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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce
Esto no se acaba hasta que se acaba, suele afirmarse en las confrontaciones deportivas. Bueno, también el sentido común en el imaginario colectivo tiene aplicación en la vida política de un Estado-nación como México o en una entidad federativa y, para el caso de la veracruzana, nunca como hoy día cobra plena vigencia., el gobierno de Javier Duarte cae dentro de esta tesitura: El silbato de la indignación y hartazgo social dio término al encuentro. ¡Esto ya se acabó! Y a otra cosa mariposa.

Por donde se le quiera ver, sectorial o regionalmente, el sexenio en curso llegó anticipadamente a su fin. Agotado hasta sus últimas consecuencias, la pérdida de autoridad moral, política, financiera, económica, y social, así como ineptitud evidente, rebasó toda expectativa de credibilidad y confianza en un gobierno a todas luces fallido.

Nada que justifique el optimismo obligado de un Flavino Ríos, secretario de gobierno, se contempla para lo que falta en el 2015 y el sexto y último año de mandato constitucional de Javier Duarte “Aún hay tiempo”, para enderezar la nave, afirmara el funcionario público y político sureño, ante un nutrido grupo de propietarios de medios de comunicación, columnistas y algunos reporteros.

Mucho menos el optimismo de algunos sectores veracruzanos de clase media, que imbuidos más por el interés coyuntural que por honesta convicción, aún confían, primero, que el gobierno duartista pague lo que debe y, en segundo término, el cifrar esperanzas en torno a una posibilidad real de que la administración pública estatal les resarza el status económico y social perdido.

Y aún hay más, el optimismo sin sustento de los ingenuos que consideran que con abundancia de críticos y manidos señalamientos y denuncias mediáticas, corrupción impune cederá el paso a la justicia enjuiciando y encarcelando a los responsables de saqueo y desastre.

Lo perdido, perdido está, no hay vuelta de hoja. Así se colmen las cárceles de servidores públicos saqueadores, los miles de millones de pesos “extraviados”, no regresarán a las arcas públicas ni el aparato productivo se resarcirá de las pérdidas y, mucho menos, los veracruzanos mejorarán en sus condiciones de vida. Más de 10 años de saqueo inmisericorde, malos gobiernos y un aparato productivo dejado a su suerte, pesan y pesan mucho en un proceso casi irreversible de deterioro de un tejido social puesto a mansalva entre la espada y la pared.

No hay nada positivo que en lo que resta del sexenio duartista pudiera esperarse. Haciendo agua por doquier, ya se acabó.

Lo que sigue es el rescate de un Veracruz en ruinas y éste, si es que existe la disposición de afrontarlo con seriedad, Cabría entonces pensar, no sin cierto escepticismo, que en el mini gobierno de dos años, cuando menos se sienten las bases para recuperar si no las pérdidas, cuando menos el rumbo perdido. Lo cual, a mi también ya desgastado juicio y como dicen en mi pueblo, no es enchílame otra.

El contexto.

Y no es enchílame otra porque a su vez Veracruz está inserto en una realidad nacional en la que el modelo económico, social y político neoliberal que impulsa el Sr. Peña, más que como aspiración impuesta a un nuevo orden de cosas en el que las leyes del mercado se impongan por sobre la fuerza del Estado presuntamente en beneficio del bien común, se reduce a más saqueo, más corrupción y más impunidad.

Si la reforma energética, estimaran los tecnócratas aprendices de brujo -intereses norteamericanos aparte-, abriría el camino para la consolidación del modelo neoliberal, la realidad inercial del saqueo como paradigma de Estado, impone otra cosa: el obsequio de los recursos estratégicos de México al capital privado, doméstico e internacional; ampliando las oportunidades de corrupción, impunidad, enriquecimiento y acumulación individual para unos cuantos connacionales en detrimento de millones de mexicanos ahora sumidos en desigualdad, pobreza y pobreza extrema.

El mal es nacional y no es menor y en ello va implícito el agotamiento de un régimen político vigente, sin legitimidad democrática, credibilidad y confianza. Expresándose lo mismo en el desastre multidimensional veracruzano, que en una iniciativa privada sin iniciativa que, en la entidad, marcha sin visión de futuro a la zaga de una clase política aldeana ineficiente y corrupta.

Bajo este esquema imperante como contexto, nada que ofrecer a los veracruzanos para un auténtico rescate. Desigualdad, pobreza y miseria extrema, es lo que se aprecia en el horizonte inmediato y, en este panorama, miente todo aquel político que con aspiración a gobernar a la entidad, afirme con desparpajo que va a sacar al buey de la barranca.

Ni honestidad, ni preparación y capacidad que valga, parece suficiente para que un gobernador de dos años revierta la tendencia dominante. Con mayor razón, si no se está dispuesto a enfrentar al toro por los cuernos aceptando tanto la realidad real dominante como la ingente necesidad de reconstruir el aparato administrativo gubernamental y crear condiciones para una reordenación y reconversión del aparato productivo estatal, hoy por hoy obsoleto y agotado, al que irían aparejadas políticas públicas incluyentes de generación de empleos remunerativos, fortalecimiento del mercado interno y un auténtico combate desde sus causas últimas a desigualdad y pobreza. Lo cual no se vislumbra en un discurso que elude reconocer que por sobre la racionalidad económica y social que se pretende alcanzar con el proyecto de país del peñismo, objetivamente se impone la cultura del saqueo y la simulación como paradigma de Estado.

Así que ni para donde hacerse. Dejar hacer, dejar pasar; más de lo mismo hasta donde el cuerpo social aguante, para una sociedad que, a su vez, elude el compromiso de poner un alto a la corrupción impune. La dinámica de la inercia marcada por el interés coyuntural individual de sobrevivencia, opone una muralla de complicidad a la búsqueda del bien común.

Lo único que queda para quien quiera asumir que hay otras alternativas, es la resistencia del nosotros ante el avasallamiento del yo sistémico… O poner en silencio la otra mejilla.

Hojas que se lleva el viento

Mecánicamente se piensa que con la llegada de Manlio Fabio Beltrones a la presidencia del CEN del PRI, está asegurada la candidatura del senador Héctor Yunes Landa a la minigubernatura de Veracruz. Sin siquiera percibir que lo que en estos momentos cuenta no es el padrinazgo político sino la necesidad de un régimen en crisis de frenar su propia debacle. El país conducido por un grupo de tecnócratas neoliberales vinculado a intereses capitalistas creados, internos y externos, se le escurre entre las manos a un Sr. Peña Nieto que no ha contado con el necesario respaldo del partido gobernante, y que de hecho acepta el propio Beltrones al afirmar que la sana distancia entre el partido y el presidente no ha funcionado.

Y así es en efecto, el PRI no ha sido funcionalmente útil en la tarea de administrar el conflicto resultante de la confrontación de propósitos neoliberales modernizantes con una dinámica inercial del peso histórico de una sociedad liberal, construida con parches socializantes fruto de la Revolución Mexicana. De ahí que para solventar el déficit de control, confianza y credibilidad, el peñismo para sobrevivir tenga que recurrir a lo más rancio del priísmo salinista, “la vieja guardia de la mafia institucional”.

“Seré un presidente cercano al presidente”, afirma Manlio Fabio, interpretando esa necesidad del peñismo y, eso, como mensaje a quien quiera ponerse el saco en Veracruz, es jerarquizar como prioridad a una política política que sirva tanto a la necesidad de fortalecer al deteriorado gobierno peñista en la coyuntura, como el construir un valladar estratégico que con eficacia se oponga en el 2018 a la “amenaza populista” de López Obrador para asegurar la continuidad del proyecto de modelo de país en curso. A esta necesidad se deberá la designación del candidato priísta idoneo y no al compromiso amical entre compadres.

Necesidad a la que, por cierto, deberá poner atención una izquierda responsable para adecuarse a los nuevos tiempos.

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Y para que no haya duda de que la impunidad en México no tiene retorno, el INE declara que violar la ley no es suficiente para privar de su registro al partido verde, poniendo en evidencia la existencia de un estado de derecho a modo y conveniencia del presidente en turno. La ley de Herodes es la constante.

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Con el número 312 fechado el 12 de agosto del año en curso, el Semanario Pulso Crítico cumplirá 6 años ininterrumpidos incursionando en la Red de Redes. Fruto de un esfuerzo periodístico alternativo y ciudadano de quien esto escribe, ha dejado constancia de que si se puede cuando se quiere en el ejercicio de la libertad de expresión, decir sin ataduras y en el filo de la navaja lo que se piensa, gracias a los amplios canales de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación puestos al alcance de todos. En estos días aciagos el riesgo es alto pero vale la pena intentarlo, peor sería para un ciudadano de a pie, el cargar con el silencio cómplice que doblega y atenta contra la libertad de la palabra.

Xalapa, Ver., 9 de agosto de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El tema de la desigualdad, eje central del Foro Económico Mundial de de Davos, fue tocado en México por el senador Manlio Fabio Beltrones en referencia al riesgo de una recesión global, que tendría “un impacto ineludible en México. Así como por el Dr. Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, quien afirmara que su gobierno trabaja para abatir desigualdad y pobreza.  

Llama la atención el hecho de que en tanto que para el cónclave de Davos para lo más representativo del capital internacional y jefes de Estado, se da como un hecho de que los actuales modelos de crecimiento económico y desarrollo social del capitalismo están agotados, el Senado de la República, por voz de Manlio Fabio Beltrones, poniendo el dedo en la llaga proponga al gobierno, partidos políticos y sectores social y privado, un plan de 10 puntos para hacer frente a la crisis sistémica global, sustentado precisamente en el modelo neoliberal vigente.  

Aunque cabe señalar que por primera vez desde las altas esferas del poder en México, se ponga énfasis en reconocer que no somos ajenos a los efectos de la crisis, que el riesgo de éstos para el país es inminente, y que no estamos preparados para hacerle frente debiendo, por tanto, tomar las medidas de ajuste pertinentes tanto en lo económico como en lo social para minimizar los daños esperados. 

Igualmente, por primera vez, se pone en el tapete de la discusión la necesidad de fortalecer el mercado interno mediante el incremento de la capacidad de compra de la población a través del ingreso per cápita real, o sea a través de  incrementos salariales.  

Los focos rojos ya están, por tanto, prendidos en México. El diagnóstico elaborado por el Senado da elementos para ello. Lo que faltaría es que efectivamente se actué en consecuencia y, en congruencia con el diagnóstico internacional que motiva a priorizar en Davos la revisión de los modelos vigentes de crecimiento y desarrollo, con énfasis en la desigualdad, se acepte que en México el modelo neoliberal está agotado, para de ahí partir en la búsqueda de un pacto nacional para afrontar la crisis sistémica global. 

En este escenario y a la luz de los diagnósticos publicitados en Davos y en México, destaca por su ligereza y reiterado triunfalismo, la postura del gobernador de Veracruz, cuando sin el menor análisis, afirma que con su programa electorero “Adelante”, se trabaja para abatir la desigualdad, focalizando sus acciones en las comunidades con mayores índices de pobreza. Lo cual a mi juicio me parece irresponsable, en tanto se recurre discursivamente a la demagogia, sin tomarse medidas serias que verdaderamente incidan en una disminución gradual de la desigualdad entre los veracruzanos. A más de que no está en manos del gobierno estatal, sin rumbo, sin brújula y sin recursos, el propiciar alteración alguna de las condiciones estructurales que dan lugar a mayor pobreza y desigualdad. 

El problema de la desigualdad es sistémico, multidimensional  y determinado en la coyuntura por las consecuencias de los modelos neoliberales equívocos, adoptados por el capitalismo en las últimas décadas del siglo XX, para sustentar crecimiento económico y sostenibilidad de la tasa media de ganancia del capital, a costa de pobreza y desigualdad de las poblaciones. 

Políticas públicas, programas y acciones gubernamentales domésticas, de maquillaje y con claro tinte electoral, son irrelevantes en el marco de una crisis global que, de acuerdo con el diagnóstico del Senado, nos está tomando por sorpresa y en franca indefensión. El gobernador Veracruzano lo sabe o debería de saberlo de acuerdo a su perfil académico. Su incapacidad manifiesta para ubicarse como gobernante en el escenario nacional e internacional, lo obliga a su empecinamiento declarativo en ver lo que no es de la realidad que vive el mundo de hoy. Y peor aún, en no ver objetivamente la realidad de sus gobernados para actuar en consecuencia.

Sin empleos remunerativos y fortalecimiento de la capacidad de compra vía incrementos salariales, no hay crecimiento económico y mucho menos posibilidad de abatir desigualdad. De ahí la necesidad de revisar y modificar los modelos del capitalismo para el Siglo XXI. No lo digo yo, lo afirman los gurús que al más alto nivel del sistema dan la alerta en el Foro Económico Mundial de Davos.

Hojas que se lleva el viento

Clamor ciudadano ante el casi un hecho de que la Legislatura local apruebe la cuenta pública del 2010, exonerando de toda responsabilidad al ex gobernador Herrera Beltrán. “La lavadora”, así califican al Congreso local y seguramente tengan razón, sin embargo cabe preguntarse: ¿Se esperaba otra cosa? ¿Algún ingenuo llegó a pensar que el gobernador Duarte de Ochoa dejara de cubrirle las espaldas a su mentor y padrino político? Una cosa es que desde el poder se nos juzgue como menores de edad y otra, muy distinta, el que nos autocalifiquemos como retrasados mentales. Fidel es Fidel y ya sin ningún impedimento legal, blanqueado su oscuro plumaje, será postulado por su partido como candidato a una senaduría o diputación plurinominal, salvo que sea vetado por el CEN del PRI. La pregunta que queda en el aire: ¿Los veracruzanos conoceremos algún día en que se invirtieron los miles de millones de pesos que dieran lugar a la deuda pública que heredara Fidel a Javier Duarte?

O la Sra. Leticia Perlasca no tiene bien informado al gobernador Duarte de Ochoa o hay un “complo” en contra de la inteligencia de los veracruzanos. No puede ser que un día se afirme que el Ayuntamiento de Boca del Río prohibirá que turistas pernocten en las playas y días después el mandatario declare que en los dos próximos meses Veracruz recibirá con los brazos abiertos a dos millones de visitantes. Sería bueno que también informaran cual es la capacidad de alojamiento con que se cuenta y de que calidad, tanto en la zona conurbada Veracruz-Boca el Río, como en Tlacotalpan y el Totonacapan, para tener una idea de cuantos turistas entran por habitación. De lo contrario tendría que pensarse que el alcalde de Boca del Río se extralimita al prohibir que en las playas, zona federal por cierto, duerman la siesta y hagan pipi quienes nos visitan.

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J. Enrique Olivera Arce

Javier Duarte de Ochoa

Disculpe señora. ¿A que evento se dirigen con tanta prisa? Pregunté con todo comedimiento a una de las integrantes de un “rebaño” conducido por una dama muy popular entre los tianguistas de  nuestra ciudad capital, que a toda prisa se dirigían al estadio xalapeño.

Oye tu, ¿adonde vamos?, le dijo la interpelada tras un codazo a la compañera que marchaba a su lado, quien sin perder el paso y con toda seguridad contestó: “a la protesta del que va a ser gobernador”.

Dirigiéndome a esta segunda persona, pregunté: ¿Y contra que va a protestar?

“Contra el presidente que no le cumple a los veracruzanos con el dinero que nos toca del presupuesto”, contestó, alcanzando a la carrera a sus compañeras que ya se habían adelantado tomando rumbo hacia un espacio público, de todos los xalapeños, hoy designado  templo del PRI para ungir a su candidato.

Degustando un pambazo de jamón y queso, obsequiado a los concurrentes a la toma de protesta de Javier Duarte como candidato del PRI a la gubernatura de Veracruz, recorrí el muro perimetral del estadio lo mismo observando el comportamiento de los varios miles de acarreados ahí reunidos, que la eficiente labor de organizadores, conductores de grupo, acomodadores y líderes de las diversas porras que de todos los rincones de Veracruz tomarían parte en el magno evento del priísmo estatal para vitorear más que al ahora candidato, a los santones de la cúpula nacional que testificarían el poder de convocatoria de Fidel Herrera Beltrán, gobernador y aspirante a la candidatura de su partido en la búsqueda de la presidencia de la República.

Sin alejar de mi mente el diálogo sostenido con las señoras, presuntamente tianguistas, a la distancia observé al Maestro Fidel Herrera, con su cachuchita roja  -promocional de la imagen de su “delfín”-, al senador Beltrones acompañado por Héctor Yunes Landa, y a otros y otras encumbradas figuras del priísmo, que saliendo de un conocido restaurante dirigieran sus pasos a la entrada del estadio para ocupar su sitio en el palco de honor, cuando se les informara que ya prácticamente estaba ocupado todo el graderío. En ese momento completé la imagen en tiempo real sobre el PRI de hoy y de siempre en Veracruz; si el gobierno del estado, los ayuntamientos priístas, y la Universidad Veracruzana no escatimaran gastos para reunir a más de 20 mil personas, disponiendo a su arbitrio de un espacio público que es de todos los veracruzanos, ya podemos darnos por enterados de lo que será la campaña electoral que desembocará en una asimétrica elección de gobernador.

Sustentado en una muy cara pero eficaz parafernalia el partido de la fidelidad logra así su propósito: restregarle en el rostro a  la ciudadanía tanto la organización y fuerza de su estructura electoral, como la fortaleza del primer priísta de la entidad en su empeño por hacer de Duarte de Ochoa, contra todos los pronósticos, gobernador de la entidad, como pase obligado para lo que viene en el 2012.

No esperé al discurso plañidero de Javier Duarte de Ochoa ó a las incongruencias de una decepcionante Beatriz Paredes que del Olimpo bajara al nivel de los descamisados de Cesar del Ángel. Tras saludar al siempre atento y caballeroso diputado federal, José Francisco Yunes Zorrilla, y a otros tres o cuatro amigos que militan en las brigadas rojas, retorné a la civilización. Reconstruyendo en mi memoria lecturas de pasajes similares de la historia de la Roma antigua, en los que el Emperador rodeado de la corte ofreciera pan y circo a sus súbditos, en el coliseo construido por Vespasiano en el siglo I de nuestra era.

Sumido en mis reflexiones y con la imagen vívida del despilfarro económico y moral en que incurre nuestra clase política, me imaginé al Cesar, a sus cortesanos y efebos, y a la hambrienta muchedumbre clamando por la muerte del gladiador vencido. Pero al mismo tiempo no pude dejar de pensar en que tanto el PAN como los partidos políticos de minoría, tienen mucho que aprender aún del viejo PRI, si acaso pretendieran ser competitivos en las justas electorales. No me refiero únicamente al pragmatismo ayuno de ideología, a sus trapacerías y escandaloso dispendio de recursos que concurren, lícita o ilícitamente a la obtención de cada voto depositado en las urnas; todo ello sería insuficiente si previamente no se contara con los centuriones y cohortes que conforman el ejército rojo priísta, que operan a nivel del piso.

La estructura partidista real. No la que se sustenta en “cuadros” ideológica y programáticamente formados y convencidos de la bondad de su militancia en el partido, que por cierto  ya no existe; esta ha sido substituida por burócratas acomodaticios que del oportunismo pragmático hacen fortuna. Sí, la que aún está viva y actuante hasta el último rincón de la geografía veracruzana, integrada por centuriones y cohortes de mercenarios prestos a servir al mejor postor que el PRI señale y de la cual carecen los demás partidos políticos en el espectro nacional y local. No se construye ni se organiza y capacita en un día; se requiere de tiempo, mucho dinero, y de una alta dosis de cinismo y simulación para prepararle y mantenerle latente, siempre dispuesta para el momento del golpe maestro. Lo mismo para la movilización, acarreo, reparto de dádivas, que para la  inducción, compra de mesas directivas de casilla y del voto ciudadano. Es este ejército, no los generales encumbrados, o candidatos fruto de la circunstancia, los que hacen posible triunfo tras triunfo del PRI en todo proceso electoral.

Lo observé con cuidado. Cada centurión y su cohorte, con organización y disciplina, conduciendo a su respectivo rebaño de acarreados. Desde la convocatoria previa, la amenaza o el chantaje, el abordaje del transporte y la marcha al lugar de destino; distribución de gafetes, de camisetas y gorras, paraguas, agua y despensas, hasta el acomodo de cada agrupación en el espacio previsto y la entonación de estribillos y porras en el momento indicado. Si cada acarreado tiene o no conciencia de a donde y a que se le conduce, eso es lo de menos, lo mismo recibirá el pago de su día como retribución a su ignorancia y su miseria.

Son estos mercenarios de camisa roja y ostentoso gafete, los que marchan a paso firme rumbo al triunfo del PRI en julio próximo. El oropel que cubre a los cónsules y generales, es sólo eso, oropel. En tanto que el dinero que hace posible la presencia, disciplina y parafernalia de los centuriones rojos triunfantes, sale del bolsillo de todos. Para eso son los impuestos que nos clavan nuestros próceres del PRIAN.

Mañana, la crónica y la foto oficial difundida por la prensa, hablarán diferente. Centuriones, cohortes y acarreados, serán invisibles. Para la audiencia, el triunfo faraónico en el corazón del coliseo, se atribuirá  al pequeño Cesar, a su poder de convocatoria, a su dedo señalando la nada, porque nada tiene que ofrecer. Esto, claro está, si así lo permite el Maestro Herrera Beltrán, por ahora dueño del circo.

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J. Enrique Olivera Arce


Partiendo del supuesto de que para la gran mayoría de los veracruzanos el Maestro Fidel Herrera lo es todo, que su poder es omnímodo, y que el pensamiento único que el promueve se impone por sobre la pluralidad de una sociedad que permanentemente exige cambios y  respuestas disímbolas en atención a sus demandas de progreso y modernidad, un convulsionado PRI, fracturado y cada vez más alejado de las necesidades reales y sentidas de la población, celebra con fastuosidad y soberbia el primer aniversario sexenal de eso que llaman “fidelidad”, ungiendo al adalid que como candidato único ya se asume como el llamado a gobernar a Veracruz.

En días pasados Javier Duarte de Ochoa expresó que tanto Miguel Ángel Yunes Linares como Dante Delgado Rannauro, no representan a nadie y, bajo tal criterio tanto el como el ejército clientelar que le sigue actúa en consecuencia, uniformando en pensamiento y acción a la corriente de la “fidelidad” –que no a la militancia priísta veracruzana en su totalidad- dando la espalda a la realidad y subestimando peligrosamente a sus adversarios políticos y partidos a los que éstos abanderan en la búsqueda de la gubernatura, diputaciones locales y alcaldías. Bajo esta premisa, no desmentida y si alentada por el gobernador Herrera Beltrán, “fidelidad” celebra su onomástico y el triunfo anticipado del PRI en las urnas el próximo cuatro de julio, para dar paso a la continuidad de un régimen que sustenta sus éxitos lo mismo en el triunfalismo mediático que en teñir todo de rojo a su paso.

Sin contrapesos, cooptada la casi totalidad de la prensa impresa y electrónica, con honrosas excepciones, la disidencia, la crítica y la autocrítica, no tienen cabida en los escenarios virtuales de lo que con boato festeja la fidelidad. Cual la frase bíblica atribuida a Jesús: “El que no está conmigo está contra mí; y el que no recoge conmigo desparrama.”, la corriente maniquea galopa desbocada, no atiende a razones y mucho menos escucha el estruendo que deja a su paso tras ofender y lastimar a quienes piensan diferente. Virtudes y defectos, fortalezas y debilidades de aspirantes desdeñados y candidatos impuestos no cuentan, mucho menos el sentir o el pensar lo mismo de la militancia que del resto de la población;  Al igual que en 2007 o 2009, el esperado triunfo en las urnas tiene un solo artífice: Fidel, “el que nunca ha conocido de derrotas”.

En medio de todo esto, los adversarios electorales del proyecto fiel avanzan, acumulando aceptación y simpatía incluso entre la tropa priísta. A la parafernalia de la fidelidad y el chato discurso del improvisado delfín responden con propuestas puntuales, interactúan con la población y concitan expectativas y esperanzas. Quienes “no representan a nadie” escuchan, amarran y construyen, cada uno a su paso una oposición real que convencida de que el tiempo de Fidel Herrera ya pasó, otean nuevos horizontes en los que no tiene cabida el color rojo de la imposición y la continuidad. Oposición que no se quiere ver ni escuchar, pero que ahí está, latente, esperando su oportunidad de expresarse en las urnas.

También, en medio del barullo y la quema de incienso, bajo la mesa operan quienes desde el centro neurálgico del priísmo nacional ven en un posible carro completo de la fidelidad, amenaza a sus futuros intereses. No pueden permitir que el Maestro Fidel Herrera tome la elección en Veracruz como su pasaporte a la candidatura por la presidencia de la República. Tampoco se ven, tampoco se escuchan en la torre de marfil de la fidelidad, pero ahí están  el PRI de Enrique Peña Nieto, el PRI de Manlio Fabio Beltrones, lo mismo prestos a negociar una calculada derrota del PRI del veracruzano Herrera Beltrán que a recoger el tiradero a reconstruir del que habrán de valerse para el 2012.

Las festividades habrán de prolongarse por 60 días más y de más despilfarro del joven delfín seremos testigos. Lo único que ensombrece el aquelarre es el temor de  Herrera Beltrán a que Calderón Hinojosa siga metiendo las manos;  no es de gratis, él con todo el cuerpo inmerso en lo mismo que acusa, sabe de lo pactado en la cúpula nacional del PRIAN. Lo percibe, siente y vive a cada momento, no por mucho madrugar se amanece más temprano, cuando en medio del festejo fiel se escucha el paso de los enanos del tapanco. Ese es el karma de un gobernador que obligado por las circunstancias del momento sabe que debe callar, pues el miedo es contagioso, antes que descarrilar y dar al traste con la fiesta, apechuga. No hay marcha atrás, entrado en gastos su decisión está tomada, “manque le lleven los pingos” en su afán de trascender.

Que festeje Javier y la fidelidad, es su momento. Ya mañana Dios dirá cuando se deban recoger las varas.

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J. Enrique Olivera Arce


Palo dado ni Dios lo quita, es la tesis de Manlio Fabio Beltrones cuando de la extinción de la paraestatal Luz y Fuerza del Centro y la liquidación de más de 40 mil trabajadores manuales y administrativos se trata. La decisión de Calderón Hinojosa estuvo apegada a derecho y, en todo caso, es su bronca el tener que pagar las consecuencias políticas, económicas y sociales por haberlo hecho a mansalva en sábado y en la oscuridad de la noche, es el cuento de moda  que hoy nos trata de vender el PRI.


Y vaya que tiene seguidores. En la polarizada discusión que en torno al albazo se da en todos los círculos sociales, parecen tener mayoría los que gracias a los medios de comunicación electrónicos y los impresos más reaccionarios de este país, le cargan todo el muerto a los trabajadores y a su sindicato, acusándoles con exceso de ligereza, de ser los villanos, responsables de la debacle financiera de la empresa de servicio público propiedad, hasta el pasado domingo, de todos los mexicanos. “Los onerosos privilegios contractuales de los electricistas del SME, provocaron la quiebra y propiciaron la ineficiencia operativa de la empresa en  perjuicio de millones de usuarios”, es la tónica del discurso de los aplaudidores de Calderón, al que han erigido en héroe nacional.


Lo que no se dice, porque el gran público no lo sabe o no lo percibe al haberlo ocultado tanto el gobierno calderonista, los medios de comunicación y el PRI que por décadas auspiciara el desorden técnico, administrativo y financiero de la empresa y se valiera de algunas dirigencias del sindicato para sus trastupijes electorales, es que la empresa contaba con un selecto cuerpo de burócratas de alto nivel, con un Consejo de Administración en el que participaran secretarios de hacienda, de economía y de energía, entre ellos Calderón Hinojosa y Agustín Cartens, en su momento, y un Director General avalado por la presidencia de la República. Si hay responsabilidades que perseguir, también hay responsables y estos, a no dudarlo, son los que a lo largo de los años han fungido como cabezas de la empresa ahora extinta y no los trabajadores subordinados a las decisiones tomadas desde la dirección.


Tampoco es del dominio público que otro tanto igual de trabajadores que vienen prestando sus servicios en empresas diversas, proveedoras de Luz y Fuerza del Centro, sin deberla ni temerla, serán seguramente despedidos al extinguirse el negocio. Así responde el “presidente del empleo” a sus promesas de campaña.


Por cuanto a “los privilegios” de que gozaran los trabajadores y la directiva sindical, si bien hasta el domingo estaban muy por arriba del común de la clase obrera, estos son conquistas laborales acumuladas a lo largo de 95 años de lucha gremial y no dádiva graciosa de un gobierno solapador. Lo paradójico es que quienes mayormente señalan lo desproporcionado y abultado de tales “prebendas”, son trabajadores que no han tenido acceso a estas porque ni están organizados ni mucho menos cuentan con historia de lucha proletaria y conquistas arrancadas a la patronal en cada revisión del contrato colectivo. Más que señalar  a los trabajadores electricistas como criminales y malos mexicanos, bien les convendría analizar si están a gusto y de acuerdo en trabajar a cambio de salarios de hambre y exiguas o nulas prestaciones, bajo el control de un sindicato de protección al servicio del patrón.


Tampoco la mayoría que aplaude a Calderón, lo sabe y bien han  procurado los gobiernos de Vicente Fox y Calderón Hinojosa de no divulgarlo, que tras la “valiente medida” se oculta la aviesa intención de privatizar la red de distribución hasta el sábado por la noche operada por la empresa extinta, en beneficio de empresas extranjeras interesadas en utilizarla en proyectos de comunicación de datos mediante fibra óptica, existiendo contratos firmados en lo oscurito para tal fin. Eso lo sabe la cúpula del PRI y tan lo sabe, que ya un diputado de este partido político promueve en la Cámara de Diputados un punto de acuerdo exhortando a la presidencia de la República a dar a conocer tales contratos y sus términos  al Congreso de la Unión.


Pero lo que más llama la atención es la ausencia de memoria histórica. Ya nadie se acuerda que bajo los mismos pretextos, supuestos despilfarros, costo oneroso de operación de  la empresa y “privilegios” de los telefonistas sindicalizados, acompañados de un sinnúmero de perjuicios a los usuarios, el gobierno de Carlos Salinas extinguió Teléfonos de México  para posteriormente privatizarle. El mal servicio  que proporciona esta empresa y las tarifas por arriba del estándar internacional con que opera, subsiste hasta la fecha, pero sus nuevos propietarios han acumulado enormes fortunas con un monopolio del Estado mexicano entregado en bandeja de plata a empresarios de los que,  incluso, se afirma, son simples prestanombres del ex presidente  Carlos Salinas.


Flaca memoria histórica que impide razonar que si ya nos saquearon una vez, lo volverán a hacer, como con el también escandaloso caso de la banca nacional entregada a empresas extranjeras o el petróleo, patrimonio de la Nación, cuya explotación reside ya, prácticamente, en manos de las trasnacionales.


¿Quién sigue en el proceso de extinción privatización? ¿La CFE? ¿Pemex? ¿El IMSS? ¿El ISSSTE? ¿Los ahorros de los trabajadores? O de plano tenemos que irnos haciendo a la idea de que todo el conjunto del gobierno, por ineficiente, ineficaz, despilfarrador, y auspiciador del enquistamiento de una alta burocracia  con salarios diez veces o más que lo que devengaba el mejor pagado de los obreros electricistas hoy en la calle, deberá ofertarse en venta de garaje hasta extinguir el Estado.

Bien por los aplaudidores gratuitos, su ignorancia los redime. En ellos descansará la responsabilidad histórica de haberse negado, más por ausencia de conciencia de clase que por envidia, a defender el patrimonio nacional.


Que mal para un Manlio Fabio Beltrones y su partido, el PRI,  que con pleno conocimiento de causa, juez y parte en el saqueo, con la sonrisa en los labios se pliegan a los intereses de Calderón Hinojosa y poderosos consorcios trasnacionales en demerito del futuro de este país y su aguantadora población. Para estos adalides tricolores que dicen saber gobernar y que de dientes para afuera afirman combatir la pobreza y promover el desarrollo,  por su traición a México y a la historia de este país, mi más profundo desprecio.

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