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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Leí con interés el artículo del talentoso senador Héctor Yunes Landa, en el que bajo el título: “Educación de calidad: llave de la democracia moderna” nos ilustra con lugares comunes ya bastante manoseados pero a mi juicio, vigentes en el marco del debate sobre las reformas presuntamente estructurales en boga.

El bienestar de la población, el desarrollo de un pueblo, un país con mejor calidad de vida y una democracia fortalecida puede darse en la medida que exista un sistema educativo capaz de preparar a los ciudadanos con calidad técnica y humana para ejercer plenamente sus derechos y cumplir a cabalidad sus obligaciones”.

Sin lugar a dudas no puede uno estar en desacuerdo con el Sr. Senador, aunque con sus asegunes existe un amplio consenso respecto a que con una mejor educación en México, otro gallo nos cantara.

Yunes Landa, en su intención de refrescarnos la memoria en torno a lo que no debe obviarse en cuanto a propósitos y objetivos más generales del proceso educativo, también aporta su granito de arena en la defensa de la tan cuestionada reforma educativa y sus consecuencias inmediatas, diciéndonos:

Hoy, con satisfacción vemos que el Presidente Peña Nieto está coordinando los esfuerzos para acceder a una educación pública competitiva, universal, integral y de alta calidad”.

La intención del legislador veracruzano es plausible y legítima. Está en su papel como senador priísta, en la naturaleza de su partido y en congruencia con el propósito de convencer en la calle sobre la bondad de las panaceas que con sus reformas ofrece el presidente Peña a la ciudadanía.

No obstante, a mi juicio el senador se queda corto en su intención y más que convencer da lugar a cuestionamientos que ponen en duda lo por el aseverado. No es facil aceptar que la educación pública como está, o como se pretende mejorarla con reformas presuntamente estructurales, sea la “llave” o varita mágica para lograr mayor bienestar para la población y acceder a una “democracia moderna”.

Para poder estar de acuerdo con el senador, este tendría que aclarar que debemos entender en México por educación integral y de calidad y para que sociedad es que está orientada esta y, por lo consiguiente la reforma educativa del Sr. Peña.

Y, por lo consiguiente también, que debe entenderse por “democracia moderna” y en que medida la reforma educativa incide en el fortalecimiento de esta abstracción. Sin la obligada explicación del concepto, para mi gusto se incurre en una falacia más en torno al paquete de presuntas reformas estructurales del presidente Peña.

Si como afirma Yunes Landa, la educación constituyera por sí misma la ”llave” para alcanzar el bienestar pleno de la sociedad, en el hemisferio occidental Europa sería el paradigma. En los tiempos que corren, vemos que no es así, pese al alto nivel de escolaridad  y “calidad” educativa alcanzado éste no basta para afrontar una crisis sistémica que acabó con la llamada “sociedad del bienestar” en las deterioradas democracias modernas del viejo continente.

Tampoco pasa desapercibido el que en los Estados Unidos de Norteamérica, la calidad, competividad  y excelencia en la educación que para este país funciona, está orientada a la guerra y dominación, con el propósito inequívoco de mantener hegemonía y no para elevar bienestar social y fortaleza de la “democracia moderna”.

A mi modo de ver y hasta donde alcanzo a entender como ciudadano de a pie, la educación de los pueblos no transita sola y por camino propio. Se da en contextos culturales específicos  y diferenciados avanzando en un entramado vertical y horizontal multidimensional; interactuando dentro de un proceso permanente de retroalimentación con otras manifestaciones super estructurales de la sociedad que a su vez, dependen de la estructura económica y social endógena y exógena del país o región de que se trate.

Tengo entendido que al igual que la política y el marco jurídico normativo, es resultante y se deriva de la base económica que le da sustento; de las relaciones sociales concomitantes y, por lo consiguiente, de propósitos y objetivos particulares y los que competen sistémicamente a toda la aldea global en su conjunto.

Luego, sin cambios de fondo en la estructura económica y relaciones sociales que apunten efectivamente a un mayor bienestar de la población mediante una equitativa distribución y redistribución de la riqueza generada por la sociedad, el proceso educativo como herramienta de transformación y cambio, resulta insolvente, aún en el marco de los requerimientos fluctuantes del mercado en la etapa neoliberal actual del capitalismo como sistema global dominante.

Un ligero recuento de las condiciones económicas por las que atraviesa el país y las que manifiesta una población empobrecida y sin expectativas de progreso, dan una idea de hasta donde resulta un tanto cuanto utópico asignar a la educación en el mandato del Sr. Peña, el carácter de llave o más bien,  panacea.

A lo sumo, estimo, se pretendería ajustarle a objetivos y propósitos en los que hoy se asigna al fruto del proceso educativo el carácter de mercancía, o mano de obra capacitada, dúctil y barata. Atendiendo más a la productividad y competividad que demanda el mercado, que a la formación integral del individuo.

En la medida en que es ampliamente aceptado que sin empleo y con salarios bajos y congelados el bienestar es nugatorio, la educación como accesorio sigue la suerte del principal. Dependiente de y no como “llave” maestra para transformar una realidad real que deviene de enfrentar al hombre contra lo humano.

Luego entonces el fortalecimiento de nuestra balbucéante democracia, por su parte, no podría ir más allá de los propósitos y objetivos del proyecto neoliberal de desarrollo adoptado por nuestro país. Así que el asignar a la educación el carácter de “llave” para acceder a la “democracia moderna”, no pasa de ser simple eufemismo con el que se disfrazan relaciones sociales injustas que acompañan a un modelo económico tan depredador como injusto.

Otra cosa sería si el proceso educativo estuviera encaminado a dar sustento cultural a los mexicanos para la toma de conciencia de las mayorías sobre libertad, participación, democracia y progreso humano; si esto fuera así,  estaríamos hablando no de simples reformas presuntamente estructurales, sino de un acto conciente de transformación de la sociedad por la vía revolucionaria.

Esto último, seguramente no entra en los planes del Sr. Peña. Mucho menos en los del senador, su partido en particular o en general la cúpula de la partidocracia en el llamado pacto por México, conformes con lo que desde la presidencia de la República se cocina bajo los auspicios del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, paladines del sistema global prevaleciente.

No obstante, se aplaude el esfuerzo del senador Yunes Landa, cuando en Veracruz su partido está más interesado en quien sucederá al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en la gubernatura, que en convencer de las bondades de una a mi juicio ilusoria panacea.

Hojas que se lleva el viento

Con la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión transformada literalmente en bunker, bajo protección policíaca y sitiada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de Educación (CNTE) y diversos movimientos sociales, el secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, hizo entrega formal a los presidentes de las mesas directivas del Senado y Cámara de diputados del Primer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto. ¡Qué bonito país! dividido, polarizado, empobrecido y sin rumbo.- Xalapa, Ver., Septiembre 1 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 No hay peor consejero que un estómago vacío. En las condiciones de deterioro económico, distensión del tejido social y un régimen político decadente y superado por la realidad,  el horizonte acusa nubarrones que podrían devenir en tormenta. 

Atendiéndose más a ilusorias panaceas, que a poner freno a la descomposición que permea en todos los órdenes de la vida nacional, el Congreso de la Unión, como en los viejos tiempos hoy reciclados del presidencialismo autoritario, legisla al vapor por mayoriteo y por consigna; sirviéndole la mesa al titular del ejecutivo que, obcecado, avanza en la imposición de reformas anti populares y cada vez  más alejadas de soluciones concretas a escollos estructurales de fondo. 

No obstante estar demostrado que el blindaje ofrecido por una supuesta fortaleza macro económica no es tal, se borda en lo accesorio, ignorándose lo sustantivo: dar viabilidad hoy al país para afrontar  la crisis sistémica globalizada.  

Antes al contrario, se persiste en sostener con maltrechos andamiajes un modelo de desarrollo que socavando el orden microeconómico, ni ofrece rumbo cierto lo mismo en la coyuntura que en el largo plazo, ni expectativas de progreso para las mayorías.  

Modelo que en el marco de la simulación y corrupción crónica, exhibe improvisación, vulnerabilidad e imprevisión. Mostrándose incapaz  para afrontar con relativa eficacia el evidente avance del deterioro que con carácter multidimensional,  trastoca horizontal y verticalmente la vida económica y social en la totalidad de la aldea global.  

Desde 2008 expertos, analistas y estudiosos del más alto nivel en México,  han insistido en advertir del riesgo que para México representaba el derrumbe de la burbuja financiera con repercusiones en la economía mundial, que daba lugar a una crisis sistémica que lo mismo afectaba a los llamados países del primer mundo que a los periféricos, pasando por los llamados emergentes. 

No se les ha escuchado. Para Calderón lo sustantivo era la guerra contra el crimen organizado y, en los ocho meses de la administración de Peña Nieto, la prioridad para este es trascender a la historia como el gran reformador.  

Para el gobierno y clase política en general, las advertencias pasaron desapercibidas. Se minimizó el fenómeno global y se confió en un blindaje más de papel que real, concentrándose en tareas partidistas y electoreras. 

En Veracruz, quien esto escribe, haciéndose eco de tales advertencias, en solitario así lo expresó. La entidad no podía ni debería seguir durmiendo el sueño de los justos en torno a una ilusoria bonanza, ignorando ser parte de un todo nacional que ya acusaba los primeros efectos de la crisis;  pretendiendo el gobierno en un increíble desplante de autosuficiencia y triunfalismo mediático convencer de que aquí no pasa nada, sin parar mientes en las consecuencias de no tomar las providencias exigibles.  

El sexenio de Herrera Beltrán concluyó dejando a Veracruz de rodillas. El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, viene dando continuidad al triunfalismo sin sustento superando a su antecesor y, dando por hecho que gracias a un endeudamiento sin precedentes la prosperidad había sentado sus reales en la entidad. 

El tiempo, lamentablemente da la razón a quienes se les calificara como “agoreros del desastre” No hay forma de eludir los efectos de la crisis ni en el corto plazo modificar el rumbo. Ya están aquí, no se tomaron previsiones y hoy tanto en el ámbito nacional como un todo, así como en Veracruz uno de los eslabones más débiles de la cadena, se pagan las consecuencias.  

Con más del 50 por ciento de la población en condiciones de pobreza, con el 60 por ciento de la economía en la informalidad y con expectativas de empleo en el corto y mediano plazo que, a decir del secretario del trabajo, “se esfuman” con más de 200 mil puestos de trabajo que se perderán en el 2013, México acusa los efectos de la imprevisión y la simulación. 

La economía está estancada y en franco retroceso. La previsión de su crecimiento para el presente año pasó del 3.5 al 1.8 en la visión más optimista al confirmarse la desaceleración por parte de la Secretaría de Hacienda y el INEGI  Para los pesimistas apenas alcanzará el 0.5.  

Los efectos del deterioro en Estados Unidos y Europa, se trasladan a México por la vía del comercio y la especulación financiera. Ante una reducción de la demanda real, sus gobiernos privilegian mercado interno, estimulando a sus propios productores y consumidores. Las exportaciones para nuestro país se achican ante la contracción de nuestros tradicionales nichos en el mercado exterior y, la importación de bienes de consumo generalizado se ven incrementados ante la incapacidad manifiesta de México para asegurar soberanía alimentaria y crecimiento de la planta productiva.  

Como corolario, el poder real de compra del raquítico salario de los mexicanos se mantiene congelado, siendo notablemente insuficiente para incentivar empleo, consumo y producción en el mercado interno. 

En tanto que en el terreno de la especulación financiera, los capitales domésticos e internacionales van tras mejores condiciones de rentabilidad, fugándose de un México que no ofrece seguridad y rumbo cierto. 

El blindaje se concentró en la macro economía. Hoy la inflación y las políticas monetarias exhiben su vulnerabilidad en tanto que la micro economía, ignorada,  paga las consecuencias de la imprevisión cebándose en las capas más desprotegidas de la población. 

Para el secretario de hacienda, tras reconocer el desempeño mediocre de la economía, asegura que el crecimiento se reactivará en el segundo semestre del año, requiriéndose de un esfuerzo extraordinario en el gobierno y en la llamada sociedad civil. Para el Sr. peña y sus aduladores, sin decir cuando y como, las reformas presuntamente estructurales nos sacarán del bache. El compartir la renta petrolera con el capital privado, venga de donde venga, es la panacea.  

¡Vaya paradoja! En el medio de la mediocridad,  menor disponibilidad de la parte proporcional de la renta que PEMEX entrega al gobierno, mayores posibilidades de inversión pública y reactivación de la economía.  

Bien podemos esperar sentados con el estómago vacío, que fructifique  la ilusoria prosperidad que el presidente anuncia a bombo y platillo, ofreciendo para mañana lo que hoy no pasa de ser un buen deseo.  

El horno no está para bollos, anuncian cada día mayor número de “agoreros”. El descontento, frustración y hartazgo frente a un régimen político que construye castillos de naipes ignorando la realidad real, al igual que la crisis global ya está tomando cartas de naturalización entre las mayorías. Ya no son síntomas de deterioro y descomposición social, son  llagas a flor de piel de un país enfermo que la clase política, en todos sus niveles ignora y se resiste a ver. 

Gobierno federal y los correspondientes de las entidades federativas y el D.F., ya no administran los conflictos, resguardando Estado de derecho, seguridad y paz social; rebasados por una realidad que no controlan, su papel hoy se reduce al de bomberos  apagando fuegos que amenazan con incendiar toda la pradera.  

Y así, mientras México se debate entre la desaceleración, amenaza de recesión, devaluación y desempleo galopante, el estómago vacío de millones,  actúa como un pésimo consejero incitándole a la rebeldía. En este escenario, el próximo domingo Enrique Peña Nieto rinde su primer informe de gobierno.  

La pregunta obligada es: ¿aprobará ante el Pacto por México su aún gris desempeño?  Porque ante las mayorías  todo indica que saldrá reprobado.

Hojas que se lleva el viento

 ¿Estará enterado Alberto Silva Ramos, secretario de desarrollo social en Veracruz que en Xalapa, capital del estado, subsisten  mayor número de personas en condiciones de pobreza extrema que en los municipios de La Perla, Calcahualco, Mecayapan, Mecatlán, Filomeno Mata, Mixtla de Altamirano, Zontecomatlán, Ilamatlán y Aquila?.-  Xalapa, Ver., agosto 28 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

¿Es que acaso en México existen razones de peso para creer y confiar en la política y los políticos?

 Lo más probable es que no. En una mega encuesta en la que al respecto se preguntara a la población adulta de este país, la respuesta sería más que obvia. Política y políticos en México van de la mano, ni en esta ni en estos existen razones válidas para creer en ellos.

 La bien ganada falta de credibilidad es lo que alimenta incertidumbre y ausencia de participación responsable en temas relevantes de la vida nacional. El engaño, simulación y gatopardismo, con su buena dosis de deshonestidad y corrupción, impiden el que los llamados del más alto nivel a la unidad y suma de voluntades, sean en nuestro país cual llamadas a misa.  

El prejuicio va por delante, la duda se impone; en los tiempos que corren, el no creer más en ilusorios espejismos es la constante.

 Nadie está dispuesto, salvo por interés mezquino, a creer a pie juntillas y de primera intención que la política concurre al bien común y que, los políticos, sea cual fuere el color de la camiseta, se expresan con verdad en su monólogo mediático con el que ofertan espejitos y abalorios a la  ciudadanía.

 La duda domina, la especulación y el rumor  le alimenta. El importamadrismo de los más,  termina por hacer de la vida política nacional puñado de tepalcates sin pies ni cabeza.

 Luego entonces, ¿en que se sustentan partidos políticos y sus testaferros para, como dicen, convencer en la calle de la bondad de espuria mercancía profusamente ofertada?

No tienen asidero alguno. El único herramental a su alcance es descaro, cinismo y simulación. No hay de otra. Ni les interesa lo que hombres y mujeres de a pie, piensan y opinan, ni están dispuestos a acatar la voz de las mayorías.

 Es por ello que la ciudadanía confía más en su propio juicio que en toda la parafernalia de que se vale gobierno y partidocracia en su pretensión de convencer. Por sobre la engañosa argumentación de los políticos, se impone la percepción popular, que se alimenta y sustenta muchas de las veces en  frágil  memoria del día a día, pero al fin memoria que deja huella al paso de los tiempos.

 La experiencia cotidiana de cada quién, engarzada a la de los demás, forja así un imaginario popular que deviene en historia vivida, no escrita pero determinante para creer o no creer y también para resistir frente al engaño.

 ¿Por qué entonces hoy si creer?

 ¿Es que acaso en esta ocasión no nos volverán a dar atole con el dedo, al ofrecernos la zanahoria de una prosperidad que nunca llega?

 Son las interrogantes que flotando en la calle, animan a enfrentar con mediana lucidez lo que el ilusionista de Los Pinos nos quiere enjaretar.

La iniciativa del Sr. peña

 La iniciativa de reforma energética, al igual que la educativa, la laboral, o la que pretende erradicar corrupción e impunidad, gozan del mismo espíritu, cambiar para seguir igual, o peor, beneficiando a los menos a costillas de los más.

 ¿Quién o quienes son capaces de convencer de lo contrario?

 He ahí el fracaso anticipado del pretender convencer en la calle de lo que para la ciudadanía carece de veracidad y sustento.

 Ni la política ni los políticos para las mayorías tienen credibilidad y, en este marco, frente a una iniciativa de reforma energética que trae aparejada una singular panacea que resolverá para bien estancamiento y atraso en todos los órdenes,  no es posible esperar del pueblo de México aceptación, consenso y unidad.

 Luego, en un país plural, descalificar a quien frente a la duda piensa diferente, sólo cabe en los propios políticos que, incapaces de aceptar la realidad, se desgarran vestiduras y elevan sus gritos al cielo, condenando a la hoguera a los descreídos que dudando de la bondad del bodrio ofertado, no quieren saber más de espejitos y abalorios.

 Y en este escenario, el nuevo PRI, con sus renovados paradigmas “ideológicos” con la complicidad de peones de la pluma, simula el recurrir en la calle a hombres y mujeres de a pie,  para legitimar lo que por sentido común y patriotismo se rechaza.

 Conociendo de antemano la respuesta, se niegan así a someter a consulta popular la propuesta del alquimista de Los Pinos.

 Con que la mayoría calificada en el Congreso previo acuerdo en el pacto cupular por México la voten, es suficiente. En las Legislaturas locales, por lo consiguiente. Así lo tiene mandatado la democracia representativa que el pueblo ingenuamente se ha dado y hoy secuestrada por la rapaz partidocracia.

 ¿Dónde queda entonces el cacaraqueado convencer en la calle para legitimar lo que en principio carece de legitimidad democrática?

 Lo más seguro, en el anecdotario de la picaresca nacional, como una raya más al tigre, en el ya largo camino andado de la simulación y el gatopardismo de la política y los políticos en México.

 Y, sin embargo, la reforma energética va. Así lo dispone el Sr. Peña y así, en todos sus términos será. ¿O alguien con un palmo de inteligencia va a impedirlo?

 Con perdón de Andrés Manuel López Obrador, cabeza visible de un nuevo liderazgo nacionalista en México, así como de Cuauhtemoc Cárdenas, líder moral del PRD, que convocan a la movilización y consulta popular, y de Marcelo Ebrard que propone hacer efectivo el derecho ciudadano al plebiscito y referéndum, la decisión autoritaria está tomada por el presidente Peña y su partido. No hay argumento jurídico, técnico o de participación popular en contra que valga, por más fundamentados que estos sean.

 La minoría de este país decide y la mayoría acata, bajo esta fórmula autoritaria y antidemocrática, más que ilusorias panaceas, con petróleo o sin petróleo  tendremos más de lo mismo: dinosaurio, corrupción e impunidad para rato acompañando a estancamiento y atraso sin esperanza alguna de bienestar colectivo.

 ¿O alguien en este sufrido país duda de que así sea?

Hojas que se lleva el viento 

No sólo soy yo, ya somos muchos los que no vemos con buenos ojos los desaciertos del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa que confunde el gobernar para todos, con el hablar y hablar en nombre de todos, ignorando el carácter plural del pueblo que gobierna.  Ni todos los veracruzanos son priístas ni todos comparten la idea de que con el presidente Peña y sus llamadas reformas estructurales México saldrá adelante.

El Veracruz soy yo, de su discurso, más que convencer  lastima.

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 Se complica el esquema de simulación adoptado por el sector salud en Veracruz. La suspensión de prestación de servicios en la red hospitalaria por parte de la empresa privada Finamed, dejó descobijados a los hospitales. Médicos y pacientes informan que tanto  en el Centro de Especialidades Médicas (CEM) en la capital del estado, como en la mayoría de los nosocomios de la entidad se carece del equipamiento idóneo para la prestación de servicios.  Contrario a lo que declaran las autoridades, el sector salud en Veracruz está colapsado y no hay para cuando se recupere, afirman.- Xalapa, Ver., agosto 21 de 2013.

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