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  • AMLO: “Vengo a apoyar a un amigo a quien le tengo respeto y confianza”

Andrés Manuel en Xalapa con Dante Delgado

Desde la capital del estado, a unos metros  del palacio de gobierno, acompañado de Andrés Manuel López Obrador, Dante Delgado Rannauro, candidato a la gubernatura por Convergencia, PRD y PT, pidió la renuncia de Fidel Herrera Beltrán al cargo de gobernador de Veracruz. Debe hacerlo, añadió, por dignidad, como lo hacen en otras naciones los gobernantes que les fallan a sus pueblos, ante lo que evidencian las grabaciones difundidas profusamente por los medios de circulación nacional desde la mañana de este miércoles 16 de junio.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin la plena seguridad de que tiene en la bolsa la candidatura del PRI al gobierno de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa no habría solicitado licencia al encargo de diputado federal que le confiara la ciudadanía. A buen entendedor pocas palabras, confirmándose que no está en el ánimo de Fidel Herrera Beltrán el optar por otro plan que no sea el de impulsar y apadrinar la candidatura de su delfín.

Vistas así las cosas todo esfuerzo que realice Héctor Yunes Landa ó, en su caso, José Yunes Zorrilla por desbancar al ex secretario de finanzas del gobierno de la fidelidad, no sólo resultará vano también pone en riesgo su respectiva carrera política en Veracruz. La asamblea de notables, comprados o no, en su momento levantará el dedo a favor del joven e inexperto cordobés porque así lo quiere el que dicen manda en la entidad.

Y en eso confía el joven delfín y su equipo de campaña. La estrategia derivada de tal certidumbre tiene un solo curso de acción: confianza en Fidel Herrera Beltrán y su capacidad probada para ganar elecciones. En el interior del “cuarto de guerra”, los también neófitos operadores políticos se mueven en torno a tal convicción y es ya del dominio público que aseguran que la palabra “perder” no figura ni en el diccionario político del gobernador ni en los versículos bíblicos que cotidianamente le hace llegar conocido predicador.

En cuarteles de campaña diferentes, se mantiene firme la fe, asegurándose que en política no hay nada escrito y que bien podría darse el caso de que del plato a la boca cayera  la sopa, recordándose el caso del “Carbonellazo”. Eso si el gobernador Herrera Beltrán no obtuviera el consenso de las tres cabezas visibles de la cúpula priísta, que bien podrían objetar el proyecto “Duarte” si ven como riesgoso para el partido el contender en Veracruz con un candidato débil en el propósito de mantener la gubernatura de la entidad. O bien juzgar como peligroso para sus propios intereses que Fidel Herrera Beltrán se saliera con la suya aún en contra de la opinión calificada de Enrique Peña Nieto, Beatriz Paredes Rangel y Manlio Fabio Beltrones, que no es otra que la de Carlos Salinas.

Esperanzas forjadas al interior de los bunkers priístas opositores a Duarte de Ochoa, que consideran fundadas y que son compartidas en amplios círculos del partido ajenos a la corriente de la fidelidad que consideran de alto riesgo el que Herrera Beltrán imponga la candidatura del delfín si se llegara a concretar en el PAN la participación de Miguel Ángel Yunes Linares o la de Dante Delgado impulsado por Convergencia, PT y lo que queda del PRD en la entidad. “Si Duarte abandera al PRI en la búsqueda de la gubernatura, sus adversarios lo van a hacer pedazos”, se comenta. Lo cual objetivamente es más que probable en tanto que el diputado federal con licencia ha dado muestras de ser un hombre timorato, inestable, inexperto y sin carisma, atenido a su única estrategia electoral, la confianza en el padrinazgo que le embarcara en tan singular aventura.

Por su parte, sus adversarios lo ven así. Un candidato débil, sin luz propia cuyo discurso se concentra en seguir al pie de la letra el libreto que le dictan desde palacio de gobierno. Aunado a un apoyo muy relativo por parte de una directiva estatal priísta que se maneja con el mismo talante y que, por principio de cuentas, es rechazado por la mayoría tanto de notables como de la militancia común.  Dante Delgado así lo percibe y en corto lo ha expresado, en tanto que los panistas públicamente han señalado que de persistir “el error” del gobernador, solos derrotarán al joven cordobés.

Diciembre se fue y en la brevedad de un enero dominado por pesada cuesta viene lo mejor, a interrogante en los círculos políticos sobre la decisión final de Fidel Herrera y lo que en el ámbito de su competencia opine la cúpula nacional del priísmo en torno a la candidatura a la gubernatura, en tanto que en el ánimo de la ciudadanía prevalecerá la promesa no cumplida del entonces diputado  federal por el Distrito de Córdoba, quien a nombre de la diputación federal priísta comprometiera el rescate de la economía popular.

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Hector Yunes Landa

Desde mi partido, comparto el proyecto de desarrollo que en días pasados presentara el senador Dante Delgado, expresó el diputado local priísta, Héctor Yunes Landa, al rendir su II Informe de labor legislativa en Cardel, Ver.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


Aún no concluye el cómputo definitivo de la elección federal del pasado domingo ni “Fidelidad por México” coloca en sus entendederas que el voto útil en contra de Calderón Hinojosa le dio el triunfo y no necesariamente el “efecto Fidel”,  y ya en nuestra ínsula de la permanente felicidad se amarran navajas rumbo a la elección de legisladores locales, alcaldes y gobernador para el próximo año. Así es Veracruz. Para los políticos, servidores públicos y medios de comunicación, todo gira en torno a los procesos electorales y la imagen virtual del gobernante en turno. El desarrollo del estado puede esperar para mejores tiempos, al fin y al cabo estamos blindados.


Tres días antes de la elección de diputados federales, el gobernador declaró que estamos a salvo de “catarritos, tsunamis y tormentas”, etc., etc, que pudieran poner en peligro la economía, salud y seguridad de los veracruzanos. Así convenía destacarlo ante la inminente elección en contraposición a las declaraciones de claro tinte electorero de Felipe Calderón. Para el lunes, mediando el triunfo priísta en las urnas, el mismo personaje declara que ha instruido a sus diputados federales que impulsen en el Congreso de la Unión una ley de emergencia porque la economía está del cocol y la crisis está lastimando a los sectores más vulnerables de la gran familia veracruzana. No podía quedarse atrás  en concordancia con declaraciones de Calderón Hinojosa llamando a la unidad de todos los mexicanos para enfrentar los efectos del descalabro económico.


O sea que desde la visión electoral un día estamos bien y al siguiente más que jodidos, mientras que la realidad se encarga de demostrar que mientras transitamos de un proceso electoral a otro, más bien estamos jodidos, empezando por las finanzas públicas estatales y municipales. No es de gratis que la secretaria de desarrollo social y medio ambiente, así como mayoría de los alcaldes, ya pusieran el grito en el cielo: no hay dinero para satisfacer la demanda de servicios públicos, concluir obras iniciadas y pagar deudas. La culpa, dicen, es de Calderón quien, con fines electorales retuvo las participaciones federales.


Así son las cosas en Veracruz. Lo llevamos en nuestra naturaleza. Nuestra clase política no puede vivir al margen de la política electoral, aunque ello signifique dar la espalda a la ciudadanía.


Pues bien, mientras la crisis económica ni nos perjudica ni nos beneficia, ya inmersos en el nuevo proceso electoral los de la casaca roja promueven a la aún diputada federal Elizabeth Morales para una diputación local, en tanto que la casa rosada se inclina a favor de Guillermo Zúñiga Jr., modosito y moralmente bien portado, para la alcaldía de Xalapa, a quienes ya se les monta en el jamelgo de hacienda.


El estira y afloja  que nos conducirá a la elección del sucesor de Fidel Herrera Beltrán,  inicia con un alto grado de temperatura. Dos temas están a debate en el seno del partido de la fidelidad, o sea el PRI veracruzano con rostro joven: El primero bordando en torno a la dicotomía juventud y lealtad vs. Madurez y experiencia. En tanto que el segundo avocado a si es un solo aspirante a la candidatura, el delfín, o se le da participación en la fiesta al diputado Héctor Yunes Landa y al actual secretario de educación Victor Arredondo, más los que aparezcan en los próximos meses.


La atención a los efectos de las  crisis concurrentes puede esperar. Estamos entre la espada y la pared, tantito a salvo y tantito no,  cuando menos hasta que tomen posesión de su encargo los nuevos diputados federales y estos estén en condiciones, muy dudosas por cierto,  de poder promover la ley de emergencia y una refinería para Tuxpan que saquen al buey del atolladero.


Para no perder el hilo conductor de la vida política de Veracruz,  mientras de dilucida si para el 2010 el perfil del candidato priísta a la gubernatura del estado deberá privilegiar únicamente  juventud y lealtad, o se opta por experiencia y madurez aunque las canas pinten en la testa del aspirante y este, a su vez,  sea considerado como infiel, el priísmo bate palmas por anticipado impulsando la legítima aspiración de Fidel Herrera Beltrán a la candidatura por la presidencia de la república en el 2012.


Y mientras todo esto bulle en las limitadas entendederas del priísmo veracruzano y sus corifeos, el delfín hace rabieta. ¿Cómo que otro aspirante? Si ya me gané en los medios y en las urnas –en ese orden- el derecho a ser el único, el ungido, el llamado a mantener a salvo a la familia veracruzana. Así me lo aseguraron Fidel y Doña Rosa.


A esto se reduce la política en Veracruz.


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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


Así podría denominarse el barquichuelo blindado de la fidelidad en Veracruz. Cual moderno Nautilus, nada ni nadie le impide navegar con rumbo cierto. Al mando de experimentado capitán y,  con un inmejorable timonel que en medio de las  turbulentas y oscuras aguas de un país al que por doquier le brotan ámpulas anunciadoras  de desastre,  avizora puerto seguro para un día después del cinco de julio próximo y, por qué no, también para el 2010.


Teniendo como marco el escenario de un Veracruz en el que no pasa nada ni nada nos inquieta, salvo caer en las garras del capitán garfio y su casaca azul, la mayoría de los medios de comunicación hicieron gala de su capacidad informativa para destacar el mediocre papel de Javier Duarte de Ochoa, candidato priísta a diputado federal por el distrito electoral con cabecera en Córdoba, en un debate auspiciado por el IFE que no trascendió más allá de las paredes de las instalaciones del árbitro fallido del proceso electoral en puerta, opacado como fue por el fantasma del llamado voto en blanco.


El timonel asignado se dio por satisfecho. Tanto que ya anuncia gira triunfal a lo largo y ancho de los 20 distritos electorales que le son ajenos, para trasmitir el optimista mensaje de lo que su tecnocrática concepción  del mundo, de México y de Veracruz, ofrece como propuesta electoral del PRI para sacar al buey de la barranca.


Fuera del marco de un contexto nacional en el que el puntero de la crisis que afecta a México es evidente que no es la desquebrajada economía e incluso tampoco la de la inseguridad al amparo de propiciatorias medidas equívocas de la guerra contra la delincuencia organizada, el joven timonel habló y habló sin dedicar una sola frase a la cima del iceberg que ya sobresale entre las agitadas aguas: la crisis política de un sistema de partidos que, agotado, carece ya de oxígeno para afrontar la también crisis de credibilidad de una ciudadanía harta de simulación, corrupción e impunidad.


Postura congruente la del experto en el debe y el haber, para aquellos ya acostumbrados al blindaje verbal del submarino rojo que, cual gota de agua destilada, navega a profundidad de periscopio entre el estercolero. No así para un imaginario popular en el que la sola opción de castigar a la clase política sufragando a favor de nada  -porque eso es el inútil voto en blanco o nulo-, le entusiasma más que atender a campañas políticas anodinas y carentes de sentido práctico, que conducen a un más de lo mismo.


La política real de este cada vez más hundido país no significa nada para quien las técnicas presupuestales y las falsas salidas economicistas que a la crisis sistémica global ofrece el agotado modelo neoliberal, significan todo. Fiel al capitán y a la nave, el timonel se descubre a sí mismo como el ecléctico salvador del futuro incierto; ofrece puerto seguro en la tierra prometida y bonanza bursatilizada para todos.


Podrá ser diputado federal porque así el voto duro del priísmo lo decidirá, pero dudo que los galones de capitán lleguen a adornar el sombrero de tres picos de Javier Duarte de Ochoa,  joven timonel que cierra ojos y oídos al clamor mayoritario de la gente.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Son varias las voces que alertan sobre la ineficacia de las precampañas de quienes aspiran a una diputación federal. No prenden en la ciudadanía, afirman, sin preguntarse las razones de fondo y partiendo de la falsa premisa de que al ciudadano común debería interesarle lo que digan o dejen de decir quienes, a estas alturas, ni siquiera tienen el status de candidatos; más aún cuando éste no fue consultado previamente sobre las designaciones de los beneficiarios señalados desde las cúpulas de partidos políticos, en los que la mayoría de los mexicanos no confía. La crisis del sistema político nacional es del dominio público y eso se refleja indiscutiblemente en pre campañas y campañas electorales.


En nuestro país el 40 por ciento de la población está en condiciones de pobreza o pobreza extrema, y los índices siguen creciendo, sin que se perciba esperanza alguna en la posibilidad de que la tendencia se revierta, como tampoco se observa la más mínima voluntad de cambio en la clase política que detenta el poder formal. Luego, ¿cabe esperar que los pre candidatos, ayunos de propuestas, de ideas y de un bien ganado historial de  compromiso de servicio a la comunidad, sean recibidos con los brazos abiertos y campanas al vuelo por los presuntos votantes? Seguramente y así lo confirma la realidad, la ciudadanía no está dispuesta de buena gana a participar más en la inacabable farsa en la que no triunfa el mejor, sino el menos peor de un abanico de opciones en el que domina la mediocridad, el oportunismo, y la simulación.


En nuestra entidad, gobernada por el PRI, ni siquiera el voto duro tradicional se conmueve. Se da por sentado que los ahora designados por el gobernador como pre candidatos, serán los candidatos a ratificar en un simulado proceso democrático, así como llamados a triunfar en las urnas. Luego para qué movilizarse por anticipado.


En este contexto de indiferencia ciudadana, llama la atención que algunos panegiristas de la fidelidad, afirmen que el “efecto Fidel” será determinante para que el tricolor triunfe nuevamente en las urnas en julio próximo; confirmando que para el voto duro, lo mismo da Chana que Juana; lo relevante para alcanzar la victoria  es la obra de gobierno, así como la imagen de Fidel Herrera Beltrán, su popularidad y su varita mágica.


Sin embargo, para tales voceros en su afán por quedar bien con el gobernante, no pasa por su cabeza que los pobres y los miserables no comen cemento. Puentes, carreteras, tractores, y parafernalia en torno a la obra pública, promoción de la inversión, machacona propaganda, y baños de pueblo, no satisfacen el hambre en el cada vez más complicado día a día de la mayoría de los veracruzanos. Tampoco en el corto plazo alimentan esperanza en quienes tiempo ha la han perdido. El PRI ganará en las urnas no por el “efecto Fidel”, sino por el voto de castigo al PAN y al PRD o, en el peor de los casos, por el voto en blanco del abstencionismo que favorecerá al voto duro domesticado del tricolor.

Y aún así, no existe garantía válida ni para el PRI ni mucho menos para sus adversarios que aún no tocan fondo en sus broncas internas, para que la población privilegie la participación política y apoyo a pre candidatos y candidatos, por sobre sus ingentes necesidades de cotidiana subsistencia. Pesa demasiado  el entorno nacional, al que no es ajeno Veracruz, en el que los efectos nocivos de la crisis económica y la  pérdida de credibilidad y confianza en las instituciones republicanas van en aumento, sin que falsas promesas y cuantiosos recursos destinados al proceso electoral, modifiquen la tendencia.


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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Si por nueva clase política simplemente se entiende que los de hoy ya no son los de ayer a causa del cambio generacional, entonces la afirmación es una obviedad. Pero si se pretende que la novedad resida en un cambio de la naturaleza de esa clase, entonces la afirmación se vuelve dudosa. Por su conducta y resultados, esa clase no es muy diferente de la que le antecedió…”

Lorenzo Meyer

Barack Obama inspira, aunque no se le entienda y mucho menos se tome en cuenta su formación como ser humano, como intelectual y como político. Para unos constituye la esperanza para un mundo que aspira a grandes cambios y a una paz duradera que nunca llega. Para otros, es una amenaza al establishment en tanto se propone modificar aquellas variables económicas y sociales que han conducido a un capitalismo salvaje, dominado por las poderosas trasnacionales energéticas, alimentarias, de la industria militar, y financiero especulativas del coloso del norte. Para los más, lo más común gracias a la desinformación mediática, es un “negro” que ha llegado para trastocar costumbres, tradiciones y tabúes que clasifican y encasillan en la sociedad norteamericana al ser humano de conformidad con el color de la piel.

En nuestro terruño, dominado por el síndrome político electoral, la simulación y mediocridad de nuestra clase política, la cosa parece ser más simple todavía. A Obama se le reduce a un paradigma generacional a seguir por la sangre nueva de la clase política, como si el proceso del ascenso generacional de una juventud que reclama su sitio en la conducción del país más poderoso del planeta, fuera aplicable linealmente a nuestro entorno cercano. Pasándose por alto que nuestros jóvenes políticos vernáculos, que aspiran a un lugar en la rifa de posiciones tanto en la administración pública, como en cargos de elección popular, no les anima mayor propósito que acceder al poder por el poder mismo, y sin más objetivo que hacerse de fama y fortuna.

Pretender tomar de ejemplo a Barack Obama para despertar virtudes democráticas y herramientas intelectuales y políticas de aquellos jóvenes que ni por asomo cuentan con tales cualidades, resulta un despropósito y una fehaciente manifestación de deshonestidad intelectual, a más de un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. La juventud tiene el derecho y la obligación generacional de tomar la estafeta de las generaciones que le preceden, pero hay de jóvenes a jóvenes y de países a países. Y aquellos a los que la sociedad reclama para afrontar los retos y vendavales que nos anuncia el futuro, sin lugar a dudas no figuran en los estrechos círculos del poder veracruzano.

No basta ser joven y tener legítimas aspiraciones políticas para trascender, cuando a flor de piel asoma lo viejo y caduco de usos y costumbres del quehacer político sobre sus espaldas. Reñidos con la democracia bien entendida y con las demandas más auténticas del pueblo; pragmáticos, oportunistas, acomodaticios y sin formación ideológica que sustentar y defender, ofreciéndose al mejor postor, transitan por la vida al calor del padrinazgo en turno. Esa juventud no tiene nada que ofrecer a una sociedad ávida de cambios profundos para reducir pobreza y desigualdad, como profundos son los cambios que con conocimiento de causa Obama ofrece a un pueblo movilizado y haciendo frente a la peor crisis económico financiera de su historia.

El joven que aspira a gobernarnos, colocándose por sobre la nueva generación de políticos veracruzanos, pretendiendo ser más inteligente, desde su cargo, responsabilidades, y canonjías que le permiten disponer de recursos públicos para promoverse, afirma que el buen político debe conocer de economía, y se pone como ejemplo pontificando en torno al proceso de bursatilización del impuesto a la tenencia de automotores, calificando a este como medida preventiva tomada con oportunidad para enfrentar una crisis sistémica global, de la cual nadie del círculo de jóvenes que rodean al gobernador Herrera Beltrán, parece estar enterado. Quien pega primero, pega dos veces, cuando de señalar a sus competidores como ignorantes se trata.

Solo que sus pretensiones quedan en eso. Un político inteligente, versado en temas económicos, cuando menos intuye que no debe hablarse de la soga en casa del ahorcado. Ni la administración pública ni los veracruzanos todos, podemos vanagloriarnos de contar con el herramental necesario y suficiente para entender, prevenir y oponerse a una crisis multidimensional y multisectorial que ya daña a la mayoría de nuestros hogares. No cuando se insiste en aplicar medidas propias del modelo neoliberal, agotado y fracasado, como lo sería la propia bursatilización de un impuesto cuya vigencia es incierta y en el contexto de una bolsa de valores cuya volatilidad es pan de todos los días; o como se observa, el aferrarse retóricamente a un “plan estatal de desarrollo”, insuficiente, obsoleto, y ajeno a lo que la crisis en curso exige para el corto y mediano plazo. “Plan” del cual se deriva un proyecto de presupuesto de ingresos y egresos de la entidad para el año venidero, del que se espera más de lo mismo.

Para dar palos de ciego con los que reactivamente se enfrentan conflictos y rezagos en un escenario dominado por los intereses electorales de corto plazo, no se necesita ser experto economista.

Como tampoco se necesita ser joven, universitario y experto en finanzas internacionales, para entender que el principal rezago que afecta hoy y en el futuro cercano a la entidad, es no contar con una clase política y una administración pública a la altura de lo que viene, capaz de aceptar con humildad sus propios desvíos y limitaciones. Insistimos, para hombres y mujeres comunes, su principal consejero político es el estómago y su principal indicador económico es el bolsillo.

Se toma a Barack Obama como paradigma generacional, menospreciando el hecho de que si llegó a vencer electoralmente a su oponente, no es por ser joven ni por ser experto en el manejo de las nuevas tecnologías de la información; mucho menos por hacer arreglos en lo oscurito y proclive a intercambiar votos por despensas. Venció porque representa la posibilidad de cambio y porque así lo quiso la mayoría del pueblo oprimido norteamericano, que ante sus ojos el hoy presidente electo ofrece una rendija a la luz de la esperanza. El pueblo es el multicolor y multiétnico Barack Obama, y no a la inversa. Ojala y en Veracruz algún día lo entendamos así.

Pero también debemos entender, a ello obliga el sentido común y la experiencia, que las promesas de campaña son eso, promesas que a su vez son deudas sociales y políticas por pagar. Falta ver si estas son cumplidas para que la esperanza florezca y rinda frutos.

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Acabó la indefinición en el PRD; César Ulises toma el mando

Javier Salas Hernández. alcalorpolítico.com

Xalapa, Ver., 18 de octubre 2008.- A ochos meses de incertidumbre, este sábado César Ulises García Vázquez y Juan Carlos Krausse Rivera, presidente y secretario general, respectivamente, del Comité Directivo Estatal del PRD,  tomaron posesión.

El chuchinero en Veracruz

El chuchinero en Veracruz

García Vázquez hizo un llamado a la unidad y dejar atrás diferencias, rencores y divisiones que sólo conduce al deterioro de la imagen de ese instituto político, por lo que agregó que es innecesario buscar culpables de la caída que ha tenido el PRD.

Por ello, ya como líder estatal perredista convocó a los dirigentes municipales y estatales a colocar una fuerte dosis de voluntad política para recuperar el cauce institucional para dirimir las diferencias y hacer del debate interno la mayor fortaleza del partido.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La demagogia en tiempos de crisis, no engaña a nadie, se revierte contra quien la practica, exhibiéndolo, cuando menos, de torpe, como nos fuera dado observar en el Congreso local con la propuesta de Doña carolina, la diputada con aspiraciones de más, de reducir las dietas de sus colegas. Cuidándose, eso sí, de que no se toquen compensaciones, gastos de representación y gestoría, viáticos e ingresos extraordinarios por comisiones especiales, etc… ¿Usted estaría de acuerdo, Sra. Guillaumin, si la propuesta de la Sra. Gudiño aplicara a todos los ingresos que percibe un diputado, incluyendo aquellos que tienen asignados quienes participan en la coordinación del pacto para la gobernabilidad? Seguramente que no, es más, ya habría puesto el grito en el cielo y movilizado en su defensa a lo que queda del PRD.

Si realmente la diputación local, entendiendo el alcance de la crisis financiera internacional y como repercute esta en los bolsillos de sus representados, se dedicara a lo suyo, legislando en consecuencia para que la austeridad, la mesura y el buen juicio fuera aplicable a toda la administración pública estatal y municipal, eliminando lo superfluo en el ejercicio del gasto corriente y reorientando la inversión pública al rescate de la planta productiva, los veracruzanos no sólo revalorarían el papel del Congreso, le colgarían una medalla a cada diputado.

Pero no es así. Por más que se afirme que las señoras y señores diputados únicamente son “mandaderos” de sus representados, sacándose de la manga iniciativas que ni vienen al caso, que no son consultadas con los electores, ni contribuyen a mejorar la alicaída economía de la entidad, el valor que el pueblo le asigna a nuestro Congreso local deja mucho que desear; considerándosele simple extensión del poder ejecutivo estatal. En este marco de valoración, el desplante demagógico de Doña Carolina, en eso queda. Como medida tendiente a coadyuvar a hacerle frente a la crisis económica, ni perjudica ni beneficia, pero eso sí, socialmente confronta sin necesidad al Congreso con la ciudadanía en tanto exhibe la grosera distancia entre lo que gana un diputado y lo que perciben hombres y mujeres de a pie. Lo digo yo y no soy de ninguna manera “su vocero”.

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J. Enrique Olivera Arce

Desde un destacado columnista que le calificara como show, hasta un secretario de gobierno que minimizara la relevancia social y política de un hecho insólito a todas luces lamentable en suelo veracruzano, nadie, en los círculos políticos y mediáticos de la entidad, interpretó el verdadero significado de la inmolación del luchador social y líder agrario Ramiro Guillén Tapia, o cuando menos eso reflejó el tratamiento a la información por los medios y opinión de diversos comentaristas. Hubo necesidad de que un hombre, conocedor del trasfondo espiritual de la conducta humana, alzara su voz para destacar y entender un hecho ya conocido por el mundo entero.

¡Ya basta!

¡Ya basta!

Sí. Únicamente el Arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, dijo que la muerte del dirigente indígena es una “llamada de atención a las autoridades para que tengan oídos y ojos abiertos a la realidad, siendo urgente hacer justicia y evitar que más personas recurran a medidas desesperadas para ser escuchados”.

Pueden surgir muchas voces justificando la actuación de las autoridades en este caso específico, o en otros similares. Fundamentadas o no, lo cierto es que en todo el país empiezan a surgir “llamadas de atención” que no pueden echarse en saco roto, ignorándolas o minimizándolas. Hoy, a cuarenta años de la masacre del 2 de octubre del 68, otro hecho insólito lo recomienda: un joven brillante, tras recibir de manos del Sr. Calderón Hinojosa en Palacio Nacional un valioso reconocimiento por su desempeño académico, cara a cara, de frente, le espetó a la máxima autoridad de este país el epíteto de “espurio”. Guardada la necesaria proporción, entre el acto voluntario del dirigente campesino auto inmolado y el atrevimiento del joven galardonado, no existe diferencia. El valor para manifestar el descontento social frente a un gobierno sordo y omiso les iguala.

Andrés Gómez Emilsson

Andrés Gómez Emilsson

¿Qué pasa en México? Es lo que deberían preguntarse las autoridades frente a hechos que hablan por sí solos de un país sin rumbo, víctima de la pobreza y la desigualdad, sumido en la corrupción, la impunidad, la desconfianza y el burocratismo. Pero también, para nuestro infortunio, en un cada vez mayor grado de indiferencia y deshumanización en amplios sectores de la población.

El Arzobispo Reyes Larios, por diplomacia o por no lastimar la imagen del gobierno que preside su amigo, Fidel Herrera Beltrán, se quedó corto. La “llamada de atención”, equivale a un “ya basta” y así se interpreta en los sectores más desprotegidos, especialmente en las comunidades indígenas cuya paciencia se agota, tras quinientos años de espera de un trato justo que nunca llega.

He escuchado algunos comentarios en los que se señala “que el mal ya está hecho, la noticia de la inmolación de Ramiro Guillen Tapia ha dado la vuelta al mundo para desprestigio de Veracruz”. U otros que consideran que “lo ganado por el gobernador con la promoción de la entidad en los círculos internacionales del poder económico y financiero, se derrumbó en unas horas a causa de un loco”. “Miguel Ángel Yunes capitalizará a su favor la pifia de la secretaría de gobierno”. “Ante la cercanía del proceso electoral del 2009, hay que meterle billete para parar el escándalo”. La pobreza de la política veracruzana así se expresa. Por encima de los intereses de las mayorías, sus carencias y sus actos desesperados, se impone el discurso vano; el falso baño de pueblo; los intereses particulares o de grupo de una minoría insensible y falta de visión, que todo lo tasa en votos y componendas.

Frente a ello, con la complicidad del silencio de los medios, la interpretación del Arzobispo quedará como una puntada anecdótica de la ultraderecha clerical. Para el pueblo común, para los indígenas, el sacrificio de Guillen Tapia es un hito más en la larga cadena de la memoria histórica de los mexicanos. El pueblo calla pero no olvida, así se refrendó ayer, 2 de octubre, a 40 años del genocidio.

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