera unánime condenaron los alegatos de la coalición de izquierdas; sus diferencias radicaron en los énfasis. Las pruebas no hacen prueba, soltó Flavio Galván; son pruebas secundarias, periféricas, sin relación con la demanda, secundó Pedro Penagos. Partieron de premisas equivocadas, coincidieron Alejandro Luna Ramos y María del Carmen Alanís.

 

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