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Tag Archives: Plan Estatal de Desarrollo 2011-2016

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Parece tener más sentido preguntarnos cuanto podemos obtener, dadas las limitaciones de nuestros recursos, que decidir primero lo que debemos obtener –ni más ni menos- y luego tratar de resolver como lo lograremos…”

Amartya Kumar Sen, Premio Nobel

 

Plan Estatal de Desarrollo 2011-2016

¿Cuánto costó a los veracruzanos la elaboración y presentación en multitudinario evento del llamado “Plan de Desarrollo 2011? No lo sé. Quizá el saberlo tenga alguna relevancia para quienes reducen todo a dinero, o sea inocuo el pensar en ello para quienes califican de extraordinaria la organización, el orden, la sobriedad e impacto mediático de la parafernalia desplegada en el Word Trade Center de Boca del  Río. Para quien esto escribe, en el marco de la política de austeridad, transparencia y resultados confiables dictada por el gobernador Javier Duarte de Ochoa, el gasto, sea cual fuere su monto e impacto político, me parece un desperdicio.

Sí. Un desperdicio innecesario e inoportuno lo mismo de recursos públicos que del escaso capital político del gobernante priísta. Resultándome por demás impropio que un experto en economía y finanzas con credenciales académicas internacionales, ignore el ABC de la planificación cuando afirmara que “… para alcanzar las metas fijadas en el plan de desarrollo es necesario pasar de la planeación a la estrategia y de la estrategia a las acciones y resultados”. Descalificando en sí mismo con tal galimatías, el documento que pretende ser instrumento rector de la acción de gobierno en el sexenio.

Un plan que no contempla como paso previo en su elaboración contexto y estrategias de las que se deriven objetivos concretos que respondan a un diagnóstico puntual, sectorial y regional, no es tal. Vamos, ni siquiera un esbozo de programa sexenal de gobierno. El Dr. Duarte, con todo respeto, presentó un documento vacío de contenido y alcances, reduciéndolo en su presentación a un simple listado de buenas intensiones, cuya principal característica es la incongruencia e inviabilidad económica y social.

El gobernador de Veracruz ignoró el mundo real y los avatares de la vida cotidiana de sus gobernados; elevó sus mejores propósitos personales al reino de los sueños colgándose de una nube, mereciendo, eso sí, el aplauso cortesano y el halago desmedido de los lambiscones de siempre.

Entre otras cosas y quizá la más relevante de la jornada, sin mayor empacho el Dr. Duarte afirmó que “…con el Plan de Desarrollo 2011-2016, al término de su gestión se habrá disminuido  en un cincuenta por ciento este fenómeno”, refiriéndose a la pobreza que registran los indicadores actuales. ¿En que mundo vive? Ni los artífices del neoliberalismo en los que se inspira, se atreverían a asegurar tamaño despropósito en una economía mundial que no encontrando salida a una crisis sistémica que se profundiza, está optando por la precarización del trabajo y calidad de vida de los pueblos. ¿Es acaso que el llamado plan es varita mágica que todo lo puede, todo lo resuelve?

La pobreza va de la mano de la desigualdad y el desempleo. ¿Acaso el joven Doctor pretende con un simple golpe coyuntural de timón reducir en un breve plazo fenómenos estructurales como desigualdad, desocupación creciente y pérdida del poder adquisitivo del salario que el modelo económico y social neoliberal propicia?

¿Y el cómo y con qué, donde queda?

El Dr. Duarte pasa por alto que el presupuesto del gobierno de Veracruz depende en más de un 90 por ciento de recursos federales, cuyo monto y destino lo asigna anualmente el Congreso de la Unión en  la Ley de Egresos, quedando de facto a la Secretaría de Hacienda el decidir arbitrariamente en tiempo y forma la transferencia del recurso aprobado a las entidades federativas.

¿El cómo? Ni el más brillante y destacado de sus asesores sabría como deshacer hoy el nudo gordiano de un rezago social de más de quinientos años.

El secretario Cordero fue el hazmerreír del pueblo de México al afirmar que con 6,000 pesos una familia vive bien en condiciones de dignidad y decoro, y hoy Felipe Calderón Hinojosa, concita acres críticas anunciando que en los últimos diez años los mexicanos elevaron su nivel de vida, cuando la realidad indica lo contrario. Cómo espera el Dr. Duarte que los veracruzanos reaccionen ante su aventurado propósito de que el más del cuarenta por ciento de la población del estado, que sobrevive en condiciones de pobreza y pobreza extrema, se reducirá a la mitad en escasos seis años. ¿Qué podrán pensar quienes en la entidad, contando con empleo permanente remunerado, en promedio no perciben ingresos cercanos a la panacea de los seis mil pesos mensuales?

Duarte de Ochoa podrá obtener indudablemente el visto bueno del Congreso local, para eso son los diputados a modo,  pero de ahí a pretender alcanzar que sus buenos deseos estampados en un plan de desarrollo -que no lo es-,  sean motivo de cohesión y unidad en una sociedad lastimada de antemano, hay un mundo de distancia. Si hubiese oposición política en Veracruz, la rechifla no se dejaría esperar.

El triunfalismo mediático, como estrategia para convencer, está probado que tarde o temprano exhibe la engañifa. Lástima, pudiéndose esperar más del joven bien intencionado, éste no augura un buen gobierno.

El tiempo, como juez inexorable que pone todo en su exacta dimensión, se encargará de develar año con año, el despropósito de todo lo expresado el miércoles ante un auditorio sin sentido crítico. Esperemos y ojalá por el bien de Veracruz, esté yo equivocado.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

30/03/2011

Perder el tiempo es el deporte nacional por excelencia del que gusta nuestra clase política. Mientras México rueda al despeñadero bajo la conducción de Calderón Hinojosa, dimes y diretes, confrontaciones estériles, chismes, maledicencias, golpes bajos, patadas bajo la mesa, son jugadas de las que nadie debe ni puede sustraerse para escalar la empinada cuesta de acceso al poder por el poder mismo y algo más siempre posible.

En tanto que nuestra avispada clase política se anota un punto mediático a favor, México retrocede dos. Y ahí la llevamos día tras día, año tras año, sin que se tome consciencia del daño a que da lugar tan primitivo deporte.

Sólo así se explica el desperdicio de tiempo, de dinero y de paciencia de la población, en que están incurriendo los partidos políticos en la fase previa de la justa electoral en el Estado de México. La llamada consulta popular para definir si el PRD va en alianza con el PAN, es eso. Simple y llanamente pérdida de un tiempo precioso en la que, directa o indirectamente, todos estamos involucrados.

Tanto jaloneo para quedar en lo mismo. En el marco de un PRD polarizado, con o sin consulta popular, los chuchos van de la mano con el PAN  y el lopezobradorismo dice no, mientras el PRI, por su lado, consolida una alianza con lo más nefasto del espectro político electoral, con una jugada magistral que no estaba en la agenda de sus adversarios, ganándose el aplauso del respetable en los tendidos. Y aún hay más. El juego está en sus inicios, ayuno de marco ideológico y de ética política pero rico en pragmatismo y simulación, se prolongará hasta el mes de julio. Nuestra clase política sudará la camiseta y los mexiquenses de a pié su desventura.

Nadie en su sano juicio llegó a dudar de que con el empate en la elección de la directiva nacional del PRD, los chuchos saldrían derrotados, con o sin consulta popular. Andrés Manuel López Obrador se queda con la mejor parte, tiene al candidato ganador en tanto que los jesuses habrán de conformarse con ir a la cola de un panismo que, en su extravío y anemia crónica, impone ya con el auxilio de Calderón Hinojosa al sacristán de medio pelo,  Luís Felipe Bravo Mena, como abanderado perdedor de la alianza aún no concretada.

Por su lado, Peña Nieto, gobernador príista, gana perdiendo al hacer a un lado a Alfredo Del Mazo, delfín de la gente bonita toluquense, imponiéndole al partido a un Eruviel Ávila, “pelado” populachero y entrón, proveniente de las goteras de la periferia. Autogol se dice en el graderío, sin la menor conciencia de lo que le espera al respetable si prospera el gambito y triunfa el PRI con su más de lo mismo, en un gatopardismo inacabable. Las cosas así son y así se quedan, el PRI contenderá no contra el partido de Calderón sino contra la “Morena” popular y bien nacida, como ya estaba programado.

¡Vaya manera de perder el tiempo! Mientras en el inter se cocina la final del 2012 por la partidocracia, administradora de un quehacer político conducido sabiamente por poderes fácticos  que mueven los hilos desde la penumbra.

Veracruz no canta mal las rancheras. Jugando ahora en segunda división tras salir derrotada en la justa del descenso por una pésima conducción, nuestra aldeana clase política mata el tiempo en cascaritas, pintándose sola en eso de hacer como que hace sin dar un solo pase.

También tuvimos nuestra consulta popular. Nada relevante, sólo pedestre estratagema para justificar un Plan Estatal de Desarrollo que, ni es plan ni mucho menos apunta al desarrollo. En un acto demagógico más, hoy miércoles por la tarde el mencionado listado de buenos deseos será presentado por el gobernador ante dóciles acarreados que arroparán a la cortesana cohorte de notables. Paso previo para que en el Congreso del estado, la extensión local de la partidocracia de el banderazo de salida a mil y un declaraciones triunfalistas. Nada trascendente y sí pérdida de tiempo cuando no hay dinero ni para solventar compromisos heredados.

Audacia es el juego. Duarte de Ochoa gana tiempo matando el tiempo, mientras la gran familia veracruzana, confiada en que “más seguro lo comido, ya mañana Dios dirá”, clama por respuestas en tiempo presente mientras el susodicho mamotreto en cuyas pastas, impreso en letras de oro, reza: Plan Estatal de Desarrollo 2011-2016, apunta a un incierto futuro en el que habrá, habrá y habrá prosperidad a satisfacción del graderío para quedar siempre en lo mismo.

¡Vaya manera de Perder el tiempo!

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