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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

 “No soy un libertador. Los libertadores no existen. Son los pueblos quienes se liberan a si mismos”
Ernesto “Che” Guevara

 En diversas ocasiones me he referido a la cada vez más clara percepción de que el sistema político nacional atraviesa por una profunda crisis, que hoy, a mi juicio, con la elección del 2012 en puerta parece confirmarse con la confrontación entre los Poderes federales, Ejecutivo y Legislativo; el show mediático de la detención de Jorge Hank Rhon, y el cuestionamiento del Poder Judicial por la liberación de toda responsabilidad de Onésimo Cepeda, dos pillos de cuidado a los que se les extiende patente de impunidad estrictamente por razones políticas.

 Confirmación que exhibe un más que evidente resquebrajamiento del Estado de derecho en México, y que se hace acompañar por claros indicios de pérdida de gobernabilidad, vacío de poder frente a la delincuencia organizada en diversas regiones del país, así como de una notoria ausencia de representatividad y control por parte de los partidos políticos. Factores que contribuyen al deterioro del tejido social.

 Sin embargo, en mi apreciación no tomaba en cuenta la otra cara de la moneda: la crisis que acusa la sociedad misma en su conjunto que, para bien, parece ser de crecimiento con la irrupción de los jóvenes en la búsqueda de nuevas expectativas de participación, desarrollo y paradigmas acordes con la nueva realidad global.

 El haber leído el artículo La crisis del imaginario social. Inteligencia colectiva, las nuevas Dos Españas y un cine que habrá que construir, del cineasta contestatario español Gerardo Tuduri, publicado en su blog de internet, me ha permitido reflexionar sobre ello; intentando entender y aceptar que al no considerar la totalidad del fenómeno, su interrelación, y su mutua retroalimentación en el marco de la crisis sistémica derivada del agotamiento del neoliberalismo a escala global, todo intento por acercarme a un mínimo de comprensión de la realidad, me resultaba insuficiente.

 El leer a Tuduri, me aclara que la crisis del sistema político mexicano, en su expresión partidocrática, no puede separarse de la crisis del imaginario social, alimentados ambos fenómenos por el agotamiento del modelo económico neoliberal global. Van dialécticamente de la mano, aunque con diferente velocidad expresándose de manera desigual y asincrónica.

 No puede uno acercarse a la comprensión de ambos fenómenos tratándoseles por separado, constituyendo una unidad indisoluble cuya dinámica está determinada por el origen, desenvolvimiento, y consecuencias presentes y futuras del modelo económico dominante.

 Partiendo de la experiencia de la “acampada del 15-M” en la Plaza madrileña del Sol, Gerardo Tuduri se plantea que: “En cuatro semanas de Movimiento, no es posible reconocer lider o lideresa alguna de forma nítida sino caras que han ejercido funciones de manera frecuente…”. “Lo que parece suceder es que cuando se trata del ámbito común, de lo político común, algo se activa en este movimiento que suspende (no elimina) el interés individual. Las operativas colectivas que han irrumpido en nuestra sociedad a través del 15-M han tocado otros resortes a nivel humano. No los ha inventado, los ha activado…”.

 A partir de esta reflexión Tuduri saca en conclusión que este fenómeno es la expresión de una “…crisis de un tipo de imaginario social ante el nacimiento de una realidad inmersa en otro y que ya muta con gran rapidez. La puesta en escena de la otra política que ha sido la Plaza del Sol con sus asambleas y casi sistema de vida, al mismo tiempo que se desmonta, no ha hecho más que crear otras situaciones que abruman el imaginario: los lugares públicos intocables se están viendo invadidos por grupos de personas o verdaderas multitudes en otros casos. Lo colectivo de un movimiento como el 15-M parece a-rrepresentacional, si entendemos como representación las antiguas imágenes con las que operábamos…”.

 Explicándose que se trata de “Un movimiento horizontal de personas sin cúpula  que no responde ya a las viejas categorías del imaginario social, que nos gobiernan como fantasmas nómadas”.

 “Los líderes, la cúpula, los cabecillas; una masa, participantes de relleno, seguidores, convencidos, seducidos por esos líderes que les nutren de argumentos, los grandes hombres, quedan como viejas codificaciones, caducas, obscenas, de chiste <…>. Un estado de crisis de nuestro imaginario como el que estamos viviendo, trae como consecuencia, un obligado despertar. Ya no como gloria de alguna iluminación sino simplemente como ejercicio cotidiano ante la aceleración de los hechos a los que debemos mirar minuto a minuto. Para mirar hay que estar despiertos. Incluso en los que deseábamos un acontecer revolucionario para este país, el imaginario previo debe entrar en crisis. La imaginería de la revolución tienen que dar paso a los hechos revolucionarios, siempre más desbordantes, más cutres, más locos, más incomprensibles, más idiotas, que nuestra comprensión: “si la comprendes, no es una revolución”.

 Reflexiones de un cineasta progresista que posiblemente tocaría a los estudiosos tomar en consideración para una profundización y mayor comprensión de un fenómeno, al parecer por ahora irreversible, que atañe ya a  la aldea global en su conjunto. Los movimientos sociales impulsados por las nuevas generaciones, están tocando a la puerta de un nuevo orden social. Lo colectivo, el nosotros solidario, se le impone en épocas de crisis al individualismo que históricamente nos es dictado desde las estructuras de poder.

 Tuduri afirma que: “Hoy son otros tiempos. No hay “grandes hombres” donde fijar la vista…”, refiriéndose sin duda a una nueva etapa histórica en la que la crisis de lo caduco que no acaba de morir, se hace acompañar de una crisis de crecimiento de una sociedad que no cabiendo ya dentro de los moldes a que está sujeta, pone en duda paradigmas superados por la realidad presente, apuntando a la construcción del hombre del mañana.

 Aunque cabe señalar que se podría estar idealizando un movimiento social que podría disolverse sin más en su condición embrionaria, o bien prolongarse a lo largo de todo un periodo histórico, bien vale plantearse -siempre a mi juicio-, la necesidad de abordar por igual, lo mismo la crítica de la estructura del poder, como de todo el andamiaje teórico que ancla a la izquierda en el pasado, tamizándoles a la luz de las nuevas realidades que, nutriendo la percepción del hombre común, construyen el cambiante imaginario social.

 La lectura de Gerardo Tuduri me remite a otro texto. Este, ensayo del pintor mexicano Jacobo Silva Nogales, bajo el título de: La política como extracción de una forma particular de plusvalía”, complementa las reflexiones del cineasta español, abordando la analogía entre explotación económica y política en el capitalismo, partiendo de la idea de que Lo nuevo se comprende mejor cuando se expresa en términos de lo ya conocido”.

 Jacobo Silva Nogales concluye en su ensayo, entre otras cosas, con que:

 “Nuevos conceptos, nuevos enfoques, nuevos encuadres se hacen necesarios al internarse en terrenos insuficientemente explorados todavía y en los que no existen caminos andados y en los que no basta con la terminología en uso. Mucho más ocurre esto en la lucha social, donde hasta el terreno aparentemente conocido se ha transformado profundamente en las últimas décadas. Nuevos sentidos comunes acordes con la realidad contemporánea y opuestos a los falsos que se pretende imponer desde el imperio, nuevas formas organizativas que eliminen de sí mismas lo que pretenden abatir, que reconstruyan sobre bases nuevas, acordes con las nuevas situaciones los tejidos sociales debilitados ya por la estrategia de la dominación de espectro completo, eso se requiere con carácter urgente.<…> El Estado, el poder, las clases, los objetivos, la estrategia, la táctica, deben verse bajo una nueva óptica, para detectar en ellos los nuevos aspectos y matices que ahora es posible percibir y poder ir más allá de lo que se ha ido hasta el momento presente.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Hemos vivido para la alegría. Por la alegría hemos  ido al combate y por ella muero. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de tristeza. Hombres: os he amado. ¡Estad alertas!”

Julius Fucik, militante comunista checo. Reportaje al pié de la horca, agosto de 1943

Cobrada y satisfecha la promesa de apoyo económico a cambio de su traición, las diversas manifestaciones tribales de lo que queda del PRD en Veracruz y que jugaran en contra de Dante Delgado Rannauro, festejan con singular aplomo y desverguenza el haberse vendido para favorecer, unos, a Javier Duarte de Ochoa y, otros, a Miguel Ángel Yunes Linares, aprestándose a cerrar filas en contra de la posible candidatura de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República en el 2012, llamando a una tan falsa como ilusoria unidad de centro izquierda.

La excepción hace la regla. Un muy contado número de dirigentes y militantes del perredismo veracruzano, le apuesta y seguirá apostando a la decencia, honestidad, y compromiso con las mejores causas de la izquierda y de la mayoría de los veracruzanos. La calidad habrá de imponerse por sobre la cantidad y, en éstos, aún se podría confiar en la medida en que se mantengan firmes en el privilegio  de la visión ideológica de largo aliento,  por sobre la corrupción y el oportunismo pragmático en la coyuntura.

Para mi gusto, lo anterior exigiría desechar la falsa ilusión del centrismo y la seudo izquierda electoral, y retornar a los viejos valores y paradigmas de la izquierda histórica. Sólo en la búsqueda del socialismo como vía para construir una nueva moral pública en la lucha por el  cambio y la transformación  de la sociedad, se encontraría el camino, la fuerza ética y moral que podría sostener, impulsar, y enriquecer a la verdadera izquierda, en los afanes por trascender la descomposición que hoy por hoy prevalece como componente sustantivo de la crisis de la política y partidos políticos en México.

Desde luego no se trataría de dogmatismos trasnochados ni de recrear con acartonada nostalgia un pasado superado. Retornar a los viejos valores y paradigmas de la izquierda, es, a mi juicio, retomar el camino extraviado de la historia nacional y, recuperar, en esencia, el amor al prójimo, la fe en el destino de la humanidad, y el ejemplo del heroísmo con el que millones de hombres y mujeres anónimos, en el trabajo cotidiano por la supervivencia, entregaran lo mejor de sí mismos en pos de un futuro promisorio. No es falsa retórica ni frustrada  aspiración a incursionar en la poesía. Mis palabras invitan al retorno a la utopía, a la reflexión y al debate en torno a aquellos principios por los que bien vale la pena vivir. Sin estos, el vacío interno en cada uno de nosotros habrá de reflejarse en la vida en común y en los afanes colectivos por transformar una realidad sistémica con la que no estamos de acuerdo.

Es la hora de que la izquierda auténtica, la venida de atrás, salga del closet, retome el espíritu de lucha y, armada de bagaje ideológico, se haga acompañar por lo mejor de una juventud ávida de ejemplos trascendentes y valiosas enseñanzas. Criticar y juzgar sin participar, le hace cómplice de la pesadilla a que se refiere un Andrés Manuel López Obrador, que bien no puede ser de lo mejor que muchos desearan ni seguramente está dispuesto a ir más allá del reformismo, pero que es hoy por hoy el único capaz de ofrecer a la izquierda un liderazgo en torno al cual poder avanzar.

Sin la participación consecuente de la izquierda histórica, sin la recuperación ética y moral de valores, actitudes y paradigmas de la lucha por el socialismo, la inercia de corrupción e impunidad de los partidos políticos que hoy se asumen como de centro izquierda electoral, simples patiños de la derecha, terminará por avasallar las buenas intenciones de millones de mexicanos que legítimamente aspiran al cambio y a un nuevo proyecto de Nación. El cambio y la transformación de la sociedad empiezan en nosotros mismos, trabajemos en ello.

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