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Tag Archives: Política electoral

Pulso crítico


J. Enrique Olivera Arce


Cualquier cosa antes que perder la iniciativa y mucho menos truncar el proyecto que se ha venido construyendo para el 2010. Quizá eso explique el por qué se alista para la contienda electoral en marcha,  a una  caballada priísta tan flaca arropando al delfín del gobernador. De haberse puesto el interés en mejorar el listado de precandidatos, se correría el riesgo de que Javier Duarte de Ochoa dejara de ser el hombre del momento y, llegada la ocasión, fuera desbancado de la posición de coordinador de la diputación veracruzana en la Cámara Baja del Congreso de la Unión.


Inteligente y previsora la decisión con vistas a la contienda por la gubernatura del estado en el 2010, aún a riesgo de ver disminuida en número más no en calidad a la fracción parlamentaria veracruzana del tricolor. Tan bien se hizo el cálculo,  que varios de los que hoy inician su correspondiente pre campaña están señalados para perder. Sin dejar de considerar que la resistencia que pudiera oponer el PAN en la entidad, como principal contrincante a vencer, no está contemplada como determinante para las aspiraciones del el ex titular de la secretaría de finanzas; esta fue previamente “ablandada” desde la cúpula del poder estatal en turno, allanándole el camino al joven político cordobés.


Así, salvo imponderables que suelen presentarse en el quehacer político electoral, todo está fríamente calculado para que  la coordinación de la fracción parlamentaria del PRI, sea la plataforma de lanzamiento para que en el 2010, Javier Duarte pueda concretar como candidato a la gubernatura de Veracruz el proyecto de Fidel Herrera Beltrán.  Si triunfa o no en las urnas, eso ya será otro cantar y seguramente ya no dependerá exclusivamente de los buenos deseos del gobernador, por lo que deberá brillar con luz propia como legislador federal. Habida cuenta de que llegado el momento de la elección del sucesor de Fidel, la circunstancia política tanto en el ámbito nacional como en la entidad veracruzana, podría darse bajo una correlación distinta de las diversas fuerzas políticas, pues no puede echarse en saco roto que tanto Miguel Ángel Yunes Linares como Dante Delgado Rannauro, ya trabajan con el mismo objetivo de Duarte de Ochoa.


Aceptando sin conceder que como insisten los panageristas  del maestro Fidel Herrera Beltrán, a este ya debemos considerarle como el mejor gobernador en la historia de Veracruz, cabe entonces preguntarse que esperamos de un político novel como Duarte de Ochoa; ¿Estará a la altura de los requerimientos postraumáticos de los efectos de la crisis ya considerada “tormenta perfecta” a nivel planetario?, ¿desbancando a su padrino del histórico lugar alcanzado?


Esto sin atender a  que al interior del priísmo veracruzano, otros destacados personajes ya se están considerando como opción válida para contender por el institucional en el 2010, como podría ser el caso de Héctor Yunes Landa, cuyo currículo no es nada despreciable. Pues no debemos desechar que en la política,  las fidelidades son pasajeras y circunstanciales; cada político profesional cuenta con proyecto de vida propio, estando cada quien en pleno derecho de construir su hoja de ruta, capitalizando en su provecho tiempos, oportunidades y circunstancias.


Todo lo anterior y no podemos hacerlo de lado, se da en el marco de un período temporal en el que la política estará condicionada por la recesión económica, las medidas gubernamentales tendientes a paliar la crisis, y las expectativas futuras de una población que en su mayoría procurará atender más a su supervivencia que a los intereses coyunturales de una clase política de la cual se siente ajena. A diferencia del pasado, el como los políticos enfrenten los efectos nocivos de la crisis, será determinante en la correlación de las fuerzas políticas que posibiliten el éxito del proyecto del maestro Fidel Herrera Beltrán y su delfín. La izquierda, a pesar de sus pesares, podría ser la sorpresa.


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En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce


Un científico trata de entender la realidad y resolver las contradicciones. Un político trata de esconder las realidades para no tener que enfrentarse a las contradicciones.

René Drucker Colín


En mi colaboración para la revista “Análisis Político, del 15 de enero comenté que existían indicios más que suficientes para percibir que 2008 sería un año negro para México y para el mundo. Tal percepción se ha ido materializando, al grado de que 11 meses después la violencia en el país ha llegado a niveles inimaginables, en tanto que en las principales economías de occidente oficialmente se ha declarado la recesión; anticipándose un 2009 catastrófico que impactará en el mundo entero.


Veracruz no escapa al ominoso panorama. De ahí que sea plausible el esfuerzo del gobernador Herrera Beltrán por trasmitir optimismo, al mismo tiempo que anuncia medidas tendientes a minimizar los efectos de la crisis global, pretendiendo tranquilizar a la sociedad. A sus propios colaboradores, les ha pedido no sumarse al “catastrofismo” y redoblar esfuerzos por sacar adelante los programas de gobierno bajo su responsabilidad. Sin embargo, a mi juicio todo ello es insuficiente cuando la realidad rebasa la capacidad de previsión y de instrumentación de medidas anticrisis aún en los países mejor equipados. La crisis es sistémica y abarca todo afectando a todos por un periodo que los más optimistas calculan no será menor a tres años.


Por otra parte,  no puede pasarse por alto que estamos en los prolegómenos de un año electoral, por lo que el exceso de optimismo que trasmite el gobernante se podría interpretar más como “blindaje político”, que como un mensaje destinado a convencer de que en Veracruz se toman medidas preventivas que nos permitan salir más o menos bien librados de la crisis.


En este contexto se entiende el que hasta ahora secretario de Finanzas, Javier Duarte de Ochoa, insista de manera reiterada en considerar como panacea el que las finanzas públicas de la administración veracruzana  se mantengan en un sano equilibrio y a tono con las políticas anticíclicas del gobierno federal; aunque objetivamente la realidad le desmiente, dando la impresión de que no sabe, no lee, no estudia, o no le interesa valorar la profundidad de una crisis que ya está presente en la entidad. La verdad es que el joven aspirante a gobernador de Veracruz, como todo el gabinete, simplemente sigue el libreto marcado por el Maestro Fidel Herrera Beltrán.


Las finanzas públicas sanas son una cosa y otra, muy distinta, es el efecto que estas puedan tener en la economía real, tras más de dos décadas de políticas públicas neoliberales contrarias a un deseable  desarrollo económico y social equilibrado. Más cuando se insiste en colocar a la bursatilización de un impuesto, como eje del “blindaje” frente a la crisis, en el ámbito sectorial y regional de la economía veracruzana. Soslayándose el hecho de que las finanzas públicas y la economía estatal en manos privadas, marchan por caminos paralelos sin un punto de encuentro que recíprocamente les fortalezca. El incremento de disponibilidades presupuestales y reservas,  proviene de aportaciones federales y de cargas fiscales que la empresa privada no podrá soportar mucho tiempo, así como de una deuda que tendrán que pagar en un  futuro cercano las próximas administraciones estatales y municipales.


Insistimos. Veracruz no es una ínsula autárquica y  próspera; la entidad es parte y no el todo de un México con más de 40 millones en condiciones de pobreza extrema. Luego no se puede afirmar que a los veracruzanos les va bien cuando al resto de la Nación le va mal. Todos vamos en el mismo barco y este no encuentra ni rumbo ni puerto seguro, frente a una crisis económica planetaria que arrastra consigo a otras no menos graves, como la alimentaria, la de salud pública, la ambiental, la energética, la cultural, y la de confianza y credibilidad en un sistema que en su tránsito al futuro, se manifiesta en un presente catastrófico para todos.


Evadir la realidad, para trasmitir certidumbre y confianza, pretendiendo tapar el sol con un dedo incurriendo en un exceso de optimismo por parte de las autoridades, políticamente no funciona cuando el deterioro de la economía real se refleja en la vida cotidiana de la población. Antes al contrario, se revierte en contra del propio gobierno, generando irritación social y un instintivo rechazo a todo lo que de este provenga.


Finanzas públicas sanas, no garantizan votos, si el propósito de evadir la realidad es con fines electorales. La mayoría de la población, sujeta a salarios congelados, o en el desempleo, mide la profundidad de la crisis cotidianamente en su mesa y no en imágenes prefabricadas difundidas mediáticamente. Si Javier Duarte de Ochoa quiere ser gobernador, tiene que convencer con realismo, aunque se salga del libreto.


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