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Tag Archives: partidos políticos

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si en la coyuntura lo que está en juego es la elección presidencial, para el mediano y largo plazo la disyuntiva está entre el elegir la opción de un más de lo mismo ofertado por el gatopardismo que desde la cúpula del poder nos habla de un nuevo rumbo para seguir igual, o un proceso de cambio auténtico con el objetivo de sacudir el marasmo de la Nación y, entre todos, proponernos abatir atraso, desigualdad, pobreza, injusticia, corrupción, violencia  e impunidad.

En este orden de ideas, el primero de julio más que una típica elección presidencial lo que las circunstancias nos ofrecen es un plebiscito amplio, en el que el pueblo de México definirá si se sigue por el mismo camino, sin brújula y sin rumbo cierto recreando atraso y retroceso, o se opta por un cambio verdadero que saque al país de un atolladero que se complica en el marco de un escenario internacional de crisis, incertidumbre y nula esperanza de futuro.

Para lo más de lo mismo, no hay que pensarle mucho ni arriesgar el resto. Sólo es dejarnos llevar por la inercia, bajo la manida premisa de que el PRI o el PAN si saben gobernar. Porque no nos engañemos, en primera y última instancia las candidaturas de Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota sólo son reflejo y consecuencia del conservadurismo que aún anima en amplias capas de la población. El miedo a dar un pequeño salto hacia delante nos lleva a pensar que “más seguro lo comido ya mañana Dios dirá”, mientras lamemos impotentes las heridas que nos deja un ominoso pasado que se recrea en tiempo presente. A este dejar hacer dejar pasar, se atienen los poderes fácticos para manipular conciencias, voluntades y futuro de la Nación.

El optar por un cambio auténtico no es tan simple. Tenemos que ver con claridad el pasado, valorar el presente y otear el futuro con talante crítico. Hay que pensar y actuar en consecuencia, superando los miedos y mostrarnos a nosotros mismos de que estamos hechos. Todo cambio ofrece incertidumbre, da miedo equivocarse y tomar el camino equivocado en la encrucijada. Dar el primer paso exige valor pero también la certeza de que siempre hay la posibilidad de desandar el camino en busca de la ruta correcta. La historia de la humanidad nos ha dejado múltiples ejemplos de ello, el progreso y la marcha ascendente del hombre como inquilino del mundo está jalonado por el acierto y error en el largo y complejo transitar de los pueblos. Es de humanos equivocarse, como lo es el enmendar el entuerto.

En nuestras manos está el afrontar con valor el futuro o seguir durmiendo despiertos presas del temor a brincar la tablita.

Cambiar para seguir igual o el cambio verdadero. Dicotomía que pone en primer plano las únicas opciones a elegir. La moneda está en el aire, o nos dejamos llevar por la inercia ó nos inclinamos por el voto razonado. Pensamos y actuamos atendiendo a la razón o dejamos que piensen por nosotros. El pueblo de México lo decidirá en el pleisbicito nacional del primero de julio. Sea cual fuere el resultado no hay lugar para las lamentaciones y el reclamo, el pueblo de México habrá hablado.

Hojas que se lleva el viento

Verdaderamente lamentable y vergonzoso el que el candidato Enrique Peña Nieto haya  descalificado a priori el debate entre presidenciables organizado por el movimiento universitario #yosoy132. Su negativa a aceptar la invitación que le hiciera un importante segmento de la juventud estudiosa de México, le privó de ser partícipe en un evento de lo más trascendente para la vida democrática y civilizatoria de México. Pese a la limitación de recursos técnicos, el debate entre los tres candidatos presentes, cualitativamente superó en mucho a los dos anteriores organizados por el IFE. Mis felicitaciones para un movimiento estudiantil que entiende que lo que está en juego es el futuro de la Nación. Como era de esperarse, el priísmo en su gran mayoría menosprecio al igual que su candidato un encuentro civilizado sustentado en el diálogo fructífero, la tolerancia y el respeto a las diferencias.

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El fuego amigo se recrudece en nuestra prospera aldea conforme se acerca el primero de julio. El temor y la incertidumbre se apoderan de las altas esferas del poder y las recriminaciones mutuas no se dejan esperar. No sólo al interior del partido gobernante, también se da en las cúpulas opositoras. Caras largas en todos los abrevaderos, si gana Peña Nieto la elección, malo para el gobernador y su administración, si la pierde, peor, desestabilizándose el frágil andamiaje de la gobernabilidad en Veracruz. La simulación y el trastupije quedará exhibida y sin condiciones para negociar.

Si gana López Obrador el derrumbe en el tortuoso mundillo de la corrupción, intereses creados, prebendas e impunidad es la amenaza.  Si pierde, el ajuste de cuentas, cortadero de cabezas y el sálvese el que pueda entre servidores públicos que bajo el agua le apuestan al candidato de las llamadas izquierdas.

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La desconfianza en su propia fuerza, anida en una clase política rampante, nadie cree ni en sus propios dichos ni en lo expresado en el changarro de enfrente. A diferencia del clima de triunfalismo desbocado en el que para todos era miel sobre hojuelas, hoy el temor a la derrota resquebraja unidad, propicia la traición y en medio de la incertidumbre el transitar de las ratas de un buque a punto de zozobrar a otro en el que apenas la lumbre llega a los aparejos. Lo que está en chino es saber cual llegará incólume a puerto seguro. Nadie apuesta ya al carro completo, la elección en Veracruz a tercios, Javier Duarte de Ochoa falló en el intento de cumplir lo ofrecido a Peña Nieto.

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Del miedo a lo que venga del “#yosoy132”, el priísmo veracruzano brinca al temor de que su ingeniería electoral quede exhibida. La caza de mapaches y localización de bodegas y tienditas de compra venta de votos está a la orden del día a lo largo y ancho del estado. La militancia alquilada del PRI no es suficiente para impedir que la denuncia haga mella, ni el gobierno estatal capacitado para disimular su ingerencia en lo que ya los veracruzanos identifican como fraude. De risa, tras ser sorprendidos con las manos en la masa, el dirigente estatal del PRI confunde denuncias ciudadanas con guerra sucia. De ese tamaño es el espanto.- Xalapa, Ver., Junio 20 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Peña Nieto parece entender mejor que sus rivales en qué año vive. Y a qué mexicanos les está hablando”: Ciro Gómez Leyva

No hay dinero más caro que el que no se tiene, dice la conseja popular, lo cual podría aplicarse a la incipiente democracia en México, cuando se observa la pobreza de contenido del mensaje mercadológico de las ofertas de partidos y candidatos en la contienda por la presidencia de la República.

Unos más unos menos, lo que ofrecen al electorado nada tiene que ver con la realidad en la que se vive en un país dominado por la corrupción, pobreza y la desesperanza. El no contar con una democracia representativa auténtica y sustentada en la participación conciente y consecuente de la ciudadanía, resulta demasiado caro para un México que históricamente aplica grandes esfuerzos en su intento por salir del subdesarrollo.

A unos días de que inicien formalmente las campañas proselitistas, todo está listo para que el pueblo de México se vea bombardeado por spots televisivos, planas enteras en la prensa e intenso intercambio de lo mismo sesudos análisis de reconocidos politólogos, que trivialidades y lugares comunes. Todos partiendo de la premisa de que el mensaje a emitir va dirigido a un receptor inteligente, informado y pensante que, participando en el libre juego democrático, en su momento sabrá discernir si su voto está a favor de mercancía chatarra o a favor de una renovada esperanza sobre un futuro bonancible de progreso y bienestar para todos.

Lo cierto, salvo mejores opiniones, es que el México y los mexicanos electores potenciales al cual está enfocado el mensaje electoral a emitir, de acuerdo con lo aprobado por el IFE, no se corresponde con la realidad presente que la mayoría percibimos pero que políticamente no procesamos de manera consecuente.

Con índices de pobreza y pobreza extrema arriba del 40% de la población nacional, el subdesarrollo del país está  muy lejos del México ideal que nuestra clase política contempla, punto de partida éste para las campañas políticas de proselitismo que iniciarán el 30 del presente. Las promesas a ofertar habrán de referirse a un deseable futuro y no a un pasado y presente con atraso estructural no superado. Se reivindicará una ilusión y se guardará una vez más en el baúl del olvido reivindicaciones que en la memoria histórica nos remiten a una Revolución Mexicana interrumpida, desviada y traicionada en propósitos y objetivos de desarrollo con justicia social.

La modernidad como ilusorio escenario democrático de una sociedad del bienestar en un país que, históricamente, tiene como asignatura pendiente remontar el atraso y subdesarrollo que se pretendiera superar allá en los albores del siglo pasado por hombres y mujeres que ofrendaran su vida por un México mejor, más justo y más humano. Vana ilusión cuando en nombre de ese futurismo especulativo a que nos remiten partidos políticos y candidatos, se propone dar marcha atrás en lo que con sangre derramada fuera conquistado como irrenunciable, lo mismo en derechos individuales y sociales que en soberanía e independencia nacional.

Espejitos y abalorios artificiosamente envueltos en papel de seda, cuando es sabido que sin importar el ropaje, el mono, mono se queda.

Pareciera que me contradigo con lo ya expuesto en entregas anteriores sobre Andrés Manuel López Obrador, a quien considero guarda entereza, visión, esperanza y congruencia en sus propuestas. No es así. A mi juicio pese a considerarlo el mejor contendiente por la presidencia de la República, el político tabasqueño también parte de premisas falsas en el mensaje que emite a la ciudadanía; pecando de exceso de optimismo o ingenuidad, al estimar que el receptor de su propuesta electoral en su mayoría es un mexicano libre, informado, pensante, y dispuesto a sumarse al esfuerzo de transformación del país que propone, cuando la realidad indica lo contrario.

La libertad para manifestarse en las urnas, está subordinada a la necesidad creciente de un pueblo orillado a la pobreza y a la subcultura política de la simulación y el engaño. A mayor pobreza en el país, mayor es la posibilidad de que la presunta libertad se vulnere una vez más, sometiéndose la voluntad ciudadana a prácticas electoreras perversas como la compra del voto por partidos y candidatos. Prácticas que a su vez hacen nugatorio el propósito ideal de que la ciudadanía se exprese sufragando con información, conocimiento de causa y discernimiento sobre lo que más conviene al México real en el que en suerte nos toca vivir.

La sociedad mexicana está muy lejos del ideal democrático en que Andrés Manuel López Obrador sustenta su propuesta electoral. El  listado de candidatos de la Coalición de las llamadas izquierdas, tanto al Senado como a la Cámara baja, salvo contadas y respetables excepciones, son evidente reflejo del pantanoso y corrupto escenario antidemocrático nacional que precede a la campaña política formal del tabasqueño.

Ojala y no me equivoque en esto último ni se tome a mal interpretándose mis palabras como pedestre subestimación peyorativa de un pueblo que, pese a su condición de pobreza y pobreza extrema,  constantemente da muestra de fortaleza y amor a México. Pero no es posible ignorar una realidad que pesa y determina en todo proceso electoral, Cuantimás en el presente, en el que la corrupción, el dinero y no la libre voluntad del elector parece ser la constante en un régimen político agotado, en crisis terminal que ayuno de rumbo y visión de Estado, nos arrastra en su caída.

Ni el electorado en su gran mayoría es libre para expresar su voluntad en las urnas ni la política apunta a la construcción de una democracia representativa sustentada en la búsqueda del bien común. Ausencia de ciudadanía y perversidad política van de la mano. Sin participación en la toma de aquellas decisiones que le afectan y competen, el pueblo de México seguirá siendo rehén de la partidocracia rampante.

En política todo lo que se compra con dinero es barato, afirmaba cínicamente Fidel Herrera Beltrán, resumiendo una verdad insoslayable en la realidad del México de hoy. Lo que el electorado en respuesta al mensaje de partidos y candidatos debería expresar en las urnas es que la democracia no está en venta. Pero no puede hacerse de lado que la democracia simulada está al alcance del mejor postor. Y, desafortunadamente, todo parece indicar que  ésta última le resulta en extremo barata a un régimen político que ya no da más.

“Dinero mata carita”, paradigma de nuestro tiempo en el imaginario popular. El mensaje electorero a emitir, presuntamente parece apostarle a la imagen mediática de un México inexistente cuando la realidad indica que el partido y el candidato ganador será el que más dinero aplique a la compra de conciencias y voluntades de un inerme electorado que, a cambio, recibirá más de lo mismo: espejitos y abalorios como espejitos y abalorios nos ofertarán partidos y candidatos.

Hojas que se lleva el viento

Veracruz paradigma de capacidad de convocatoria en turismo gracias al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa. Ni la misa oficiada por el pontífice Benedicto XVI en Guanajuato, con 640 mil asistentes, pudo opacar la multitudinaria afluencia de visitantes a la Cumbre Tajín 2012, la mejor, más vistosa y más ilustrativa de las profundas raíces de los veracruzanos, desde que se instituyera este evento como el más importante de la entidad. Y viene lo mejor: Semana Santa, festividad a la que se espera confluyan en nuestras playas más de cuatro millones de paseantes, incluido el turismo tradicional de jícama y horchata que es atraído con despensas y paraguas tricolores.

Mérida, Yuc., a 25 de marzo de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Pecando quizá de catastrofismo anticipado, desde hace meses se ha insistido en este espacio sobre la existencia de una crisis del régimen político nacional que afecta lo mismo a los partidos políticos que a las instituciones republicanas, en demerito de la vida social y económica del país.

Percepción que de una o otra manera se ha venido confirmando con el inicio formal del proceso electoral que desembocará en los comicios del 2012, sin que la clase política tenga una clara conciencia de ello o, en su defecto, cuide las formas para hacerle menos ostensible para no agitar al avispero.

Si bien existe la idea cada vez más generalizada de que éste proceso electoral será atípico, poco se ha profundizado en ello, ateniéndose a experiencias de pasados comicios, a un injustificable optimismo y,  al hecho innegable de la pertinaz amenaza  de la incursión de la delincuencia organizada en el desarrollo de la contienda y en sus resultados, sin tocar aspectos a mi juicio determinantes, como el deterioro creciente del tejido social, el efecto dominó de la crisis sistémica global, el agotamiento del modelo neoliberal y el presumible fracaso de la post modernidad como forma de vida, así como la descomposición del aparato del Estado Mexicano, reflejada tanto en el comportamiento de una administración gubernamental incapaz de superar la corrupción, como en la conducta pública  y privada de los actores políticos.

Aspectos estos últimos que la clase política se niega en principio a reconocer, dando por sentado que el México de hoy es el México de ayer y de siempre, sin atender a los cambios profundos que acusa la sociedad mexicana en los albores del Siglo XXI.

Si bien, en la forma todo parece igual, en el fondo el crecimiento demográfico, la creciente desigualdad y pobreza, las nuevas tecnologías de la información y comunicación, así como entre otros factores la incapacidad e inmovilismo del aparato del Estado para atender con eficiencia y eficacia las necesidades reales y sentidas de la población, nos ofrecen un panorama distinto, cuantitativa y cualitativamente diferente al acusado en los últimos lustros del Siglo XX.

Política envilecida

Perdido rumbo y brújula para entender a la sociedad presente y, por ende, actuar en consecuencia, se envilece la política, privilegiándose la simulación, la mentira y el gatopardismo, en demerito del bien común y de la democracia representativa que, en teoría, sustenta al régimen político.

El ejercicio de la política en el terreno electoral, más que contienda democrática se entiende hoy como una guerra darwiniana en la que habrá de prevalecer el más fuerte y no el más capaz, en la ya de sí compleja tarea de gobernar a México. En tal lucha sin cuartel, el fin justifica los medios en detrimento del estado de derecho y de la sociedad a la que el régimen se debe. A la confrontación de posicionamiento ideológico, programas y propuestas, se impone el pedestre objetivo de alcanzar el poder por el poder mismo. México es el botín y de ello devienen conductas de partidos y actores políticos, hoy agrupados en lo que ya se conoce como la partidocracia mexicana.

El pragmatismo como norma y el saqueo e impunidad como regla de oro de una llamada clase política, mientras el país se hunde entre el deterioro social y económico, así como la pérdida de confianza y credibilidad en el aparato del Estado. En este contexto, el régimen político caduco y obsoleto no da más como instrumento de cohesión, identidad nacional y conducción de la vida política, económica y social con visión de futuro, del México de hoy.

La llamada  clase política no ve, no escucha, confiada en la presunta indiferencia social, mientras se derrumba el tinglado.

Escenario a la vista

En este degradado escenario inicia la guerra que no contienda electoral. Más que “velar armas”, como coloquialmente se dice, partidos y actores políticos, con el presidente Calderón a la cabeza, blanden las bacinicas, dispuestos a enlodarse unos a otros en busca del “Vellocino de oro”. El interés nacional y el bienestar de la gente no figuran en sus planes, salvo como temas colaterales motivo del discurso proselitista.

Los exabruptos de Calderón Hinojosa en torno a la intervención de de delincuencia en los comicios, o las declaraciones de sus adversarios descalificándole por descubrir el hilo negro, el escándalo en torno a la deshonestidad de Humberto Moreira,  las pifias de Peña Nieto y de Cordero, o el soterrado y no por ello menos obvio conflicto al interior del PRD por la candidatura de López Obrador, son apenas un pálido reflejo de lo que nos espera a lo largo del proceso electoral.

La sociedad, víctima de tales excesos, deja hacer deja pasar, en espera de una oportunidad que nunca llega, de tomar la iniciativa e impulsar los cambios estructurales que el país demanda. Polarizándose la idea de votar o no votar en los próximos comicios, como si de esta perversa dicotomía dependiera el hacer posible un México mejor.

O se acepta  la profundidad de la crisis del régimen político y  se actúa en consecuencia, o al baile  a todos nos llevan las muchachas.

Llegó la hora, a mi juicio, de observar un poco más allá de nuestro ombligo, alzar la mirada para percibir lo que de no cambiar, nos ofrece un ominoso futuro. Mérida, Yuc.

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J. Enrique Olivera Arce

 La debacle 

“A los políticos no se les mide con la vara de la filosofía, sino con la dialéctica de la política; por que esta es su verdadera filosofía”.
Néstor Kohan 

 Conforme la descomposición social y política avanza a pasos agigantados, en México la razón de Estado se pierde entre dimes y diretes, chismes de alcoba y bravuconadas, en un escenario previo al proceso electoral del 2012 en el que todo apunta ya a un “tsunami” que, teniendo como epicentro la residencia presidencial de Los Pinos, advierte de la puesta en marcha de una “guerra sucia” de alcances impredecibles. 

 El objetivo, la Nación como botín, en un contexto en el que un cada vez mayor número de ciudadanos toma conciencia de que  el momento de decir ¡Ya basta!, está a la vuelta de la esquina. 

 Si para Carlos Salinas el “quinazo” fuera pretexto para legitimarse tras el fraude electoral, para Felipe Calderón Hinojosa la detención de Hank Rhon es el clavo ardiendo del que agarrarse en su vertiginosa caída, en el quizá último intento por evitar el retorno del dinosaurio priísta. Sin parar mientes en que con ello descarrila el sistema político en su conjunto, provocando la debacle de los partidos políticos. 

 Roto el diálogo y la posibilidad de componendas electorales en lo oscurito, el todos contra todos está ya a la orden del día mientras el vacío de poder cede espacio a la ingobernabilidad. La razón de Estado al garete, sujeta con alfileres, se expresa a gritos y sombrerazos de una clase política carente de principios, sin rumbo y credibilidad. 

 Aquí, en la fantasiosa isla de “Aquí no pasa nada”, observamos el árbol multicolor de una ilusoria prosperidad sin ver el bosque. Vanagloriándonos en la aldea de nuestro potencial y marchando de espaldas a la acuciosa realidad; desde la estrechez del ventanuco no alcanzando a ver más allá de nuestro propio ombligo, seguimos considerándonos ajenos a la tragedia nacional. 

 Las fanfarrias triunfalistas en medio del desastre no dejan de sonar, mientras en el resto del país el futuro es incierto, en Veracruz la alegría jarocha se desborda ante el anuncio de que seremos coprotagonistas lo mismo de telenovelas que de la industria mediática de la alta costura ó de cocina gourmet internacional, a la par que contaremos con un desarrollo inmobiliario de primer mundo cuyo club de golf de cinco estrellas, será paradigma de crecimiento económico y desarrollo social y humano, en una entidad federativa que se debate entre la desigualdad, el desempleo y la pobreza. 

 La crisis económica y social, así como la debacle política nacional nos son ajenas. A lo mucho son motivo de profundas disquisiciones entre tertulianos de café o charlas de sobre mesa  entre la gente bonita, mientras el partido que dice gobernar se solaza del éxito alcanzado en una cuestionada elección pueblerina, esa sí, paradigma viviente de la inconsciencia, el despilfarro de recursos públicos y al diablo con las instituciones electorales, o bien, se felicita porque ahora sí, a la vista de todo el mundo, lo más granado de su militancia cumplidamente en un singular evento, hará entrega de su cuota de rigor a un instituto político perdido en la mediocridad. 

 ¿Crisis? ¿Debacle política? 

 Malos sueños de una noche de verano, cuando los asuntos de barandilla se tornan políticos, en tanto que la política se dirime en barandilla. Ni más, ni menos.

 Adendum:

Por razones obvias con motivo del “día de la libertad de expresión”, en México no hay nada que celebrar, salvo aplaudir a los integrantes de la “Caravana por la paz, Justicia y Dignidad”, que desde la plaza pública hacen valer el derecho universal a expresarse en libertad.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vive, piensa, opera y se beneficia de y para desde las entrañas mismas del poder fáctico, luego no pueden considerarse incongruentes las declaraciones públicas de Diego Fernández de Ceballos cuando con firmeza afirma: “Siempre he estado en contra de alianzas, y de cambios repentinos y de etiquetas que se pongan o se quiten”, refiriéndose a la presunta alianza en construcción entre su partido, el PAN, y el de la “Revolución Democrática” de los chuchos.

Sabe más el diablo por viejo y retorcido que por diablo, luego Fernández de Ceballos conoce de lo que habla y de lo que el mezclar agua y aceite en política significa, cuando se atraviesa por una profunda crisis del sistema electoral y de partidos en un país que ha perdido el rumbo.

Los extremos se tocan. No es circunstancial que desde la trinchera de enfrente, Andrés Manuel López Obrador, con el mismo talante, coincida con el “Jefe Diego”.  Ambos saben lo que está en juego y, cada uno, a su muy peculiar estilo de navegar en las turbulentas aguas de la política nacional, sopesa el riesgo que se corre tanto para la derecha como para la izquierda, en su caso, con  el travestismo político y un pragmatismo sin límite que desdibuja diferencias ideológicas, valores, principios, y programas en los que debería sustentarse el objetivo sustantivo de todo partido político de masas, que es la toma del poder.

Con visión de Estado en un horizonte de largo plazo, por sobre lo coyuntural, ambos personajes parecen vislumbrar lo que para el sistema electoral y de partidos políticos representan “las alianzas contra natura”, como ha sido dable observar en las últimas elecciones de gobernador en Oaxaca y Guerrero y sus indudables consecuencias para un endeble intento por construir una democracia representativa moderna  en nuestro país.

Triunfo pírrico el de las alianzas ganadoras. De la contradicción sustantiva se derivan otras no menos graves que restan gobernabilidad y credibilidad, como ya está aconteciendo en Oaxaca o, para no ir muy lejos, con la coptación por Fidel Herrera Beltrán  de las cúpulas partidistas de oposición en Veracruz, generando desconcierto, confusión, incredibilidad y dispersión en el electorado; resultando de tal “alianza de facto”  un gabinete de chile de dulce y de manteca en el que cada quien lleva agua a su propio molino;  así como un Congreso local sin disidencia, manifestándose incapaz de operar con autenticidad y legitimidad como representante de la voluntad popular.

El pragmatismo político tiene límites implícitos, en forma y fondo, no contemplados en la legislación electoral vigente ni en la práctica política ortodoxa. El persistir en transgredirlos nos ha llevado a la inoperancia de las reglas mínimas de civilidad del juego electoral operando, paradójicamente, en contra de los mismos que hacen del pragmatismo sin límite el pan de cada día, los partidos políticos,  que han perdido institucionalidad, credibilidad, vigencia y razón de ser para la incipiente vida democrática de México, arrastrando consigo al  sistema electoral en su conjunto.

El categórico mensaje tanto de Fernández de Ceballos como de Andrés Manuel López Obrador, así como la ausencia de consenso en el Congreso de la Unión para sacar adelante la reforma del Estado, debería considerarse como una voz de alarma; más, cuando el horno no está para bollos, con la “guerra” perdida de Calderón Hinojosa y la nada velada intencionalidad de Carlos Salinas de Gortari de auspiciar un bipartidismo a modo impulsado desde Washington. A lo que habría que sumar el imparable ascenso de la carestía y el descenso de la calidad de vida de la mayoría de los mexicanos.

Incertidumbre, inseguridad y hambre, son malos consejeros para un pueblo al que se le ha privado de esperanza y expectativas de bienestar y progreso. Observemos lo que está aconteciendo en el mundo globalizado con Egipto, Túnez y gran parte de Europa,  teniendo como escenario un renovado efecto dominó en expansión.

La crisis del sistema electoral y de partidos políticos en México está tocando fondo. No hay ni ganadores ni perdedores, “sino todo lo contrario”, no echemos en saco roto la advertencia.

Al PAN, lo que es del PAN como expresión de la derecha en el espectro político y, en contraparte, a la izquierda electoral lo que ideológicamente deberían ser sus objetivos en respuesta a las demandas de las  mayorías. De lo contrario, Carlos Salinas, desde un PRI ecléctico, perturbado, que navega a la deriva entre sus propias contradicciones, terminará por salirse con la suya.

Habría que reflexionar si un bipartidismo neoliberal en México, carente de ética política y a merced de los intereses de Washington, sería la mejor fórmula para avanzar en el marco de la turbulencia de una crisis sistémica globalizada, en la que los pueblos oprimidos ya asumen su papel protagónico.

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Más claro ni el agua. Alianza PAN-PRD rinde frutos

El Senado aprobó en comisiones y sin cambios, reformas al Artículo segundo de la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), que eleva a siete pesos el precio de las cajetillas de cigarros en 2011. El dictamen, avalado por los senadores de los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), el voto en contra del PRI y la abstención de Convergencia y PT, prevé una cuota adicional de 0.35 por cigarro, con lo que se espera obtener 42 mil 59 millones de pesos en 2011. El líder de los senadores del Partido del Trabajo (PT), Ricardo Monreal, criticó el aumento, y lo calificó de “muy selectivo” ya que grava a un solo sector y no a la industria “de la comida chatarra, que está siendo protegida de manera desmedida en las escuelas”. La Crónica

Bernardo Bátiz V. / La Jornada

Es, podrían decirnos, una utopía, puede ser, pero es una utopía indispensable en los días que corren; si de veras queremos un cambio más allá de nombres, siglas partidistas y coaliciones oportunistas, tenemos la oportunidad, el vehículo apropiado que es el movimiento y miles de compañeros y compañeras dispuestos a cumplir con su parte en la obra, conscientes de que, como lo dijo la joven regiomontana, estamos en un lugar y en un momento muy importante para la historia de México.

Otra vez, el domingo 25 del mes pasado una multitud colmó la plaza mayor de México y escuchó los 32 mensajes de las entidades federativas, después de la presentación inicial de un proyecto alternativo de nación, propuesto a los ciudadanos por intelectuales reconocidos e intachables y luego, la culminación, que fue un mensaje cargado de consideraciones éticas, entre las que destaca el llamado al amor al prójimo, como motivación profunda y auténtica de la política, que hizo Andrés Manuel López Obrador; rescatando con ello un concepto de más de dos siglos, hoy postergado, con el que nuevamente se sacudió la anquilosada vida política que padecemos.

Todos los días leemos, vemos y oímos a los políticos convencionales, cortados con la misma tijera, a pesar de pertenecer a partidos diferentes, y todos los días oímos asombrados a veces, aburridos otras, a los comunicadores, repetidores de noticias, o leemos en los encabezados de los diarios, alarmantes augurios de más desgracia, más pobreza y pocas, muy pocas propuestas efectivas, por ello el contraste no puede ser más brusco con lo que sucedió en el Zócalo.

Se trata de una multitud que recobra la esperanza y que, ante la presencia de los representantes de todos los estados, se percata de que sus propios grupos locales no están solos, pertenecen a un gran movimiento nacional. Las propuestas que se ponen a discusión para un nuevo proyecto de nación y los informes alentadores de los representantes de los grupos del movimiento en todo el país, nos muestran que se puede hacer política en México más allá de las intrigas, las mentiras, los arreglos entre cúpulas, los enérgicos pero inútiles extrañamientos de nuestros legisladores y los ardientes discursos al vacío del titular del Ejecutivo.

El ambiente del 25, fue de esperanza y de renovación; se escucharon propuestas para democratizar los medios de comunicación, combatir la corrupción y crear una nueva economía más cercana a la equidad, a la justicia distributiva y a la abolición de los privilegios fiscales; se reiteró la necesidad de que la riqueza de México, energéticos, campo, costas, bosques, banca, minas, beneficie a los mexicanos y se preserven para la nación las áreas estratégicas.

También se escucharon desde la tribuna mensajes alentadores provenientes de todos los rincones del país; las bombas del vocero de Yucatán, la oratoria seria y fogosa del representante de Guerrero y muchas más.

Un mensaje especial, que es una bocanada de aire fresco en la política, fue el alegre y sentido de la joven representante de Nuevo León, que en el minuto y medio que tuvo para expresarse en nombre de sus paisanos, dijo algo que tenemos y queremos recordar:

“Mi casa, su casa, es un lugar muy importante para la historia de México, de ahí salen los ejemplares de Regeneración que llegan a miles de hogares. Por las noches, mis padres, sus compañeros, mis primos y los jóvenes del comité Hacienda La Silla llegan alegres comentando la jornada de repartición del periódico. Mis abuelitos ayudan en todo lo que pueden. Isabella, mi sobrina, la brigadista más pequeña, tiene sólo dos años, desde el regazo de su abuela está siempre atenta de que nadie se quede sin Regeneración”.

Qué distinto el discurso de una joven que ha visto a su alrededor la ineficacia de malos gobiernos que se traduce en desgracias y desastres para los habitantes, que ha oído los encuentros con armas de fuego y que sin duda sabe de problemas y carencias, porque el gobierno no ha podido o no ha querido darnos el mínimo de seguridad que requiere nuestra convivencia, pero que no se desanima por ello, como no se desaniman sus vecinos y familiares y aportan lo que les corresponde para el cambio pacífico de las estructuras sociales.

Con mujeres y hombres como los que participaron en la magna asamblea, con un dirigente de talla nacional, con propuestas patriotas y factibles, no podemos menos que mantener y confirmar nuestra confianza en el trabajo político y en el esfuerzo de un movimiento que se distancia de la estrategia cotidiana y menor de los chismorreos y las intrigas y va a las bases, al fondo de las cuestiones fundamentales y que, en síntesis, propone el amor al prójimo como técnica de participación política.

Es, podrían decirnos, una utopía, puede ser, pero es una utopía indispensable en los días que corren; si de veras queremos un cambio más allá de nombres, siglas partidistas y coaliciones oportunistas, tenemos la oportunidad, el vehículo apropiado que es el movimiento y miles de compañeros y compañeras dispuestos a cumplir con su parte en la obra, conscientes de que, como lo dijo la joven regiomontana, estamos en un lugar y en un momento muy importante para la historia de México.

jusbbv@hotmail.com

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuando la población carece de información oportuna, suficiente, transparente y creíble, el rumor y la especulación se encargan de la construcción de percepciones diversas, contradictorias, hasta absurdas, en la opinión pública. Así que no debe extrañarnos el que, nos guste o no,  el tema de la seguridad pública ya esté en el ánimo de segmentos importantes de la sociedad veracruzana, no obstante que objetivamente la situación que se vive en Veracruz no se aproxima ni con mucho a la que priva en otras entidades del país, asoladas por un constante sobresalto resultante del clima de violencia que en estas se vive.

El crimen perpetrado en contra de un conocido matrimonio en Xalapa es motivo de comentarios, especulaciones y descabelladas teorías sobre su motivación lo mismo en tertulias de café que en los centros de trabajo o en el hogar de no pocas familias que relacionan el hecho casi de manera automática con el escenario de violencia que coloca a México entre los países más inseguros del orbe; magnificándose con el desgarre de vestiduras que se promueve en la entidad veracruzana con claro tinte y fines político electorales.

Generándose en la población una falsa percepción de inseguridad y temor fácilmente capitalizable políticamente en el marco de un proceso electoral atípico, ríspido y propicio para dar por sentado, sin el mayor análisis, que la elección del cuatro de julio habría de darse en medio de un clima de violencia e inseguridad para los potenciales votantes. Imponiéndose por sobre la razón un desagradable e inconsecuente “sospechosismo” en torno a intereses oscuros que con ello pretenden llevar agua a su molino,  o bien, “subvertir” el orden público como recientemente afirmara  el gobernador Herrera Beltrán.

Vale la pena entonces considerar que esto de las percepciones en el imaginario popular es bastante subjetivo y, aún más, relativo como para estimarse como algo absoluto.  Para hablar de inseguridad tendríamos que definir cual es la amenaza a la seguridad que se cierne sobre personas, sus bienes materiales, ó su status social y económico. Baste señalar que para la mayoría de los veracruzanos la principal amenaza social a su seguridad, no lo es aún la violencia delincuencial, organizada o común; por sobre esta se impone el desempleo y la pobreza, atentando de manera paulatina pero constante en contra de la seguridad personal y familiar.  Matan lentamente, casi sin sentir, esperanzas, expectativas de progreso y la propia vida, afectando de manera impactante a la presente y subsiguientes generaciones.

Los candidatos no lo ven así. Capitalizan el temor coyuntural infundado, diagnostican, denuncian, proponen, y la manipulación de las conciencias termina por imponerse.

Coincidiendo con quienes consideran que el asunto del incruento crimen debe manejarse con tiento, evitando su politización y partidización para no enrarecer aún más un proceso electoral en el que ya se dan manifestaciones de odio y encono, no puedo sino reconocer que el asunto ya se dirime en la arena política. No obstante considero que el tema  de la inseguridad, a partir del crimen en cuestión, no tendría la mayor relevancia en términos político electorales, si el tema de la inseguridad en Veracruz no estuviera inscrito en el falso escenario que, de manera reiterada tanto el Maestro Fidel Herrera Beltrán, el presidente estatal de su partido y el candidato a la gubernatura, Sr. Javier Duarte de Ochoa, mediáticamente han construido a partir de la idea de que en nuestra entidad “no pasa nada”.

Tanto se ha insistido en este idílico escenario, ocultando a la opinión pública información sobre hechos sintomáticos de un proceso de descomposición social al que no le es ajena la violencia criminal, que cuando hoy, dominados por la percepción de lo inmediato, nos vemos en la tesitura de tener que aceptar que la versión oficial sobre seguridad pública no se corresponde con la realidad; el rumor y la especulación cobran presencia política revertiéndose en contra de la idea que pretendieran vendernos desde la cúpula del poder estatal. Generándose un caldo de cultivo propicio para que los partidos políticos que se oponen a la alianza electoral que encabeza el PRI, capitalicen electoralmente indignación, descontento y rechazo ciudadano.

Fuentes dignas de todo crédito nos comentan que la tendencia a favor de Duarte de Ochoa en los círculos empresariales y  universitarios se está modificando, inclinándose a favor tanto de Miguel Ángel Yunes Linares, candidato del PAN y el PANAL a la gubernatura de Veracruz, como de Dante Delgado Rannauro, gracias a que estos reconocen la existencia de un clima de inseguridad en diversas regiones y sectores de la geografía veracruzana, manifestándose dispuestos a combatirla si son favorecidos en las urnas por la voluntad popular.

Pero esto no se queda aquí, la voluntad popular es veleidosa. El rumor y la especulación trasciende el ámbito electoral, cobrando fuerza la percepción entre círculos políticos, empresariales y de intelectuales, de que con el desgarre de vestiduras y partidización del hecho criminal que conmocionara a Xalapa, se prepara un “veracruzanazo” por parte del gobierno federal, en contra de la administración pública estatal que preside el Maestro Fidel Herrera Beltrán. Percepción que se apoya tanto en la reiterada intervención presidencial en la vida política interna de las entidades federativas, como en la declaración del gobernador en la que afirmara que los próximos 23 días serían los más delicados y difíciles de su carrera política.  “Si la primera autoridad en el estado escucha pasos en la azotea, es por algo”, se comenta.

Como si lo que aconteciera en Michoacán pudiera sin más repetirse en nuestra entidad, pero que deja entrever cierto grado de desconfianza y pérdida de credibilidad en un gobernador que próximo a su salida, se da aún el lujo de reiterar que cuenta con el 92 % de aceptación entre los veracruzanos, cuando el comportamiento de la ciudadanía en su inclinación político electoral a favor de partidos diferentes al del gobernante, indica lo contrario.

La sola idea de un presunto “veracruzanazo” es grave. Estaríamos hablando de una confrontación a fondo entre el gobierno de Calderón Hinojosa y el de Veracruz que, en términos electorales, confirmaría la idea de que los veracruzanos enfrentamos una elección de Estado. Si para la ciudadanía el IEV, árbitro de la contienda electoral en curso, carece de autoridad y credibilidad, el hacer extensiva tal percepción para con el gobierno responsable de la conducción social y política de Veracruz, sería el acabose, terminando por incidir y afectar la marcha del estado e indudablemente en el resultado de una elección que está ya a la vuelta de la esquina.

Luego un hecho lamentable, como el acaecido en nuestra ciudad capital y centro neurálgico de la política veracruzana, que no debería  juzgarse a priori más allá de un hecho aislado del fuero común, ni trascender más allá de su manejo por parte del ámbito de la procuración de justicia, adquiere una connotación política que no se puede minimizar ni desdeñar. Frente a una percepción ciudadana sustentada en el “sospechosismo” y que da lugar a tanto rumor y especulación, es de exigirse cuanto antes resultados eficaces, transparentes y creíbles, por parte de la Procuraduría General de Justicia del estado. Esperemos que así sea.

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Marcelo Ramírez R.

Sin consenso social favorable, el poder pierde su única base sólida de sustentación; por ello la ética es un componente esencial de la política, aunque transitoriamente hayan triunfado quienes la redujeron al arte perverso de la manipulación, pagando las consecuencias inevitables.

En las diferentes empresas humanas, cuando se llega a la decadencia, se considera la necesidad de recobrar el ímpetu perdido, corregir errores, poner a salvo la herencia del origen. La expresión volver al origen si bien se plantea como una consigna, precisamente porque se ha llegado a límites irrebasables, su viabilidad resulta prácticamente imposible. El nuevo comienzo puede inspirarse en el pasado, pero jamás puede reeditar ese pasado que como la palabra lo dice, quedó ahí, en un lugar de la historia único e irrepetible.


En México, los partidos políticos atraviesan, según todas las evidencias, una etapa de crisis que impone un nuevo comienzo. Las causas de la desviación de la ruta predeterminada son, desde luego, diferentes en cada uno de los tres partidos grandes a los que aquí nos referimos: el PRI, el PAN y el PRD; por tanto, las respuestas serán también diferentes, existiendo un solo factor común: en los tres casos volver al origen significa para ellos replantear los propósitos históricos que les dieron vida, pero actualizados para funcionar en el contexto de las realidades del mundo globalizado.


Recuperar las motivaciones quizá signifique hacer las cosas de manera distinta y aún opuesta a como muchas veces se hicieron, dando lugar a la crisis política a que se ha llegado. Consideremos en sus grandes líneas el nuevo comienzo de los tres partidos con presencia nacional y por tanto indispensables para mantener la estabilidad política del país, producto, entre otras causas, de la equilibrada presencia de los intereses contrapuestos de la sociedad mexicana de nuestros días, a través de la representación que impulsan los partidos y de la cual, hasta ahora y mientras no existan candidaturas ciudadanas, son los únicos responsables.


En primer término debe quedar claro que la renovación de los partidos (en el caso del PRD apunta a una verdadera refundación), es tema cuya importancia rebasa la óptica partidista, en la mayoría de los casos influida por conveniencias coyunturales de grupos e individuos. Por ello, aunque las reformas finalmente van a surgir de los actores con el poder suficiente para imponer las que consideren más acordes a su percepción de la realidad, ideología e intereses, la discusión pública favorece el involucramiento de la ciudadanía que, de esta manera, puede seguir el proceso de evolución de los partidos, teniendo elementos de juicio para darles o no el apoyo cuando aquellos soliciten su voto.


Aquí preguntamos sencillamente si estos partidos: PRI, PAN y PRD podrán reafirmar su identidad extraviada en las luchas internas protagonizadas por personajes que se comportan como sus dueños o guías insustituibles. Reafirmar la identidad supone, entre otras cosas, recuperar un discurso distintivo del que deriven planteamientos concretos para encarar los problemas nacionales. De estos planteamientos el fundamental se relaciona con el modelo económico más conveniente para revertir los efectos de la crisis, ante la cual las medidas adoptadas hasta el momento han sido absolutamente ineficaces. Mientras el modelo económico neoliberal es enjuiciado y corregido en los países donde originalmente fue adoptado y promovido, en México el panismo cada día menos humanista y más pragmático, sigue fiel al recetario del FMI y a las consignas del Consenso de Washington.


Para el PAN hoy fuerza política gobernante, el gran reto es darle fortaleza a la sociedad, pues la fortaleza no puede ser atributo de una sociedad empobrecida y entonces tampoco puede aplicarse el principio proclamado por los panistas de: “tanto gobierno como sea necesario y tanta sociedad como sea posible”.


El PRD está urgido de alcanzar el objetivo, reiteradamente aplazado de promover una izquierda inteligente y unida en torno a un proyecto común, no proclive ni dependiente de los liderazgos unipersonales. Como el dios Cronos, el PRD devora a sus hijos y se derrumba cuando parece estar llegando a la edad de la madurez política, que le permita ser actor decisivo de nuestra transición democrática.


¿Y el PRI? Las victorias obtenidas en el último proceso electoral del 5 de julio pueden resultar engañosas dando lugar a proyecciones erróneas para el 2012 si, como señalan sus críticos, los estrategas priístas consideran suficientes las viejas recetas y no reconocen en su verdadera dimensión el peso de los ciudadanos que esta vez no votaron, aproximadamente el 56 % del padrón electoral y que pueden darle un rumbo diferente a futuros resultados. Impulsar al PRI para recuperar la presidencia de la república puede ser motivación suficiente para algunos miembros connotados del partido, con expectativas fundadas de obtener beneficios personales; no lo es, en cambio, para millones de electores que demandan gobiernos más eficientes y eficaces, cercanos a la ciudadanía y éticamente responsables. Por cierto, esta última palabra no debe entenderse sino en el único sentido que cobra en el contexto político: un gobierno con ética es aquel que reconoce en los gobernados su calidad de personas, es decir, que no los ve como medios, sino como destinatarios de su acción. Al actuar así, el gobernante se legitima, asegurando al mismo tiempo su permanencia en el poder. Sin consenso social favorable, el poder pierde su única base sólida de sustentación; por ello la ética es un componente esencial de la política, aunque transitoriamente hayan triunfado quienes la redujeron al arte perverso de la manipulación, pagando las consecuencias inevitables.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


Hace apenas un mes comenté que es sano conocer a tiempo a aquellos que aspiran a gobernarnos, afirmando que el diputado Héctor Yunes Landa se retrataba de cuerpo entero ante la ciudadanía como simple lambiscón. Opinión vertida atendiendo a su dicho de que: “Quien habla mal del Gobernador Fidel Herrera, quien lo cuestiona, lo señala o lo denosta, tiene automáticamente el repudio de los veracruzanos”.  Hoy reconozco que me equivoqué al juzgar al legislador local fuera de contexto. Le pido disculpas.


Sin dejar de sostener  que la ciudadanía está en su derecho de calificar, cuestionar, señalar, criticar e incluso de juzgar y condenar a los mandatarios que, a su juicio, no respondan al mandato ciudadano, sin que ello implique “escupir para arriba”, derivándose de ello mi crítica más que fundada a lo expresado por Yunes Landa, en su momento no consideré que en el marco del clima antidemocrático que priva al interior del partido de la fidelidad en Veracruz  y en el contexto de sumisión que en el priísmo estatal se guarda para con el titular del poder ejecutivo, frente a la injuria panista el diputado local estaba más que obligado a salir en defensa de Fidel Herrera Beltrán, así fuera con una declaración tan poco afortunada como la  ya mencionada.


Pasado el proceso electoral y su secuela de guerra sucia, las circunstancias cambian. El contexto  es otro y en este el Sr. diputado Héctor Yunes landa está demostrando contar con valores éticos que le honran y distinguen.


No se si llegue a concretar su aspiración de representar a su partido en la elección para gobernador el próximo año.  De eso el tiempo y las cambiantes circunstancias dirán la última palabra. Lo que si puedo afirmar sin esta vez tener que reconocer equivocación alguna, es que cuenta con todo el derecho a intentarlo y así deberían considerarlo quienes ahora le dan la espalda y lo injurian con el mote de “traidor”.


¿Traidor a quién?  ¿Al gobernador Herrera Beltrán? Nada más alejado de la lógica política que tal aseveración. Con su decisión personal de declarar públicamente tener los atributos necesarios para aspirar a la gubernatura de Veracruz y, por ende, actuar en consecuencia, ratifica su convicción, congruente y legítima, aunque a mi juicio cuestionable, de que en la administración que preside Fidel Herrera Beltrán prevalece la libertad de expresión, el respeto a quien piensa diferente, existiendo en Veracruz un clima propiciatorio para la vida en democracia.


Quienes no lo quieran entender así, dejados llevar por la sumisión, la lambisconería o el interés patrimonialista de coyuntura, que les dice que el oponerse a la idea de que para el gobernador sólo hay un aspirante a sucederle en la gubernatura,  y este es Javier Duarte de Ochoa, es incurrir en traición, son precisamente aquellos que ni toleran la libertad e independencia de pensamiento, ni mucho menos ven con buenos ojos el que la democracia prospere en Veracruz.


Por cuanto a la ciudadanía en general, ajena a la grilla palaciega,  harta de la simulación, engaño y demagogia -como se pusiera de manifiesto con su ausencia mayoritaria en las urnas-, la actitud asumida por Yunes landa debería ser buena señal. Con su valor civil concita a nuevos y más limpios aires a respirarse en el PRI estatal.  Sectores conscientes de la población no aceptan ya imposiciones arbitrarias y silencio cómplice, mucho menos estando de por medio  la gubernatura y con ello el futuro de Veracruz.


De esto último deberían también  tomar nota los partidos políticos que habrán de contender contra el priísmo en el 2010. El mensaje del pasado cinco de julio fue más que evidente.


Con el destape de Héctor Yunes Landa, el PRI cuenta no solo con dos aspirantes a la gubernatura, también se observa la existencia de dos corrientes al interior del partido; dos tendencias con diferente visión de cómo buscar la permanencia en el gobierno de Veracruz. Ello enriquece al tricolor y a partir de la sana confrontación de ideas y propuestas diferentes, la mejor opción para el PRI en el 2010 debería ser la de aquel que demuestre preparación, capacidad, madurez política, así como visión de Estado y voluntad política suficientes para convencerse, a sí mismo y al electorado,  de que afrontar los no pocos retos que implica navegar en medio de la crisis no es tarea ni fácil ni de un solo hombre, cuando los rezagos estructurales pesan más que discursos triunfalistas y expectativas asistencialistas inadecuadamente  sustentadas en tesis neoliberales ya superadas por la realidad.


Dadas las condiciones de desastre por las que atraviesa el país, y Veracruz no es ajeno a tal escenario, a mi juicio aquel de los aspirantes y quien en su momento candidato del PRI a la gubernatura, sea capaz de entender que la desigualdad y la pobreza alcanzan ya límites inaceptables, reconociendo que el futuro apunta a marchas forzadas por los amplios caminos de la izquierda para salir avante, contará sin duda con amplio respaldo de las mayorías. El tiempo y las circunstancias hablarán entonces.

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