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Tag Archives: partidos políticos

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En la lucha contra la pobreza, “hay que ponerle calor militante, de compromiso: José Mujica, Presidente uruguayo.

Como lo he expresado de manera reiterada, el actual proceso electoral en Veracruz que desembocará el 7 de julio próximo con la elección de diputados locales y 212 ediles, no merece a nuestro juicio el mínimo de confianza. Es un verdadero cochinero antidemocrático y exhibe la crisis terminal de un sistema de partidos políticos en México rebasado por la realidad presente y expectativas de futuro de las mayorías. En congruencia, por tanto, no estamos ni a favor ni en contra de partidos y candidatos. Que con su pan se lo coman.

No obstante y dado el interés superior de Veracruz y en especial Xalapa, no deja de ser ajeno a mi preocupación el curso que toma el proceso a unos días de iniciadas las campañas de proselitismo de quienes aspiran a los cargos de representación citados.

Llamándome la atención la recurrencia a lugares comunes y slogans que no dicen nada a la ciudadanía, reflejando en forma y fondo que es más el interés de los aspirantes por alcanzar una migaja de poder, acceso a la manipulación ciudadana y manejo de recursos públicos, que un interés real por servir a los veracruzanos. Flaca caballada en contienda que en sus “elaboradas propuestas” y promesas de campaña, expresan pobreza conceptual y una franca miseria de conocimiento y capacidad para enfrentar la problemática de un estado y una ciudad capital cuya complejidad les rebasa.

Salvo algunas respetables excepciones que el pueblo conoce y reconoce, se percibe que los ahora candidatos o candidatas, están más cerca del triunfalismo sin sustento de quien ahora gobierna a la entidad y de quien en su carácter de alcaldesa de Xalapa, marchan de espaldas a una realidad abrumadora que habla de estancamiento y retroceso en todos los órdenes de la vida económica y social de la entidad, que de la más mínima intención y voluntad de cambio.

Así las cosas, no es de dudar que los resultados del proceso electoral arrojarán más de lo mismo, profundizando el estado de cosas que hoy prevalece en la sociedad veracruzana.

Es curioso, pero así es, nadie en campaña se ocupa de enmarcar propuestas y promesas en la estrategia de gobierno del presidente Peña y, por lo consiguiente, en el llamado plan nacional de desarrollo y su equivalente para el estado de Veracruz aprobado por el Congreso local.

Grave a mi juicio, las reformas constitucionales aprobadas por el Congreso de la Unión pasan necesariamente por el aval de las legislaturas locales y en nuestro caso específico por la diputación que será elegida el 7 de julio. Y ni que decir de su implementación en la célula básica de la administración pública a cargo de los alcaldes.

Tanto diputados como ediles actuarán por consigna y de espaldas a la ciudadanía en temas del mayor interés para la Nación. Su compromiso para con Veracruz es coyuntural y meramente circunstancial, en tanto que el cargo para el que serán electos, será apenas un escalón más en el encumbramiento político personal de los hoy aspirantes, en su mayoría “chapulines”.

La reforma laboral, la educativa, la de comunicaciones, y las que vienen en materia financiera, fiscal y energética, así como la cruzada peñista contra el hambre, no figuran en la agenda de campaña de los candidatos y candidatas. A lo sumo y de manera más declarativa que de compromiso, se hace referencia al combate a la pobreza y al abatimiento de desempleo, informalidad e inseguridad, sin ofrecer el como y con qué habrán de enfrentar tales fenómenos económicos y sociales en la entidad y en los 212 municipios veracruzanos, siendo estos temas los de mayor relevancia para las mayorías que pretenden representar.

En nuestra ciudad capital en donde clase política y medios de comunicación concentran con mayor intensidad las escaramuzas de  una guerra sucia sin sentido, se privilegia la exhibición de la mugre de los trapos propios y ajenos, evitándose o desconociéndose el carácter integral y multidimensional de la problemática de una ciudad que ya no da para más. El candidato de la coalición que encabeza el PRI, declara que el problema de la vialidad no frenará el desarrollo de la capital veracruzana, sin reconocer que el caos vial es consecuencia de la inviabilidad de todo proceso de racionalización y modernización de una ciudad que, por principio de cuentas, carece de plano regulador y visión de conjunto, así como de una iniciativa privada con serias carencias de iniciativa y disposición para invertir productivamente para generar empleos de calidad.

Xalapa está muerta y sus habitantes exigen sea resucitada. Ello implica no sólo cuantiosas inversiones en infraestructura urbana que hagan de las colonias colgadas de los cerros espacios habitables y seguros, se requieren además fuentes sustentables de trabajo, salarios remunerativos y, sobre todo, visión de futuro, compromiso y voluntad de cambio en sus autoridades. El qué, el cómo, el cuando, en donde  y el con qué, no se percibe en el discurso de campaña y mucho menos en slogans mediáticos que no dicen nada a los ciudadanos, salvo que nos espera más de lo mismo, o mucho peor en el caso de los xalapeños excluidos, a los que se les ofrece hoy una despensa o una lámina de cartón a cambio de pignorarles el futuro.

Y por si fuera poco, borrón y cuenta nueva. Los desmanes de Elizabeth Morales en su desempeño al frente de la comuna xalapeña, quedarán en el olvido. Corrupción e impunidad no se tocan, concluirá impertérrita su mandato y no hay candidato que le ponga cascabel al gato demandando rinda cuentas ante la justicia.

Frente a esta percepción me pregunto si vale la pena entrarle al juego del apapacho o descalificación de partido o candidato alguno. La respuesta es más que obvia, para quien esto escribe no vale ni tiempo  ni esfuerzo, ya los ciudadanos valoraran en su momento la calidad de su voto. De ellos dependerá apostarle al más de lo mismo o expresar su deseo y voluntad de cambio en las urnas.

La interrogante entonces la dejo en el aire: ¿De los candidatos impuestos por la partidocracia, alguno merece ser votado en respuesta a ese deseo y voluntad de cambio de la ciudadanía?

Hojas que se lleva el viento

Quien esto escribe y el semanario en línea “Pulso crítico.com”, se unen al cúmulo de felicitaciones que ha recibido el portal informativo “Crónica del Poder” con motivo de su quinto aniversario en la Red de redes, expresando nuestro sincero reconocimiento  a sus fundadores y sus actuales directores, Felipe Hakim Simón, Francisco Saucedo Ramírez  y Marco Aurelio González Gama, por su compromiso  para con el ejercicio de la libertad de expresión y servicio a la ciudadanía, agradeciéndoles su generosidad al brindar un espacio valioso a los maquinazos del suscrito.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En recientes declaraciones en Veracruz,  Andrés Manuel López Obrador afirmó que la alianza entre el PRD y el PAN es una vacilada. Parece tener razón, lo que constituía una oportunidad pragmática de posible triunfo electoral de las fuerzas políticas opositoras al PRI, fue tirada por la borda; como el perro de las dos tortas, las tribus negro amarillas representadas en la entidad con ayuda del Tribunal Electoral del Poder Judicial del estado, quemando la pólvora en infiernitos anuncian su inminente derrota en las próximas elecciones de alcaldes y diputados locales. 

El inveterado canibalismo, el oportunismo de siempre y la carencia de inteligencia de una dirigencia acomodaticia y corrupta, rechaza la “Gran alianza por ti” con el PAN, demostrando su incapacidad para aceptar su propia realidad y construir mediante un programa mínimo para la acción una posibilidad de triunfo electoral que, más que beneficiar al PAN, rendiría pingues dividendos a un PRD al que sólo le resta sobrevivir al paso de Morena.  

Pues no de puede hacer de lado que fue una facción del propio PRD la que impugnó ante los órganos electorales el registro de la “Gran Alianza por ti” convenida entre el sol azteca y el panismo en Veracruz. 

Demostrando que efectivamente, como machaconamente lo reiteraran sobre pedido los medios de comunicación oficialistas, no hay forma alguna de mezclar ideológica o pragmáticamente el agua con el aceite en Veracruz. El resolutivo del Tribunal electoral veracruzano, para beneplácito del régimen duartista,  sólo dio un último empujón, por cierto autoritario y cuestionado ya por las dirigencias nacionales de los partidos coaligados. 

Pero no sólo hay incapacidad. A esta se suma la perversidad de una dirigencia comprada, obviamente  con un propósito no explícito que no es el obtener triunfos electorales, así sean estos parciales, sino que valiéndose de la debilidad coyuntural de la derecha representada por el PAN, su objetivo es tender la alfombra roja al paso del PRI para el retorno de éste al viejo y rancio esquema de partido hegemónico. 

Con este más que obvio propósito, traicionan a Veracruz, abriendo la puerta al régimen de pensamiento único, al autoritarismo, y a la represión de la movilización social contestataria, de un  PRI-gobierno que volviendo por sus fueros, no aceptará más contrapesos por más simulados que estos sean.  

Así como también traicionando al proceso de construcción de la democracia en la entidad, renuncian a su presunto papel de oposición de izquierda, cancelando de facto la vía electoral como camino para avanzar de una sociedad plural que, demandando gobierno para todos, confiaba en una sana alternancia; favoreciendo un perverso bipartidismo que hará sentir el peso de la derecha en el poder. Porque, guste o no, el partido hegemónico seguirá necesitando pragmáticamente del PAN como comparsa.  

En múltiples ocasiones afirmé que el PRD en Veracruz, con “los chuchos” o sin estos, era un cadáver insepulto. López Obrador le concedió mantenerse fuera de la tumba. Hoy, retirado el oxígeno auxiliador por el tabasqueño y su Morena, el voto ciudadano en julio próximo se encargará de darle sepultura. El PAN, al que rechazan, testigo de calidad no llorará frente a la tumba.

La alianza PRD-PAN, así sea esta de facto, quedará como una simple vacilada, como lo afirma el peje tabasqueño, quien sabe bien  lo que es el plumaje negro amarillo jarocho al que sí mancha el pantano. 

Así es la historia, el canibalismo insensato, el oportunismo, corrupción y traición en el seno de la llamada izquierda electoral, cavó la tumba del perredismo veracruzano, los panistas alegrarán las noches de sus viudas en la negra noche del aquelarre tricolor.

Hojas que se lleva el viento.

Como era de esperarse, el calor preelectoral crece agitando el cotarro. Las cosas pasan cuando suceden y tiene sucedido que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de Veracruz , que también es gobierno, desconoció y anuló el registro de la “Gran Alianza por Ti”, del PAN y el PRD. Para una sociedad harta de la partidocracia y sus enjuagues, no debería causar ni sorpresa ni sarpullido, y mucho menos enojo innecesario. La elección de alcaldes y diputados locales es en julio por lo que no vale la pena que la ciudadanía adelante vísperas sudando penas ajenas.

Debería bastar el que el gobernador Javier Duarte de Ochoa pusiera en claro que el gobierno no tuvo nada que ver en la invalidación de la alianza PRD-PAN para que se calmaran los ánimos y hacer caso omiso al rumor, dimes y diretes, chismes y maledicencia propiciado por medios de comunicación y opinadores oficialistas que trabajan llevando agua a su molino en contra de la “vacilada” de perredistas y panistas.  “Es parte del folklore electoral” expresó el mandatario, y así debemos entenderlo, que al fin y al cabo de todas formas llegado el momento del palomeo en las listas de aspirantes a candidatos, lo que menos cuenta es la opinión de los mirones de palo. Así es la democracia jarocha  y al que no le guste que cambie de canal.

-ooo-

Desde estas líneas nuestra felicitación a Generales, Jefes, Oficiales, cadetes y tropa del Ejército Mexicano, con motivo del Primer Centenario de la Institución castrense que tuviera su origen en la creación del Ejército Constitucionalista, surgido de la Revolución Mexicana.  “Por el honor de México”.- Xalapa, Ver., febrero 19 de 2013

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Las redes sociales ni por asomo son una panacea en materia de comunicación de masas. Son simplemente, por un lado, instrumento reflejo de la realidad percibida de quienes acceden a éstas y, por otro, expresión virtual del libre juego de intereses económicos y políticos de todo tipo que valiéndose de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, (TIC´s) inciden con información o desinformación, medias verdades, medias mentiras o, de plano, mentiras que contribuyen al mantenimiento sistémico del control de las clases dominantes sobre las subordinadas.

Queda a criterio de cada quién aceptar, rechazar o ponderar los mensajes que en las redes se generan, ignorándolos, enriqueciéndolos o reproduciéndolos para conocimiento de otros.

Lo único que les diferencian de los medios impresos o televisivos es su socialización; todo mundo con acceso a Internet puede ser lo mismo emisor que receptor del mensaje, interactuando en un proceso de multiplicación  geométrica de la información tan amplio como relevante para un grupo en específico o para la sociedad en su conjunto, pueda ser el mensaje emitido y el interés por difundirlo.

Así que no procede sobrevalorar el papel de las redes en los procesos políticos y, mucho menos satanizarles, antes de entender su dinámica como herramental al servicio de la sociedad. Lo mismo podría decirse de los mensajes emitidos, si no los ponemos en contexto y entendemos que si hoy destacan libertinaje y procacidad en mucho del contenido de los textos ampliamente difundidos en las redes sociales, no es otra cosa que parte de un proceso de apertura de libre expresión por siglos reprimido. Parte de un proceso liberador que nos permite distanciarnos del propósito sustantivo de los medios de comunicación impresos o electrónicos tradicionales al servicio de los círculos de poder de las clases dominantes, cuya función social es de inducción y control de la opinión pública bajo el supuesto de que hablan en nombre de ésta.

No es circunstancial, entonces, que sea a través de las redes sociales en donde sea concretado por la sociedad el derecho a la libre expresión y, de ahí, el interés de gobiernos, partidos políticos y poderes fácticos por controlar, reglamentar o satanizar un herramental que consideran pernicioso para sus fines.

Llegará el día en que contenido y lenguaje tomen por sí mismos sus mejores cauces, elevando y enriqueciendo el nivel de la información y la comunicación, atendiendo a un legítimo interés por democratizarle en el mejor sentido de la palabra. En tanto ese día no llegue, hoy por hoy a mi juicio es el mejor instrumento del que se vale la población para informarse a sí misma. Luego no cabe escandalizarse y mucho menos condenar a priori lo que en última instancia es reflejo del nivel cultural de masas que nos ha sido impuesto.

Antes que el desgarre de vestiduras, medios impresos, televisivos, periodistas, educadores y políticos, tendrán que preguntarse que tipo y de que calidad son los contenidos de los mensajes que unilateralmente emiten, como para que estos sean rechazados por una población receptora que desconfiando de los medios tradicionales, desafiándolos opta por caminos alternativos de información y comunicación por ahora ya en manos del  “nosotros”.

Es el “nosotros” socializante y democratizador que se expresa en las redes sociales ó el “ellos” con su talante unilateral, impositivo, autoritario y enajenador, como de manera destacada lo han puesto sobre la mesa los jóvenes universitarios en México y su movimiento #yosoy132.

En este marco de referencia fruto de mi reflexión personal, me llama la atención que no pocos personajes de la prensa y la política se escandalicen porque a través de las redes sociales se pretenda por algunos “perniciosamente” imbuidos por un odio malsano, “dividir a México”. Sin parar mientes en que lo que observamos en la Internet es simple reflejo de una realidad ya inaceptable de un México dividido en mil pedazos.

Dividido en lo económico, en lo social, en lo educativo y cultural, en lo político, es hoy un vitral digno del mejor artífice renacentista hecho añicos. Nada nos une, la política como expresión democrática de la búsqueda del bien común y, por tanto, elemento aglutinador en pensamiento y acción para hacer de la suma plural de las partes el todo nacional, no sólo ha fracasado en el intento, es el principal y sustantivo elemento de ruptura que ha hecho de la obra de arte un sin fin de tepalcates dispersos que en nada nos enorgullecen.

En la realidad virtual del ciberespacio ó en la realidad concreta pie a tierra, hombres y mujeres de carne y hueso lo perciben y lo viven como propio. No es ocioso el que el aún candidato del PRI a la presidencia de la república, sabedor de su precariedad social, salga a decir, entre otras barbaridades muy propias de su también precariedad cultural y política, que: “Lo que menos podemos permitir es que se haga de la democracia una forma que divida y genere enconos entre la sociedad; por el contrario, debemos reconocer que en la competencia es válido que la gente tenga preferencias, pero también debe existir la civilidad para saber reconocer la preferencia mayoritaria”.

Afirmación de Peña Nieto en la que reconoce la diversidad que divide, entre otras de preferencias en lo electoral pero, a su vez, miente, promoviendo más del encono que condena y no la deseable unidad nacional que desea como aceptación a su aun presunto mandato. Llegaría a la presidencia de México como candidato de la primera minoría triunfante en los comicios y no como el electo por la preferencia mayoritaria. Somos los mismos mexicanos por acción u omisión y no la democracia, abstracción utópica de un voluntarioso deseo, los que dividimos y polarizamos, en un escenario de encono que enfrenta  inconformidad y protesta por  un estado de cosas dado, a simulación, continuidad e imposición de quienes se resisten al cambio.

Es el viejo régimen que ni termina de morirse ni da paso a una vida nueva que imprima renovados cauces a la vida nacional, quien divide, genera odios y propicia el encono, impidiendo el recoger los tepalcates hoy dispersos en todo el territorio nacional. Más no, por favor, el contenido y lenguaje procaz que se expresa en libertad en las redes sociales. Mérida, Yuc., agosto 26 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Coincidiendo con quienes afirman que el México de hoy es otro muy distinto al que contempláramos en la etapa previa al proceso electoral que desembocará en la sucesión presidencial, a mi juicio no puede ignorarse la composición de la nueva correlación de fuerzas políticas. De ésta dependerá estabilidad y  gobernabilidad cuando más del cincuenta por ciento de la población, encontrándose en condiciones de pobreza ó pobreza extrema, no tiene nada que perder.

Si bien la correlación de fuerzas entre las diversas expresiones políticas del país sufrieron modificación y ajuste a lo largo de los procesos electorales del año en curso, observándose en el electorado una creciente polarización entre tendencias de centro izquierda y la derecha en todas sus tonalidades, el reacomodo de éstas también incidió al interior de todos y cada uno de los partidos políticos nacionales. Las elecciones federales, y locales en su caso, no sólo pusieron a prueba en menor o mayor grado las respectivas estructuras partidistas y su llamado “voto duro”,  también hicieron aflorar las profundas contradicciones que, al interior de cada instituto político, reflejan la ausencia de consenso programático, operativo y estratégico, así como la cada vez mayor carencia de control cupular sobre sus bases sociales de apoyo. Lo que hoy se observa nítidamente al interior de Acción Nacional lo confirma y, más temprano que tarde se hará evidente en el resto de los partidos políticos. El PRI no es excepción, los intereses personales y de grupo tanto en la coyuntura como para el mediano plazo, apuntan en tal sentido.

Guste o no, pese a la descalificación y satanización tanto de López Obrador como del movimiento estudiantil #yosoy132, estos han influido de manera notoria sobre la correlación de fuerzas en México, abriendo espacios de participación a una juventud antes excluida de la vida política y agudizando las contradicciones al interior de los partidos políticos nacionales.

La irrupción no esperada en pleno proceso electoral de los jóvenes universitarios, no sólo modifica la correlación de las diversas fuerzas político electorales, también incide de manera más amplia en el seno de la sociedad en su conjunto. Forzando a los partidos a revisar estrategias, quehaceres y discurso para no perder el control de sus ya escasas bases sociales de apoyo. No siendo circunstancial el que en la cúspide cupular de la partidocracia se hable ahora de participación ciudadana, inclusión, y democratización así sea de dientes para afuera, como lo refleja la recién aprobada reforma política constitucional, la confrontación entre el panismo histórico y el neopanismo calderonista en torno a la “refundación” del partido, y el llamado del Sr. Peña a cerrar filas al interior de un anquilosado  PRI que negándose a su renovación, reafirma su carácter antidemocrático.

La nueva correlación de fuerzas en la sociedad mexicana opera ya estructuralmente en contra del statu quo, cuestionándole. La reflexión se hace acompañar de una acción que, si bien es incipiente, crece cualitativamente inclinándose a favor de un cambio sustancial en la vida política, económica y social del país.

La participación ciudadana, al margen de los partidos políticos y de la propia legislación que pretende aherrojarla reglamentándole, está en marcha; el debate está en la calle en busca de un consenso que no tiene nada que ver con las “alianzas útiles” en el seno de un Congreso de la Unión divorciado de la sociedad.

El plebiscito planteado frente al proceso electoral que aún no concluye, está vigente: O se avanza con autenticidad en el camino de un cambio legítimo, ó se opta por el gatopardismo de siempre en el que la continuidad planteada por calderón Hinojosa, parece estar asumida ya por la simbiosis estratégica del PRIAN.

Hojas que se lleva el viento

Pudo más “Ernesto” que la reunión de gobernadores y legisladores con el Sr. Peña.  El escándalo mediático por la ausencia del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, obligó a este a suspender sus vacaciones en Europa y hacer presencia tomándose la foto. Lo curioso del tema es que con gobernador o sin gobernador “aquí no pasa nada”.

A río revuelto ganancia de pescadores. Elizabeth Morales, alcaldesa de Xalapa no podía quedarse atrás. Con una desvergüenza y un cinismo inaudito aprovecha el tono mediático de los nocivos efectos de la tormenta tropical “Ernesto” para pretender colgarse del FONDEN, argumentando que los torrenciales aguaceros dejaron calles y avenidas de la capital veracruzana como queso “gruyere”. No le importan las viviendas afectadas, la gente que dejó de ir a trabajar, los lodazales que por calles tienen cientos de colonias periféricas o el desmadre vial que se complica con la lluvia, su interés está puesto en el interminable negocio del bacheo. El saqueo es PRImero.

El mal tiempo obliga a uno que otro crucero eventualmente busque refugio en el puerto de Veracruz. Situación propicia para que el gobierno veracruzano anuncie a bombo y platillo ambiciosos acuerdos con navieras internacionales para que la entidad figure como destino turístico en la ruta de cruceros. Año con año es lo mismo sin que se concrete nada al respecto. Buenos deseos sin sustento, en eso quedan las estrategias de desarrollo de la industria sin chimeneas y, de muchas otras cosas también que colocan a Veracruz como una de las entidades federativas con mayor atraso relativo en todos los órdenes.

pulsocritico.com cumple tres años en la Red de Redes como un sitio no comercial. 156 semanas sin interrupción, en un esfuerzo personal no lucrativo de participación crítica e independiente en el periodismo veracruzano. Me he propuesto acceder a un lugar destacado en el ánimo de mis lectores, toca a estos y a los distinguidos articulistas que me permiten difundir sus valiosas aportaciones el juzgar si se está cumpliendo con tal propósito.  Gracias por la confianza que me dispensan.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con el ánimo y prisa de dejar atrás en el imaginario popular el aún inconcluso y cuestionado proceso electoral federal, gobierno y partidos políticos en Veracruz “afinaron” la iniciativa que turnada al Congreso local por el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa propone un nuevo Código Electoral

“La propuesta de ley se enriquece con el esfuerzo y talento de los legisladores del Congreso del estado, así como de diversos actores políticos y sociales de la entidad”, señaló el mandatario veracruzano tras reunirse con legisladores y dirigentes de PAN, PRI, PRD, PVEM, PT, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza, Cardenista y Alternativa Veracruzana, haciendo un reconocimiento a la “aportación y riqueza de ideas de los protagonistas de los procesos electorales”, según reza el boletín oficial.

Considerando que por principio la iniciativa del gobernador fuera todo un bodrio siendo rechazada lo mismo por los partidos políticos que por diversos estudiosos y analistas en tanto atentaba contra la libertad de expresión y coartaba  derechos democráticos de la ciudadanía, se considera un avance el que previa modificación de 118 artículos y la supresión de 4, se lograra el consenso necesario para que un día después la Legislatura local aprobara en “Fast track” las reformas de marras. Hasta ahí lo positivo del encuentro del gobernante con las diversas expresiones políticas representadas en el Congreso.

 No obstante queda en el aire la idea de que si bien el consenso se diera entre la clase política veracruzana, facilitando el que sin mayor discusión se aprobara al vapor y por unanimidad el nuevo ordenamiento, el electorado como protagonista sustantivo cual mirón de palo no fue consultado.

Como ya es costumbre, la diputación local respondió a los intereses de sus respectivos partidos políticos y estos a conveniencia de sus dirigencias. Así, un instrumento de vital importancia en la construcción de ciudadanía y democracia en la entidad, queda inscrito en la  telaraña de intereses copulares de espaldas al electorado.

Lo que ya no es extraño es que los partidos de la llamada izquierda,  que a nivel nacional dicen secundar el Programa de Defensa de la Democracia y Dignidad propuesto por Andrés Manuel López Obrador, se presten de buen grado tanto a la cortina de humo auspiciada por el gobierno priísta de Veracruz como sin pudor alguno den su aval al ahora prácticamente nuevo Código Electoral veracruzano,  aprobado con el desconocimiento pleno de su contenido por una ciudadanía no consultada.

Aunque esto último responde a la lógica del maiceo tan común en la relación entre el gobierno estatal y los partidos políticos, en forma y contenido peca de una desvergonzada incongruencia que, ni tardo ni perezoso, el gobernador Duarte de Ochoa capitaliza en provecho propio y, de paso, pone en bandeja de plata al PRI la oportunidad de asumirse como un instituto político democrático de avanzada, cuando en todo el país  se le juzga por autoritario, antidemocrático y falaz.

Llegará el momento en que las reformas al Código electoral veracruzano operen en contra de los intereses de los partidos opositores. Entonces estos  habrán de desgarrarse las vestiduras y llamar al pueblo a clamar justicia electoral, arando en el desierto. Sin autoridad moral y política que esgrimir, el electorado les dará la espalda.

Palo dado ni Dios lo quita, las reformas al Código Electoral están aprobadas y no obstante carecer de legitimidad de inmediato serán promulgadas para su aplicación n el 2013. Ojala y más que fuere a posteriori, la clase política veracruzana se tome la molestia de difundir ampliamente el articulado aprobado para que, cuando menos, el electorado sepa a que atenerse en los próximos comicios locales.

Una raya antidemocrática más en el lomo de la partidocracia. Ni hablar.

Lo que queda aún en duda, es si el artificio de una unidad política comprada será suficiente para que el Sr. Dr. Duarte de Ochoa logre remontar en el corto plazo los efectos colaterales de su reciente derrota electoral, logrando darle rumbo certero a su cuestionada administración. Mérida, Yuc. Agosto 1 de 2012.

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La Jornada / Editorial

02/07/2012

El proceso electoral que habría debido culminar ayer con resultados confiables y un ganador inobjetable de la contienda presidencial se encuentra, en cambio, en un preocupante compás de espera y se ha visto contaminado por malas conductas institucionales, civiles y mediáticas.

De entrada, la elección fue precedida por una parcialidad tan pronunciada de los medios –especialmente, de los electrónicos–, que derivó en la fabricación de una candidatura presidencial con base en el desmesurado poder de la pantalla televisiva sobre la opinión pública. Tal proceso no se limitó a la aplicación, para efectos políticos, de la mercadotecnia y la publicidad comercial tradicionales, sino incluyó campañas de descalificación y distorsión contra eventuales competidores del aspirante priísta, así como una manifiesta inequidad informativa muy semejante a un bloqueo. Otra vertiente de esa construcción de la candidatura de Enrique Peña Nieto fue la elaboración de cientos o miles de encuestas a todas luces divorciadas de la realidad.

Ya en la fase de las campañas electorales propiamente dichas, el Partido Revolucionario Institucional recurrió a su arsenal de maniobras tradicionales de manipulación y distorsión electoral: la compra y coacción de votos, el amedrentamiento y la agresión a simpatizantes de otros institutos y fórmulas políticas, así como un derroche aplastante de dinero en publicidad, logística y reparto de bienes o efectivo a cambio de voluntades ciudadanas. Ante tales prácticas indeseables y delictivas, tanto el Instituto Federal Electoral (IFE) como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) se comportaron con una tolerancia cercana a la omisión de sus facultades y obligaciones legales.

En la jornada del domingo proliferaron las denuncias de irregularidades –las más reiteradas se refirieron a la compra de votos, pero también las hubo por robos con violencia de urnas, así como por agresiones contra ciudadanos de fórmulas distintas a la que encabeza Peña Nieto y por manipulación indebida de papelería electoral por presuntos operadores priístas–; sin embargo, tanto los altos funcionarios electorales y judiciales como los portavoces de los medios informativos se empeñaron en retratar unos comicios limpios y apacibles.

Sin ser una cosa ni la otra, la elección tuvo, empero, una notable virtud: la alta participación ciudadana y el resurgimiento de un interés cívico que restableció el vínculo con las urnas –y con la política en general– de grandes sectores de la ciudadanía. La expresión más notable de ese fenómeno positivo es el surgimiento –al calor de las campañas– del movimiento estudiantil y juvenil #YoSoy132, el cual tuvo por elemento articulador un vasto malestar ante las miserias de un régimen político en el que participan, sin atribuciones legales, poderes fácticos como el de los medios electrónicos y, a estas alturas, de las casas encuestadoras que parecen más preocupadas por inducir tendencias electorales que por retratarlas.

Al fin de la jornada, cuando el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) llevaba computadas menos de 10 por ciento de las casillas, el presidente del IFE, Leonardo Valdés Zurita, salió a anunciar en cadena nacional los resultados de un sondeo rápido que difieren notablemente de los números del PREP, pero que convergen con los de las encuestas más impugnadas por la opinión pública. Inmediatamente después, el aún titular del Ejecutivo federal, Felipe Calderón, hizo uso del enlace nacional para proclamar el triunfo de Peña Nieto. Todo ello con el telón de fondo de medios informativos que no vacilaron en proclamar vencedor al aspirante priísta, el cual, posteriormente, pronunció un discurso de presidente electo, sin serlo.

Estos desfiguros institucionales e informativos resultan lamentables en la medida en que vician el proceso electoral e introducen en él factores de incertidumbre y hasta de sospecha. En un escenario competido, en efecto, proclamar ganadores cuando no se tienen resultados constituye una temeridad y puede dañar de manera irreparable a la elección en su conjunto.

Por su parte, el candidato presidencial de las izquierdas anunció que esperaría al recuento total de los votos para asumir una posición y llamó a la calma y a la civilidad a sus seguidores. No podrá achacársele, en consecuencia, la paternidad de una incertidumbre electoral que se gestó, en cambio, en el sistemático manipuleo televisivo, en la sostenida intromisión de la administración calderonista, en la pusilanimidad de las autoridades electorales y en la aplicación de las tradicionales malas artes comiciales del Revolucionario Institucional.

Lo cierto es que se ha vuelto a colocar al país en un escenario de falta de credibilidad que podría derivar en circunstancias ingobernables o en seis años más de un gobierno privado de legitimidad. Cabe esperar que ninguna de esas perspectivas se concrete y que, por el contrario, el cómputo total de los sufragios y la rápida resolución de las impugnaciones dé certeza sobre el sentido del veredicto popular emitido ayer en las urnas.

Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

 Al maestro Fernando Lescieur, por sus sabias enseñanzas

 ¿Qué no soy objetivo? Definitivamente no lo soy.

 Es lugar común decir que el periodismo, aquí y en China, debe ser objetivo; reflejar en cada nota informativa, editorial o comentario la verdad como absoluto sobre la realidad que se describe. En lo personal considero que ello es una falacia. La realidad objetiva es una abstracción, contemplándole cada quién desde la amplia o estrecha ventana por la que ésta se observa, construyendo en el imaginario individual o colectivo una percepción que va de acuerdo al color del cristal con que se mira, dijeran los clásicos.

 De una u otra forma o contenido, lo que en periodismo expresamos pretendiendo ser objetivos, termina por ser tan relativo como la imagen que aprehendemos de una realidad cambiante que se nos manifiesta en tiempo y espacio ante nuestros ojos. Cada letra impresa conlleva no solamente nuestra propia visión del mundo, de la vida, el acontecer cotidiano, formación personal y del entorno circundante, también intencionalidad y propósitos implícitos o explícitos, conscientes o inconscientes que devienen en verdad única sólo para quien la escribe o publica.

 Pretender que nuestra verdad sea la verdad para todos, vana presunción tan subjetiva como la abstracción que conocemos como realidad. La objetividad periodística no existe más allá de slogan mercadológico de que se valen medios y periodistas para un mejor posicionamiento en el mercado; cuanti más si a ésta la relacionamos con el papel que juega la prensa en el mundo de la política y los negocios como instrumento propagandístico, por decir lo menos. Lo concreto se relativiza a la luz de intereses creados, individuales o de grupo.

 Quien esto escribe, a lo largo de seis no ha ocultado ni la simpatía para con Andrés López Obrador  ni la intencionalidad de compartirla. Más no al grado de idealizar sin el menor esfuerzo de reflexión y análisis al político tabasqueño y lo que éste,  en el marco de un país a la deriva podría representar  para un pueblo que ha dicho ¡Basta!

 Mi voz es reflejo de lo que atisbo al traves del cristal de mi modesta ventana.

 A grandes males grandes remedios

 En un escenario de profunda crisis de un régimen político decadente en el que todos los partidos políticos, sin excepción, han dejado de jugar su papel de correas trasmisoras en la construcción de una auténtica democracia representativa, un proceso de cambio que nos aleje del más de lo mismo, del dejar  hacer dejar pasar, para atrevernos a incursionar en los caminos desconocidos de una nueva visión de Estado y de futuro, requiere de un liderazgo que, salvo el que ahora y aquí nos ofrece López Obrador, no se ve por ningún lado. Sin que por ello me atreva a afirmar que el ex jefe de gobierno de la Ciudad de México, es todo virtud, estadista llamado a ser el esperado mesías que con varita mágica en mano nos proporcionará la tablita salvadora.

 Me mentiría a mi mismo si considerara revolucionario a López Obrador,  sólo le veo como voluntarioso reformador en el que el pueblo confía. Como todo político mexicano formado en la visión y estructura de un partido hegemónico, tiene y arrastra vicios y virtudes. Pero en política ni todo es blanco ni todo es negro; en el justo medio entrelazado lo mejor y lo peor como ser humano es que radica la personalidad, carácter, experiencia, capacidad y, sobre todo, voluntad política de un lider que ha logrado sacudir la modorra de millones de mexicanos, incitándoles a proponerse cambiar a México entre todos. Subordinando el egoísmo individualista a un trascendente y solidario nosotros desde abajo.

 ¿Quien nos asegura que López Obrador estaría a la altura de los requerimientos del México de hoy y del futuro? Nadie. Eh ahí que la esperanza y la confianza en el lider, sea lo que a varios millones en este país nos mueve y nos permite atrevernos a dar el salto para iniciar la incierta aventura. Malo sería quedarnos cruzados de brazos, sin voluntad de cambio ni esperanza de futuro.

 Así como confío en Andrés Manuel como el mejor candidato en la contienda en curso, obligado estoy a aceptar que otros confían en alternativas diferentes. Lo que nos distingue de los animales no es solamente nuestro libre albedrío, también la capacidad para acepar con respeto, tolerancia y sentido plural de ciudadanía a quien piensa diferente. Ello distingue en política el contemplar como adversario al oponente y no como enemigo.

 En este marco de reflexión estimo que de ganar la elección, Andrés Manuel y su gobierno no serían más que el primer paso en un todavía largo proceso de construcción de una auténtica democracia participativa en México. Una transición entre el México al que estamos diciendo basta y el México libre, independiente, soberano y próspero que todos deseamos. Un primer paso para avanzar en la urgente y necesaria renovación política y moral del Estado-nación, dándonos un nuevo régimen con partidos políticos a la altura de lo que la sociedad demanda. No más gatopardismo y partidocracia. Demos el salto adelante sin temor.

 Cabe desear entonces que el nuevo mesías que habrá de renovar esperanzas y confianza en el futuro de México, no sea un solo hombre, ni un iluminado. Que el esperado mesías encarne en todos solidariamente por el bien de México.

 Con el concurso de todos, en unidad de propósitos, voluntades y esfuerzo compartido en el que el amor a México amalgame pluralidad e inclusión democrática, sumando granito a granito el cambio verdadero es posible.

 Hojas que se lleva el viento

 ¡Al ladrón! ¡Al ladrón! Cómo estarán las cosas que el domingo en cada casilla todos nos vigilaremos a todos para impedir el fraude electoral. Nadie confía en nadie y, para nuestro infortunio, mucho menos podemos confiar en las autoridades y en los mentores de nuestros hijos. ¡Que vergüenza!

 El momento de las definiciones  ha llegado, en congruencia mi voto es para Andrés Manuel.- Xalapa, Ver., Junio 27 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si en la coyuntura lo que está en juego es la elección presidencial, para el mediano y largo plazo la disyuntiva está entre el elegir la opción de un más de lo mismo ofertado por el gatopardismo que desde la cúpula del poder nos habla de un nuevo rumbo para seguir igual, o un proceso de cambio auténtico con el objetivo de sacudir el marasmo de la Nación y, entre todos, proponernos abatir atraso, desigualdad, pobreza, injusticia, corrupción, violencia  e impunidad.

En este orden de ideas, el primero de julio más que una típica elección presidencial lo que las circunstancias nos ofrecen es un plebiscito amplio, en el que el pueblo de México definirá si se sigue por el mismo camino, sin brújula y sin rumbo cierto recreando atraso y retroceso, o se opta por un cambio verdadero que saque al país de un atolladero que se complica en el marco de un escenario internacional de crisis, incertidumbre y nula esperanza de futuro.

Para lo más de lo mismo, no hay que pensarle mucho ni arriesgar el resto. Sólo es dejarnos llevar por la inercia, bajo la manida premisa de que el PRI o el PAN si saben gobernar. Porque no nos engañemos, en primera y última instancia las candidaturas de Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota sólo son reflejo y consecuencia del conservadurismo que aún anima en amplias capas de la población. El miedo a dar un pequeño salto hacia delante nos lleva a pensar que “más seguro lo comido ya mañana Dios dirá”, mientras lamemos impotentes las heridas que nos deja un ominoso pasado que se recrea en tiempo presente. A este dejar hacer dejar pasar, se atienen los poderes fácticos para manipular conciencias, voluntades y futuro de la Nación.

El optar por un cambio auténtico no es tan simple. Tenemos que ver con claridad el pasado, valorar el presente y otear el futuro con talante crítico. Hay que pensar y actuar en consecuencia, superando los miedos y mostrarnos a nosotros mismos de que estamos hechos. Todo cambio ofrece incertidumbre, da miedo equivocarse y tomar el camino equivocado en la encrucijada. Dar el primer paso exige valor pero también la certeza de que siempre hay la posibilidad de desandar el camino en busca de la ruta correcta. La historia de la humanidad nos ha dejado múltiples ejemplos de ello, el progreso y la marcha ascendente del hombre como inquilino del mundo está jalonado por el acierto y error en el largo y complejo transitar de los pueblos. Es de humanos equivocarse, como lo es el enmendar el entuerto.

En nuestras manos está el afrontar con valor el futuro o seguir durmiendo despiertos presas del temor a brincar la tablita.

Cambiar para seguir igual o el cambio verdadero. Dicotomía que pone en primer plano las únicas opciones a elegir. La moneda está en el aire, o nos dejamos llevar por la inercia ó nos inclinamos por el voto razonado. Pensamos y actuamos atendiendo a la razón o dejamos que piensen por nosotros. El pueblo de México lo decidirá en el pleisbicito nacional del primero de julio. Sea cual fuere el resultado no hay lugar para las lamentaciones y el reclamo, el pueblo de México habrá hablado.

Hojas que se lleva el viento

Verdaderamente lamentable y vergonzoso el que el candidato Enrique Peña Nieto haya  descalificado a priori el debate entre presidenciables organizado por el movimiento universitario #yosoy132. Su negativa a aceptar la invitación que le hiciera un importante segmento de la juventud estudiosa de México, le privó de ser partícipe en un evento de lo más trascendente para la vida democrática y civilizatoria de México. Pese a la limitación de recursos técnicos, el debate entre los tres candidatos presentes, cualitativamente superó en mucho a los dos anteriores organizados por el IFE. Mis felicitaciones para un movimiento estudiantil que entiende que lo que está en juego es el futuro de la Nación. Como era de esperarse, el priísmo en su gran mayoría menosprecio al igual que su candidato un encuentro civilizado sustentado en el diálogo fructífero, la tolerancia y el respeto a las diferencias.

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El fuego amigo se recrudece en nuestra prospera aldea conforme se acerca el primero de julio. El temor y la incertidumbre se apoderan de las altas esferas del poder y las recriminaciones mutuas no se dejan esperar. No sólo al interior del partido gobernante, también se da en las cúpulas opositoras. Caras largas en todos los abrevaderos, si gana Peña Nieto la elección, malo para el gobernador y su administración, si la pierde, peor, desestabilizándose el frágil andamiaje de la gobernabilidad en Veracruz. La simulación y el trastupije quedará exhibida y sin condiciones para negociar.

Si gana López Obrador el derrumbe en el tortuoso mundillo de la corrupción, intereses creados, prebendas e impunidad es la amenaza.  Si pierde, el ajuste de cuentas, cortadero de cabezas y el sálvese el que pueda entre servidores públicos que bajo el agua le apuestan al candidato de las llamadas izquierdas.

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La desconfianza en su propia fuerza, anida en una clase política rampante, nadie cree ni en sus propios dichos ni en lo expresado en el changarro de enfrente. A diferencia del clima de triunfalismo desbocado en el que para todos era miel sobre hojuelas, hoy el temor a la derrota resquebraja unidad, propicia la traición y en medio de la incertidumbre el transitar de las ratas de un buque a punto de zozobrar a otro en el que apenas la lumbre llega a los aparejos. Lo que está en chino es saber cual llegará incólume a puerto seguro. Nadie apuesta ya al carro completo, la elección en Veracruz a tercios, Javier Duarte de Ochoa falló en el intento de cumplir lo ofrecido a Peña Nieto.

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Del miedo a lo que venga del “#yosoy132”, el priísmo veracruzano brinca al temor de que su ingeniería electoral quede exhibida. La caza de mapaches y localización de bodegas y tienditas de compra venta de votos está a la orden del día a lo largo y ancho del estado. La militancia alquilada del PRI no es suficiente para impedir que la denuncia haga mella, ni el gobierno estatal capacitado para disimular su ingerencia en lo que ya los veracruzanos identifican como fraude. De risa, tras ser sorprendidos con las manos en la masa, el dirigente estatal del PRI confunde denuncias ciudadanas con guerra sucia. De ese tamaño es el espanto.- Xalapa, Ver., Junio 20 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Peña Nieto parece entender mejor que sus rivales en qué año vive. Y a qué mexicanos les está hablando”: Ciro Gómez Leyva

No hay dinero más caro que el que no se tiene, dice la conseja popular, lo cual podría aplicarse a la incipiente democracia en México, cuando se observa la pobreza de contenido del mensaje mercadológico de las ofertas de partidos y candidatos en la contienda por la presidencia de la República.

Unos más unos menos, lo que ofrecen al electorado nada tiene que ver con la realidad en la que se vive en un país dominado por la corrupción, pobreza y la desesperanza. El no contar con una democracia representativa auténtica y sustentada en la participación conciente y consecuente de la ciudadanía, resulta demasiado caro para un México que históricamente aplica grandes esfuerzos en su intento por salir del subdesarrollo.

A unos días de que inicien formalmente las campañas proselitistas, todo está listo para que el pueblo de México se vea bombardeado por spots televisivos, planas enteras en la prensa e intenso intercambio de lo mismo sesudos análisis de reconocidos politólogos, que trivialidades y lugares comunes. Todos partiendo de la premisa de que el mensaje a emitir va dirigido a un receptor inteligente, informado y pensante que, participando en el libre juego democrático, en su momento sabrá discernir si su voto está a favor de mercancía chatarra o a favor de una renovada esperanza sobre un futuro bonancible de progreso y bienestar para todos.

Lo cierto, salvo mejores opiniones, es que el México y los mexicanos electores potenciales al cual está enfocado el mensaje electoral a emitir, de acuerdo con lo aprobado por el IFE, no se corresponde con la realidad presente que la mayoría percibimos pero que políticamente no procesamos de manera consecuente.

Con índices de pobreza y pobreza extrema arriba del 40% de la población nacional, el subdesarrollo del país está  muy lejos del México ideal que nuestra clase política contempla, punto de partida éste para las campañas políticas de proselitismo que iniciarán el 30 del presente. Las promesas a ofertar habrán de referirse a un deseable futuro y no a un pasado y presente con atraso estructural no superado. Se reivindicará una ilusión y se guardará una vez más en el baúl del olvido reivindicaciones que en la memoria histórica nos remiten a una Revolución Mexicana interrumpida, desviada y traicionada en propósitos y objetivos de desarrollo con justicia social.

La modernidad como ilusorio escenario democrático de una sociedad del bienestar en un país que, históricamente, tiene como asignatura pendiente remontar el atraso y subdesarrollo que se pretendiera superar allá en los albores del siglo pasado por hombres y mujeres que ofrendaran su vida por un México mejor, más justo y más humano. Vana ilusión cuando en nombre de ese futurismo especulativo a que nos remiten partidos políticos y candidatos, se propone dar marcha atrás en lo que con sangre derramada fuera conquistado como irrenunciable, lo mismo en derechos individuales y sociales que en soberanía e independencia nacional.

Espejitos y abalorios artificiosamente envueltos en papel de seda, cuando es sabido que sin importar el ropaje, el mono, mono se queda.

Pareciera que me contradigo con lo ya expuesto en entregas anteriores sobre Andrés Manuel López Obrador, a quien considero guarda entereza, visión, esperanza y congruencia en sus propuestas. No es así. A mi juicio pese a considerarlo el mejor contendiente por la presidencia de la República, el político tabasqueño también parte de premisas falsas en el mensaje que emite a la ciudadanía; pecando de exceso de optimismo o ingenuidad, al estimar que el receptor de su propuesta electoral en su mayoría es un mexicano libre, informado, pensante, y dispuesto a sumarse al esfuerzo de transformación del país que propone, cuando la realidad indica lo contrario.

La libertad para manifestarse en las urnas, está subordinada a la necesidad creciente de un pueblo orillado a la pobreza y a la subcultura política de la simulación y el engaño. A mayor pobreza en el país, mayor es la posibilidad de que la presunta libertad se vulnere una vez más, sometiéndose la voluntad ciudadana a prácticas electoreras perversas como la compra del voto por partidos y candidatos. Prácticas que a su vez hacen nugatorio el propósito ideal de que la ciudadanía se exprese sufragando con información, conocimiento de causa y discernimiento sobre lo que más conviene al México real en el que en suerte nos toca vivir.

La sociedad mexicana está muy lejos del ideal democrático en que Andrés Manuel López Obrador sustenta su propuesta electoral. El  listado de candidatos de la Coalición de las llamadas izquierdas, tanto al Senado como a la Cámara baja, salvo contadas y respetables excepciones, son evidente reflejo del pantanoso y corrupto escenario antidemocrático nacional que precede a la campaña política formal del tabasqueño.

Ojala y no me equivoque en esto último ni se tome a mal interpretándose mis palabras como pedestre subestimación peyorativa de un pueblo que, pese a su condición de pobreza y pobreza extrema,  constantemente da muestra de fortaleza y amor a México. Pero no es posible ignorar una realidad que pesa y determina en todo proceso electoral, Cuantimás en el presente, en el que la corrupción, el dinero y no la libre voluntad del elector parece ser la constante en un régimen político agotado, en crisis terminal que ayuno de rumbo y visión de Estado, nos arrastra en su caída.

Ni el electorado en su gran mayoría es libre para expresar su voluntad en las urnas ni la política apunta a la construcción de una democracia representativa sustentada en la búsqueda del bien común. Ausencia de ciudadanía y perversidad política van de la mano. Sin participación en la toma de aquellas decisiones que le afectan y competen, el pueblo de México seguirá siendo rehén de la partidocracia rampante.

En política todo lo que se compra con dinero es barato, afirmaba cínicamente Fidel Herrera Beltrán, resumiendo una verdad insoslayable en la realidad del México de hoy. Lo que el electorado en respuesta al mensaje de partidos y candidatos debería expresar en las urnas es que la democracia no está en venta. Pero no puede hacerse de lado que la democracia simulada está al alcance del mejor postor. Y, desafortunadamente, todo parece indicar que  ésta última le resulta en extremo barata a un régimen político que ya no da más.

“Dinero mata carita”, paradigma de nuestro tiempo en el imaginario popular. El mensaje electorero a emitir, presuntamente parece apostarle a la imagen mediática de un México inexistente cuando la realidad indica que el partido y el candidato ganador será el que más dinero aplique a la compra de conciencias y voluntades de un inerme electorado que, a cambio, recibirá más de lo mismo: espejitos y abalorios como espejitos y abalorios nos ofertarán partidos y candidatos.

Hojas que se lleva el viento

Veracruz paradigma de capacidad de convocatoria en turismo gracias al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa. Ni la misa oficiada por el pontífice Benedicto XVI en Guanajuato, con 640 mil asistentes, pudo opacar la multitudinaria afluencia de visitantes a la Cumbre Tajín 2012, la mejor, más vistosa y más ilustrativa de las profundas raíces de los veracruzanos, desde que se instituyera este evento como el más importante de la entidad. Y viene lo mejor: Semana Santa, festividad a la que se espera confluyan en nuestras playas más de cuatro millones de paseantes, incluido el turismo tradicional de jícama y horchata que es atraído con despensas y paraguas tricolores.

Mérida, Yuc., a 25 de marzo de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Pecando quizá de catastrofismo anticipado, desde hace meses se ha insistido en este espacio sobre la existencia de una crisis del régimen político nacional que afecta lo mismo a los partidos políticos que a las instituciones republicanas, en demerito de la vida social y económica del país.

Percepción que de una o otra manera se ha venido confirmando con el inicio formal del proceso electoral que desembocará en los comicios del 2012, sin que la clase política tenga una clara conciencia de ello o, en su defecto, cuide las formas para hacerle menos ostensible para no agitar al avispero.

Si bien existe la idea cada vez más generalizada de que éste proceso electoral será atípico, poco se ha profundizado en ello, ateniéndose a experiencias de pasados comicios, a un injustificable optimismo y,  al hecho innegable de la pertinaz amenaza  de la incursión de la delincuencia organizada en el desarrollo de la contienda y en sus resultados, sin tocar aspectos a mi juicio determinantes, como el deterioro creciente del tejido social, el efecto dominó de la crisis sistémica global, el agotamiento del modelo neoliberal y el presumible fracaso de la post modernidad como forma de vida, así como la descomposición del aparato del Estado Mexicano, reflejada tanto en el comportamiento de una administración gubernamental incapaz de superar la corrupción, como en la conducta pública  y privada de los actores políticos.

Aspectos estos últimos que la clase política se niega en principio a reconocer, dando por sentado que el México de hoy es el México de ayer y de siempre, sin atender a los cambios profundos que acusa la sociedad mexicana en los albores del Siglo XXI.

Si bien, en la forma todo parece igual, en el fondo el crecimiento demográfico, la creciente desigualdad y pobreza, las nuevas tecnologías de la información y comunicación, así como entre otros factores la incapacidad e inmovilismo del aparato del Estado para atender con eficiencia y eficacia las necesidades reales y sentidas de la población, nos ofrecen un panorama distinto, cuantitativa y cualitativamente diferente al acusado en los últimos lustros del Siglo XX.

Política envilecida

Perdido rumbo y brújula para entender a la sociedad presente y, por ende, actuar en consecuencia, se envilece la política, privilegiándose la simulación, la mentira y el gatopardismo, en demerito del bien común y de la democracia representativa que, en teoría, sustenta al régimen político.

El ejercicio de la política en el terreno electoral, más que contienda democrática se entiende hoy como una guerra darwiniana en la que habrá de prevalecer el más fuerte y no el más capaz, en la ya de sí compleja tarea de gobernar a México. En tal lucha sin cuartel, el fin justifica los medios en detrimento del estado de derecho y de la sociedad a la que el régimen se debe. A la confrontación de posicionamiento ideológico, programas y propuestas, se impone el pedestre objetivo de alcanzar el poder por el poder mismo. México es el botín y de ello devienen conductas de partidos y actores políticos, hoy agrupados en lo que ya se conoce como la partidocracia mexicana.

El pragmatismo como norma y el saqueo e impunidad como regla de oro de una llamada clase política, mientras el país se hunde entre el deterioro social y económico, así como la pérdida de confianza y credibilidad en el aparato del Estado. En este contexto, el régimen político caduco y obsoleto no da más como instrumento de cohesión, identidad nacional y conducción de la vida política, económica y social con visión de futuro, del México de hoy.

La llamada  clase política no ve, no escucha, confiada en la presunta indiferencia social, mientras se derrumba el tinglado.

Escenario a la vista

En este degradado escenario inicia la guerra que no contienda electoral. Más que “velar armas”, como coloquialmente se dice, partidos y actores políticos, con el presidente Calderón a la cabeza, blanden las bacinicas, dispuestos a enlodarse unos a otros en busca del “Vellocino de oro”. El interés nacional y el bienestar de la gente no figuran en sus planes, salvo como temas colaterales motivo del discurso proselitista.

Los exabruptos de Calderón Hinojosa en torno a la intervención de de delincuencia en los comicios, o las declaraciones de sus adversarios descalificándole por descubrir el hilo negro, el escándalo en torno a la deshonestidad de Humberto Moreira,  las pifias de Peña Nieto y de Cordero, o el soterrado y no por ello menos obvio conflicto al interior del PRD por la candidatura de López Obrador, son apenas un pálido reflejo de lo que nos espera a lo largo del proceso electoral.

La sociedad, víctima de tales excesos, deja hacer deja pasar, en espera de una oportunidad que nunca llega, de tomar la iniciativa e impulsar los cambios estructurales que el país demanda. Polarizándose la idea de votar o no votar en los próximos comicios, como si de esta perversa dicotomía dependiera el hacer posible un México mejor.

O se acepta  la profundidad de la crisis del régimen político y  se actúa en consecuencia, o al baile  a todos nos llevan las muchachas.

Llegó la hora, a mi juicio, de observar un poco más allá de nuestro ombligo, alzar la mirada para percibir lo que de no cambiar, nos ofrece un ominoso futuro. Mérida, Yuc.

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