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Tag Archives: Partidos políticos en México

En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

Hasta donde mi percepción lo permite, considero que Calderón Hinojosa no perdió con el triunfo de Josefina Vázquez Mota por sobre las aspiraciones de Ernesto Cordero, como mucho se dice. Al contrario, su partido, el PAN, salió fortalecido de la contienda interna por la candidatura presidencial, mostrando músculo y una estructura electoral inesperada. Se dice fácil, pero lograr que más del cincuenta por ciento de militantes y adherentes, en día domingo partidos de futbol de por medio y con un mínimo de irregularidades,  manifestara en abierto sus preferencias, dice mucho a favor de la estructura panista a nivel nacional.

Ya quisieran tanto el PRI como el PRD, poder llevar a cabo una elección interna abierta sin mayores tropiezos y,  sin que resulte un clásico cochinero de la magnitud a que ya nos tienen acostumbrados.

Ahora bien, considero que no se debe hacer de lado que el triunfo de Vazquez Mota se sustentó en actitud y discurso encaminado a convencer en primer término a una la militancia conservadora por tradición histórica. No podía ser de otra manera so pena de ser rechazada por amplios sectores de lo más radical de la derecha panista. No obstante, a lo largo de su pre campaña dejó entrever presencia, capacidad, experiencia y flexibilidad para convencer a un electorado de indecisos que, sin militar en el PAN, pudieren no comulgar con las propuestas del PRI-PVE y Movimiento progresista. Matando así dos pájaros de una sola pedrada hasta donde lo permitiera un laxo Instituto Federal Electoral.

Esto último apenas una muestra del tono con que Josefina afrontará a sus oponentes a lo largo de la campaña electoral. Sin perder de vista que “Haiga sido como haiga sido”, Calderón estará dispuesto a respaldarle con todo.

En este marco estimo que se van aclarando las cosas en el reacomodo de las diversas fuerzas políticas que electoralmente se expresan en México. Mediando de por medio la mano presidencial, el PAN se correrá hacia el centro, cediendo en donde haya que ceder y apretando hasta donde las circunstancias lo ameriten sin perder su inclinación ideológica de derecha, con una campaña destinada a convencer tanto a lo más conservador de la sociedad mexicana, como a los sin partido que a última hora se inclinan simplemente por cumplir con su compromiso cívico sin mayores broncas.

Por su parte, el Movimiento progresista ya mostró sus cartas. De una izquierda intransigente ha pasado a un discurso suave y terso en las formas y firme en el contenido, corriéndose en igual forma al centro del espectro político electoral para ganarse a una clase media que está y no está por el cambio que requiere con urgencia el país. El pacto de las izquierdas, a mi juicio histórico, entre López Obrador, Marcelo Ebrard y Cuauhtemoc Cárdenas apunta en esa dirección.

En cuanto al PRI, mis dudas. No logra abandonar actitudes, discurso y concepción de estructura partidista  propias del siglo pasado. Pareciendo que se conforma con su voto duro como si este fuera suficiente para alzarse con el triunfo. Paradójicamente lejos de fortalecerse en el centro del espectro, lo mismo coquetea discursivamente con la derecha que con la izquierda sin lograr una clara definición que atraiga a los indecisos, antes al contrario, con sus palos de ciego y su pésima elección de candidatos, se aleja de su ubicación centrista tradicional. Esta percepción obliga a pensar en un desdibujamiento de un PRI otrora triunfador que no aprendió de las lecciones del 2000 y 2006.

Si esta percepción es pretendidamente correcta, estaríamos hablando de una polarización de las fuerzas políticas del país en el que el PRI, sus aliados y su candidato presidencial, jugarían nuevamente el papel de compañeros de viaje sin destino cierto en un proceso electoral en el que el PAN y el Movimiento Progresista, se disputarían nuevamente la presidencia de la República con resultados por ahora impredecibles.

A escasos cuatro meses y medio de la elección, pueden suceder muchas cosas, no obstante, corregir rumbo y visión para adecuarse a las nuevas circunstancias de un México al borde del desastre, resultaría ya extemporáneo para el PRI. Ya lo veremos, si Calderón no dispone otra cosa.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cada partido, sobre todos los de mayor representatividad, cree aplicar métodos democráticos que sus adversarios observan contaminados porque son distintos a los propios. Y, en cualquier caso, ninguno resulta plenamente satisfactorio. “Nuestra democracia”: Rafael Loret de Mola

 Con el PAN “ni a la esquina”, parafraseando lo dicho por el ex secretario de gobernación y hoy espurio aspirante a senador, Manuel Bartlett, en relación al PRI, aclaramos. No comulgamos con el panismo y mucho menos con sus expresiones de ultraderecha pero, tampoco con la partidocracia en su totalidad que, secuestradora de nuestra incipiente democracia, hoy en nombre de ésta se rasga las vestiduras en un todos contra todos.

Ante los diversos métodos antidemocráticos adoptados por cada partido político para la selección de candidatos a cargos de elección popular, cada uno de éstos descalifica a sus adversarios, asumiéndose como blancas palomas cuando todos, sin excepción, con el mayor cinismo de espaldas a sus militancias, incurren en los mismos vicios.

¿O es acaso que el método adoptado por el PRI tiene mayor contenido democrático que el del PAN, el PRD o la morralla? No hay que ir muy lejos, la ciudadanía, lastimada y empobrecida tiene la respuesta. De todos los partidos políticos en México no se hace uno, como ninguno nos merece ya respeto y credibilidad.

Lo hemos reiterado en estas líneas. En el imaginario popular se percibe que el régimen político en México está en crisis y, por ende, el sistema electoral y de partidos políticos en que se sustenta nuestra deformada democracia representativa. Ni los partidos ni quienes emanan de los procesos electorales, representan a cabalidad la voluntad ciudadana, antes al contrario, se sirven de esta para medrar en pro de sus egoístas intereses personales y de grupo, haciendo de la democracia representativa un mito colosal.

En este marco, cuando un partido político o sus personeros hablan de atentados contra la democracia en referencia a métodos, procedimientos y resultados, en la selección interna de candidatos adoptados por los oponentes, no tenemos otra cosa que la materialización de aquella conseja que dice: “el burro hablando de orejas”.

¿O no suena así cuando el precandidato del PRI a la presidencia se desgarra las vestiduras por la intervención de Calderón Hinojosa en el proceso electoral, olvidando el negro historial de su partido?

¿O en nuestra próspera aldea cuando el aspirante a senador Héctor Yunes Landa, vocifera en contra de un proceso “antidemocrático” en la elección del abanderado, (hoy abanderada) panista a la presidencia? ¿Olvidó que es fruto político del “dedazo”?

El burro hablando de orejas. ¿O alguien se atreve a desmentir lo aquí expresado? Todos son iguales.

Si para el ex alcalde xalapeño, ex secretario de gobierno y ex procurador de justicia en Veracruz, hoy preseleccionado del PRI para contender por una diputación federal, Reynaldo Escobar Pérez, “el presidente de la República no le merece ningún respeto”, para el común de los mexicanos el IFE, los partidos políticos y la clase política en general, tiempo ha que dejaron de ser referentes de representatividad y democracia.

El sonido del hasta hoy silencio en el imaginario popular, es prueba fehaciente de ello. Ya llegará el momento del rescate de la democracia en México. Entonces el pueblo hará sentir su voz.

 

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“Gallina que come huevo…”

Humberto Moreira

La alteración que Humberto Moreira Valdés hizo de último momento a la convocatoria para la selección del candidato priista a la Presidencia de la República confrontó a dirigentes de ese partido. El texto original de la convocatoria prohibía en su versión original que Gobernadores y funcionarios públicos de filiación priista, así como de los sectores, hicieran públicas sus preferencias por candidatos, sin embargo en el documento que se difundió en la noche del lunes el candado fue suprimido por Moreira. El presidente de la Comisión de Procesos Internos del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, dijo que el candado pretendía introducir un criterio de equidad en la contienda. El senador Francisco Labastida aseguró que la alteración genera un riesgo de división y de fractura. Por el contrario, David Penchyna afirmó que “no existe dicha falsificación” del documento y que fue un mandato del Consejo Político a Moreira, quien tomó opiniones diversas antes de emitir la propia convocatoria. e-Consulta

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Partido revolucionario institucional

Más allá del derroche de recursos públicos y la presunta injerencia del poder intimidatorio de grupos delictivos, la elección de gobernador en el estado de Michoacán, independientemente de las implicaciones que ésta pueda tener coyunturalmente, bien para Calderón Hinojosa, su delfín  y su partido, bien para el PRI con Humberto Moreira y Enrique Peña Nieto, a mi juicio lo que ha puesto de manifiesto es un evento cualitativo en el proceso de cambio de la sociedad mexicana, manifestándose en la nueva composición de las diversas fuerzas políticas actuando sobre los resultados cuantitativos de la elección del pasado domingo.

De acuerdo con las cifras que arrojara tanto el Programa preliminar de resultados como las encuestas de salida, es evidente que el partido hegemónico y el carro completo ya pasaron a la historia en México. La tendencia  observada en una elección local en la que todos los partidos políticos pusieran toda la carne en el asador, seguramente habrá de expresarse en los comicios federales del próximo año.

Jugándose el todo por el todo, habiendo sufragado apretadamente el 51 por ciento de los ciudadanos empadronados, hasta este momento el PRI se levanta con el triunfo en números redondos con apenas el 35.3 de los votos válidos emitidos, siendo seguido de cerca por el PAN y el PRD con el 32.6 y el 28.8 por ciento, respectivamente, dividiéndose el pastel en prácticamente tres porciones de casi igual peso y dimensión, en tanto que el abstencionismo se queda con una tajada del 49 por ciento del sufragio potencial total.

Indicando lo anterior, por un lado, que los partidos han sufrido merma considerable en competitividad, encontrándose actualmente a casi el mismo nivel entre sí de ineficaces. La diferencia porcentual entre el ganador de la elección y su adversario más cercano, el PAN, siendo mínima, echa por tierra la idea del tradicional carro completo y el carácter hegemónico de la aplanadora priísta. Reflejando un cambio cualitativo en el electorado, que habla tanto de un mayor pluralismo en el seno de la sociedad como de la pérdida de capacidad de maniobra y de convocatoria del partido presuntamente mayoritario en México. Su voto duro sumado al del partido verde, apenas alcanzo para triunfar con 5 puntos porcentuales por sobre el PAN, no obstante que presuntamente le beneficiara la opinión pública respecto a la estrategia de Calderón Hinojosa en el combate a la delincuencia organizada, así como de la injerencia del gobierno federal en el proceso electoral.

Pero por otro, el que se mantenga casi inalterable el índice de abstencionismo registrado en los últimos procesos electorales locales y federales, no refleja otra cosa que la crisis por la que atraviesa el régimen político en México. Tanto partidos políticos como instituciones públicas no dan más en confianza, credibilidad y legitimidad entre el electorado. Siendo más que evidente que para el cincuenta por ciento de los sufragantes potenciales, las elecciones dejaron de ser fuente de expectativas de progreso y razón de ser para el enriquecimiento de la vida democrática del país.

Por cuanto a legitimidad, el partido triunfante en la elección de gobernador en Michoacán, repite una vez más lo que ya se va haciendo costumbre, triunfo pírrico para gobernar con menos del 20 por ciento de la voluntad de los ciudadanos legalmente empadronados.

La sociedad ha cambiado cualitativamente, como se expresara cuantitativamente el pasado domingo en Michoacán. El triunfalismo de los partidos políticos no se corresponde con la nueva realidad. No alcanzando ninguno el 40 por ciento o más de los sufragios emitidos no habla bien de la democracia en México, antes al contrario, expresa una enorme debilidad del régimen político frente a las expectativas democráticas de la ciudadanía.

Otra cosa que abona a lo anterior, es el hecho de que la voluntad ciudadana se inclina en las urnas más a favor o en contra de la imagen proyectada mediáticamente por los personajes contendientes que por los partidos políticos que les postulan, ante la ausencia de programas y propuestas partidistas creíbles y sustentables que merezcan el respaldo de los votantes.

Y en tanto el feudo cardenista se derrumba estrepitosamente, como bien lo señala Julio Hernández López, en su columna “Astillero” no puede echarse en saco roto la derrota que, en paralelo, sufriera Elba Esther Gordillo y su aparato corporativo, poniéndose de manifiesto por parte del magisterio michoacano el no más a dejarse manipular e influenciar por el petate del muerto puesto a disposición del mejor postor.

Con la elección federal del 2012 ya encima, bien vale la pena reflexionar sobre los comicios michoacanos y poner la barba en remojo. Más que el relevo presidencial lo que está en juego para el corto y mediano plazo es la gobernabilidad en México. O los partidos políticos se actualizan en visión ideológica y programática, aceptando la profundidad de su crisis actuando en consecuencia, o en julio próximo la ciudadanía les da una sopa de su propio chocolate dejándoles colgados de la brocha.

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José Enrique Olivera Arce

A muchas habladurías se ha prestado el anuncio de un cambio en el partido cuyo Consejo Nacional preside el senador veracruzano Dante Delgado Rannauro, así como la oposición que a dicha medida expresara el ex diputado local y ex presidente de Convergencia en la entidad Alfredo Tress.

Lo mismo se dice que a falta de un auténtico partido político, Dante Delgado entrega el membrete de la franquicia de su propiedad al movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador con vías a la elección presidencial del 2012, o bien que como una expresión más del oportunismo político que siempre ha caracterizado al senador veracruzano, de motu propio, sin acuerdo de las bases convergentes, se cuelga del tabasqueño para revitalizar su desgastada imagen. 

Y efectivamente, mucho es lo que se puede decir de Dante Delgado y de Convergencia, sobre todo en Veracruz, donde el hombre y su partido vieran la luz primera, y teniendo como antecedente cercano la elección de gobernador en el 2010

Sin embargo, a mi juicio vale la pena profundizar más en la decisión adoptada y puesta a la consideración del Consejo Nacional cuando ya se velan armas para la contienda por la presidencia de la República; abonándosele cierta lógica no a dante Delgado sino a la decisión colegiada de la cúpula convergente, que rebasa en sí misma  tanto la chabacana idea de  una aparente transacción comercial “poniéndose en venta la franquicia”, como que el cambio anunciado sea simplemente expresión coyuntural de oportunismo político del senador veracruzano.  

En primer término, pese a su reducido tamaño y mínimo peso específico en la correlación de fuerzas en la vida política nacional, no podemos hacer de lado que en dicho partido militan hombres y mujeres de carne y hueso, de diferente estrato social, que están en Convergencia por libre decisión y convencidos de que ésta es una opción política que conviene a sus intereses personales o de grupo. Decir que el cambio anunciado es decisión unilateral y definitiva de Dante Delgado, de espaldas a las bases, es menosprecio y ofensa a estas personas, etiquetándoles como menores de edad y privándoles de su capacidad para decidir si permanecen en el partido, o se van.  

Si están de acuerdo con el cambio, adelante. Y si no lo están, tomarán la decisión que mejor les convenga, como ya lo hiciera en Veracruz el gris ex diputado local Alfredo Tress, sedicente vocero de la corriente convergente más conservadora en la entidad. 

En segundo término, el cambio propuesto está a la consideración de la militancia tras la sesión del Consejo Nacional que aprobó por mayoría -174 votos a favor, 1 en contra y cero abstenciones-, la convocatoria para la realización de la Tercera Asamblea Nacional Extraordinaria, en la que habrá de escucharse a la base del partido y, en su caso, aprobarse tanto el cambio de nombre como de sus nuevas bases programáticas y estatutarias, en los términos establecidos por la legislación vigente que norma la vida interna y funcionamiento de los partidos políticos nacionales. 

Y tercero, más que oportunismo político, el cambio que se propone Convergencia, es a mi juicio, una medida pragmática con la que este partido se adelanta -en el marco de la crisis general del sistema político nacional- en la adecuación a una nueva realidad en la que, para la ciudadanía, los partidos políticos han dejado de ser referente válido de la democracia representativa. La correlación de las diversas fuerzas políticas en México ya no está determinada por la rigidez piramidal de la institucionalidad partidista, sino por una fluctuante y aún amorfa movilidad y movilización social que busca nuevos caminos de participación y expresión política. 

Pragmatismo que, renglón aparte, ya no es extraño a ningún partido político en México. 

Aclaro que mi opinión personal no es en defensa de Dante Delgado Rannauro, a quien considero mi amigo desde hace muchos años sin necesariamente coincidir con su manera de pensar y de actuar, como en su momento lo expresara en varios artículos a lo largo de la campaña electoral del 2010. Únicamente estimo que el simplismo de calificar la decisión convergente bajo los cánones tradicionales de la politiquería, no cabe en un intento serio por interpretar un fenómeno social y político que no escapa al clima de crisis tanto de las estructuras formales del poder, como de un intento de la llamada sociedad civil por modificar el actual estado de cosas.  

El tema es complejo y atañe lo mismo a todos los partidos políticos que a la sociedad en su conjunto, en la búsqueda de nuevos derroteros tendientes a remontar la crisis del sistema político mexicano. 

Si hoy un partido pequeño cambia de nombre, bases programáticas y estatutarias, con la aceptación de cúpula dirigente y bases, no es una medida al azar ni puede dejarse de analizar en el contexto más general de la vida política nacional. Si Convergencia se propone a estas alturas un cambio, es porque puede hacerlo en función de su propio tamaño y de una corriente social que está a favor precisamente de un modo diferente de hacer política. Los partidos mayoritarios, anquilosados y sujetos a toda una maraña de contradicciones e intereses, no están en condiciones de plantearse la más mínima modificación cuando ya la elección del 2012 está a la vuelta de la esquina. 

Desde el punto estrictamente electoral, Delgado Rannauro en su intervención ante el Consejo Nacional fue muy claro: “Lo hacemos ante la negación de la partidocracia para abrir espacios a las candidaturas de la sociedad; estamos trabajando para consolidar un gran movimiento ciudadano a favor del pueblo, en defensa de los que no tienen voz y a quienes se les pretende engañar desde el poder”. ¿Oportunismo? ¿Medias verdades, medias mentiras? Quizá en contenido y tónica del discurso, más no en una interpretación sensata de la realidad y de lo que anida en la percepción popular. 

Que ello favorece en la coyuntura a la posible candidatura de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, ante un nada imposible cambio de timón del PRD a favor de Marcelo Ebrard, sin duda. Convergencia, con nueva cara, pudiera postular como candidato ciudadano al tabasqueño, sin transgredir su base programática y estatutaria, la legislación electoral vigente y la voluntad expresa de sus bases, ganándose simpatía y voluntad del movimiento social “Morena”. Abriéndose con ello la puerta a la posibilidad en el mediano plazo de situarse, como un partido renovado, en  la segunda posición en la preferencia electoral nacional. 

En la inteligencia de que en términos prácticos, la cúpula convergente quedaría subordinada al tabasqueño; a la par que el partido se identificaría electoralmente como de centro izquierda, incluyente y moderado. Condición nada exenta de jaloneos, en tanto la militancia convergente e integrantes de “Morena”, se acomodan y ocupan el lugar que les corresponde en torno a un programa de unidad. 

Desde el punto de vista social, para el mediano y largo plazo, legitimidad y representatividad estarían en duda, de darse en Convergencia un simple maquillaje coyuntural para dejar las cosas como están. Ese sería el reto a considerar tanto por la militancia, simpatizantes y agregados de “Morena”, que desde abajo tendrían que impulsar un cambio auténtico, democratizando la vida interna del partido, sirviendo a la sociedad en la atención de sus demandas más sentidas y fortaleciendo el papel de la izquierda frente a la crisis partidista generalizada. 

En fin, hay mucha tela de donde cortar en un tema complejo. Corresponderá a los analistas más calificados y con información sensible a la mano, el desentrañar motivación y alcances de lo que se propone Convergencia con el cambio anunciado. 

Pero sin duda, quien tiene la última palabra es la militancia que pondrá a prueba su madurez y visión para secundarlo o rechazarlo. Sin perder de vista que la tentación de un gatopardismo a modo, pudiera dar al traste con el intento. Los políticos suelen atender más a su naturaleza que a la razón. Al tiempo.

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Amigas y amigos:

Aquí en el Zócalo, hace cerca de cinco años, tomamos entre todos la decisión de seguir luchando hasta lograr la transformación del país. Si después del fraude nos hubiésemos retirado o, peor aún, si hubiésemos transado con la mafia del poder, hoy no existiría este movimiento que es la única esperanza para millones de mexicanos, sobre todo, para los más desamparados y pobres de México.

Andrés Manuel López Obrador, junio 5 de 2011

Hemos echado a andar un plan sencillo, pero eficaz y trascendente. Estamos llamando a ciudadanos que simpatizan con nuestro movimiento a que participen como protagonistas del cambio verdadero. Se trata de que cada mujer, cada hombre consciente, se apersone y convenza, entre familiares, amigos, compañeras y compañeros de trabajo, a cinco ciudadanos más. Informo a ustedes que ya se han inscrito un millón 300 mil ciudadanos como protagonistas del cambio verdadero, a finales de este año, serán 4 millones, y si cada uno cumple con su compromiso de convencer a cinco, tendremos el respaldo de 20 millones de ciudadanos. De esta forma, haciendo cada quien lo que nos corresponde y, de manera pacífica, sin violencia, con la participación organizada del pueblo, vamos a lograr que se inicie, en el 2012, una nueva etapa en la historia de México.

Aquí quiero señalar que hablamos de protagonistas, no de promotores, porque el objetivo de este movimiento va más allá de las elecciones. No se trata únicamente de llegar a los cargos públicos. No es la lucha del poder por el poder. El objetivo superior es la transformación del país.

Para que se entienda mejor y todos sepamos de qué se trata, pensemos que sólo han habido tres transformaciones en la historia de nuestro país: la Independencia, la Reforma y la Revolución, y nosotros queremos llevar a cabo la cuarta transformación de la vida pública de México.

Apostamos a la transformación del país porque no vemos otra salida. La crisis actual demanda cambios profundos. Nada bueno debe esperarse si continúa el actual régimen. Tenemos claro que el principal problema de México es el predominio de una mafia del poder y que a ello se debe la decadencia y la tragedia nacional.

Texto completo del discurso de Amlo hoy 5 de junio de 2011, en el Zócalo de la Ciudad de México.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Aún no se le asientan las aguas al gobernador Duarte de Ochoa y ya en mala hora para Veracruz estamos inmersos en el proceso de la sucesión presidencial en el 2012. No existiendo oposición partidista en la entidad que le haga sombra al PRI, el reacomodo de fuerzas, contradicciones internas por resolver y estrategias electorales por emprender giran en torno a este partido, obligando de facto al gobernante a distraer atención, recursos y capital político, a favor del priísmo, en el afán de refrendar en la contienda por la presidencia de la República el peso específico de Veracruz como se comprometiera con Humberto Moreira. 

 

Y digo, en mala hora, porque de aquí a que se resuelva el curso a tomar por el proceso electoral federal en el 2012, los temas torales de finanzas públicas, crecimiento económico, desarrollo social, seguridad pública y protección civil, estarán determinados por una creciente politización con claro tinte partidista, arrastrando consigo en el tobogán a toda la sociedad que deberá cargar con un costo innecesario, pagando facturas de promoción de imagen, pre, pre campañas, campañas y parafernalia de los organismos electorales, a más de pérdida de tiempo en la búsqueda de cumplimiento de objetivos y metas de la administración pública veracruzana en el periodo previo a la elección.

 

Lo normal. Nada extraordinario en una entidad federativa que vive de y para la política electoral y la concomitante corrupción de que se hace acompañar. Luego no debería ser motivo de especial preocupación el que nuestra clase política anticipadamente esté ya a bordo del tren del 2012.

No obstante, más allá de la tradición que obliga, en la coyuntura actual ello reviste, más que oportunidades para avanzar en la búsqueda de la ilusoria “prosperidad”, un grave riesgo para el gobierno estatal, para el PRI y para todos los veracruzanos. Habida cuenta de que sean manzanas, peras o perones, la agenda en el futuro inmediato correrá a cuenta de un endeudamiento público que asciende a más de 40 mil millones de pesos, con pesadas obligaciones financieras anuales por el servicio de la deuda.

En este contexto, la administración pública tendrá que optar por intentar resolver los grandes rezagos y pendientes de los veracruzanos ó por poner toda la carne en el asador a favor de candidatos e intereses partidistas del PRI. Con la salvedad de que si el Dr. Duarte de Ochoa opta por lo primero, será calificado como buen gobernador y ello favorecerá electoralmente a su partido, en tanto que si se inclina por lo segundo, pierde credibilidad y capital político, arrastrando consigo al PRI en su caída. Una tercera opción, que por ahora no se ve, es que lograra caminar sobre el filo de la navaja guardando equilibrio, lo cual está muy lejos de materializarse en tanto la apabullante deuda le reste capacidad de maniobra y liderazgo social.

Como ya lo hemos comentado en otra ocasión, Javier Duarte heredó un tigre herido que requiriendo terapia intensiva, se revuelve en contra de su mano salvadora y a ello deberá enfrentarse de aquí a que concluya el reacomodo de las diversas corrientes al interior de su partido con vías al 2012.

Lo que no pocos comentan, es que no se puede echar en saco roto la historia de las dos últimas contiendas electorales por la gubernatura, en las que tanto Fidel Herrera Beltrán como Javier Duarte de Ochoa, ganaron en tribunales por un muy escaso margen, el primero con 26 mil votos de ventaja en tanto que el segundo con 80 mil, no obstante haberse volcado enormes sumas de dinero público a favor de ambos candidatos. Historia que en la coyuntura cobra relevancia puesto que no se puede hacer de lado que sumados los votos de los partidos opositores, en ambos casos superaron en mucho a los que le dieran el triunfo a los candidatos del PRI.

Si bién Herrera Beltrán, con demagogia, engañifas y maiceo a la oposición logro remontar, fue gracias a la amplia disponibilidad de recursos con que contara a lo largo de su gestión. Tantos que con toda displicencia aseguraba que “en política lo que se compra con dinero es barato”.

El caso del joven gobernante es diferente. Cabe acotar que no hay dinero más caro que el que no se tiene. Lograr la unidad al interior de su partido cuesta y mucho, al igual que la tradicional compra del voto de inconcientes y despolitizados electores. Luego el PRI en la coyuntura no tiene todas consigo, presionando desde ya al gobernador para que este incline la balanza a favor del interés electoral de un priismo venido a menos, en detrimento del propósito de gobernar para todos sin distingo partidista.

Por otro lado, no puede desconocerse que en el PRI aún no está definida la titularidad de la candidatura a la presidencia de la República  y, por lo consiguiente, las de senadores y diputados federales por Veracruz, dando lugar a un todos contra todos que, por lo pronto, es impedimento para lograr una monolítica unidad en torno a un objetivo común e incluso, en torno al propio gobernador de la entidad.

Situación de debilidad funcional que la oposición partidista -dividida, con intereses encontrados-, no capitaliza en provecho propio ni opone resistencia alguna que justificara el que el gobernador se viera obligado a transitar en el filo de la navaja, guardando el equilibrio deseable.

Así las cosas, pareciera entonces que por sobre los mecanismos de control que ejercen los partidos políticos sobre los votantes –voto duro-, es el elector “libre”, flotante,  de cuya percepción sobre el desempeño del PRI en el gobierno en el momento de sufragar, dependerá el curso de la elección del 2012.

De ahí la importancia que para el PRI representa coyunturalmente  la percepción de un buen desempeño del gobernador en Veracruz. Debiendo entonces evitar al máximo el recurrir a la politización de los actos de gobierno; cosa que paradójicamente en la práctica parece no ser posible tras reiterar Javier Duarte de Ochoa su militancia priísta por sobre su propósito de arbitrar el libre juego de las diversas fuerzas políticas en la entidad y, con ello, agitar la el avispero, agudizando la radicalización de los sectores más atrasados del priísmo veracruzano e incluso, oxigenando al panismo que habiendo votado en su contra buscará la revancha.

Rota la posibilidad de un sano equilibrio, tendremos que acostumbrarnos entonces, con la flexibilidad suficiente para no confundir lo sustantivo o principal con lo accesorio, a un ejercicio pendular del poder político ejercido  desde palacio, en medio de un torrente en cuyas turbulentas aguas en los próximos meses tratarán de sacar raja no pocos “pescadores” oficiales u oficiosos, entre ellos, un puñado de “dinosaurios” de la vieja guardia priísta y, por lo consiguiente, algunos propietarios de medios de comunicación duchos en flotar a favor de la corriente en el momento y en el lugar preciso.

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Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para quienes hemos condenado el cochinero en que las tribus y grupúsculos de la llamada izquierda mexicana suelen dirimir sus diferencias y confrontar sus intereses en el Partido de la Revolución Democrática, deberíamos tener claro que la descomposición política no atañe sólo a esta entidad de servicio público. Es el sistema de partidos políticos en México el que en general viene acusando una profunda crisis que, a últimas fechas acelera su caída en picada, arrastrando consigo a la clase política, su sustento ideológico, así como su praxis histórica formal e implícita de usos y costumbres, contribuyendo a un mayor deterioro del tejido social.

Al sistema de partidos políticos le queda grande ya un México cuyas aspiraciones y expectativas de modernidad y progreso están inmersas en un proceso de involución estructural en el que frente a la desigualdad, pobreza, exclusión, abandono y estancamiento, el país se polariza; mostrándose, en un extremo, la obscena acumulación de capital especulativo y el proveniente de actividades criminales, con los paradigmáticos Carlos Slim y el “chapo” Guzmán entre los hombres más ricos del planeta  y, en el otro, más del 50 por ciento de la población en condiciones de pobreza o pobreza extrema.

El creciente vacío de poder político del Estado mexicano es algo que se percibe de manera cada vez más clara. Tanto los organismos internacionales como el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, advierten focos rojos de inminente ingobernabilidad en gran parte del territorio nacional. Calderón Hinojosa y la clase política en su conjunto, están rebasados y son los poderes fácticos los que toman la iniciativa.

Por lo que la población medianamente informada pudo constatar con el bochornoso sainete de dos días en la Cámara de Diputados, que confrontara de manera pedestre a las bancadas del PRI y el PAN y al que se sumara el oportunismo de la del verde y el disimulo cómplice del PRD, Convergencia y PT, no se necesita de agudos análisis para entender  que la representación popular en el Congreso de la Unión ha dejado de ser tal; asumiéndose como vulgar camarilla de demagogos, pillos y mentirosos, que más que negociar lo que al interés nacional compete, se disputan a la arrebatinga el botín.

Desde el momento mismo en que se asume con todo cinismo que la voluntad popular es objeto de trueque electoral, los partidos políticos dejan de cumplir su función social y, con todo merecimiento, se hacen acreedores al repudio generalizado de la ciudadanía. Ampliándose la brecha entre clase política y sociedad civil, en un creciente divorcio en propósitos, objetivos y metas de mediano y largo aliento; la carencia de escrúpulos, civilidad, credibilidad, transparencia, aceptación y voluntad política de la primera para impulsar el desarrollo del país, se hace acompañar del desencanto e indiferencia de la segunda. Condenándose a México a un permanente estado de subdesarrollo.

En la cúpula de la partidocracia se habla de corregir el rumbo. Se proponen para ello reformas estructurales con prioridad en la del Estado. Esfuerzo esteril y gatopardista, los encargados de llevarlas adelante, viejos y jóvenes, son los mismos que hoy medran con la miseria de los sectores más vulnerables  de la población; los mismos que truecan intereses electorales coyunturales por mayor carga tributaria para una sociedad postrada, no pueden ni deben asumirse como los grandes reformadores.

En otros países, con una ciudadanía educada y con vocación democrática, la situación política, económica y social que prevalece en México, sería suficiente para el consenso en torno a la reivindicación del “que se vayan todos”, en referencia a la clase política.

Nuestra aldea no escapa a la percepción de tal contexto. Con perdón del Maestro Fidel Herrera Beltrán, que todo lo ve color de rosa en  su exceso de triunfalismo sin sustento, Veracruz no es ni por asomo parte de las “ligas mayores”. Las condiciones atípicas y regresivas que prevalecen en el actual proceso electoral, son un síntoma más  de la descomposición política  que impulsa al país al salto atrás; la descomposición al interior de todos los partidos políticos, incluido naturalmente el PRI, y su constante alejamiento de los intereses de la mayoría de los veracruzanos, es un pálido reflejo de la profundidad de la crisis del sistema de partidos políticos que vive México.

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México, 6 de julio.- El líder nacional del PAN, Germán Martínez Cázares, anunció esta tarde su renuncia al cargo y que convocará a una elección interna en un plazo de 30 días.

Dijo que al no haber logrado las metas que se propuso para la contienda electoral del pasado domingo y sabiendo que como líder del Partido Acción Nacional (PAN) debe asumir la responsabilidad de todos y cada uno de los resultados en los comicios federales y locales, asume también las consecuencias.

En conferencia de prensa, expresó que no fue posible convertir de manera legítima y democrática la aprobación que tiene el presidente Felipe Calderón entre los ciudadanos, en confianza para los candidatos de Acción Nacional.

“La derrota es el momento más claro para demostrar que en Acción Nacional hay dignidad, ética de la responsabilidad y cultura de la dimisión.   “Anuncio que el día de hoy he tomado la decisión de renunciar a la Presidencia Nacional del PAN, convocaré de acuerdo a nuestros estatutos generales a una sesión de consejo general para elegir en un plazo de 30 días un nuevo presidente nacional”, precisó.

Nota completa en:   El Financiero en línea


PREP concluye conteo con PRI a la cabeza en Congreso

El Universal en línea

El Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) concluyó el conteo de sus actas 15 minutos antes de lo previsto por Instituto Federal Electoral (IFE), y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) obtuvo 15 millones 518 mil sufragios, con lo que ganó en 137 distritos electorales.

De acuerdo a los resultados preliminares, la coalición Primero México, conformada por el PRI y el Partido Verde Ecologista de México, ganó en 50 distritos, con lo que confirma la mayoría absoluta del tricolor en el Congreso de la Unión con 241 legisladores.

El Partido Acción Nacional (PAN) quedó en la segunda posición con 71 distritos tras sumar  9 millones 549 mil votos que representan 147 curules.

Mientras que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) confirmó su tercera posición en las preferencias electorales al quedar con 4 millones 164 mil sufragios, lo que redituó para el sol azteca en 39 distritos y 72 diputados.
La coalición formada por Convergencia y el Partido del Trabajo ganó en tres distritos, el primero obtuvo seis diputaciones y el segundo nueve.

Nueva Alianza obtuvo ocho curules en la Cámara de Diputados federal.

De confirmarse estas tendencias, el Partido Social Demócrata (PSD) perdería el registro, al quedarse en 1.3% para refrendarlo, ya que necesitaba al menos 2%.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


Dentro del escenario maniqueo que se nos quiere imponer como preámbulo a la elección del 5 de julio próximo, he escuchado de labios de priístas una frase lapidaria que hoy hace suya la Sra. Beatriz Paredes, Presidenta nacional del PRI: “El PAN no sabe gobernar”. Extraña afirmación que considero totalmente fuera de lugar y al margen del contexto histórico de México.


Más allá de hechos probados que demuestran fehacientemente que los últimos 4 presidentes de la república emanados de las filas del PRI no supieron gobernar, adoptando el modelo neoliberal de desarrollo que condujera al más que evidente desmantelamiento del Estado y empobrecimiento de la Nación, hoy, a más de cinco lustros de distancia, es ya del dominio público que en los casi nueve años de gobierno panista el PRI ha cogobernado, compartiendo con la derecha la toma de aquellas decisiones que hoy tienen al país al borde del desastre anunciado.


¿O es que existe duda al respecto?


A unas cuantas semanas de los comicios del 5 de julio un alto porcentaje de la población así lo percibe; juzgándose por igual no sólo al PRI y al PAN, sino a la partidocracia que en conjunto constituye la clase gobernante. Tan es así que entre la ciudadanía cobra fuerza la idea de no sufragar o de nulificar el voto, antes que legitimar un estado de cosas en el que la voluntad de cambio no se da.  La clase política no puede ni debe hablar y mucho menos afirmar, que un partido político en específico sabe o no sabe gobernar a un país que hoy día se contempla sin rumbo, sin liderazgo, sin destino cierto y sin esperanza, sin morderse la lengua.


De ahí que la estrategia priísta en su afán de contrarrestar el efecto de un garlito que les pusiera Felipe Calderón y su equipo de expertos extranjeros en “guerra sucia electoral”, resulta ser harto simplista. No conforme con haber caído en la trampa, el PRI, – los partidos emergentes parecen no contar en el polarizado combate -, se revuelve con generalidades, con palos de ciego circunscritos a un  ámbito electoral que pasa por intereses personales y de grupo de la clase política, evadiendo una estrategia de propuestas concretas que apunten a dar respuesta puntual a lo que hoy día, frente a la crisis sistémica global, ocupa y preocupa a la mayoría de una población a la que ni se le ve ni se le escucha.


Si el partido tricolor supiera gobernar, frente a las crisis concurrentes tendría las respuestas a flor de labio y tiempo ah, como oposición responsable,  hubiera renunciado al maridaje con el PAN; dejando de prestarse al juego de la derecha que, entre sus logros más destacados, tiene en su haber la militarización del país, el derrumbe de la economía y el retroceso democrático. No es así. La coincidencia en intereses estratégicos con la derecha, hacen del PRI un simple colaborador y compañero de camino del panismo en el poder. Ambos partidos se tapan con la misma sábana y los artífices de la estrategia del terror lo saben y de ello se valen para arrinconar al priísmo.


Dejar hacer, dejar pasar, es la consigna priísta. Manos libres al gobierno de Calderón Hinojosa, lo mismo para concluir la tarea histórica de desmantelamiento del Estado, la venta de garaje ofertando al capital extranjero lo poco que queda del patrimonio nacional, que para poner la soberanía en manos del  mejor postor ante la incapacidad manifiesta del (des) gobierno para brindar seguridad y bienestar a los mexicanos. Las campañas políticas de los candidatos priístas en curso,  no indican la existencia de la más mínima voluntad de corregir el rumbo. Para el PAN su estrategia electoral es congruente con su naturaleza y con sus objetivos: mantener el poder a cualquier costo para profundizar el proceso de derechización fascistoide del Estado mexicano. ¿Cuáles son los objetivos de mediano y largo plazo del PRI? Esta pregunta se queda sin respuesta. En la coyuntura sólo habla de un triunfo pírrico de sus candidatos.


El PRI va a ganar en las elecciones en puerta. Casi es un hecho pero, ¿conoce la ciudadanía de sus intenciones de mediano y largo plazo en lo que a rumbo y destino del país concierne? ¿O la elección es únicamente un paso previo en la búsqueda de la recuperación de Los Pinos; la recuperación del poder por el poder mismo, para después compartirlo con el PAN? No hay respuesta, como tampoco se dio el cambio democrático al interior de este partido,  en respuesta a una militancia dolida y confundida tras la derrota de Roberto Madrazo.


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