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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Hechos reales, opacidad oficial, desinformación, rumor, especulación y leyenda urbana, conforman coctel perverso que a más de construir difusa percepción ciudadana sobre el clima de inseguridad que se vive en gran parte del país, genera un estado real de temor, miedo y ansiedad en las personas, lo que psicológicamente bloquea en el imaginario colectivo el tomar conciencia de que existe otro tipo de inseguridad e incertidumbre de mayores consecuencias para la ya ahora mayoría de una población azotada por la pobreza : el no saber si se comerá mañana.

Pasando a segundo plano el hecho de que el ingreso diario no es suficiente para cubrir todos los gastos familiares del día, y privilegiándose la idea de que el solo salir a la calle puede ser razón suficiente para ser una víctima más de una criminalidad presuntamente desbordada.

Fenómeno al que no son ajenos diversos medios de comunicación impresa o electrónica, o las ahora muy de moda redes sociales en la Internet, que sobredimensionando hechos y rumores capitalizan morbo e ignorancia; contribuyendo a desviar la atención sobre lo que sí es un verdadero problema estructural para México, pobreza y desigualdad que se abaten sobre algo más del 50 por ciento de la población total de este país.

El subsistir con salarios de hambre, Odisea.

Un rápido vistazo a las estadísticas oficiales y, sobre todo, a lo que las amas de casa expresan, anuncia a voz en cuello que el costo de la canasta básica está muy por arriba de las disponibilidades monetarias familiares; estas son ya insuficientes para afrontar la situación que se vive en eso que los especialistas llaman microeconomía.

En el caso de quienes están empleados, percibiendo en su gran mayoría entre uno y un máximo de 5 salarios mínimos por día, cuando el sólo subsistir ya es verdadera Odisea el sostener una familia toma cariz de tragedia.

Sumados los gastos imprescindibles en vivienda, transporte, energía eléctrica, agua entubada, educación, vestido, calzado, salud y alimentación –en este orden de prioridades- , para la mayoría de las familias mexicanas la relación ingreso-gasto mensual es deficitaria, debiendo recurrir al crédito, la mayor de las veces leonino, que a la larga no resuelve el problema y si resulta impagable.

Ahorro familiar.

En estas condiciones, la posibilidad de destinar parte del ingreso al ahorro familiar es algo menos que imposible. El apretarse hoy el cinturón para darse la oportunidad de acceder a un futuro con mejores condiciones de vida, es ya sueño guajiro entre los pobres y entre una clase media paulatinamente empobrecida.

Es por ello que me resulta del todo inapropiado que el Sr. Senador José Francisco Yunes Zorrilla hable de que en el poder legislativo se trabaje en la protección del ahorro de las familias.

¿Cuál ahorro?

Me pregunto y pregunto a mis estimados lectores, cuando la lógica más elemental nos indica que más que ahorro lo que tenemos en lo individual y colectivo es un proceso permanente de deterioro de la capacidad real de compra de los consumidores, descapitalización y pérdida de expectativas de progreso, que pone a los trabajadores con un pie en inaceptables condiciones de pobreza. Ya no digamos aquellos mexicanos que desempleados han perdido toda esperanza de salir de la condición de pobreza extrema.

El Sr. Senador podría argumentar que en el caso de los trabajadores formales, estos cuentan con el ahorro para el retiro y para vivienda que suma aportaciones del propio trabajador, el patrón y el gobierno, permitiéndose separar un pequeño excedente para capitalizarlo en una Caja de ahorro popular para atender imprevistos.

Nadie creería semejante especie, cuando está visto que el modelo neoliberal expoliador que el Sr. Peña insiste en profundizar con sus reformas presuntamente estructurales, en términos reales mantiene el esquema de salarios de hambre congelados y además, no tiene contemplado el acceso a una vivienda y una vejez digna para la mayoría de quienes entregan su vida trabajando para un patrón.

Y ni qué decir de las personas de la tercera edad, pobres y desempleados a los que los legisladores les conceden como apoyo gubernamental en el programa “70 y más”, 30 pesos diarios pagaderos cada tres meses para irla pasando.

Luego hablar de ahorro familiar en casa del ahorcado, resulta una soberana grosería. Más cuando la voz proviene de alguien que nunca ha sabido de lo que es estirar el salario para sostener a una familia.

Más seguro lo comido, ya mañana algún dios dirá. En ello radica la principal amenaza a la seguridad del individuo. Inseguridad ante un mañana incierto y el estar negado hoy a tener un empleo remunerativo y sostener dignamente a una familia ya no es rumor, especulación o leyenda urbana, la terca realidad se impone en un presente en el que la vida no vale nada para millones de mexicanos.

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J. Enrique Olivera Arce

Tanto en el gobierno federal como en  las cúpulas empresariales, algunas voces motivadas por el reciente viaje del Sr. Peña a China, festinan el que México registre costos de mano de obra 19.6 por ciento menores que en ese país asiático, al ser ello incentivo para la inversión e incremento de competividad.

De acuerdo al Bank of América Merrill Lynch, en 2003 los salarios en México eran 189 por ciento superiores a los que privaban en China, revertiéndose tal relación para el presente año, lo que en teoría para quienes festejan tal deterioro salarial en nuestro país, en efecto teóricamente ello favorece la competividad y posición comercial de nuestro país en el mercado mundial de capitales y bienes y servicios.

Sin embargo, a mi modesto entender, si bien tal disparidad favorece al sector exportador, es preocupante que no se observe con la misma óptica de optimismo la repercusión que los bajos salarios tienen para un mercado interno deprimido y, por ende, para el crecimiento económico, distribución del ingreso y calidad de vida y bienestar de la mayoría de la población.

A menor salario menor consumo, en una economía cuya mayor fuerza laboral gravita en torno a los sectores productivos no exportadores, en los que por cierto, PEMEX aparte, también descansa el sistema tributario nacional.

Lo que estaría por verse, es si con el régimen salarial de nuestro país, la pretendida competividad se hace acompañar de la democratización de los incrementos de productividad que, como señala Luis Videgaray, está contemplada en los objetivos de la estrategia económica del gobierno que preside el Sr. Peña. Puesto que ya es lugar común en México que el empleador hace como que paga y el empleado hace como que trabaja, al no existir correspondencia entre el trabajo realizado, el salario percibido y el costo al alza de los requerimientos mínimos de supervivencia de la fuerza laboral.

A esto habría que agregar que gracias al castigo fiscal al ingreso de los causantes cautivos y el estancamiento en la generación de empleos, más del 50 por ciento de la población ocupada se ubica ya en la economía informal, y sigue creciendo. Reduciendo el ingreso gasto de la administración pública en sus tres órdenes de gobierno y, por tanto, incrementándose el déficit presupuestal en detrimento de eficiencia y eficacia en la atención a la población.

Luego no debería verse con tanto optimismo el que el salario de los mexicanos sea inferior al de los trabajadores chinos que, análisis aparte, han mantenido altos índices de productividad a los que no se puede aspirar en nuestro país; sin considerar, además, que el mercado mundial no está para bollos; repercutiendo negativamente estancamiento, recesión y proteccionismo en la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos de Norteamérica, Canadá y Japón, en las exportaciones mexicanas.

Mismo China, segundo socio comercial de México, pese al potencial de mercado que representa, mantiene una relación comercial asimétrica en la que las exportaciones totales de nuestro país ascienden apenas a 449 millones de dólares frente a 56,936 millones por concepto de importaciones procedentes del país asiático.

De ahí que más que cifrar esperanzas en el incremento de competitividad por bajos salarios, la lógica indica que el énfasis se debería poner en el fortalecimiento del mercado interno, revalorando el peso específico de la micro, pequeña y mediana empresa y el trabajo de los mexicanos, reactivando la fábrica nacional con mayor ingreso y consumo y reduciendo la brecha de desigualdad entre los que tienen todo y los que menos tienen.

Hojas que se lleva el viento

 “Aunque usted no lo crea”, nos dice en su columna “Carrusel” Marco Aurelio González Gama, recién estrenado como socio de Crónica del Poder , citando de diversas fuentes las fortalezas de la economía de México. Considero que no tenemos por qué no creer. No existe duda al respecto si consideramos como válida la numeralia oficial.

No obstante, lo paradójico es que con tal fortaleza, una macroeconomía robusta, una política monetaria estable y una inflación moderadamente contenida por el banco de  México, la microeconomía reflejada en  el empleo, ingreso, gasto, consumo y contribución fiscal de la mayoría de la población exprese lo contrario. México no anda bien.

 Como todo lo contrario a lo que en el marco de la simulación y triunfalismo sin sustento de la administración pública veracruzana, debemos entender por impulso al desarrollo sustentable y prevención frente a los efectos del cambio climático. La sustentabilidad del desarrollo es utopía que se trae a colación con tintes demagógico-electorales y los planes para preservar a Veracruz de los efectos del cambio climático, una falacia que la realidad se encarga de exhibir.- Xalapa, Ver., abril 15 de 2013 

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Pulso crítico

José Enrique Olivera Arce

En sentido inverso al discurso oficial la realidad de un país estancado y ya en el tobogán del retroceso, va ganando terreno. La desigualdad y la pobreza avanzan a pasos agigantados, haciendo nugatorio todo esfuerzo por combatirles o, cuando menos frenar tal fenómeno de nuestro tiempo.

No hay estrategia que valga en el ámbito internacional que pudiera aplicarse en México, como se pudiera constatar en la reciente reunión del grupo G-20,  cuando se apunta a ponerle más leña al fuego a las causas que dieran lugar al empobrecimiento de la mayoría de la población mundial. Lo que acontece en la llamada sociedad del bienestar en Europa, es apenas la punta de de un  gigantesco iceberg que pugna por salir a flote.

La concentración del ingreso en una minoría hábida de mantener inalterable la tasa de ganancia del capital, no puede seguir descansando en el empobrecimiento galopante de la mayoría y, sin embargo, en ello se insiste confiando en las bondades de un modelo económico agotado. Si con el neoliberalismo se pretendía generar tal acumulación de riqueza que, por sí misma y con ayuda del mercado, se derramara en beneficio de los menos favorecidos, el resultado al paso de los años confirma el equívoco mostrando que a mayor acumulación y concentración del producto social en pocas manos, mayor pobreza y desigualdad.

En esa vorágine de crisis económico-financiera y política, México ya no siente lo duro sino lo tupido. Los números fríos que arrojan los estudios de Naciones Unidas (PNUD), son apenas un indicador  de lo que realmente subyace en el seno de la sociedad mexicana. “En un año el país sufrió un retroceso del 23 % en desarrollo humano, elevándose  los índices de pobreza por sobre el promedio de América Latina”.

De acuerdo a cifras dadas a conocer por el  Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la situación de pobreza en el país es muy grave, aumentó en el último año, de 48 a 52 millones de personas. Sólo en el estado de Veracruz “se incrementó en 100 mil personas más, al aumentar su tasa de 24 al 25.4 por ciento de la población”.

Indicadores que muestran que lejos de abatirse el desempleo, pobreza y desigualdad, estos fenómenos estructurales van en aumento, siendo insuficientes o equivocadas las estrategias del sector público para combatirles y abatirles, en tanto éstas se sustentan en recetas de organismos financieros internacionales como el FMI y el Banco Mundial, ampliamente aplaudidas y estimuladas por el sector privado de la economía, en la medida en que favorecieran en el pasado reciente tanto la concentración de la riqueza en pocas manos como la reproducción barata de fuerza de trabajo vía asistencialismo.

Fenómeno este último que ya resulta contraproducente. El equilibrio entre mano de obra ocupada y el ejercito de los sin empleo, se rompió. De la disponibilidad de mano de obra desocupada, como reserva, se pasó a la manutención improductiva de hombres y mujeres por parte del Estado. Sostener deprimidos los salarios bajo el supuesto de la existencia de una reserva laboral que presionara sobre el empleo-salario, frena ya la reproducción ampliada del capital. Aparejado al bajo nivel salarial va de la mano la contracción de la demanda interna en perjuicio de la producción de bienes y servicios destinados al mercado interno y, por tanto, presionando a la baja la tasa media de ganancia del capital.

Por otro lado, la crisis europea y la que ya acusan los Estados Unidos de Norteamérica, inciden en el mercado de exportación de bienes y servicios nacionales. La mano de obra barata dejó de ser factor determinante para una mayor productividad y competitividad en los mercados internacionales. El proteccionismo comercial en los países destino y la paridad cambiaria del peso frente al US Dólar y el Euro, son elementos determinantes para competir en desventaja en una relación tecnológicamente asimétrica. La necesidad de bienes de capital para una producción intensiva que sea competitiva, haciendo más con menos, se impone por sobre la necesidad de ocupación extensiva de mano de obra, propiciando el desempleo masivo y, por ende, incrementándose pobreza y desigualdad. A mayor tecnificación y modernización focalizada del aparato productivo, mayor el número de desocupados.

Luego el insistir en conjugar modernización, productividad y competividad con políticas públicas asistencialistas, en las actuales condiciones del país ya es no sólo contradictorio sino verdadero nudo gordiano al que no se le encuentra la punta del mecate en el modelo económico y social dominante. O se corrige y cambia de modelo ó la economía nacional se verá en serios aprietos en el mediano plazo, arrastrando consigo en su caida al país entero.

Hablar de esta situación en Veracruz no tiene sentido. La realidad habla por sí misma, mostrando serias fracturas estructurales en una sociedad que privilegia la política electoral a políticas públicas medianamente racionales. Oídos sordos a las campanadas de alerta de la crisis global, es la constante en una entidad federativa que se gobierna sin receta. Lo que se puede decir sin temor a equivocarse, es que más temprano que tarde el bolsillo hablará por varios cientos de miles, si no es que millones de veracruzanos. Entonces, posiblemente, nuestra aldeana y ramplona clase política se tome el trabajo de escuchar.

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El gobierno ha tratado, ya en varias ocasiones desde que se desató la actual crisis, de estimular a la economía para contrarrestar los efectos adversos de la fuerte recesión productiva y la pérdida de empleos.


No obstante, los resultados del primer semestre del año son bastante negativos, con grandes caídas del nivel de producción, del consumo y de la inversión.


El sector de las manufacturas, otrora el motor del crecimiento por la vía de las exportaciones, ha registrado una fuerte contracción y sigue dependiendo casi por completo de la demanda de Estados Unidos. La producción de petróleo está de capa caída.


El decrecimiento de la economía ha tenido, igualmente, un gran efecto negativo en las finanzas públicas, y con la disminución de los ingresos tributarios –incluyendo los petroleros– se ha abierto un déficit fiscal grande que hay que contener.


Se ha anunciado recientemente otro paquete de medidas de estímulo a la producción y al empleo. No se conoce el resultado de los anteriores paquetes aplicados desde octubre del año pasado. Este último conjunto de diez medidas no es muy distinto a los anteriores.


El piso de las posibles acciones del gobierno a estas alturas ha sido claramente expuesto por el subsecretario de Hacienda, Alejandro Werner. No queda mucho espacio más que contraer fuertemente el gasto público y aumentar los impuestos.


La política económica tiene dos grandes características para que se acreciente su efectividad y son: la oportunidad y la mezcla de los instrumentos que se utilizan. Por supuesto que detrás de ello debe haber una suficiente claridad de lo que se quiere lograr y de las fricciones políticas que se provocan.


No hay manera de evitar el surgimiento de conflictos cuando aumentan los costos de la intervención pública derivados de la reasignación de los recursos. Es decir, primero en cuanto a su redistribución entre el sector privado y el gobierno y, luego, de su redistribución entre las empresas y las familias.


Estamos precisamente en esa situación en la que dichos conflictos no se pueden ni siquiera tratar de encubrir, sino que se van a manifestar de manera muy evidente.


Hay, por cierto, mucho de dónde cortar el gasto público y reducir la ineficiencia gubernamental. Esto no sólo en cuanto a la operación corriente en todos sus niveles, sino también en cuanto a la desviación de recursos para mantener arreglos políticos que este país ya no resiste.


No es claro que existan, sin embargo, los incentivos para que esto ocurra, pues la estructura de las relaciones de poder no los crea. Ahí están, y sólo como botones de muestra: el sector educativo, Pemex, el Poder Judicial y el Congreso, aunque la lista es muy larga.


El subsecretario Werner señala de modo expreso el problema de la mezcla de políticas. Estímulos a la producción y al empleo, por un lado; restricción al consumo y más carga sobre el ingreso mediante impuestos más altos, por el otro.


Es un cóctel cuyo resultado puede ser muy distinto al esperado, debido, sobre todo, al frágil estado en el que se encuentra la economía. Los precios de los bienes producidos por empresas públicas subirán también y será más difícil mantener los niveles actuales de la inflación.


Con respecto a la oportunidad, lo que en inglés llaman el timing, lo que se puede decir es que a estas alturas no hay mucho espacio para dónde hacerse. Las condiciones financieras se están deteriorando rápidamente.


Las calificadoras de riesgo bajan el rango de calidad de la deuda pública, el mercado cambiario reacciona al alza casi de inmediato, se siguen usando reservas para apoyar al peso y, pronto, las tasas de interés tendrán que empezar subir. La cada vez más precaria estabilidad no podrá sostenerse ni por la vía de la recesión, como ha ocurrido hasta ahora.


La recuperación económica en Estados Unidos va a ser muy lenta. La tasa de desempleo volvió a subir en agosto, aunque el decrecimiento del producto se ha frenado. Todo ello con un gasto público enorme y una gran acumulación de deuda.


Si se reconoce que el margen de maniobra aquí es muy estrecho. Los estímulos deben ser más audaces en un marco de fuerte restricción como el que prevalece. Si estos estímulos son menores a las restricciones que se derivan de la política fiscal, saldremos más castigados.


Las cargas del ajuste en curso tienen que negociarse mediante una acción política más decisiva. No es tiempo de preciosismos sobre la eficacia de las medidas tributarias y fiscales en general.


Distribuir los costos en un escenario de gran desigualdad social es irremediable, y la experiencia reciente como fue el caso del Fobaproa-IPAB y el salvamento de los bancos en 1995, con nuevas modalidades ahora más evidentes, no puede seguirse repitiendo sin contención alguna.


A corto plazo la carestía será sumamente costosa y esto en un entorno de decrecimiento de los ingresos de la gran mayoría de las familias y de un mayor endeudamiento. La presión social será demasiado grande. Estamos en el filo de la navaja.

La Jornada. México. 07/09/09

México, S. A.: Para cerrar el año con broche de oro y honrar la tesis del “catarrito”, a lo largo de la semana que concluye los mexicanos recibieron una serie de espeluznantes noticias: crece el número de despidos, y en 2009 será peor; con inflación al alza, el salario ínfimo general promedio “aumentó” 2.32 pesos diarios; en noviembre la tasa oficial de desempleo abierto alcanzó la cota más alta de cuando menos los últimos nueve años, acercándose peligrosamente al registro que este indicador reportó en la crisis de 1995-1996; y que el pronóstico económico para México en los próximos 12 meses, en el mejor de los casos, se ha fijado en menos 0.1 por ciento.

 

Se  ensombrece  el  futuro  económico

 

El Universal 20/12/08.- La situación económica en el país se va deteriorando poco a poco. Ayer, la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) consideró que ha comenzado la recesión industrial en México, ya que por primera vez en muchos años en octubre se contrajo la actividad de los cuatro componentes de la producción industrial como la minería, manufactura, generación de electricidad y construcción, y con ello se inicia el tránsito por lo que será la más difícil recesión. El miércoles, el INEGI informó que la producción industrial cayó 2.7% en octubre.

Por su parte, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), comentó que México registrará en 2009 el crecimiento más bajo de América Latina y previó que el PIB subiría sólo 0.5%. Bárcena detalló, en videoconferencia, que esta baja en la actividad económica repercutirá en mayor desempleo, incremento de la pobreza y un aumento en la informalidad. La estimación para el desempleo urbano en México es que pase de 4.9% en 2008, a 5.7% en 2009

 

Desempleo, el más alto en 8 años

México (El Universal 20/12/08).- La tasa de desempleo en México durante noviembre se ubicó en 4.47%, en comparación con el mismo periodo de hace un año, el mayor nivel desde abril de 2000, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

El resultado superó las expectativas de los analistas económicos, que pronosticaron una tasa de 4% y esperaban un repunte del empleo por las contrataciones que realizan las empresas previo a las fiestas decembrinas. En este entorno, ayer el Banco de México modificó a la baja su estimación de crecimiento económico para 2009 y la ajustó a un rango negativo de 0.11%, lo que representaría una generación de sólo 81 mil puestos de trabajo.

 

Aumento insuficiente del salario mínimo

México (Diario de Yucatán).- Diputados del PAN, PRI y PRD coincidieron en que el aumento al salario mínimo debe ser superior al 6%, ya que el incremento de 4.6% resulta bajo e insuficiente. La Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) acordó anteayer un aumento al salario mínimo de 4.6% aplicable a las tres áreas geográfica.

 

Leer  “La farsa de los salarios mínimos” de Arturo Alcalde Justiniani en La Jornada

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