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Archivo de la etiqueta: partidos políticos

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 La debacle 

“A los políticos no se les mide con la vara de la filosofía, sino con la dialéctica de la política; por que esta es su verdadera filosofía”.
Néstor Kohan 

 Conforme la descomposición social y política avanza a pasos agigantados, en México la razón de Estado se pierde entre dimes y diretes, chismes de alcoba y bravuconadas, en un escenario previo al proceso electoral del 2012 en el que todo apunta ya a un “tsunami” que, teniendo como epicentro la residencia presidencial de Los Pinos, advierte de la puesta en marcha de una “guerra sucia” de alcances impredecibles. 

 El objetivo, la Nación como botín, en un contexto en el que un cada vez mayor número de ciudadanos toma conciencia de que  el momento de decir ¡Ya basta!, está a la vuelta de la esquina. 

 Si para Carlos Salinas el “quinazo” fuera pretexto para legitimarse tras el fraude electoral, para Felipe Calderón Hinojosa la detención de Hank Rhon es el clavo ardiendo del que agarrarse en su vertiginosa caída, en el quizá último intento por evitar el retorno del dinosaurio priísta. Sin parar mientes en que con ello descarrila el sistema político en su conjunto, provocando la debacle de los partidos políticos. 

 Roto el diálogo y la posibilidad de componendas electorales en lo oscurito, el todos contra todos está ya a la orden del día mientras el vacío de poder cede espacio a la ingobernabilidad. La razón de Estado al garete, sujeta con alfileres, se expresa a gritos y sombrerazos de una clase política carente de principios, sin rumbo y credibilidad. 

 Aquí, en la fantasiosa isla de “Aquí no pasa nada”, observamos el árbol multicolor de una ilusoria prosperidad sin ver el bosque. Vanagloriándonos en la aldea de nuestro potencial y marchando de espaldas a la acuciosa realidad; desde la estrechez del ventanuco no alcanzando a ver más allá de nuestro propio ombligo, seguimos considerándonos ajenos a la tragedia nacional. 

 Las fanfarrias triunfalistas en medio del desastre no dejan de sonar, mientras en el resto del país el futuro es incierto, en Veracruz la alegría jarocha se desborda ante el anuncio de que seremos coprotagonistas lo mismo de telenovelas que de la industria mediática de la alta costura ó de cocina gourmet internacional, a la par que contaremos con un desarrollo inmobiliario de primer mundo cuyo club de golf de cinco estrellas, será paradigma de crecimiento económico y desarrollo social y humano, en una entidad federativa que se debate entre la desigualdad, el desempleo y la pobreza. 

 La crisis económica y social, así como la debacle política nacional nos son ajenas. A lo mucho son motivo de profundas disquisiciones entre tertulianos de café o charlas de sobre mesa  entre la gente bonita, mientras el partido que dice gobernar se solaza del éxito alcanzado en una cuestionada elección pueblerina, esa sí, paradigma viviente de la inconsciencia, el despilfarro de recursos públicos y al diablo con las instituciones electorales, o bien, se felicita porque ahora sí, a la vista de todo el mundo, lo más granado de su militancia cumplidamente en un singular evento, hará entrega de su cuota de rigor a un instituto político perdido en la mediocridad. 

 ¿Crisis? ¿Debacle política? 

 Malos sueños de una noche de verano, cuando los asuntos de barandilla se tornan políticos, en tanto que la política se dirime en barandilla. Ni más, ni menos.

 Adendum:

Por razones obvias con motivo del “día de la libertad de expresión”, en México no hay nada que celebrar, salvo aplaudir a los integrantes de la “Caravana por la paz, Justicia y Dignidad”, que desde la plaza pública hacen valer el derecho universal a expresarse en libertad.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vive, piensa, opera y se beneficia de y para desde las entrañas mismas del poder fáctico, luego no pueden considerarse incongruentes las declaraciones públicas de Diego Fernández de Ceballos cuando con firmeza afirma: “Siempre he estado en contra de alianzas, y de cambios repentinos y de etiquetas que se pongan o se quiten”, refiriéndose a la presunta alianza en construcción entre su partido, el PAN, y el de la “Revolución Democrática” de los chuchos.

Sabe más el diablo por viejo y retorcido que por diablo, luego Fernández de Ceballos conoce de lo que habla y de lo que el mezclar agua y aceite en política significa, cuando se atraviesa por una profunda crisis del sistema electoral y de partidos en un país que ha perdido el rumbo.

Los extremos se tocan. No es circunstancial que desde la trinchera de enfrente, Andrés Manuel López Obrador, con el mismo talante, coincida con el “Jefe Diego”.  Ambos saben lo que está en juego y, cada uno, a su muy peculiar estilo de navegar en las turbulentas aguas de la política nacional, sopesa el riesgo que se corre tanto para la derecha como para la izquierda, en su caso, con  el travestismo político y un pragmatismo sin límite que desdibuja diferencias ideológicas, valores, principios, y programas en los que debería sustentarse el objetivo sustantivo de todo partido político de masas, que es la toma del poder.

Con visión de Estado en un horizonte de largo plazo, por sobre lo coyuntural, ambos personajes parecen vislumbrar lo que para el sistema electoral y de partidos políticos representan “las alianzas contra natura”, como ha sido dable observar en las últimas elecciones de gobernador en Oaxaca y Guerrero y sus indudables consecuencias para un endeble intento por construir una democracia representativa moderna  en nuestro país.

Triunfo pírrico el de las alianzas ganadoras. De la contradicción sustantiva se derivan otras no menos graves que restan gobernabilidad y credibilidad, como ya está aconteciendo en Oaxaca o, para no ir muy lejos, con la coptación por Fidel Herrera Beltrán  de las cúpulas partidistas de oposición en Veracruz, generando desconcierto, confusión, incredibilidad y dispersión en el electorado; resultando de tal “alianza de facto”  un gabinete de chile de dulce y de manteca en el que cada quien lleva agua a su propio molino;  así como un Congreso local sin disidencia, manifestándose incapaz de operar con autenticidad y legitimidad como representante de la voluntad popular.

El pragmatismo político tiene límites implícitos, en forma y fondo, no contemplados en la legislación electoral vigente ni en la práctica política ortodoxa. El persistir en transgredirlos nos ha llevado a la inoperancia de las reglas mínimas de civilidad del juego electoral operando, paradójicamente, en contra de los mismos que hacen del pragmatismo sin límite el pan de cada día, los partidos políticos,  que han perdido institucionalidad, credibilidad, vigencia y razón de ser para la incipiente vida democrática de México, arrastrando consigo al  sistema electoral en su conjunto.

El categórico mensaje tanto de Fernández de Ceballos como de Andrés Manuel López Obrador, así como la ausencia de consenso en el Congreso de la Unión para sacar adelante la reforma del Estado, debería considerarse como una voz de alarma; más, cuando el horno no está para bollos, con la “guerra” perdida de Calderón Hinojosa y la nada velada intencionalidad de Carlos Salinas de Gortari de auspiciar un bipartidismo a modo impulsado desde Washington. A lo que habría que sumar el imparable ascenso de la carestía y el descenso de la calidad de vida de la mayoría de los mexicanos.

Incertidumbre, inseguridad y hambre, son malos consejeros para un pueblo al que se le ha privado de esperanza y expectativas de bienestar y progreso. Observemos lo que está aconteciendo en el mundo globalizado con Egipto, Túnez y gran parte de Europa,  teniendo como escenario un renovado efecto dominó en expansión.

La crisis del sistema electoral y de partidos políticos en México está tocando fondo. No hay ni ganadores ni perdedores, “sino todo lo contrario”, no echemos en saco roto la advertencia.

Al PAN, lo que es del PAN como expresión de la derecha en el espectro político y, en contraparte, a la izquierda electoral lo que ideológicamente deberían ser sus objetivos en respuesta a las demandas de las  mayorías. De lo contrario, Carlos Salinas, desde un PRI ecléctico, perturbado, que navega a la deriva entre sus propias contradicciones, terminará por salirse con la suya.

Habría que reflexionar si un bipartidismo neoliberal en México, carente de ética política y a merced de los intereses de Washington, sería la mejor fórmula para avanzar en el marco de la turbulencia de una crisis sistémica globalizada, en la que los pueblos oprimidos ya asumen su papel protagónico.

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Más claro ni el agua. Alianza PAN-PRD rinde frutos

El Senado aprobó en comisiones y sin cambios, reformas al Artículo segundo de la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), que eleva a siete pesos el precio de las cajetillas de cigarros en 2011. El dictamen, avalado por los senadores de los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), el voto en contra del PRI y la abstención de Convergencia y PT, prevé una cuota adicional de 0.35 por cigarro, con lo que se espera obtener 42 mil 59 millones de pesos en 2011. El líder de los senadores del Partido del Trabajo (PT), Ricardo Monreal, criticó el aumento, y lo calificó de “muy selectivo” ya que grava a un solo sector y no a la industria “de la comida chatarra, que está siendo protegida de manera desmedida en las escuelas”. La Crónica

Bernardo Bátiz V. / La Jornada

Es, podrían decirnos, una utopía, puede ser, pero es una utopía indispensable en los días que corren; si de veras queremos un cambio más allá de nombres, siglas partidistas y coaliciones oportunistas, tenemos la oportunidad, el vehículo apropiado que es el movimiento y miles de compañeros y compañeras dispuestos a cumplir con su parte en la obra, conscientes de que, como lo dijo la joven regiomontana, estamos en un lugar y en un momento muy importante para la historia de México.

Otra vez, el domingo 25 del mes pasado una multitud colmó la plaza mayor de México y escuchó los 32 mensajes de las entidades federativas, después de la presentación inicial de un proyecto alternativo de nación, propuesto a los ciudadanos por intelectuales reconocidos e intachables y luego, la culminación, que fue un mensaje cargado de consideraciones éticas, entre las que destaca el llamado al amor al prójimo, como motivación profunda y auténtica de la política, que hizo Andrés Manuel López Obrador; rescatando con ello un concepto de más de dos siglos, hoy postergado, con el que nuevamente se sacudió la anquilosada vida política que padecemos.

Todos los días leemos, vemos y oímos a los políticos convencionales, cortados con la misma tijera, a pesar de pertenecer a partidos diferentes, y todos los días oímos asombrados a veces, aburridos otras, a los comunicadores, repetidores de noticias, o leemos en los encabezados de los diarios, alarmantes augurios de más desgracia, más pobreza y pocas, muy pocas propuestas efectivas, por ello el contraste no puede ser más brusco con lo que sucedió en el Zócalo.

Se trata de una multitud que recobra la esperanza y que, ante la presencia de los representantes de todos los estados, se percata de que sus propios grupos locales no están solos, pertenecen a un gran movimiento nacional. Las propuestas que se ponen a discusión para un nuevo proyecto de nación y los informes alentadores de los representantes de los grupos del movimiento en todo el país, nos muestran que se puede hacer política en México más allá de las intrigas, las mentiras, los arreglos entre cúpulas, los enérgicos pero inútiles extrañamientos de nuestros legisladores y los ardientes discursos al vacío del titular del Ejecutivo.

El ambiente del 25, fue de esperanza y de renovación; se escucharon propuestas para democratizar los medios de comunicación, combatir la corrupción y crear una nueva economía más cercana a la equidad, a la justicia distributiva y a la abolición de los privilegios fiscales; se reiteró la necesidad de que la riqueza de México, energéticos, campo, costas, bosques, banca, minas, beneficie a los mexicanos y se preserven para la nación las áreas estratégicas.

También se escucharon desde la tribuna mensajes alentadores provenientes de todos los rincones del país; las bombas del vocero de Yucatán, la oratoria seria y fogosa del representante de Guerrero y muchas más.

Un mensaje especial, que es una bocanada de aire fresco en la política, fue el alegre y sentido de la joven representante de Nuevo León, que en el minuto y medio que tuvo para expresarse en nombre de sus paisanos, dijo algo que tenemos y queremos recordar:

“Mi casa, su casa, es un lugar muy importante para la historia de México, de ahí salen los ejemplares de Regeneración que llegan a miles de hogares. Por las noches, mis padres, sus compañeros, mis primos y los jóvenes del comité Hacienda La Silla llegan alegres comentando la jornada de repartición del periódico. Mis abuelitos ayudan en todo lo que pueden. Isabella, mi sobrina, la brigadista más pequeña, tiene sólo dos años, desde el regazo de su abuela está siempre atenta de que nadie se quede sin Regeneración”.

Qué distinto el discurso de una joven que ha visto a su alrededor la ineficacia de malos gobiernos que se traduce en desgracias y desastres para los habitantes, que ha oído los encuentros con armas de fuego y que sin duda sabe de problemas y carencias, porque el gobierno no ha podido o no ha querido darnos el mínimo de seguridad que requiere nuestra convivencia, pero que no se desanima por ello, como no se desaniman sus vecinos y familiares y aportan lo que les corresponde para el cambio pacífico de las estructuras sociales.

Con mujeres y hombres como los que participaron en la magna asamblea, con un dirigente de talla nacional, con propuestas patriotas y factibles, no podemos menos que mantener y confirmar nuestra confianza en el trabajo político y en el esfuerzo de un movimiento que se distancia de la estrategia cotidiana y menor de los chismorreos y las intrigas y va a las bases, al fondo de las cuestiones fundamentales y que, en síntesis, propone el amor al prójimo como técnica de participación política.

Es, podrían decirnos, una utopía, puede ser, pero es una utopía indispensable en los días que corren; si de veras queremos un cambio más allá de nombres, siglas partidistas y coaliciones oportunistas, tenemos la oportunidad, el vehículo apropiado que es el movimiento y miles de compañeros y compañeras dispuestos a cumplir con su parte en la obra, conscientes de que, como lo dijo la joven regiomontana, estamos en un lugar y en un momento muy importante para la historia de México.

jusbbv@hotmail.com

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuando la población carece de información oportuna, suficiente, transparente y creíble, el rumor y la especulación se encargan de la construcción de percepciones diversas, contradictorias, hasta absurdas, en la opinión pública. Así que no debe extrañarnos el que, nos guste o no,  el tema de la seguridad pública ya esté en el ánimo de segmentos importantes de la sociedad veracruzana, no obstante que objetivamente la situación que se vive en Veracruz no se aproxima ni con mucho a la que priva en otras entidades del país, asoladas por un constante sobresalto resultante del clima de violencia que en estas se vive.

El crimen perpetrado en contra de un conocido matrimonio en Xalapa es motivo de comentarios, especulaciones y descabelladas teorías sobre su motivación lo mismo en tertulias de café que en los centros de trabajo o en el hogar de no pocas familias que relacionan el hecho casi de manera automática con el escenario de violencia que coloca a México entre los países más inseguros del orbe; magnificándose con el desgarre de vestiduras que se promueve en la entidad veracruzana con claro tinte y fines político electorales.

Generándose en la población una falsa percepción de inseguridad y temor fácilmente capitalizable políticamente en el marco de un proceso electoral atípico, ríspido y propicio para dar por sentado, sin el mayor análisis, que la elección del cuatro de julio habría de darse en medio de un clima de violencia e inseguridad para los potenciales votantes. Imponiéndose por sobre la razón un desagradable e inconsecuente “sospechosismo” en torno a intereses oscuros que con ello pretenden llevar agua a su molino,  o bien, “subvertir” el orden público como recientemente afirmara  el gobernador Herrera Beltrán.

Vale la pena entonces considerar que esto de las percepciones en el imaginario popular es bastante subjetivo y, aún más, relativo como para estimarse como algo absoluto.  Para hablar de inseguridad tendríamos que definir cual es la amenaza a la seguridad que se cierne sobre personas, sus bienes materiales, ó su status social y económico. Baste señalar que para la mayoría de los veracruzanos la principal amenaza social a su seguridad, no lo es aún la violencia delincuencial, organizada o común; por sobre esta se impone el desempleo y la pobreza, atentando de manera paulatina pero constante en contra de la seguridad personal y familiar.  Matan lentamente, casi sin sentir, esperanzas, expectativas de progreso y la propia vida, afectando de manera impactante a la presente y subsiguientes generaciones.

Los candidatos no lo ven así. Capitalizan el temor coyuntural infundado, diagnostican, denuncian, proponen, y la manipulación de las conciencias termina por imponerse.

Coincidiendo con quienes consideran que el asunto del incruento crimen debe manejarse con tiento, evitando su politización y partidización para no enrarecer aún más un proceso electoral en el que ya se dan manifestaciones de odio y encono, no puedo sino reconocer que el asunto ya se dirime en la arena política. No obstante considero que el tema  de la inseguridad, a partir del crimen en cuestión, no tendría la mayor relevancia en términos político electorales, si el tema de la inseguridad en Veracruz no estuviera inscrito en el falso escenario que, de manera reiterada tanto el Maestro Fidel Herrera Beltrán, el presidente estatal de su partido y el candidato a la gubernatura, Sr. Javier Duarte de Ochoa, mediáticamente han construido a partir de la idea de que en nuestra entidad “no pasa nada”.

Tanto se ha insistido en este idílico escenario, ocultando a la opinión pública información sobre hechos sintomáticos de un proceso de descomposición social al que no le es ajena la violencia criminal, que cuando hoy, dominados por la percepción de lo inmediato, nos vemos en la tesitura de tener que aceptar que la versión oficial sobre seguridad pública no se corresponde con la realidad; el rumor y la especulación cobran presencia política revertiéndose en contra de la idea que pretendieran vendernos desde la cúpula del poder estatal. Generándose un caldo de cultivo propicio para que los partidos políticos que se oponen a la alianza electoral que encabeza el PRI, capitalicen electoralmente indignación, descontento y rechazo ciudadano.

Fuentes dignas de todo crédito nos comentan que la tendencia a favor de Duarte de Ochoa en los círculos empresariales y  universitarios se está modificando, inclinándose a favor tanto de Miguel Ángel Yunes Linares, candidato del PAN y el PANAL a la gubernatura de Veracruz, como de Dante Delgado Rannauro, gracias a que estos reconocen la existencia de un clima de inseguridad en diversas regiones y sectores de la geografía veracruzana, manifestándose dispuestos a combatirla si son favorecidos en las urnas por la voluntad popular.

Pero esto no se queda aquí, la voluntad popular es veleidosa. El rumor y la especulación trasciende el ámbito electoral, cobrando fuerza la percepción entre círculos políticos, empresariales y de intelectuales, de que con el desgarre de vestiduras y partidización del hecho criminal que conmocionara a Xalapa, se prepara un “veracruzanazo” por parte del gobierno federal, en contra de la administración pública estatal que preside el Maestro Fidel Herrera Beltrán. Percepción que se apoya tanto en la reiterada intervención presidencial en la vida política interna de las entidades federativas, como en la declaración del gobernador en la que afirmara que los próximos 23 días serían los más delicados y difíciles de su carrera política.  “Si la primera autoridad en el estado escucha pasos en la azotea, es por algo”, se comenta.

Como si lo que aconteciera en Michoacán pudiera sin más repetirse en nuestra entidad, pero que deja entrever cierto grado de desconfianza y pérdida de credibilidad en un gobernador que próximo a su salida, se da aún el lujo de reiterar que cuenta con el 92 % de aceptación entre los veracruzanos, cuando el comportamiento de la ciudadanía en su inclinación político electoral a favor de partidos diferentes al del gobernante, indica lo contrario.

La sola idea de un presunto “veracruzanazo” es grave. Estaríamos hablando de una confrontación a fondo entre el gobierno de Calderón Hinojosa y el de Veracruz que, en términos electorales, confirmaría la idea de que los veracruzanos enfrentamos una elección de Estado. Si para la ciudadanía el IEV, árbitro de la contienda electoral en curso, carece de autoridad y credibilidad, el hacer extensiva tal percepción para con el gobierno responsable de la conducción social y política de Veracruz, sería el acabose, terminando por incidir y afectar la marcha del estado e indudablemente en el resultado de una elección que está ya a la vuelta de la esquina.

Luego un hecho lamentable, como el acaecido en nuestra ciudad capital y centro neurálgico de la política veracruzana, que no debería  juzgarse a priori más allá de un hecho aislado del fuero común, ni trascender más allá de su manejo por parte del ámbito de la procuración de justicia, adquiere una connotación política que no se puede minimizar ni desdeñar. Frente a una percepción ciudadana sustentada en el “sospechosismo” y que da lugar a tanto rumor y especulación, es de exigirse cuanto antes resultados eficaces, transparentes y creíbles, por parte de la Procuraduría General de Justicia del estado. Esperemos que así sea.

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Marcelo Ramírez R.

Sin consenso social favorable, el poder pierde su única base sólida de sustentación; por ello la ética es un componente esencial de la política, aunque transitoriamente hayan triunfado quienes la redujeron al arte perverso de la manipulación, pagando las consecuencias inevitables.

En las diferentes empresas humanas, cuando se llega a la decadencia, se considera la necesidad de recobrar el ímpetu perdido, corregir errores, poner a salvo la herencia del origen. La expresión volver al origen si bien se plantea como una consigna, precisamente porque se ha llegado a límites irrebasables, su viabilidad resulta prácticamente imposible. El nuevo comienzo puede inspirarse en el pasado, pero jamás puede reeditar ese pasado que como la palabra lo dice, quedó ahí, en un lugar de la historia único e irrepetible.


En México, los partidos políticos atraviesan, según todas las evidencias, una etapa de crisis que impone un nuevo comienzo. Las causas de la desviación de la ruta predeterminada son, desde luego, diferentes en cada uno de los tres partidos grandes a los que aquí nos referimos: el PRI, el PAN y el PRD; por tanto, las respuestas serán también diferentes, existiendo un solo factor común: en los tres casos volver al origen significa para ellos replantear los propósitos históricos que les dieron vida, pero actualizados para funcionar en el contexto de las realidades del mundo globalizado.


Recuperar las motivaciones quizá signifique hacer las cosas de manera distinta y aún opuesta a como muchas veces se hicieron, dando lugar a la crisis política a que se ha llegado. Consideremos en sus grandes líneas el nuevo comienzo de los tres partidos con presencia nacional y por tanto indispensables para mantener la estabilidad política del país, producto, entre otras causas, de la equilibrada presencia de los intereses contrapuestos de la sociedad mexicana de nuestros días, a través de la representación que impulsan los partidos y de la cual, hasta ahora y mientras no existan candidaturas ciudadanas, son los únicos responsables.


En primer término debe quedar claro que la renovación de los partidos (en el caso del PRD apunta a una verdadera refundación), es tema cuya importancia rebasa la óptica partidista, en la mayoría de los casos influida por conveniencias coyunturales de grupos e individuos. Por ello, aunque las reformas finalmente van a surgir de los actores con el poder suficiente para imponer las que consideren más acordes a su percepción de la realidad, ideología e intereses, la discusión pública favorece el involucramiento de la ciudadanía que, de esta manera, puede seguir el proceso de evolución de los partidos, teniendo elementos de juicio para darles o no el apoyo cuando aquellos soliciten su voto.


Aquí preguntamos sencillamente si estos partidos: PRI, PAN y PRD podrán reafirmar su identidad extraviada en las luchas internas protagonizadas por personajes que se comportan como sus dueños o guías insustituibles. Reafirmar la identidad supone, entre otras cosas, recuperar un discurso distintivo del que deriven planteamientos concretos para encarar los problemas nacionales. De estos planteamientos el fundamental se relaciona con el modelo económico más conveniente para revertir los efectos de la crisis, ante la cual las medidas adoptadas hasta el momento han sido absolutamente ineficaces. Mientras el modelo económico neoliberal es enjuiciado y corregido en los países donde originalmente fue adoptado y promovido, en México el panismo cada día menos humanista y más pragmático, sigue fiel al recetario del FMI y a las consignas del Consenso de Washington.


Para el PAN hoy fuerza política gobernante, el gran reto es darle fortaleza a la sociedad, pues la fortaleza no puede ser atributo de una sociedad empobrecida y entonces tampoco puede aplicarse el principio proclamado por los panistas de: “tanto gobierno como sea necesario y tanta sociedad como sea posible”.


El PRD está urgido de alcanzar el objetivo, reiteradamente aplazado de promover una izquierda inteligente y unida en torno a un proyecto común, no proclive ni dependiente de los liderazgos unipersonales. Como el dios Cronos, el PRD devora a sus hijos y se derrumba cuando parece estar llegando a la edad de la madurez política, que le permita ser actor decisivo de nuestra transición democrática.


¿Y el PRI? Las victorias obtenidas en el último proceso electoral del 5 de julio pueden resultar engañosas dando lugar a proyecciones erróneas para el 2012 si, como señalan sus críticos, los estrategas priístas consideran suficientes las viejas recetas y no reconocen en su verdadera dimensión el peso de los ciudadanos que esta vez no votaron, aproximadamente el 56 % del padrón electoral y que pueden darle un rumbo diferente a futuros resultados. Impulsar al PRI para recuperar la presidencia de la república puede ser motivación suficiente para algunos miembros connotados del partido, con expectativas fundadas de obtener beneficios personales; no lo es, en cambio, para millones de electores que demandan gobiernos más eficientes y eficaces, cercanos a la ciudadanía y éticamente responsables. Por cierto, esta última palabra no debe entenderse sino en el único sentido que cobra en el contexto político: un gobierno con ética es aquel que reconoce en los gobernados su calidad de personas, es decir, que no los ve como medios, sino como destinatarios de su acción. Al actuar así, el gobernante se legitima, asegurando al mismo tiempo su permanencia en el poder. Sin consenso social favorable, el poder pierde su única base sólida de sustentación; por ello la ética es un componente esencial de la política, aunque transitoriamente hayan triunfado quienes la redujeron al arte perverso de la manipulación, pagando las consecuencias inevitables.

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J. Enrique Olivera Arce


Hace apenas un mes comenté que es sano conocer a tiempo a aquellos que aspiran a gobernarnos, afirmando que el diputado Héctor Yunes Landa se retrataba de cuerpo entero ante la ciudadanía como simple lambiscón. Opinión vertida atendiendo a su dicho de que: “Quien habla mal del Gobernador Fidel Herrera, quien lo cuestiona, lo señala o lo denosta, tiene automáticamente el repudio de los veracruzanos”.  Hoy reconozco que me equivoqué al juzgar al legislador local fuera de contexto. Le pido disculpas.


Sin dejar de sostener  que la ciudadanía está en su derecho de calificar, cuestionar, señalar, criticar e incluso de juzgar y condenar a los mandatarios que, a su juicio, no respondan al mandato ciudadano, sin que ello implique “escupir para arriba”, derivándose de ello mi crítica más que fundada a lo expresado por Yunes Landa, en su momento no consideré que en el marco del clima antidemocrático que priva al interior del partido de la fidelidad en Veracruz  y en el contexto de sumisión que en el priísmo estatal se guarda para con el titular del poder ejecutivo, frente a la injuria panista el diputado local estaba más que obligado a salir en defensa de Fidel Herrera Beltrán, así fuera con una declaración tan poco afortunada como la  ya mencionada.


Pasado el proceso electoral y su secuela de guerra sucia, las circunstancias cambian. El contexto  es otro y en este el Sr. diputado Héctor Yunes landa está demostrando contar con valores éticos que le honran y distinguen.


No se si llegue a concretar su aspiración de representar a su partido en la elección para gobernador el próximo año.  De eso el tiempo y las cambiantes circunstancias dirán la última palabra. Lo que si puedo afirmar sin esta vez tener que reconocer equivocación alguna, es que cuenta con todo el derecho a intentarlo y así deberían considerarlo quienes ahora le dan la espalda y lo injurian con el mote de “traidor”.


¿Traidor a quién?  ¿Al gobernador Herrera Beltrán? Nada más alejado de la lógica política que tal aseveración. Con su decisión personal de declarar públicamente tener los atributos necesarios para aspirar a la gubernatura de Veracruz y, por ende, actuar en consecuencia, ratifica su convicción, congruente y legítima, aunque a mi juicio cuestionable, de que en la administración que preside Fidel Herrera Beltrán prevalece la libertad de expresión, el respeto a quien piensa diferente, existiendo en Veracruz un clima propiciatorio para la vida en democracia.


Quienes no lo quieran entender así, dejados llevar por la sumisión, la lambisconería o el interés patrimonialista de coyuntura, que les dice que el oponerse a la idea de que para el gobernador sólo hay un aspirante a sucederle en la gubernatura,  y este es Javier Duarte de Ochoa, es incurrir en traición, son precisamente aquellos que ni toleran la libertad e independencia de pensamiento, ni mucho menos ven con buenos ojos el que la democracia prospere en Veracruz.


Por cuanto a la ciudadanía en general, ajena a la grilla palaciega,  harta de la simulación, engaño y demagogia -como se pusiera de manifiesto con su ausencia mayoritaria en las urnas-, la actitud asumida por Yunes landa debería ser buena señal. Con su valor civil concita a nuevos y más limpios aires a respirarse en el PRI estatal.  Sectores conscientes de la población no aceptan ya imposiciones arbitrarias y silencio cómplice, mucho menos estando de por medio  la gubernatura y con ello el futuro de Veracruz.


De esto último deberían también  tomar nota los partidos políticos que habrán de contender contra el priísmo en el 2010. El mensaje del pasado cinco de julio fue más que evidente.


Con el destape de Héctor Yunes Landa, el PRI cuenta no solo con dos aspirantes a la gubernatura, también se observa la existencia de dos corrientes al interior del partido; dos tendencias con diferente visión de cómo buscar la permanencia en el gobierno de Veracruz. Ello enriquece al tricolor y a partir de la sana confrontación de ideas y propuestas diferentes, la mejor opción para el PRI en el 2010 debería ser la de aquel que demuestre preparación, capacidad, madurez política, así como visión de Estado y voluntad política suficientes para convencerse, a sí mismo y al electorado,  de que afrontar los no pocos retos que implica navegar en medio de la crisis no es tarea ni fácil ni de un solo hombre, cuando los rezagos estructurales pesan más que discursos triunfalistas y expectativas asistencialistas inadecuadamente  sustentadas en tesis neoliberales ya superadas por la realidad.


Dadas las condiciones de desastre por las que atraviesa el país, y Veracruz no es ajeno a tal escenario, a mi juicio aquel de los aspirantes y quien en su momento candidato del PRI a la gubernatura, sea capaz de entender que la desigualdad y la pobreza alcanzan ya límites inaceptables, reconociendo que el futuro apunta a marchas forzadas por los amplios caminos de la izquierda para salir avante, contará sin duda con amplio respaldo de las mayorías. El tiempo y las circunstancias hablarán entonces.

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J. Enrique Olivera Arce

Terrible paradoja. Para crecer políticamente debe disminuir su imagen de pre candidato impuesto.

Adquirida la diputación federal,  haiga sido como haiga sido,  al joven delfín toca ahora ganarse el derecho a ser considerado el único, el ungido, el llamado a  ser elegido por el priísmo veracruzano como su candidato a la gubernatura. En sus manos está el ser el legítimo representante de la Fidelidad en los comicios del 2010, o verse reducido al triste papel de aspirante fallido, incapaz de mantener con decoro la confianza que en él depositara el  mecenazgo.


Consciente de ello, Javier Duarte de Ochoa se deja llevar de la mano, puebleando, de norte a sur y del este al oeste, esforzándose armado  del gastado mensaje pre fabricado que lleva en las alforjas como su mejor carta. Aquí no pasa nada y si pasa, estamos blindados. La bancada priísta veracruzana habrá de encargarse de velar para que en la entidad se transite con  paz y prosperidad  a la fiel continuidad del gobierno cercano a la gente.


Y que mejor blindaje que seguir bursatilizando, no importa si se trata de recursos públicos destinados por el Congreso de la Unión a infraestructura y combate a la pobreza, o las pantuflas de la abuela. Bursatilizar es la consigna, pignorar el futuro de Veracruz es el objetivo.


El otro rollo. El aportar lo mejor de sí para hacer valer en San Lázaro las demandas de un mejor destino para Veracruz, por la primera, la segunda, la tercera o la cuarta vía, o por el camino que fuere, huecas abstracciones quedaron en el camino. La tarea que le fuera encomendada para destacar entre el montón de diputados, está truncada. Le fueron cerradas las puertas en las comisiones de hacienda y presupuesto de la Cámara baja. En otras, de menor valía, ni las quiere ni puede, el sólo sabe de debe y haber, al fin contador y experto en los riesgosos juegos de la bolsa de valores. No por nada es el exhibido padre putativo de la deuda simulada.


Como dice la canción del jibarito, Javierito va. Y ahí va el joven y simpático cordobés, siempre de la mano de su protector e interesado amigo. Ahora caminando, ahora trotando, sudando la gota gorda, presidiendo pantagruélicos banquetes, en pos del tamaño requerido para quien en suerte le toque contender contra verdaderas chuchas cuereras, como Miguel Ángel Yunes Linares y Dante Delgado Rannauro. Hay que crecer. Lo sabe y sufre. Imagen, voz, origen y gastado discurso neoliberal no contribuyen a ser calca fiel del mecenas ni lo que de genio y figura espera la agitada y turbulenta ola roja  hoy al servicio de la fidelidad.


Terrible paradoja. Para crecer políticamente debe disminuir su imagen de pre candidato impuesto.


Temeroso escucha los pasos de los enanos del tapanco. Aquellos que al mecenas le crecieran a destiempo. La amenaza es real, se dice para sus adentros. No por crecidos dejan de representar peligro  para el familiar proyecto que, a contracorriente y sin contar con la venia de Beatriz, Manlio o el futuro “gaviotazo”, le señala como fin último gobernar a Veracruz.


Solo, porque solo se transita por los caminos de la vida cuando amigos y comparsas son comprados, no afloja el paso. Pueblear es su tarea, lo de legislar ya es secundario, al fin propuesta de campaña. Hoy y a lo largo de los próximos meses pueblear es su destino. Suerte si en el camino recoge polvos de aquellos lodos, no los de la contienda sucia, sino aquellos que hablan de mejores tiempos del tricolor; de ideas, de propuestas, de compromiso partidista, de experiencia y madurez política, de todo eso que hoy se le niega a una juventud  que en la fidelidad sustenta tráfico de influencias, enriquecimiento al alcance de la mano, simulación e impunidad.


Polvos de aquellos lodos que si no le ayudan a obtener el cargo a que aspira, cuando menos, en un futuro no lejano, le permitan en su momento ser de su tierra natal un buen alcalde.

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En perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

Asentadas las aguas, festinando quienes obtuvieran las mieles del triunfo electoral y lamiéndose sus no pocas heridas los perdedores, la vida política en México mantiene su errática marcha en el marco de una cada vez más profunda brecha entre la clase gobernante y la gran mayoría de la población, en un escenario global de crisis económica.

Mientras tanto, el gobierno y los partidos políticos hacen caso omiso del mensaje emitido por más del 50 por ciento de los mexicanos en edad de votar, que el pasado domingo 5 de julio manifestaran su hartazgo, descontento y rechazo al demeritado ejercicio de la política a cargo de un estamento social insensible, desideologizado y acomodaticio que el pueblo, con desprecio manifiesto llama simplemente, sin distingo partidista, “los políticos”.

El tema, para la clase política, no pasa de ser anecdótico y quedará para la historia de este país como una expresión más de una reiterada costumbre popular de apatía y desinterés de algunos mexicanos para con los procesos electorales federales intermedios. Renglón aparte, para ésta el proceso concluyó con resultados más o menos satisfactorios para el sistema de partidos políticos, destacando el triunfalismo de un PRI que con la derrota del PAN y la debacle de la izquierda electoral, ya da como un hecho que el dinosaurio entrará por la puerta grande a Los Pinos en el 2012. Tanto festinan que se olvidan que su propia crisis está tocando fondo, sin contar con respuestas para lo que viene.

En tanto que para el ciudadano común, no uncido al voto duro partidista,  con el amargo sabor de boca de saberse una vez más engañado y manipulado, retorna a su vida cotidiana a continuar rumiando su hartazgo, descontento, y rechazo al rumbo de un país sin brújula,  a sabiendas de que el desastroso estado de cosas actual  no se modificará un ápice con el relevo en la Cámara baja del Congreso de la Unión.

Cuanti más aquel convencido de que el México de hoy y de siempre, le ha dado la espalda, excluyéndole del trabajo remunerador, la educación, la salud, la vivienda digna y de las más mínimas expectativas de crecimiento y desarrollo,  en un país de más de 40 millones de pobres o en condiciones de pobreza extrema.

Paradójico. Para este ciudadano excluido, la izquierda electoral no parece significarle nada, como en nada le beneficia el que el PRD de espaldas a la realidad, ante su rotundo fracaso en las urnas, hable hoy de reconstrucción, unidad y armonía, a partir de la permanencia y mea culpa de una cúpula pragmática y corrupta que se siente desplazada del pastel a repartir en el 2012. No. Este ciudadano no siente ninguna necesidad de sumarse electoralmente al cochinero de las llamadas tribus, al oportunismo del PT o a la abulia burocrática de Convergencia.

Tampoco hasta ahora, percibe algún beneficio vinculándose a un movimiento de izquierda social que, en su confusión y anarquía, girando únicamente en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, no atina a comprender que la denuncia y protesta callejera o mediática no substituyen a la ideología, a la organización y a la construcción de cuadros, en torno a un programa mínimo para la acción consecuente de masas  en la búsqueda de respuestas concretas a la desigualdad y la pobreza. Para el ciudadano excluido el “combate a la mafia” no le retribuye mejores condiciones de existencia.

La sociedad está en crisis. El deterioro creciente del tejido social es más que evidente. A su atención debería avocarse la clase política. Frente a esta realidad no cabe el discurso triunfalista o la falsa autocrítica. Las crisis concurrentes, económica, de seguridad pública, de educación y de salud, entre otras, no esperan ni se justifica su desatención con cínicas declaraciones como que México requiere de 60 años para abatir el analfabetismo. Las prontas soluciones se requieren hoy, no mañana. Las respuestas no pueden esperar a que los diputados electos, legitimen su elección salvando a la patria cuando tomen posesión, o que el dinosaurio recale en los amplios jardines de Los Pinos en el 2012.

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El IFE informó, al concluir el conteo distrital, que el número de electores en la contienda alcanzó el 44.8 del padrón electoral

El universal.com.mx, 11/07/09.-

PRI gana 138 distritos; PAN 70 y PRD 39

Ciudad de México.- Al concluir el conteo distrital de las elecciones del domingo pasado, el Instituto Federal Electoral (IFE) informó que el PRI, el PAN y el PRD fueron los partidos que ganaron el mayor número de distritos, seguidos por las coaliciones PRI-PVEM y PT-Convergencia.

En tanto, por sí solos, los partidos Verde Ecologista de México (PVEM), Nueva Alianza (PANAL) , Socialdemócrata (PSD) , del Trabajo (PT) y Convergencia no obtuvieron el triunfo en ninguno de los 300 distritos del país.


De acuerdo con las cifras definitivas del conteo distrital, la participación ciudadana alcanzó 44.81% del padrón electoral y de los 300 distritos el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ganó en 138.


El Partido Acción Nacional (PAN) obtuvo el triunfo en 70 distritos; el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 39; la Coalición PRI-PVEM en 50 y la PT-Convergencia, en tres.


En cuanto a la votación obtenida por cada uno de los partidos el PRI alcanzó 12 millones 821 mil 487 votos; el PAN nueve millones 723 mil 537 y el PRD cuatro millones 231 mil 342.


El PVEM obtuvo dos millones 264 mil 510 votos; Nueva Alianza un millón 187 mil 902; el Partido del Trabajo (PT) un millón 268 mil 839; Convergencia 855 mil 052 y el Partido Socialdemócrata 358 mil 758.


En tanto el número de sufragios nulos llegó a un millón 876 mil 629, equivalentes a 5.40 por ciento del total de los comicios.

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