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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Izquierda en México

El diputado Jesús Zambrano, líder de la corriente Nueva Izquierda —que ocupa la presidencia del PRD— dijo que los permisos (licencias) no existen y que “no se puede ser perredista cuando conviene y dejarlo de ser cuando no conviene”. Expuso que el sol azteca “no tiene espíritu masoquista como para dar permisos a sus militantes para que vayan a otra trinchera y desde ahí nos disparen y golpeen… en los hechos esta división al final divide a la izquierda y termina haciéndole el juego a los que dice combatir”.

Esto en respuesta a López Obrador quien pidiera licencia a su militancia en el partido del sol azteca.

Sin apasionamiento y al margen de considerar que la dirigencia nacional del PRD no representa más a la izquierda electoral,  estimo que Zambrano tiene toda la razón. Se es o no se es, sin medias tintas como pedir licencia para combatir a su propio partido en los procesos electorales, así sea como resultado de la indudable traición de las corrientes que encabezan “los chuchos” y su alianza de facto con Calderón Hinojosa y su partido.

Ya son muchos meses (¿O años) los que han transcurrido sin que el lopezobradorismo se defina, jugando al gato y al ratón con amenazas, abiertas o veladas, de no ir ya más con “los chuchos” sin que se decida de manera evidente al rescate del partido de la Revolución Democrática y/o dar el paso lógico de romper en definitiva con el PRD y construir su propio camino más allá de los intereses electorales de coyuntura.

Tal juego da que pensar. O Andrés Manuel López Obrador “blofea” con la fuerza y estructura del movimiento que encabeza, dando por sentado que fuera del PRD no hay nada que hacer, o bien, carece de visión, estrategia y voluntad política para auspiciar que sean las propias bases partidistas las que, democráticamente, tomen el control de las dirigencias nacional y estatales rescatando lo poco que queda del partido.

Me inclino por lo segundo. López Obrador y su círculo cercano, ganados por la prisa coyuntural de pesar en la elección de Edomex y la presidencial del 2012, no ven más allá de los procesos electorales perdiendo visión de largo plazo y cayendo en el juego electorero del esteril debate sobre las alianzas que conjuntamente promueven “los chuchos” y el calderonismo, en contraposición al propósito explícito del lopezobradorismo de impulsar un proceso de cambio en México favorable a las mayorías. Sin dejar de lado que precisamente en el círculo cercano a López Obrador, paradójicamente opera el salinismo en contra de tal propósito.

De ahí que el juego del gato y el ratón, más que fortalecer al lopezobradorismo lo desgasta ante sus propios seguidores y la opinión pública en general. Asumiéndose que por encima del interés nacional prevalece en López Obrador el interés electorero de alcanzar nuevamente la candidatura de la izquierda electoral a la presidencia de la República. Perdiéndose la ventaja comparativa del tiempo como factor decisorio para influir en la población con vías a la creación de un nuevo partido político de izquierda, una vez concluida la elección presidencial del 2012.

Se es o no se es. Con alianzas con la derecha, o sin estas, López Obrador debería definirse, de una vez por todas, decidiendo si rompe o no con el PRD y no curándose en salud con una cuestionable licencia temporal.

Se está aún a tiempo para sepultar en definitiva el nauseabundo cadáver y emprender un nuevo camino alejado del oportunismo y pragmatismo tribal con que el PRD refleja la crisis generalizada del sistema electoral y partidos políticos en México.

La última palabra la tienen las propias bases perredistas y no Andrés Manuel López Obrador. ¿Se está o no se está con el PRD y su espuria dirigencia? ¿Se está o no se está a favor de la construcción de un nuevo partido de izquierda, que atienda a las nuevas condiciones de un Estado-Nación que se desmorona entre las manos de una clase política insensible, oportunista e ineficaz?

En tanto las bases no hablen, el desgaste profundizará la crisis de la izquierda electoral. Con Andrés Manuel o sin éste, una izquierda fragmentada, carente de ideología, visión de Estado, y de un programa mínimo, aceptable y consensuado que le una en el corto plazo, topará con pared tanto en la elección del Edomex como en la presidencial del 2012, facilitándole la tarea a la derecha representada lo mismo por el PAN que por el PRI.

Ya se habla de una desbandada cupular no consensuada con las bases, luego la pregunta obligada es si la militancia está de acuerdo en también pedir “licencia”, o seguirá prestándose al juego de “los chuchos” y su alianza con el PAN. Si llegase a darse el caso de una licencia masiva, debe darse por hecho que revienta anticipadamente el Partido del Sol Azteca quedando fuera de las cercanas contiendas electorales, de ahí que las “licencias” de Andrés Manuel y sus seguidores en el PRD, no tiene ninguna razón de ser.

Ya que la militancia al paso de los años no ha sido capaz de rescatar al partido, o rompe en definitiva buscándose transitar por nuevos caminos, o se seguirá con el desgastante juego del gato y el ratón que auspicia Andrés Manuel como estrategia fallida, con un muy previsible abandono del lopezobradorismo por mero cansancio. ¿Esto es lo que se quiere? Si es así, Carlos Salinas y Felipe Calderón habrán cumplido su propósito de destruir a la izquierda en México.

Lo menos que se puede esperar de la izquierda es congruencia. Se es o no se es.

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México, DF. Andrés Manuel López Obrador calificó la declaración de Felipe Calderón en su contra como burda y ofensiva; “al grado de que ni siquiera me atrevería a usarla”, pese a los casi 30 mil muertos que su “ineptitud” ha causado. Durante la presentación de su libro La mafia que se adueñó de México y el 2012, realizada en la Alameda Central de la ciudad de México, el político tabasqueño dijo que Calderón Hinojosa en lugar de perdir perdón a los mexicanos por el actual desastre nacional, sigue optando por la mentira, la confrontación y el engaño.

La frase de ser un “peligro para México”, dijo López Obrador, sólo fue eficaz para manipular e infundir miedo en algunos sectores sectores de la población y formó parte de una campaña de miedo, sobre todo en empresas como Televisa. Agregó que la actitud de Calderón obedece a que “desgraciadamente se impuso a la mala y se continuó con la corrupción y el pillaje”, circunstancia que explica las causas del nulo crecimiento económico, falta de empleos, y lo peor, una profunda crisis de miedo, inseguridad y violencia. López Obrador aseguró que continuará su lucha por el cambio: “yo no odio, considero que solo con amor, hablando con verdad y haciendo bien al prójimo se puede ser feliz… Estoy convencido de que el cambio vendrá y no lo detendrán”. La Jornada

Seguidores de AMLO, “feligresía del odio”: Calderón

México.- El presidente Felipe Calderón rechazó ayer ser impulsor de las alianzas electorales de su partido, el PAN, con el PRD, y dijo que éstas han derivado de la propia polarización que rodea generalmente los comicios, en particular los locales realizados el año pasado y el presente. Se refirió también a Andrés Manuel López Obrador, a quien ve muchos atributos y defectos, pero “el mayor defecto, que hizo un daño terrible a México con su campaña de terror y de odio antes y después de las elecciones (de 2006), que el primer damnificado de eso fue él”, aseguró, porque la gente tiene sentido común y no le gusta eso, sólo a “sus fanáticos, a un extremo superradical “, que definió como “especie de feligresía del odio”. Milenio

Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

Partiendo del principio de que esto no se acaba hasta que se acaba, el proceso electoral en Veracruz sigue a tropezones su marcha rumbo a la decisión última e inatacable de la Sala Electoral del Poder Judicial de la Federación. Manteniéndose el crispado clima de polarización entre los seguidores de Javier Duarte de Ochoa y Miguel Ángel Yunes Linares, con su consiguiente carga de obcecación hasta el absurdo en ambos bandos, así como la creciente percepción en hombres y mujeres comunes de que tanto al gobernador electo como a su impugnador neopanista, lo único que les motiva es alcanzar el poder por el poder mismo, augurándose un más de lo mismo.

Para la oposición de centro izquierda electoral, conforme con las migajas que le deja la elección, se da por bien servida, retornando inercialmente a su permanente lucha tribal por el control de posiciones, rebanadas del pastel de sus prerrogativas, e indudablemente por las prebendas y canonjías que a sus capitostes cupulares les deja el apoyar a uno u otro de los dos contendientes en pugna por la gubernatura. El 2012 lo observan como algo lejano y, en la coyuntura, le apuestan al mejor postor en la lucha por el poder en Veracruz. Dante Delgado, como desde el principio del proceso, marcha sólo y de espaldas a la realidad política de la entidad y a su propia circunstancia, arremetiendo contra molinos de viento.

En tanto que lo que a mi juicio se podría considerar como “la izquierda legítima”, seguidora de Andrés Manuel López Obrador, no encuentra como conciliar sus carencias organizativas con el programa de acción que, con vías al 2012, se delineara el pasado domingo 25 en el zócalo de la Ciudad de México. Lo que observa y le motiva de la movilización, conciencia, participación y avance organizativo del movimiento lopezobradorista en el Distrito Federal, no guarda correspondencia con el atraso y falta de rumbo que vive en Veracruz. El peso específico del pragmatismo electoral partidista que domina en la entidad, dificulta al lopezobradorismo el aterrizaje y congruencia entre lo deseable y lo posible.

Al no encontrar acomodo en el PRD, PT y Convergencia, que lo mismo se pintan de azul que de colorado atendiendo a intereses cupulares, cual perrito sin dueño el lopezobradorismo se auto margina y se pierde en la denuncia, el insulto al “espurio” y su partido, al perredismo azul, o a las expresiones visibles de “la mafia”. Como si las mentadas de madre y las descalificaciones per se, contribuyeran al fortalecimiento de la resistencia popular. La organización, orientación, concietización y el sumar con mentalidad ganadora rompiendo el cerco informativo, es opacada por un sectarismo, negativo y pedestre, que ante la sociedad en su conjunto le hace ver como simple apéndice radical y dogmático del PRD.

Carente de liderazgo real de alcance estatal -Dante Delgado perdió su oportunidad al aliarse con Jesús Ortega y el perredismo azul-, la izquierda lopezobradorista marcha dispersa, acorralada, sin más aliciente que la esperanza. El liderazgo a distancia de Andrés Manuel no es suficiente ni substituye organización y congruencia de un movimiento que se pierde en la anarquía, la improvisación y el aislamiento. Tomado de sorpresa por la declaración anticipada de López Obrador para ir desde ya a la búsqueda de una nueva oportunidad electoral en el 2012, así como por la indefinición de que partido habrá de postular al lider nacional, el movimiento en Veracruz, al garete, no sabe como hacer del entusiasmo, optimismo y convicción, herramental de inclusión, integración, organización y vinculación con sectores más amplios de la sociedad.

En este escenario, el tiempo apremia, siendo este el mejor aliado en el momento, como lo expresara Andrés Manuel. La izquierda lopezobradorista en Veracruz,  para avanzar, debería, a mi entender, capitalizar a su favor el contar con un Proyecto Alternativo de Nación que los adversarios electorales potenciales no tienen. Tomarlo como instrumento programático, organizativo, crear grupos de estudio y debate en torno a éste, discutirlo y difundirlo, construyendo desde abajo, con espíritu democrático e incluyente, la estructura electoral y el liderazgo con que hoy por hoy no se cuenta. No puede seguir a la zaga de los partidos de centro izquierda electoral, dejándose envolver por la corruptela cupular, falsas alianzas, y estrategias electoreras ajenas al sentir e intereses de sus bases.  La autonomía e independencia en la coyuntura, de aquí al 2012, son fortaleza y no debilidad y de ello creo debería tomar conciencia el movimiento social de resistencia si es que quiere aprovechar la ventaja del tiempo a su favor.

Para la izquierda lopezobradorista en la entidad,  la elección del 2010 debería quedar atrás. Hay que dejar que los interesados de la partidocracia en mantener vivo el proceso electoral inconcluso, diriman sus pleitos y diferencias en la calle o en el tribunal, desgastándose. Pues gane el que gane la gubernatura, para la mayoría de la población significa más de lo mismo; sería ocioso tomar partido a favor o en contra en un pleito que es ajeno cuando el tiempo se escurre entre los dedos. Lo que en adelante cuenta es trabajo, organización, construcción de liderazgos, nueva manera de hacer política e impulsar la democracia, así como la firme convicción de que buscar nuevamente  la presidencia de la República, es por el cambio y nuevos derroteros para México.

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J. Enrique Olivera Arce

Los resultados definitivos del proceso electoral de sucesión de Fidel Herrera Beltrán en el gobierno de Veracruz, estarán sujetos a lo que los tribunales electorales, estatal o en su caso el TRIFE, determinen y, mientras esto sucede, la llamada izquierda electoral deberá asumir que ya se transita en el largo y escabroso camino de la elección presidencial del 2012. Debiéndose atender a diversos supuestos que a mi juicio irán configurando un nuevo escenario para las distintas corrientes de centro izquierda que, en un nuevo intento por participar y pesar en el proceso, le apostarán a un frente amplio electoral.

La elección en Veracruz quedó atrás. Sea quien fuere el próximo gobernador en la entidad, su designación oficial se conocerá hasta el mes de noviembre, pero es indudable que éste, a su vez,  en su momento tendrá que enfrentar a una oposición a la que deberá considerar seriamente en la toma de decisiones, para así obtener un mínimo de consenso que le permita gobernar sin tropiezos. Para la izquierda esto debería ser la primera conclusión a sacar si es que se pretende avanzar. Asumiéndose que la nueva administración pública veracruzana desde sus inicios estará acotada, primero, por la Legislatura en la cual ni el PRI ni el PAN contarán con mayoría absoluta y, segundo, por finanzas públicas deficitarias sobre las que habrán de gravitar cuantiosas deudas heredadas; obligándose a privilegiar gobernabilidad por sobre otro desgastante esfuerzo electoral con vías al 2012.

Lo anterior permite considerar un escenario inédito para un Veracruz que vive de y para la política electoral. Siendo este el punto de partida para afrontar los retos y tareas a que están obligadas las corrientes de centro izquierda electoral, si su propósito es salir de su marasmo en la entidad.

Agotado el esquema de la Fidelidad como proyecto transexenal del PRI, sustentado en el falso supuesto de que todo es rojo en la geografía política veracruzana y en el mito de la infalibilidad, omnipotencia y omnipresencia del Maestro Fidel Herrera Beltrán, se transita ya por un complejo proceso de reacomodo de las diversas fuerzas que configuran el espectro político electoral. Este a mi modesto entender, ofrecerá nuevas posibilidades de rescate, crecimiento y fortalecimiento de los ahora cascarones partidistas de Convergencia, PRD y PT, e inclusive, para el movimiento social plural de resistencia ciudadana que encabeza el lopezobradorismo, llamado a jugar un importante papel en la elección presidencial del 2012, si se decide a salir del closet.

En este nuevo escenario de la vida política de Veracruz, a mi juicio resaltan varios elementos a considerar como contexto previo para todo esfuerzo unitario de las fuerzas electorales de centro izquierda, que merezca tanto el respaldo del lopezobradorismo como de aquellos ciudadanos considerados “indecisos” pero que, por sus condiciones de vida, expectativas de inclusión, crecimiento y aspiraciones futuras canceladas, se identificarían con los propósitos y objetivos de un amplio  movimiento social en la construcción de un frente ciudadano, único y renovado.

  1. Las derrotas enseñan. Las militancias del PRD, Convergencia y PT, e incluso el movimiento lopezobradorista en Veracruz, deberían estar sacando conclusiones en torno al fracaso electoral.
  2. El principal enemigo de la izquierda, hoy y siempre, es la propia izquierda. No se puede seguir confiando en dirigencias espurias enemigas de la democracia;
  3. El enemigo a vencer en el 2012 es el PRI. El PAN se está derrotando a sí mismo a nivel nacional por las políticas erráticas y antipopulares de la administración federal a cargo de Calderón Hinojosa;
  4. El PRI en Veracruz hasta ahorita pierde ganando. No cuenta, como ha venido afirmando, con el monopolio de la vida política en la entidad; habiendo quedado claramente sentado que apenas alcanzó la primera minoría en el espectro plural electoral de la entidad.
  5. Pese a todos los esfuerzos gubernamentales y de las dirigencias colaboracionistas, por sepultar a las fuerzas de centro izquierda, estas se mantienen vivas y actuantes gracias al compromiso, convicción ideológica y voluntarismo de las bases partidistas.
  6. Mal que bien y pese a todas las imprevisiones, improvisaciones, errores, traiciones y desviaciones de los conductores de la llamada izquierda electoral, ésta alcanzó en la elección de gobernador alrededor de medio millón de votos, es decir, el 14 % del total de los votos computados, habiendo contribuido a desenmascarar los mitos de la “Fidelidad”.
  7. En el ámbito nacional, con las alianzas triunfantes en Oaxaca, Puebla, Sinaloa y posiblemente en Durango e Hidalgo, quedó expuesta la debilidad del panismo y de su conductor, Calderón Hinojosa. Sin la participación en alianza de las fuerzas de centro izquierda, pese a presentarse estas fragmentadas, usadas y manipuladas, el fracaso electoral del PAN frente al PRI hubiera sido total. Luego insisto, a mi entender el enemigo a vencer en el 2012 es el PRI, no hay de otra y, en torno a este supuesto, habría  que trabajar intensamente, desde abajo, confiando en la fuerza, creatividad  y compromiso de las bases.

Estos, entre otros elementos relevantes que para mi gusto deja tras de sí la elección del domingo cuatro de julio, bastarían para reafirmar optimismo y confianza para un borrón y cuenta nueva para lo que viene en el 2012. Las fuerzas de centro izquierda electoral en Veracruz, aún sin la participación del lopezobradorismo que le dio la espalda tanto a las alianzas con el PAN como a la simulación político electoral, fueron derrotadas pero no vencidas y, si tomamos en cuenta su propio cochinero a lo largo de los últimos cuatro años, afirmaría que ganó perdiendo, si es que toma conciencia de que habiendo tocado fondo en sus crisis recurrentes, llegó la hora del resurgimiento y reconstrucción con autenticidad y compromiso.

A todo esto se agregaría el hecho de que, no obstante el cerco informativo aplicado al movimiento social de resistencia en defensa del petróleo, la soberanía y la economía popular, se cuenta con el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador que se fortalece a nivel nacional,  en contrario a la “muerte política” del tabasqueño que muchos analistas de buena fe o textoservidores orgánicos al servicio de la reacción, propalan como cierta. Y aquí cabe aclarar que AMLO no perdió la elección presidencial en el 2012  como consecuencia de la frase “Al diablo con las instituciones” o el ya clásico “Cállate chachalaca” que le recetara a Vicente Fox, como tampoco por el “López Obrador, un peligro para México” que propalaran PAN y PRI en alianza con un sector ultra conservador de la iniciativa privada. La elección no la perdió, le fue robada a los electores, mediante un megafraude ampliamente documentado y presente en el imaginario popular.

Cabe también aclarar que la radicalización que se critica y condena del movimiento Lopezobradorista, devino de la movilización de resistencia ciudadana frente al fraude y el colaboracionismo del PRI y la corriente Nueva Alianza del PRD, que pretendieran legitimar tanto la elección del 2006 como el mandato de Calderón Hinojosa, y no de un presunto complot para desestabilizar a México, como ha quedado ampliamente comprobado. El verdadero peligro para México era y lo sigue siendo Felipe Calderón.

Como bien lo afirma Mario Di Constanzo, la izquierda tiene como único líder nacional a López Obrador. De su reconocimiento como tal por las fuerzas de centro izquierda partidista en Veracruz, depende en mucho la recoja eficaz de los tepalcates y ulterior renovación con la participación activa del lopezobradorismo. Desdeñar nuevamente a éste movimiento, escuchando el canto de las sirenas de “los chuchos” y demás colaboracionistas que se inclinan a favor de una alianza cupular para impulsar la candidatura de Ebrard o cualquier otro para la elección presidencial del 2012, es, a mi juicio, un nuevo tropezarse de la izquierda con la misma piedra, rechazando la oportunidad de aprender de su propia historia, negándose a un escenario que hoy por hoy está dado para avanzar.

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En recuerdo de Pepe Zamarripa

Hubo un tiempo, ya lejano, en el que el concepto de lucha interna en la vieja izquierda comunista y partidista llegó a tener una gran altura conceptual. Desde los tiempos de Lenin significó debate de ideas, de grandes ideas, como las del partido que se debía tener o el régimen social y político que se proponía a la sociedad. Luego se convirtió en simple lucha por el poder interno. Cuando yo ingresé al Partido Comunista Mexicano, en 1956, el tema estaba en su apogeo, como lucha por la dirección del partido.

Durante muchos años presencié la discusión en torno a la lucha interna, hasta que abandoné el Partido, 10 años después. A final de cuentas, todo resultaba en un simple reacomodo de poderes internos. Cuando se fundó el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), el tema desapareció y, en consonancia con los tiempos de la reforma política, sólo se habló de unificar a todas las fuerzas de izquierda. Ahora, en el PRD, el concepto vuelve a escena, sólo que muy degradado, sólo para ser de nuevo lucha por el poder interno.

Tal y como casi todo mundo lo ve, el PRD pareciera un partido sin futuro, deshilachado, polarizado, dividido sin remedio y, en todo caso, perdedor. Se trata de un partido que ostenta tener un padrón de más de tres millones y medio de afiliados. En mis viajes por el país a propósito de mis participaciones en los foros y debates sobre la cuestión petrolera, a los que me han invitado todo tipo de organizaciones e instituciones académicas, siempre me encuentro con muchísimos perredistas. Cuando yo les pregunto si son de Nueva Izquierda o de Izquierda Unida, la respuesta puntual es: somos lópezobradoristas.

Como miembro fundador de ese partido, me preocupa lo que pasa en el PRD. No puedo ser neutral. Como casi todos los perredistas del país, pienso que mi lugar está en el movimiento cívico que encabeza López Obrador. Y mi conclusión siempre ha sido: eso está ocurriendo en el partido, esa pugna entre grupos de poder se está dando sólo en la cúpula. La lucha interna se reduce a una lucha entre facciones que no logra involucrar al grueso de los militantes. Claro que no son grupúsculos. Son varias decenas de miles de profesionales de la política.

A donde quiera que voy siempre veo una ausencia total de la militancia de base en el conflicto de los dos polos en lucha por el poder interno, sea a nivel regional sea a nivel nacional. Casi todos los perredistas se desmarcan del conflicto, no les interesa y, en la mayoría de los casos, lo repudian. En cambio, siempre veo que los militantes sienten que su lucha es la que el movimiento cívico está emprendiendo. Muchas veces me han invitado organizaciones lópezobradoristas y, cuando les pregunto cuántos de los asistentes son perredistas, siempre encuentro una inmensa mayoría entre ellos.

El chuchinero en el que está convertido hoy el PRD es un fenómeno de cúpula, de elite, y no define, en realidad, lo que es ese partido. Este nació más como movimiento que como partido y siempre se ha mantenido así. Era algo que a mí, en lo personal, me disgustaba, porque yo quería una organización políticamente concentrada y de verdad operante. Pero hoy pienso que eso, precisamente, ha sido la salvación del PRD. Por supuesto que, en las condiciones actuales, para las próximas elecciones, el partido va a un desastre seguro y ya anunciado. Pero como movimiento mantiene su vitalidad y López Obrador, con su liderazgo creativo y persistente, lo ha fortalecido.

En las elecciones los militantes de base no tienen interés porque carecen de estímulos. Ver a exponentes de los bandos en pugna (simples activistas profesionales y no verdaderos políticos) como candidatos no les atrae mínimamente. Para las próximas elecciones, el PRD podría volver a ser un partido triunfador sólo si su movimiento social y político hace un llamado para participar en ellas e impone a candidatos con auténtico raigambre popular. A ningún perredista le simpatiza la idea de seguir mandando a los puestos de elección popular a logreros corruptos y malafamados para que los represente.

El abrumador dominio de los chuchos en el aparato burocrático del PRD, usando de sus bienes y de muchos más que les llegan de fuera, es sólo eso: un dominio burocrático, de cúpula. La masa del partido sigue al margen y no está interesada en participar en esa pugna. A los encinistas les pasa lo mismo, con la notable excepción del DF, en donde han logrado hacer una política de masas efectiva frente al dominio chuchista. En dondequiera que intenten contender con los chuchos estarán en desventaja si lo hacen a nivel del poder burocrático. Deberán fundarse en el movimiento y dejar que sus contrincantes se revuelquen en el lodazal en el que han levantado su poder.

Los seguidores de ambos lados forman grupos, ante todo, clientelares y se manejan en la superficie. Están acostumbrados a comprar y vender, a los cochupos y a las componendas. Esa es su política “moderna”. No tienen banderas, sólo intereses y están dispuestos a defenderlos a como dé lugar. Se montaron en el debate petrolero porque no les quedó de otra y porque no tenían nada que decir al respecto. Los chuchos se aprestan a “negociar” y lo han hecho saber de muchas maneras, acusando a los rivales de no saber hacer política.

Hoy el verdadero PRD no está en sus siglas, las que sólo representan esa ínfima burocracia en la que se da el enfrentamiento. Está en el movimiento cívico que encabeza López Obrador. No lucha por botines y puestos, sino por causas justas. No hace componendas, sino denuncias y propuestas. No tranza, sino que debate y ha demostrado que sabe debatir y obligar a escuchar razones. No anda haciendo arreglos arriba, en las cúpulas del poder, sino que convoca al pueblo en las plazas y debate en todos los foros a los que se le deja entrar.

Ese verdadero PRD tiene otro mérito, para mí entrañable: por primera vez en la historia, sabe convocar a los intelectuales y hacerlos partícipes de su lucha. Eso ha valido a los intelectuales denuestos a más no poder. Pero les ha dado el valor suficiente para participar en esta lucha, sabedores de que ahora son escuchados. Eso es mucho.

La Jornada/150908

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