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Tag Archives: Politica fiscal

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Se afirma que más que criticar hay que construir. Quien esto escribe, disiente de tal afirmación en tanto esta se da de manera descontextualizada. Hay lugares y tiempos para reír y tiempos para llorar, como hay lugar y momento para construir y otros, aciagos, en los que hay que derribar muros, dejando en pie lo que nos es útil para en tiempos y espacios concretos, levantar piedra sobre piedra nuevas edificaciones que respondan a necesidades reales y sentidas de la sociedad,. Valorar y destacar lo que está bien y señalar lo que está mal, es el papel de la crítica y no necesariamente la que ejercen los medios informativos.

Hoy vivimos en un mundo en el que la pérdida de principios y valores éticos y morales toca fondo. El único camino viable para salir de esta crisis de una civilización que ha perdido rumbo y destino trascendente, es la voz crítica de los pueblos, víctimas y victimarios de su ensombrecida y apabullante realidad.

Frente a todo lo positivo en todos los órdenes de la estancia de la especie humana en este sufrido planeta, no puede ignorarse la presencia de la mala hierba, hay que señalarla como un  mal que habiendo echado profundas raíces, debe ser erradicado para asegurar la supervivencia de lo que generosamente se nos ha dado. Acallar la crítica, ignorar las voces de alerta, es contribuir a que la cizaña prospere en el trigal, hasta matarlo.

Ya vendrán tiempos mejores y, aún así, se tendrá que reconocer que nada es perfecto pero todo es perfectible. Quienes claman transformación y cambio para avanzar, tendrán su lugar. Malo sería un silencioso conformismo que diera lugar al estancamiento y retroceso. Peor aún, el que en las altas esferas del poder, por interés y conveniencia, la voz crítica ni se vea ni se oiga, como afirmara un ex presidente de México.

Lo paradójico es que quienes elevan la voz en contra del pensamiento crítico, a su vez ejercen su derecho a disentir, condenando críticas a su juicio destructivas. Contradicción con la que se confirma que la crítica es en principio una invitación al diálogo entre diferentes.

Y a propósito de paradojas, tal cual en esta tesitura se encuentra el Partido Revolucionario Institucional, que ni es revolucionario ni tampoco es ya garante válido de las instituciones republicanas. En la reunión convocada para actualizar su estructura y  estatutos, por un lado pugna por definir su orientación ideológica, inclinándose por ser el partido de centro izquierda que reclama México y, por el otro, confirma su estatus de derecha en el escenario de la vida política, económica y social, optando por generalizar la aplicación generalizada del Impuesto al Valor Agregado a los alimentos y medicinas, castigando al consumo y atentando contra la economía familiar de un pueblo que mayoritariamente carece de lo mínimo indispensable para vivir en una sana y deseable  medianía.

Contradicción que se hace acompañar con otra que cierra el círculo perverso de un partido político que diciéndose renovado, aspira a recuperar el carácter hegemónico de antaño. Como expresión de “centro izquierda” en la correlación de fuerzas político-electorales, acuerda dejar en libertad a sus legisladores para votar la reforma energética del presidente Peña, “…capaz de crear un entorno de competencia en los procesos económicos de “refinación, petroquímica y transporte de hidrocarburos”, declaró su dirigente nacional. Es decir, votar a favor de la privatización de lo poco que queda como propiedad de la nación en la explotación del petróleo y sus derivados.

Ni de izquierda ni de centro izquierda. Simplemente se coloca en la derecha del espectro político, desbancando al partido de la reacción, hoy venido a menos tras una pésima alternancia.

Pero no sólo eso. Ante la incapacidad real de pugnar por una reforma fiscal integral y equitativa, opta por generalizar la aplicación del IVA para hacerse de recursos fiscales frescos, a la par que mata a la gallina de los huevos de oro, privándose de los ingresos contemplados en un régimen fiscal que tiene a PEMEX contra la pared. El entorno de competencia entre particulares a que se refieren, daría lugar a un nuevo régimen fiscal para la industria petrolera que, ni por asomo, compensaría la contribución que esta aporta actualmente a las arcas públicas. El partido tricolor de “centro izquierda” pragmáticamente sirviendo al interés privado, doméstico y externo, en contra de los más caros intereses de la nación propone conducir al país a una situación de quiebra técnica, vaya contrasentido.

No se puede ignorar que el IVA generalizado a los alimentos y medicinas, no compensa la pérdida de ingresos fiscales resultado del desempleo y la informalidad. Ni mucho menos que históricamente el gobierno vive de una economía petrolizada en la que PEMEX aporta al fisco entre el 50 y el 55 % de sus ingresos. Y aún así, en este nocivo entorno, el gobierno federal se da el lujo de devolver el 21% de impuestos a los más destacados contribuyentes privados.

Lejos de proponer el fortalecimiento del mercado interno, estimulando empleo y formalidad económico-fiscal, así como el incremento del salario de quienes gozan del privilegio de tener trabajo remunerado, se inclinan a favor de írsele al cuello a un consumo ya de sí deteriorado y a la baja con el IVA generalizado, frenando a su vez al aparato productivo.

Si esto es ser un partido de centro izquierda, que con el PAN lo compartan. En las urnas el pueblo de México se encargará de ponerles en su lugar, antes de que propongan incendiar la pradera.

Hojas que se lleva el viento

El ruido mediático sube de tono en torno al proceso electoral en puerta. Si percepción es política, la que se anida entre la población es que el PRI tiene miedo de que la oposición le recete la misma medicina del 2012. Tanto, que habiendo incurrido el gobernante veracruzano en el error de asumirse de facto como “garante” de la limpieza en el proceso electoral, substituyendo en sus funciones al Instituto Electoral Veracruzano, hoy tiene que meter las manos ensuciando desde sus inicios a la contienda en puerta oponiéndose oficiosamente a la “mezcla del agua y el aceite”. Tal percepción no la borran ya ni los más enjundiosos boletines de prensa cuya publicación en los medios paga la Sra. Gina Domínguez, vocera de la administración duartista. Como cereza del pastel, la acampada en el centro histórico de Xalapa de los rufianes del llamado movimiento de “los 400 pueblos”, ya se percibe como una aviesa maniobra gubernamental en contra de las manifestaciones de protesta callejera anunciadas por el PRD y el PAN exigiendo “fuera manos” del gobernador en el proceso electoral. “Con toda oportunidad Cesar del Ángel acudió al llamado de Fidel Herrera”, se dice.

Y mientras el rumor crece alimentando a la percepción ciudadana, el teatral cochinero del PRD en Veracruz presenta al público nuevos capítulos que recrean su desgarriate interno y su incapacidad para sustentar una propuesta electoral creíble y aceptable. Xalapa, Ver., 20 de febrero de 2013.

 

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El gobierno ha tratado, ya en varias ocasiones desde que se desató la actual crisis, de estimular a la economía para contrarrestar los efectos adversos de la fuerte recesión productiva y la pérdida de empleos.


No obstante, los resultados del primer semestre del año son bastante negativos, con grandes caídas del nivel de producción, del consumo y de la inversión.


El sector de las manufacturas, otrora el motor del crecimiento por la vía de las exportaciones, ha registrado una fuerte contracción y sigue dependiendo casi por completo de la demanda de Estados Unidos. La producción de petróleo está de capa caída.


El decrecimiento de la economía ha tenido, igualmente, un gran efecto negativo en las finanzas públicas, y con la disminución de los ingresos tributarios –incluyendo los petroleros– se ha abierto un déficit fiscal grande que hay que contener.


Se ha anunciado recientemente otro paquete de medidas de estímulo a la producción y al empleo. No se conoce el resultado de los anteriores paquetes aplicados desde octubre del año pasado. Este último conjunto de diez medidas no es muy distinto a los anteriores.


El piso de las posibles acciones del gobierno a estas alturas ha sido claramente expuesto por el subsecretario de Hacienda, Alejandro Werner. No queda mucho espacio más que contraer fuertemente el gasto público y aumentar los impuestos.


La política económica tiene dos grandes características para que se acreciente su efectividad y son: la oportunidad y la mezcla de los instrumentos que se utilizan. Por supuesto que detrás de ello debe haber una suficiente claridad de lo que se quiere lograr y de las fricciones políticas que se provocan.


No hay manera de evitar el surgimiento de conflictos cuando aumentan los costos de la intervención pública derivados de la reasignación de los recursos. Es decir, primero en cuanto a su redistribución entre el sector privado y el gobierno y, luego, de su redistribución entre las empresas y las familias.


Estamos precisamente en esa situación en la que dichos conflictos no se pueden ni siquiera tratar de encubrir, sino que se van a manifestar de manera muy evidente.


Hay, por cierto, mucho de dónde cortar el gasto público y reducir la ineficiencia gubernamental. Esto no sólo en cuanto a la operación corriente en todos sus niveles, sino también en cuanto a la desviación de recursos para mantener arreglos políticos que este país ya no resiste.


No es claro que existan, sin embargo, los incentivos para que esto ocurra, pues la estructura de las relaciones de poder no los crea. Ahí están, y sólo como botones de muestra: el sector educativo, Pemex, el Poder Judicial y el Congreso, aunque la lista es muy larga.


El subsecretario Werner señala de modo expreso el problema de la mezcla de políticas. Estímulos a la producción y al empleo, por un lado; restricción al consumo y más carga sobre el ingreso mediante impuestos más altos, por el otro.


Es un cóctel cuyo resultado puede ser muy distinto al esperado, debido, sobre todo, al frágil estado en el que se encuentra la economía. Los precios de los bienes producidos por empresas públicas subirán también y será más difícil mantener los niveles actuales de la inflación.


Con respecto a la oportunidad, lo que en inglés llaman el timing, lo que se puede decir es que a estas alturas no hay mucho espacio para dónde hacerse. Las condiciones financieras se están deteriorando rápidamente.


Las calificadoras de riesgo bajan el rango de calidad de la deuda pública, el mercado cambiario reacciona al alza casi de inmediato, se siguen usando reservas para apoyar al peso y, pronto, las tasas de interés tendrán que empezar subir. La cada vez más precaria estabilidad no podrá sostenerse ni por la vía de la recesión, como ha ocurrido hasta ahora.


La recuperación económica en Estados Unidos va a ser muy lenta. La tasa de desempleo volvió a subir en agosto, aunque el decrecimiento del producto se ha frenado. Todo ello con un gasto público enorme y una gran acumulación de deuda.


Si se reconoce que el margen de maniobra aquí es muy estrecho. Los estímulos deben ser más audaces en un marco de fuerte restricción como el que prevalece. Si estos estímulos son menores a las restricciones que se derivan de la política fiscal, saldremos más castigados.


Las cargas del ajuste en curso tienen que negociarse mediante una acción política más decisiva. No es tiempo de preciosismos sobre la eficacia de las medidas tributarias y fiscales en general.


Distribuir los costos en un escenario de gran desigualdad social es irremediable, y la experiencia reciente como fue el caso del Fobaproa-IPAB y el salvamento de los bancos en 1995, con nuevas modalidades ahora más evidentes, no puede seguirse repitiendo sin contención alguna.


A corto plazo la carestía será sumamente costosa y esto en un entorno de decrecimiento de los ingresos de la gran mayoría de las familias y de un mayor endeudamiento. La presión social será demasiado grande. Estamos en el filo de la navaja.

La Jornada. México. 07/09/09

“Con todo y sus intenciones de impulsar una reforma que libere a Petróleos Mexicanos (Pemex) de su carga fiscal, el gobierno de Felipe Calderón no considera deshacerse de esa paraestatal como principal fuente de ingresos para financiar el gasto público.”

Ver nota completa en: La Jornada

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