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Tag Archives: PRD en Veracruz

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Dada la situación que está viviendo la sociedad mexicana, considero de mal gusto hablar de la soga en casa del ahorcado. La sola mención de la palabra “cadáver” crispa los nervios de más de uno, quizá por ello los excluidos del PRD en la aldea, autodenominados “amarillos”  para diferenciarse de sus correligionarios “rojos” uncidos al gobierno estatal, se niegan a reconocer  públicamente que el partido del sol azteca tiempo ha es fiambre insepulto, en Veracruz cuando menos.

Si así lo hicieran, en congruencia lejos de desgastarse inútilmente en una ramplona pelea que no lucha, al interior de su instituto político, tendrían por principio de cuentas que reconocer que la fuerza electoral de la izquierda ya no está en los partidos que,  en la geometría política nacional  se asumen como exponentes, representación y voz autorizada  de los intereses de una ciudadanía opositora en desacuerdo con las políticas públicas que vulneran soberanía, democracia y bienestar de la gente.

Si su corta visión les permitiera ver más allá de lo electoral y de los beneficios personales, prebendas y canonjías  que acarrea el ejercicio de la política y el servicio público, actuarían en consecuencia identificando quienes son en la realidad los electores que materializan en las urnas sus apetitos de acceso al poder formal. Y sin embargo, no parece tengan claro que la fuerza electoral real de la izquierda electoral no radica ni en las dirigencias espurias ni en una raquítica militancia que ha sido desplazada por los movimientos sociales contestatarios que, al margen de siglas y color de camisetas partidistas, optan por la autodefensa de sus más caros intereses, lo mismo de inclusión y participación solidaria y democrática en las tareas del desarrollo nacional que en aquellos asuntos que les afectan trastocando su vida cotidiana en el seno de las comunidades que les son propias.

Defensa popular a la que los partidos autodenominados de izquierda son ajenos, como bien se constata con  las diversas movilizaciones sociales que pugnan por hacerse cuando menos escuchar por las autoridades de los tres órdenes de gobierno.

A estos movimientos sociales lo electoral les vale un cuerno. Pero sus integrantes ejercen su derecho a votar a sabiendas de que la democracia representativa es un mito, en tanto esta esté secuestrada por la partidocracia y que el gobierno en sus diversas esferas de la administración pública está para servir a los poderes fácticos y no al mandato de la voluntad ciudadana recibido en las urnas. Pero también recurren por la libre en la defensa de sus legítimos intereses.

Lo mismo les vale un rábano la pugna entre amarillos y rojos al interior del PRD en la entidad o la tribal que se da a nivel nacional, que para el caso es lo mismo. Identificado como partido palero, coparticipe en el diseño y aprobación de políticas públicas antipopulares y contrarias al interés nacional, más que como un aliado de valía al que otorgarle un voto de confianza, se le ve como un obstáculo más a enfrentar en el accidentado camino de la lucha social.

Los perredistas honestos y bien intencionados, que los hay, no quieren o no pueden ver que con la reforma política peñista, o sin esta, los dueños de las canicas son quienes por la buena o a la mala, imponen sus reglas y que, en éstas, la izquierda partidista es un mal necesario al que hay que acotar, usar y desechar cuando así convenga en oposición a la izquierda social y sus pretensiones de inclusión y participación en un juego al que no está invitada. Que, por tanto, como un bien utilitario al servicio de los poderes fáctico y formal, hay que cultivar y conservar compartiéndole clientelarmente algunas de las migajas que ofrece el servicio público a la servidumbre leal y bien portada.

Falta de visión y de ubicación política, que a esta militancia bien intencionada  le lleva a confiar y actuar en consecuencia en una confrontación electoral que no ofrece futuro y, de ahí, el que se preocupen y ocupen en dirimir diferencias internas que les restan presencia y peso en el escenario electoral; paseando de cuerpo presente  a un corrompido difunto que habiendo cumplido su ciclo en el escenario político nacional, exige ya, con urgencia, cristiana sepultura.

Tanta es su miopía que marginados de la lucha social trascendente, día con día alimentan odios y rencores al interior del partido, absurdamente a sabiendas de que en tanto la militancia no renuncie a la estructura tribal y se sacuda a “los chuchos”, todo queda en inútiles amentos.

Por cuanto a las dirigencias espurias del sol azteca, hace ya un buen tiempo que espaldas de la militancia se olvidaron del cadáver, utilizando el petate del muerto para mantener vigente la posición de dependiente utilitario  y el disfrute de prerrogativas, prebendas y canonjías que en vida le fueran concedidas al difunto.

Para la izquierda electoral no hay dilemas. Cumplió en su momento con el papel asignado por el Estado mexicano al sacar del closet a la izquierda histórica en la clandestinidad, extirpándole los dientes. Cumplido su ciclo y auto marginada de la lucha social de las mayorías empobrecidas y lastimadas, sólo le queda un camino, el de sepulturero de su propio despojo.

Hoy la sociedad es otra en un México que paradójicamente, se transforma para seguir igual en su estructura desigual y excluyente. Los tiempos presentes son para la izquierda social que, expresándose en un cada vez mayor número de movilizaciones de la más diversa índole, reclaman para sí el espacio  que venían ocupando los “partidos tradicionales de izquierda electoral”.  Y esto, pese a mi simpatía explicita para con Andrés Manuel López Obrador y su persistente llamado al cambio verdadero, va también para el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), aspirante aún a partido político, en tanto no represente a la auténtica izquierda social y haga suyas, sin eufemismo, medias tintas y al margen del juego electoral,  las demandas de las mayorías hoy movilizadas;  en un programa mínimo para la acción, que incluya, unifique y de sentido con visión de largo plazo a las buenas intenciones que hoy animan a las fuerzas contestatarias de este país que se oponen al modelo neoliberal expoliador.

Hojas que se lleva el viento

No nos engañemos, la autodefensa no sólo se expresa en el ámbito de la seguridad pública, ni la mejor expresión de este fenómeno se da en terrenos michoacanos. Es una realidad nacional que cotidianamente se expresa en todos los órdenes de la vida social; los mexicanos vivimos día a día auto defendiéndonos de abusos, agravios e injusticias que derivan de un estado de derecho imperfecto, vulnerado y copado por la corrupción,  impunidad, intereses fácticos, pobreza y desigualdad e ineficiencias de un gobierno fallido. Y en este escenario, quien tiene más saliva come más pinole.- Xalapa, Ver., febrero 9 de 2014.

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En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

 Tras observar y escuchar al ex candidato a la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, conocer de los esfuerzos por construir la unidad de la izquierda en torno a la candidatura de Alejandro Encinas  en el estado de México, y enterarse que en Veracruz declara Juan Carlos Mezhua Campos, espurio dirigente estatal del PRD, que tanto AMLO como Marcelo Ebrard dividirán el voto en la contienda electoral del 2012 por la presidencia, no puede uno sino confirmar una vez más que el partido del sol azteca en la entidad no pasa de ser insepulto y ya hediondo cadáver.

 

Ajeno al sentimiento y convicción de las dispersas bases perredistas, Carlos Mezhua no hace sino reflejar el pensamiento derrotista y practica oportunista de los diversos “capos” de las también diversas tribus que en Veracruz conforman el PRD, que se resisten a aceptar tanto que su partido es un vacío cascarón sin presencia ni peso en la entidad, como el que la militancia tiempo ha que conjuntamente con las de Convergencia y PT y un buen número de ciudadanos sin partido, está a favor de impulsar desde ya y nuevamente la candidatura de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República y no la del Jefe de gobierno del D.F.

Bien maiceado y sin capacidad e inteligencia para ver más allá de su ombligo e intereses pueblerinos, lo que hace que Mezhua Campos afirme que se dividirá el voto, no es otra cosa que contemplarse en el espejo. El, como la mayoría de los dirigentes formales o morales del PRD en Veracruz, son los que desde la pasada campaña del ahora gobernador, Javier Duarte de Ochoa, dividieran el voto perredista, llamando a sufragar a favor de Miguel Ángel Yunes Linares, unos, en tanto que otros, tibiamente, a favor de Dante Delgado Rannauro. Para terminar trabajando para su santo, conformándose con las migajas que bien a bien les cediera el PRI.

Lo curioso de tal situación es que en Veracruz, la gente poco informada o desinformada por los medios de comunicación -que por cierto no entienden o no les conviene entender, de la diferencia entre el PRD y el movimiento social “Morena”-, desconoce la fuerza de Andrés Manuel López Obrador al equipararlo con el cochinero de la cúpula perredista. Sin que ello necesariamente les lleve a inclinarse a favor de Marcelo Ebrard, a quien la mayoría no conoce más que de oídas.

Situación que se agrava para el movimiento nacional que encabeza Andrés Manuel, en tanto que sus seguidores en Veracruz no tienen con qué, no saben, o no quieren, difundir de manera masiva la aclaración pertinente, que de luz sobre las abismales diferencias entre el cadáver nauseabundo y el Movimiento de Regeneración Nacional que impulsa el tabasqueño. Limitante que a su vez no es subsanada en apoyo por diversas y sólidas agrupaciones en constante movilización y organización en la capital de la República.

Perdiéndose la oportunidad en el tiempo, de aglutinar de manera organizada y consecuente a los simpatizantes del movimiento en Veracruz que, no siendo pocos, desorganizados y dispersos no reconocen más liderazgo que el que les ofrece López Obrador, toda vez que los liderazgos locales o no existen, están ausentes, o no crecen al no tener clara la diferencia entre los intereses partidistas del PRD, Convergencia y PT,  y los objetivos perseguidos por “Morena”.

Pues si bien en la coyuntura el Movimiento de Regeneración Nacional está dispuesto a participar electoralmente, impulsando la candidatura de Encinas en Edomex y en su momento la de Andrés Manuel en la búsqueda de la presidencia, los objetivos de mediano y largo plazo de la organización rebasan las expectativas electorales del corto plazo, como está explicitado en el programa de 50 puntos para cambiar a México. Así como también rebasan el estrecho marco ideológico, programático y operativo de la izquierda electoral representada por los partidos Convergencia, PT y PRD.

El movimiento de Regeneración Nacional es ciudadano, apartidista y con visión de largo aliento, no es un partido político más ni una extensión de los partidos arriba mencionados. Eso debe quedar claro y el explicitarlo es la tarea de los Comités locales de “Morena”, para avanzar en la organización y pesar en consecuencia en la entidad.

Lo que queda del PRD, así como Convergencia y el PT, son compañeros de camino en la coyuntura, no la fuerza sustantiva de “Morena”. De ahí que resulte inconsecuente la afirmación de Mezhua. El voto no se dividirá entre López Obrador y Marcelo Ebrard, uno y otro ya fijaron su postura, estando dispuestos a ceder en su momento a favor de quien tenga mayores posibilidades de triunfo. Corresponde a “Morena” hacer pesar su fuerza por sobre los limitados intereses electorales del PRD, imponiendo su convicción moral y política por sobre el pragmatismo cortoplacista de los oportunistas y vividores de la falsa izquierda de siempre, para inclinar la balanza a favor de Andrés Manuel.

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